martes, 15 de agosto de 2017

Catarsis

Vivencias de mi "Curso" Particular

Purificación, liberación o transformación interior suscitada por una experiencia vital profunda. Así reza el diccionario de la RAE cuando uno busca en el mismo el significado de catarsis. Tal vez no exista término mejor para definir lo vivido este año en mi vida.

De un tiempo a esta parte tiendo a mirar el año en términos académicos, de verano a verano, y suele ser el período estival un buen momento para echar el freno de mano y la vista atrás, poner las cosas en perspectiva y reflexionar acerca de lo vivido, así como prepararse para lo que esté por llegar. Decía el Che Guevara que la revolución es como una bicicleta, que cuando no anda se cae. Yo he comprobado que la vida es igual. O tal vez lo justo sería decir que la vida, cuando se vive de verdad, se asemeja mucho a una especie de revolución permanente en la que uno huye de las zonas de confort y se encuentra en búsqueda permanente.

Indudablemente, lo vivido en el verano de 2016 lo ha condicionado todo. La muerte de Santi, con todo lo que se generó a partir de la misma, ha sido un antes y un después en mi vida. Desde aquel 14 de julio ha sido imposible volver a afrontar las cosas de la misma forma. Todo se pone en perspectiva y la sensación de que la importancia no está en cuánto se vive, sino en cómo se vive, la reflexión acerca de si te estás poniendo en manos del Buen Alfarero para que ese pedacito de arcilla que es tu vida se convierta en una obra maestra,  o por el contrario estás haciendo de la misma un churro en modo estándar, me han marcado profundamente. Así arranqué mi "curso" el pasado mes de septiembre, con dudas y penas, pero también con ganas de encontrar aquellos "para qués" de los que tanto hemos hablado en este blog.

Al poco de iniciarlo, comencé en IESE el EMBA. Intuía lo que aquello iba a ser, pero lo cierto es que nunca imaginé lo mucho que me está impactando la experiencia, toda la gente excepcional que he conocido y todo lo bueno que el  Máster está sacando de mi. Necesitaba ese nuevo estímulo en mi vida y lo cierto es que mi faceta profesional a día de hoy tiene poco que ver con lo que era hace apenas unos meses. Los miedos, las dudas, las dificultades siempre te acompañarán en la vida. La clave es cómo las gestionas. Nos dijeron en su día que no es qué tú pases por el IESE, sino que el IESE pasa por tu vida y hoy pienso que es una gran verdad. El proceso de crecimiento que estoy viviendo me está ayudando en todas las facetas de mi día a día. Sin duda ha sido un año complejo, duro, de mucha lucha en el trabajo, pero también satisfactorio desde muchos puntos de vista. Conocerse, para poseerse, para darse. Ahora comprendo que trabajar en un puesto de dirección es el trabajo más bonito del mundo pese a lo difícil que es gestionar una compañía. 

Pero este curso académico también trajo consigo el cumplimiento de un sueño: ser profesor asociado en la Universidad Complutense. Me ha supuesto horas de sueño, un esfuerzo brutal, por cuanto compaginarlo con una Dirección General y un MBA en una de las mejores escuelas de negocio del mundo me ha obligado a sacar lo mejor de mi de forma permanente casi durante las 24 horas del día. Pocas cosas tan satisfactorias he conocido en mi vida como la enseñanza. En ella he puesto mi vocación de servicio, la sensación que tengo de que debo devolver a la sociedad lo mucho que he recibido de ella y mi fe inquebrantable en la juventud que viene pese a todo lo que se dice de ella. Y sin embargo me sorprendo dándome cuenta de que soy yo el que ha recibido mucho más de los alumnos que tal vez lo que ellos hayan recibido de mi pese a toda mi ilusión y pasión en las clases.

Pocas cosas me gustan más en esta vida que el fútbol,  y para mí ha sido realmente duro no poder jugar este año. Los que habéis estado cerca mío en este curso sabéis que pese a las dificultades para poder compaginar todo, me he dejado el alma en recuperar una rodilla que parecía que nunca iba a estar bien del todo. Hoy, 14 meses después de la operación, veo la luz y creo que podré dedicarle a Santi esa última temporada que quería dedicarle, aunque sea jugando a ratitos y sabiendo que nunca nada volverá a ser igual. Las horas de sufrimiento a solas y con los fisioterapeutas me las quedo para mí, pero sólo yo sé lo mucho que me ha costado volver a sentirme bien, las dudas que he tenido, los días de subidón y los de bajón. Y es en la intimidad de esos momentos cuando te permites conocerte mejor y explorar también tus límites. Me reafirmo en que las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, pero también en este tiempo he aprendido a escuchar a mi cuerpo. Tal vez en el fútbol encontré un pretexto para no mirar hacia atrás, para seguir sintiéndome el niño que quizás nunca he dejado de ser, al menos en parte. Ahora, en equilibrio, voy viendo las cosas de otra manera.

El no poder jugar al fútbol dio espacio a la música y con ella, de la mano, vino otra nueva revolución personal. Siempre soñé con tocar en un grupo y de hecho lo he podido hacer varias veces, pero entre unas cosas y otras siempre me faltaba continuidad. Con Pelirrojamente Juntos he cumplido varios sueños, pero sobre todo he sentido en primera persona el poder terapéutico de la música para mitigar todo el dolor de lo acontecido el verano pasado. Y en ello he encontrado a gente imprescindible en mi vida que sé que me acompañará siempre. A decir verdad, un poco se nos ha ido de las manos. Nunca pensamos en hacer tanto ruido. Aún recuerdo en los primeros ensayos cuando hablábamos de que a lo mejor juntábamos 100 personas en aquel primero concierto. Cuando apenas un mes y medio después reunimos a 800 apenas nos lo creíamos. Hacer el bien haciendo lo que nos gusta. Simplemente es maravilloso. 

La muerte de mi abuela estas pasadas Navidades también supuso un antes y después en mi vida. Muchas veces la gente me ha preguntado por mí espíritu de lucha, por mi determinación. Sin lugar a dudas la heredé de ella, una de las mejores personas que han pasado y pasarán por mi vida. Pura bondad, un ejemplo de fe. Y sin embargo su marcha la afronté desde la calma. Morimos porque vivimos,  y las personas que viven plenamente, como fue su caso, creo que se marchan en paz. El comprender que la muerte no es sino otra faceta de la vida que tenemos, una consecuencia de la misma, me ha dado una perspectiva diferente respecto a la misma. El vacío que nos queda es inevitable, pero inmediatamente lo que me sale después es un poso de eterna gratitud. Quien ama crece, y aunque las despedidas siempre son tristes, nunca nadie se va del todo. 

Y me quedan mis amigos, los que siempre están, los que nunca se marcharán. Septiembre comenzó con un bombazo, pero el curso nos ha ido permitiendo recomponer la situación. Se nos casó Francis y los vividores hemos ido dando paso a una nueva dimensión de nosotros mismos, tal vez más adulta pero igual de divertida. Aquella etapa fue necesaria, pero ahora se abre otra mucho mejor. Personalmente siento que me he quitado un disfraz, que me hizo falta, que tuvo su gracia, para dar paso a la mejor versión de mí mismo.

Cuando hace hace un par de meses tuvimos en el IESE el paso del Ecuador del Máster, el cual terminará en Mayo de 2018, nos pidieron que pusiésemos una palabra en un mural para expresar lo que había significado este primer año para nosotros casi de forma inmediata me salió "catarsis". Purificación, liberación o transformación interior, como consecuencia de todo lo acontecido este año. Lo tuve claro entonces, pero con perspectiva lo veo cristalino. Muchas cosas me han pasado este año. Desde el sitio de mi recreo particular cojo carrerilla para un nuevo curso que se presenta maravilloso. Como la vida misma.

¡Feliz Verano! 

1 comentario:

Emilio García dijo...

Que buen resumen emocional Fernando. Los cambios son naturales, todo cambia, nada permanece. Un abrazo