domingo, 29 de septiembre de 2013

Economía - 2014, ¿el año de la recuperación?

Algunos Apuntes

El viernes, tras reunión del Consejo de Ministros, aparecieron en la rueda de prensa posterior el Ministro de Economía, Luis de Guindos, la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda, ni más ni menos que para presentar unas mejoras en las previsiones macroeconómicas del gobierno, así como para anunciar los presupuestos del 2014, los cuales, según los representantes del gabinete que preside Mariano Rajoy, serán los de la recuperación. 

En el fondo, la corrección que ayer hizo el gobierno va en sintonía con las que han hecho diferentes instituciones y equipos de análisis desde el pasado mes de agosto: parece que, por fin, tras 11 trimestres en caída libre, la economía española podría abandonar la recesión (si no lo ha hecho ya) y comenzar a crecer. Pero una cosa es salir de la recesión, y otra muy diferente la recuperación, como bien dijo Mariano Rajoy el otro día (y ya me preocupa estar de acuerdo con un presidente de gobierno). Creo que muy posiblemente hemos tocado fondo, pero también que aún falta para salir de la crisis. No puede ser de otra forma cuando se anuncian unas previsiones macroeconómicas que auguran una tasa de paro por encima del 26% a finales del año 2014, aún cuándo éstas muestren un PIB (¡por fin!) en positivo y sean bastante más halagüeñas que las de hace apenas unos meses.

Y es que, desgraciadamente, el paro va a ser el principal lastre para la recuperación de la economía española. Hace unos días hablaba con una persona del equipo de Fátima Báñez. Esta persona es técnico, no político, y me comentaba que los diferentes estudios que se estaban llevando a cabo para evaluar la reforma laboral están arrojando algunos resultados sorprendentes para bien. Son conscientes de que no se está generando empleo, que las bajadas del paro son más bien una consecuencia que deriva de toda esa gente que deja de buscar trabajo de forma activa, de aquellos que se marchan a buscarlo más allá de nuestras fronteras o, lógicamente, de cuestiones fundamentalmente estacionales, como la campaña turística, por ejemplo. Pero esta persona también me decía que las evidencias muestran que nunca antes en nuestra economía se había logrado dejar de destruir empleos en recesión. Incluso se atrevía a aventurar, de acuerdo con un estudio que se ha llevado a cabo a través de diferentes catedráticos de economía y que maneja el Ministerio, que nuestro país podría comenzar a crear empleo con cierta fuerza a partir de un crecimiento en torno a un 1%, lo que, sin duda, y si realmente se produce, sería un hito a tenor de cómo se ha comportado nuestro mercado laboral históricamente. Sin embargo, cuando según la EPA hay casi 6 millones de personas en paro, que nuestra economía sólo vaya a crear 16.000 puestos de trabajo el año que viene, de acuerdo con las previsiones del gobierno, no debe permitirnos hablar de recuperación. Aunque el PIB, repito, pinte en positivo, 

No se trata tampoco de fustigarse. Esta vida es de los optimistas y yo, desde luego, creo encontrarme entre ellos. Pero esta crisis es histórica. Partimos del subsuelo. Del infierno incluso. Las ventas de coches, por ejemplo, están al nivel del año 1.985, nuestras familias y empresas, aunque estén haciendo sus deberes, siguen todavía endeudadas, la banca no presta un euro a nadie y a nuestro sector público le sigue quedando un período de ajuste, como la nueva congelación de salarios de los funcionarios nos ha vuelto a recordar. No olvidemos que no hay precedentes en la economía moderna de nuestro país de unos ratios de deuda pública en relación al PIB como los actuales. Las mejores noticias nos llegan, como también se ha apuntado en este blog, desde las exportaciones, las cuáles demuestran que, efectivamente, comienza a haber un caldo de cultivo en nuestras empresas que realmente puede dar lugar a un cambio de modelo a poco que las inversiones en educación vayan bien encaminadas y se llegue a un gran pacto de estado entre todos los partidos, comunidad educativa, empresarios y sindicatos. Parece quimérico, pero no va a quedar otra. Sólo van a crear empleo a corto plazo las empresas que exporten y, desgraciadamente, la preparación de muchos de nuestros desempleados está en las antípodas de lo que realmente va a requerir el mercado laboral.

Porque en buena medida, el buen comportamiento de las exportaciones ha venido determinado por dos cuestiones fundamentales. Por un lado, y esa es la buena noticia, por el creciente emprendimiento y pérdida de complejos de nuestra clase empresarial. Por otro, y esta es la no tan buena, por una mejora de la productividad de nuestras empresas que tiene como fundamento básico la caída de los costes laborales. Desde el año 2010, los salarios han bajado en nuestro país en términos reales un 7,10% en términos reales. Y la devaluación interna, desgraciadamente, aún no ha finalizado conforme a los datos públicos que se han venido conociendo estos meses. En el primer trimestre del año, los costes laborales han caído un 0,7% frente al crecimiento del 1,6% que se ha dado en el cómputo de la eurozona. España tradicionalmente ha mostrado un problema de productividad, el cuál se agravó incluso durante la época de bonanza vivida durante la burbuja inmobiliaria. Ahora, la productividad mejora porque se destruye empleo y nuestras empresas son capaces de fabricar lo mismo empleando menos recursos, en este caso, humanos.  Ello tiene que ver en buena medida con nuestro modelo productivo.

Pero esta mejora de la productividad no se va a poder producir eternamente. España sigue estando lejos del este de Europa y de Asia en lo que a costes laborales se refiere. Aún así, no creo que ese sea el camino que nuestra economía deba seguir. Dicho de otra forma, los costes laborales son un factor de competitividad, pero nunca un elemento diferencial sobre los que un país como España pueda asentar una ventaja competitiva, como los expertos de PriceWaterHouseCoopers señalaban en un reciente estudio elaborado al respecto. Desgraciadamente en España siguen pesando mucho los servicios y las industrias intensivas en mano de obra de baja cualificación, como la construcción. Nuestra economía adolece de un déficit histórico de productividad fundamentalmente derivada de la escasa apuesta que se ha venido haciendo por el I+D+i, pero también por las carencias formativas que a día de hoy se siguen dando. 

Una gran parte de ese 27% de población activa que a día de hoy está en el paro, abandonaron sus estudios para dedicarse al ladrillo. No han hecho otra cosa en su vida laboral que trabajar en un sector, el de la construcción, al que todavía le quedan muchos años de ajuste, aún cuando el turismo siempre tire un poco del mismo. La verdadera recuperación llegará cuando España defina su modelo productivo, el cual, a corto plazo, sólo podrá aspirar a mejorar lo que ya tenía, por mucho que nos duela, y trace un camino a largo plazo por el que discurrir por encima del gobierno de turno. A Corea del Sur le ha costado 30 años llegar a ser la potencia tecnológica que es a día de hoy, pero cuestiones culturales al margen, es un buen ejemplo al que imitar. Cuando Alemania vio como caía su PIB un 5% en 2009, su mercado laboral apenas se resintió, y eso se debió, fundamentalmente, a que su economía es capaz de producir bienes de alto valor añadido con una mano de obra muy cualificada.

Así pues, el 2014 será, muy probablemente, el año en el que se consolide la salida de la recesión, en el que estoy convencido de que nos superaremos e incluso mejoraremos las previsiones macroeconómicas que se presentaron el viernes, pero lo que realmente me gustaría es que también fuera el año en el que, por fin, entre todos, sentemos las bases de lo que realmente queremos ser (que no creo que sea Eurovegas). Como apuntaba José Luis Martínez Campuzano esta mañana en el suplemento de Economía del diario ABC, al final la economía siempre encuentra su camino, y éste será el más adecuado si las autoridades crean un contexto idóneo y no hay imponderables que generen accidentes. Que se pongan a ello. El camino a la verdadera recuperación será tortuoso y, desgraciadamente, sólo acaba de comenzar. 


sábado, 14 de septiembre de 2013

Economía y Sociedad - A vueltas con Cataluña

Algunos Apuntes

Quién más o quién menos, creo que todos nos hemos sentido abrumados ante el clamor nacionalista que se ha vivido esta semana con motivo de la Diada en Cataluña. Para algunos será motivos de euforia, para otros de preocupación, incluso cabreo, y para la mayoría, creo, causa de estupor ante la sensación de que, como me decía un buen amigo catalán hace apenas unos días, algo se nos ha ido de las manos a todos, en Cataluña y en el resto de España. Vivimos en un incendio fuera de control de difícil solución.

Y es que en Cataluña se dan todos los ingredientes para que calen los mensajes populistas, radicales y excluyentes. Basta con pensar el caldo de cultivo que propiciaron movimientos parecidos (contextos históricos aparte) durante el siglo XX: una situación económica muy complicada, una sensación de agravio, incluso de humillación y desafecto, y unos políticos con mucho que ganar incendiando al pueblo. Si a eso le unimos que al otro de lado de Cataluña hay otros políticos más bien pensando en cómo ganar votos en lugar de tratar de apagar el incendio, lo que a menudo se traduce en declaraciones que sólo sirven para caldear más el ambiente, nos encontramos con que en lugar de apaciguarse los ánimos y buscar puntos de encuentro, la sensación de desafecto cala en la ciudadanía y tantos unos como otros, pese a necesitarnos mutuamente más que nunca, hacemos hincapié en lo que nos separa, que sigue siendo mucho menos que todo aquello que nos une. El que escribe estas líneas, para que quede claro, es un madrileño enamorado de mi ciudad, pero orgulloso de sus raíces catalanas que me vienen por parte de mi abuela y mis bisabuelos, de ese ejemplo de modernidad y apertura, referente para el resto de España, que han sido Cataluña y Barcelona durante muchísimos años.

Como en alguna ocasión he apuntado en este blog, cuando se habla de sentimientos, poco se puede decir, ya que éstos pertenecen a cada uno. Son personales e intransferibles. Sin embargo, es cierto, y a los datos me remito, que la inmensa mayoría de los que manifestaron el pasado día 11 son independentistas (mis disculpas si alguno de los asistentes no se identifica como tal) de nuevo cuño. Es decir, la polarización de las opciones políticas en Cataluña es reciente. Recordemos que no hace tanto que gobernaba el PSOE. Y ahí es dónde surgen las preguntas. ¿Qué ha pasado de un tiempo a esta parte? Personalmente apunto a la irresponsabilidad de la clase política, que nos ha envilecido a unos y a otros con medias verdades en este tiempo.

Me dejo al margen mis pensamientos políticos y me pongo con los datos económicos. Como apuntaba hace un año en un post colgado en este mismo blog, existen dos reclamaciones básicas que se han podido leer y escuchar de un tiempo a esta parte desde Cataluña. La primera, que no existe una justicia territorial en nuestro sistema fiscal. Y la segunda, que las inversiones del estado en Cataluña no se corresponden con lo que debiera ser conforme a lo que aportan los ciudadanos catalanes a las arcas del estado. Respecto al primer punto, recomiendo a todos las lecturas de los artículos que se cruzaron el año pasado los profesores Abel Fernández García (I y II) y Xavier Sala y Martín, así como también la monografía "Las diferencias regionales del Sector Público", publicado por la Fundación BBVA e Ivie en el que ha participado el propio profesor Abel Fernández. Esta última calcula el efecto redistributivo del sector público teniendo en cuenta los cuatro niveles de administración existentes (Administración Central, Seguridad Social, Comunidades Autónomas y Corporaciones Locales). Para ello se detraen de la renta per cápita primaria los impuestos y tributos que gravan a los ciudadanos de cada Comunidad Autónoma para a continuación añadir los pagos en transferencias (prestaciones por desempleo, pensiones, etc.) y servicios en especie (educación, seguridad, sanidad, etc.) que reciben los ciudadanos en función de la comunidad en la que se encuentran. Traduciendo: lo que gana cada ciudano de media en cada Comunidad Autónoma menos los impuestos que paga, más las transferencias que recibe. El resultado es llamativo para el período 2000 - 2008: 

Sólo tres comunidades autónomas presentan un saldo negativo (de media) frente al resto del país en el período de análisis: Madrid, Cataluña y Baleares. Esto quiere decir, con ciertos matices, que estas tres comunidades son financiadoras del resto.

Que, como los autores apuntan, no es posible determinar un sistema de redistribución óptimo para un país como España, por lo que se trata de analizar es de si el actual sistema es igualitario. Viendo los datos e introduciendo matemática, cabe concluir que el resultado es dispar, pero que a Cataluña, a Madrid y a Baleares se les trata de una forma justa. Según el informe, los ciudadanos de Madrid pierden tras la acción del sector público un 8% de su renta primaria, los catalanes en torno a un 2% y los baleares algo menos. Es cierto que Madrid, por ser capital del Estado, recibe una serie de inversiones, e incluso de intangibles difícilmente ponderables, pero también que, a tenor de los datos, no existe aparentemente un agravio para Cataluña o Baleares, como tampoco se debiera sentir Madrid agraviada por aportar más al conjunto del estado.

Que existen tres comunidades autónomas cuyos balances son sorprendentes y que sí que reciben un trato de favor. Por un lado, País Vasco y Navarra, las cuales, por sus sistemas forales gozan de una situación mucho mejor que el resto. Por ejemplo, la primera debiera aportar casi un 4% de su renta primaria para estar en sintonía con el resto, y a cambio recibe casi un 5%. Navarra, por su parte, debería aportar un 5% de su renta primaria y en cambio recibe más de un 1%. Asturias, curiosamente, tiene una renta per cápita muy parecida a Murcia, pero recibe un 10% más que el resto de comunidades. Es cierto que existen motivos históricos detrás de estos conciertos forales, pero no lo es menos que la actual coyuntura es también histórica y que, muy probablemente, exija ciertos cambios.
Que existen una serie de comunidades autónomas realmente mal tratadas por nuestro sistema fiscal: Comunidad Valenciana, Canarias, Murcia y Andalucía, las cuales son receptoras de renta pero en una cuantía menor de la que merecen según la progresividad del actual sistema.

Xavier Sala i Martí, excelente profesor y una de las mentes más brillantes (y provocadoras) de nuestro país en materia económica, hace tres críticas fundamentales al estudio en cuestión: la primera, que los datos que se aportan estan mal; la segunda es una cuestión técnica: se confunde el error de la regresión con la pendiente de la regresión; y la tercera, la cual nos lleva al otro punto que quería tocar, el sentimiento en Cataluña es que el estado les está discriminando en lo que  a inversiones se refiere. Dado que las dos primeras son más técnicas, creo que es más oportuno que os leáis la contestación que el propio Abel Fernández lleva a cabo, aunque aclaro dos cosas: respecto al primer punto que los datos son públicos y que están en el INE, por lo que no tengo la sensación de que sean erróneos; en cuanto al segundo, que dicho error afectaría si el estudio estuviera analizando un óptimo, pero que como se ha expuesto, lo que se analiza es si el sistema trata de forma parecida a las diferentes comunidades autónomas, no si el acutal sistema redistributivo es el mejor.

En cuanto a las inversiones del estado en Cataluña, Sala i Martí apunta que como el estado ha invertido menos de lo que hubiera debido en dicha comunidad, aquellas se han debido desarrollar bajo la iniciativa privada, por lo que los ciudadanos catalanes han tenido que pagar las mismas vía, por ejemplo, peajes (como apunta el propio Sala i Martí). Este dato es de nuevo bastante discutible, como se encarga de demostrar el profesor Abel Fernández. Es cierto que el gasto público en España no está por encima de la media de los países de la UE o la propia OCDE, pero también lo es que el actual nivel de déficit pone en dificultad que el mismo siquiera se pueda mantener a corto plazo. De todas formas, y aunque las cifras siempre son relativas, y el sentimiento del pueblo catalán a este respecto es totalmente lícito, conviene apuntar que el share de inversión pública en Cataluña en comparación a España no ha hecho sino crecer de forma muy llamativa durante el período 2000 - 2008, llegando a superar el 18%, cuando el share de población se ha mantenido constante en, también, un 18%.
Dos últimas cuestiones económicas: Una, algunos autores señalan que los datos de Madrid están manipulados, porque existe inversión y gasto público considerado como nacional que realmente radica en la Comunidad de Madrid (como señalaba hace unos párrafos). Dicho importe se prorratea entre todas las comunidades, y no se le imputa directamente a Madrid. Si así fuera, Madrid saldría en la foto como Cataluña y no podría ser ejemplo de nada, como desde algunos medios se señala. Creo que entrar en una guerra sobre cómo computar ciertos datos es estéril. Dos, el principal problema económico en Cataluña, en lo que a sus cuentas públicas se refiere, es su elevado endeudamiento, que ya alcanza un 25% de su PIB. No sólo es la comunidad con tercer mayor nivel de endeudamiento tras la Comunidad Valenciana y Castilla la Mancha, sino que su comparación con Madrid es sangrante. En el año 2007, Madrid tenía un 5,4% de deuda pública sobre su PIB regional. Cataluña estaba en un 8% y Baleares en un 6,9%. En el año 2008, Esperanza Aguirre tomó la decisión de comenzar a recortar gastos (no entro a valorar si los que recortó eran los apropiados, al menos en este post) ante la caída de recaudación de los tributos por la coyuntura que por aquel entonces comenzaba a avecinarse. En consecuencia, la Comunidad de Madrid ha cerrado el año 2012 con una deuda del 10,7% sobre el PIB regional. Cataluña cerró el 2012 con un insoportable 25,40% de deuda pública sobre su PIB y Baleares con un 21,6%. Sus dirigentes, en el momento de optar por reducir gastos o endeudarse, optaron por lo segundo incluso por encima de lo razonable. Y eso no es culpa del sistema. Aún cuando diéramos como buena la foto en la que se dice que la aportación de Madrid al estado es similar al de Cataluña, y no mucho mayor por la citada diferencia en la imputación de ciertas inversiones, tan sólo la mala gestión de lo público puede explicar un dato tan disparatado, por cuanto Madrid es la Comunidad Autónoma menos endeudada de España.
Pasamos a la cuestión moral: dicen los catalanes que tienen derecho a elegir. Hace un año ese derecho a decidir se fundamentaba en dos ideas fundamentales. En primer lugar respecto a su pertencia a España. Y en segundo lugar, sobre el destino de sus tributos. Hoy, un año después, el deterioro de las relaciones entre el gobierno catalán y el central, unido a la fuerza que está cobrando ERC, está propiciando que el debate se centre sólo en el primero de los dos.
Respecto a su pertenencia a España, incido en lo dicho con anterioridad: los sentimientos de cada uno pertenecen a cada uno, no se imponen, pero ocurre que los argumentos se pueden volver en contra de los que los jalean. ¿Dónde acotamos el derecho a decidir? ¿No tiene derecho a decidir el Valle de Arán también bajo las mismas premisas que se reclaman desde Cataluña, como ya apuntaron sus habitantes hace unos meses? ¿Y aquellas ciudades ubicadas en Cataluña no nacionalistas, tienen derecho a decidir también, llegado el caso, ante una hipotética secesión de Cataluña, su permanencia en España? Los argumentos morales hay que definirlos bien porque el asunto es espinoso. Yo estoy a favor del derecho a decidir, pero, ¿hay ciudadanos de primera y ciudadanos de segunda en función de su lugar de nacimiento?
 
En cuanto al uso de los tributos recaudados, puedo entender que este debate se abra por la actual coyuntura, pero no puedo compartir muchas de las ideas que se han esgrimido desde Cataluña. Por encima de nacionalismos, pertenecemos al seno de la Unión Europea, de la que hemos sido beneficiarios durante años de los fondos que nos han transferido para lograr una mayor convergencia con el resto de países más desarrollados de nuestro continente. Europa ha sido un ejemplo, durante las últimas décadas, de los esfuerzos llevados a cabo por lograr una mayor igualdad entre sus pueblos, aspecto crítico para el desarrollo de un mercado común que beneficie a todos de la forma más igualitaria posible. Hoy en día precisamente las políticas de austeridad están poniendo en jaque parte del camino recorrido. La desigualdad cuesta mucho dinero y distorsiona los mercados, como Stiglitz nos recuerda con cierta frecuencia. Debemos exigir que el dinero recaudado vía tributos se emplee mejor, pero sobre todo se utilice para reducir las externalidades de los mercados. Y eso tiene que ocurrir tanto en España como en el seno de la UE. Se tiene que entender que un sistema tributario justo y progresivo beneficia también a las empresas y ciudadanos catalanes.

Termino con una última reflexión: Cataluña y el resto de España se necesitan mutuamente. Pensemos por un momento lo que pasaría en una hipotética secesión catalana. En un contexto en el que ningún país se opusiera a su entrada a la UE, dicho proceso duraría al menos 5 años de acuerdo con los tratados comunitarios, lo que implicaría que durante ese tiempo sus exportaciones e importaciones se verían sujetas a una serie de aranceles que harían menos competitivas a sus  empresas. Es probable que, además, necesitara otros 5 años más para entrar en el Euro, a tenor de lo estipulado en el tratado de Maastrich. Claro que Cataluña podría optar por utilizar el Euro como moneda, tal y como hace Andorra, en tanto en cuanto entra en la unión monetaria, pero económicamente dicha medida sería un disparate económico de proporciones considerables, porque haría menos competitiva a la economía Catalana, pero sobre todo porque sería renunciar a una herramienta económica de primer nivel como es la de política económica. Cataluña necesitaría quién le financiase durante este período y, a día de hoy, sus emisiones son catalogadas como bono basura por las principales instituciones calificadoras.

Si Cataluña optase por una moneda propia, sufriría una devaluación tan brutal que casi todas las empresas y familias catalanas irían a la quiebra, por cuanto sus deudas están suscritas en Euros. Pero incluso en el caso de que ésto no sucediese, vía condonaciones, quitas, etc., los catalanes se convertirían de la noche a la mañana en una sociedad mucho más pobre. Mikel Buesa, que fue profesor mío en la carrera, afirma que su renta per cápita se situaría al nivel de la ciudad autónoma de Ceuta. El trabajo de Buesa, al cual tengo un gran respeto y aprecio, se basa en muchas hipótesis las cuales no puedo entrar a valorar por no tener tanto conocimiento sobre la materia, pero muchos de sus cálculos surgen a partir de un trabajo empírico de primer nivel como es el de Firdmuc, J. y Firdmuc, J. (2003): “Disintegration and Trade”, Review of International Economics, nº 11 (5).

Pero el problema no sólo sería para Cataluña. Por otro lado, el resto de España vería como cae su PIB casi un 20% de un año para otro, quedándose sin una de sus tres comunidades autónomas que realmente actúan de financiadoras. Muy probablemente entraría en default, tendría que ser rescatada y entraría en una dinámica realmente complicada al quedarse sin una de sus locomotoras. En paralelo, muchas empresas quebrarían y el paro se dispararía, la renta per cápita se reduciría y todos seríamos más pobres también. Así pues, Cataluña y el resto de España están condenadas a entenderse desde un punto de vista económico. Cataluña tiene razón al exigir un sistema de financiación más justo, aunque no pueda compartir su sentimiento de agravio y maltrato.

Así pues, mientras los que nos dirigen intentan comenzar a entenderse, como decía, desde el punto de vista económico, a los ciudadanos de a pie nos queda la ardua tarea de recomponer los afectos y recordar todo aquello que nos une, que sigue siendo mucho más de lo que nos separa. Nos han malmetido demasiado y toca reconstruir puentes. Me temo que no va a ser sencillo. Nunca lo es cuando se deben reconocer errores por parte de todos. Y cuesta entender cómo quiénes gobiernan han permitido llegar a este punto tan extremo. O tal vez sí. No olvidemos que, en el fondo, como decía Quevedo, "la hipocresía exterior, siendo pecado en lo moral, es grande virtud política". Como diría Julio Iglesias, la vida sigue igual.



jueves, 5 de septiembre de 2013

Economía - Sobre los Datos del Paro de Agosto

Algunos Apuntes

Ayer conocimos los datos del paro del pasado mes de agosto y, la verdad, tengo que reconocer que me sorprendieron gratamente (de forma moderada), porque en términos de empleo, para referirse a dicho mes los economistas siempre hacen alusión al llamado "mal de agosto" por los paupérrimos datos que suele ofrecer el mismo en dicha materia. Como siempre, a los políticos les ha faltado tiempo para sacar conclusiones precipitadas, para bien o para mal, al respecto. Por mi parte, procedo, como habitúo a señalar los datos para que cada uno saque las suyas, así como dejo algunas pinceladas finales con reflexiones propias.

El número total de personas apuntadas al INEM se ha reducido en el mes de agosto en 31 personas, cifra ridícula, pero que significa la mejor desde el año 2000 en términos de empleo. Lo interesante, en cualquier caso, al igual que se señalaba en este post al hablar del dato de julio, es la cifra en términos desestacionalizados. Pues bien, quitando el efecto verano, vemos que el paro se redujo el pasado mes de agosto en 13.700 personas. En los 8 meses del año ya son 5 los meses en los que el desempleo en términos desestacionales se reduce, circunstancia que no se producía en nuestro país desde que comenzó la actual coyuntura.

Los datos de la Seguridad Social nos muestran una realidad menos bonita. Hay 99.069 cotizantes menos que en julio. Esta cifra, pese a todo, es la mejor desde el año 2005, ya que debido al efecto verano, agosto es un mes en el que la cifra de afiliados a la seguridad social tiende a bajar. Pese a todo, la cifra de ocupados, 16.285.011 personas, es la más baja desde el año 2002, justo cuando comenzaba el boom inmigratorio en nuestro país.

El que haya 99.069 afiliados menos a la seguridad social y el paro se reduzca en 31 personas, se explica fundamentalmente por el efecto desánimo, que hace que mucha gente deje de buscar trabajo a través del INEM, la emigración de parte de la población activa en búsqueda de empleo en otros lugares más allá de nuestras fronteras, e incluso el incremento de parados de larga duración que pierden el derecho a prestación. En cualquier caso, todo indica, a falta de conocer los datos de la EPA del tercer trimestre, los cuales serán públicos en octubre, que la destrucción de empleo se está frenando, aunque la mala noticia es que aún no se crea empleo y que los que se crean son precarios, ya que el 94% de los nuevos contratos son temporales.

Mi sensación, y es sólo una opinión que podré completar con la EPA, es que la economía se está estabilizando más rápidamente de lo previsto. Los datos de la eurozona del segundo trimestre así lo atestiguan pero, además, en lo que respecta a nuestro país, más allá de datos macro muy alejados de la realidad diaria de las empresas (véase la prima de riesgo), nos encontramos con que las compañías vinculadas al sector turismo o las empresas exportadoras (con especial hincapié a las agroalimentarias y a las fabricantes de bienes de equipo), perciben que sus ventas orgánicas (u ordinarias), dentro de unos niveles aún muy deprimidos, comienzan a comportarse algo mejor de lo previsto. En paralelo, el indicador PMI que mide el estado de una economía en virtud de datos reales de las empresas más representativas de un país, ha superado en nuestro país, por primera vez desde el año 2011, los 50 puntos en el sector servicios y manufactureros. Cuando se supera dicho umbral, la economía está creciendo. Por debajo significaría que se está contrayendo. A tenor de los datos de agosto, España está saliendo de la recesión. En paralelo, BBVA ha señalado hoy que la economía española podría crecer un 1% en 2014, lo cual, tal y como se veía la cosa hace unos meses, es mucho. 

Pese a todo, y como apuntaba el otro día en un magnífico artículo Santiago Martín, socio fundador de Axsesor, lo último que se recupera tras una crisis es el consumo y el empleo, porque ambos tienen que ver con dos aspectos. Por un lado, la renta disponible, y por otro con la confianza de los diferentes agentes en la evolución de la economía. Respecto al primer punto, el aumento del ahorro en nuestro país (todavía en unos niveles pobrísimos), me hace pensar que no estamos tan lejos de que la renta disponible mejore ligeramente, por cuanto comienza a haber familias con capacidad de ahorrar. Estos datos son coherentes con los que señalaban hace unos días que éstas siguen con su proceso de desapalancamiento y ya se encuentran a niveles de marzo de 2007. Aún así, siguen existiendo muchas sombras por despejar en nuestra economía. Entre ellas el paro, que sigue siendo la principal preocupación de los españoles. Aunque la confianza del consumidor sea un poquito mayor que en los últimos meses a tenor de las encuestas, todavía estamos lejos de recuperar la alegría. Hace un año, en agosto de 2012, la confianza del consumidor se situaba en 41,6 puntos, hoy se sitúa en un interesante 83,7, si bien es cierto que son los 100 puntos los que marcan la diferencia entre una percepción favorable y optimista y otra pesimista. En Agosto de 2013 la confianza del consumidor subió 5,3 puntos, lo que hace intuir que el ánimo mejora, pero que todavía falta un trecho para que la percepción cambie del todo.

Además, las permanentes dudas sobre nuestra banca y su incapacidad para hacer fluir el crédito, así como la parte de ajuste que falta por hacer en administraciones públicas y sectores como el inmobiliario, no ayudan a recuperar la confianza. No se crean puestos de trabajo, y los que se crean son de baja calidad, porque aún no se ven las cosas del todo claras. Es por ello por lo que entre otras cosas, he defendido la creación del contrato único aún cuando éste tenga también sus contras.

Así pues, pese a todas las sombras y retos que tenemos por el camino, yo quiero creer que las cosas están un poquito menos mal que hace unos meses. El dato desestacionalizado del paro de agosto ha sido mucho mejor de lo que yo pensaba. No me canso de decir lo que apuntaba Keynes: aunque nuestros políticos no den una, los mercados se terminan ajustando, pero cuando lo hacen por sí solos, terminan generando un sufrimiento social insoportable. Lástima que en la UE casi nadie se haya percatado de ello, porque, en definitiva, y como también decía Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos.Ojalá que esta vez sea la buena.