domingo, 28 de enero de 2018

La (mala) Gestión del Éxito

Algunas Reflexiones

Mi buen amigo Paco Alcaide lo definió como fenómeno de fenómenos y no le faltaba razón, porque en el fondo el fútbol es algo completamente irracional y nos lleva, a menudo, a sacar los instintos más primarios. Y es que, si lo pensamos bien, no existe una marca en el mundo más potente que la de un club de primer nivel. Los que somos del Madrid llevamos desde hace un par de meses llevándonos un disgusto tras otro, pero aquí seguimos. El miércoles, al finalizar el partido contra el Leganés, juré que no volvía a ver ningún partido este año, soltando todo tipo de improperios acerca de los jugadores, entrenador y utillero de la primera plantilla del Real Madrid. Ayer, acompañando a mi padre, no me resistí a ver el partido junto a él. Aún así, pese a su componente emotivo, si eres capaz de dejar durante un ratito los sentimientos en un cajón y coges un poco de perspectiva, el fútbol es una fuente inagotable de lecciones vitales, y en mi caso, aplicables para el mundo de la empresa y la gestión de los grupos humanos. Durante mi vida profesional, han sido muchas las veces en las que he tirado de anecdotario y vivencias futbolísticas, como jugador y entrenador, como miembro importante de un equipo o como cuando me pudría en un banquillo cabreado como una mona con el entrenador porque no me daba bola. Experiencias todas que no sólo me hicieron crecer como persona, sino que ahora me han permitido salir airoso de más de un embrollo. El fútbol me permitió conocerme mejor, pero también conocer mejor cómo funcionan las personas, así como el difícil equilibrio entre ser justo y comprender que cada jugador necesita diferentes estímulos para rendir. Hay quien necesita palo, quien pide zanahoria y también quién necesita una ración de ambas para dar lo mejor de sí.

Pero dejo las batallitas para otro día y vuelvo al miércoles contra el partido contra el Leganés. Nada más terminar el mismo el diario Marca hacía una encuesta sobre la crisis del Madrid en su edición digital. Creo que no llegaban a 5 de los 25 miembros de la primera plantilla del club de Concha Espina, los jugadores a los que la afición salvaría en estos momentos. Y es que cuando las cosas van mal, lo razonable, y así lo asumimos todos, es tomar decisiones. Conviene no hacerlo en caliente, pero hay ocasiones en que no queda más remedio que meter el bísturí en un grupo humano y extirpar el tumor, extraer aquello que no funciona. Que nadie me entienda mal. Este tipo de situaciones nunca son fáciles y mucho menos agradables. Ponerte cara a cara para comunicar un despido, aunque sea disciplinario y más que justificado, decirle a alguien que no cuentas más con él, nunca es plato de buen gusto. Y si tienes algo de empatía, lo llegas a pasar realmente mal. Pero esa es una de las labores del directivo. Te contratan para tomar decisiones, las buenas y las malas, y a menudo no te queda más remedio que ponerte colorado. También piensas en cómo queda la moral del resto de la tropa, en las cicatrices que dicha salida puede ocasionar y siempre le das mil vueltas antes de afrontar una tesitura como la expuesta. 

Dice el refranero español que "a grandes males, grandes remedios", y no deja de ser una gran verdad. Sin embargo, la experiencia me dice que habitualmente los grandes males tienden a venir precedidos por graves errores, y cuando se trata de la gestión de grupos humanos, suelen ser a menudo por omisión. La peor decisión es la que no se toma y ello permite que muchas veces ciertos problemas, que atajados a tiempo hubieran sido anecdóticos, terminan enquistándose y enrareciendo el ambiente. De repente lo que funcionaba deja de hacerlo y es entonces cuando el refranero vuelve a nuestro rescate y nos recuerda que "de aquellos polvos, vienen estos lodos". Sin embargo, los problemas no surgen de repente, sino que tienen una génesis que no se supo diagnosticar.

¿Dónde se rompió el Madrid de Zidane? ¿Cómo puede ser que ese equipo que pasó por encima de la Juve en la final de la Champions en una de las mayores exhibiciones vistas en el partido cumbre de dicha competición, aquel que bailó al Manchester United en la Súper Copa de Europa, el que hizo que Piqué saliera en prensa reconociendo tras la Súper Copa de España que por primera vez sentía que el Madrid era superior, o el que se permitía ganar la liga arrasando con el equipo "B" en campos que tradicionalmente se le habían dado mal, de repente haya comenzado a hacer el ridículo ante equipos de presupuesto inferior, y se haya permitido perder ante el Barça hace apenas un mes como un equipo pequeño en su propio estadio?

Gestionar el éxito es lo más difícil del mundo. La tentación, cuando las cosas van bien en un grupo humano, es no cambiar nada. Se dice aquello de que no conviene tocar lo que ya funciona, y separa ignora que son dos las claves las que permiten que un equipo se comporte como tal: interdependencia y objetivo común. Cuando el segundo se alcanza, una vez que la adrenalina ha alcanzado sus máximos, suele venir un bajón considerable. Es entonces cuando el líder debe analizar si realmente es capaz de volver a motivar a los miembros de su equipo en pos de un nuevo objetivo, y si considera que realmente no es así, es cuando debe tomar decisiones, estando en la cumbre. Puede pasar por prescindir de ciertos miembros del grupo, o por incorporar a otros que realmente comprometan el protagonismo de los que ya están para que entre un nuevo estímulo que no permita la relajación, e incluso porque el directivo abandone el barco, entendiendo que vino para acometer un proyecto y que esa nueva etapa requiere de un nuevo ejecutivo que motive de nuevo al equipo.  Liderar, dirigir, motivar personas, nunca es una balsa de aceite. Se generan roces y con el tiempo cierto agotamiento. Los procesos pueden ser más rápidos (véase Mourinho) o más lentos (caso de Ancelotti). Diferentes estilos de liderzago pueden ser válidos para situaciones distintas, pero el timing siempre varía en cada caso. El directivo que entra a reestructurar una compañía y ponerla en valor, el que ha tenido que tomar decisiones complicadísimas con un amplio impacto en la plantilla de su empresa, rara vez vale para la siguiente etapa de relanzamiento. Y las personas buenas para relanzar organizaciones, probablemente no valgan para momentos de crisis que requieran soluciones quirúrgicas.

Ejemplos en el fútbol los hay de todos los colores. El Barça de Rikjaard, con Ronaldinho, Deco y Eto´o a la cabeza, con un joven Messi que comenzaba a asomar, maravilló a Europa. El ténico holandés no supo ver los evidentes síntomas de agotamiento de su equipo cuando perdió la liga contra el aguerrido Madrid de Capello. Laporta "dimitió" de sus obligaciones pensando que Rikjaard sería capaz de volver a poner orden y aquello acabó con el pasillo al Madrid de Schuster al año siguiente, con una plantilla mucho menor. Un sólo año después, Guardiola, aprovechando a la mayoría de aquellos jugadores y haciendo algunos cambios (algunos dolorosos) lograba aquel histórico 2 - 6 en el Bernabéu. Y estando arriba, habiéndolo ganado todo, se "cargó" a Eto´o para mantener la tensión en el grupo. Guardiola, además, supo irse del Barça y del Bayern cuando comprendió que aquellos grupos humanos a los que entrenaba necesitaban un nuevo estímulo que él ya no iba a ser capaz de dárselo. La España del "tiqui - taca" que enamoró en las Eurocopas del 2008 y 2012, así como en aquel inolvidable Mundial de Sudáfrica, sin embargo, terminó saliendo por la puerta de atrás en el la edición de Brasil 2014 y en la Eurocopa de 2016. Se intentó estirar un equipo que ya no daba más de sí. Y el Madrid este año evidencia cosas que ya se percibían la temporada pasada: que Benzema está de vuelta, y que, quizás, pese a su exhibición en el último tramo de la competición, era el momento de vender a Cristiano Ronaldo.

Lo que digo puede sonar ventajista, pero las personas que me conocen saben que ésto lo llevo diciendo hace muchos meses. ¿Cómo prescindir de Benzema tras su jugadón ante el Atleti? ¿Cómo vender a Cristiano tras sus 10 goles decisivos de la Champions? ¿O cómo no dar otra oportunidad a Ronaldinho 2006 pese a su evidente decadencia física con todo lo que había dado al Barça? ¿O cómo no renovar a Del Bosque para que estuviera en Brasil 2014 con todo lo que había ganado? Prescindir de aquellos que te han llevado al éxito es durísimo, pero los directivos estamos para tomar decisiones, para prevenir problemas y no para promover la autocomplacencia. Se debe poner el corazón cuando se dirige, pero no se debe dirigir con el corazón. Esa es una de las lecciones más duras que todo ejecutivo debe interiorizar. 

Hace un par de años parecía imposible que Rafa Nadal volviera a ganar un Gran Slam y en su equipo se tomó una decisión completamente disruptiva: se fichó a Carlos Moyá y Toni Nadal anunció que a final de temporada dejaría de formar parte del staff técnico del Manacorí. Es muy difícil encontrar ejemplos como el de Nadal o Federer, que tras más de 15 años en la cima del tenis, no se cansan de ganar, pero hasta los más grandes necesitan de nuevos estímulos. Desde entonces, Rafa ha ganado en París y EEUU. ¿A alguien le sorprendería que volviera a levantar la Copa de los Mosqueteros en Roland Garros esta primavera?

El reto que tiene Zidane por delante es apasionante y de muy difícil solución. A su favor juega que tiene una plantilla con vergüenza torera y un mundial por delante que para muchos de sus mejores jugadores será el último que afrontarán con plenitud. Es muy posible, además, que la preparación física haya ido enfocada a hacer un tramo final muy fuerte, justo como el año pasado, pero es ahora cuando tiene que mostrar que, además de un gestor de egos, tiene soluciones para un equipo que se le ha caído con todas sus piezas. Si se obrase el milagro y el Madrid terminara levantando algún trofeo a final de año, convendría que tanto Zidane como Florentino Pérez tomasen medidas y no se dejasen llevar por la nostalgia de un grupo humano, que  como bien apuntó Butragueño, nos ha hecho muy felices a todos los madridistas logrando el mejor año de la historia del club. No deben olvidar que el Real Madrid ya sobrevivió a la salida de Di Stéfano en su día y que el club está ahí. Las personas tendemos a estar de paso y son las instituciones las que perduran, pero nuestro corazoncito nos impide verlo con perspectiva.

Termino reconociendo que hay algo de oportunismo en este post, por cuanto estas líneas las podía haber escrito en verano, cuando ni yo mismo podía intuir un desplome semejante y sólo pensaba que a este equipo le faltaba un "9", pero la vida no deja de ser aprendizaje continuo y yo disfruto con ello. Sobre todo con un buen partido por delante. El "fenómeno de fenómenos" nos lo recuerda todas las semanas.

No hay comentarios: