martes, 28 de septiembre de 2010

Sociedad - Sobre la Huelga

Reflexiones en Voz Alta

Así como quien no quiere la cosa nos encontramos a poco más de 24 horas de la Huelga General. ¡Qué rápido han pasado estos tres meses desde que se comenzó a hablar de la misma! Mucho se ha debatido en este intervalo sobre la reforma del mercado laboral, unas listas del INEM que parece que nunca van a terminar de crecer y muchos de los males endémicos de nuestra economía y  nuestro mercado laboral. Aunque creo que todas las partes han esgrimido argumentos válidos, estas últimas semanas han sido las del politiqueo. Sindicatos, empresarios, gobierno, oposición e incluso la Iglesia nos han tratado de convencer acerca de lo que deberíamos hacer el próximo jueves. A veces incluso recurriendo a gremios como el de los artistas.

Si hay algo que llevo mal en esta vida es el borreguismo. La huelga es un derecho individual y como tal ha de ejercerse. Con ello no quiero decir que la gente no pueda opinar al respecto. Todo lo contrario. Pero sí que creo que unos y otros deberían aportar argumentos para la reflexión individual y no invitar al seguidismo con argumentos pasionales, catastrofistas y, sobre todo, oportunistas. Es por ello por lo que lo último que pretendo con este post es marcarme un sermón para que el 29-S obréis de un modo u otro. Simplemente me gustaría compartir algunas ideas que se me han ocurrido al calor de lo escuchado y leído estas semanas sin más ánimo que aportar un punto de vista de quien se siente libre para decir lo que piensa sin deberse a ningún partido o asociación. A ver qué tal.

Una reforma laboral seria que trate de atacar problemas estructurales, debería ser más profunda y generar un debate igual de serio más allá del recurrente tema del abaratamiento del despido. ¿Cambia estructuras esta reforma? ¿Favorece la contratación indefinida? ¿Y la inserción de los jóvenes? Tenemos casi un 20% de paro y un 40% de desempleo juvenil. Con estas cifras, como apuntaba The Economist, la reforma laboral no sólo es necesaria, es una cuestión moral. ¿Qué plantean los sindicatos, seguir igual?

El actual despido de 45 días perjudica al empresario honrado que contrata a una persona sin querer incurrir en fraude de ley. El empresario "cara dura" tratará de hacer contratos basura buscando resquicios a la legalidad vigente para que, llegado el caso, despedir al trabajador le salga mucho más barato. ¿Dónde está la inspección laboral en estos casos? ¿Por qué la CEOE habla fundamentalmente del abaratamiento del despido? ¿Dónde ha quedado el ingenio de los empresarios en nuestro país? Aunque tuvo sus argumentos en su día, ¿por qué la clase política no reconoce que la contratación temporal ha sido un fracaso en España?

Tenemos el despido más caro de Europa, es cierto, y eso nos pone en condición de desventaja frente al resto de países en la eurozona. Ahora bien, ¿nuestra falta de productividad se soluciona simplemente abaratando el despido? Tener los costes de despido más altos de Europa tampoco nos ha impedido tener la tasa de paro más alta de la eurozona. ¿Se puede justificar seguir manteniendo este esquema como quieren hacernos ver los sindicatos?

Jean Claude Juncker, Primer Ministro de Luxemburgo, decía hace unas semanas también en el The Economist que "todos los políticos sabemos lo que hay que hacer, pero no sabemos cómo salir reelegidos una vez que lo hacemos". ¿Han puesto todos los gobiernos de la democracia toda la carne en el asador para reformar el mercado laboral o tan sólo han hecho cosmética para que no se les echara la gente a la calle? ¿Entienden nuestros políticos que gobernar exige tomar medidas impopulares de vez en cuando?

Está matemáticamente demostrado que nuestro sistema de negociación colectiva es el más ineficiente de todos. Se podría optar bien por un sistema empresa a empresa, bien por un sistema estatal centralizado. Cualquiera de estos dos sistemas es menos costoso para la empresa. ¿Por qué nadie le mete mano a estos convenios? ¿Tiene sentido que un país que importa casi el 99% de su petróleo y un porcentaje muy alto de su energía, tenga un sistema de revisión salarial vinculado al IPC y no a las mejoras de productividad en las empresas?

Esta crisis comenzó con una tasa de paro del 8% en España. Los sindicatos han necesitado que el desempleo rozara el 20% para salir a la calle. ¿Por qué han tardado tanto en salir a la calle? ¿Representan a los trabajadores y/o a los desempleados? ¿Realmente alguien vela en nuestro país por los intereses de la gente en paro?

Con la situación tan complicada que vivimos las PYMES, ¿realmente es el momento de hacer una huelga? ¿No se podría hacer a la japonesa?

Los españoles vivimos más que hace unas décadas, se prejubila a mucha gente que sigue siendo válida para trabajar y según las últimas cifras rozamos el 20% de desempleo. ¿Se puede sostener nuestro sistema de pensiones? ¿Por qué no se abre un debate, serio, sincero, sin intereses políticos al respecto y en el que se le diga la verdad a todos los españoles?

Por último, no seré yo quien defienda a estas alturas a los bancos, pero ¿por qué el gobierno miró para otro lado cuando las ayudas del BCE, destinadas para que el crédito fluyera a familias y PYMES, se destinaron para la compra de deuda pública por parte de nuestro sistema financiero? ¿Ha hecho algo el gobierno para que las PYMES dejasen de destruir empleo?

Muchas preguntas y pocas respuestas. Como os decía, sólo quería reflexionar un poco. Lo importante, pese a todo, es que haga lo que haga cada uno, lo haga en conciencia, no en función de ciertas ideologías, y respetando al de al lado. Tengo curiosidad por ver qué es lo que pasa el miércoles.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Empresas - Razones para la Conciliación de la Vida Laboral y Familiar

Algunas ideas

Esta semana me ha tocado trabajar en Madrid un par de días. Como casi siempre que me toca currar en la capital, me he movido en transporte público. Habitualmente utilizo el metro, pero esta semana me ha venido mejor el autobús. Curioso por naturaleza como soy, me gusta fijarme en todos los detalles, y en ese sentido el colectivo te permite obtener una panorámica privilegiada del tráfico, el propio autocar y lo que se cuece en las aceras. Como no puede ser de otra manera por estas fechas, el pistoletazo de salida del curso escolar copa el protagonismo a ciertas horas de la mañana. Ves a padres trajeados peleándose con los alzadores del coche para los más pequeños, madres ataviadas para el trabajo con tres críos, uno de ellos aún en brazos, tratando que sus hijos no molesten en el autobús, algunas abuelas reverdeciendo laureles ejerciendo de madres otra vez en su vida y muchas chicas del hogar, en su mayoría inmigrantes, acompañando a los críos al colegio. Luego vienen esos sacos de hormonas llamados adolescentes con los que uno no puede evitar sonreir pese a que parezcan caballos desbocados. Pero esos son otra historia.

Desde aquí y de entrada, mi mayor admiración para todos aquellos que hoy deciden formar una familia, porque las empresas, y ya siento generalizar, no lo estamos poniendo fácil. Así pues, este post comenzó a fraguarse ayer a las 8 de la mañana. De repente se me ocurrieron varias ideas y comencé a apuntarlas en un cuaderno en forma de esquema y con algo de sueño. No sé, por lo tanto, si este escrito resultará caótico pero al menos espero que quede constancia de mi buena voluntad por dotarle de cierta coherencia.

Me rechina mucho cada vez que se habla de conciliación y parece que sólo se habla de la mujer. Creo que es un tabú que tenemos que superar. La paternidad es una cuestión de dos. Hasta que no se normalice el que un padre sea el que pide reducción de jornada, por ejemplo, la igualdad no será posible. Está claro que por cuestiones fisiológicas la mujer tiene que estar un tiempo de baja, pero a un hijo hay que cuidarle más allá del período de lactancia. Pese a todo a ésta se le penaliza en forma de menores salarios. El cortoplacismo de muchas compañías me enerva y a menudo me deja estupefacto

La empresa española tiene que perder el miedo al teletrabajo y al horario flexible. El buen trabajador siempre cumple independientemente de dónde tenga que desarrollar su labor. Los mecanismos de control pueden y deben ir más allá que un fichaje a la entrada y a la salida de la oficina, sobre todo en la era de la tecnología. Todos sabemos que uno de los grandes problemas de España es el de la productividad y que en ese sentido, estar sentado en una silla no implica estar trabajando. Todos conocemos a personas que en horario laboral navegan por internet, chatean e incluso juegan on line. Una política de conciliación basada en la confianza, no sólo te permite distinguir a los buenos de los mediocres, sino que atrae talento y te permite retenerlo, cuestión compleja hoy en día. Los mecanismos de control clásicos favorecen a los vagos.

Hace unos años estuve en una conferencia en un curso organizado por la UNED y Economistas sin Fronteras sobre Empresa y Sociedad. Hablaba José Ángel Moreno, por aquel entonces Director de RSC del BBVA. Nunca se me olvidarán sus palabras: "las distintas evaluaciones que hacemos a las mujeres jóvenes que entran en el banco, nos hacen ver que la inmensa mayoría tienen potencial de alta dirección. La evidencia nos muestra que su trayectoria se corta de raíz al llegar a los 30 - 32 años y tienen que elegir entre desarrollar todo su potencial en su carrera profesional o la maternidad. Tenemos un problema". Lo tiene el BBVA y lo tiene la OCDE. Más de un 60% de los nuevos universitarios son mujeres. El principal capital humano que se está formando en España hoy en día es femenino.

Los datos sugieren que las empresas estamos fracasando en la incorporación de la mujer al mercado laboral y en las medidas de conciliación. La mujer debe poder elegir su camino sin condicionantes de este tipo. Se trata de una simple adecuación de los planes de desarrollo profesional a la realidad vital de la paternidad, independientemente del sexo de la persona. Yo querré estar con mis hijos el día que los tenga sin que ello me obligue a renunciar a un trabajo que me llena y que me gusta. Los horarios se pueden adaptar. Es cuestión de voluntad por parte de la dirección de la compañia.

A menudo me pregunto en qué piensan muchos departamentos de Recursos Humanos. Los horarios están para cumplirse. Si los despachos de abogados, las consultoras y las multinacionales pagasen las horas extras que muchos de sus empleados hacen en pos de "dar servicio", seguro que se reorganizarían las jornadas. No se pueden seguir consintiendo horarios abusivos y que encima nuestra sociedad lo vea como algo normal, "lo que toca" y nadie diga o haga nada al respecto . La faceta personal de la persona es la que realmente a uno le completa y le permite ser feliz. Dentro de ésta, la vida familiar ocupa un lugar muy importante. Un trabajador feliz es un trabajador más productivo al que, además, vinculas emocionalmente a tu compañía.

La empresa debe entender, aunque sólo desde un prisma puramente instrumental, que un 30% de fracaso escolar es un problema económico latente de primer orden. La realidad es que el modelo de familia ha cambiado, los padres no están con los hijos todo lo que los expertos entienden que deberían y una compañía no puede obviarlo. De nuevo desde un punto de vista instrumental, la empresa es un ente que se desenvuelve en un entorno que le suministra recursos. Entre ellas las personas (y ya sé que suena un poco mal). Abrirse a la sociedad y tratar de colaborar en la solución del problema debería ser imperativo, además de una cuestión ética. Obviar el papel tan trascendental que juega la familia en la formación de la moral en una colectividad y su impacto en todas las esferas de la vida, es de "gañanes con pintas". Desgraciadamente en mi gremio hay varios.

Así pues aquí lo dejo a la espera de vuestros comentarios. Espero que este batiburrillo de primera hora de la mañana os haya dado que pensar al menos un rato. Por mi parte esta noche me tomaré un buen vino a la salud de los hombres y mujeres que hoy en día y con todo en contra, siguen desafiando un sistema económico que no pone más que trabas para poder compaginar la vida laboral y la familiar. Por ellos y por los que vendrán.

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Vivencias - Sobre la importancia del Equipo

Reflexiones antes de irme a la cama

""¿Cuál ha sido el mejor momento de toda tu carrera?", le preguntaba Eric Bishop a Eric Cantona en "Buscando a Eric", la última película de Ken Loach mientras le recordaba una decena de goles maravillosos y trascendentales que el genial jugador francés marcó durante su etapa en Old Trafford."

Hoy he tenido un buen día. Ha sido complicado y mi jornada, por momentos, parecía no tener fin. No he podido resolver todos los entuertos, es cierto, sigo teniendo muchos frentes abiertos desgraciadamente, pero me voy a la cama con la sensación de haber obtenido una victoria, la primera, dentro de todo lo que estamos haciendo para poner orden en la empresa.

Queda mucho camino por recorrer. Nos faltan subir las montañas más altas, jugar los partidos más complicados, pero me queda la sensación de que poquito a poco vamos cambiando inercias, derribando puertas. Y todo gracias a mi equipo, grandísimos profesionales y mejores personas.  Como decía antes, queda lo más duro, pero con la moral alta y con estos compañeros de viaje, todo será más llevadero.

"Eric Cantona se giró mirando hacia Eric Bishop y le dijo: "Mi mejor momento fue un pase". "¿Un pase?", preguntó incrédulo Eric Bishop. De repente cayó en la cuenta de cuál fue. "¿Y si lo hubieran fallado?". "Siempre tienes que confiar en tus compañeros", le espetó Cantona, "sin ellos nunca hubiera logrado nada"."

Sin mis compañeros de trabajo, yo tampoco. Por ellos va.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Empresas - El Directivo y la Responsabilidad Social Corporativa

Sobre la Sostenibilidad de la RSC

En estos tiempos que corren ser empresario no es plato de buen gusto. Te sientes un poco como Zapatero, en el sentido de que sólo das malas noticias. No puedes subir salarios, aún cuando tengas a gente buena que se lo merezca, te toca sentarte con buenos proveedores para alargar plazos de pagos, aún cuando sabes que en ocasiones les estás apretando en exceso, no puedes garantizar todos tus puestos de trabajo y muchas de las acciones más rimbombantes dentro de la llamada Responsabalidad Social Corporativa (RSC), desaparecen de las mismas memorias corporativas a las que antes daban lustro.

A título personal, no puedo decir que últimamente esté dando buenas noticias. Desde que escribí aquel post sobre la soledad del directivo, he pasado unos meses analizando partida por partida la cuenta de resultados, evaluando cómo volver a la senda del rigor y la ortodoxia en ciertos procedimientos, sacando algunas conclusiones y estableciendo un plan de acción. Ahora llega el momento de implementar cambios, de reinterpretar hipótesis de negocio, y todo ello en pos de la viabilidad de la empresa y de sus puestos de trabajo.

Así pues, como un cirujano, coges el bísturí y empiezas a recortar. La mayor parte del trabajo la tienes que hacer de la mano de tu equipo de dirección, pero también es cierto que hay decisiones que sólo tú desde gerencia puedes tomar y que muchas veces son dolorosas. Algunas de las medidas sociales que hemos introducido desde que yo llegué a la dirección general, por ejemplo, se han visto afectadas por estos cambios. Y es inevitable preguntarte cosas a nivel personal. ¿He cambiado? ¿Ha cambiado mi visión sobre la RSC y su impacto positivo sobre la creación de valor en la empresa? ¿Sigo siendo la misma persona que defendía la utopía de una empresa orientada hacia la sociedad?

Con todo ello, con mis pensamientos y mis desvelos, he vivido unos meses de mucho crecimiento, de intenso debate interior. Han sido muchas las horas reflexionando, pensando en el camino recorrido desde que llegué a la bodega. Te das cuenta de que has cometido errores, como no puede ser de otra manera, y de que si tuvieras que tomar de nuevo determinadas decisiones, con el bagaje actual, probablemente las tomarías de otra manera. Piensas que tal vez te precipistaste en algunas cosas, que para otras te faltó madurez,  que había males que debías haber cortado de raíz, porque no todo el mundo es bueno como ingenuamente pienso siempre de primeras, pero que afortunadamente puedo decir que afronto mis errores desde la  más absolulta tranquilidad de conciencia y la total certeza de que todas esas experiencias me harán crecer como persona y directivo.

En momentos como el actual, cuando el viento viene de cara, es cuando uno debe mantenerse más firme en sus valores. En ese sentido, creo más que nunca en lo que siempre he defendido, en el mensaje que siempre he tratado de comunicar desde este blog, en mi línea de investigación doctoral. Sin embargo me confieso de haber sido incoherente, de haber tomado iniciativas sin saber si las mismas eran sostenibles. Porque esa es una de las paradojas de la RSC, tal vez la fundamental. Ha menudo, en los años previos a la crisis, se han tomado caminos que no lo eran. Desde luego el predicador esta vez no ha dado ejemplo. Al menos en ese sentido.

Pero sobre todo estoy viviendo un período de aprendizaje, de terminar de comprender lo que es la RSC en toda su dimensión. Tal vez nunca había terminado de entender del todo el equilibrio entre los diferentes stakeholders, el juego entre poder, legitimidad y urgencia que varía según el momento del tiempo, al igual que las prioridades para la empresa. Tal vez tampoco había entendido del todo que el objetivo de la creación de valor más allá del accionista, incluye más variables que el empleado y el medio ambiente. Sobre todo en momentos de crisis.
Porque RSC es, ante todo, cumplir tus compromisos, y no sólo con el cliente, el accionista o el empleado, sino también con tus proveedores y miembros de tu cadena de valor. Ahora mismo hay que tener los cinco sentidos en dar la cara, en buscar soluciones. Es muy bonito hablar de relaciones "win - win" cuando el dinero corre a espuertas. Pero ahora, en estos momentos que a todos nos cuesta pagar, es cuando hay que coger el teléfono, sentarte y renegociar pagos para salvaguardar el presente sin dejar de pensar en el futuro. Es el momento de garantizar las nóminas y los puestos de trabajo, de no caer en la tentación de hacer recortes sólo porque se haya aprobado una nueva ley. Obviamente la situación requiere tomar decisiones duras en ocasiones pero también la suficiente honradez y altura moral para no aprovecharse de que el Pisuerga pasa por Valladolid. Tampoco es fácil sentarse en estos momentos con sindicatos, pero no queda otra que arrimar el hombro entre todos. Entender que no todo vale en estos tiempos que corren también es RSC.

La RSC tiene que servir para que la empresa sea más eficiente y cumpla sus objetivos económicos ,pero siempre teniendo en cuenta la dimensión social y medio ambiental que se deriva de su propia actividad. El camino a andar debe comenzar desde la base, con una actitud de diálogo dónde antes había relaciones de confrontación. Comenzar a ser una empresa socialmente responsable, no tiene por qué costarle dinero a la empresa. Fomentar la jornada flexible, el teletrabajo y la conciliación de la vida laboral y familiar,  implementar determinados procedimientos medio ambientales que generen eco eficiencias, por poner algunos ejemplos, es algo que está al alcance de todas las PYMES y que redunda a muy corto plazo en el bienestar de muchos de tus grupos de interés. Encima quedas de cine, porque son acciones que te dan legitimidad como empresa. Ahora bien, dar la cara y cumplir tus compromisos con proveedores, administraciones públicas o comunidades locales, más allá de una obligación moral y legal, es también RSC. Eso sí, de la que apenas deja réditos.

En estos tiempos que corren, he aprendido (y creo que el ejemplo es de Paco Alcaide), que el directivo, efectivamente, va en globo y ve la ciudad desde la altura. Su perspectiva es inmejorable y por ello toma decisiones ponderando más variables qe nadie en la empresa, ya que tiene la visión del conjunto. Afortunadamente tengo también mis "dos voces" de la conciencia en la compañía, gente que me hace entender y conocer lo que se cuece "en la tierra", cómo  se perciben mis decisiones. Entonces es cuando vuelves a sentirte sólo, cuando se te pasa por la cabeza que la gente no valora que las cosas las tratas de hacer también pensando en el bien común. A partir de ahí entiendes la importancia de la empatía y de lo esencial que resulta en ocasiones que los demás también comprendan el por qué de determinadas medidas. Comunicar es básico y es también RSC. Es cierto que el "timing" del directivo no es el del resto del personal, pero, aún siendo dueño de tus silencios, aún teniendo que adecuar el mensaje al interlocutor, es el momento de sacar de paseo la inteligencia emocional del directivo, remangarse y dar la cara también ante tu plantilla. La RSC exige mucho más que una memoria anual de puertas para fuera.

La empresa vive en un mundo de expectativas. Las tienen los clientes, las tienen los inversores, las tienen los bancos y las tienen tus empleados. Cuando has puesto el listón muy alto y retrocedes, aunque objetivamente tomes esa decisión tratando de hacer lo que consideras mejor para la colectividad, ya te has metido en un jardín porque a nadie le gusta que le bajen un escalón. Aunque ahora toque dar un paso atrás para coger impulso, aunque el camino esté marcado, lo cierto es que en la vida hay que tratar de dar los menores pasos en falso posibles. Sobre todo cuando los damnificados son personas.

Así pues, sigo creyendo en la RSC, sigo creyendo en ella como herramienta de creación de valor, como una estrategia de entender la diversidad de los entornos, la complejidad de nuestro mundo globalizado, de hacer una economía más humana. Me he dado cuenta que intentar ser una empresa responsable en estos tiempos que corren implican hacer unos esfuerzos que son muy poco "vendibles," que de puertas para dentro en la empresa no son especialmente valorados y que de puertas para fuera no dicen mucho porque, en el fondo, en tiempos de bonanza, cumplir con tus grupos de interés es un mínimo incuestionable. Sólo las PYMES sabemos lo que estamos sufriendo por los excesos de todos, los nuestros y los del resto de nuestro sistema económico.

Pero sobre todo he entendido que el directivo ante todo es persona y que las personas nos equivocamos. Que creer en la RSC no es creer en la empresa perfecta, ni mucho menos, porque éstas están formadas por hombres que también cometen errores. El reto, por lo tanto, es hacer compañías con alma, organizaciones dónde la variable humana sea la más importante. El que mis "dos voces" de la conciencia en la empresa me cuenten lo que se cuece, lo que se siente y lo que se padece, muchas veces me genera comeduras de tarro,  disgustos y hasta insomnios. Afortunadamente, cuando peor me encuentro,  es cuando me doy cuenta de que todo eso me ocurre  en el fondo porque me importan las personas. Y eso, fundamentalmente eso, es RSC.

jueves, 9 de septiembre de 2010

Empresas - La Responsabilidad Social de los Bancos en Tiempos de Crisis

Vivencias y Reflexiones

Siempre he entendido la Responsabilidad Social Corporativa (RSC) como la forma en la que las empresas no dan la espalda a la sociedad en la que se desenvuelven. Por encima de filantropía, ecologismo barato u otras medidas decorativas que tienen mucho de envoltorio y poco (o nada) de esencia, siempre he creído que el objetivo de la empresa es ser rentable de forma sostenible desde un triple punto de vista: económico, social y medio ambiental.
Nadie ha dicho que este equilibrio sea fácil. Vivimos en una economía de redes en la que interactuamos con más grupos de interés que nunca, los cuales, a menudo, tienen intereses contrapuestos. Ponderar todo ello es complejo, porque ninguna decisión puede entenderse por sí sola. Cada acto tiene consecuencias sobre otros stakeholders. Por poner un ejemplo básico: Si subo los precios buscando contentar al accionista que busca mayor rentabilidad sin tener en cuenta la sensibilidad de mi cliente o las acciones de mis competidores, puede ocurrir que me salga el tiro por la culata porque parte de mi público se enfade y deje de comprar mi producto.

La responsabilidad económica de las empresas va más allá de la cuenta de resultados. Ofrecer buenos productos y servicios es también responsabilidad social. Adaptarte a las circunstancias de tu cliente, siempre que se pueda, es responsabilidad social también. No se trata de ser una ONG, sino de proyectar tu empresa a largo plazo. Para que se me entienda. El cliente es un activo financiero, al menos desde un punto de vista aséptico, y tiene que ser rentable para la compañía, pero ninguna inversión arroja toda la vida flujos de caja positivos. Una cartera de renta variable, por ejemplo, siempre es mejor alternativa a largo plazo que una cartera de renta fija. Con la primera tendrás momentos de pérdidas, pero con el tiempo sales ganando. En los momentos difíciles, las empresas ponemos el ojo en el corto plazo y a menudo nos olvidamos del largo.

Los bancos y el sistema financiero español en general ha sido y es, en los últimos años, un claro exponente de lo que no es RSC. Nos han vendido magníficos programas de voluntariado corporativo mientras sus empleados trabajaban 60 horas semanales. Nos han hablado de grandes donaciones al tercer mundo mientras sus consejeros ocultaban en paraísos fiscales suculentas fortunas. Nos han dicho que querían ser nuestro banco pero les ha importado un pepino si lo que nos vendían era o no apropiado para el cliente. En el afán por maximizar el beneficio a corto plazo, han estrujado tanto la naranja, han sacado tanto zumo, que ahora tenemos resaca para varios años.

Es cierto que las empresas hemos hecho muchas cosas mal. Nos hemos sobre endeudado, hemos pensado que esta barra libre de crédito no iba a terminar nunca y cuando nos han dicho que ya no se sirven más copas, tenemos un síndrome de abstinencia del que muchas compañías no han sabido salir aún y algunas ni siquiera lo sabrán hacer.

Presas del pánico, faltos de gente con experiencia en muchos puestos, nuestros bancos comenzaron hace un par de años una salida a la carrera de las empresas. Primero fue el afán de quitar riesgos cancelando cuentas de crédito por encima de lo razonable. Luego fueron los derivados financieros, aquellos productos ininteligibles, aparentemente inocuos, que te invitaban a firmar cuando pedías un préstamo y cuyo funcionamiento rara vez comprendían incluso los que te lo vendían y que ahora ocasionan pérdidas millonarias, prestamizadas para mayor gloria de Botín y compañía y desgracia del cliente, el cual rara vez oye un "lo siento por venderte esta mierda de producto que te va costar 400.000 euros al año durante los próximos cinco". Ahora que ya no pueden hacer más faenas, o cuando las que pueden hacer son menores, el grifo sigue cerrado.

No se sale de esta fiesta con más deuda, que nadie me entienda mal, pero este es un cambio cultural muy grande para las empresas. La reducción del crédito, sobre todo del circulante, te obliga a replantearte casi todas las hipótesis de negocio, sobre todo en una PYME. No se trata sólo de devolver el dinero, es que dejo de tenerlo para financiar ciclos productivos largos y ello incide en el resto de miembros de mi cadena de valor. Como decía al principio, en una economía de redes ninguna medida es aislada y lo que yo no puedo, es dejar de pagar a mis proveedores críticos. El banco pasa a ser casi mi última prioridad. Lógico. Me ha servido su "producto" y no tiene intención de ofrecerme más a medio plazo como mínimo.

Pero la Responsabilidad Económica de los bancos tiene también una dimensión macroeconómica. El que exista un sistema financiero serio y eficiente es clave para la creación de empresas, para emprender nuevos proyectos, única manera de crear empleo y riqueza en una sociedad. Aunque el momento es malo, si hay una institución privada que puede hacernos recobrar algo de confianza en nuestro sistema económico y en nuestros mercados son los bancos. Sin financiación, bajan las compras de productos de alta implicación, por ejemplo.

La Responsabilidad Social implica diálogo, cambiar mecanismos de confrontación por otros de diálogo, entender que la relación proveedor - cliente tiene que ser "win-win" incluso en los malos momentos. Los bancos han fallado estrepitosamente en ello. Para desandar el camino del endeudamiento sólo se han atenido a razones cuando han habido garantías a menudo desproporcionadas. Empresas que han crecido en ventas en este tiempo de crisis lo están viviendo en sus carnes. Cuando todo el mundo entiende que ahora los plazos de cobro y de pago se alargan, ahora que hay que buscar soluciones imaginativas para seguir trabajando, los bancos en seguida te amenazan con juicios, moras y embargos. Ahora que hay que estar más cerca que nunca del cliente, de la sociedad y de los grupos de interés, trabajar a largo plazo sin perder de vista el corto, apoyarnos para salir de la peor crisis en 80 años, entender qué les pasa, ellos, en su mayoría, se muestran más distantes, fríos e implacables que nunca. Olvidan que el empacho generalizado en el país es consecuencia también y en buena parte de estudios poco finos o nada rigurosos de sus propios analistas, los mismos que ya no pasan una. Hoy me acuesto jodido. Tal vez se me había olvidado que el marketing bancario es mentira. Como hace un año. Como siempre que el viento no les sopla a su favor.

domingo, 5 de septiembre de 2010

Viajes - Chile

Santiago, Atacama e Isla de Pascua

Lo prometido es deuda, así que recién aterrizado me pongo a relataros algunas de mis vivencias de estas dos semanas largas que he estado en ese gran país que es Chile. La verdad es que son tantos los buenos momentos vividos, tantas las maravillas conocidas, que reconozco estar un poco abrumado sin saber muy bien cómo empezar. Así pues, aún siendo un poco anárquico, al menos al principio, voy a empezar con alguna generalidad para luego centrarme en aquellos aspectos del viaje que más me han gustado, yendo más a lo concreto.

Desde un punto de vista económico y social, Chile tiene muy poco que ver con el resto de países sudamericanos. Con una economía que crece en torno a un 6% anual, y una tasa de paro que apenas sobrepasa el 8%, podríamos decir que el país andino se asemeja en muchas cosas a algunos países europeos. Las causas de este pequeño milagro dentro de un continente tan conflictivo y pobre, radican, en primer lugar, en la cantidad de materias primas que tiene Chile. Es el primer productor mundial de litio (prácticamente todas las baterías de móviles, cámaras, etc., precisan del mismo), es también el primer productor mundial de cobre y goza de una industria minera (ahora en boca de todo el mundo) muy importante, lo cual, sumado en su conjunto, le ha permitido adquirir divisas de forma regular y con relativa  facilidad, favoreciedo su crecimiento. Tan importante como el tener materias primas (otros países de la zona tambíen las tienen) ha sido la industria paralela que ha permitido la explotación de las mismas. Aunque las medidas de seguridad a menudo dejen que desear, aunque haya muchos aspectos que pulir, lo cierto es que estamos ante un país serio con una industria seria.
Las maravillas de la naturaleza que tiene Chile, le han proporcionado también la posibilidad de desarrollar una importante industria turística. Lo más interesante es que todo el país cuenta con unas infraestructuras más que notables (recordemos que hablamos de Sudarmérica), pero sobre todo con profesionales muy competentes. Las promesas se cumplen, los precios no son abusivos, hasta los taxis se pagan por adelantado al llegar al aeropuerto en una agencia oficial evitando sustos innecesarios. La bondad de la gente, su honestidad (la corrupción les ofende muchísimo) y su ética por el trabajo, hace del país andino el más seguro del continente. Los riesgos de robo son los mismos o incluso menores que en Madrid en la Puerta del Sol.

Su industria agroalimentaria es también muy interesante, destacando el papel que están jugando sus vinos a nivel mundial. En la actualidad, Chile exporta cerca del 95% de sus caldos, lo cual supone otra fuente interesante de obtener divisas. Es cierto que tal vez le falten más marcas top (que las tiene también), pero no lo es menos que es casi imposible encontrarte un mal vino chileno embotellado. La inmensa mayoría de sus productos guardan una relación calidad - precio ejemplar.Por destacar uno, me quedo con Montes Alpha Merlot 100%, un monovarietal del Valle de Colchagua. Espectacular.

Chile ha recobrado su estabilidad política con una rapidez sorprendente. Las heridas de la dictadura siguen a flor de piel, pero ahora mismo parece impensable que su joven democracia pudiera tambalearse por la irrupción del ejército o de un caudillo estilo Chávez. Goza, por lo tanto, de un clima político propicio para que siga por la senda del crecimiento. Dos asuntos son los que tiene que resolver a muy corto plazo. Uno, el de la distribución de la riqueza, y dos, el de la educación pública. El país ya no está, afortunadamente, cómo contaba el libro de "La casa de los espíritus" de Isabel Allende, pero sigue habiendo poca gente acumulando buena parte del capital y aunque se aprecia una clase media incipiente, las diferencias siguen siendo notables. En cuanto a la educación pública, diferentes estudios demuestran que ésta está muy por debajo de la privada, lo cual crea una brecha social que es necesario cerrar cuanto antes para que el país pueda seguir progresando.

Santiago de Chile es una ciudad soprendente. No es tan señorial como  Buenos Aires, no tiene partes arquitectónicamente impactantes, ni grandes paisajes salvo que te subas al cerro de San Cristóbal, sin embargo, tiene mucho encanto. Fundamentalmente por su gran vida y por su gente. Es una ciudad que parece no dormir nunca entre semana y que se desmadra cuando llegan los viernes. Hay muy buen "rollo" en todas partes y uno se siente como en casa porque en cualquier lugar la gente se desvive por agradarte. Dentro de la capital, me encantó el barrio de Bellavista. Un sitio bohemio lleno de buenos restaurantes y lugares dónde salir. Puedes coronar tu paseo por dicho barrio visitando "La Chascona", la que fue una de las casas de Pablo Neruda, hoy convertido en un museo que merece mucho la pena, y subiendo en el funicular al Cerro de San Cristóbal, dónde puedes gozar de las mejores vistas de toda la ciudad. Si tienes la suerte de tener un día claro, las vistas de los Andes son impresionantes.

También tiene su gracia toda la parte del Mercado Central y la Catedral. Si uno comienza su paseo desde la casa de la Moneda y se va dejando perder a medida que se adentra en calles peatonales, se sorprende llegando a este famoso mercado, rehabilitado durante la dictadura, en el que se puede comer, comprar y disfrutar del ambiente. Por último, no me gustaría dejar de acordarme de "Liguria", un restaurante - bar del barrio de providencia, nido de periodistas, escritores y gente del mundo de la cultura, dónde al calor de un gran vino y una música inmejorable, puedes pasar una velada memorable. Por cierto, que si cruzas la calle y te adentras en el mercado de Providencia, si no llegas demasiado tarde, puedes comprar las mejores empanadas de todo Santiago. Junto con las gallegas artesanales de toda la vida, son las mejores que he probado nunca.

Cuando uno aterriza en Calama y se adentra poco a poco en el desierto de Atacama, no puede sino estremecerse al observar el paisaje (aunque se llegue de noche) y pensar que está en el desierto más árido del planeta. Basta decir que la pluviometría media anual es unas seis veces menor que en el desierto del Sahara. Nuestro "campamento-base" fue San Pedro de Atacama, un pueblo precioso, muy preparado para el turista y que admito que no se parecía en nada a ninguna cosa que yo hubiera visto hasta la fecha. Sus calles son de tierra y sus casas de adobo, lo que te hacen pensar por un momento que estás en un sitio muy pobre, pero la realidad es que aquello es un pueblo que ha sabido conservar lo diferencial que tiene para atraer el turismo. Detrás de esas casas tan curiosas, se esconde una gran oferta hostelera perfectamente preparada para el viajero.La gente de los hoteles se muere por lograr que tu estancia se inmejorable y por ello te ayudan a preparar las excursiones, aconsejándote con quién ir, cómo hacerlas, qué es prescindible y que no lo es en función de tu tiempo. 

La visita al Valle de la Media Luna, dónde uno puede ver unas puestas de sol maravillosas entre los Andes y la cordillera de Domeyko, es parada obligatoria para todo visitante de la zona. Su atardecer me pareció de las cosas más bonitas que he visto en mi vida. Otra parada ineludible, pese al madrugón considerable que implica, es la de los Géiseres del Tatio, los cuales son los más altos de todo el planeta, a 4.500 metros de altitud. Sus 80 focos activos suponen el 8% de todos los géiseres mundiales. De vuelta a San Pedro, uno no puede dejar de parar a probar en algún pueblecito andino brochetas de llama. Deliciosas. 

Pero sin lugar a dudas, los dos lugares que más me gustaron de Atacama fueron las lagunas altiplánicas (de nuevo a casi 4.500 metros de altitud) y el valle del Jere, un auténtico Oasis con increíbles árboles frutales plantados por los colonizadores españoles. Cuentan que en el mismo hay unas viñas dónde se produce un vino dulce muy característico. El Jere es un pequeño milagro dentro de ese ecosistema tan extremo que supone Atacama. Si se tiene tiempo, otra excursión muy agradable es ir a dar un paseo a caballo por la aldea Tulor y alrededores. Aunque vuestros équidos sean rebeldes (como fue mi caso) la experiencia es muy recomendable.

Por último, dentro de San Pedro, recomendaros algunos sitios para comer / cenar: el restaurante del Hotel Tulor. Su menú es algo más caro que la media del pueblo, pero merece la pena. Los gnochi de papas moradas son de lo mejor que he probado en mucho tiempo. Los platos elaborado con quinoa también. "Todo Natural", restaurante que presume del origen de sus ingredientes, es otra magnífica opción. "La Casona", con un patio interior precioso, ofrece menús increíbles, platos típicos y un ambiente inmejorable. Por último, "La Piedra" hace comida de todo tipo (Chilena e internacional). Sus pizzas y empanadas son memorables. Sus jugos naturales también.

La historia de Isla de Pascua o Rapa Nui es apasionante. No se sabe a ciencia cierta cuándo comenzó a habitarse la misma, pero los últimos estudios datan la llegada de las primeras tribus procedentes de la Polinesia allá por el siglo VIII. La isla, de origen volcánico, era un auténtico paraíso de plantas tropicales en su hábitat natural. Los primeros habitantes iniciaron un culto a sus ancestros, a los que convertían en deidades, y les adoraban a través de Moais, esas caras curiosas de piedra que se extienden por toda la isla. Dichos monumentos funerarios, eran construídos en Rano Raraku, un volcán "dormido" dónde todavía se pueden observar Moais a medio construir. Lo curioso en esta historia, es lo que aconteció después. Debido a todas las maderas que necesitaban para el traslado de los Moais, así como para la propia subsistencia (véase, para la elaboración de barcas y utensilios para la pesca y la caza), Rapa Nui se colapsó, comenzando una etapa de hostilidades entre las diferentes tribus. Esquilmaron la isla, ni más ni menos.
A partir de ahí se abandona de forma progresiva el rito de los Moais y se pasa a al culto del "Make - Make" que tenía como punto culminante la competición del "tangata - manu" (u hombre pájaro). Esta celebración meritocrática, implicaba la búsqueda del primer huevo que cada año ponía el manutara en unas islas minúsculas frente a Orongo, un volcán de la isla. El reto consistía en bajar una pared de unos 200 metros de altitud, nadar hasta las citadas islas, coger el susodicho huevo y traerlo de vuelta. Huelga decir que todos los años morían muchos de los participantes, despeñados por el acantilado. El premio era el liderazgo espiritual de Rapa Nui durante un año. 

La Isla de Pascua, la cual debe su nombre a que fue descubierta  por el mundo occidental el domingo de Pascua de 1722, pese a haber perdido buena parte de su flora original, se ha mantenido virgen desde el siglo XVIII. Aquello es un espectáculo. Apenas un tercio de los caminos está asfaltado (el resto son de arena) y por toda la isla deambulan caballos y vacas al libre albedrío. Apenas hay 20 kilómetros entre los diferentes extremos de Rapa Nui, y eso facilita mucho la visita y el ecoturismo, ya que hay multitud de rutas que se pueden hacer a caballo, andando y en bicicleta.Es más, hay algunas que sólo pueden hacerse así.

Una excursión fantástica es la que te lleva paralelo por la costa este de la Isla hasta Rano Raraku, el volcán al que antes hacía alusión. Por el camino te encuentras fabulosas estampas del mar rompiendo con rabia contra la costa en medio de Moais y otros monumentos milenarios. El parque nacional de Rano Raraku es también apoteósico. Uno no para de hacer decenas de fotos cada vez que avanza y descubre nuevos monumentos y nuevas vistas que mejoran a medida que uno gana algo de altura. A la salida del parque, espera impaciente el Ahu Tongariki, famoso por juntar a 15 Moais y cuya restauración corrió a cargo de un millonario japonés. Es una de las estampas más típicas de la Isla. 

Una vez se sale del Ahu Tongariki y dejando a mano derecha la península de Poiké (creo que es increíble, pero ya no tuve tiempo material de conocerla), se llega a otra serie de puntos interesantes como los petroglifos de PapaVaka y el Ahu Te Pito Kura, el más grande jamás transportado. De allí se llega a la playa paradisiaca de Anakena, con arenas finas y blancas, cocoteros, caballos salvajes y unos impresionantes Moais que presiden la entrada a la cala. De ahí se vuelve por el interior a Hanga Roa, capital de Rapa Nui.

Otra excursión imprescindible es la que te lleva desde el Ahu Tahai hasta Terevaka, el volcán más alto de la Isla. Conviene dejarse el Ahu Tahai (el Moai que conserva sus ojos originales) para el final del día, cuando la puesta de sol nos regala unas vistas memorables. Por el camino hasta el monte Terevaka, te encuentras con unas cuevas increíbles (Ana Te Pahu y Ana Kakenga), más Moais y más vistas espectaculares. Al llegar a Ahu Akivi con sus 7 Moáis, ya sólo se puede subir hasta el volcán Terevaka andando o a caballo. Si se hace a pie, se tarde entra la subida y la baja algo más de tres horas (contando con el tiempo que se emplea en tomar fotografías, reponer fuerzas (en el caso de llevarse un bocadillo), etc). Merece muchísimo la pena. El Terevaka es el punto más alto de la Isla (más de 500 metros) y desde su impresionante cráter se observa toda la Isla.

Por último, hay una excursión que no se puede dejar de hacer: la visita al pueblo ceremonial de Orongo. Allí tenía lugar la competición del "tangata-manu" y se muestra un poblado reconstruido donde los participantes convivían y se preparaban los días previos al reto. Las vistas y el entorno son increíbles. Pero lo más memorable es la visita al cráter del volcán de Orongo. En el mismo, a unos 200 metros más abajo, hay un lago de agua dulce generado a partir de las abundantes lluvias de la isla. El diámetro del cráter es de 1.500 metros. Casi nada. Allí existen especies únicas cuyos principios activos han dado pie a la elaboración de medicinas muy importantes. Si uno lleva prismáticos, y pese a encontrarse casi en la otra punta de la Isla, desde lo alto de Orongo se pueden vislumbrar los 15 Moais de Ahu Tongariki.

Y eso es todo amigos, como decía aquél. Perdonadme la redacción, pero han sido 13 horas de vuelo y me muero por coger el sobre. Podréis observar, en cualquier caso, que ha sido un viaje muy bien aprovechado, repleto de buenas experiencias y gratísimos recuerdos. Me falta por ver la parte sur, también los viñedos, y también me ha faltado esquiar, pero la verdad es que Chile es inabarcable de una tacada. Tengo pendiente volver y espero hacerlo en Navidad,aprovechando que novia todavía andará por allí. Por el momento y ya desde España, sólo puedo hablar cosas buenas sobre Chile y los chilenos.  Así que si alguno se lo está pensando, sólo puedo animarle. A veces la realidad supera a la ficción, como en este viaje.