domingo, 27 de julio de 2014

Economía - ¿Coge fuerza la Recuperación?

Luces y Sombras en el Camino

Me gusta hablar con los taxistas siempre que salgo o vengo de un viaje. Son un estupendo termómetro de la actividad económica, ya que suelen ser los primeros en notar cuando el día a día se para, pero también en percibir cuando se anima. Estos días de tanto viaje, he tenido la oportunidad de charlar con varios de ellos y su discurso más o menos ha sido similar: la cosa no ha ido a peor, parece que en los últimos meses hay un poquito más de ánimo, pero en general la cosa sigue complicada. No es lo que fue en 2012 ó 2013, pero tampoco, ni mucho menos, 2009 ó 2010. De años anteriores, ni hablamos.

Me ha resultado interesante escucharles en una semana como la actual, en la que hemos tenido unos datos de paro excelentes a tenor de lo que la EPA ha reflejado, y en la que el Banco de España ha confirmado que la economía, efectivamente, se ha vuelto a poner en marcha.  Ya son 4 trimestres consecutivos creciendo y parece que la cosa se acelera. +0,5% frente al +0,4% del trimestre anterior, y con unas perspectivas que pasan al +1,3% para este 2013 y al +2% en 2014 frente al +1,2% y el +1,7% previsto no hace tanto.

El dato de la EPA, como decía, ha sido excelente. El paro ha bajado en más de 310.000 personas, cifra consistente con la evolución de la afiliación a la seguridad social de los últimos meses, así como con la bajada del desempleo que se ha reflejado en las oficinas del antiguo INEM. Además, en los últimos 12 meses, la caída de paro ha sido de más de 424.000 personas de acuerdo con la EPA. Es decir, la cosa mejora y parece que se acelera, como los datos del Banco de España sobre crecimiento también resaltan. Los trabajos que se crean siguen siendo mayoritariamente temporales y a tiempo parcial, es cierto, pero merece la pena destacar dos aspectos nada desdeñables: uno, que se crean puestos de trabajo por centenas de miles con un crecimiento aún bastante bajo (recordemos que nuestra economía necesitaba crecer por encima del 2% para que se diera esta circunstancia antes de la actual reforma laboral), y segundo, que siempre que se sale de una crisis, lo último que se recupera es el empleo de calidad, por cuanto para ello hace falta que se restituya la confianza a todos los niveles de la economía y para eso aún falta. Aunque existe una parte importante de ese empleo creado que se destruirá cuando acabe la temporada turística, no se puede obviar que el dato desestacionalizado es bueno desde hace ya más de 10 meses cosecutivos. Falta mucho para que nuestro país deje atrás cifras escandalosas de paro, pero como ya se apuntó en El Disparadero, el mercado laboral hace ya unos meses que entró en una nueva fase.

Apunté en su día que se vería el calado de la reforma laboral cuando cambiara el ciclo. Es pronto para evaluarla en su conjunto, pero ha logrado un hito en nuestra historia, y es que ha establecido un dinamismo en dicho mercado hasta la fecha desconocido en nuestro país. Mucha de la gente que ve cómo se termina su contrato, vuelve a encontrar otro relativamente rápido y eso es muy importante. Podremos sacar más conclusiones del éxito de la reforma cuando la economía se estabilice del todo, pero también cuando llegue otra crisis. Por lo pronto se crean puestos de trabajo antes de lo previsto. Veremos si genera empleos de calidad cuando el estado de ánimo sea otro, pero sobre todo si se moderan salarios en lugar de destruirse puestos de trabajo cuando vuelvan a venir mal dadas. Nuestro mercado laboral siempre tendía ajustarse en cantidad y no en precio (esto es, en aumento del número de parados y no en los salarios). Si se logra cambiar ese punto, sería histórico. 

Los datos de crecimiento económico dejan reflexiones aún más interesantes. Como apuntaba antes, el segundo trimestre de este año la economía se expandió un 0,5%, lo que eleva el crecimiento en términos interanuales (esto es, los últimos 12 meses) al 1,1%, el doble que al cierre del trimestre anterior. Todo ello encadenando 4 trimestres en positivo, circunstancia que no se daba desde hacía 6 años. Crece el consumo privado de las familias más de lo previsto, y se estima que lo seguirá haciendo en lo que queda de año y durante el 2015. Crece la inversión y el sector inmobiliario cae menos de lo previsto (lo que denota cierta estabilización).  Las exportaciones crecen, mejorándose además las previsiones de éstas, y suben las importaciones (lo que reduce el impacto de las exportaciones al crecimiento, pero que hacen ver también una mejor situación de las familias, las cuales consumen más).

Algunos apuntes notables: crece el consumo, pero no la renta de las familias, las cuales han agudizado su caída hasta el 1,1% frente al -0,7% del trimestre anterior. ¿Cómo se puede entender este dato tan contradictorio en un escenario de carestía de crédito? La respuesta aparentemente más clara es que mejora notablemente la confianza de las familias, y aquellas que dejaron de consumir por el temor de que la crisis se agudizara, vuelven a hacerlo. Además, las crisis económicas hacen que se pospongan decisiones de inversión y adquisición de bienes duraderos (como los coches, por ejemplo). El que se perciba una ligera mejoría en la situación macroeconómica, anima a tomar aquellas. El que aumenten las ventas de coches un 18% (apoyadas por el sector público, todo hay que decirlo) es coherente con  los datos de la bajada del ahorro y con el aumento del consumo y la inversión. Lo razonable es que en unos meses veamos cómo la renta de las familias vuelven a crecer, porque uno no se compra coches o lavadoras todos los años. Además, como también apuntaba Keynes, existe un fenómeno, que es el de la inversión por obsolescencia. Al final, las empresas tienen que volver a invertir en activos para poder mantener su actividad. El que ahora todo parezca ir un poquito mejor, sin duda anima a tomar este tipo de decisiones. Ello también explicaría el aumento de la inversión. 

Pero sin lugar a dudas, lo que más está impactando en el crecimiento de la inversión es la llegada de capitales extranjeros, los cuales han percibido que el ajuste ha tocado fondo en nuestro país y han venido de rebajas. La venta de Altamira por parte del Banco Santander hace unos meses a Apollo, es un buen ejemplo. Esa entrada de dinero está haciendo que la economía se esté dinamizando más rápidamente de lo previsto.

Los mercados, además, se desplazan hacia dónde se alcanzan mayores rentabilidades. Ello explica lo que está pasando en la bolsa Española, en máximos de hace varios años. Había compañías muy infravaloradas, con un amplio recorrido al alza, y eso ha permitido que muchos inversores vengan a por nuestros valores por la rentabilidad que se le espera sacar en no demasiado tiempo.

Todo ello es compatible con lo que se trató de explicar hace unas semanas en este mismo blog. La riqueza de los hogares está creciendo pese a que baje la renta de las familias, y eso es consecuencia de la mejora de las rentas de capital mobiliario fundamentalmente (fondos, valores, depósitos, etc.).

En este aspecto, se puede ver la botella medio llena, pero también medio vacía. Lo positivo es que los mercados de capitales, cuando las cosas tienden a calmarse, suelen ser un indicador anticipado del ciclo económico que viene. Bajo ese prisma, debemos pensar que es muy posible que, efectivamente, España haya entrado en un nueva fase de expansión que se reforzará aún más en los próximos meses y que no tardará en notarse en la economía real. Poco a poco y casi sin darnos cuenta al principio, las cosas empezarán a ir a mejor. Lo negativo es que de momento los datos positivos son más en los mercados de capitales y financieros que en el día a día, o lo que es lo mismo, que al igual que la destrucción de riqueza ha sido asimétrica y que los que menos tenían son los que han salido peor parados,  la recuperación sigue la misma estela: los que han podido ahorrar estos años, esto es, los que menos mal lo han pasado, son los que primero están notando la mejoría. La gran perjudicada de esta crisis es la clase media, por cuanto tendemos en toda Europa e incluso en la OCDE a una sociedad casi bipolar, como el aumento del coeficiente de GINI demuestra. Necesitamos volver a unos niveles de igualdad razonables para salir realmente de la crisis. La economía se dinamiza cuando las familias vuelven a niveles de consumo razonables. Recordemos que las que crean riqueza en nuestro país son las PYMES, y esas no cotizan en bolsa y siguen teniendo graves problemas para financiarse. 

Nuestro país ha visto cómo en estos años su economía ha caído un 7% durante esta crisis y como el paro ha llegado a superar  el 26%. Sigo pensando que la recuperación es la vuelta a la normalidad económica y que ésta, por mucho que nos duela, es menos bonita de la que nos creemos. Partimos desde un punto apocalíptico, porque recordemos que hace apenas dos años rescataban a nuestra banca  y nos apretaban para pedir el rescate como país. Hoy nadie duda de España. Las cosas van a ir mejorando y todo indica que nuestro crecimiento coge fuerza, pero no se puede obviar el PIB no nos dice nada acerca de cómo se reparte esa expansión de la economía. Y lo que tirará del crecimiento de verdad, insisto, será la recuperación de la clase media, que es al final la que consume. El dato del paro es una gran noticia en ese sentido, o cuando menos esperanzadora.

Los mercados de capitales tiran, ahora bien, para el día a día, nadie mejor que mis amigos los taxistas. Veamos el vaso medio lleno. Hace tiempo que no perciben que la cosa vaya a peor. E incluso parece que los últimos meses hay un poquito más de ánimo. Ojalá que ello se vuelva a traducir en otra buena noticia de la EPA en el mes de octubre. Brindo por ello

domingo, 6 de julio de 2014

Economía - España a Corto Plazo

Algunas Ideas

Esta semana hemos vuelto a conocer los datos del paro y éstos, como vienen siendo ya de un tiempo a esta parte, han vuelto a ser buenos, se miren como se miren. Baja el desempleo, suben los afiliados a la seguridad social y en términos desestacionalizados, la cosa también sigue mejorando. Luego hay matices, claro está. Todo hace entrever que los salarios siguen bajando y que el empleo que se crea es mayoritariamente precario, pero ello es coherente con los antecedentes: ninguna empresa sale de una crisis como la actual y se pone a contratar de forma indefinida. Pero ni en España ni en ningún país. No es lo deseable, estamos de acuerdo, pero al menos en este caso, de nuevo al menos los datos así lo hacen ver, la gente sigue encontrando trabajo cuando se les terminan sus contratos temporales. El mercado laboral está entrando en una fase de cierto dinamismo, y eso es muy importante.

Sin embargo, como siempre que se publican los datos del paro, las tertulias de la radio y del café, los debates con colegas y amigos, sacan a relucir la cuestión acerca de si realmente la economía se está recuperando. Y yo creo que sí, por cuanto llevo un tiempo defendiendo que la recuperación será la vuelta a la normalidad económica. Ocurre, me temo y como también he tratado de explicar, que ésta es mucho peor de lo que nos la habíamos imaginado. Y eso es duro. Porque nuestra realidad económica no es, lamentablemente, la de las comilonas, los grandes vinos, los Cayennes y demás cochazos que de un tiempo a esta parte circularon en nuestro país en virtud de una burbuja inmobiliaria de campeonato. Por mucho que duela, nuestra realidad es "pre burbuja", y ello tiene una serie de implicaciones, por cuanto el estallido del sector inmobiliario ha tenido efectos colaterales en familias, empresas y el propio estado, los cuales aún tardaremos en digerir.

Comenzando por las familias, no cabe la menor duda de que hoy son mucho más pobres que hace unos años. No ya sólo porque el paro sea elevadísimo, sino también porque cientos de miles de ellas se endeudaron por encima de lo razonable en el período 2002 - 2007 para comprar unos activos (viviendas) que hoy valen muchísimo menos. Aunque el proceso de desapalancamiento de las familias sea imparable, a corto plazo esta pérdida de riqueza se va a seguir traduciendo en un consumo famélico.

La destrucción de riqueza ha sido (y sigue siendo) terriblemente asimétrica. El paro no ha afectado a todos por igual, como es lógico, y es la gente con menor formación la que peor lo está pasando. Los recortes de gasto público, con especial hincapié en sanidad y educación, pero también en otras transferencias de capital, siempre inciden más en los que menos tienen, por cuánto éstos son los que más necesitan de aquellas. Las pocas familias que están viendo cómo su riqueza crece en estos tiempos tan convulsos, son las que tienen rendimientos del capital (esto es, las que pueden ahorrar) y está claro que éstas son las que menos mal lo están pasando, por cuanto pueden apartar una parte de sus ingresos para asegurarse el futuro. Lo que quiero explicar con este párrafo, es que en esa "vuelta a la normalidad", habrá gente que habrá empeorado su punto de partida.

La desigualdad y la situación de las familias en general, nos van a llevar a un punto "pre burbuja" de consumo, lo que redundará en una mayor presión en los precios. El problema es que las fabricas se dimensionaron en su día para atender una demanda que ya no va a volver, al menos en su parte doméstica. Ante esta tesitura, las empresas necesitarán exportar más, pero en una economía no basada en el conocimiento, que tampoco tiene demasiadas industrias generadoras de valor añadido,  terminas compitiendo fundamentalmente en precio, con el agravante de que el mercado global es aún más duro que el nacional, por cuanto participan todo tipo de agentes de todos los países. 

Ello, de nuevo, incidirá en una bajada de salarios, o al menos en una contención de los mismos. Antes de que el Euro entrara en nuestras vidas, nuestro gobierno tenía un arma nuclear en forma de política económica para salir de cualquier crisis: la devaluación de la moneda. A través de ella todos nos hacíamos más pobres de la noche a la mañana pero apenas nos dábamos cuenta. Caían las importaciones, las cuales nos resultaban más caras, y subían las exportaciones como consecuencia de que para el resto del mundo éramos mucho más competitivos. Hoy en día, con el Euro en marcha, no queda otra alternativa que optar por una devaluación interna, la cual siempre es muy dolorosa.

La devaluación interna, me temo, es imprescindible a día de hoy. Los salarios se revalorizaron en su día conforme a la citada burbuja, la cual parecía no tener fin. Habíamos alcanzado a Italia e íbamos a alcanzar a Francia, como señaló no hace tanto José Luis Rodríguez Zapatero. Aquello se demostró que era humo y nuestra situación real era mucho peor de la que nos creíamos. El otro día hablaba con una compañera del doctorado y le explicaba que mi primer salario como licenciado recién salido de la carrera, allá por el año 2002, fue de 660 euros. A lo mejor ese es el nivel de España para un primer empleo por mucho que nos duela y sorprenda.

El paro va a seguir bajando, no me cabe la menor duda. Insisto en que lo peor ha pasado y en este nuevo escenario de salarios bajos, el mercado laboral ha terminado su ajuste. El problema es que el punto de partida es horriblemente bajo. Ahora bien, que nadie se lleve a engaños. Nuestra economía sólo ha sido capaz de tener una tasa de paro aceptable y acorde a la UE en los últimos 30 años con una burbuja de por medio. Es decir, nuestro país tiene un componente de paro estructural que va a ser casi imposible absorber a corto plazo, salvo que medie otra burbuja o se produzca un milagro económico. A largo plazo, para eliminar este componente estructural, sólo cabe invertir en educación y planificar cómo queremos que sea nuestro modelo económico a varios años vista. Pero para ello hace falta un gran consenso político en el que participen agentes sociales (y no me refiero a CEOE y Sindicatos, al menos exclusivamente) para el que yo no sé si existe voluntad. Y eso es lamentable.

Pero no sólo familias y empresas afrontan una cruda vuelta a la realidad. Al Gobierno, al actual o a los venideros, les queda una ardua tarea. Durante la burbuja, el estado recaudó muchísimo dinero vía tributos y ello le permitió diseñar una estructura que hoy es absolutamente insostenible. La burbuja facilitó que nuestra economía creciera a tasas importantes, por encima de la media de la UE, lo que permitió al estado incrementar su recaudación tributaria hasta un 67% en el año 2007 en comparación a los datos del ejercicio 2001. El gasto público en dicho período, se incrementó en un 57%, lo que permitió al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero terminar dicho año 2007 con un superavit en las arcas públicas del 1,9%. ¿Qué ha pasado desde entonces? Pues bien, que nuestro gasto público ha seguido creciendo hasta llegar al 75% respecto al año 2001 en diciembre de 2011, mientras que los ingresos públicos se han desplomado hasta llegar casi a los niveles del 2001. Ello generó que en 2009 nuestro déficit público fuera ya de un insostenible 11,2%. Por muchas medallas que hoy se quiera poner Montoro, nos siguen faltando un 6% de ingresos para cubrir nuestros gastos públicos.

La realidad económica de nuestro estado, por lo tanto, tampoco es la que nos creímos en su momento. No da para tantos funcionarios, enchufados, parlamentarios autonómicos, diputados provinciales, como tampoco para tantos AVE, autopistas de peaje, aeropuertos ni otras fastuosas obras públicas. Curiosamente sí daba para una sanidad pública que era la envidia de Europa y para una educación pública, mejorable, desde luego, pero de la que yo me sentía orgulloso. En el año 2001, antes de la burbuja, aquello no estaba en juego. Dentro de la sosteniblidad del estado, deberíamos exigir a nuestros dirigentes eficiencia, desde luego, pero no retrocesos en logros sociales conseguidos con el esfuerzo de todos durante años.

Dentro de la vuelta a la normalidad, me temo que hay otra circunstancia dolorosa que nos quedará por afrontar. Nuestro sistema de pensiones no es sostenible en los términos actuales. Todos tendremos que trabajar más años... y aún así está por ver que ello garantice la viabilidad de aquellas. La natalidad está por los suelos y la gente vive más. La burbuja tapó esa realidad con una ingente cantidad de inmigrantes que vino a nuestro país atraídos por nuestra aparente prosperidad. Hoy esa gente se marcha, como las estadísticas reflejan, buscando un lugar dónde ganarse el jornal. Y con tasas de paro elevadas, no volverá, al menos a corto plazo. 

Así pues, nuestra economía mejora, y no lo digo en tono irónico, pero nuestra auténtica realidad es posible que sea la de hace 10 años con el agravante de que tenemos aún una ingente deuda privada y pública pendiente de pagar. Estábamos en el infierno no hace tanto y yo creo que nos adentramos en el purgatorio, pero me temo que dentro de éste vamos a estar un tiempecito... salvo que se tomen determinadas medidas.

Afortunadamente el futuro no está escrito y aunque en economía revertir ciertas situaciones lleven su tiempo, siempre se pueden hacer cosas que cambien el panorama actual, o al menos lo hagan más llevadero. España no tiene capacidad en estos momentos para hacer política fiscal (esto es, aumentar su gasto público, o bajar impuestos) como consecuencia de su déficit público, pero hay países en el seno de la UE que sí lo tienen. Por ejemplo, Alemania. Ello probablemente aumentaría el consumo en dicho país, lo que incidiría en una mejora de las exportaciones de los países del sur. Una política monetaria expansiva que subiera la inflación en el conjunto de la Eurozona también podría ser positiva, por cuanto esta inflación se repartiría de forma asimétrica. Es decir, podría ocurrir que la media fuera de un 2% (hoy en día estamos lejos), pero que dicha media sea el resultado de un +2,5% en los países más ricos y de un +1,5% en los países más pobres (lo cual es coherente con lo que explicaba al inicio). Ello, de nuevo, mejoraría la competitividad de los países que necesitan exportar y frenaría algo las importaciones (lo que se traduce en crecimiento económico y en una menor necesidad del sector exterior para financiar nuestra economía). 

Por su parte, el gobierno español podría llevar a cabo de una vez por todas la reforma de las administraciones públicas, vender determinados activos para hacer caja y reducir su deuda (en lugar de trasladarle el problema a los ciudadanos) y acometer ciertas reformas que mejoren el funcionamiento deficiente de algunos mercados (véase el energético, el de las telecomunicaciones o incluso el financiero, aunque para ello necesite de la ayuda de Bruselas).

Así pues, sin que sirva de precedente, estoy de acuerdo con nuestra clase política. Coincido con el gobierno en cuanto a que la recuperación posiblemente haya comenzado, pero también con la oposición cuando describe una realidad que sigue siendo durísima. Son las dos caras de la misma moneda. Nuestra realidad económica es mucho peor de la que mucha gente se pensó, aunque en El Disparadero ya advertimos en su día que nuestra crisis era estructural, no coyuntural. Ahora queda no bajar los brazos y seguir trabajando para labrarnos un futuro que aún estamos a tiempo de que sea maravilloso, aunque, guardadme el secreto, a estas alturas yo me conformaría con que fuera sostenible y fruto de nuestro esfuerzo.