sábado, 24 de septiembre de 2016

Aprendiendo de los Mejores

Algunas Ideas

El pasado jueves dia 22, mi buen amigo Francisco Alcaide celebraba, ni más ni menos, que la décima edición de su best-seller "Aprendiendo de los Mejores", libro de cabecera imprescindible para todas aquellas personas que tenemos labores directivas en nuestras empresas, así como para todas aquellos que tienen interés en el mundo del management. Recuerdo como si fuera hoy cuando Paco me pidió que escribiera un breve testimonio para la contraportada del mismo hará ya casi cuatro años. Me dejó leer algo y me di cuenta de inmediato que estábamos ante algo diferente, que tenía todos los ingredientes para llegar a ser en lo que se ha convertido. Me alegro infinito por Paco, porque todo lo que dije en aquella contraportada lo pienso. Si Paco hubiera nacido en EEUU probablemente se lo disputarían las mejores universidades del mundo. Es uno de los grandes talentos del management en España, un cerebro privilegiado, un trabajador incansable y sobre todo una gran persona, que derrocha generosidad y humildad a raudales. Tal vez en ello radique el secreto de su éxio. Me enorgullezco de contar con gente como él entre mis amistades, el cual me estimula y me provoca a partes iguales. Sin duda estamos ante uno de mis grandes referentes intelectuales. ¡Qué privilegio tenerle cerca!

Que te llamen para un evento así y que te pidan que hables un poco de tu vida profesional y de algunas facetas de la misma relacionadas con un libro como el de Paco, ya es la leche, pero si encima compartes escenario con cracks de la talla de Álex González Pozo, Director General de Hesperia, Xisela Aranda, siete veces Campeona de España de Squash, José Luis Abajo "Pirri", medallista Olímpico en Pekín 2008, Enhamed Enhamed, ganador de 7 medallas en los juegos paralímpicos de Pekín 2008 y Londres 2012 y todo un ejemplo de superación, Laura Chica, psicóloga, escritora y una de nuestras mayores expertas en el mundo del coaching, así como Alejandro Bataller, Vicepresidente de Sha Wellness, se te ponen los pelos de punta, como fue mi caso. Me sentí como si me hubiera invitado a jugar con el Madrid de los galácticos. Como siempre que me llaman a participar en eventos como éste, os dejo un resumen de lo que fue mi intervención.

Cuando Paco me contó hace unos meses lo que quería organizar y lo mucho que le gustaría que interviniera hablando de mi propia experiencia, empecé a darle vueltas a todo aquello que quería contar. Quería alejarme de lo habitual y no hablar tanto de los éxitos que a menudo tienen las empresas, que es lo típico que se hace en estos casos, sino hacerlo de una parte mucho menos glamurosa, pero clave para entender el desempeño corporativo: las horas de desvelos, sufrimientos, lucha y desánimo que a menudo se dan detrás de todos los directivos, y que precisamente hacen que los éxitos, cuando llegan, sepan tan bien. El cómo afrontemos estos momentos, determina a menudo el éxito de las compañías.

Ser empresario es una profesion de riesgo, y dirigir una compañía es un camino permanente de obstáculos. Quien ejerza labores directivas en una organización y no lo vea así es que tiene la suerte de dirigir a una empresa en un monopolio, o a lo sumo en un oligopolio de cuatro amigos, pero de veras que no es lo normal. Sin embargo, pese a todas las dificultades de la actual coyuntura, debemos pensar que nuestro país, más que 5 millones de puestos de trabajo, necesita 500.000 empresarisos que creen 10 puestos de trabajo cada uno. Necesitamos crear una cultura de emprendedores, circunstancia que en los tiempos actuales no es nada sencilla y creo que en "Aprendiendo de los Mejores" podemos encontrar algunas pistas para ello.

Cuando yo empecé a trabajar, eran otros tiempos. Recuerdo que aún no había terminado la carrera cuando me llegó la oportunidad de incorporarme al mercado laboral a través de unas prácticas en una empresa, la cual me ofreció quedarme cuando me licencié. Me ficharon para un proyecto novedoso que iniciaban en España y para el que contaban conmigo como único comercial. En los 5 años que estuve, logramos captar 5.000 clientes, llegándose a crear una estructura comercial importante dentro de la compañía debido al volumen de trabajo que logramos generar. Sin embargo, cuando pienso en aquella época, no puedo decir que me matara a trabajar. Es más, reconozco que más bien hacía lo justo.

Mi vida cambió en el año 2007, cuando mi abuelo me pidió que me hiciera cargo de la bodega. Recuerdo decirle que creía que era muy pronto, que con 29 años pensaba que una dirección general podía quedarme grande, pero entonces mi abuelo me dijo algo que jamás olvidaré en mi vida: "mira Fernando, en esta vida las cosas llegan cuando llegan, no cuando uno quiere que lleguen". Y ante aquello, decidí que si, que me iba a la bodega. Cuando llegué allí, como se suele decir, vi que aquello no eran lo que me habían contado. Me habian dicho que era una empresa ordenada, con gran éxito comercial y que tenía un equipo consolidado. La realidad es que me encontré una compañía en guerra civil por la sucesión del anterior Director General, a quién sustituía, lo que derivó en que el enólogo y el director comercial quisieran irse (y finalmente se fueran), un éxito comercial que era real, peor muy centrado en el mercado doméstico y en el canal de hostelería tradicional, y una empresa que, como la mayoría de empresas españolas, había llevado a cabo numerosas inversiones en los años previos a la crisis, excesivamente financiadas con capital ajeno, o lo que es lo mismo, demasiado expuesta al sector bancario español.

El día que cayó Lehman Brothers, la cosa se puso "divertida". En cuanto la banca comenzó a salir a la carrera cancelando pólizas de crédito y dejó de haber revolving, empezamos a pasarlo mal. Y cuando la crisis financiera llegó a la economía real, impactando de forma tan brutal en nuestros canales tradicionales, aquello se puso feo de verdad. Cabe recordar que en aquellos años cerraron 50.000 establecimientos. En estos años llevamos 3 refinanciaciones, 2 reestructuraciones de plantilla, varias peleas con la Agencia Tributaria (para contar lo bien que trata Montoro a las PYMES), desinversiones dolorosas y una lucha constante por sacar la empresa adelante. La crisis, sin duda, puso sobre la mesa todas nuestras debilidades y nos obligó a reinventarnos de arriba a abajo. Ocho años después seguimos peleando a cara de perro por sacar adelante a la compañía, con la convicción de que todo ésto será para bien, pero habiendo días en los que a uno lo que le apetecería es tirar la toalla, o aprovechar una visita a casa de mis abuelos para dejarle la llave de la bodega sin que se dé cuenta. Afortunadamente esos días son los menos y me basta un atardecer desde mi despacho con el viñedo al fondo para dar las gracias a Dios y reconocer que soy un privilegiado por tener el trabajo que tengo.

Cualquier que haya leído el párrafo anterior, puede que ahora piense que soy un tío triste y que vivno en un "ay" permanente, pero nada más lejos de la realidad. Me encanta lo que hago y estoy convencido de que todo ésto que estamos viviendo será para algo. A las pruebas me remito. Como decía, necesitamos mimar a nuestros empresarios. Para mi, estas son algunas de las claves para  poder sobrevivir "en tiempos revueltos":

- Tienes que trabajar en algo que te apasione, ir los lunes feliz a trabajar. Yo ya no me veo trabajando en otro sector, y pese a las dificultades, reconozco, como decía antes que tengo una suerte enorme. Trabajo haciendo realidad los sueños de mi abuelo, que ahora también son los míos, el de hacer de PradoRey una bodega incuestionable haciendo vinos de finca, con toda la tipicidad y naturalidad de la Ribera del Duero. Disfruto con mi trabajo, con los retos que me impone cada añada, ante los cuales sólo podemos aspirar a sacar lo mejor de la naturaleza que se nos presenta. Hay que estar enamorado de lo que se hace, tener "hambre" por crecer y mejorar diariamente. De otra forma, tu día te pasará por encima.

- Todo lo que merece la pena en la vida cuesta, se cuece a fuego lento. No hay atajos para el éxito, y a menudo éste es una carrera de fondo. El tiempo nos termina de poner a cada uno en nuestro sitio, aunque a veces sea a muy largo plazo. Hay momentos de dudas y de miedo, de vértigo, pero tenemos que tener claro que eso es inherente a la condición humana, y que lo que nos diferencia es cómo los gestionamos. Nadie nace sabiendo, por lo que no hay que agobiarse, sino vivir esos momentos como de aprendizaje y crecimiento. Nada es en balde.

- Somos el resultado de nuestras creencias. Somos nosotros los que nos imponemos los límites. Si nos llegan a decir hace 8 años que nuestro país iba a llegar a tener una tasa de paro del 25%, que el consumo se iba a desplomar, que los bancos primero iban a cancelar las pólizas de crédito de la noche a la mañana, luego a no prestar y luego a no anticipar facturas, porque buena parte de nuestro sistema financiero iba a necesitar un rescate y / o ayuda del FROB y BCE, que como país íbamos a estar al borde del rescate varias veces y que Europa iba a seguir en el disparadero como lo sigue estando, muy probablemente muchos hubiéramos dejado las llaves de nuestra empresa en el ministerio de economía. Y sin embargo, aquí estamos. Todo parece imposible hasta que se hace. Es así. Y para ello, para afrontar los retos, aconsejo "trocear" el elefante, ir poco a poco, pero siempre sabiendo que lo importante no es caerse al agua, sino saber nadar.

- Las personas no fracasan, bajan los brazos. La gestion empresarial es muy ingrata. En tiempos de bonanza, los ciclos económicos tapan muchas ineficiencias, así como en tiempos de crisis, las buenas gestiones pasan desapercibidas, y así te sientes que nadas, y nadas, y nunca llegas a la orilla.  Sin embargo, si las cosas no salen, si nuestras empresas caen y tú has dado todo lo que tienes, no puedes exigirte más. Esa experiencia te ayudará a ser mejor profesional y mejor persona, porque créeme cuando te digo que las personas somos como las cepas, y cada cierto tiempo, las vides cada año, la vida nos brinda la oportunidad de reinventarnos y dar la mejor versión de nosotros mismos. Por lo tanto, como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia, y a partir del mismo, si miramos a la vida con perspectiva, sólo podemos crecer.

Hoy en día dice mi abuelo que acertó con el gerente, y yo no puedo dejar de pensar que si hubiera sabido lo que me iba a encontrar, no me hubiera mandado a la bodega ni de broma. Chascarrillos al margen, me remito al principio cuando comentaba que no quería contar éxitos empresariales rimbombantes de esos que te abruman. Los buenos momentos que hemos tenido en bodega estos años que también los ha habido y los sigue habiendo, saben el doble de bien. Ahí están los vinos, más reconocidos que nunca y con una revolución en ciernes que comienza a percibirse.  Pero por encima de todo,  una cosa es cierta: siempre he creído que el éxito de verdad es vivir la vida que uno quiere, conforme a unos valores y muy feliz con lo que hace. Y quién sabe, mirándolo desde ese punto de vista y pese a todas las dificultades, tal vez sí. Puede que lo que os haya contado en estas líneas no deje de ser una historia de éxito. Me encantará recibiros en PRADOREY para que la comprendáis en toda su dimensión.

Enhorabuena Paco, a por otras 25 ediciones más. ¡Y qué podamos compartirlas!

sábado, 17 de septiembre de 2016

Aunque tú no lo Sepas


Sobre lo Auténtico

Cuenta la leyenda urbana, y nunca mejor dicho en este caso, que al gran Enrique Urquijo le gustaba aparecer de improviso con cierta frecuencia por El Rincón del Arte Nuevo allá por los años 90. Cuentan también algunos de los afortunados que pudieron verle in situ, que aquellos conciertos semi improvisados eran una auténtica delicia. Lo que es seguro es que en aquel mítico garito madrileño, Enrique Urquijo conoció a un chico rabiosamente joven y con un enorme talento que luchaba por abrirse paso en el mundo de la música. Ese chico era Quique González. A partir de ahí, se forjó una amistad entre ambos que duró hasta el día en el que Enrique Urquijo se nos fue de una forma trágica en una fría noche de noviembre de 1999.

En una de sus charlas post concierto en El Rincón del Arte Nuevo, Quique le contó a Enrique las dificultades económicas que tenía para poder grabar una maqueta decente para moverla entre las discográficas  de por aquel entonces. A Enrique se le ocurrió algo. “Escríbeme una canción para mi próximo disco, y con los derechos de autor financiamos la maqueta”. Quique González, mitad nervioso, mitad ilusionado, se pasó las siguientes semanas componiendo, y dicen que cuando se plantó ante Enrique Urquijo tenía cuatro canciones preparadas. La primera que sonó fue “Aunque tú no lo sepas” una preciosa balada inspirada en el poema de Luis García Montero titulado con el mismo nombre. En cuanto el que fuera líder de los Secretos la escuchó, dijo estupefacto ante la joya que le acaban de presentar “es perfecta, no me hace falta escuchar más”.  Apenas unos meses más tardes, Enrique Urquijo publicaba uno de sus discos de culto, de los imprescindibles de la música Española, el que a la postre sería su último álbum de estudio, “Desde que no nos vemos”, en el cual brillaba con luz propia “Aunque tú no lo sepas”. Y tan solo unas semanas más tardes veía la luz “Personal”, el tremendo disco debut con el que Quique González abría fuego en el panorama musical español y ante el que se presentaba, como luego ha ido demostrando, como una de las grandes esperanzas del mismo. 

Pese a contar con el beneplácito de la crítica y llegar a número 1 en algunas radios, a Quique González se le dejó de escuchar pronto. Su discográfica quebró, fue absorbida por una multinacional y a Quique le rescindieron el contrato. Poco después moría Enrique Urquijo, el que por aquel entonces era su gran valedor. A Quique le tocó empezar de cero. Un año y medio después, preguntándome que habría sido de aquel prometedor compositor madrileño, por pura casualidad escuché en el programa de Santi Alcanda en Radio 3 una maravillosa maqueta que presentaba una canción extraordinaria llamada “La Ciudad del Viento”, y en la que el famoso locutor explicaba que Quique andaba buscando discográfica. Mi primera reflexión fue la de pensar que musicalmente nuestro país había perdido el rumbo. Unos meses más tarde, Quique mandó una maqueta grabada en la casa de su inseparable (por aquel entonces) Carlos Raya en la calle Salitre número 48 a la misma discográfica que le había despedido. Los directivos, estupefactos, le volvieron a fichar inmediatamente y publicaron el disco tan sólo regrabando 2 ó 3 canciones, entre ellas “La Ciudad del Viento” para que sonara como single. El resto se publicó tal cual bajo el mítico nombre de “Salitre 48.”

Cuando poco después Quique sacó “Pájaros Mojados”, para el que contó con más medios que nunca, se rebeló contra su discográfica y rompió con ella. Es imprescindible leer su manifiesto “Peleandoa la Contra”, del cual rescato algunas líneas que explican aquello: 

“La música está perjudicada por el sistema. Hemos llegado a una situación en la que la falta de respeto, la comercialización salvaje y la falta de escrúpulos hacen difícil encontrar algo de verdad en el panorama. Hoy sería muy difícil para mi hallar los referentes artísticos que me hicieron agarrarme al sueño de ser músico”. (…)

“Yo quise ser músico porque me volvían loco las canciones que escuchaba cuando me empezaron a gustar las que escribía me puse a tocar sólo en bares. Ocho años después me he encontrado con la esencia de mi oficio al volver a hacerlo. Por primera vez siento que me gano la vida dignamente como músico. Llevo tres meses en la carretera, viajo con mi teclado y mi guitarra. Nunca había aprendido tanto. He tenido mucho tiempo para pensar, y después de abandonar mi compañía de discos por voluntad propia, repaso mi experiencia en la industria y desde que grabé mi primer disco, Personal, en el 98, he pasado por ser una promesa, un desecho, un retorno esperanzador y una tercera oportunidad.” (…)  “Yo quiero hacer canciones sin pensar en singles, marketing ni playbacks chungos en Música sí”

“No quiero participar de esto. No creo que tenga nada que ver conmigo. No quiero salir en esa foto. Ante la posibilidad de firmar por otra compañía me vería en la obligación de renunciar a mi libertad. Y yo quiero que mi libertad sea el motor principal de actuación en mis próximos proyectos” (…) “En conclusión, voy a intentar editar mis propios discos, sin grandes pretensiones, con el espíritu de un artesano que pule sus propias piezas y las vende en su pequeña tienda.”

Y así lo hizo. Tan grande fue su éxito que estuvo en el top 10 de los discos más vendidos con “Kamikazes Enamorados”, su siguiente trabajo y publicado sin apenas medios, entrando directamente al 1 con “La Noche Americana” apenas un par de años después. Poco después a Quique le volvió a fichar una discográfica, esta vez con una hoja en blanco en la que él puso las condiciones que quiso. Fue la época del “Ajuste de Cuentas”. Lo que ha pasado desde entonces está a la vista de todo el mundo.  He pasado de ver a Quique González gratis en el Moby Dick a esperar impaciente su concierto de diciembre en el Barclays Card Center, antiguo Palacio de los Deportes, y todos sus discos no sólo se colocan como los más vendidos durante algunas semanas, sino que salen entre los mejores para la crítica.

Pero por encima de lo anecdótico, hay varias lecciones vitales en la historia que acabo de contar: la primera, hay que tener pasión por lo que se hace. Quique estudió turismo y estuvo trabajando en Londres, pero lo que le realmente le gustaba era la música, y hacia allí se dirigió. La segunda, la importancia de perseverar y no bajar los brazos nunca: peleando a la contra llegará nuestro particular ajuste de cuentas con la vida. La tercera, para ser feliz hay que ser valientes, atrevernos a vivir conforme a unos valores y perseguir con ardor nuestros sueños. Un gran contrato, una buena cantidad de dinero no nos tiene por qué hacer más felices, o como este verano comentábamos por aquí, nos puede llegar a esclavizar. ¡Qué fácil es ser libre y qué difícil nos lo ponemos!  Y la cuarta, y tal vez la más importante, la importancia de la autenticidad, de ser uno mismo, de poner el corazón en las cosas, de guardar la calculadora cuando se trata de sacar el alma, de atrevernos a ser la persona que somos, y no a vivir las vidas de otros. 

El propio Quique González, el que se sonreía tímidamente cuando coincidíamos en los baños de Galileo allá por el año 2000 ó 2001 y le decía “no me jodas, Quique, toca otro día, que mañana tengo econometría y mi padre no me perdona una”, imagino que nunca se pensó que pudiera aparecer por aquí como ejemplo vital, pero es que su historia me la creo. La música es frecuente fuente de inspiración y algunas biografías también pueden llegar a serlo. Como sus canciones, imprescindibles en la banda sonora de mi vida…Aunque él probablemente no lo sepa… 

En una de sus últimas intervenciones televisivas, Enrique Urquijo quisó cantar con Quique González en directo "Aunque tú no lo sepas". El vídeo se ve regular, pero la interpretación tal vez me parece la mejor de todas las que se han hecho hasta la fecha. Ahí os lo dejo, con los pelos de punta por mi parte.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Something Good Coming

Algunas Reflexiones

A menudo la gente me pregunta que cuándo es el mejor momento para visitar Ventosilla, y yo suelo responder que desde Mayo hasta Octubre. Entre esos meses el viñedo tiende a ofrecernos un espectáculo sin parangón coincidiendo con el ciclo de la uva. Por San Isidro la planta comienza a mostrar sus hojas, y poquito a poco lo que a posteriori serán las uvas, con cuya recogida dará fin la cosecha de cada año. Por el camino veremos diferentes tontaliades de verdes, unas uvas que se irán tintando, y cuando las hojas estén próximas a caerse, ese color marrón tan característico que confiere al campo en las regiones vitiviníclas un saborío especial.

 Aunque durante todo el año el viñedo me da mucha paz, confieso que es en estos meses cuando lo disfruto más que nunca. Me encanta pasear entre los líneos, correr en perpendicular a ellos por los caminos que los rodean, e incluso montar en bicicleta. A veces, simplemente me basta con sentarme un ratito frente a ellos tratando de arrcanar una mera fotografía que capture un poquito de la belleza del campo. Si encima tienes la suerte de poder hacer un picnic en Valdelayegua, uno de los parajes más espectaculares que conozco, rodeado de gente extraordinaria, amigo, entonces eres un privilegiado. Estás tocado por la mano de Dios y conviene que lo sepas. Al menos así me sentí yo ayer.

Si me guardáis un secreto, os confesaré que de un tiempo a esta parte mis años los cuento de otra manera. Claro que sigo celebrando el 31 de diciembre en familia, con sus uvas (curiosa paradoja) y todo lo que a dicha efeméride le rodea, pero tiendo a pensar en mi vida más por cosechas y vendimias que por los ciclos anuales de enero a diciembre por los que todo el mundo se rige. Lo sé, lo mío con el vino a veces puede parecer un poco exagerado, pero imagino que es lo que hay cuando uno disfruta tanto con lo que hace como yo.  Ahora me hace gracia pensar cómo antiguamente se metían conmigo diciéndome que era un "madrileñín" viendo lo que disfruto yo del campo.

Pero hay más. Y es que en el fondo cada añada es un reto. En función de que hayas tenido una maduración normal, o hayas sufrido accidentes climatológicos de cualquier tipo, en bodega podrás hacer unas u otras cosas. De acuerdo que hay procesos que son análogos y se repiten cada año, pero si realmente quieres sacarle todo el jugo a cada cosecha, debes ser consciente que nunca hay dos que sean exactamente iguales, invalidando cualquier proyecto de estandarización y obligándote frecuentemente a reinventarte. O como me gusta decir, en el fondo sólo podemos aspirar a interpretar de la mejor manera posible lo que la naturaleza nos brinda cada año, comprendiendo, eso sí, que en este mundillo nunca hay nada al azar, y que lo que te vale un año, puede no valerte el siguiente. Personalmente me parece fascinante. En el mundo del vino no hay lugar para el aburrimiento y no puedo negar que me encanta tramar "locuras" con Fran, el enólogo, o incluso dejarme enredar con sus nuevas ideas. Fruit & Flower, Fernando y Fran. Así nos llaman. El hambre y las ganas de comer. Es justo en ese momento cuando te das cuenta que los grandes enólogos son más artistas que ingenieros, y que lo que marca la diferencia entre ellos no es el conocimiento reglado o explícito que se enseña en las carreras, sino el tácito, el que son capaces de incorporar a su hatillo de recursos a partir de la intuición y las experiencias vividas. Realmente ese proceso de creación pone los pelos de punta. Y a mi, como hombre de empresa, me parece una maravilla tener la responsabilidad de gestionar a personas con tanta creatividad. Como me gusta decir, elaboramos sueños con forma de vino. Ahí queda eso.

Siempre que uno sueña, que intenta innovar, hacer cosas diferentes, existen ocasiones en las que las circunstancias no acompañan y que aquello que habías proyectado no sale o directamente sale mal. Incluso hay cosechas en las que sabes que la has "cagado", hablando mal y pronto, y que no te queda otra que nadar a contracorriente... hasta la siguiente vendimia. Entonces la naturaleza, que efectivamente es sabia, te brinda una nueva oportunidad, te da de nuevo un lienzo en blanco con una paleta llena de nuevos colores con los que puedes redimirte de tus errores pasados. Se baja el telón y comienzan a proyectarse de nuevo todos los sueños que caben dentro de una botella de vino. Y si tienes un poquito de sensibilidad, si has tenido un puntito de reflexión acerca de lo que has hecho bien o mal en añadas anteriores, entonces puedes hacer auténticas virguerías.

Como a la cepa, a las personas nos pasa algo parecido. La vida nunca es sencilla y a menudo nos trae sorpresas desagradables que nos condicionan en nuestro día a día. Las cosas no siempre nos salen como queremos y ello nos supone a menudo un auténtico quebradero de cabeza. Pero lo bonito de la vida, lo bueno que tiene la misma, es que como la naturaleza con el viñedo, siempre nos termina dando la oportunidad de jugar un partido de vuelta, de revertir aquello que nos ha dejado tocados y de reinventarnos una y todas las veces que hagan falta. Como me gusta decir, las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, dejan de luchar. La derrota, que es inherente a la vida, asumida con actitud y espíritu de lucha, termina siendo necesaria dentro del proceso de aprendizaje de cada persona. Incluso ciertos palos que uno recibe en los partidos que se pierden, a menudo dolorosìsimos, pueden ser un acicate para un cambio a mejor. Un manguerazo de agua fría, lo llamo, que de vez en cuando no viene mal, porque en el fondo, en esta vida, casi todo en esta vida es cuestión de actitud.
 
Que duda cabe que las personas somos contradictorias y ahora que tal vez estoy en profundo examen de conciencia, siento que en los últimos años he estado bastante despistado. Mientras me afanaba en buscar más que nunca la tipicidad de los vinos, la pureza en la expresión del varietal en sus distintas versiones dentro de cada botella, la autenticidad en definitiva, poniendo en valor aquello que supone  la esencia de la uva y del terruño, confieso que me he distraido un poco por el camino de mi vida. Como decía el otro día, me siento en plena regresión hacia lo auténtico. Lo vivido este verano ha sido uno de esos manguerazos de realidad a los que antes hacía alusión y que te brindan una nueva oportunidad de cambio. Arranca la vendimia en unas semanas y comienza mi particular "curso". Creo que esta vez lo voy a bordar. Something good coming, que diría Tom Petty. Vamos a por ello.

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