lunes, 29 de julio de 2013

Economía- ¿Cuándo saldrá España de la Crisis? Capítulo V (Actualización Julio 2013)

En un punto de Inflexión

Llevaba ya bastante tiempo sin escribir sobre este serial de cuándo saldrá España de la crisis, fundamentalmente por el cansancio que uno ya viene sintiendo, como casi toda la ciudadanía, ante ante el tortuoso camino que llevamos sufriendo hace ya casi 5 años (que se dice pronto). Tal vez por ello me he querido reservar este sexto capítulo (ver I, II, III, IV y V ) para cuando hubiera algún hilillo de esperanza del que tirar, para cuando hubiera algo menos malo que contar. La semana pasada, tan trágica por lo acontecido en Santiago de Compostela, se han sucedido por primera vez en bastantes años varias noticias económicas esperanzadoras que han pasado un poco de refilón ante la magnitud de lo sucedido en el ya tristemente conocido Alvia 151.

Tratando de seguir la explicación esquemática de los post anteriores para que todo el mundo me pueda seguir, e intentando ser lo más didáctico posible para que los menos doctos en economía puedan también comprender lo que voy a exponer, comienzo con el análisis:

1) El Mercado Laboral: La semana pasada conocimos los datos de la EPA (encuesta de población activa), los cuales, si bien reflejan "claros-oscuros", dejan en cualquier caso más noticias buenas que malas, lo que sin duda supone un pequeño alivio a pesar de que las cifras de paro siguen siendo escandalosas. La primera buena nueva que nos deja la EPA es que el número de desempleados se ha reducido en el segundo trimestre en más de 225.000 personas, lo que deja la tasa de paro en un 26,6%. Se han creado unos 149.000 puestos de trabajo, lo cual es una excelente noticia, pero no deja de ser preocupante que haya 76.000 personas que, o bien hayan dejado de buscar trabajo por el efecto desánimo justo cuando arranca la campaña turística, o bien se hayan marchado de nuestro país ante la imposibilidad de encontrar un empleo. Es decir, la cifra de paro baja, pero lo hace no sólo porque se creen puestos de trabajo, sino porque hay gente que deja de buscarlo, al menos en España.

Los jóvenes también se han visto favorecidos en este último trimestre de acuerdo con la EPA. El paro en este colectivo descendió en 27.100 personas, si bien es cierto que la creación de empleo neto ha sido de 11.200, lo que implica, al igual que en los números globales, que 15.900 menores de 30 años muy probablemente se hayan marchado en busca de otras oportunidades más allá de nuestras fronteras.

El número de hogares con todos sus miembros en paro se ha reducido en 84.900 unidades, y el número de familias en el que todos sus integrantes trabajan ha aumentado en 122.500. La empleabilidad, que mide la posibilidad de encontrar un puesto de trabajo, ha subido un punto, desde el 4,22% del primer trimestre del año, hasta el 5,3% actual. Hay, además, 8 comunidades autónomas que han sido creadoras netas de puestos de trabajo, y no todas, precisamente, vinculadas con el turismo. En paralelo, tenemos 37.300 autónomos más, de los cuales 14.400 dan empleo a otras personas.

Pese a este último párrafo, también hallamos noticias no tan buenas: el paro en el sector industrial y en la construcción sigue creciendo. En cuanto al primero, nuestro país ha destruido en los últimos 6 años un millón de puestos trabajo y si a las evidencias nos atenemos, es necesario un sector industrial fuerte y robusto para fomentar un estado de bienestar sostenible. Ello nos deja entrever también otro aspecto no tan positivo de la EPA, y es que el empleo que se ha creado ha sido de baja productividad, con especial protagonismo del sector servicios. El número de contratos temporales, además, ha aumentado en algo más de 162.000 unidades y el de contratos indefinidos, por el contrario, se ha visto reducido en 50.400. Por su parte, el grupo de parados de larga duración, que suma algo más de 2.890.000 personas, tan sólo han visto reducida su desempleo en 3.500 personas, lo que sin duda es preocupante, por cuanto este colectivo podría pasar a formar parte del llamado paro estructural, lo que traducido significa que ni cuando vuelva a cambiar el ciclo económica, será susceptible de ser absorbido.

Como decía al principio de este primer punto, hay "claros - oscuros", pero hay que tener en cuenta que en términos desestacionalizados, esto es, dejando al margen el efecto turismo o incluso también el del inicio de la campaña agrícola, la tasa de paro ha caído un 1% frente al crecimiento del 1,1% registrado en el primer trimestre del año, y que lo ha hecho en un contexto aún de recesión, por cuanto parece, de acuerdo con el Banco de España que nuestra economía frena su caída hasta el 0,1%, pero sigue todavía en fase contractiva. Como he tratado de explicar más veces, lo que nunca se ha dado en economía es que se cree empleo cuando un país está en recesión, lo que me hace pensar que, efectivamente, entramos en un punto de inflexión. En cualquier caso, ahondaré un poco más en las reflexiones del final.

2) Desapalancamiento del sector privado: Familias y empresas siguen siendo las que están haciendo mejor su trabajo. El que los  niveles de endeudamiento vuelvan a niveles razonables, es clave para que tanto unos como otros consuman e inviertan y, por lo tanto, le den la vuelta a la actual situación.

Las familias, por su parte, han visto cómo su deuda se ha reducido hasta niveles de marzo de 2007, confirmando que sigue haciendo sus deberes y que los está haciendo a una velocidad más rápida de lo previsto. Ello explica el por qué la demanda interna sigue cayendo con fuerza y que la moderación de dicho retroceso sea muy leve (del -0.7% del primer trimestre al -0.6% del segundo), aunque conviene no olvidar la creciente presión fiscal de los dos últimos años (subida de IVA e IRPF fundamentalmente).

Las empresas, por su parte, siguen también haciendo sus esfuerzos, y si bien es cierto que el FMI ha advertido en reiteradas ocasiones sobre el excesivo peso de su deuda sobre el conjunto de la economía española, también lo es que el desapalancamiento va a buen ritmo y que los pasivos de éstas ya se encuentran a niveles de mayo de 2007, como señaló el Banco de España hace un par de meses.

Las lecturas, pese a todo, se deben hacer en clave diferente en cuanto a lo que respecta a familias y a empresas. En lo que se refiere a las primeras, si bien la renta disponible sigue cayendo como consecuencia de la moderación salarial y las altas tasas de paro, también es cierto que el ahorro está aumentando. Aunque éste sigue en unos niveles muy bajos, lejanos a lo deseable, no se debe despreciar el incremento del 1,2% del primer trimestre del año. En primer lugar, porque los ahorros de las familias llevaban casi tres años sin crecer. Y en segundo lugar, porque refleja que las familias, por primera vez en varios años, no gastan más por desconfianza en la coyuntura económica, pero que comienzan a tener posibilidad de hacerlo, moderadamente, en cuanto mejoren un poco las cosas. Acepto la crítica de que también el ahorro puede haber subido consecuencia de la disminución del consumo, de que la gente se siga apretando el cinturón, pero también considero oportuno señalar, como así lo hace José Carlos Díez, que en España la deuda está concentrada en una generación, la de la burbuja, y que visto el ritmo de desapalancamiento actual, podemos estar más cerca de lo previsto (o un poquito menos lejos) del ajuste definitivo de las familias.

Más preocupante es la situación de las empresas. Su capacidad para devolver sus deudas están en relación a sus EBITDAS (beneficios antes de intereses financieros, amortizaciones e impuestos) y éstos están por los suelos. En paralelo hay una diferencia notable entre el endeudamiento de familias y empresas. Las primeras, cuando se compran una casa, piden préstamos que no exceden de un porcentaje de sus salarios. El principal problema es el de la gente que se queda en paro, por cuanto existe un colchón asumible (dentro del lógico sufrimiento) ante una eventual caída de ingresos vía reducción salarial, por ejemplo. Pero en una empresa esto no es así. Cuando una compañía se endeuda a largo plazo, lo hace para aumentar su capacidad productiva ante unas expectativas de crecimientos de ingresos. Hoy en España sobra capacidad por todos lados y las empresas no pueden hacer frente a los principales de sus préstamos. Y menos en un entorno de devaluación interna como al que nos quiere someter Bruselas. Nuestras empresas tienen una salida en la exportación, como ya se está viendo, pero ésta es lenta y requiere un tiempo que no sé hasta qué punto nuestra banca está dispuesta a dar.

La actual situación va a requerir quitas explícitas a nuestras compañías (esto es, condonaciones de deuda, o transformaciones en capital o préstamos subordinados que computen como capital) o implícitas, vía alargamiento de plazos para que la inflación haga su trabajo durante varios años. Pero para eso hace falta mucho valor, imaginación y, sobre todo, asumir que el coste de esta fiesta también requiere que la gran banca pague parte de su factura.

3) Desapalancamiento del Sector Público: Por un lado es cierto que lo que hizo España el año pasado no tiene parangón. Reducir el déficit cómo lo hizo en un contexto recesivo tan duro creo que no tiene antecedentes en lo que a historia económica se refiere, pero pese a todo se quedó a mitad de camino de lo que se nos exigía. El coste de meterle al enfermo tal dosis de quimioterapia fue dejarle moribundo antes de llegar al quirófano: 6 millones de parados pueden dar buena cuenta de ello.  En lugar de quitar gastos supérfluos y disminuir burocracia, así como parlamentarios y políticos, nuestro gobierno subió impuestos a toda la ciudadanía y recortó inversiones (sanidad y educación), lo que sin duda va a repercutir a medio plazo en nuestros indicadores de igualdad, claves para garantizar un desarrollo económico que preserve la paz social.

Viendo la sangría a la que estábamos siendo sometidos, Bruselas decidió darnos más plazo para cumplir los objetivos de déficit y ello, sin duda, nos va a dar algo más de oxígeno, pero conviene no obviar que nos queda camino por recorrer. El Banco de España apunta que los ingresos están creciendo por el incremento de la tributación, que los gastos siguen bajando, pero que todavía va a tocar hacer más ajustes para alcanzar las cifras que se nos exigen. Me preocupa que el empleo en el sector público haya bajado sólo en 2.600 personas durante el segundo trimestre del año, por cuanto sigo pensando que es ahí (en empresas públicas deficitarias, duplicaciones de la administración y puestos políticos) dónde hay más que hacer. A falta de ver en qué se traduce la reforma de la administración pública presentada el viernes, vislumbro nuevas subidas de impuestos salvo que desde la UE alguien por fin decida que es hora de centrarse también en el crecimiento y relajen un poquito los objetivos de déficit. Pese a todo, la consolidación fiscal es inevitable y necesaria, porque la cruda realidad es que con nuestros ingresos públicos no podemos pagar nuestras facturas y uno no se puede endeudar hasta el infinito.

4) El sector bancario: La creación del banco malo y el rescate de nuestras cajas fue un paso necesario (aunque tardío) para poner en orden el sector y sacar sus vergüenzas. El problema es que, a medida que se alarga la actual coyuntura y las empresas siguen con serios problemas para hacer frente a sus principales, la mora sube y los activos bancarios se deterioran, lo que obliga a dotar nuevas provisiones y hace más difícil que fluya el crédito. Respecto a éste último punto, conviene resaltar que desde Bruselas se advierte de que éste hasta 2014 es posible que no comience a recuperarse.

Hoy en día es cierto que sobra capacidad en casi todos los sectores y que, es cierto, a la luz del apalancamiento del sector privado, no existe tampoco una gran demanda solvente, pero dicho ésto, lo que no se puede es dejar a las empresas españolas sin gasolina, esto es, sin circulante, para financiar su actividad. Sin posiciones a corto, es imposible que las compañías puedan cumplir sus condiciones a largo. Desde la UE se debe apretar a la banca para que así sea. Hoy las PYMES siguen teniendo problemas para anticipar facturas de clientes solventes.

Parte del problema se podría solventar si a la par de exigirle a los bancos medidas de solvencia, se les incentivara también a prestar, cosa que ahora mismo no pasa. La unión bancaria podría favorecer a los países periféricos como el nuestro.

5) El sector de la construcción: Indudablemente ha quedado muy tocado, casi hundido. Tardará un tiempo en volver a tener un peso normal en el PIB (no el que tuvo durante la gran fiesta), pero con SAREB se ha puesto solución a buena parte del problema. Probablemente al sector le quede un ajuste de otros 3 ó 4 años, como han apuntado The Economist y El Mundo estos días. En primer lugar por el stock existente de pisos, en segundo lugar por las dificultades para financiar las nuevas compras y por último, porque cuando la gente tiene expectativas de que los precios de un bien pueden seguir cayendo, y las noticias apuntan en ese sentido, las decisiones de inversión se aplazan. Creo que estamos en ese punto. Pero dicho ésto, no creo que la demanda pueda caer mucho más. Lo que ocurre es que sigue habiendo muchos pisos en stock.

Por lo tanto, ¿cuándo saldrá España de la crisis? Tal vez la pregunta haya que reformularla y/o plantearla de otra forma. ¿Cuándo saldrá España de la recesión? ¿Y esa salida qué implicará? Respecto a la primera pregunta, me atrevo a decir que muy pronto. Apostaría a que antes de final de año tendremos algún trimestre en positivo. Y no creo que sea por méritos de nuestros políticos (ni de los de antes ni de los de ahora), sino simplemente pienso que los mercados se terminan ajustando y España ya no anda lejos de ello. Recapitulemos: ni el paro tiene mucho mayor recorrido ya, ni el crédito puede caer mucho más, las familias ya han recorrido un buen trecho en esta crisis y, aunque el consumo siga en estado deprimido, ya no creo que pueda bajar mucho más, el estado ya está comenzando a tener números algo mejores (y ello repercute en el coste de su financiación) y realmente vislumbro un cambio estructural en las exportaciones de las empresas, lo cual nos está dando algo de oxígeno en términos macroeconómicos. En paralelo Europa está también algo mejor: las tasas de paro han bajado ligeramente, el precio de la vivienda en países como Irlanda se recupera y los mercados están mejor que hace un año. Estamos, por fin, en el fondo, en un punto de inflexión en el que debería, por fin, comenzar la recuperación.

La diferencia entre el momento actual y el famoso de los "brotes verdes", es que en aquel entonces apenas había comenzado el desapalancamiento de familia y empresas, la banca pegaba patadas hacia delante y no se terminaba de pinchar la burbuja. La banca, además, tapaba sus vergüenzas con ingeniería contable con la connivencia del Banco de España. Aquellos meses de cierta mejoría eran fruto de un desmedido aumento del gasto público que en su mayoría fue improductivo. Sin duda hoy estamos mucho peor que entonces, cumpliéndose al fin la profecía de Keynes: "cuando los mercados se ajustan por sí solos sin que los gobiernos sean capaces de remediarlo, el coste social es insoportable". Pienso que estamos ahí.

Pese a todo, Europa afronta un escenario muy difícil. El PIB en la eurozona ha retrocedido 5 años y el empleo 7, y los niveles de vida previos a esta gran coyuntura quedan muy lejos todavía. Existen, además, riesgos por el camino y tareas por resolver. Grecia probablemente necesite otra quita, Portugal y Chipre van camino de una depresión, el paro en los países periféricos tardará en resolverse, y sigo pensando que en nuestro país el principal problema, al margen del desempleo, puede ser la deuda privada de las empresas. Quedan aspectos cruciales por solventar que van a marcar el fin de esta coyuntura: la unión fiscal y bancaria a nivel europeo, los posibles acuerdos comerciales con EEUU, Corea y Japón, y a nivel español el que se haya acertado con la reforma laboral y que seamos capaces de crear empleo con crecimientos bajos, circunstancia que hasta la fecha nunca se ha dado.

Así pues, soy un poco más optimista que hace unos meses, por cuanto cuando uno se acostumbra a vivir en el infierno, el purgatorio no le parece un sitio tan malo. Creo de verdad que la peor fase de nuestra crisis la hemos pasado, pero al igual que si tuviera que apostar por el fin de la recesión diría que esta está próxima, como indicaba hace unas líneas, también alinearía mis cuartos con todos aquellos que consideran que nos quedan por delante 4 ó 5 años de crecimientos paupérrimos y muchas incertidumbres que pasar. A favor nos queda que Europa siempre se ha levantado cuando le han dado por muerta. Desde la caída del Imperio Romano hasta la II Guerra Mundial, siempre ha sido así. Y también que nuestro país siempre ha sacado lo mejor de sí mismo en los peores momentos. El ejemplo más cercano es el del accidente del otro día. En el fondo somos un gran país y de esta saldremos reforzados.

viernes, 19 de julio de 2013

RSC - RSC y los Colectivos en Riesgo de Exclusión

Algunas Ideas
 
Ayer tuve la suerte y el honor de ser invitado por la Universidad Complutense, la Universidad de Castilla la Mancha y la cátedra del Banco Santander de RSE a participar como ponente en una mesa redonda sobre Acción Social y Voluntariado Corporativo en uno de los Cursos de Verano de la UCM, la cual se centraba específicamente en los colectivos en riesgo de exclusión social. Como siempre que me invitan a este tipo de cursos, os dejo algunos de los puntos que expuse.
 
Los que seguís con asiduidad este blog sabéis que hay dos ideas que defiendo a capa y espada. La primera es que la economía debe estar ligada al desarrollo humano. Como apuntó Amartya Sen en su visita a Madrid en el año 2008, cuando esto no sucede, la economía no es sostenible y es razonable pensarlo. Cuando crece la desigualdad, cuando el crecimiento no mejora las vidas de las personas, las sociedades se levantan. Ha sido así durante toda la vida y así sigue siendo.
 
El axioma neoclásico defiende que cuando las empresas maximizan su beneficio, toda la sociedad se beneficia de ello, ya que al final se alcanza un equilibrio competitivo que mejora el bienestar de todas las personas que forman parte de la misma. Stiglitz ya demostró, y por eso ganó el premio Nobel, que cuando los mercados son imperfectos, como ocurre casi siempre (por asimetrías en la información, porque las reglas del juego no estén bien marcadas, o por simples comportamientos oportunistas), a menudo se alcanza un óptimo que no es Pareto eficiente. O lo que es lo mismo, que hay agentes que ´no sólo no mejoran su situación de partida sino que incluso la empeoran.
 
En el fondo no hace falta irse a ejemplos tan teóricos. Basta con observar lo que ha pasado en las últimas décadas. En el período 1990 - 2007, en una economía global, con mayor libertad de acción que nunca, las empresas han alcanzado beneficios record dejando al margen el lapso de la crisis puntocom de principio de siglo. Sin embargo, en dicho período, 460 millones de personas han empeorado su nivel de vida respecto a 1990. El informe de la FAO del año 2012, reveló que 840 millones de personas siguen pasando hambre y el acceso a la educación, sigue siendo para los más privilegiados. Lo curioso es que durante la actual coyuntura, no hace falta irse a situaciones tan lejanas. Pensemos en lo que está pasando en la OCDE. El coeficiente de Gini es un indicador que permite medir la igualdad en una sociedad. Oscila entre 0 y 1. Cuanto más cercano a 0, mayor es la igualdad. Y cuanto más se acerca a uno, mayores son los desequilibrios. En los países nórdicos, paradigma de la igualdad, dicho indicador es 0,3. EEUU antes del inicio de esta crisis, estaba en 0,4. Hoy se encuentra en 0,47, muy cerquita de países como Turquía o Irán. Y eso que EEUU ha destruido menos riqueza que la UE. Pero pensemos también en lo que está pasando en España, en   quiénes están sufriendo en mayor medida la actual crisis. En un entorno así, el objetivo de la empresa debe ser crear valor. En primer lugar para sus accionistas, pero también para sus grupos de interés, ya que el progreso social beneficia a todos.
 
En línea con el párrafo anterior, la segunda idea que siempre defiendo es la de la empresa como constructora de sociedad. El primer objetivo de una compañía es la rentabilidad económica, porque sin ella, ésta no tiene futuro. Pero la rentabilidad económica debe ir en paralelo a la rentabilidad social. En ese aspecto es importante señalar que la empresa es ciudadana corporativa y que como tal tiene derechos y obligaciones civiles, pero también que hoy en día tan importante es la legitimidad como la legalidad. Hoy en día es legal contratar a niños en algunos países en vías de desarrollo, pero no es legítimo, al menos a la vista de la cultura y los valores de las sociedades occidentales. El progreso no sólo debe ser económico, también ha de serlo moral.
 
Pero es que además la empresa puede y debe ser transmisora de valores, elemento integrador y vertebrador. Las condiciones laborales, el pago de un salario, no sólo son un dinero que se envía a fin de mes sino que en el fondo es un mensaje brutal sobre lo que se valora y lo que no. Si se discrimina, por ejemplo, en función del sexo, la edad o el credo de los trabajadores, lo que se proyecta a la sociedad es algo indeseable, a la par que se expone a mucha gente a quedarse excluida. Pero no sólo eso. Hoy la empresa puede jugar también un papel relevante en lo que a la educación se refiere. Europa no puede permitirse una tasa de natalidad como la actual, ni España un 30% de fracaso escolar. Diseñar carreras profesionales vinculadas a la circunstancias vitales de las personas (y no a la inversa), o fomentar una verdadera política de conciliación, está al alcance de todas las compañías y crea sociedad.
 
Como también he comentado en otros posts, vincular la economía al desarrollo humano y crear sociedad en los entornos actuales, es más complejo que nunca.. Pensemos en nuestras ciudades: son heterogéneas, globales. Poco o nada que ver con las ciudades de los años 80. Las desigualdades globales han fomentado movimientos migratorios que han cambiado para siempre la configuración de nuestros barrios. Esta globalización cultural y económica ha venido acompañada de la revolución tecnológica, la cual ha democratizado la información, pero también ha difuminado las fronteras y ha hecho que ahora tengamos expectativas globales. La gente y los niños antes veían la televisión y ésta era española, pública o privada. Ahora se navega por internet. Ello ha hecho que la gente tenga más información que nunca y puede elegir más que nunca.
 
En paralelo, ante esta coyuntura, nos encontramos con que los problemas son globales y los gobiernos que tratan de resolverlos son locales. Se ven incapaces de fijar las reglas del juego, entre otras cosas porque el derecho internacional todavía está en pañales, si se me permite la expresión. Pero además, al desregular los mercados, la gente actúa con mayor libertad que nunca. Y la libertad es magnífica, pero si ésta no viene acompañada de responsabilidad, los mercados colapsan. Sigo pensando que los mercados son y que estos funcionan mejor o peor en función de los comportamientos de las personas.
 
Las consecuencias de todo lo expuesto son una sociedad con una creciente desigualdad, tanto a nivel local como global, más individualista que nunca, la cual afronta una destrucción asimétrica de la riqueza (los recortes no hacen sino incidir en ello). El resultado al cocktail es que cada vez hay mayores colectivos con riesgo de exclusión. Algunos de ellos impensables hace unos años: pensemos en los jóvenes sin trabajo o en los incluso en las personas mayores de 50 años que han perdido su empleo. Como explicaba Fátima Baeza, de Grupo 5, la exclusión del mercado laboral es también un riesgo de exclusión social.
 
Creo honestamente que la RSC es una herramienta de gestión y que como tal tiene que ayudar a mejorar la rentabilidad económica de la compañía, pero también para alinear ésta con la rentabilidad social. La RSC debe servir para atraer y retener talento pero también para crear riqueza y sociedad.
 
No quisiera terminar sin hacer dos apuntes. Uno referente a una de los preguntas de los asistentes: todas las empresas tenemos vergüenzas que tapar, porque las compañías perfectas no existen. Yo he llegado a la RSC por convicciones morales, pero las hay también quiénes llegan por convicciones instrumentales. Reflexionando sobre lo que me preguntó, me dejé en el tintero una idea que creo que es importante. Las empresas avanzarán a la par que lo hace la sociedad. Con nuestras compras y decisiones de consumo o inversión, ejercemos también democracia. Las empresas no son perfectas, como tampoco lo es la sociedad. Nos guste o no, la crisis es de valores, y debemos avanzar de la mano.
 
Por último, me preguntó otro asistente en privado a la salida por el tema de la voluntariedad de la RSC: en el fondo mi respuesta es parecida a la del párrafo anterior. Los gobiernos regulan siempre tarde, cuando un problema en estado latente pasa a estar institucionalizado. Dependiendo de cuando reaccionen las empresas, éstas pueden obtener ventajas competitivas. "First mover advantage", que dicen los ingleses.
 
Termino con una última reflexión:  Ninguna compañía puede sobrevivir viviendo de espaldas a la sociedad a la que pertenece. 

martes, 16 de julio de 2013

Economía y Política - Los Papeles de Bárcenas, el Papelón de Rajoy y un Sistema Corrupto

Algunas Ideas

Aunque deteste  cómo está montada la política actual, tengo que reconocer que siempre me ha parecido que Aristóteles tenía razón cuando decía que el hombre era un animal político. En el fondo todos tenemos nuestros particulares remedios contra el paro, la crisis o cualquier tema de actualidad que se tercie en el parlamento. Y es por ello por lo que creo que estamos todos alucinados con lo que está saliendo en la prensa. Es tal el descrédito de nuestra clase política, que goza de tanta credibilidad (y a las encuestas me remito) una persona que tiene 200 millones de euros en paraísos fiscales que nuestro presidente del gobierno. Es realmente duro, pero no digo que no se lo merezca. Ni él, ni una buena parte de los cargos electos que actualmente nos representan. Todos los partidos que ostentan alguna alcaldía, presidencia de una comunidad autónoma o participan de alguna manera en alguno de los distintos organismos de gobierno que están previstos en nuestro ordenamiento jurídico, tiene algún escándalo que tapar. Y lo peor es que a la hora de la verdad, todos se terminan arropando de alguna forma e incluso atacan con el triste "y tú más", como si de un concurso de "a ver quién orina más lejos se tratara".

Sin embargo, creo que con todo el asunto de los pagos en "b" estamos perdiendo la perspectiva. Claro que creo que Rajoy debería dimitir si se confirman los mismos, pero personalmente eso me parece lo que me parecían los famosos trajes de Camps: la guinda del pastel. Porque lo que realmente existe de trasfondo es un problema mucho mayor de financiación ilegal de un partido. En este caso el PP, pero cabe recordar que en su día también el PSOE tuvo el escándalo de Filesa y desde entonces nadie ha movido un dedo para modificar algo que parece de cajón. Y si miramos hacia Cataluña, lo de las famosas comisiones tampoco parecen dejar en buen lugar a CIU. Sin embargo, en todo este tiempo, no se ha hecho nada para paliar una de las mayores cajas negras de nuestro sistema político. Esencialmente porque favorece a los que mandan, pero también, y conviene no olvidarlo, a los amigos de los que mandan.

Porque ese es el gran drama que vive nuestro país. En una economía de mercado le corresponde al estado fijar las reglas del juego. Si los que tienen que legislar lo hacen bien, entonces los mercados mejoran su funcionamiento, el reparto de rentas es más equitativo y la sociedad avanza. Si por el contrario, los que mandan se dedican a explotar las asimetrías de los mercados en favor de aquellos que mediante donativos anónimos, sobres en "b", etc., les permiten seguir en el cargo, ocurren cosas como las vividas en España en los últimos años. 

Nuestra burbuja inmobiliaria, esa que aún seguimos padeciendo, nunca hubiera sido posible sin la connivencia de una clase política corrupta, que enchufaba en los consejos de las cajas de ahorro a políticos y sindicalistas de todos los partidos e ideologías, los mismos que favorecían recalificaciones, modificaban planes urbanos y leyes de costas, así como permitía a la banca campar a sus anchas en tanto en cuanto al Banco de España se le obligaba a mirar para otro lado. En paralelo, muchos de los "donantes anónimos" de nuestros partidos, se enriquecían logrando contratos astronómicos. Sí, nuestra clase política ha participado activamente en la generación de la misma, como también lo ha hecho en la creación de la burbuja de las renovables, por ejemplo, o en otras muchas que se podrían traer a colación.

Pero hay otras maneras de distorsionar el mercado. Algunas de guante blanco. Zapatero nos mostró las más sibilinas, como por ejemplo permitiendo que el tipo impositivo medio de las empresas del IBEX fuera llamativamente inferior al del resto de empresas de este país, o queriendo sacar del atolladero a toda costa a Alfredo Sáez en el momento que el Banco Santander refinanciaba la deuda millonaria del PSOE con dicha entidad. Desde luego el asunto de las condonaciones no es algo nuevo en nuestra democracia, como reflejaba hace unos días El Confidencial. En el fondo nuestros políticos han querido ser el ajo en todas las salsas, y es por ello por lo que no me resisto a copiar un párrafo de César Molinas en su brillante artículo "Una teoría de la clase política española" publicado en El País el pasado mes de septiembre, el cual creo explica perfectamente lo que quiero decir: "la clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político." Y no sólo eso, sino que les ha permitido marcar unas reglas del juego, como explicaba al principio, muy favorables a unos pocos.

Ha llegado el momento de decir basta. La salida de Rajoy no es suficiente para paliar el descrédito de nuestra clase política. Necesitamos una nueva ley de partidos que permita "desnudar" las cuentas de cada uno de ellos para que no quede la más mínima duda de su transparencia y respeto a las reglas del juego, pero también un sistema diferente de elección de nuestros líderes, de tal manera que lleguen los mejores, los más preparados y los más honestos, con mayor vocación de servicio y no aquellos cuyo principal mérito sea la fidelidad a unas siglas. El mero hecho de que a día de hoy goce de tanta credibilidad un presunto delincuente que todo un presidente del gobierno, ya es motivo suficiente para que vaya. Y con él, la inmensa mayoría de los que le acompañan en el parlamento. 

No me resisto a terminar sin incluir este otro párrafo de César Molinas: "La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular (...) sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:

  • Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio".
  • Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch".
  • Abominar la 'destrucción creativa', que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter "la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo".  Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político".
¿A alguien más le suena?



martes, 9 de julio de 2013

Economía - Breves Comentarios sobre las previsiones del FMI

Algunos Apuntes

Dado que mañana me marcho a Hamburgo en viaje de trabajo, no quería dejar pasar de comentar muy brevemente las previsiones que el FMI ha hecho hoy para la economía española. Sé podrían tildar de jarro de agua fría, por cuanto apunta el organismo presidido por Christine Lagarde, que nuestra economía tampoco crecerá en 2014 (se quedará en un 0%) y que será en 2015 cuando realmente comience a hacerlo. Explica el FMI que dos son las causas que justifican este empeoramiento: uno, las peores perspectiva para la economía global debido a los países emergentes; y dos, el ajuste fiscal que aún debe hacer España.

Sobre el primer punto hay poco que decir. Todos estamos viendo lo que, por ejemplo, está pasando en Brasil. En paralelo, a China no le puede ir bien, o al menos no tan bien como nos tenía acostumbrados si Europa y EEUU siguen con el motor gripado. Respecto al segundo punto, conviene remitirnos a las previsiones del FMI del pasado mes de abril. Por aquel entonces, se auguraba un crecimiento del 0,7% para nuestro país durante el año 2014, pero a la par se advertía que por esa senda España se iba a quedar muy lejos del objetivo de déficit marcado por Bruselas. Ahora que se nos ha marcado un nuevo calendario de déficit, más relajado que el original, pero más exigente que las previsiones del Fondo, se entiende que no nos va a quedar otra que recortar más para cumplir con la UE y que, por lo tanto, el crecimiento se va a ver perjudicado por dicha medida.

Los que me venís siguiendo, sabéis que siempre he dicho que la consolidación fiscal era inevitable para España, pero también que un excesivo celo durante la misma, podía derivar con el enfermo muerto durante el tratamiento. Los recortes son como la quimioterapia y si nos pasamos con la dosis, el paciente se nos muere por el camino. Sí, un país no puede estar endeudándose eternamente, porque llegará un momento en el que no podrá hacer frente a sus compromisos financieros, por ello es necesario cuadrar las cuentas cuanto antes. La triste realidad es que para pagar parte de nuestros servicios públicos nos tenemos que endeudar y que, todavía, parte de ese desfase es estructural, no cíclico (esto es, al margen de la situación económica).

Aún siendo cierto esto último, también lo es que lo que determina la capacidad de pago de un país no es tanto el volumen total de su deuda, como le relación de ésta respecto a su PIB. España, que tenía unas cuentas públicas saneadas, ahora comienza a tener unos ratios peligrosos. Por eso me llama poderosamente la atención que desde Bruselas se siga priorizando, justo ahora que parece que entramos en un punto de inflexión, la consolidación fiscal por encima del crecimiento. Sin tener los datos encima de la mesa, es posible que nuestro país, con menores ajustes y un mayor crecimiento, se endeudase más en términos absolutos, pero que dicha deuda cayera en términos relativos a su PIB. Es decir, que pese a que aumentase nuestro endeudamiento, mejorase también nuestra capacidad de pago. Por la senda a la que vamos, el déficit disminuirá (pero nos seguiremos teniendo que endeudar) y nuestra economía no crecerá, lo que redundará, tristemente, en nuestra solvencia. Personalmente me parece de locos. Sobre todo porque el nuevo ajuste seguro que de nuevo cae sobre familias y PYMES. Lo confieso. No tengo ninguna esperanza ni en la reforma de la Administración, y mucho menos en la tributaria. Y espero equivocarme.

Así pues, en manos de Europa está la pelota. Se puede seguir con la consolidación fiscal conjugándola con el crecimiento, por cuanto muchos países están en el fin de su ajuste. Sólo hacen falta paciencia, rigor y voluntad política para hacerlo, comprendiendo que a esta unión monetaria le hace falta también que se den los pasos hacia una necesaria unión fiscal y bancaria.

En cualquier caso y pese a los malos augurios de Lagarde y sus muchachos, finalizo reiterando lo dicho el sábado: Yo creo que en breve comenzaremos a crecer. Los datos de nuestra economía comienzan a ser  mejores de lo previsto en algunos indicadores clave. Ello no significará un rebote en crecimiento y empleo, pero sí que las cosas comiencen a estar un poquito menos mal. Por una vez, y sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con el Ministro Montoro (¿debería preocuparme?) y es posible que España rompa los pronósticos del FMI para el 2014. Tampoco sería la primera vez.


sábado, 6 de julio de 2013

Economía - Dato del Paro de Junio: ¿Estamos ante un punto de Inflexión?

Algunos apuntes

Esta semana hemos sabido los datos del paro del pasado mes de junio y, como habían anunciado algunos miembros del gobieno durante la semana previa, éstos, considerados en bruto, efectivamente han sido muy buenos. Según los mismos, España ha obtenido el mejor dato para dicho mes desde que computa la serie histórica, ya que el desempleo ha bajado en, ni más ni menos, que 127.000 personas. Sin embargo, cuando uno se remanga y comienza a analizar los datos con algo de profundidad, encuentra motivos para la esperanza, pero también para la preocupación. A partir de ahí, es lo de siempre. Entran en juego los políticos, maestros a la hora de sacar réditos de una misma noticia, de un mismo dato, arrimando el ascua a la sardina de cada partido, pero adoleciendo a menudo de un mínimo de rigor. Que baje el paro siempre es una buena noticia (y ya son cuatro meses seguidos), pero existen varias circunstancias que no se pueden obviar y que a mi me gustaría desmenuzar.

En primer lugar, no podemos olvidar el factor estacional del dato, sobre todo en verano. España es un país eminentemente de servicios en el que el turismo sigue siendo su principal motor económico. Al menos en estos momentos. Con el inicio de la temporada estival, hoteles, restaurantes y cafeterías aumentan sus plantillas, las empresas turísticas refuerzan sus plantillas para poder atender el incremento de turistas, españoles y extranjeros, que disfrutan de sus vacaciones. Teniendo en cuenta el factor estacional, el paro hubiera aumentado en 996 personas. Dicha cifra, se puede valorar desde una doble perspectiva. Por un lado, parece evidente que la destrucción de empleo se está frenando, pero por otro supone también un jarro de agua fría, por cuanto desde el mes de diciembre, tan sólo en abril y ahora en junio, ha aumentado el paro sin efecto estacional. 

En segundo lugar, está la cuestión de la afiliación a la seguridad social. En este caso, el número de afiliados  tan sólo aumentó en 26.853 personas durante el mes de junio, lo que denota también un frenazo en la creación de empleo. En mayo dicha cifra fue de  algo más de 134.000 personas y en abril de algo más de 51.000. Podría interpretarse que este año el efecto turismo comenzó a notarse en abril con la Semana Santa y, sobre todo, en mayo, mes del año que comienza a ser de mayor actividad en ciertas zonas costeras, lo cual es coherente con las cifras del factor estacional, pero también es verdad que en marzo, el número de afiliados a la Seguridad Social aumentó en algo más de 30.000 personas, cifra superior a la de este mes de junio. Casando estos dos primeros datos, se puede llegar a la conclusión de que la bajada del paro no se debe exclusivamente a la creación de nuevos puestos de trabajo, sino también al llamado efecto desánimo, según el cual, ciertas personas dejan de buscar trabajo de forma activa y dejan de registrarse como desempleados.

El dato de la contratación es también importante. En junio de 2013 se firmaron 1.277.255 nuevos contratos, lo que supone una caída de un 7,84% respecto al mismo período del año anterior. En cualquier caso, conviene matizar que en Junio de 2012 se procedió a la regularización de muchos contratos de empleados de hogar. Considerando este dato, la caída de la contratación hubiera sido sólo de un 1,8%, pero caída en cualquier caso.

Aún cuando estos primeros datos debieran implicar una rebaja de la euforia mostrada por muchos ministros esta semana pasada, existen también algunos motivos para la esperanza. Por ejemplo, que el desempleo ha bajado en términos globales en todas las Comunidades Autónomas y no precisamente todas ellas generan empleo con el turismo en verano. Destaca Cataluña, con casi 25.000 parados menos, pero es que Madrid, por ejemplo, ha visto reducido en casi 15.000 personas el número de desempleados. En paralelo, el paro ha bajado en todos los sectores menos en el de la agricultura y casi 35.000 menores de 25 años han encontrado trabajo durante el pasado mes de junio.

Entre junio de 2011 y junio de 2012, además, el número de desempleados creció en casi 500.000 personas. Entre junio de 2012 y junio de 2013, dicha cifra ha sido de algo más de 148.000 personas. Aunque es cierto que España tiene tal nivel de desempleo que era difícil que pudiera seguir una progresión tan contundente, no lo es menos que dicho dato ahonda en la percepción de que las cosas tienden a estabilizarse.

En el fondo, los datos de esta semana son consistentes con el informe que también ha hecho público el equipo de estudios del BBVA en los últimos días, el cual, resumiendo, apunta que la economía española se ha mostrado prácticamente constante en el segundo trimestre, lo que sugiere que estamos cerca de una nueva fase de estancamiento que pondrá fin a la recesión. Ello es así por varios motivos : uno, que, efectivamente, se está frenando el deterioro del mercado laboral; dos, que entre abril y junio la economía se ha comportado un poco mejor de lo previsto, por cuanto la cierta relajación que nos ha permitido Bruselas en cuanto a objetivos de consolidación fiscal ha derivado en una menor debilidad de la actividad económica. En paralelo, se ha producido una leve mejoría en la demanda doméstica, por cuanto se ha reducido algo la presión a la baja en la renta disponible de los hogares; tres, que las exportaciones de bienes se siguen mostrando fuertes y podrían aumentar las de servicios gracias al turismo. Por último, el equipo de estudios del BBVA apunta que en los últimos meses la economía española presentó capacidad de financiación frente al resto del mundo por primera vez desde mediados de los años 90, gracias a una tasa de ahorro superior a la esperada y una inversión en sintonía a lo previsto. O lo que es lo mismo, que lo que todos los españoles ahorramos da para pagar nuestras inversiones e incluso para financiar las de otros países. Pese a todo, BBVA recalca que estos datos son consistentes con la caída del PIB prevista para este año de un 1,4%, una décima más que la estimada por el gobierno.

Posiblemente estemos próximos a un punto de inflexión, pero éste conviene ser matizado. Es muy probable que España comience a crecer a lo largo del último trimestre de 2013 y que el 2014 sea ya notablemente mejor por primera vez en 6 años, pero en unos niveles de renta disponibles de las familias muy bajos, con una tasa de desempleo astronómica y con un endeudamiento público y privado que va a permitir pocas alegrías a corto y medio plazo. Un punto de inflexión no implica un rebote, ni significa que se vayan a crear millones de puestos de trabajo de la noche a la mañana. Uno no sale de la UCI para ponerse a correr una maratón, ni se cambia de modelo de un día para otro. El único cambio estructural de nuestra economía a día de hoy es el de la exportación, pero la creación de empleo a partir de la misma será muy lenta. 

Cuando uno viene del infierno, en el purgatorio no se está tan mal, pero conviene saber que aún queda una larga travesía por el desierto. Lejos quedan aquellos años de las excavadoras en los que nos creíamos felices, pero quiero pensar que, al final, todo ésto nos hará más fuertes. Y no precisamente gracias a nuestros dirigentes. Finalmente tenía razón Keynes: los mercados terminan ajustándose por sí solos, y cuando los gobiernos no aciertan con las soluciones, lo hacen con un coste social insoportable. ¿A alguno le suena?