lunes, 31 de octubre de 2016

Vidas Cruzadas

Pelirrojamente Juntos

El dolor, al igual que los miedos o los vértigos, así como la alegría, la felicidad o el éxito son inherentes a la condición humana. Siempre he creído que uno realmente ha vivido cuando los ha sentido en algún momento de su vida. Así que tan sólo podemos aspirar a gestionar estas emociones de la mejor manera posible. Los buenos momentos siempre se digieren mejor, pero es en los malos dónde realmente se aprende. O se puede aprender. Depende de cada uno. Lo que sí que sé es que cuando uno toca fondo, cuando uno se enfrenta a las tesituras más complejas, es cuando más crece como persona. El elogio nos debilita, los golpes de la vida tienden a hacernos más fuertes. Es una mera cuestión de actitud.

El pasado 14 de julio fallecía mi primo Santi, a quién dediqué el post más sincero que he escrito en los 8 años que llevo en El Disparadero, que se dicen pronto. Como comentaba en aquel momento, me encontraba, como creyente que soy, en pleno camino de Emaús, intentando comenzar a entender los "para qués" de un suceso tan terrible, contra natura e inesperado. Y en medio de ese camino, se cruzó conmigo Bego, quién se prestó a andar conmigo por aquella senda tan tortuosa en aquellos primeros momentos. Resultó que ambos éramos músicos de guardia, ella incluso con estudios en la materia, y que además, curiosamente, cada uno por nuestro lado, antes de conocernos a la salida del funeral por mi primo, habíamos pensado en hacer un concierto para homenajearle y, de paso, apoyar las causas que Santi tanto queria. Para mayor coincidencia, a ambos nos había pedido que le enseñásemos, con poco éxito, por cierto, a tocar "Vidas Cruadas" a la guitarra. Una cena a finales de julio, y una primera toma de contacto en casa de mi madre con una guitarra acústica y un cajón fue el punto de partida. Y a partir de ahí, fuimos de milagro en milagro hasta hace unos días.

Bego reclutó a Ana y a Ceci en primer lugar. Les siguieron Juan y Fer. Por mi parte convencí a Maxi. A los pocos días se unió Pati. Por delante una lista de 30 canciones de Spoty que nos habia pasado mi primo Caku y apenas un mes y medio largo para el concierto que queriamos preparar, por cuanto las obligaciones de todos impedían llevarse el mismo más allá del 22 de octubre. Mis hermanos, los cuales no podían acoplarse a los ensayos por cuestiones logísticas, dijeron que estarían en el mismo con sus respectivos grupos. El día del cumpleaños de mi primo Santi, tras la misa a la que asistimos en su memoria y tras la celebración de mis tíos en su casa, en un acto sencillo a la vez que emotivo, nos dimos cuenta de que habíamos generado, sin apenas haber comenzado a ensayar y moverlo, unas expectativas descomunales. Lo que Bego y yo habíamos pensado que albergaría a 150 - 200 personas, empezamos a vislumbrar que se podía ir con toda seguridad por encima de las 500. Y fue entonces cuando se nos unió Pedro, y con él su hermano Agustín, que fueron quiénes comenzaron a buscar el local, a negociar las condiciones, a hablar con Entreculturas para ver cómo apoyar al proyecto "Creciendo Juntos" y a hacer las entradas. Y de repente Ceci se trajo un día a Marta a los ensayos y ésta con su arte y su generosidad nos hizo multitud de fotos para empezar a darle bombo al asunto. De la noche a la mañana se curró unos carteles espectaculares que hicieron que a todos se nos saltara alguna lagrimilla de la emoción. Ana, que además de cantar como los Ángeles, está terminando su proyecto de Arquitectura, sacó tiempo de donde no lo tenía y creó la página de Facebook del evento aprovechando las fotos de Marta. Y así como quién no quiere la cosa empezamos a ver que eso de las 500 personas tal vez incluso se nos iba a quedar cortos.

Este pequeño milagro en el que se estaba convirtiendo el concierto aún nos iba a deparar más alegrías y sorpresas. Mi tío Carlos, padre de Santi, decidió subirse al escenario a cantar dos canciones, y con él mi primo Juan a la armónica, haciendo alusión al "corazón de oro" que tenía Santi. Mi madre, también tras mucho tiempo sin cantar en público, volvió a coger la guitarra para versionar a Serrat y rememorar las canciones que en familia cantamos cada verano en el santo de mi abuela y que tanto significado tienen en nuestra casa. José Félix preparó un poema y hasta mi hermano Santi se atrevió a tocar el teclado con Kamikazes. Lo que empezó siendo una breve conversación a la salida de una iglesia estaba tomando un cariz inimaginable apenas unas semanas antes, lo cual complicaba maravillosamente todo. Itziar, mi cuñada, nos resolvió el asunto del técnico de sonido con ayuda de Jorge y Pedro, lo cual no era nada sencillo teniendo a 8 personas a la vez en el escenario como ocurría en el caso de nuestro grupo. Sostenless llevó la batería, un ampli de guitarra y otro de bajo y nosotros lo restante. Ya teníamos grupos, artistas y materiales, pero faltaba el lugar. En Madrid, tras la tragedia del Madrid Arena, se han pasado de locales pequeños a otros enormes, pero faltan de tamaño medio. Como decía antes, nada ccomo tener un manager como Pedro y a su hermano Agustín en la recámara.

El sitio elegido fue "Obico", un restaurante enorme, en el cual David, su dueño, nos puso todas las facilidades del mundo para poder adaptar el mismo al concierto. Podíamos meter hasta 800 personas pero, ¿cómo llegar a ellas? ¿Cómo evitar que nadie realmente de los importantes se quedara sin asistir a un evento de tanta magnitud? De repente los voluntarios para vender entradas se multiplicaron. Nos involucramos todos los del grupo y también los miembros de Kamikazes y Sostenless, pero también mis tíos y mis primos, Jacobo, Javipe, su hermana María, Laura, Gus, Álvaro, Mele y su hermana Elena. Cada día, casi cada hora cuando el concierto se iba aproximando, íbamos actualizando información. Ya el viernes teníamos garantizadas casi 700 personas, pero el mismo día del concierto llegamos a temer por no poder acoger a todo el mundo.

Obico tenía 4 pantallas de televisión y se pensó que sería una buena idea preparar unas cuantas diapositivas que se proyectaran en las mismas. Pedí ayuda a María, la cual ya estaba involucrada en todo el tema de las entradas, y a ella le dio igual estar empantanada en proyectos fuera de Madrid o trabajando hasta las mil: cogió el toro por los cuernos y empezó a contactar a unos y a otros, y fue capaz de entre las más de mil diapositivas poner un poco de orden y cordura a las mismas. Para que el montaje del escenario hacían falta voluntarios, y Pedro no tardó en encontrarlos. ¡Todo el mundo quería ayudar! Abel, Álvaro y Edu Olmedo, más Fer, que además de tocar la guitarra y cantar se lo ha currado a lo bestia, y Pedro, el único manager que "baja al barro", aquello quedó impecable. Increíblemente, en 52 días habíamos sido capaces de preparar un concierto para 800 personas.

Durante esos 52 días, en lo que a los músicos se refiere, nos tocó hacer un trabajo ingente. Cuando vi la lista que nos había mandado mi primo, pensé que para prepararlo bien nos hacían falta al menos 3 meses ensayando mucho. Es más, Bego puede atestiguar que mi primera idea era que el concierto fuera en Diciembre. Sin embargo, siempre pensé que Santi nos ayudaría por el camino, que algo bueno saldría de allí. Hay una variable que no se controla y que sin lugar a dudas lubrica todas las relaciones, y es la química. De repente éramos 8 personas cuyas vidas se habían cruzado a raíz de lo sucedido con mi primo. Compañeros del camino a Emaús que encontramos en la música una forma de expresar y canalizar nuestro dolor y sufrimiento por todo lo vivido este verano. Hubo "flow", que diría Maxi, desde el primer momento, y así poquito a poco las canciones iban saliendo. Superamos nuestras propias expectativas llegando a tocar hasta 26 de las 30 de la lista. Ceci de repente sabía tocar el violín y el Oukelele. Juan cambiaba guitarra por huevo y maracas como quién se cambia de camisa. Y Pati con el teclado nos solucionó muchas de las papeletas que aún estaban pendientes. Lo del conjunto de voces ya era una cosa espectacular. Durante la prueba previa al concierto el técnico lo clavó: "¿pero es que en este grupo cantáis todos bien?". Y bueno, lo de Ana es más que bien, la verdad. Otro nivel, que siempre dice Bego. La semana previa yo ya estaba convencido de que aquello iba a sonar de cine. Son ya muchos años tocando, sólo o en grupos, escuchando mucha música y creo que tengo "feeling" para esto. Desde el miércoles 19 yo ya estaba con los nervios de quién sabe que se encuentra ante una fecha grande de la que sólo puede salir airoso.

Faltaban aún dos cosas importantes: una, el nombre del grupo, y dos, el nombre del evento. Ceci propuso que el grupo se llamara "Pelirrojamente Juntos" ya que a mi primo le llamaban el "pelirrojo", pero sobre todo porque sentíamos que el mismo reflejaba en buena medida el espíritu de mi primo, el cual siempre decía las cosas en serío, pero con un toque de humor, medio en broma. Y Juntos porque sabemos que eso es lo que gustaría, que estuviéramos unidos. Teníamos la convicción que desde esa parte del cielo que Dios tiene reservada para las mejores personas, Santi estaría partido de la risa con el nombre. Sentíamos que Santi nos había unido y que el nombre tenía que estar ligado con su persona y con su legado. Disfrutamos tocando y nos acordamos de él al hacerlo. Y respecto al evento, decidimos llamarlo "Vidas Cruzadas", por cuanto entendíamos que al igual que nuestras vidas se habían cruzado a partir de lo vivido este verano, el resto de asistentes al concierto, de una manera u otra, también habrían experimentado algo similar. Lo teníamos todo. ¡Estábamos listos!
Como me gusta decir, lo que sucedió el día 22 de Octubre fue un pequeño milagro que se llevó a cabo gracias a muchas personas que han visto cómo sus vidas han pegado un vuelto a raíz de la muerte y resurrección de mi primo, que han sido capaces de sacar lo mejor de sí mismos a partir de una circunstancia tan dolorosa. Sobre el escenario disfrutamos como locos. ¡Había canciones que ni con el micrófono se nos oía la voz! La gente estaba entregada y nosotros emocionados. Nunca habia expreimentado algo así, pero lo más importante es que se homenajeó a Santi tal y como queríamos, que recordamos su vida a través de sus canciones y sus fotos, y de paso se hizo una gran recaudación para el proyecto de Creciendo Juntos.

Mi tío Carlos me agradeció de corazón todo lo sucedido aquel día, así como me pidió que transmitiera dicho agradecimiento al resto. Como le dije, yo sólo soy la cara visible, una de ellas, de este proyecto. Sin toda la gente que se decidió apuntar a esta "bendita" locura que ha sido este concierto, el mismo jamás hubiera llegado a buen puerto. Desde aquí hago público el agradecimiento de mis tíos a todo el mundo. Pelirrojamente Juntos sigue, ya que en este camino Emaús, nuestras vidas también han cambiado aunque espero que todo el mundo entienda que tras lo narrado, necesitamos un poco de descompresión por nuestra parte.

Y por la parte que me toca, no quisiera terminar sin agradecer tanto a tantas personas: a los "Pelirrojos", a mis hermanos y familia, a mis amigos más cercanos y a los que veo menos a menudo todo el cariño y apoyo en estos meses tan difíciles para mi. Todo lo vivido me ha acercado más a Dios, me ha hecho también mejor persona y me ha permitido desenpolvar una faceta de mi a través de la cual he sido capaz de expresar lo que llevaba tan dentro. Es difícil explicar todo este proceso y tal vez la guitarra haya sido el mejor aliado posible en ese aspecto. Y mi eterno agradecimiento a Santi. Por lo vivido con él estos años, por la compañía de las últimas semanas que pasamos juntos, por las conversaciones que tuvimos y por toda la gente que  raíz de lo que ocurrió aquel fatídico 14 de julio ha puesto en mi vida. Gente maravillosa que ahora sé que han llegado para quedarse. Vidas que dejaste cruzadas, socio, y que, definitivamente, vienen encendiéndose. O al menos así lo percibo. Va por ti...