domingo, 29 de mayo de 2011

Economía y Sociedad - Economistas, Políticos y Profetas

Sobre Pronósticos y Planificaciones Estratégicas

El otro día en Aranda comencé a hacer algo de orden y rescaté algunos periódicos antiguos. La verdad es que me llamaron la atención varios artículos. Algunos incluso me arrancaron una sonrisa, porque me demostraron que algunos economistas, políticos y empresarios, como futurólogos, no tendrían precio. El primero con el que no pude evitar sonrojarme fue con el famoso de "los brotes verdes" de la economía española de Elena Salgado. En su descargo diré que asumía, en cualquier caso, que el paro seguiría subiendo por un tiempo. Lo gracioso es que aquella noticia dio luego pie a un anuncio del PSOE que a mi me ha producido, dos años después, cierto estupor. Y por favor, que nadie se lo tome como un comentario político, sino de hombre que trabaja en una empresa.Claro, que aquellos eran los tiempos del acontecimiento histórico planetario de Leire Pajín, otro titular con el que se me han saltado las lágrimas de la risa. Poco después, de nuevo Elena Salgado, anunciaba en una entrevista que habíamos "tocado fondo"

Pero no sólo en España se vieron brotes verdes. Ben Bernanke también dijo en el año 2009 que en el gigante norteamericano había motivos para la esperanza, si bien Paul Krugman, con su habitual maestría, puso las cosas un poco en su sitio en su tríbuna del New York Times. Creo que dos años después nadie se atrevería a decir nada parecido en ninguno de los dos lados del Atlántico. A Obama, probablemente, le quede otra oportunidad, pero Zapatero me temo que va a salir por la puerta de atrás. Es cierto que tal vez nadie pudiera pensar en una crisis tan salvaje, pero es que sus actuaciones, acordes a sus predicciones, le han hecho un flaco favor. "Tenemos el sistema financiero más sólido del mundo" o "hemos superado a Italia y podemos superar a Francia" (ambas afirmaciones tras la caída de Lehman Brothers) denotan, en cualquier cosa, que no se había enterado entonces de la gravedad del asunto. Probablemente tardó dos años en hacerlo.
Claro, que los empresarios tampoco hemos estado finos en nuestras predicciones durante esta crisis. En otra entrevista que tampoco tuvo desperdicio, Antonio Brufau, presidente de Repsol, allá por el inicio del año 2010, afirmaba que era razonable "que el litro de gasolina se mantuviera en torno a un euro". Apenas un año después la desviación supera el 30%. No está mal tampoco. Como tampoco estaba mal Michael Porter, gurú de la Estrategia Empresarial, quién en el año 2005 hablaba maravillas de Fannie Mae y Freddie Mac, entidades a las que el Gobierno Norteamericano tuvo que rescatar en septiembre de 2008 tras su desplome bursátil en julio de dicho año, el cual puso en jaque a todo el sistema financiero estadounidense. Seré justo también conmigo mismo. Quiénes me conocéis y quiénes habéis hablado conmigo en estos años, sabéis que yo también he dicho en más de una ocasión que creía que habíamos tocado fondo. Yo también me equivoqué y lo digo bien claro para que nadie me tache de oportunista.

No es mi intención ridiculizar a nadie, de verdad. Pero todas las declaraciones, análisis y opiniones de un tiempo a esta parte me siguen pareciendo meras elucubraciones con pocos visos de convertirse en realidad. No es que no crea en la modelización y en el fantástico trabajo de economistas e investigadores, o que quiera desacreditar a brillantes hombres de empresa, como sus cuentas de resultados reflejan año tras año. Simplemente vivo en un momento en el que a título personal predomina el escepticismo por encima del racionalismo. Creo que la salida de esta situación depende, fundamentalmente, de que se terminen de reordenar los sistemas financieros de todo el mundo, de que se absorban todos los stocks de vivienda que todavía colean desde la burbuja, de que en la UE se dejen de financiar problemas (como apunta mi buen amigo Quique Ibáñez, la quita en Grecia es inevitable, pero nadie quiere afrontarla) y de que estados, familias y empresas nos desapalanquemos, porque no olvidemos, que esta crisis tiene mucho de excesivo endeudamiento. Es imposible saber cuando ocurrirá, porque en buena medida todo dependerá de que vuelva la confianza a los mercados y a sus agentes económicos, esto es, empresas y familias. Euforia y pánico. En épocas de crisis no hay término medio.

Lo que nos queda a la gente de a pié es apretar los dientes, seguir trabajando, luchar por hacerlo un poquito mejor cada día y estar en la "pole position" para cuando arranque de nuevo la maquinaria. Mientras tanto nos quedan las hemerotecas para echarnos unas risas, sin maldad en mi caso, de verdad, con previsiones fallidas y otros patinazos. Hay gente que realmente no tiene precio como profeta.

lunes, 23 de mayo de 2011

Sociedad - La "Spanish Revolution"

Sobre Legalidad y Legitimidad

Este fin de semana el trabajo me ha traído hasta Inglaterra. Primera parada, Shrewsbury, pueblo precioso cercano a Birmingham dónde he tenido la suerte de probar los vinos con clientes locales, y después Londres. Mañana y pasado me esperan visitas a clientes y como plato fuerte una cata en un restaurante de por aquí llamado “La Bodega”. Casi nada.

Mientras escribo estas líneas, observo en internet el resultado de las elecciones autonómicas que están teniendo lugar. En la mayoría de los casos, éstos coinciden con lo previsto días atrás. Este dato me parece significativo, porque aquellos que cuestionaban la legalidad del movimiento “Democracia Real Ya” por no respetar jornadas de reflexión o similares, imagino que ya se habrán quedado más tranquilos. Ha habido más votos en blanco de los normales, el nivel de abstención que tenemos me sigue pareciendo tremendo, pero lo cierto es que se han removido conciencias sin coaccionar a nadie, y eso a mi me parece un ejercicio de democracia brutal.

Me han sorprendido las reacciones de estos días. Las editoriales de los diferentes medios de comunicación, bien alababan, bien daban “caña” sin término medio a los manifestantes. Todos los políticos trataban de hacer suya la causa de “Democracia Real Ya” (DRY). Incluso Llamazares decía “los políticos tenemos que hacer algo”, con lo cual uno no sabe si pedir que devuelvan sus salarios de estos años, porque, ¿qué han hecho en los años previos entonces?

Creo, en cualquier caso, que el problema ha sido de tratar de analizar lo vivido estos días en términos políticos y eso, lo que demuestra, es que sigue habiendo personas que no se han enterado de qué va la vaina. No se trata tanto de la calidad las propuestas planteadas por “DRY” (algunas muy razonables, otras más cuestionables y la gran mayoría más que debatibles), ni de si el movimiento favorece a unos o a otros. Tampoco es una cuestión de legalidad, sino de legitimidad (Gandhi y Mandela también quebrantaron la ley, pero sus propósitos eran legítimos). Claro que la democracia se ejerce en las urnas, pero cuestionar el sistema no te excluye del mismo. Muchos de los representantes de “DRY” han ido a votar hoy, por ejemplo. Lo que muchos siguen sin comprender, es que estamos ante un problema social de primera magnitud y que los jóvenes llevamos ya muchos años tragando con situaciones que son insostenibles. 

Yo tengo ahora mismo 33 años. Tuve la suerte de que antes de terminar la carrera me contrató una empresa, como becario. A los cuatro meses, y ya con mi título debajo del brazo, me hicieron contrato, primero con un período de prueba y al poco tiempo indefinido. Paradójicamente, cuanto mejor estaba laboralmente en términos salariales, más lejos estaba de poder independizarme. La burbuja estaba en pleno apogeo y, o contabas con el apoyo de tus padres, o salir de casa implicaba no vivir durante años. Por aquel entonces gobernaba Aznar. En aquella época, uno miraba con asombro el crecimiento exponencial de Porsches Cayenne en nuestras carreteras, las comilonas y los excesos, como los saldos de las tarjetas de determinadas empresas. No, que no se me entienda mal, yo no quería que me regalasen nada, simplemente quería poder vivir mi vida con mi trabajo y no sentirme víctima de unos excesos que a todas luces eran pan para aquel entonces y hambre para los años siguientes.

Tras los atentados del 11-M, llegó al poder José Luis Rodríguez Zapatero, el cual, entre otras muchas cosas, creó un ministerio de la vivienda para, precisamente, favorecer el acceso de los jóvenes a un hogar. Yo, a día de hoy, no recuerdo un solo logro de aquel ministerio. Durante 4 años los jóvenes nos veíamos cada vez más lejos  de poder acceder a una vivienda. Entonces se pinchó la burbuja, y nos dimos cuenta que los bancos de todo el mundo habían actuado de una forma que sólo se podía catalogar entre inmoral y excesivamente arriesgada (que cada uno se ubique dónde crea) mientras los gobiernos miraban para otro lado. Aznar y Zapatero ignoraron las voces que hablaban de un calentamiento de la economía, porque en el fondo era muy cómodo sacar pecho, decir que crecíamos más que Europa, que estábamos en la Champions League de la economía y que nuestro sistema financiero era el más sano del mundo.

Han pasado casi tres años desde aquello y, desde entonces, hay casi tres millones y picos de parados más, uno de cada dos jóvenes no tiene acceso al mercado laboral, muchos de los que lo tienen, o no cobran, o cobran una miseria, a menudo porque lo hacen con contratos en fraude de ley, mientras gobierno y sindicatos miran para otro lado. En estos tres años hemos asistido atónitos a rescates de entidades financieras de todo el mundo, a las cuales se les ha ayudado con dinero público, el cual, en buena medida, ha salido de subidas de impuestos que hemos sufrido todos los ciudadanos y recortes sociales a las clases menos pudientes. 

Desde aquel fatídico mes de septiembre del año 2008, hemos visto con humillación cómo aquellos quiénes habían precisado de nuestros ahorros para salvar a sus compañías, se llevaban bonus que el 99% de los trabajadores del planeta jamás conseguirían aún juntando todas sus nóminas durante 35 años y actualizándolas según el IPC. En paralelo, hemos asistido al destape de la trama Gürtel y al escándalo de los ERES en Andalucía, sin que ello haya despertado el más mínimo pudor en nuestras clases dirigentes. La prueba está en quiénes se presentan en Valencia y Sevilla, así como en la continuidad del Sr. Chaves en el gobierno.

Y por cierto, los jóvenes, los pocos que trabajan, siguen sin poder acceder a la vivienda, porque ahora que los precios han bajado un poco (sólo un poco, a fin de cuentas 2 de cada 3 tasaciones en este país las siguen haciendo los bancos, que son los que más viviendas tienen en stock), lo que no se puede es acceder a la financiación. Si, hasta un 80%, vale, pero si el piso vale 200.000 euros, ¿quién tiene 40.000 euros ahorrados a los tres o cuatro años de vida laboral?

De un tiempo a esta parte, los que hacen la economía de las grandes cifras,  se han olvidado de la vida real, del ciudadano de a pie y los gobiernos de todo el mundo se han ubicado en las antípodas del mismo. No me canso de decirlo pero es que es cierto: nadie puede vivir de espaldas  a la sociedad en la que se desenvuelve. Lo peor de esta crisis, como ya se apuntó en este blog, es la falta de moraleja, el que los que nos han metido en este lío se han ido de rositas y el que las consecuencias las paguen los que, probablemente, menos culpa tengan.

En muchos casos se ha llamado a la gente de Sol “Indignados”, nos los han tratado de presentar como forajidos, incluso como anti sistema, pero nada más lejos de la realidad. Buenos amigos míos han estado por allí. Doctores en físicas, Licenciados en Economía, Médicos, familiares con estudios superiores, gente de bien, que se encuentra en la encrucijada de terminar una carrera y no saber por dónde tirar, o de tener un currículum espectacular y mendigar contratos basura. De haber estado en España, yo también hubiera ido a Sol. Hoy en día tengo a personas muy queridas a miles de kilómetros ante la falta de oportunidades que hay en nuestro país para, probablemente, la generación mejor formada de la historia. Otros que se han quedado, están ahora en paro. Y algunos que no lo están, trabajan una media de 60 horas a la semana por un sueldo de mileuristas.  No hablo de primos, de primos, de colegas, hablo de mi gente, de amigos y familiares.

Estamos ante una cuestión de justicia social. Hace unos años hablaba con mi buen amigo Francisco Alcaide, entre otras muchas cosas profesor universitario, y le preguntaba por las nuevas generaciones, las cuáles me parecía que venían dormidas. Por aquel entonces me dijo una frase que se me quedó grabada: “las necesidades de todas las generaciones son las mismas. Cuando tengan hambre, frío o sed, cuando no puedan cubrir sus prioridades, se movilizarán”. Eso es lo que está pasando ahora, ni más ni menos. Y por cierto, sin un solo conato de violencia.

Hoy ha sido día de elecciones y mañana tocará ponerse a trabajar. Vencedores y vencidos creo que les deben una conversación con las miles de personas que han salido a la calle. El debate enriquece y nuestros políticos deberían escuchar más, perder el miedo a que les saquen los colores y hacerse más humanos. Casi un 50% de paro juvenil es una pasada. ¿De verdad que alguien se sigue sorprendiendo de las movilizaciones?


miércoles, 18 de mayo de 2011

Economía - A vueltas con el Mercado

Apuntes y Reflexiones
Como en alguna ocasión he reconocido en este blog, me considero un fan de “Lost”. No llego al nivel de “frikismo” de muchos, pero sí que era de los que se bajaba el episodio en inglés nada más ser emitido en EEUU. Viene a colación esta entradilla porque recuerdo lo mucho que me reí poco antes de comenzar la rmidión de la última temporada de “Perdidos”, viendo en internet la aparición de Mathew Fox (Jack Sheppard en la serie) en un programa de la televisión norteamericana. En el mismo le gastaban bromas de todo tipo. Una de ellas consistía en “meterle” en un ascensor en el que la gente le iba reconociendo y le tomaba el pelo. En uno de los “gags”, entraba un operario del edificio en cuestión el cual le decía: “I´ve got a theory about your Island. Nobody knows what´s going on”.

Y digo que viene a colación porque me imagino que algo parecido deben pensar los ministros de economía del G-20, UE, OCDE y mundo desarrollado en general cada vez que se juntan para analizar la crisis. Me llama la atención que gente tan preparada, con tantos conocimientos de economía, sea incapaz de dar con la tecla que nos saque de este embrollo en el que ya hace casi tres años que estamos metidos. Lo peor es la incertidumbre, el no saber cuándo de verdad comenzará la recuperación definitiva.

Porque hace  un par de meses yo estaba convencido de que, efectivamente, las cosas estaban comenzando a cambiar. Por lo menos más allá de nuestras fronteras. Las dos últimas semanas, desgraciadamente, me han rebajado el estado de ánimo. Está por ver si Grecia saldrá adelante sin un nuevo rescate, o sin reestructurar su deuda, como lo que pasará con Irlanda y Portugal. España parece que se aleja del “trío calavera”, pero 5 millones de parados nos recuerdan permanentemente que estamos lejísimos de volver a la normalidad. EEUU sigue sin terminar de arrancar y con un paro desconocido desde la década de 1930. Y el resto de Europa tiembla por sus bancos, los cuales han suscrito muchísima deuda de los países que ahora se encuentran en problemas.

Los que lean a Krugman (premio Nobel de economía del año 2008), saben que éste sigue siendo partidario de un gasto público elevado, no reducción del déficit público y tipos de interés bajo. Stiglitz (premio Nobel en 2001) reniega de los recortes del estado de bienestar. Sin embargo, otros notables economistas norteamericanos y europeos, acompañados de otros premios Nobel, afirman que, por el contrario, llevan tiempo diciendo que ha llegado la hora de subir tipos de interés, apretarse el cinturón, de reducir déficits y recortar el estado de bienestar. Cuando uno lee a mentes tan brillantes, por mucho que trate de no perder la perspectiva, no le queda más remedio que sentir un cierto síndrome de Estocolmo y pensar que todos tienen parte de razón, cuando no mucha. Cuando se te pasa el sofocón, vuelves al párrafo inicial. Realmente, nadie sabe “what´s going on”.

De un tiempo a esta parte los mercados se han hecho globales pero los gobiernos siguen siendo de alcance nacional. Su acción, por lo tanto, es limitada, por mucho que se quiera dotar de mayor protagonismo a los organismos supranacionales. Digo esto porque creo que en todas las recetas económicas prescritas hasta la fecha, creo que muchos han obviado la globalidad de esta situación. Los gobiernos son incapaces de marcar las reglas del juego, porque aunque lo hagan, el mercado siempre cumple la máxima de que los capitales se mueven hacia la dirección en donde se piensa que se puede ganar más dinero. Por mucho que España, o la UE, inicien una espiral regulatoria, si EEUU no lo hace y las perspectivas de “pegar un pelotazo” son mayores allí, el dinero se moverá indefectiblemente para allá. Siempre ha sido así. Al menos en la economía globalizada. Por mucho que el Banco Central Europeo prestara dinero a tipos bajos al inicio de la crisis para que el crédito volviera a familias y empresas, éste fue a parar a deuda pública, porque en aquel momento era impensable el “default” de un país de la UE y las rentabilidades eran más que interesantes para un momento de recesión. 

El problema que yo le veo al asunto es que vamos camino de que esta crisis la solucione el propio mercado y la historia nos dice que los resultados suelen ser especialmente dolorosos. El propio Keynes aseguraba que las sociedades difícilmente toleran los fallos del mercado corregidos un mero ajuste del mismo. Y es que en nuestro caso el problema puede ser de órdago a la grande si es que no lo es ya. Cinco millones de parados así lo atestiguan.

Pero no nos confundamos. El problema no es el mercado de por sí. El mercado, simple y llanamente, es. Lo que pasa es que entre todos nos hemos pegado un fiestón de campeonato. Los políticos, fomentando una burbuja que les iba de cine para sacar pecho por crecimientos económicos continuados y sin parangón. Los banqueros, ganando dinero a espuertas corriendo riesgos sin ningún pudor. Y las familias y empresas apalancándose por encima de lo razonable pensando que la hora de cerrar la barra no iba a llegar nunca. Como apunta mi amigo Josete, todos tenemos nuestra parte de culpa en lo que estamos viviendo. 

La cuestión es, sin embargo, que las consecuencias las están pagando los de siempre: familias, pensionistas y PYMES. Nuestro políticos, los mismos que nos llevaron al desastre, siguen estando ahí. Los grandes banqueros de todo el mundo, siguen también ahí, y lo que no están ya, se han ido con bonus escandalosos. Los poderosos, lo que gobiernan y los que están en la sombra, quieren erigirse en jueces, pero es que también son parte. Como apuntaba Krugman el otro día en El País, ha llegado la hora de dar una lección a nuestras élites. Tal vez por ello, a estas horas, miles de personas han salido a la calle por toda España.




sábado, 14 de mayo de 2011

Empresa y Sociedad - Inversión, Consumo y Trabajo: Hacia una nueva Democracia

Apuntes e ideas

Puede que sea por la cercanía de las elecciones y lo alejado que me siento de nuestra clase política, pero llevo varias semanas dándole vueltas a la cabeza a los problemas de nuestro mundo, a sus posibles soluciones y a la capacidad de nuestros dirigentes en solucionar los retos que afronta nuestra generación, los cuales, en su mayoría son globales. Que se quede tranquilo todo el mundo: no he hallado respuestas. No al menos en cuanto al papel que pueden jugar los demás. Nosotros mismos debemos ser el cambio que queremos ver en el mundo, dijo Gandhi en su día, y lo cierto es que tal vez nunca lo hemos tenido tan fácil como ahora para demostrar que el movimiento se produce andando, ni más ni menos.

Nos pasamos la vida echándole la culpa al sistema o a los demás, pero pocas veces nos cuestionamos nuestras propias decisiones. Cualquier modelo puede ser válido si le dotamos de valores y marcamos unas reglas en las que la responsabilidad social y medio ambiental tengan cierto protagonismo. Se trata de humanizar la economía, de vincularla al desarrollo humano sostenible, de tal forma que, efectivamente, el axioma que dice que cuando una empresa maximiza sus beneficios, mejora la sociedad en la que se desenvuelve, se cumpla de verdad. Esta crisis es un buen ejemplo para ver que, efectivamente, la obtención de una plusvalía no siempre equivale a la creación de valor. A fin de cuentas, el capitalismo es, al igual que el comunismo. El problema surge cuando en lugar de orientar el sistema al servicio del hombre, es el hombre el que se pone al servicio del sistema. Y lo que es peor, cuando creemos que el problema es el modelo, evitando de esta forma hacer autocrítica. Desgraciadamente, así nos va.

Vivimos en un mundo globalizado, con empresas multinacionales y gobiernos cada vez más limitados para marcar las reglas del juego. En EEUU, por ejemplo, hace tiempo que se abolieron la exclavitud, los trabajos forzosos, la prohibición de asociación y la mano de obra infantil, pero ello no impidió a Nike hacer póker en su día entre sus plantas de Vietnam e Indonesia. ¿Quién controla estas prácticas? Ni el gobierno del país más poderoso del mundo tiene potestad para hacerlo.Es bien sabido, como numerosos estudios demuestran, que muchos gobiernos de países en vías de desarrollo, esquilman leyes y requerimientos fiscales y laborales para atraer multinacionales a sus naciones. Todo vale por reducir costes. Y si ese país se desarrolla y cambian las reglas del juego, me voy a otro. Hace 30 ó 40 años, casi todo era "Made in Japan". Hoy es "Made in China". Mañana se verá. La mayoría de las iniciativas que tratan de mejorar las condiciones laborales en estos países, quedan como meros estándares voluntarios cuyo cumplimiento depende de  la buena voluntad del directivo de turno. 

El medio ambiente tiene también una dimensión mundial que limita mucho la acción de los gobiernos. El problema del calentamiento global es un buen ejemplo. Al final está muy bien que se firmen protocolos y que se reúnan todos los dirigentes, pero detrás de las emisiones de gases de efecto invernadero están, sobre todo, las empresas. El cortoplacismo de los dirigentes de turno juega malas pasadas y muchas veces es imposible controlar determinadas prácticas.
Otro buen ejemplo de la globalización de los problemas es la actual crisis económica. Los gobiernos de todo el mundo llevan ya tres años reuniéndose y tratando de arreglar el actual desaguisado. Desgraciadamente vamos camino de salir de la crisis cuando el mercado se ajuste, con independencia de lo hecho en este tiempo.Admitamos pues, que la mano que mece la cuna hoy en día son las grandes empresas. Hacen y deshacen casi a su antojo, tienen el poder económico y actúan por todo el planeta, siendo responsables de los impactos económicos, sociales y medio ambientales.

Lo bueno que tiene la globalización, en compañía con la revolución de las tecnologías de la información,  es que las compañías son transparentes. Ya hemos escrito sobre ello en este blog. Ya no hay lugar dónde esconderse, porque la información, afortunadamente, se ha democratizado. Es sencillo saber qué hace y qué no hace cada compañía. Y si nos parece muy complicado indagar por la web, existen fundaciones y organizaciones no gubernamentales que nos lo recuerdan con nombre y apellidos. Creo que a la RSC se llega por dos caminos. Uno, el rápido, es el de la moral. El otro, más lento pero más efectivo, es el instrumental: Las empresas tienen que percibir que hacer bien las cosas es rentable. Retomemos la frase de Gandhi. Las empresas cambiarán si nosotros, consumidores e inversores, les obligamos a hacerlo.Es decir, si dotamos a nuestras decisiones económicas de valores.

Cómo compremos, dónde invirtamos o a qué empresa cedamos nuestro talento es otra manera de ejercer la democracia. De esta forma podemos premiar o castigar determinadas conductas, aprobar o reprobar ciertos comportamientos de las compañías. El fin no justifica los medios y mucho menos en la economía, ciencia social por antonomasia. A menudo olvidamos que tenemos otra forma de votar cada día de nuestra vida, que nuestras decisiones cotidianas sí que importan y que con ellas lanzamos un mensaje de aquellos valores que respaldamos. En la era de la información y la abundancia tenemos más que nunca dónde elegir, pero lo mejor de todo es que disponemos a su vez de más información que nunca para hacerlo en consecuencia.

La inversión socialmente ya supone casi el 40% del total en países como Holanda y cada vez son más las entidades que ofertan fondos con criterio éticos. Hoy en día se pueden elegir carteras con criterios excluyentes así como por "scoring", es decir, eligiendo tú mismo los criterios y analizando qué compañías, dentro de unos niveles de rentabilidad, tiene mejor comportamiento en aquellas cuestiones que tú como ciudadano inversor valoras.Cada vez son más las entidades financieras que ofrecen este tipo de productos. Hay estudios que han demostrado que este tipo de carteras, a largo plazo, tienen menor volatilidad y muchas veces, incluso, mayor rentabilidad (aunque esta afirmación habría que matizarla, y para ello necesitaría un post entero).

En cuanto al consumidor, el nicho del comprador con conciencia crece, como así lo indican determinados estudios. Lo más interesante es que, además, la gran distribución comienza a darse cuenta. Hoy en día comienza a haber espacios cada vez más grandes para el comercio justo en los lineales, las líneas ecológicas ganan fuerza incluso en las marcas blancas y Wall Mart ya ha anunciado que comenzará a exigir a sus proveedores que informen sobre la "Huella Ecológica" de sus productos. Este impacto se transmite a toda la cadena de valor. Para trabajar con los Carrefour, Auchan o similar, por ejemplo, tienes que tener certificaciones de calidad y medio ambiente.Y el consumidor puede elegir. Puedes optar por comprarte un SUV ("todocaminos" estilo Porsche Cayenne), deportivos que consumen una barbaridad, u optar por utilitarios híbridos o de bajas emisiones. Al final con tus decisiones te retratas.

No me olvido del trabajador. Decir lo que voy a decir ahora puede escandalizar a más de uno en los tiempos que corren (sobre todo en España), pero podemos (y debemos) cambiar el chip. Los que demandan trabajo son las empresas y no los trabajadores. Tenemos la oportunidad de elegir también. Esto me ha costado más de una discusión con algún buen amigo que se queja por lo mucho que trabaja. En el fondo uno sabe a lo que va cuando opta por determinadas compañías. Lo interesante es que hace dos décadas se pagaba por la mano de obra, hoy se paga, fundamentalmente, por los cerebros. La mano de obra es imitable, los cerebros no. Si el talento comienza a irse a empresas en las que se valore la dimensión humana del trabajador, el cambio será imparable. Como dice mi buen amigo Francisco Alcaide, Steve Jobs y Ferrán Adriá son los que marcan las diferencias. Nosotros decidimos si queremos poner nuestro talento al servicio de cheques en blanco que nos esclavizan, o al de compañías en las que, además, podamos crecer como personas.

La empresa perfecta no existe y el riesgo de la doble moral estará siempre presente. Las personas que formamos parte de aquella, nos equivocamos como cualquier ser humano, somos contradictorios y a menudo buscamos el camino más corto. Quiero decir con ello que, efectivamente, uno se puede volver loco si trata de analizar todo lo bueno y malo de las compañías, pero eso no debe ser óbice para tratar de incluir criterios éticos en nuestras decisiones económicas. Cuanto antes lo hagamos, más rápido se producirá el cambio. Y lo mejor de todo, es que tenemos más información y más libertad que nunca para hacerlo.

sábado, 7 de mayo de 2011

Empresas - Tecnología, Instituciones y Valores

Palancas de Cambio

El pasado miércoles estuve en la Universidad de Castilla La Mancha participando en unas Jornadas sobre Gestión de la Diversidad. La verdad es que el nivel de los ponentes fue magnífico y, como siempre, salí  de allí con muchas ideas sobre las que pensar y escribir. Poco a poco iré madurando conceptos y pensamientos y podré hacer algún post al respecto. Como bien sabéis los que seguís este blog, siempre que me invitan a participar en eventos de este tipo, me gusta escribir mi ponencia. Dado que buena parte de la misma fue muy parecida a otras de las que ya he dado buena cuenta en este foro, me quiero centrar en una parte concreta de mi exposición, la revolución de la tecnología, la revolución de las instituciones tradicionales y la revolución en el sistema de valores, explayándome más de lo que allí lo hice. Es una parte del mundo empresarial que siempre me ha atraído mucho y que creo que se aproxima mucho a mi tesis. Tal vez sea la pieza que faltaba para comprender el por qué las compañías, si quieren cumplir con su objetivo económico (ser rentables) deben orientarse al largo plazo y gestionar relaciones con más grupos de interés que accionistas y clientes.

Las empresas forman parte de un sistema que es la sociedad. Son agentes de la misma. Desde un punto de vista aséptico y simplificado, toma recursos del sistema, los transforma con la ayuda de otros agentes de dicho sistema, y los vende al conjunto de partícipes en la sociedad. Su éxito depende de llevar a cabo con eficacia su actividad, pero también de comportarse de acuerdo a un sistema de valores que comparte la mayoría de la colectividad con la que convive.

Hasta hace algunas décadas, las empresas se movían en entornos muy estables en los que la forma de afrontar la incertidumbre de los mercados y los entornos era aglutinando tareas. Aquellodio lugar a empresas mastodónticas, como General Motors o Ford, por ejemplo, las cuales trataban de abarcar la mayor parte de la cadena de valor, cuando no la totalidad de la misma. Ford llegó a tener hasta una granja con ovejas para la obtención de la lana con la que fabricaba los asientos de sus vehículos. De esta forma, los procesos eran predecibles y el resultado, prácticmente, venía dado. En aquella época, los competidores permanecían inmutables, los clientes apenas tenían voz, la tecnología avanzaba muy poco a poco, con los proveedores la relación era de confrontación, basada en intercambios concretos en los que el precio jugaba un papel fundamental, cuando no el único. La oferta comercial, en consecuencia, era bastante estable.

Las sociedades de la época eran muy homogénas, y el concepto "Estado - Nación" seguía siendo una unidad de análisis válida a la hora de estudiar mercados. Era la época de los aranceles y las barreras de entrada, tanto a las empresas como a las personas. La inmigración era un fenómeno puntual en aquellos países que habían tenido colonias, pero en cualquier caso controlado, y la diversidad cultural, por lo tanto, era escasa. Nuestros amigos del barrio eran muy parecidos a nosotros. En nuestros colegios, compartíamos pupitres con compañeros cortados por un patrón similar desde el punto de vista cultural. Cuando llegábamos a casa, veíamos TVE-1 y TVE-2. Un poco después llegaron las autonómicas y las privadas, pero nuestras expectativas eran limitadas, sesgadas y "nacionales", si cabe este término. Las sociedades de hace unas décadas estaban mucho menos formadas que las actuales. Hoy en día el acceso a la Universidad es algo común en los países de la OCDE, pero no siempre ha sido así. La generación de nuestros padres comenzó a tener la suerte de poder acceder a estudios superiores, pero no así la de sus padres, dónde las personas que pudieron cursar aquellos fueron las menos.

La consecuencia de todo lo expuesto es que las empresas jerárquicas funcionaban a la perfección. Bastaba con desarrollar una estructura que explotase de forma eficiente los recursos y conocimientos específicos de cada compañía para ofrecer una oferta (estandarizada, eso sí) que fuera fuente de éxito.

De un tiempo a esta parte, son varias las cosas que han cambiado. Por un lado, la economía se ha globalizado, y eso se traduce en lenguaje empresarial en que la competencia es mundial. Por otro lado, vivimos en lo que Kjell Nördstrom ha catalogado como al época de la abundancia. En el mercado hay de todo y elaborado en todas partes, existe capacidad sobrante en casi todos los sectores y el consumidor es más poderoso y está mejor informado que nunca. La cultura también se ha globalizado y nuestras sociedades se han internacionalizado, al igual que nuestras expectativas. Las personas, además, están más y mejor formadas que nunca. Los entornos, en consecuencia, se han vuelto virulentos y la empresa jerárquica se ha quedado obsoleta para competir en este nuevo escenario. Tres son las palancas que han propiciado este cambio: tecnología, valores e instituciones.

Antes de hablar de cómo estas tres revoluciones citadas han remodelado los entornos competitivos, conviene traer a colación a Milton Friedman y a los economistas neoliberales. A finales de los años 70, los principales gobiernos del mundo, siguiendo las doctrinas de éstos, comenzaron una carrera desregulatoria en la que se quitaron buena parte de las trabas al comercio exterior. La economía se internacionalizó, lo que facilitó que los capitales recorrieran el mundo sin el menor problema, deslocalizándose plantas productivas y permitiendo a las empresas obtener réditos por todo el planeta sin que la riqueza se repartiera de forma igualitaria. Todo ello derivó en un auge muy significativo de los movimientos migratorios. Éstos se vieron favorecidos por la relajación de las leyes de inmigración en los países desarrollados como consecuencia de la caída de la natalidad y el envejecimiento de la población. El resultado es que nuestas sociedades han cambiado. Nuestros vecinos y los niños que van al colegio de nuestro barrio, son diversos, pueden venir de cualquier lugar del mundo, y, para mayor complejidad, ya no ven TVE, sino que navegan por internet, una red abierta y que es mundial.

La Revolución Tecnológica: La llegada del PC a los hogares y empresas en la década de los 80, más la generalización del uso de internet, ha cambiado para siempre nuestra manera de trabajar y relacionarnos. De un tiempo a esta parte, la informacion fluye sin control, porque la tecnología evoluciona más rápido que la capacidad de los gobiernos que tratan de legislarla. Los tiempos y las distancias se reducen, las fronteras se difuminan y las ideas se transmiten en cuestión de segundos por todo el mundo. Es la era del conocimiento, una nueva revolución industrial, en la que los cerebros cuentan más que las manos.

Nos hallamos en un escenario en el que conviven el libre mercado con la globalización de la economía y la cultura, con empresas globales que acumulan muchísimo poder como protagonistas, las cuales a su vez , y de forma paradójica, nunca fueron tan vulnerables, porque la información se ha democratizado. Es la era de la interactividad total, donde todos comentamos, navegamos y opinamos a traves de las redes sociales, blogs, foros, chats e internet en general. Antes, cuando nos íbamos de vacaciones, enseñábamos las fotos a nuestros amigos cuando quedábamos a cenar. Ahora las colgamos en Facebook, dónde todo el mundo puede comentar. Hace unos años, cuando nos trataban mal en algún sitio, o nos había gustado una película, un vino o nos había salido bien un coche, lo contábamos en el bar tomándonos unas cañas. Ahora somos fans  de las compañías en las redes sociales y escribimos sobre ellas en un blog. Las consecuencias para las empresas son dos: Una, ahora son transparentes y dos, sus públicos objetivo manejan expectativas globales. 

Este proceso viene produciéndose de forma paulatina desde hace ya unos años. Pongo dos ejemplos: Starbuck´s, tuvo que terminar cediendo a la presión de las ONG y 93.000 consumidores que mandaron cartas a través de internet anunciando boicots a sus establecimientos, si no reconocía la tipicidad del café de Etiopía y, por consiguiente, compraba el mismo a un precio superior al que lo estaba haciendo, lo que garantizaba la viabilidad de muchos agricultores africanos. Nike, por su parte, vió como sus acciones caían un 51,75% cuando el escándalo de los niños trabajadores y las mujeres acosadas en sus plantes de Indonesia y Vietnam vio la luz. Tardó 7 años en recuperarse desde un punto de vista bursátil, como se puede analizar en su web corporativa. Las ventas también cayeron de forma significativa, pero no he encontrado datos fiables para cuantificarlo. Facebook tiene ya 600 millones de usuarios, Twitter 200 millones, por Google pasan 750 millones de personas al día y por Youtube 130 millones al mes. Las empresas está expuestas y ya no pueden esconderse.

La Revolución de las Instituciones Tradicionales: Muy probablemente de la mano de la revolución de las telecomunicaciones, llevamos viviendo en los últimos 30 años una revolución de las instituciones tradicionales que han configurado nuestras sociedades. Como consecuencia, los países han dejado de ser unidades de análisis válidas para las empresas. Ahora el enfoque está en los estilos de vida, porque nuestras naciones ya no son homogéneas, sino que están compuestas por personas de múltiples procedencias y con diferentes influencias.

Las familias también han cambiado. El esquema tradicional europeo, incluso americano, está en crisis. Las tasas de divorcio, por ejemplo, alcanzan cuotas que nunca antes se habían visto. Hace unos días, Miguel Bosé anunciaba en Twitter que había sido padre a través de un vientre de alquiler, algo impensable hace algunas décadas. Nuestros abuelos jamás hubieran podido imaginarse que el matrimonio homosexual se iba a aprobar, como tampoco que la gente pudiera formar una familia sin estar casada. La familia, además de una unidad económica, como nos enseñaban en la carrera, es una escuela de la vida. Es allí donde nos inculcan valores y nos forman como personas. Estos cambios descritos tienen, por lo tanto, implicaciones para la sociedad y, por lo tanto, para las empresas. Tanto por los recursos que capta, como por los públicos a los que satisface.

Los partidos políticos también han cambiado. Ya no se basan en ideologías, sino que son asociaciones con los diferentes puntos de vista según qué cuestión. Me gusta recordar una frase de Julio Anguita, cuando dijo algo así como que "si tapásemos los nombres de los programas del PP y el PSOE, y sólo leyésemos sus propuestas, tendríamos serios problemas en averiguar cuál es de cada partido". La falta de coherencia está haciendo que los partidos pierdan credibilidad y sean cada vez más rechazados, como demuestran las encuestas. Como apuntan Nördstrom y Ridderstrale, en Inglaterra, votó más gente en las semifinales de Gran Hermano que en las elecciones al parlamento Europeo del año 2006. El otro problema que tienen los partidos políticos es su limitación para resolver problemas globales. Esta crisis ha revelado que los gobiernos han sido incapaces de ponerle freno a las prácticas de bancos y empresas de todo el mundo. Las reglas del juego ya no las marcan los dirigentes, sino las empresas.

Las empresas, por su parte, también han cambiado. Acumulan más poder que nunca, pero son más pequeñas, al menos en cuanto a estructura se refiere, que durante todo el siglo XX. Es lógico. Cuando las compañías querían abarcar toda la cadena de valor, era para reducire incertidumbre. En el mercado global y con las tecnologías de la información, los riesgos son de otro tipo. Las empresas, por lo tanto, se centran en lo que saben hacer y el resto lo externalizan. De nuevo volvemos a Nike: la multinacional norteamericana comerciliza algunos productos a los que sólo le pone el logo, ya que no ha intervenido en su fabricación.

Esta revolución empresarial supone un reto para las compañías del siglo XXI. Las relaciones con proveedores ya no son un juego de suma cero, sino que se trata de crear espacios "win - win" en el que todo el mundo salga reforzado. Las compañías dejan de ser entes cerrados para convertirse en espacios abiertos dónde se dan relaciones de cooperación, inclusive con los clientes. En el fondo esa es una de las claves de IKEA: Yo te doy buen precio en los muebles, pero tú colaboras conmigo montándolos. En el mundo del vino también se puede observar. Si uno va a las clásicas bodegas de Rioja, uno puede encontrarse compañías que siguen teniendo tonelerías propias. Para las bodegas nuevas, incluir este proceso sería algo muy costoso, por lo que se pasan a relaciones de cooperación con proveedores de barricas que manejan diferentes tostados con los que los enólogos experimentan. Pero la cadena de valor no sólo se externaliza, sino que también se internacionaliza. En el mundo global del libre mercado, los proveedores se buscan por todo el mundo, al igual que los clientes, lo que conlleva riesgos y oportunidades. Oportunidades porque se pueden satisfacer más consumidores que nunca. Riesgos porque la complejidad de los mercados es mayor y se puede perder el control de parte de la cadena de valor. El cliente está mejor informado que nunca y no es que ya no quiera "café para todos", es que ahora lo quiere "al gusto" y "con causa".
La Revolución de los Sistemas de Valores: Hace unas décadas el sistema de valores de cada país estaba bastante definido, hoy son un refrito de normas, costumbres y moral de diferentes lugares. Basta con darse una vuelta por las calles de cualquier ciudad para comprender que esto es así. Mezquitas conviven con Iglesias en Europa y Estados Unidos, los vestuarios de los equipos de fútbol están repletos de jugadores de todo el mundo. Las empresas multinacionales pueden triunfar en múltiples mercados, diferentes a su vez de su país de origen. Sólo una cosa no ha cambiado. El éxito empresarial requiere adaptarse a los entornos, no dar la espalda a las sociedades donde la empresa actúa, o lo que es lo mismo, adaptarse a los valores de cada entorno. Valores que son distintos a los de hace unos años, que se han fusionado y han complicado las respuestas a las eternas peguntas que se ha planteado el ser humano. Sin entrar en lo que es o no es la ética, lo que es o no correcto, lo cierto es que en nuestro mundo actual hay pocas respuestas sencillas y universales, válidas para todas las sociedades, incluso para la totalidad de una sociedad en un ámbito urbano concreto, sobre lo que está bien o mal, lo que es correcto o no. Yo no creo en el relativismo universal, pero tengo la sensación de estar en minoría. Todo ello en un mundo en el que priman las apariencias, lo emocional sobre lo racional y dónde la espiritualidad pierde fuerza a pasos agigantados.

Las Consecuencias para las Empresas: Ante este panorama las compañías necesitan reinventarse. Ya no valen los mecanismos de control arcaicos de las empresas jerarquizadas, como tampoco sobrevivirá la empresa cerrada en sí misma y en la que predomine la producción estandarizada y en masa. La empresa de hoy necesita nuevas herramientas de gestión, nuevos diseños organizativos y comprender que la competencia, como apunta Michael Porter, no debe ser por ser el mejor, sino por ser diferente.

La Responsabilidad Social Corporativa (RSC), como herramienta de gestión, puede ser clave en este nuevo escenario. En primer lugar, porque aboga por una gestión multistakeholder, en la que se cambien estrategias de confrontación por estrategias de cooperación con los grupos de interés. En segundo lugar, porque pone a la moral en el centro de la estrategia empresarial, lo que de alguna forma proyecta a la compañía a largo plazo al buscar un modelo de negocio sostenible a lo largo del tiempo. En tercer lugar, porque en su filosofía tienen un lugar preponderante la gestión de la diversidad y la equidad, lo que sin duda es un acicate para la creatividad. Sólo a partir de la diversidad podemos formar equipos que rompan con las reglas escritas y nos permitan obtener un monopolio temporal. Por último, porque la RSC se trata de un concepto relativo, que se adapta a las circunstancias y demandas cambiantes de la sociedad, lo que obliga a la empresa a estar abierta y receptiva a lo que en aquella acontece. Debemos desterrar de una vez por toda la idea de que la RSC es filantropía o ecologismo, porque estamos ante un cambio de paradigma que debe ayudar a las organizaciones empresariales a cumplir la primera de sus responsabilidades: la económica.

Termino con una frase de Peter Druker. Dirigir una empresa es, ante todo, dirigir personas. Si estas han cambiado, a las compañías no les queda otra que reinventarse.

PD: Si os ha gustado este post, os recomiendo la lectura de "Funky Business Forever", de Kjell Nördstrom y Jonas Ridderstrale. También recomiendo la lectura del artículo "Marketing in the network economy", de Achrol y Kotler.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Fútbol - Diseccionando el Clásico (3 y final)

La eliminatoria de Champions

Bueno, pues ayer por fin se terminó lo que se daba. En un intenso partido, Barça y Madrid empataban a uno y los culés certificaban su pase a la final de Wembley. Ha sido una eliminatoria que se ha venido jugando 14 días, desde el miércoles santo en el que se disputó la final de copa. Nada más terminar aquel encuentro, sin tiempo para celebrar o lamentarse, unos y otros comenzaron una batalla que se ha librado dentro y fuera de los terrenos de juego, lo cual ha sido bastante patético por ambas partes. Comenzamos con el análisis.

Partido de ida: Real Madrid 0 - FC Barcelona 2

Sin duda fue el encuentro más decepcionante de toda la serie. Mucho miedo de entrada por ambos bandos. Mourinho ya había dejado caer en la previa que un 0-0 no era mal resultado para ir a Barcelona, por lo que sacó al equipo con un planteamiento idéntico al del primer partido de los cuatro, el de liga, con una excepción: el Madrid no tuvo una referencia arriba, ya que Ozil jugaba de media punta algo escorada y Cristiano se dejaba ver de vez en cuando por el centro del ataque merengue. Guardiola, por su parte, se dio cuenta de que sus problemas partidos atrás habían venido por el hueco que dejaban sus laterales al subir, lo que hacía que los delanteros del Madrid hicieran daño con muy poquita posesión de balón. Alves no subió, y Puyol, que jugó en el otro lateral, tampoco si quiera hizo ningún conato de ello. Como consecuencia, el Madrid no tuvo ni una sóla oportunidad que no fuera de balón parado y el Barça tuvo la pelota más que nunca, ya que Piqué y Mascherano no tuvieron que salir ni una sola vez a tapar las bandas y podían sacar la bola plácidamente.

Por parte blaugrana, tampoco la cosa estaba para tirar cohetes. Fijó a Pedro y a Villa más a las bandas y les cambió de lado, imagino que buscando que Marcelo no pudiera subir tan alegremente. De esta forma, el Barça sólo tuvo una buena ocasión por parte de Xavi en una buena combinación con Messi, así como un disparo desde fuera del área de Villa tras un bonito recorte. Los culés dominaban a placer, pero no me pareció un gran Barça, como sí que tuve esa sensación durante los primeros 30 minutos de la segunda parte de la final de copa. Personalmente, no me gustó nada el planteamiento del Madrid.

Tras la reanudación, el Madrid movió ficha. Sacó a Adebayor y adelantó las líneas de presión 25 metros. El mero hecho de tener una marca fija arriba complicó la existencia al Barça. Ya no sacaba el balón fácil y como consecuencia de una pérdida, Cristiano estuvo a punto de inaugurar el marcador en la mejor ocasión del Madrid. El Barça estaba aturdido, sin posibilidad de conectar con el medio campo. No nos dio tiempo a saber cuánto le hubiera durado la gasolina al Madrid, ni si quiera si realmente Mourinho tenía un plan para ir a por el partido. A los 15 minutos, en una jugada polémica, Pepe resultó expulsado y el partido se acabó. Mou fue incapaz de encontrar ninguna solución, el Madrid reculó y el Barça sentenció con dos goles de Messi, el segundo sublime.

Partido de vuelta: FC Barcelona 1 - Real Madrid 1

Como al Madrid no le quedaba otra que ir a por el partido, Mourinho se olvidó del trivote, lo cual, sin duda, fue el cambio más significativo desde el punto de vista táctico respecto a lo visto en los partidos anteriores. Fue a buscar arriba al Barça y, realmente, le complicó la vida. El Barça no pudo circular bien el balón durante los primeros minutos y sólo con un arreón en los últimos 15 minutos de la primera parte (en los que Casillas hizo alguno de sus milagros) estuvo cerca de inaugurar el marcador. La mejor ocasión del Madrid fue una contra muy bien llevada tras un gran pase de Xabi Alonso en el que a Cristiano le faltó un poquito de precisión en el último pase. Guardiola había planteado el partido con normalidad. Puyol quedaba más atrás sin subir y Alves gozaba de mayor libertad que en el partido precedente.

Tras la reanudación, el Madrid sacó todo lo que tenía. Marcó, pero en una decisión de nuevo polémica, el árbitro estimaba que había habido falta de Cristiano sobre Mascherano. Casi sin solución de continuidad, una genialidad de Iniesta dejaba sólo a Pedro ante Casillas y el canario inauguraba el marcador. El Madrid lo intentó con Adebayor y Ozil, logró empatar el partido pero no tuvo fuerzas suficientes para ganarlo. Sigo pensando que acabó más entero que el Barça, pero los blaugranas de nuevo tuvieron más el balón y eso, a estas alturas de la temporada, pesa.

Los Incidentes

No me gustaron nada los entrenadores tras la final de copa. Guardiola mostró muy malos modos y poco estilo con sus declaraciones en los días previos al partido de champions. Dice mi amigo Fabián que fue consecuencia de no poder más. Puede ser. Pero yo no puedo evitar pensar en Del Bosque. Él seguro que nunca se hubiera salido de tono. De Mourinho uno ya se puede esperar todo. No me gustó ni la rueda de prensa previa al partido de Champions ni el numerito de después.

Suspenso a los jugadores que rayaron la violencia del Madrid y a los cuentistas del Barcelona. Ni una cosa ni otra son fútbol. Todo el jaleo que se monta en el primer partido de Champions viene por un fingimiento de Pedro en un choque con Arbeloa. De vergüenza ajena todos. Lo de Arbeloa, Marcelo, Alves, Busquets y Pedro en esta serie, es para hacérselo mirar seriamente. De nuevo no quiero hablar de árbitros, pero en su descarga diré que los jugadores se lo han puesto realmente difícil. A Pepe no le meto en el saco, porque creo que en esta serie ha jugado lo duro que le han dejado, pero no se ha dedicado a pisar, escupir, proferir insultos racistas al contrario o provocar simulando caídas.

De pena también las dos directivas el día después del primer partido de Champions. En lugar de reprimir comportamientos indignos de jugadores y técnicos de las instituciones a las que representan, se dedicaron a hacer el sano ejercicio de "a ver quién mea más lejos" al que tan habituados nos tienen los políticos.

El post-gusto

La sensación que me queda es que esta eliminatoria se decidió en el Bernabeu. Puede que sea por una mera cuestión física y mental transitoria, pero las distancias Madrid - Barça se han recortado mucho. Puede también, en cualquier caso, que las mismas tampoco fueran las del 5-0 del pasado mes de noviembre. Los números no engañan y en 4 partidos, el resultado global ha sido de 3 - 4 para el Barcelona. De esos 4 goles, 3 han sido cuando el Madrid jugaba con 10 jugadores. El Barça ha arrasado en posesión de balón, pero en tiros a puerta y paradas de los porteros, ha sido casi un empate técnico.

Sorprende la escasa capacidad de autocrítica de unos y otros. No oculto que soy madridista, y por eso me sigue soprendiendo el llanto continuo por los arbitrajes. He jugado al fútbol durante 20 años y he sido entrenador de niños pequeños durante 10. No he conocido nunca a un árbitro que haya querido hacer las cosas mal. A veces te dan y otras te quitan y las quejas en el Madrid siempre han sido en privado. El principal problema del club blanco ha sido su paupérrimo primer partido de Champions, y la liga la ha perdido cayendo con el Sporting y el Zaragoza en casa, así como no siendo capaz de ganar en el campo del Mallorca, Levante, Deportivo y Almería, no por los árbitros.

Y soprende también la escasa autocrítica desde Barcelona. Undiano fue el mismo árbitro del día del 2-6 en el Bernabéu y hubo quién le cuestionó el fuera de juego de Pedro en el gol anulado en la final.  Perdieron la copa por sus propios errores, no por el arbitraje. El equipo ha pagado tener una plantilla cortísima, cuestión que podía haber solventado Guardiola dando minutos a lo largo de la temporada a los canteranos, los mismos que se están saliendo en segunda división, para que pudieran afrontar partidos importantes. El Madrid ha perdido esta temporada un mes a Cristiano y casi 6 a Higuain. El Barça, pese a la plaga de problemas en la zaga, puede decirse que ha tenido suerte.

Imagino que unos y otros, cuando se enfríe el ambiente, reflexionarán al respecto. Los jugadores del Madrid seguro que estarán tocados por la eliminación, pero pensarán que están muy cerca del Barcelona. Los del Barça pensarán que ni estando mal físicamente, han podido con ellos, lo que les reafirmará en su sensación de jerarquía en el fútbol español. Tremenda la temporada que viene, y ni más ni menos, nos estrenamos con otros dos clásicos en la Súpercopa de España. De nuevo no apta para cardiacos.