jueves, 31 de mayo de 2018

Chapeau, Zizou

Algunas Reflexiones

Confieso que andaba tranquilo esta mañana visitando la finca con clientes pese al jaleo que intuía se estaba montando en el parlamento, cuando de repente me llegó un mensaje en el que me decían que Zidane se iba. Al principio creía que era una broma para quitar tensión al debate sobre la moción de censura, pero no tardé en darme cuenta de que la cosa iba en serio. Me quedé atónito, la verdad. Yo tampoco me lo esperaba. 

Y eso que durante este año he escrito algún post hablando sobre la gestión del éxito, sobre cómo Zidane no había sido capaz de meter nuevos estímulos ante un equipo que venía de ganarlo todo y que, apenas unos meses antes, parecía que no iba a encontrar rival esta temporada. La tozuda realidad es que el Madrid ya había perdido la liga antes de Navidad, que estaba fuera de la copa, cuando trazaba aquellas líneas a las que me refería hace un momento, en el mes de enero y que tenía por delante una eliminatoria contra el PSG que se presumía como un Himalaya casi inaccesible para un equipo que no terminaba de encontrar sensaciones. 

Cuentan los que saben, los que conocen los entresijos del vestuario blanco, que Zizou tocó fondo el día del KO copero ante el Leganés, cuando fue incapaz de motivar a sus hombres para que luchasen por una de las dos competiciones que le quedaban por delante, y que sólo la reacción de Ramos, viendo cómo su entrenador fetiche se derrumbaba, le permitieron al galo sacar fuerzas de flaqueza para seguir y rematar la temporada, contra todo pronóstico hace unos meses, ganando la Champions League por tercera vez consecutiva. Cuando parecía que Zidane había recuperado el pulso, que había devuelto el hambre a sus jugadores pese a las dudas y la evidente necesidad de refuerzos en algunas líneas, esta mañana ha anunciado que se va, que lo deja, que si el equipo quiere seguir ganando, necesita otro mensaje, otra metodología.

Aplaudo a Zidane. Lo que ha hecho es honesto y un gesto de valientes. Lo fácil hubiera sido quedarse, intentar estirar el  chicle, pero poca gente sabe también como el francés que en el Madrid sólo vale ganar y que la Champions puede tapar ciertas miserias, incluso todo, en algunas entidades, pero nunca en el club de Chamartín. Decía en enero que lo más difícil en la vida es gestionar el éxito. Cuando las cosas van bien, pocas veces se toman decisiones rupturistas, por cuanto se tiende a pensar que éstas van a seguir yendo estupendamente. Cuando las cosas van bien, cuesta mucho prescindir de algunos de los partícipes del éxito, por cuanto existe una sensación de "deuda de gratitud" con ellos aunque el proyecto dé evidentes síntomas de agotamiento. Y cuando crees que no tienes fuerza para liderar una regereneración, cuando piensas que no vas a ser capaz de tomar ciertas decisiones y sientes que, tal vez, hayas terminado un ciclo, lo mejor es dar un paso a un lado y dejár que venga otro.

Dirigir un equipo profesional de cualquier deporte es algo duro. Y si se trata del Real Madrid, ya ni hablamos. El de Concha Espina es el único club del mundo al que se le critica por ganar la Champions League jugando mal, aunque por el camino haya eliminado al PSG, a la Juve o al Bayern. El foco mediático debe hacer irrespirable la atmósfera durante muchos momentos. Y gestionar el ego de 25 cracks como los que componen la plantilla del Real Madrid, debe ser de todo menos sencillo. Yo el domingo hubiera despedido a Cristiano y abierto un expediente a Bale, pero resulta que en un equipo de fútbol los jugadores son los activos y tienen un poder descomunal dentro del vestuario. Jóvenes y ricos, con un ego gigante. Es por ello por lo que los entrenadores apenas duran dos o tres años. Y cuando se van, a menudo, es porque han sido cesados, por cuanto son muy pocos los que tienen la honradez de reconocer que los ciclos se acaban, incluso cuando desde fuera los éxitos impiden verlo, y que es justo en ese instante cuando llega el momento de dejarlo.

La decisión de Zizou me ha pillado por sorpresa ya que creía que se sentía con fuerzas suficientes para seguir y gestionar el cambio, pero como dije también en su día, la peor decisión es la que no se toma. Dar un paso a un lado pensando en el bien común no sólo es una decisión valiente y honesta, sino que manda un mensaje demoledor al resto de la sociedad desde un club donde todo es noticia. Empezando por aquellos que se atrincheran en la Moncloa sin pensar en lo que es mejor para nuestro país. Pero de eso, en fin, tal vez de eso hable otro día. O no. Hoy toca expresar mi admiración por aquel al que en su día tuve como referente en el campo y ahora también como modelo de liderazgo. Me quito el sombrero.

Merci, Zizou.

miércoles, 23 de mayo de 2018

Pablo Laso

Lecciones y Pequeño Homenaje

Hay historias que merecen ser recordadas y contadas con cierta asiduidad. Momentos que al traerlos de nuevo a la mente te vuelven a emocionar, que te hacen decir con cierto orgullo que tú estuviste allí, que fuiste testigo de lo que pasó. El deporte, a menudo, es fuente de leyendas inagotables, de momentos de aprendizaje que te pueden hacer crecer como persona y como profesional. Sólo es cuestión de coger cierta perspectiva. La historia que voy a contaros esta noche, es una de ellas.

Este post no va a empezar este domingo, cuando el Madrid se proclamó campeón de Europa por 10ª vez con todo merecimiento. Tampoco en 2011, cuando Pablo Laso llegó al Real Madrid frente al estupor de muchos aficionados, los cuales pensaban que el club de Concha Espina había perdido definitivamente el rumbo. Esta historia arranca en 1.989, en esa fría tarde de diciembre en la que Fernando Martín perdía la vida un accidente de coche en la M-30. Aquel día no sólo falleció de forma trágica el que en aquel momento era el mejor jugador español de todos los tiempos, sino que junto a él se fueron unos valores, un estilo, una manera de hacer las cosas que habían convertido al Madrid en el mejor equipo europeo de la historia. Tan futbolero como me véis, yo de pequeño era casi más de baloncesto, de los Corbalán, Fernando Martín, Iturriaga y Biriukov. La Quinta del Buitre equilibró el debate, pero aquellos duelos de Norris contra el propio Fernando Martín, me ponían los pelos de punta. El 10 blanco era mi ídolo. No sólo por lo bueno que era, sino por lo que transmitía. Creo que haberle visto jugar, haberle admirado tanto, ha marcado mucho mi carácter a lo largo de mi vida. Su muerte me impactó. Pocas veces me he emocionado tanto en una cancha de baloncesto como cuando fui con mis padres y hermanos a ver jugar al Madrid contra el PAOK, apenas tres días después de la muerte de Fernando Martín, y el equipo blanco remontaba un partido imposible para terminar arrasando a los griegos entre los gritos y llantos de una hinchada que no se cansaba de repetir "se nota, se siente, Fernando está presente". Conforme me he ido haciendo adulto, he comprendido que aquello fue una gesta de primera magnitud. Anímicamente, el equipo no estaba para jugar, pero fue capaz de sacar lo mejor de sí mismo. En el fondo, era como si Fernando Martín aún no se hubiera ido, como si su espíritu hubiera impregnado del carácter necesario a todos sus compañeros para ganar aquel partido.

Pero tras aquello, y dejando al margen pequeños chispazos de gloria, el equipo blanco deambuló por las canchas europeas y españolas durante muchos años. Demasiados. Perdió el rumbo, se olvidó de quién era fichando a entrenadores rimbombantes y medianías, jugadores estrellas que no entendían dónde estaban, y dejando de lado todo lo que le había hecho grande a lo largo de su historia. Por el camino vivimos humillaciones horribles que hicieron que el aficionado medio, y yo mismo, poco a poco nos fuéramos apartando del equipo. El remate de los despropósitos fue Ettore Messina, excelente entrenador, pero que jamás entendió lo que era el Real Madrid y lo que representaba. Y tras la tormenta, casi a la desesperada, Florentino Pérez fichó a Pablo Laso.

En la vida, tanto en la empresa como en el deporte, la cosa no va de fichar estrellas. No vale de casi nada tener súper jugadores o entrenadores mediáticos si no entienden dónde están, qué se espera de ellos y cuáles son los valores y la cultura empresarial que rigen cuáles deben ser tus comportamientos y actitudes. Pablo Laso, que ya había sido jugador del Madrid en una de esas pequeñas etapas en las que el club de Chamartín parecía reverdecer laureles, lo sabía a la perfección. Apostó por un núcleo nacional duro, conocedor de la casa y de las exigencias del club de Concha Espina, y decidió recuperar las señas de identidad del Real Madrid: un juego dinámico, divertido, que enganchara a los espectadores desde el primer día y en el que los jugadores tuvieran claro que formaban un EQUIPO, dónde todos los miembros tuvieran claros sus roles, la interdependencia con sus compañeros para lograr los títulos y, por supuesto, un objetivo común: que los aficionados del Madrid volvieran a sentirse orgullosos de su equipo. Y así, el Madrid, volvió a crecer.

Los inicios no fueron fáciles. En su primera temporada, el Madrid perdió la Súper Copa y fue eliminado prematuramente de la Euroliga, lo que generó la primera crisis del entrenador vitoriano. Ganó la Copa con solvencia, pero se le escapó una liga después de haber tenido al Barça contra las cuerdas. En su segunda temporada, sin embargo, las cosas cambiaron. El Madrid arrasó en la Súper Copa y en la Liga, pero se le escapó la Euroliga en la final, en la que pese a la derrota frente a Olimpiakos, se vislumbraba que estábamos ante un equipo que podía marcar una época. La tercera temporada de Laso fue memorable en juego, por cuanto el Madrid batió todos los records de imbatibilidad, pero pese a ganar Súper Copa y Copa, el equipo merengue se desinfló tras perder en la prórroga de la final de la Euroliga contra el Macabi de Telaviv y vio como el Barça le volvía a mojar la tostada en la Liga. Aquel fue el momento más crítico de Pablo Laso. En el club se pensó en cesarle y tan sólo Alberto Herreros y Juan Carlos Sánchez apostaron por la continuidad del vitoriano. Le obligaron a cambiar de ayudantes y comenzó una nueva temporada con muchas incertidumbres.

Conocedor de lo que le había ocurrido el año anterior, el Madrid fue de menos a más y terminó la temporada ganándolo todo, incluyendo la ansiada Euroliga tras 20 años de espera. Por aquel entonces ya comencé un post hablando de Laso, pero un maldito virus estomacal me tuvo fuera de combate una semana y aquella entrada se quedó en el limbo. Dudaba si volvería a tener un momento tan oportuno para escribir mi pequeño homenaje a Pablo Laso.

El Madrid, durante las dos temporadas siguientes siguió ganando títulos, e incluso a disputar otra Final Four. Siempre fiel a su estilo, siempre haciendo crecer al grupo humano como EQUIPO. Desde Fernando Martín, nunca había vuelto a estar tan enganchado a un equipo como a éste Real Madrid de la era Laso. Cuando en agosto Llull se rompió el cruzado, sentí la lesión casi como si fuera propia. Cuando cayeron Ayón y Kuzmic el día que ganamos al CSKA de Moscú, creía que el equipo lo iba a tener negro para clasificarse para los Cuartos de Final de la Euroliga. Cuando tras caer en Vitoria por 30 también cayó Randolph y Thompkins se tuvo que ir a EEUU por problemas familiares de forma indefinida, aquello ya me parecía que pintaba a hecatombe. Y sin embargo, cuando apenas 7 días después, el equipo resucitaba barriendo por 30 a Unicaja, también en Euroliga, recuerdo que le mandé un whatsapp a mis hermanos diciendo: "Aquí hay alma, no todo está perdido". 

El Madrid perdió después a Rudy y fichó a Tavares. De repente, a Doncic, faro del equipo durante todo el curso, se le unieron Campazzo, Thompkins y un Causeur que, probablemente, haya superado las expectativas de todos. Poco a poco el equipo fue recuperando ejemplares, y casi de forma inverosímil, le vimos peleando por estar entre los 4 primeros de la fase regular de la Euroliga. Una sospechosa carambola le hizo ser quinto y tener que jugarse a la Final Four contra Panathinaikos con el factor cancha en contra, con todo lo que ello supone. Y en la previa, se sabe que Campazzo, jugador que estaba siendo clave en la temporada, se tiene que operar de la rodilla. La serie no podía comenzar peor, con un Real Madrid perdiendo de forma estrepitosa en Atenas en el primer partido de los Cuartos de Final, y con la sensación, por primera vez en toda la temporada, que el equipo se había rendido ante las adversidades. 

Pero los valores del Madrid, esos que ha recuperado Laso, son los del equipo que nunca se rinde, que nunca da un balón por perdido. Los de ese equipo que te hace sudar sangre si le quieres ganar. El Madrid es el equipo de las remontadas imposibles, el que siempre se sobrepone a las dificultades, el que nunca baja los brazos. Por eso soy del Madrid. Y con ello, y con una conjura del vestuario, fue capaz de ganar el segundo partido en el OAKA. Había que rematar en Madrid, y justo unas horas antes de los dos partidos decisivos de la serie, el equipo blanco comenzó a ganar la eliminatoria: Sergio Llull, tras 8 meses, cual si fuera el Cid Campeador, volvía a las canchas. El impulso anímico sobre sus compañeros y afición fue tan grande, que el Madrid ganaba 3-1 al equipo griego y se plantaba en la Final Four de Belgrado sin ser favorito, pero con la ventaja de quién ha sido capaz de levantarse y volver desde el mismo infierno. 

En semifinales esperaba el CSKA, primer hueso. El Madrid, en un partido memorable, ganaba con solvencia al campeón ruso. En la final esperaba el Fenerbahce, vigente campeón y entrenado por una leyenda como Zeljko Obradovic. Comentaba un amigo mío en Twitter que "venía el ogro", y yo le respondía que estaba seguro que al bueno de Obradovic tampoco le hacía ninguna ilusión enfrentarse al Madrid. Pese a un inicio dubitativo y un final dónde el campeón no puso las cosas fáciles en ningún momento, el equipo merengue lograba su décima Copa de Europa de forma merecida y contra todo pronóstico, al menos hace un par de meses. ¿Cómo se puede explicar semejante éxito?

Los valores y la cultura corporativa a menudo se dejan de lado cuando se quiere reconstruir un equipo a la carrera. Se busca a la estrella y con ésta, atajos, se fichan nombres y se obvia que es precisamente en los momentos difíciles cuando hay que aferrarse más que nunca a esos valores y a esa cultura, los cuales sirven como asidero cuando hay que salir a flote. No es casualidad que el Madrid tenga ahora una asistencia media al Palacio como hacía mucho que no se veía. La afición se identifica con su equipo, y el equipo sabe dónde esta y lo que se espera de él. El club ha traído a personas que podían encajar en esos valores y Pablo Laso ha hecho comprender a sus jugadores dónde están. 

Hacer un  equipo cuesta tiempo. A menudo en el deporte (y en las empresas) olvidamos que todo lo bueno se cuece a fuego lento. Haber echado a Laso en 2014 hubiera sido un error de proporciones históricas. Nadie deja huella en ninguna organización estando menos de 3 años. La paciencia no sólo ha sido clave para explicar el éxito del Real Madrid de baloncesto, sino también que ha reforzado al técnico vitoriano y a su proyecto. No sabemos quién sucederá a Laso, pero el técnico vitoriano dejará un legado clave, por cuanto ha recuperado un estilo que difícilmente nadie podrá tirar por tierra.

Las derrotas son momentos inmejorables para el aprendizaje. El Madrid de Laso cada año ha sido un poquito mejor, con independencia de los resultados. Luego el juego, como la vida, te hace pasar por vicisitudes, momentos mejores y peores, pero cada año que pasaba, se veía más claro que en el Madrid había un proyecto, una idea y un sentido colectivo cada vez más potente. Sólo así se entiende que Pablo Laso haya metido al equipo en 20 de las 28 finales posibles de estos casi 7 temporadas que lleva en el club, ganando 14 de ellas. Desde la muerte de Fernando Martín hasta la llegada de Pablo Laso, el Madrid había ganado tan sólo 10 títulos en 22 años.

El verdadero líder no se erige en protagonista, sino que hace brillar a los miembros de su equipo, los pone de protagonistas y a menudo intenta pasar desapercibido. Laso ha sido así todos estos años y es por ello por lo que su labor ha sido determinante.  Siempre ha entendido que son sus jugadores los que le pueden hacer a él mejor entrenador. Su ascendencia sobre el grupo ha sido clave en todos estos años, y algunas de sus charlas en sus tiempos muertos, memorables.

Pero hay una última moraleja en esta historia. A veces en esta vida conviene tocar fondo. Cuando hay alma, cuando hay pulso, en los momentos peores, en los más difíciles, es cuando eres capaz de dar lo mejor de ti en aras de revertir la situación. No lo quise decir en voz alta, pero tenía la sensación de que el Madrid iba a ganar esta Final Four. Cuando subes desde el infierno y te ves a las puertas del cielo, sueles ser imparable. Las personas no fracasan, bajan los brazos, y el Madrid, ante la adversidad, nunca aceptó lo que parecía su destino. En el deporte todo puede pasar, pero ahora cuesta imaginarse que este Madrid no gane también la Liga.

Mucha gente se pregunta qué pasará el año que  viene, cuando, como parece, Doncic se marche a la NBA. La baja, desde el punto de vista deportivo, será terrible, pero ahora tenemos una ventaja, ahora tenemos algo a lo que aferrarnos: el Madrid ha recordado quién es, sus señas de identidad, sus valores, y desde estos, seguro, sabrá reconstruirse. Las personas estamos de paso, pero quedan las instituciones y lo que ellas representan. Desde el año 2011 comenzamos a recuperar casi 30 años de historia, casi tantos como los que llevamos llorando a Fernando Martín. Seguro que el 10, desde el cielo, sonríe y, ahora sí que sí, por fin reconoce a su equipo. Y yo también. Pablo Laso, creo que nunca te lo podré agradecer lo suficiente.


domingo, 25 de marzo de 2018

China: El Dragón que ya está aquí

Reflexiones y Apuntes

Como muchos sabéis, he estado estos días en China. La verdad es que visitar el gigante asiático siempre supone un terremoto de primera magnitud. Al menos personalmente siempre regreso con muchas ideas, dudas y pensamientos hacia el cambio que se avecina a nivel geopolítico. China ya está aquí. Basta pensar que el PIB de Shanghai es ya superior al de Italia, y que se estima que  en 2020 superará al de Francia, para cuando menos plantearse si sigue teniendo sentido esa visión eurocéntrica que han acompañado a los mapas del mundo desde el Renacimiento. Vivimos tiempos de cambio y conviene estar preparados para ellos.

Hagamos un poco de historia. En 1.949 Mao Zedung comenzó una revolución en China que trajo consigo la dictadura del partido comunista. Durante 30 años, el Dragón sufrió una de las peores etapas de su historia, con planes económicos aberrantes que llevaron al país a experimentar hambrunas terribles con millones de muertos y una pobreza extrema que jamás se había conocido en el gigante asiático. En 1.979, China comenzó un proceso paulatino de apertura de su economía que le hizo convertirse durante años en la fábrica del mundo. Por aquel entonces, China era un país eminentemente rural. La necesidad de mano de obra en las ciudades para atender estas necesidades manufactureras, fundamentalmente en las ciudades de la costa, consecuencia del período aperturista, derivó en un éxodo hacia éstas desde las poblaciones del interior. Durante aquellos años, el país experimentó un increíble crecimiento económico, apoyado sobre todo por un espectacular superavit de la balanza de pagos. Es decir, con un nivel de exportaciones muy superior a las importaciones del país. A su vez, el gobierno promovió una política monetaria que buscaba mantener el Yuan muy devaluado, buscando con ello "estirar el chicle" de un modelo que logró que el país fuera dejando atrás la pobreza (de forma desigual) a una velocidad de vértigo. 

Sin embargo, hubo dos hechos que precipitaron el cambio en la economía China. En primer lugar, las tensiones inflacionistas en el sector inmobiliario de las principales ciudades del país, lo que hizo que los salarios tuvieran que subir de manera muy importante para poder seguir atrayendo mano de obra a las mismas. Dicha subida del precio de la mano de obra hizo que China dejase de ser competitiva en comparación con otros países del sudeste asiático, por cuanto los bienes que dicho país exportaba eran de bajo valor añadido. En segundo lugar, la crisis económica, que hizo que  la demanda externa también cayera de forma notable. Si bien lo último no era previsible, lo primero sí. Incluso podría decirse que el Gobierno chino contaba con ello. Es por ello por lo que comenzó en el año 2.000 un plan de inversiones brutal que ha cambiado de forma definitiva la configuración del país y que paulatinamente fue sustituyendo al peso de las exportaciones netas en la configuración de su PIB.  En 2013, la Formación Bruta de Capital ya pesaba el 47% del mismo.

El resultado de este período aperturista ha sido espectacular. Por dar algunos números / contar algunas anécdotas:  En estos últimos 18 años, el PIB per cápita del país se ha multiplicado casi por 10. Aunque es cierto que sigue lejos de los países más ricos de la OCDE, también lo es que no hay ejemplos en la economía moderna de mejoras tan espectaculares en un período de tiempo tan escaso. La tasa de paro está en torno a un 4,1% y se observa cómo el sector servicios cada vez precisa de mayores empleados frente al sector agragario. Desde mi primera visita a China, los Audi, Mercedes o BMW se siguen acumulando, pero lo llamativo es cómo paulatinamente los antiguos Volkswagen Santana se van sustituyendo por modelos nuevos propios de la clase media europea. Cada vez más gente habla inglés y sorprende ver la cualificación de las personas que se van incorporando al mercado laboral en comparación con los jóvenes de hace a penas unos años, cuando conocí por primera vez el país.

Pero hay más. Aprovechando el increíble aumento de las reservas Chinas de moneda extranejera estos años, el gobierno de Pekín ha aprovechado la coyuntura para salir de compras por el mundo. China es, hoy en día, "dueña" de medio África, habiendo firmado importantísimos acuerdos para la compra de materias primas por medio mundo. A su vez, han aprovechado para salir de compras por Europa, aprovechando la debilidad del viejo continente, de sus instituciones y de sus apalancadas empresas. El viernes mismo estuve visitando a un Fondo de Inversión Chino que tiene en caja dinero suficiente para comprar el 7,5% del PIB español. ¿Impone, verdad? Creo que a estas alturas sobra el comentario, pero no es el éxito del Comunismo aplicado a la economía. Pocos países hay más liberales a día de hoy en términos económicos a China.

La pregunta que se hacen los economistas es un "Y ahora, ¿qué?". Para poder mantener su espectacular nivel de crecimiento, China necesita pasar a un modelo dónde el consumo privado tenga cada vez más peso. Y para ello necesita seguir sacando de la pobreza a muchas de las ciudades del interior. En sí mismo, el Dragón es un continente y tiene unas desigualdades mucho mayores que las que pueda tener la propia Europa en el seno de su UE. Por ejemplo, siguen habiendo 700 millones de personas sin acceso a internet dentro de China. Eso, en el país de Alibabá o Huawei, parece un disparate, pero esa es la realidad a la que se enfrenta el país asiático. Además, los ricos siguen siendo muy ricos y la gente pobre muy pobre. Se estima que el 1% de la población tiene el 33% de la riqueza del país y su coeficiente de GINI es de 0,42, cuando en una economía sana, lo normal es estar en el entorno del 0,30. Sin lugar a dudas, el reparto de la riqueza es uno de los grandes retos a los que se enfrenta el gobierno chino en aras de dar más peso al consumo privado. Sobre este punto volveré al final del post.

Por si esto fuera poco, China es un país que necesita seguir exportando por cuanto tiene una enorme necesidad de importar (fundamentalmente petróleo y materias primas). Necesita, dentro de este nuevo escenario, ser capaz de producir y exportar bienes con alto valor añadido, lo cual no es evidente. ¿Podrá China hacerlo de nuevo? ¿Podrá abrirse paso la creatividad en el seno de un país que sigue cercenando muchas de las libertades más esenciales?

El tiempo dará y quitará razones, pero aquí dejo algunos datos que son cuanto menos sorprendentes y que nos pueden dar algunas pistas: China es el país que mayor número de ingenieros licencia cada año a nivel mundial. Los chinos son, tras los norteamericanos, el colectivo más numeroso dentro de los estudiantes de las mejores Universidades de EEUU. Dicho fenómeno se repite también en Europa. Y lo que es más interesante, todos ellos regresan a China una vez finalizados sus estudios.

Sigo. De acuerdo con el ranking internacional de Shanghai, China ya tiene 5 universidades entre las 150 mejores del mundo (España sólo tiene una) y 6 entre las 50 primeras en el ámbito de ingeniería.  De acuerdo con el Financial Times, el CEIBS, dónde he tenido la oportunidad de estar estos días, ya es la 8ª escuela de negocios del mundo (el IESE consigue un muy meritorio 12º puesto dentro de dicho ranking, por delante de Universidades como Cambridge o Yale entre otras). China, además, ya invierte en I+D+i más que la UE. Por último, y estando en desacuerdo con su sistema político, el gigante asiático tiene planes a largo plazo en infraestructuras y educación, lo que sin duda beneficia a la economía del país. Mientras tanto, en España, por ejemplo, asistimos como nuestros partidos siguen sin ponerse de acuerdo en nada. Por no tener, no tenemos ni presupuestos para el año en curso. Claro, que si nos comparamos con Italia, nos podemos considerar afortunados. Y mientras tanto, tenemos al 50% de los catalanes pensando en que les iría mejor sólos. Desde el más absoluto respeto, sonroja ante la perspectiva del mundo global que se nos viene encima.

Quedan también las dudas sobre la sostenibilidad del modelo Chino, sobre si las desigualdades anteriormente citadas, los excesos en materia laboral y de derechos humanos no podrán pasarles factura. También los retos medioambientales, ya que, aunque China se haya puesto las pilas con las energías renovables, es evidente que afronta un escenario dantesco en ese ámbito. Para que nos entendamos, el pasado viernes había 6 veces más contaminación en Shanghai que los niveles que el Ayuntamiento de Madrid utiliza para limitar el tráfico dentro de la almendra de la M-30... y para ellos era un día que no era malo del todo bajo... El error que cometemos los investigadores es tratar de analizar estas variables desde el prisma europeo. En la cultura asiática el fin justifica a menudo los medios. El chino medio sabe que sus padres pasaron hambre y perciben que es su momento histórico. No ansían más democracia, no se plantean el número de horas que tienen que trabajar, no miden las vacaciones que les corresponden. Saben que viven mejor que las generaciones anteriores y que si se esfuerzan, aún progresarán más. La cultura de trabajar 7 días a la semana todas las horas precisas está arraigada y no veo que a corto plazo eso pueda cambiar. Las raíces confucianas hace que, además, haya un sentido de fidelidad, lealtad y gratitud de empleados a jefes inherente en el ADN asiático y que bajo mi punto de vista aporta otra ventaja competitiva nada desdeñable en el seno de las compañías de dicho país.

Sí, está por ver que la nueva generación de millenials chinos tenga la misma "hambre" que sus padres (que sí que vieron a sus padres pasar hambre real). Está por ver la factura que le va a pasar al gigante asiático la ley del hijo único (ya revocada). Está por ver también que internet, con todas las expectativas que genera (y las limitaciones a su uso que aún existen. Recordemos que Google ya no opera allí), no termine también por hacer que la cultura occidental se funda de alguna forma con la oriental y que haya un profundo cambio en China, pero sinceramente, a corto plazo no lo veo. Observo un dinamismo, unas ganas de mejorar y de hacer las cosas bien que echo en falta en este otro lado del planeta.

Me encanta Europa y estoy orgulloso de nuestros valores humanistas. Valoro la economía del bienestar que hemos creado y pienso que nuestra forma de vida es mucho más enriquecedora para la persona, pero me planteo hasta que punto no nos estamos durmiendo en los laureles. Dentro de las 25 mejores Universidades del Mundo según el citado Ranking de Shanghai, sólo hay 5 europeas. La inversión en I+D+i está estancada. Somos incapaces de atraer talento y no hay un rumbo claro dentro de la UE acerca de hacia dónde hay que ir. Por ese camino, Europa se adentra en una sombra tenebrosa en la que la productividad va a depender cada vez más (en términos comparativos) de nuestras ganas de trabajar. Y mientras en China se trabajan todas las horas que hagan falta, en Europa hablamos de 35 horas a la semana. Mientras en China se trata de fomentar un mayor peso de las empresas en la economía, en Europa se le ponen cada vez más trabas. La nueva ley de protección de datos que entra en vigor en mayo es un buen ejemplo. El 70% de las empresas europeas son PYMES, y se sigue legislando como si todas fuéramos multinacionales. Nuestro estado de bienestar, me temo, será insostenible a corto plazo.

El Dragón ya está aquí y amenaza hasta con llevarse a nuestro Andrés Iniesta a la liga China. Confío en que la vieja Europa, como siempre que le han dado por muerta, sea capaz de levantarse de nuevo, pero el reto que tiene ante sí es mayúsculo. En lo que a mi respecta, veo 1.400 millones de oportunidades en China, tantas como habitantes tiene el país. Tal vez haya que empezar por ahí.





domingo, 28 de enero de 2018

La (mala) Gestión del Éxito

Algunas Reflexiones

Mi buen amigo Paco Alcaide lo definió como fenómeno de fenómenos y no le faltaba razón, porque en el fondo el fútbol es algo completamente irracional y nos lleva, a menudo, a sacar los instintos más primarios. Y es que, si lo pensamos bien, no existe una marca en el mundo más potente que la de un club de primer nivel. Los que somos del Madrid llevamos desde hace un par de meses llevándonos un disgusto tras otro, pero aquí seguimos. El miércoles, al finalizar el partido contra el Leganés, juré que no volvía a ver ningún partido este año, soltando todo tipo de improperios acerca de los jugadores, entrenador y utillero de la primera plantilla del Real Madrid. Ayer, acompañando a mi padre, no me resistí a ver el partido junto a él. Aún así, pese a su componente emotivo, si eres capaz de dejar durante un ratito los sentimientos en un cajón y coges un poco de perspectiva, el fútbol es una fuente inagotable de lecciones vitales, y en mi caso, aplicables para el mundo de la empresa y la gestión de los grupos humanos. Durante mi vida profesional, han sido muchas las veces en las que he tirado de anecdotario y vivencias futbolísticas, como jugador y entrenador, como miembro importante de un equipo o como cuando me pudría en un banquillo cabreado como una mona con el entrenador porque no me daba bola. Experiencias todas que no sólo me hicieron crecer como persona, sino que ahora me han permitido salir airoso de más de un embrollo. El fútbol me permitió conocerme mejor, pero también conocer mejor cómo funcionan las personas, así como el difícil equilibrio entre ser justo y comprender que cada jugador necesita diferentes estímulos para rendir. Hay quien necesita palo, quien pide zanahoria y también quién necesita una ración de ambas para dar lo mejor de sí.

Pero dejo las batallitas para otro día y vuelvo al miércoles contra el partido contra el Leganés. Nada más terminar el mismo el diario Marca hacía una encuesta sobre la crisis del Madrid en su edición digital. Creo que no llegaban a 5 de los 25 miembros de la primera plantilla del club de Concha Espina, los jugadores a los que la afición salvaría en estos momentos. Y es que cuando las cosas van mal, lo razonable, y así lo asumimos todos, es tomar decisiones. Conviene no hacerlo en caliente, pero hay ocasiones en que no queda más remedio que meter el bísturí en un grupo humano y extirpar el tumor, extraer aquello que no funciona. Que nadie me entienda mal. Este tipo de situaciones nunca son fáciles y mucho menos agradables. Ponerte cara a cara para comunicar un despido, aunque sea disciplinario y más que justificado, decirle a alguien que no cuentas más con él, nunca es plato de buen gusto. Y si tienes algo de empatía, lo llegas a pasar realmente mal. Pero esa es una de las labores del directivo. Te contratan para tomar decisiones, las buenas y las malas, y a menudo no te queda más remedio que ponerte colorado. También piensas en cómo queda la moral del resto de la tropa, en las cicatrices que dicha salida puede ocasionar y siempre le das mil vueltas antes de afrontar una tesitura como la expuesta. 

Dice el refranero español que "a grandes males, grandes remedios", y no deja de ser una gran verdad. Sin embargo, la experiencia me dice que habitualmente los grandes males tienden a venir precedidos por graves errores, y cuando se trata de la gestión de grupos humanos, suelen ser a menudo por omisión. La peor decisión es la que no se toma y ello permite que muchas veces ciertos problemas, que atajados a tiempo hubieran sido anecdóticos, terminan enquistándose y enrareciendo el ambiente. De repente lo que funcionaba deja de hacerlo y es entonces cuando el refranero vuelve a nuestro rescate y nos recuerda que "de aquellos polvos, vienen estos lodos". Sin embargo, los problemas no surgen de repente, sino que tienen una génesis que no se supo diagnosticar.

¿Dónde se rompió el Madrid de Zidane? ¿Cómo puede ser que ese equipo que pasó por encima de la Juve en la final de la Champions en una de las mayores exhibiciones vistas en el partido cumbre de dicha competición, aquel que bailó al Manchester United en la Súper Copa de Europa, el que hizo que Piqué saliera en prensa reconociendo tras la Súper Copa de España que por primera vez sentía que el Madrid era superior, o el que se permitía ganar la liga arrasando con el equipo "B" en campos que tradicionalmente se le habían dado mal, de repente haya comenzado a hacer el ridículo ante equipos de presupuesto inferior, y se haya permitido perder ante el Barça hace apenas un mes como un equipo pequeño en su propio estadio?

Gestionar el éxito es lo más difícil del mundo. La tentación, cuando las cosas van bien en un grupo humano, es no cambiar nada. Se dice aquello de que no conviene tocar lo que ya funciona, y separa ignora que son dos las claves las que permiten que un equipo se comporte como tal: interdependencia y objetivo común. Cuando el segundo se alcanza, una vez que la adrenalina ha alcanzado sus máximos, suele venir un bajón considerable. Es entonces cuando el líder debe analizar si realmente es capaz de volver a motivar a los miembros de su equipo en pos de un nuevo objetivo, y si considera que realmente no es así, es cuando debe tomar decisiones, estando en la cumbre. Puede pasar por prescindir de ciertos miembros del grupo, o por incorporar a otros que realmente comprometan el protagonismo de los que ya están para que entre un nuevo estímulo que no permita la relajación, e incluso porque el directivo abandone el barco, entendiendo que vino para acometer un proyecto y que esa nueva etapa requiere de un nuevo ejecutivo que motive de nuevo al equipo.  Liderar, dirigir, motivar personas, nunca es una balsa de aceite. Se generan roces y con el tiempo cierto agotamiento. Los procesos pueden ser más rápidos (véase Mourinho) o más lentos (caso de Ancelotti). Diferentes estilos de liderzago pueden ser válidos para situaciones distintas, pero el timing siempre varía en cada caso. El directivo que entra a reestructurar una compañía y ponerla en valor, el que ha tenido que tomar decisiones complicadísimas con un amplio impacto en la plantilla de su empresa, rara vez vale para la siguiente etapa de relanzamiento. Y las personas buenas para relanzar organizaciones, probablemente no valgan para momentos de crisis que requieran soluciones quirúrgicas.

Ejemplos en el fútbol los hay de todos los colores. El Barça de Rikjaard, con Ronaldinho, Deco y Eto´o a la cabeza, con un joven Messi que comenzaba a asomar, maravilló a Europa. El ténico holandés no supo ver los evidentes síntomas de agotamiento de su equipo cuando perdió la liga contra el aguerrido Madrid de Capello. Laporta "dimitió" de sus obligaciones pensando que Rikjaard sería capaz de volver a poner orden y aquello acabó con el pasillo al Madrid de Schuster al año siguiente, con una plantilla mucho menor. Un sólo año después, Guardiola, aprovechando a la mayoría de aquellos jugadores y haciendo algunos cambios (algunos dolorosos) lograba aquel histórico 2 - 6 en el Bernabéu. Y estando arriba, habiéndolo ganado todo, se "cargó" a Eto´o para mantener la tensión en el grupo. Guardiola, además, supo irse del Barça y del Bayern cuando comprendió que aquellos grupos humanos a los que entrenaba necesitaban un nuevo estímulo que él ya no iba a ser capaz de dárselo. La España del "tiqui - taca" que enamoró en las Eurocopas del 2008 y 2012, así como en aquel inolvidable Mundial de Sudáfrica, sin embargo, terminó saliendo por la puerta de atrás en el la edición de Brasil 2014 y en la Eurocopa de 2016. Se intentó estirar un equipo que ya no daba más de sí. Y el Madrid este año evidencia cosas que ya se percibían la temporada pasada: que Benzema está de vuelta, y que, quizás, pese a su exhibición en el último tramo de la competición, era el momento de vender a Cristiano Ronaldo.

Lo que digo puede sonar ventajista, pero las personas que me conocen saben que ésto lo llevo diciendo hace muchos meses. ¿Cómo prescindir de Benzema tras su jugadón ante el Atleti? ¿Cómo vender a Cristiano tras sus 10 goles decisivos de la Champions? ¿O cómo no dar otra oportunidad a Ronaldinho 2006 pese a su evidente decadencia física con todo lo que había dado al Barça? ¿O cómo no renovar a Del Bosque para que estuviera en Brasil 2014 con todo lo que había ganado? Prescindir de aquellos que te han llevado al éxito es durísimo, pero los directivos estamos para tomar decisiones, para prevenir problemas y no para promover la autocomplacencia. Se debe poner el corazón cuando se dirige, pero no se debe dirigir con el corazón. Esa es una de las lecciones más duras que todo ejecutivo debe interiorizar. 

Hace un par de años parecía imposible que Rafa Nadal volviera a ganar un Gran Slam y en su equipo se tomó una decisión completamente disruptiva: se fichó a Carlos Moyá y Toni Nadal anunció que a final de temporada dejaría de formar parte del staff técnico del Manacorí. Es muy difícil encontrar ejemplos como el de Nadal o Federer, que tras más de 15 años en la cima del tenis, no se cansan de ganar, pero hasta los más grandes necesitan de nuevos estímulos. Desde entonces, Rafa ha ganado en París y EEUU. ¿A alguien le sorprendería que volviera a levantar la Copa de los Mosqueteros en Roland Garros esta primavera?

El reto que tiene Zidane por delante es apasionante y de muy difícil solución. A su favor juega que tiene una plantilla con vergüenza torera y un mundial por delante que para muchos de sus mejores jugadores será el último que afrontarán con plenitud. Es muy posible, además, que la preparación física haya ido enfocada a hacer un tramo final muy fuerte, justo como el año pasado, pero es ahora cuando tiene que mostrar que, además de un gestor de egos, tiene soluciones para un equipo que se le ha caído con todas sus piezas. Si se obrase el milagro y el Madrid terminara levantando algún trofeo a final de año, convendría que tanto Zidane como Florentino Pérez tomasen medidas y no se dejasen llevar por la nostalgia de un grupo humano, que  como bien apuntó Butragueño, nos ha hecho muy felices a todos los madridistas logrando el mejor año de la historia del club. No deben olvidar que el Real Madrid ya sobrevivió a la salida de Di Stéfano en su día y que el club está ahí. Las personas tendemos a estar de paso y son las instituciones las que perduran, pero nuestro corazoncito nos impide verlo con perspectiva.

Termino reconociendo que hay algo de oportunismo en este post, por cuanto estas líneas las podía haber escrito en verano, cuando ni yo mismo podía intuir un desplome semejante y sólo pensaba que a este equipo le faltaba un "9", pero la vida no deja de ser aprendizaje continuo y yo disfruto con ello. Sobre todo con un buen partido por delante. El "fenómeno de fenómenos" nos lo recuerda todas las semanas.

martes, 26 de diciembre de 2017

14 Años sin Sara

Pequeño Homenaje a una Gran Amiga

La vida es maravillosa pero de vez en cuando tira a matar. Ocurre cuando suceden cosas contra natura, que no son las que deberían venir en el guión a estas alturas de la película y que te pegan un desgarrador manguerazo de agua fría cargado de realismo que necesariamente te pone en perspectiva. El tiempo no lo cura todo, o al menos así lo vivo yo. A lo sumo te permite colocar ciertas cosas, por cuanto arrancar estas líneas me cuesta tanto como recordar aquel fatídico día en el que quería creer que todo era mentira, que simplemente era una pesadilla de la que no tardaría en despertar. 

Sara fue una amiga excepcional y así la recordaré siempre. Quedan guardados a buen recaudo en mi corazón las anécdotas del cole, aquel verano en Irlanda o nuestro viaje a las Fallas del año 95. Nuestros partidos de fútbol, nuestros debates sobre el Real Madrid y todas aquellas llamadas que nos hacíamos para contarnos nuestras confidencias. Mis cumpleaños, los suyos y. nuestros cafés para contarnos nuestros ligues del momento. Nunca olvidaré la última noche de fiesta que compartimos y la frase que me dijo al despedirnos: "Fernando, llama. Pero de verdad, ¿eh? Que nos conocemos...". Aquellos meses fueron complicados para mi y necesité desaparecer un tiempo, no dar explicaciones. Me costaba contar que mis padres se estaban separando, que mi familia se deshacía. Y así fueron pasando los días, las semanas y algunos meses. Una gilipollez como un piano por mi parte. No le llamé y sé que me arrepentiré toda mi vida. Cuando pasaba alguna temporada así, Sara me tiraba de las orejas y yo siempre hacía propósito de enmienda para terminar riéndonos ambos. Aunque hubiera temporadas que hablásemos más o menos, siempre terminábamos encontrándonos de nuevo.

Así que quizás escriba estas líneas por necesidad. Quizás este pequeño homenaje que año tras año le brindo en este blog sea mi manera de colocar las cosas, de buscar los "para qué". Incluso puede que sea lo más parecido a llamarla para decirle lo mucho que la echo de menos, que fue una amiga extraordinaria y que jamás me olvidaré de ella, que me encantaría que me volviese a "regañar" para después tirarnos una hora y media al teléfono poniéndonos al día y concretando cuándo nos íbamos a ver de nuevo. O simplemente este pequeño homenaje no sea otra cosa que expresar que podrán pasar los años, pero que siento que Sara sigue estando presente en mi vida casi a diario y que confío que siga siendo así siempre. Como lo cantaban Los Secretos... Con lo que nos gustaban a ambos...

sábado, 23 de diciembre de 2017

Vinos para Estas Navidades

Algunas Sugerencias

Me encanta hacer este post cada año, aunque tengo que reconoceros que también es el que más trabajo me cuesta escribirlo. Recopilar notas de cata, aunque Vivino se haya convertido en una gran ayuda, no es sencillo cuando tienes la oportunidad de probar tantos vinos a lo largo del año. Y pasa otra cosa también, que al final se trata de que sea un post para todos los públicos. Con esa filosofía, os paso mis recomendaciones enológicas para estas fechas. Como siempre, marco algunas pautas: la primera, no están los mejores vinos de España o del mundo, sino sólo aquellos que haya catado durante este 2017 y me hayan llamado la atención. Este año, por cierto, hay más Riberas que de costumbre; la segunda, tengo en consideración el precio; y la tercera, no tengo ningún prejuicio. ¡Qué los disfrutéis!

Vinos de Excelente Relación Calidad / Precio (menos de 10 euros):

- Finca Resalso 2016: Tinto. El vino Roble de Emilio Moro me sigue pareciendo de una calidad extraordinaria para el precio que tiene.  Precio, 7,60 euros.

-  PRADOREY Roble 2016: Tinto. Un clásico en esta categoría. Este año más goloso y más frutal que en añadas anteriores. Está encantando. Precio, 6,90 euros.

- Abadal Picapoll 2016:  Blanco. Me encanta este vino elaborado con una uva autóctona que hasta hace poco estaba en regresión. Con más frescura de lo que uno podría esperar de un vino blanco mediterráneo. Precio, 8 euros.

- PRADOREY Verdejo Selección Especial 2015: Blanco. Sigo creyendo que la variedad verdejo es de las más versátiles e interesantes del panorama vitivinícolo europeo, pero hay que salir de la espiral actual de la DO Rueda, enfocada en vinos baratos. Este Verdejo es un fumé, con un ligero paso por barrica y crianza sobre lías. Sorprendente. Precio, 9,95 euros.

- José Pariente Verdejo 2016: Blanco. Otro clásico en este listado. Un blanco exquisito que nunca falla. Fresco y afrutado, pero con cierta complejidad. Precio, 8 euros.

-  Quintaluna Verdejo 2016: Blanco. Pago de Carraovejas compró Ossian hace un par de años y los vinos que están elaborando son tan interesantes como los de la bodega de Peñafiel. Se trata, además, de un verdejo de larga duración. Precio, 8 euros.

- PRADOREY Rosado Fermentado en Barrica 2016: Rosado. Tempranillo y Merlot a partes iguales bien criados durante tres meses en barrica. El resultado, un rosado espectacular y contundente que maridará incluso hasta con un asado en estas fechas. Precio, 8 euros.

- Chan de Rosas Clásico Albariño 2016: Blanco. Lo probé por casualidad y no sólo me parece que marida estupendamente con la comida asiática, sino que creo que se trata de un vino de una excelente relación calidad precio. Precio, 8,50 euros.

 
 Vinos para los que Buscan Algo Más (Entre 10 y 20 euros)

- Emilio Moro 2015: Tinto. Recientemente nominado entre los mejores 100 vinos del año por el Wine Spectator estadounidense. Aún en crecimiento, pero ya asoma un gran potencial. En la línea de su fantástico 2014.

- Adaro 2014: Tinto. Remata la añada de manera extraordinaria y se muestra en plenitud. Tiene el carácter de Ribera del Duero, pero recupera la elegancia de los vinos de antaño. Calidad / precio excepcional. Precio, 15 euros.

- Arzuaga Crianza 2014: Tinto. El mejor crianza que yo haya probado de Arzuaga hasta la fecha. Mucho más frutal que en añadas anteriores y con la madera menos marcada. Precio, 18 euros.

- Carmelo Rodero Crianza 2014: Tinto. Se muestra en plenitud. Puro carácter de la Ribera del Duero que irá estupendamente bien con cualquier carne. Precio, 17,50 euros.

- Pazo Barrantes 2016: Blanco. Todo un clásico que muestra el potencial de la uva albariño. Te sorprenderá si no lo conoces. Precio, 14,50 euros.

- Nobile Icon 2014 Sauvignon Blanc: Blanco. Desde Nueva Zelanda traigo este Sauvignon Blanc sorprendente, que recuerda a los de Sancerre. Sorprenderá a propios y extraños. Precio, 18,50 euros.

- El Cuentista 2015: Blanco. Se trata de la segunda edición del primer blanc de noirs de la historia de Ribera del Duero. Recién salido al mercado, supera con mucho al 2013. Madera menos marcada y con mucha más frescura. Marida con todo. Precio, 15 euros.

-  PR3 Barricas 2011: Blanco. Se trata de un Gran Reserva pero en categoría verdejo. Una auténtica pasada de aromas que conviene decantar. Además de ir bien con pescados, su estructura le permitirá maridar estupendamente con carnes blancas. Precio, 15 euros.

-  PRADOREY Finca Valdelayegua 2014: Tinto. Calidad precio, uno de los mejores vinos en la actualidad en Ribera del Duero. Redondo y en plenitud. Precio, 12,50 euros.

Para Wine Lovers (entre 20 y 30 euros)

- Aalto 2015: Tinto. Otro clásico de esta selección. Aún con enorme potencial, se muestra en juventud. Todo el carácter de la Ribera del Duero envuelto en elegancia. Precio, 30 euros.

- Protos 27 2014: Tinto. Una agradabilísima sorpresa. Me ha encantado este nuevo vino de la bodega ubicada en Peñafiel. Tiene un corte diferente al resto de vinos de Protos. Precio, 24,90 euros.

- Cloudy Bay Sauvignon Blanc 2016: Blanco. También de Nueva Zelanda, como el Nobile Icon. Me gusta incluso más este de Cloudy Bay, de mis favoritos de siempre. Y relativamente sencillo de encontrar en España. Precio, 22,50 euros.

- PRADOREY Élite 2014: Tinto. Recién salido al mercado, se muestra más fino y fresco que el interesante 2011. Muy poquitas botellas de algo que es realmente único, por cuanto nadie sigue utilizando este clon. Precio, 24,90 euros.

- Verdling 2013 Dulce: Blanco. Elaborado por Ossian. Con un equilibrio que sorprende. Maridará pescados, comida asiática y ciertos aperitivos. ¿Quién dijo que en Rueda no se podían hacer cosas interesantes?

- Pago de Carraovejas Crianza 2014: Tinto. Imagino que será difícil encontrar esta añada en los lineales. Y es más, el producto ha cambiado en esta añada 2015. Un vino de los que no falla. Precio, 27 euros. 

- Tomás Postigo 2015: Tinto. Extraordinario. Llevaba un par de años sin catar este vino y la verdad es que me parece que esta cosecha supera a las anteriores. Precio, 22,50 euros.

- La Vicalanda Reserva 2010: Tinto. Sigo teniendo en mente aquel maravilloso 2001, pero este 2010 no está nada mal. Y como buen reserva, seguirá mejorando en botella. Precio, 24 euros.

- José Pariente Cuvee Especial 2015: Blanco. Otro de los mejores exponentes de Rueda y aún con recorrido. Versátil. Precio, 22,50 euros.

Vinos para Sibaritas (por encima de 30 euros)

- El Anejón 2010: Tinto. Maravilloso vino de Pago de Carraovejas. Unidades limitadas para bolsillos con cierto poder adquisitivo, pero que verán recompensada con creces su inversión. Precio, 73,90 euros.

- Gaja Ca´Marcanda Vistamare 2014: Blanco. Gaja es una súper bodega italiana que elabora en la Toscana y el Piemonte. Y cuando uno cree que fundamentalmente hace tintos, descubre este blanco que te sorprende. Precio, 35 euros.

- Chateau Guadet 2007: Tinto. Uno de los Premiere Cru de Saint Emilion. Esta añada 2007 está muy por encima de la media en un año difícil en Burdeos. Muy interesante. Precio, 60 euros.

- Dr. Bürkin Wolf 2012: Blanco. Me encantan los Riesling y este me ha parecido de los mejores que he tenido la oportunidad de catar en muchos años. Seco. Precio, 48 euros.

- El Buen Alfarero 2016: Tinto. Sólo unos pocos afortunados podrán catar este vino al que ya dediqué un post hace tan solo unos días. Se trata de algo extraordinario que trata de reflejar la pureza de la uva tempranillo. Precio, 120 euros.

Con Burbujas:

- Juvee & Camps Brut Nature Reserva de la Familia 2013:  Cava. Se puede empezar con Cava, continuar con Cava y terminar brindando con Cava. Y este es un gran ejemplo. Precio, 15 euros.

- Albert i Noya 2011 Brut Nature: Cava. Otro magnífico exponente del cava que se elabora en Cataluña. Precio, 13,50 euros.

- Artadi Brut Vintage 2013: Cava. Nunca dejará de sorprenderme la bodega riojana. En esta ocasión, con este cava tan interesante. Precio, 14,50 euros.

- Gramona Imperial Gran Reserva 2010: Cava.  Una de las bodegas clásicas y uno de sus vinos más representativos. Precio, 18,50 euros.

Y poco más que añadir además de felicitaros las fiestas. Espero pasarme de nuevo por aquí muy pronto.

¡Feliz Navidad!

sábado, 25 de noviembre de 2017

El Buen Alfarero

Sobre Personas y Vinos

Lo primero disculparme por tardar en pasarme por aquí. La verdad es que me temo que mientras esté en el Máster voy a ser un poco "Guadiana". Comencé este curso con un intensivo en Brasil y ya ha sido un no parar. Sumémosle el día a día del trabajo y las clases en la Universidad. Espero no volver a fallaros de una forma tan prolongada, aunque hasta mayo es posible que no sea capaz de recuperar mi regularidad de antaño. En cualquier caso, siempre es estupendo pasarse por aquí, sobre todo cuando tengo algo tan importante que contaros como lo que es "El Buen Alfarero", el nuevo vino que lanzamos oficialmente al mercado en PRADOREY esta semana.

Pero este post no va de vinos. O al menos no sólo de ellos. Esta entrada quiere hablar de personas, de nuestras vidas y de lo que hacemos con ellas. Incluso de lo que podríamos llegar a hacer. Si ha habido una persona que me ha marcado profundamente ha sido José Antonio Romeo, un sacerdote marianista, profesor mío en el colegio y quien me invitó a conocer lo que era (y es CEMI). Falleció en 2008, pero los 13 años que disfruté de sus enseñanzas, amistad y cercanía, me cambiaron para siempre. Un día, hablando con él en una reunión de mi comunidad, nos hizo una analogía preciosa entre lo que eran nuestras vidas y un trozo de barro, y que gracias a esa libertad que el Padre bueno nos daba, estaba en nuestras manos hacer de ellas una obra de arte, única e irrepetible, o un churro que pasara desapercibido. Sus palabras me han acompañado en casi todas las decisiones importantes que he tomado en mi vida, con mis aciertos y mis errores. Que al final nadie es perfecto y asumo que en esto de hacer de tu vida una obra de arte, o al menos intentarlo, funciona (mal que me pese) lo de la prueba y el error.

En esta época de las Redes Sociales que vivimos y siendo un observador empedernido como me considero, siempre me ha llamado poderosamente la atención cómo nos proyectamos a través de las mismas. A todos parece irnos fenomenal. Todos salimos guapos en las fotos. Todos parecemos estar siempre felices. Somos un caso de éxito en nosotros mismos. Nos gusta que nos etiqueten. En las fotos y en la propia vida. Y así, a menudo, tendemos a perdernos en la masa, tratando de vivir la vida de otros, conforme a las normas que socialmente se nos imponen, o damos por impuestas, pero olvidándonos de quiénes somos realmente, sin valorar si esas normas nos hacen más felices o si por el contrario nos esclavizan y nos alejan de tomar la iniciativa al respecto de aquello que querríamos llegar a ser. Como escribía hace unos días en Facebook, vivimos en la sociedad del tener, del pretender incluso, pero nos olvidamos del "ser", y el resultado, a menudo, son personas vacías, o que viven su vida de una forma que no es la que querrían para sí. De alguna forma todos estamos, en mayor o menor medida, encorsetados. 

Esa manera de proceder ha llegado hasta los lugares más recónditos de nuestra sociedad. También al mundo del vino, claro está. Hoy en día cuesta mucho averiguar el origen de cada caldo por cuanto las técnicas enológicas tienden a estandarizar a aquellos y a hacerlos muy similares. Por supuesto, Borgoña no es Ribera del Duero y Rioja no es Jumilla, pero dentro de una serie de estándares, resulta difícil saber qué uva es la que lleva la voz cantante en una botella en una cata a ciegas. Digamos que cuesta salir de la corriente y al final se pone el énfasis en lo que te hace ser uno más y no tú mismo, con tu maravillosa originalidad.

Pero hay momentos en la vida de las personas en las que no hay disfraz que valga. Ni las redes sociales pueden evitar que en algún momento te mires al espejo y te observes tal cual eres. Siempre hay un momento de soledad en el que no hay lugar dónde esconderse de tus virtudes y tus defectos, esos que nos recuerdan que somos irremediable y maravillosamente humanos y que, como decía José Antonio, tenemos en nuestras manos hacer de nuestra existencia una obra de arte. Al final, cuando eres fiel a tus valores y a tus principios, cuando aprendes también a no escuchar de vez en cuando, cuando te sientes libre, en definitiva, es cuando puedes llegar a ser la mejor versión de ti mismo. Y entonces sí, la cosa se pone interesante. Porque el Padre Bueno nos hace libres y quiere que así sea también nuestra vida. ¿Por qué nos empeñamos en complicárnosla? Si alguien entendió esto a la perfección fue mi primo Santi. Y su carta a un "Buen Alfarero" me desarmó por completo. En bodega Fran, nuestro enólogo, ya había tenido la idea de trabajar el vino en el barro, pero aquel funeral fue el que realmente me hizo ver las cosas claras. Apenas unos días más tarde, ya estábamos en ello. Fran se puso a buscar tinajas de barro por toda España y poco antes de la vendimia 2016 ya teníamos todo preparado para lo que iba a ser toda una aventura.

Porque cuando eres la bodega que ha inventado la categoría Roble, cuando gestionas el viñedo propio más grande de la Ribera del Duero, indefectiblemente se te vincula con volumen, con relación calidad - precio y con asegurar las producciones, no con andarte con invenciones raras. Sí, en 2014 comenzamos un camino que se ha confirmado sobre todo en las cosechas 2015 y 2016, pero lo que queríamos hacer era algo totalmente rupturista. Todo comenzó por clasificar las 141 parcelas de la finca en 5 clases en virtud de su calidad. Y de una de ellas, la 14 del Hoyo Dornajo, una que apenas produce 2.000 kilos de tinta fina, encontramos la uva que queríamos para hacer "El Buen Alfarero". Y le acompañamos de un poco de Albillo silvestre, una uva blanca que nacía de forma espontánea en nuestro viñedo, el cual siempre se había despreciado. A partir de ahí, hicimos lo que nos salió del alma y del corazón, negando muchas de las normas más elementales de la enología moderna. Pisamos la uva de manera tradicional, elaboramos el vino con raspón, bazuqueamos a mano, yendo sábados y domingos a trabajar sobre el vino, yo el primero, o bueno, el segundo, porque el cariño que le hemos puesto todos, y en especial Fran, pone los pelos de punta. Tuvimos que hacer una especie de "efecto botijo" para lograr la fermentación y cuando terminó la misma, sacar los hollejos y las pepitas fue todo un número. Todo manual, todo artesanal.

Cuando el vino estuvo hecho hubo quién nos sugirió que lo metiéramos en barrica pero nos negamos en rotundidad. "El Buen Alfarero" quería demostrar la pureza del alma, de la uva tempranillo en este caso, con todas sus virtudes y con todos sus defectos. El barro deja un toque terroso muy curioso, pero sobre todo preserva el varietal de la uva como ningún otro recipiente. Le saca todo lo que tiene.

Me gusta decir que "El Buen Alfarero" es un vino rabiosamente humano, porque se muestra puro, fresco y libre de convencionalismos. No quiere parecerse a nadie y sólo mostrar lo que realmente esa parcela 14 del Hoyo Dornajo lleva dentro. No utiliza disfraces, ni quiere saber nada de aquello que le pueda apartar de su verdadera esencia. Cuando lo dimos a catar en el Salón de los Grandes Vinos de España de la Guía Peñín, dónde estuvo nominado a vino revelación de año, hubo gente que no lo entendió, pero los enólogos, la gente del sector que vive el viñedo y sabe lo que es la Ribera del Duero, nos felicitaron efusivamente y se quedaron perplejos. "¿De verdad que este vino es de allí?" "¿De veras que es tempranillo?". Lo que ocurre es que no estamos habituados a beberlo así.

Llevamos soñando 14 meses "El Buen Alfarero". Del dolor sale la creatividad y de aquel acontecimiento tan trágico que supuso la muerte de mi primo, muy cerquita de dónde sale la uva de "El Buen Alfarero", ha salido este vino tan especial, el cual no deja de ser un homenaje a su persona, a su vida y a la lección que nos dió a todos: cómo en apenas 24 años, casi 25, puedes hacer de tu vida, de ese pedacito de arcilla, una obra de arte única e irrepetible. Pisar esta uva, bazuquear las tinajas y participar activamente en este vino ha sido terapéutico hasta límites insospechados. 

Pero más allá del vino, nos queda la historia con la moraleja que lleva implícita. Ese antes y después que ha supuesto profesional y personalmente, que nos ha abierto puertas para el futuro y ha sacado lo mejor de nosotros. "El Buen Alfarero", como me dijo personalmente un prescriptor al catarlo, "es un vino con alma". Os confieso una cosa, pero guardadme el secreto, aunque es posible que a estas alturas ya lo sepáis. Ese vino lleva dos ingredientes secretos: pasión y, sobre todo, mucho, mucho corazón. Y es que, como decía Antoine de Saint-Exupéry en "El Principito", lo esencial es (y seguirá siendo) invisible para el hombre. Pequeños milagros... Los de El Buen Alfarero