sábado, 24 de agosto de 2013

Economía - Exportaciones: el Auténtico Brote Verde

Algunos Apuntes

Antes de ayer tuvimos conocimiento de las cifras de las exportaciones acumuladas hasta el pasado mes de junio. Aunque se podía intuir un dato cuando menos interesante, los números han sido mucho mejores de los previstos, alcanzando cotas inimaginables hace apenas unos meses, lo que sin duda supone un alivio para nuestra maltrecha economía.

Comencemos por explicar la terminología a todas aquellas personas ajenas a la materia. Por exportaciones netas entendemos el saldo resultante al sumar todas las exportaciones de nuestro país (esto es, bienes y servicios producidos en España que se venden más allá de nuestras fronteras) y restarle todas las importaciones (bienes y servicios producidos más allá de nuestra fronteras que compramos los residentes en España). Cuando las exportaciones superan a las importaciones en valor, entonces se produce un resultado positivo de las exportaciones netas que mejora la cifra del PIB de un país. Por el contrario, cuando las importaciones superan a las exportaciones, las exportaciones netas son negativas y reducen la cifra del Producto Interior Bruto. Uno de los principales desequilibrios de nuestro país durante los años de la burbuja fue, precisamente, el del sector exterior, lo que derivó en una cuenta corriente muy deficitaria y el consiguiente endeudamiento externo que financió nuestra "fiesta" durante años. Darle la vuelta a esta balanza es una cuestión relevante para salir de la actual coyuntura, no sólo por cuanto nos podría volver a ayudar a entrar en la senda del crecimiento, sino porque es el primer paso para poder financiar nuestra economía y devolver esa deuda externa acumulada durante la época del "boom". 

Es necesario explicar que el párrafo anterior no tiene nada que ver con nuestro déficit público y la necesidad de cuadrar nuestras cuentas  en ese aspecto. Hay una realidad que siempre se cumple en economía, y es que el ahorro es igual a la inversión. Dicho de otra forma, lo que los ciudadanos ahorramos, es lo que los bancos pueden prestar a las empresas y particulares para que éstos inviertan. En una economía global, aunque la ecuación se cumpla, se pueden producir desequilibrios internos. El ahorro Español, por ejemplo, no era capaz de financiar la inversión inmobiliaria que se produjo en nuestro país en el período 2000 - 2007, por lo que nos convertimos en importadores de ahorro. Es decir, los ahorros de los ciudadanos del resto del mundo financiaron nuestra "burbuja". El que ahora se de un superavit por cuenta corriente indica que no sólo nuestro país no requiera de ahorros de fuera para financiar sus inversiones, sino que tenemos capacidad para financiar con nuestros ahorros las inversiones de terceros, lo que de nuevo redunda en una mejora de nuestros desequilibrios.

Vamos con los datos. De acuerdo con el Secretario de Estado de Comercio, Jaime García - Legaz, durante los 6 primeros meses del año las exportaciones sumaron un total de 118.722 millones de euros un 8% que durante el mismo período del ejercicio 2012. Ésto, unido a una caída de un 3,2% de las importaciones en términos interanuales, ha supuesto una reducción del déficit comercial en un 68%, ya que las importaciones de los primeros 6 meses del año han sumado 125.179 millones de euros. Aunque las proyecciones no sean lineales, si España es capaz de mantener la tendencia el segundo semestre del año, podríamos terminar 2013 con unas importaciones cercanas a los 250.000 millones de euros (cifra estable y consistente con los años anteriores) y unas exportaciones que rozaran los 240.000 millones de euros, cifra histórica sin precedentes. Cabe destacar que en el año 2007, el déficit comercial de nuestro país superaba ligeramente los 100.000 millones de euros, un 10% de nuestro PIB. El Gobierno estima que este año cerraremos, "todavía", con un déficit de un 1%.

¿Qué significan estos datos? Todos los expertos coinciden en que, de entrada, son muy buenos. Mucho mejores de lo previsto. Como apunta Ignacio Conde - Ruiz, subdirector de FEDEA, lo increíble es que España lo haya conseguido sin devaluar su moneda. De nuevo para los menos doctos en la materia, explico. Tradicionalmente, cuando un país atraviesa por graves problemas económicos, una solución consiste en "imprimir" más billetes, metiéndolos en circulación, haciendo que la moneda de dicho país valga menos (se devalúe), lo que te hace más pobre, pero también más competitivo, de la noche a la mañana. Desde que estamos en el Euro, esa posibilidad no es factible, lo que da todavía mucho más mérito a nuestras empresas. No en vano el número de empresas exportadora ha aumentado un 9,5% en lo que llevamos de año, hasta las 92.877, según Jaime García - Legaz. Es el tercer año consecutivo en el que aumenta la base exportadora.

Para José Carlos Díez, profesor de ICADE, los datos también son muy buenos, aunque apunta que fueron mejores los del período 2009 - 2011 (añado yo que en un contexto tal vez menos duro que el actual) y tilda los mismos de brotes verdes.  Para José Ramón Pin Arboledas, profesor de IESE, los datos son especialmente meritorios, por cuanto se han producido en un momento en el que nuestros tradicionales socios comerciales, los países miembros de la UE, no sólo han visto reducidas sus exportaciones, sino que han estado sumidas en una recesión.

Desglosando los datos un poco más, nos encontramos con agradabilísimas sorpresas: en primer lugar, la capacidad de nuestras empresas por llegar a nuevos mercados, sobre todo Asia, África y América Latina, incluso Oceanía, si bien las exportaciones a dicho continente todavía "pesan" poco en el mix total. En cuanto a la tipología de las exportaciones, de nuevo nos encontramos con noticias sorprendentes: los bienes de equipo crecen un 18,7% y suponen ya el 21,2% de nuestras exportaciones (esto es, bienes con valor añadido, lo que siempre se nos ha echado en cara. Las aeronaves crecen por encima del 120%, así como también muestra un extraordinario comportamiento la maquinaria específica para la industria). Los productos agroalimentarios crecen un 6,7% hasta sumar ya el 15,1% del total. Los automóviles, por su parte, ya suponen 14,5%, lo que debería suponer un reconocimiento al buen trabajo hecho por sindicatos y representantes empresariales a la hora de atraer y preservar producciones de multinacionales en las fábricas de nuestro país.

Respecto al saldo por cuenta corriente, explicaba García - Legaz que éste ya sumaba un superávit de 2.400 millones. Como explicaba al principio, este dato, en sí mismo, significa que España ya puede financiar su economía con recursos nacionales. Aunque de por sí pudiera parecer una buena noticia, conviene desglosar las cifras y, como explicaba Soledad Pellón, Estratega de IG, tener en cuenta que las causas del superávit por cuenta corriente no siempre son buenas. Pueden darse porque bajen las inversiones, porque no haya liquidez, por una mala intermediación financiera o incluso por el envejecimiento de la población. Para Soledad Pellón, los datos aún son ambiguos y conviene no lanzar las campanas al vuelo.

El por qué de estos datos de las exportaciones tan positivos, requiere de un análisis más pormenorizado. Para Ignacio Conde - Ruiz, Subdirector de FEDEA, aún queda por ver si realmente se debe a la bajada de costes y a que somos más competitivos (de acuerdo con los datos del Secretario de Estado de Comercio, la productividad creció un 2,3%, lo que sumado a la contención salarial de los últimos meses, supone una caída de costes de un 3%) o si por el contrario las compañías están vendiendo por debajo de su coste marginal existencias atrasadas. Desde el punto de vista del sector del vino, y por aportar algo de luz a las palabras de Ignacio Conde - Ruiz, ese ejercicio ya se hizo durante los primeros años de la crisis. Como me decían en el Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero, de media, las bodegas tenían tradicionalmente 2 cosechas y media en stock. Ahora, apenas una cosecha y media. Sin financiación, ese camino ha habido que recorrerlo, pero no creo que haya sido en 2013.

Sin ser un dato empírico, tan sólo una percepción de una persona que pertenece a una empresa que prevé cerrar el ejercicio 2013 triplicando su cuota de exportación en apenas 6 años, sí que creo que hay un cambio cualitativo, cultural, que se está dando en la empresa española. Ahora salimos fuera sin complejos, a vender compitiendo en calidad, defendiendo nuestros productos. Como le comentaba a mi madre esta mañana, cuando éramos pequeños ver ganar un Tour a Perico Delgado o un Roland Garros a Arantxa Sánchez Vicario o Sergi Bruguera, era algo histórico. En Motos sólo ganábamos en cilindradas pequeñas (aún recuerdo el revuelo que se formó cuando Sito Pons ganó el mundial de 250 cc) y nuestras selecciones de fútbol y baloncesto se quedaban siempre o casi siempre a uno o dos pasos de luchar por los títulos en las principales citas internacionales. Que un español corriera la Fórmula 1 ya era algo alucinante y que Fernando Martín pudiera ser suplente de suplentes en los Portland Trail Blazers nos parecía estratosférico. En deportes como natación sólo llegaban medallas de nacionalizados o de Españoles formados en EEUU, como los hermanos López Zubero. Incluso en 1991 todavía se dudaba de si Barcelona iba a ser capaz de organizar unos juegos olímpicos como Dios manda. 

20 años después, España gana mundiales de fútbol, balonmano y baloncesto, los Rafa Nadal, Jorge Lorenzo, Fernando Alonso, Pau Gasol, las chicas del balonmano y el waterpolo, las de la sincronizada, Mireia Belmonte, Indurain o el mero hecho de que Madrid haya sido capaz de tutearse con Nueva York, Londres o París para organizar unos juegos olímpicos, nos demuestran que algo ha cambiado en nuestro país y que dicho cambio ha llegado también a nuestras empresas. Hoy las nuevas generaciones sabemos idiomas, estamos formados, somos muy profesionales, no nos ponemos límites y hemos perdido todos los complejos. Tenemos hambre. Las becas Erasmus, las posibilidades de viajar y salir más allá de nuestras fronteras nos han acercado en todos los ámbitos a nuestros vecinos de la vieja Europa. El cambio es imparable, y si nuestros gobiernos apostaran decididamente por el I+D+i y la educación,  el futuro sería aún más brillante. Las exportaciones son el principal cambio estructural de nuestra economía y lo estamos logrando entre todos los que formamos las empresas, directivos y trabajadores.

Desgraciadamente, la exportación aún no da para crear puestos de trabajo, al menos en una cantidad que frene la sangría vivida en los últimos años en todos los sectores. Nos queda la satisfacción, eso sí, de que los que crea son de calidad. La exportación, de momento, sólo puede ser el motor de arranque de la recuperación, no, al menos a corto plazo, el motor que nos haga dejar atrás esta horrible crisis, pero surge del buen hacer y el trabajo de miles de PYMES y cientos de grandes empresas, de muchísimos profesionales que se han reinventado y que, sobre todo, han cambiado el chip. Sí, por primera vez en 5 años, veo brotes verdes de verdad.




lunes, 19 de agosto de 2013

Economía - Rentabilidad Económica, Rentabilidad Social

Algunas Ideas

Hace unos días tuve la oportunidad de participar en un debate muy interesante respecto al último libro de Stiglitz, "The price of Inequality", en el cual se habla del coste que las desigualdades tienen en nuestros días, las cuales se han visto acuciadas con esta crisis tan brutal que nos lleva azotando ya 5 años. Es curioso cómo desde el 2008 se ha cambiado el foco y cómo para hablar de desigualdades, ya no se nos lleva al eterno contraste entre el norte y el sur, entre el mal llamado primer y tercer mundo. Hoy, desgraciadamente, asistimos a una destrucción brutalmente asimétrica de la riqueza en nuestras sociedades que, no sólo amenaza con quebrar la paz social que nuestras sociedades han tardado siglos en alcanzar, sino que nos hace mirar con perplejidad las enormes diferencias que se están dando dentro de los países de la OCDE. El mero contraste entre el aumento del desempleo y el beneficio bancario asombra, así como a la par nos hace pensar que algo no funciona bien en nuestro sistema económico.

Ocurre también que en este tipo de debates se tiende a echarle la culpa de todos los males que ocurren a los mercados, como si ellos mismos de por sí fueran capaces de montar líos morrocotudos como el que actualmente vivimos. Les asignamos cualidades humanas, los tachamos de crueles o injustos, ignorando que éstos simplemente son, que en virtud de las reglas del juego alcanzan unos equilibrios y que somos las personas con nuestros comportamientos las que realmente hacemos que dichos equilibrios sean o no positivos para el resto de la sociedad.

Lo hemos comentado más veces en este blog, pero todo surge de la interpretación errónea que se le dio al trabajo de Adam Smith. Para el economista y filósofo inglés, cuando los agentes que participan en un mercado tratan de maximizar su beneficio, la sociedad al completo se beneficia. Ello es así porque la rentabilidad económica se alinea con la rentabilidad social. Cada persona, la cual partiría en igualdad de oportunidades, cobraría en virtud de su productividad, los recursos se asignarían de forma eficiente y al final toda la sociedad se vería favorecida. En tal sociedad la riqueza se repartiría de una forma más bien homogénea, lo que incidiría en ese progreso social anteriormente señalado.

Ocurre, sin embargo, que los mercados no funcionan así y de ello era consciente el propio Adam Smith. Para empezar por el comportamiento oportunista de las personas, que siempre quieren obtener un poco más de lo que realmente les correspondería en un mercado en equilibrio. Pero también, y sobre todo, porque ninguna sociedad parte en igualdad de condiciones. No todo el mundo tiene las mismas oportunidades, ni acceso a los recursos de forma igualitaria (pensemos meramente en el crédito a día de hoy) y la información se reparte de forma asimétrica, lo que impide que se pueda dar una asignación eficiente de aquellos. En esas circunstancias, la rentabilidad económica va por un lado y la rentabilidad social por el otro. Cuando ocurre esto, se ponen de manifiesto las llamadas externalidades, que son ineficiencias del propio mercado que hacen que, quien se beneficie económicamente de una actividad, traslade parte de sus costes a la sociedad. Pongo un ejemplo extremo pero creo que muy claro: pensemos en una petrolera. Gana muchísimo dinero con la venta de gasolina, cual, al entrar en combustión, desprende muchísimo CO2 con los efectos tan perniciosos que ello genera. Sin embargo, los costes sociales derivados de dicha emisión los soporta todo el mundo, no sólo los accionistas de la petrolera. Para corregir esas externalidades aprecen los estados como agentes económicos. Vía legislación, tributos, etc., tratan de paliar aquellas, de marcar unas reglas del juego que de alguna forma permitan que rentabilidad económica y social se alineen.

Pero al estado también le corresponde proveer a la colectividad de aquellos bienes y servicios que por cuestiones de interés general, su provisión no debe ser confiada al mercado. Hablamos de la sanidad y la educación, por ejemplo, las cuales son básicas para la creación de un sistema que fomente una cierta igualdad de oportunidades y de acceso a los recursos. No encuentra tan fácil un trabajo una persona con estudios que otra sin ellos. Y sin acceso al mercado laboral, tampoco hay acceso a otros muchos mercados.

Ocurre, sin embargo, que las personas que participan en los gobiernos, esas que tienen que fijar las reglas del juego, suelen tener también sus propios intereses. Y de un tiempo a esta parte, sobre todo si nos fijamos en nuestro país, éstos impiden a menudo que se tomen decisiones que precisamente favorezcan la citada alineación entre rentabilidad económica y rentabilidad social. Si, por ejemplo, hay sospechas más que evidentes de financiación ilegal de los partidos con sorprendentes deducciones fiscales a las compañías más grandes de un país, o si los bancos reestructuran o condonan deudas a los partidos, o si los políticos de turno, dos años después de haber salido de un gabinete, nacional o autonómico, terminan colocándose en empresas que se han beneficiado de su gestión en el erario público, caben las dudas de si realmente se legisla para toda la sociedad, buscando beneficiar a una colectividad, o simplemente se toman decisiones para favorecer a unos cuantos que se aprovechan de las mismas y pervierten el correcto funcionamiento del mercado. Si la clase política se extralimita en su función económica, entonces el sistema colapsa porque se corrompe.

Pero por encima de todo, pienso que hay un error conceptual en las intepretaciones de los escritos de Adam Smith. Cuando éste hablaba de maximizar el beneficio, postulaba una alineación, como decía al principio, entre rentabilidad social y rentabilidad económica. Y hoy en día, lo que cabe dentro de dicha interpretación, es la "creación de valor" para todos los grupos de interés. Se trata, en definitiva, de que los accionistas obtengan una rentabilidad apropiada, pero también que los trabajadores tengan un salario justo pactado con base a mecanismos de negociación colectiva, que las relaciones con los proveedores sean cooperativas, que realmente haya una preocupación por aportar utilidad al consumidor y todo ello controlando el impacto de la actividad sobre el entorno. Sólo con una  verdadera visión inclusiva en la gestión de los stakeholders se puede fomentar una verdadera alineación entre rentabilidad económica y rentabilidad social.

Nos han vendido, de un tiempo a esta parte, que esta visión inclusiva, la cual encaja dentro del esquema de la llamada Responsabilidad Social Corporativa , es incompatible con el beneficio empresarial, por cuanto detrae rentabilidad al accionista. Se nos ha hecho creer también que la RSC es filantropía o ecologismo, meros parches para tapar vergüenzas y lavar la cara de multinacionales que operan sin escrúpulos por todo el mundo. Y lo cierto es que no tiene nada o casi nada que ver con todo ello. Los estudios demuestran que aquellas empresas más orientadas a la sociedad suelen mostrar mejores comportamientos financieros a largo plazo, gozan de una mayor satisfacción entre sus empleados (lo que incide en una menor rotación de plantilla y en un menor coste de transacción) y una mayor reputación, lo que favorece, sin lugar a dudas, sobre las expectativas previas que se generan anteriores al momento de la compra por parte del consumidor. En definitiva, y como en alguna ocasión hemos contado en El Disparadero, no sólo no detrae la riqueza del accionista, sino que incluso puede darse la paradoja de que la aumente. A fin de cuentas, ninguna empresa puede vivir de espaldas a la sociedad en la que se desenvuelve.

Respecto al llamado "mercado", termino con otra idea repetida hasta la saciedad en este blog: el progreso de una sociedad debe de ser también moral. No podemos exigirle a la empresa comportamientos que nosotros como colectividad no llevemos a cabo en nuestras decisiones de compra o inversión. Ambas son un ejercicio de democracia diaria que no siemper ejercemos con responsabilidad. Al final las empresas buscan ganar dinero y siempre terminarán destinando recursos hacia aquellas actividades que les generen mayores retornos. Por eso es tan importante nuestra labor como ciudadanos.

En cualquier caso, y como explicaba hace unas líneas, por muy bien que lo hagamos como sociedad y por muy buenas que sean las empresas, es muy probable que los equilibrios que alcancen los mercados  no sean ni mucho menos los óptimos. Porque no todos tenemos acceso a todos los recursos, porque el reparto de la información es asimétrica y porque, en el fondo, el comportamiento oportunista de las personas siempre estará ahí. A los gobiernos les corresponde fijar, como explicaba, sistemas tributarios justos, reglas del juego que garanticen la igualdad y entre ellos se encuentran, como también decía, el acceso a la sanidad y a la educación, aspectos que históricamente han sido claves para que el desarrollo económico y social hayan ido de la mano. Me gustaría pensar que quiénes nos dirigen son simplemente ignorantes y sus recientes disparates son sólo fruto de su falta de conocimiento. Al menos eso tendría un pase. Aunque el estado siempre tenga sus propios intereses. Y sus dirigentes también.



miércoles, 7 de agosto de 2013

Economía - Breve Crítica a "los Diez Mandamientos" del FMI para España

Una Visión Crítica

A estas alturas de la vida y de la actual coyuntura, no pretendo dármelas de sabio o gran conocedor de la Macroeconomía. Más bien admito que es un área de conocimiento que me gusta, pero que mi carrera de Administración y Dirección de Empresas casi pasó de soslayo por la misma, por lo que no me queda más remedio que reconocer mis carencias en la materia. Pero una cosa es esa, y otra es el sentido común, el afán por la lectura y por saber qué ha pasado en coyunturas anteriores similares a la actual. Es por ello por lo que de un tiempo a esta parte uno no deja de sorprenderse con las "recomendaciones" o "dogmas" que el FMI lanza a modo de dardo envenenado una semana sí y otra también. Lo último han sido sus "diez mandamientos" para que nuestro país deje atrás la crisis y salga reforzado de la misma. No digo que los mismos no tengan su sentido, pero para el FMI España debe ser una especie de laboratorio de ideas en el que experimentar remedios que casi nunca tienen en consideración el impacto de las mismas sobre las personas. Y cuando la economía no tiene en cuenta el sufrimiento de la gente, no es sostenible. Al final las sociedades siempre se levantan.

Lo primero que apunta el FMI es que en España se deben bajar los salarios, bajar las cotizaciones sociales y posteriormente subir el IVA. La excusa es que con ello España podría mejorar su competitividad y seguir creciendo con sus exportaciones. Con la segunda medida, el FMI piensa que España podría terminar de reducir su déficit público. Académicamente tiene sentido, pero con el sentido común en la mano, que como suele decir mi abuela, a menudo es el menos común de los sentidos, yo no le encuentro ninguno. Una bajada de un 10% de los salarios (cuantía que propone el organismo presidido por Christine Lagarde), conllevaría muy probablemente un crecimiento de la mora de las hipotecas de las familias. En paralelo, deprimiría más el consumo, lo que haría que las empresas se vieran abocadas a vender más barato lo que, en consecuencia, reduciría sus EBITDAS, e impediría que pudieran cumplir con la banca. Recordemos que España sigue teniendo un problemón de deuda privada. Todo ello haría que la banca tuviera que incrementar sus provisiones, deteriorando sus balances hasta tal punto que, muy posiblemente necesitase un segundo rescate, lo que, de nuevo, incrementaría nuestro déficit público. Esta medida sólo tiene sentido si lleva aparejada una condonación o quita de buena parte de las deudas del sector privado con nuestras entidades financieras, pero ello, de nuevo, dejara muy tocadas a éstas.  Hoy Oli Rehn se ha subido al carro e insiste en que una bajada de los salarios, además de mejorar la competitividad, haría que disminuyera la inflación, lo que podría animar el consumo, pero obvia que a la par haría que la deuda privada creciera exponencialmente en términos relativos. Alucino. 

Soy el máximo defensor de la apertura de nuestra economía y, creo firmemente, que el principal cambio que se está dando en nuestro país es precisamente el incremento de las exportaciones. Pero éstas todavía no compensan la caída del consumo interno. Las compañías españolas no son menos competitivas que las empresas estadounidenses de parecida dimensión, pero el problema es que a las nuestras les falta, a menudo, masa crítica. Y cuando más grande es una  empresa, mayor suele ser su productividad. No basta con bajar salarios para ser más competitivo. Necesitamos dimensión también, pero sobre todo educación e I+D+i.

La segunda idea del FMI es subir el IVA de determinados productos que tienen un tipo reducido o súper reducido con el fin de ayudar a que se reduzca el déficit público. Lo de esta gente con los impuestos es algo más que llamativo. La ley de Laffer señala que no siempre que se suben los impuestos aumenta la recaudación. Cuando un tipo impositivo es demasiado alto, incluso puede hacer que ésta caiga. Bien, tras las medidas del gobierno de Mariano Rajoy en el año 2012, la presión fiscal para un español con salario medio, soltero, fue de un 41,4%, lo que implica un incremento de un 1,4% respecto al año anterior. Ningún país de la OCDE experimentó tal subida. De la misma forma, pocos países de la OCDE han sufrido una recesión tan dura como la nuestra. Sinceramente, creo que no hay cabida para nuevos incrementos tributarios, y es más, yo no conozco ninguna crisis de la que se haya salido subiendo impuestos. Más bien al contrario.

La tercera idea apunta a que en España el paro seguirá siendo muy elevado durante varios años, cosa que todos intuimos desgraciadamente. Pero al margen de recomendar bajar los salarios, no dice nada nuevo. El proceso de recuperación del empleo va a ser terriblemente largo por una cuestión de cajón. España necesitaba, antes de la actual reforma, crecer por encima del 2% para generar empleo. Ahora mismo es una incógnita, tras la reforma del mercado laboral, si se podrán crear puestos de trabajo con tasas menores, pero en cualquier caso, parece que la expansión de nuestro PIB no superará el 1% en los próximos años. Me hubiera gustado saber qué opina el FMI del contrato único o sobre la necesidad de cambiar el modelo de negociación colectiva en nuestro país, el cual se ha demostrado terriblemente ineficiente. O se opta por el modelo nórdico o por el americano, pero quedarnos como estamos es condenarnos a repetir errores.

La cuarta idea está relacionada con el déficit público. Confirma que no se van a cumplir con los nuevos objetivos, cosa que parece razonable, pero elogia los esfuerzos de nuestro país en la consolidación fiscal. Mantengo que lo que hicimos el año pasado fue encomiable: en un entorno de durísima recesión, se redujo el déficit público de una manera notable. Pero dicho ésto, no es menos cierto que todo el esfuerzo lo han hecho familias y empresas, sobre todo PYMES. La reforma de la administración todavía es un mero borrador, por ejemplo, y el ahorro de gasto público se ha hecho en buena medida con cargo a sanidad y educación, lo que ahonda en la desigualdad social, clave para un desarrollo sostenible. Entiendo, que cuando un ex político dirige un organismo como el FMI (véase Rato, Strauss Khan o Lagarde) es difícil que ataque a los de su casta. Lamentable. Ni una palabra sobre el excesivo número de cargos y duplicaciones de la burocracia de nuestro país.

El quinto punto se refiere al crecimiento en España, el cual bajo su punto de vista será famélico en los próximos años. Yo vislumbro una salida a largo plazo también, pero no quiero pasar por alto el informe del equipo de estudios del BBVA, el cual suele acertar casi siempre y que hoy nos ha dado una alegría. Podríamos estar saliendo de la recesión e incluso crecer un 0,9% el año que viene. Todo lo que sea crecer por debajo del 2% es poco, porque estamos en un pozo muy profundo, e insisto en que el camino será largo, pero a estas alturas nos sobra gente tóxica.

La sexta idea alaba el cambio dado por nuestro país y el buen funcionamiento de nuestras exportaciones. Le ha faltado decir que desde luego no ha sido gracias al FMI y sí al buen hacer de una nueva generación de empresarios y emprendedores que han comprendido que el mundo es maravillosamente global y que puede competir sin complejos en cualquier mercado.

El séptimo punto toca el manido asunto de la banca. Según el FMI debe ayudar al desapalancamiento, pero ello sólo será posible si de paso le fuerzan a que fomente cierto revolving que favorezca el progresivo desendeudamiento de las empresas y familias, así como que favorezca quitas explícitas o implícitas (alargando plazos con cuotas progresivas y crecientes) que permitan que la inflación, con permiso de el señor Rehn, haga su trabajo.

El octavo punto aborda el llamado "Plan de Insolvencia Personal", el cual buscaría fomentar que, cuando una persona se vea abocada a la quiebra personal y pierda su vivienda, tenga facilidades para volver a empezar. Se insta a nuestro país a que tome ejemplo de otros países europeos. En este caso estoy totalmente de acuerdo. Cuando una persona pierde la vivienda, recibe ya un castigo económico y moral descomunal. Es terriblemente injusto que las pérdidas sean asimétricas y que la banca no asuma también sus errores al dar préstamos que a lo mejor no tenía que haber concedido.

La novena idea está relacionada con el cálculo de las pensiones. En este punto también tengo que estar de acuerdo con el FMI, aunque pueda parecer injusto. Sin natalidad, con los inmigrantes marchándose ante la falta de trabajo y con la gente viviendo más años, no queda otra que ampliar los plazos de cotización, si bien me parece justo también que se ponderen las diferentes circunstancias de las personas de cada país. En paralelo echo de menos que no se inste a nuestro gobierno a fomentar, precisamente, medidas de crecimiento demográfico. Al final el crecimiento económico tiene que ver mucho con ello.

Por último, el FMI habla en su último punto acerca de la ley de colegios profesionales. Honestamente, no puedo aportar nada en este punto

Así pues el tiempo dará y quitará razones, pero el FMI, "experto" en "liarla" en algunos países en vías de desarrollo, nos propone unas recetas que básicamente creo recargan aún más la presión sobre familias y empresas, lo cual me sigue pareciendo profundamente injusto. Doctores tiene la iglesia y el FMI cuenta con magníficos profesionales, pero entre ellos, y a la cabeza de los mismos, se encuentra una persona que aceptó subir los tipos de interés en el año 2008 cuando se veía venir el tsunami financiero que ha arrasado las vidas, puestos de trabajo y esperanzas en un futuro mejor de millones de ciudadanos en todo el mundo. Aunque sólo fuera por ellos, nos merecemos que las ideas de este tipo de organismos comiencen por reconstruir nuestra maltrecha economía, pero esta vez ligándola al desarrollo humano, en definitiva a las personas.










sábado, 3 de agosto de 2013

Economía - Datos del Paro de Julio: Vaso medio lleno, vaso medio vacío

Breves Apuntes

Tras las buenas noticias de la EPA del segundo trimestre del año, convenientemente matizadas en este blog hace unos días, ayer tuvimos conocimiento de los datos de paro del pasado mes de julio a tenor de lo registrado en los Servicios Públicos de Empleo. Aunque la metodología empleada para el cálculo es diferente y, en consecuencia, los datos arrojados por ambas encuestas también lo sean, la tendencia es similar: se reduce el desempleo, lo cual siempre es una buena noticia, pero existen todavía muchas sombras que no deben permitir que alcemos las campanas al vuelo antes de tiempo.

Como siempre que aparecen estos datos, los periódicos de cada línea editorial barren para su casa las cifras y presentan unas realidades que no son. Al menos en su totalidad.. Ni como apuntan algunos estamos ya en un cambio claro de tendencia, ni como apuntan otros lo que está ocurriendo es sólo por la campaña estival. Por mi parte voy a tratar de desglosar los datos para facilitar el análisis de cada uno, dejando sólo para el final mis apreciaciones personales.

1) El paro descendió el pasado mes de julio en 64.866 personas, lo que supone uno de los mejores datos de toda la serie. En concreto, la media histórica de la caída del desempleo durante dicho mes es de 33.008 personas, lo que nos indica que en sí mismo julio ha sido un buen mes. Es decir, verano hay todos los años, y todos los veranos cae el desempleo, pero casi nunca con tanta fuerza como en este 2013. Cabe recordar, además, que en 2012 el dato fue de 27.814 personas. La cifra de paro se sitúa, de acuerdo con los Servicios Públicos de Empleo, en 4.698.814 personas. Es justo decir también que, con un número tan elevado de desempleados, es más sencillo que mejoren los datos a poco que amaine ligeramente el temporal.

2) En lo que llevamos de año 2013, el número de parados ha disminuido en 149.909 personas y desde el mes de marzo, tras un horrible inicio de año, dicha cifra se ha reducido en  341.408 personas. Desde el año 2007, además, no se habían vuelto a encadenar 5 meses de caídas consecutivas. Pese a todo, hay 111.359 desempleados más que en julio de 2012, conviene recordarlo, y 278.000 personas más que cuando Mariano Rajoy asumió la presidencia de gobierno.

3) El paro desciende en todos los sectores, si bien el sector servicios es responsable de la caída del mismo en casi un 60%, lo que, efectivamente, denota que hay un fuerte factor estacional que explica la reducción del desempleo durante el mes de julio. Me parece interesante que en la industria el paro haya bajado en más de 11.000 personas, puesto que no es un sector al que le afecte especialmente el período estival. Pese a todo, en términos desestacionalizados, esto es, sin tener en cuenta el "efecto verano", el paro ha subido en algo más de 7.000 personas. Es el segundo mes de subidas tras una primavera prometedora. Ese dato es preocupante.

4) El paro desciende en ambos sexos y entre los jóvenes menores de 25 años.También lo hace en todas las comunidades autónomas salvo en Aragón. Esto merece una reflexión aparte que dejo para las conclusiones.

5) El número de afiliados a la Seguridad Social sube en 32.890 personas, lo cual es infinitamente mejor que el dato de julio de 2012, cuando dicha cifra subió tan sólo en 4.896 personas. Pese a todo, en términos desestacionalizados, nos encontraríamos con una caída en las afiliaciones de algo más de 57.000 personas, lo que, objetivamente, es un mal dato.

6) En lo que llevamos de año se han hecho 43.000 contratos menos que durante el mismo período del año 2012. En paralelo, tan sólo el 6,79% de los nuevos contratos firmados durante el mes de julio son indefinidos, lo que sin duda es muy preocupante. Por el contrario, una de las mejores noticias es que el número de autónomos afiliados al régimen especial del mismo, aumentó durante el mes de julio en 4.369 personas.

Conclusiones:

El dato de paro del mes de julio es bueno, por cuanto mejora la serie histórica. Se debe tener en cuenta, no obstante, que partimos de unas tasas de desempleo inaceptables y que, por lo tanto, como decía, es más sencillo que las cifras se adecenten a poco que se anime ligeramente la actividad.

Es cierto que existe un efecto estacional que marca significativamente los datos del verano, por cuanto nuestro modelo económico, al menos hasta la fecha, se sustenta en el turismo y éste vive su momento álgido en el período estival, como por otra parte es razonable. El que el principal empleo que se haya creado haya sido en el sector servicios, el que la principal comunidad autónoma creadora de empleo haya sido Andalucía y el que el número de contratos indefinidos firmados haya sido tan bajo, no hace sino dar la razón a quiénes indican que tras estos datos lo que hay es, fundamentalmente, un mero alivio que se da cada año entre los meses de mayo y julio.

Dicho lo anterior, también hay dos apuntes que me parecen significativos y se deben resaltar, ya que creo que sí que marcan un leve cambio de tendencia, como señalaba hace unos días en este blog. Uno, el paro desciende también en comunidades dónde no hay efecto turismo. Y dos, el paro baja en el acumulado de todo el año habiéndose firmado menos contratos que durante el mismo período del 2012, lo que refleja una realidad también interesante: se está dejando de destruir empleo, y ese es el primer paso para la recuperación. En buena medida porque los mercados se terminan ajustando, incluso por sí mismos. En paralelo, el dato de autónomos indica que hay algo más de confianza en la actual coyuntura, o por lo menos, menos desconfianza que hace unos meses. 

Existe, sin duda, un efecto desánimo que expulsa a la gente del mercado laboral, o incluso fuera de nuestras fronteras: Inmigrantes que se vuelven a sus países de origen, españoles que buscan trabajo en otros lugares, o incluso gente que, harta de esperar, se borra de las listas del Servicio de Empleo Público. Ello cuadra la ecuación que se forma entre nuevos contratos, despidos, afiliaciones a la seguridad social y cifra de paro.

Por lo tanto, más allá del período veraniego,las filias y fobias de cada uno, así como sus opciones políticas, creo que los datos invitan sobre todo a la prudencia. En los próximos meses lo razonable es que aumente el paro (en agosto siempre lo ha hecho, incluso en períodos expansivos), por cuanto una gran parte del empleo creado es temporal, como apuntaba anteriormente. Sin embargo, como explicaba, la destrucción del mismo parece estar llegando a su fin. La clave va a estar en los datos desestacionalizados de los próximos meses.

Termino con dos últimos apuntes: el primero sin rigor científico, pero creo que de valor añadido, por cuanto me lo trasladó una directiva de una importante multinacional de trabajo temporal cuando empezó esta coyuntura allá por el año 2008: "Fernando, nuestro sector es el primero que ve reducida su actividad cuando las cosas comienzan a ir mal y la primera en reactivarse cuando mejoran". Lo justificaba argumentando que la gente, cuando percibe que las cosas van ligeramente mejor y comienza a crear empleo, lo hace vía contratos temporales y suele acudir a este tipo de ETT´s. Es cierto, además (y desgraciadamente), que muchas empresas españolas utilizan este tipo de conciertos de forma fraudulenta, por cuanto su uso está muy restringido en nuestro ordenamiento jurídico. Ojalá estemos en ese punto y que al menos una parte de los contratos temporales firmados reflejen una realidad indefinida y puedan consolidarse de aquí a final de año. Personalmente, no lo tengo del todo claro, pero asumo que pudiera ser, al menos parcialmente.

El segundo apunte es una reflexión de mi abuelo, que a sus casi 90 años sigue teniendo momentos de lucidez asombrosa: "España lo que necesita realmente son 500.000 empresarios que creen 10 puestos de trabajo cada uno". Asumiendo que muchos de los nuevos autónomos son potenciales empleadores, en julio ya hemos conseguido un 1%. Hay que seguir por ese camino.

Así pues, se puede ver el vaso medio lleno o medio vacío. Optimista como soy, y ávido de recibir buenas noticias, prefiero verlo de la primera forma. En cualquier caso, me reafirmo en lo dicho estas semanas. Estamos en un punto de inflexión, pero la recuperación será muy lenta. Dejo para esta semana las recetas del FMI al respecto. Uff...