domingo, 1 de mayo de 2016

Empresas - Una Estrategia para el Sector Vitivinícola Español



Algunas Ideas

Llevo tiempo queriendo escribir este post, pero los que me seguís más de cerca sabéis que desde Enero me he encerrado preparando el GMAT y poniendo en el horno primer artículo académico resultado de mi tesis, el cual espero que vea la luz en unas semanas. Mis disculpas de antemano por haber tenido este foro desatendido y espero que de ahora en adelante no vuelva a ocurrir. Al menos hasta septiembre, ya que el GMAT ha salido satisfactoriamente y dicho mes comenzaré una nueva aventura en mi vida, el Executive MBA de IESE. No dejo la bodega, ni mucho menos, sino que lo compaginaré con mi trabajo al ser un programa de fines de semana. Como siempre, mis ganas de crecer y seguir aprendiendo se imponen y aunque falten unos meses, ya espero con ilusión el inicio del nuevo curso.

Pero como decía antes, llevaba un tiempo queriendo escribir este post. Concretamente desde que volví de Prowein. Y aunque pensaba que a lo mejor ya no tenía sentido poner en orden ciertas ideas, lo cierto es que ayer cené con un buen amigo al que veo de Pascuas a Ramos, por cuanto vive fuera de España,  y éste me realizó la pregunta mágica: “¿qué le hace falta a nuestro sector del vino para exportar más?”. A todo ello se le une que me encuentro ahora mismo en Atlanta, a la espera de coger un nuevo vuelo que me llevará finalmente a  Asheville, dónde me esperan unas jornadas de trabajo en las que espero poner un granito de arena para que los extraordinarios caldos que se hacen en nuestro país sigan poco a poco derribando fronteras y conquistando nuevos paladares.

Cuando uno va a Prowein, siente cierta envidia al respecto de lo que hacen otro países en lo que a la promoción del vino se refiere. Francia tiene múltiples regiones, cada una con sus vinos característicos, de diferentes niveles de precio y estilos, pero que comparten un posicionamiento de marca brutal. Esa marca es Francia y ya de por sí tiene un “brand – equity” superior al de cualquier otro país. Se le acerca Italia y, lamentablemente, nuestro país queda un poco en tierra de nadie. Somos los primeros productores mundiales y los que más exportamos en volumen, pero somos campeones del mundo en graneles  y eso lastra la percepción que se tiene sobre nuestros caldos más allá de nuestras fronteras. El primer cliente de España en el mercado de graneles es Francia, el cual vende dicho vino embotellado y a un precio medio más que notable. No se trata de calidad intrínseca del producto, sino de cómo se nos percibe. Y a día de hoy, lamentablemente, Francia e Italia tienen mejor imagen de marca que España. De acuerdo que ahora llega una generación de empresarios jóvenes, entre los que me incluyo, que no hemos conocido la dictadura, que no tenemos complejos y que nos creemos que podemos competir con cualquiera, pero a ese camino le queda un trecho que será más o menos largo en función de las decisiones estratégicas que se tomen dentro del sector.

Lo primero que pienso que tenemos que hacer es apostar por una marca España. Vuelvo a  Prowein. Los mensajes se difuminan dentro de cada comunidad autónoma, por cuantas todas tienen su particular ICEX. Por ahí vamos mal. Claro que hay que resaltar la tipicidad de las regiones, pero todas dentro de una marca paraguas que nos ponga en el mapa. No podemos esperar que un chino sepa lo que es Castilla León o Cataluña cuando ninguno de nosotros sabríamos poner en el mapa Guanzhou o Hanzhou, ciudades enormes que superan con mucho a cualquiera de las nuestras. Yiwu, por ejemplo, desconocida para la mayoría, tiene más población que casi todas las comunidades autónomas de nuestro país. Por lo tanto, el primer reclamo debería ser Vinos de España, crear una marca España en la que todos nos apoyemos y enfoque el tiro. Perdemos fuerza al dispersar el mensaje.

Lo segundo que creo que deberíamos hacer es resaltar todo lo diferencial que tenemos como marca España. ¿Sabíais que no hay en el mundo ningún otro país con más varietales autóctonos que el nuestro? Y en paralelo a todo ello conviene resaltar que en Ribera del Duero hoy se está elaborando en zonas que se consideraban inviables hace sólo 30 años. Que Rueda es mucho más que vinos de supermercado, como se ha llegado a decir, y que ofrece equilibrios imposibles en sus verdejos fermentados en barrica. Que Bierzo y Ribeira Sacra muestran unos viñedos con unas inclinaciones que dejan perplejo al más pintado, y que de esos paisajes tan llamativos salen unos vinos que eran impensables no hace tanto. Y qué decir de la maravillosa locura que son los vinos fortificados de Jerez nos deberían hacer sacar pecho en todas partes. Pero el vino de España es aún incluso mucho más. Resulta que en Valencia, dónde hace apenas unos años se pensaba que no era zona de vinos de calidad, ahora uno se encuentra con Finca Terrerazo haciendo unos vinos para caerse de espaldas. Como también los hace Enrique Mendoza en Alicante. Y la Mancha, tan penalizada por sus graneles que salen rumbo a Francia, empieza a contar con bodegas que proponen cada vez cosas más interesantes. Pocos países tienen en el mundo tantas zonas con tantas historias que contar como el nuestro. España lo tiene todo para enamorar con sus vinos y con todo lo que hay detrás de ellos, pero en este mundo del exceso de información, no basta con hacerlo, sino que tenemos que contarlo.
En tercer lugar, creo que ha llegado la hora de revisar lo que suponen las Denominaciones de Origen. Cuando uno va a Burdeos, se encuentra que hay más de 50 regiones dentro de dicha apelación. Margaux no es lo mismo que Saint Emilion o Pommerol, por poner un ejemplo, pero las tres son Burdeos. Todo ello se explica en la etiqueta. 

No se trata ni mucho menos de que desaparezcan las Denominaciones de Origen, pero sí que en lugar de calificar los vinos por el tiempo de crianza o guarda, se haga hincapié en el terruño. La parte de Ribera del Duero de Peñafiel no es igual que la de Gumiel de Mercado, Roa o La Horra, como tampoco la parte de Soria es igual a la de Segovia. Todo es Ribera del Duero, pero al calificar los vinos como Jóvenes, Crianzas, Reservas o Grandes Reservas,  se tiende a la estandarización, por cuanto se compra uva de todas las zonas y se terminan mezclando. Cierto es que la estandarización de la Ribera del Duero es de una calidad altísima, como en la mayoría de las regiones, pero se pierde el foco en todo aquello que es diferencial: el terruño. No porque sea mejor o peor, sino porque es diferente y de lo que hoy se trata no es tanto de ser el mejor como de ser distinto. Y cuando se difumina el terruño, el origen de la uva, irremediablemente se pierde buena parte de la magia, por cuanto todo el mundo puede hacer un buen coupage de varias zonas de una región, pero sólo tú puedes hacer un gran vino de tu viñedo. 

Y voy un paso más allá. Nunca antes hemos tenido enólogos tan buenos como hoy en día. No ya sólo en lo que respecta a su formación, sino a su talento e intuición. A menudo éstos se encuentran trabas en los consejos reguladores, a los que les cuesta seguir las innovaciones que se hacen en bodegas. Debemos fomentar desde los comités de cata y las instituciones la innovación y la búsqueda de la tipicidad saliéndose de la tangente, justo al contrario de lo que está pasando ahora mismo.

En cuarto lugar, creo que tenemos que aprovechar la maravillosa diversidad de nuestro viñedo para hacer vinos que se acerquen a una nueva generación de consumidores que demandan cosas diferentes. Formatos diferentes, vinos más divertidos, productos más adaptados al gusto de la gente joven para que beban vino en lugar de otras bebidas alcohólicas cuando salgan a cenar y a divertirse, y que de esa manera puedan ir introduciéndose en el sector. Para que esto funcione, la estrategia de comunicación y distribución tiene que cambiar. La venta de vino a través del canal on line tiene que seguir creciendo. Y tenemos que asociar el consumo de vino a momentos divertidos, a momentos compartidos con la gente que apreciamos, no únicamente a momentos solemnes. Pero además debemos aprovechar que internet elimina las fronteras y nos permite llegar directamente a los consumidores de todo el mundo. Ya no sólo a través de redes sociales convencionales, por ejemplo, sino incluso a través de plataformas tan interesantes como Vivino u otras semejantes. Las bodegas tenemos que ser proactivas y salir de nuestro clasicismo en este aspecto.

Por último, tenemos que vertebrar el enoturismo en nuestro país y tenemos que profesionalizar bodegas y servicios auxiliares para ser un reclamo de primer nivel  no sólo doméstico, sino sobre todo y fundamentalmente para aquellas personas que nos visitan desde más allá de nuestras fronteras. Es crítico que la gente viva experiencias inolvidables en torno a nuestros vinos, que sean embajadores de nuestras bodegas cuando vuelvan a sus países y que lo hagan enamorados de nuestro país, de todo lo bueno que tenemos y de nuestra maravillosa diversidad. Y es que en definitiva, sigue siendo mucho más todo lo que nos une que aquello que nos separa.

Casi nada, ¿verdad? Por la parte que me toca asumo el reto. ¡Por aquí lo contaremos!

sábado, 12 de marzo de 2016

Empresas - La Gestión Empresarial en la Era de la Economía Hipercíclica

Algunas Reflexiones

Apenas parecía que empezábamos a salir de la crisis y de repente, de un tiempo a esta parte, resulta que vuelven a aparece negros nubarrones en el horizonte que podrían poner en jaque de nuevo a la economía mundial. El que el petróleo esté tan bajo está viniendo muy bien a países como España, pero está arrasando a economías como la Brasileña o la Venezolana, así como afecta a otras emergentes como México. El desplome del precio de las materias primas se está llevando por delante a buena parte de Latinoamérica. En EEUU, comienza a hablarse de burbuja de crédito y en Europa Mario Draghi anuncia medidas sin precedentes para tratar de rehabilitar a una economía que parece no ser capaz de levantar cabeza con recetas tradicionales. China, por su parte, parece que frena su crecimiento. 

En España, la tormenta que parece avecinarse más allá de nuestras fronteras, podría no venirnos mal del todo, por cuanto un petróleo con un precio tan bajo y unos tipos de interés tan ridículos, deberían animar el consumo privado, e incluso si la inestabilidad politica se queda a un lado, esta mejor coyuntura macro, podria hacer que los inversores extranjeros volvieran a ver en nuestro país una especie de refugio, como ya lo fuimos durante el inicio del presente siglo cuando se comenzó a fraguar la burbuja inmobiliaria. Pese a todo, el IBEX nos viene lanzando señales preocupantes en todo este 2016. Veremos lo que acontece, pero no soy pesimista con España.

Se decía antes de que cayera Lehman Brothers que la economía cíclica había pasado a mejor vida. Que ya no había límites ni al crecimiento ni al endeudamiento. Quer éramos capaces de medir los riesgos y en consecuencia poner los cortafuegos adecuados. Creo que ha quedado claro que esto no era así. Y es más, creo, como apunta Sam Walsh, CEO de Río Tinto, este mes en la Harvard Business Review, que muy probablemente hayamos entrado en una nueva era llamada de la "Economía Hipercíclica". Es decir, que los ciclos se van a suceder con mayor rapidez, cadencia y virulencia (para lo bueno y para lo malo) que nunca.

Bienvenidos al primero de los muchos efectos de la economía global. Se decía cuando yo estudiaba la carrera que si EEUU estornudaba, Europa se resfriaba. Yo creo que eso ha pasado a mejor vida. Todo está interconectado. El movimiento de capitales sin control por todo el planeta, la internacionalización de la economía y la creciente separación de la economía financiera del mundo real, tiene como derivada que cualquier problema económico tenga repercusiones (de diferente magnitud, obviamente) en cualquier país. Esto no es ni bueno ni malo. Simplemente es. Y a nuevos escenarios, nuevas herramientas. ¿Cómo gestionar una empresa en una época así? Sam Walsh apunta algunas ideas. Yo añado otras de mi cosecha.

1) Las empresas deberán medir bien sus inversiones. No se trata de crecer por crecer, sino de centrarse en el core business e incluso en ocasiones reducir tamaño para ser mas eficientes y eficaces. La nueva economía requerirá cintura para adaptarse a entornos que cambiarán mucho más rápido que antes. 

2) Aunque parezca un contrasentido, por cuanto es lo contrario a lo que se está haciendo en el mundo actual, las empresas se deben desapalancar y medir mucho su nivel de endeudamiento. De otra forma, la próxima crisis financiera se puede llevar por delante a tu compañia al depender en exceso de unos stakeholders, la banca, que se ha  mostrado estos años más vulnerable de lo previsto por todos.

3) Las empresas tienen que estar fibrosas, esto es, sin grasa, con los menores costes fijos posibles. Esto muy probablemente nos lleve a una nueva realidad en las relaciones laborales que será muy diferente a lo vivido durante muchas décadas sobre todo en Europa. Hoy lo que prima es el talento, y al igual que los trabajadores se van cuando quieren de empresa, la tendencia será a tener unos contratos laborales que le darán mayor flexiblidad a la empresa en el futuro. Se deben implementar, además, sistemas retributivos que fomenten una cultura del desempeño. Que el trabajador se pueda forrar si hace bien su trabajo y ello le repercute a la empresa en igual medida. O dicho de otra forma, menor componenente fijo, y un variable ilimitado.

4) El foco debe estar en la caja, no en la cuenta de resultados. Las empresas mueren por falta de tesorería, no por falta de resultados, aunque éstos siempre acaban afectando de una u otra forma a la caja. Unas cuentas anuales se puede maquillar. La tesorería no.

5) La producción no debe guiar nunca más las directrices de la empresa. Deben ser los clientes y el resto de stakeholders críticos quiénes los hagan, porque de ellos dependerá tu éxito para adaptarte a entornos tan cambiantes.

6) Innovar será imperativo. Y comunicar lo que estás haciendo, aún más. Como decía Peter Druker, una empresa es Innovación y Marketing. 

7) Habrá que invertir más que nunca en crear marca y tratar de lograr un posicionamiento emocional sumamente diferencial que te permita afrontar la próxima crisis con un cierto flotador. A las grandes compañías con marcas diferenciales y sólidas, no les ha ido especialmente mal estos años. El ejemplo de Apple es sintomático.

8) La apuesta por la sostenibilidad (económica, social y medioambiental) será más clara que nunca. La economía que propone Internet ha cambiado las reglas del juego y ya no hay dónde esconderse. Para triunfar en el mercado hará falta legitimidad y para obtenerla, no queda otra que convertir a las empresas en verdaderas ciudadanas corporativas a nivel global.

No me considero un visionario, sino un mero observardor, testigo privilegiado de lo que ocurre en la que para mi es la ciencia más social que existe. Sin lugar a dudas, estamos siendo partícipes de un cambio inimaginable hace no tanto. Lo contaremos en El Disparadero.


sábado, 5 de marzo de 2016

Marketing - El Servicio, Divino Tesoro

Sobre un Calamitoso Viaje a EEUU

La satisfacción del cliente, ese "maná" que todas las empresas buscamos como antecedente claro de la fidelización, la repetición de la compra, la mejor receptividad del mismo a nuevos productos que podamos ofrecerle, e incluso su propensión a hablar bien de nosotros, derivando todo ello en mayores flujos de caja para nuestras compañías, se ha vuelto definitivamente algo cada vez más y más complejo. Ya no es sólo que los clientes tienen cada vez más dónde elegir en este gran bazar mundial que se ha convertido la economía globalizada, sino que encima buena parte de la cadena de valor se encuentra externalizada, siendo casi imposible garantizar al 100% la calidad del servicio prestado.

Una empresa que se dedica a fabricar cosas, o a producir ciertos bienes, tiene cierto margen para corregir o pulir ciertos aspectos de sus productos. Se hacen pruebas, se obliga a los proveedores a superar ciertos estándares e incluso la trazabilidad permite corregir ciertos problemas potenciales o reales en ciertos lotes de forma más o menos rápida. Sin embargo, si tu empresa presta un servicio, estás vendido. Un fallo en la cadena de valor no siempre tiene fácil arreglo. Y lo peor de todo. Si estás en uno de esos servicios en los que apenas tienes competencia, a veces ni siquiera encuentras voluntad de servicio en las personas del front - office. El resultado tiende a ser un cabreo monumental.

Hace unos días volví de EEUU, dónde he pasado 10 días vendiendo todo lo que he podido. Salí hace dos domingos de Madrid con Elena, la persona de bodega encargada del mercado Estadounidense. La primera parada de nuestro viaje era Asheville, una ciudad pequeña de Carolina del Norte dónde uno de nuestros importadores más potentes tiene sus oficinas centrales. El viaje hasta Asheville no era sencillo, por cuanto como fue un viaje que surgió casi de repente, no hubo más remedio que hacer un Madrid - Philadelphia - Charlotte - Asheville. Volábamos con American Airlines. Se suponía que teníamos que llegar a Asheville sobre las 23:30 hora local, tras casi 20 horas viajando. 

La primera en la frente: retraso en Barajas por motivos técnicos, lo cual comprometía nuestra escala en Philadelphia, por cuanto por las actuales normas de seguridad tienes que pasar por un control de pasaportes que suele ser insoportable, recoger la maleta, volver a dejarla y volver a pasar por un control de metales. Afortunadamente el personal de American Airlines nos facilitó nada más bajar del avión en Philadelphia un nuevo billete con margen suficiente para no perder el vuelo a Charlotte. Con más tranquilidad, nos dispusimos a pasar el control de pasaportes. La policía pensó que era buena idea coger a Elena al azar para hacerle unas cuantas preguntas acerca de PradoRey, para ver si realmente existía la bodega, todo ello con una cola descomunal en la salita aparte que la llevaron y sin preocuparse por el siguiente vuelo que tenía que coger.

Como a mi me habían dejado pasar sin más, quedamos, dado que corríamos  el riesgo de perder ambos el segundo vuelo, que yo tirara para que, por lo menos, pudiera haber alguien en Asheville al día siguiente, ya que teníamos una jornada de trabajo muy importante. Llegué por los pelos al avión, por  cuanto las colas, de nuevo, fueron insoportables para pasar el último control de seguridad. Elena perdió el vuelo, y American Airlines le dijo que no se preocupara, que "el lunes" podría volar a Asheville. Tras explicarle que eso era inaceptable, que ella tenia una reunión muy importante al día siguiente, la desviaron a Greenville, a una hora y pico de Asheville, dónde podría alquilar un coche. Faena, sí, pero al menos pudo encontrar una solución. Lo mejor por mi parte estaba por llegar.

Tras llegar a Charlotte y embarcar, nos bajaron del avión diciendo que en Asheville había niebla y que ya nos dirían si se podía volar. Al cabo de unos 40 minutos, ya pasadas las 11 de la noche hora local, nos dijeron que imposible. Una señora de American Airlines a voz en grito dijo que no había más vuelos, que mañana fuésemos pero que no nos garantizaban poder volar y que nos buscáramos un hotel. Cojonudo, pensé. Tras hablar con Elena, convenimos que ella se acercara desde Greenville, a una hora y media de Charlotte, para ambos ir juntos hasta Asheville, que estaba a dos horas y media de Charlotte. Para que nos entendamos, esto es como tener que ir a Aranda de Duero, estar en Madrid, y bajarte  a Toledo antes de subirte para allá. Mientras hacía tiempo, fui a reclamar mi maleta, pero me dijeron que no podían dármela, que mañana viajaría conmigo a Asheville. Cuando le expliqué a la señora que, esta vez sí, me atendió amablemente, que esa solución era inaceptable, se puso a buscarla para al poco tiempo darse cuenta de que mi maleta andaba perdida en Philadelphia.

Así que finalmente llegamos a Asheville a las 3 de la madrugada hora local, tras casi 24 horas viajando y en mi caso sin equipaje. Al día siguiente necesité 25 minutos para poner la reclamación pertinente. Aquello parecia un examen de inglés más que otra cosa. Me aseguraron que me lo llevarían al hotel. Por la tarde, cuando volví a llamar, me dijeron que tenía que ir a buscarla al aeropuerto, porque hasta el miércoles, día en que yo viajaba a Atlanta, no podrían llevármela al hotel. Así que me tocó comerme un buen atasco y cuando llegué al aeropuerto, no había nadie de American Airlines. Si no llega a ser por una amable señorita de Delta, que llamó a alguien de American, aún seguiria allí esperando. Finalmente recuperé mi maleta.

A Atlanta nos fuimos en coche, pero de allí a Nueva York de nuevo en avión con American Airlines. De nuevo caótico el aeropuerto, con colas interminables. Y de nuevo retraso en nuestro vuelo. Sólo la vuelta a Madrid la hicimos según el horario previsto.

La satisfacción no deja de ser un contraste de expectativas entre lo que esperábamos recibir y lo que realmente recibimos. Y bajo ese prisma, en la experiencia de un viaje entran en juego más factores más allá del mero vuelo. Están las esperas en el aeropuerto, los controles de seguridad,  la buena gestión del equipaje, y así un largo etcétera en el que intervienen varias personas de diferentes compañías u organismos oficiales. La aerolínea no controla su cadena de valor, pero es sobre quién recae la "culpabilidad" de lo sucedido. Así que si no puedes garantizar un buen servicio al 100% por cuanto no puedes responder por terceros, ten preparado un sistema de gestión de incidencias lo suficientemente bueno para que en ete caso las expectativas (positivas, reparadoras) superen tu cabreo por quedarte colgado y sin equipaje. Y, sobre todo, no prometas algo que no puedas cumplir, haciendo que tu cliente, ese al que tienes rebotado, se enfade aún más.

La competencia es buena, por cuanto obliga a las compañías a dar un mejor servicio. No hay más que pensar que entre las empresas que gozan de unos menores niveles de satisfacción a la hora de atender las reclamaciones de sus clientes se encuentran casi siempre las de telecomunicaciones o las energéticas, la cuales siguen siendo fundamentalmente un oligopolio, por cuanto 4 ó 5 compañías tienen una cuota de mercado desmesurada. No hay alternativas al avión para ciertos viajes, e incluso en algunas rutas hay pocas opciones en lo que a la elección de la aerolínea se refiere. El cliente en esos casos es rehén y la presión por hacer bien las cosas, mínima, o al menos no tan exigente como en mercados mucho más perfectos. El que el tren de alta velocidad le esté quitando cuota de mercado al avión en ciertos mercados nacionales es un buen toque de atención.

En unas semanas me tocará volver a EEUU y es muy posible que tenga que hacerlo con American Airlines de nuevo. Ojalá alguien de dicha compañía lea este post y reflexione. Vocación de servicio: clave para triunfar en este mundo empresarial tan competitivo. ¿Tan difícil es de entender? Amigos de las aerolíneas, aquí tenéis un potencial cliente, que se pasa casi 90 días al año fuera de España, deseando que alguien le convenza de verdad. Por aquí lo contaremos...

sábado, 27 de febrero de 2016

Marketing – Times they are a- changing

Algunas Ideas


Como la canción de Bob Dylan y nada más cercano a la realidad. Me escribía ayer mi amigo del alma, mi hermano Arturo, desde Nicaragua para plantearme lo que algunos estudios estaban empezando a poner de manifiesto respecto al abuso de la publicidad, ya no sólo por el bombardeo continuo de información al que somos habitualmente sometidos, sino por la creciente discrepancia que suele existir entre lo que las empresas comunican y lo que realmente son. Y es que no podemos olvidarnos que las compañías son lo que se percibe de ellas, no lo que éstas dicen que son acerca de sí mismas. O como diría mi abuela, que obras son amores y no buenas razones. 

Como curioso por vocación que soy y siendo éste uno de los temas que suelo abordar cuando me toca dar alguna clase en la Universidad, me he puesto a pensar al respecto y me ha salido este post. Va por ti, Bro. A ver si logramos poner en orden ciertas ideas.

Para entender lo que está pasando, retrocedamos en el tiempo y pensemos cómo era la realidad económica de hace 40 ó 50 años. Comencemos por los entornos. Poca competencia, por cuanto los mercados eran fundamentalmente locales, a lo sumo nacionales. La dificultad para acceder al crédito, además, complicaba la creación de empresas. El cliente tenía poco dónde elegir, poca información al respecto y la identificación con la marca resultaba sencilla. Era la época en la que los “mass – media” comenzaban a despegar y las comunicaciones de la empresa con sus stakeholders estaban controladas por ésta. Es más, aún en el año 84 casi el 60% de las comunicaciones con sus clientes y grupos de interés eran unidireccionales. Si alguien tenía una mala experiencia con una compañía, lo podía contar en el bar a sus amigos o a sus suegros el domingo cuando iba a comer, limitando mucho la interacción de los stakeholders entre sí.  Pero en definitivas cuentas, como me decía Arturo, todos dábamos por hecho que Ariel era el que más blanco lavaba, e incluso que los Volvo eran los coches más seguros y Pascual la auténtica calidad. Digamos que el posicionamiento que para las empresas era relativamente sencillo posicionarse en nuestras mentes de la forma que querían, existiendo una alineación casi perfecta entre la imagen que quería proyectar una compañía y la forma en que la percibíamos.

Esto tiene mucho que ver con la teoría psicológica del consumidor. La satisfacción es un mero contraste entre las expectativas previas que tenemos respecto a un producto o servicio y el resultado real del mismo. En las expectativas previas inciden dos parámetros. Uno, los subjetivos, en dónde interviene la comunicación controlada de la empresa hacia nosotros, e incluso los comentarios que nos puedan trasladar nuestros amigos, vecinos, primos o prescriptores al respecto, los cuales nos predisponen en un sentido u otro, y dos, los objetivos, dónde tendrían cabida nuestras experiencias previas. Como explicaba hace unas líneas, las compañías vivían cómodas y felices hace no tanto, por cuanto además afrontaban entornos muy estables, dónde las expectativas eran locales (todos leíamos los mismos periódicos, veíamos los mismos canales de televisión, etc.), la interacción entre los grupos de interés escasa y dónde los valores y la cultura era algo bastante homogéneo. Digamos que la “legitimidad” de la empresa casi, casi venía dada por la mera comunicación que a través del marketing ésta hacía.

Hoy en día todo ha cambiado mucho y lo ha hecho muy deprisa. Las empresas afrontan entornos globales, con una competencia sin parangón y con una creciente presión en el precio que les obliga en muchos casos a externalizar e internacionalizar parte de su cadena de valor, lo que incrementa el riesgo de escándalos. En paralelo, la llegada de internet ha supuesto una auténtica revolución que lleva de un tiempo a esta parte amenazando al “orden” económico establecido. Primero porque nadie controla la red, lo que hace que las expectativas sean globales. Segundo, porque ha fomentado el que los stakeholders podamos interactuar entre nosotros sin ningún control por parte de las empresas. Tercero, porque todos podemos ser prescriptores potenciales y ello ha obligado a que la comunicación de la empresa con su entorno sea multidireccional y, de nuevo, sin poderla controlar. Por último, porque todo lo anterior hace que las compañías sean transparentes y que todos podamos, no sólo saber de sus prácticas en cualquier lugar del mundo, sino compartirlo, comentarlo o censurarlo en redes sociales tipo Facebook dónde 1.000 millones de personas interactúan.

La teoría del cliente multidimensional supone el remate a todo esto. El nuevo consumidor del siglo XXI resulta que tiene conciencia y aún con sus contradicciones, ocurre que sus experiencias en los diferentes roles que adopta a la hora de relacionarse con las empresas le condicionan a la hora de consumir o comprar a aquellas. Yo, Fernando, soy el Director General de una bodega, que es proveedora de una cadena de alimentación. El cómo se comporta dicha cadena con mi empresa me condiciona a la hora de ir allí como cliente casi tanto como la experiencia previa real de la compra. Pero es que además colaboro con diferentes ONG´s. En mi caso relacionadas con los derechos humanos y el apoyo a mujeres en riesgo de exclusión. Siguiendo con el ejemplo, si la citada cadena tuviera algún escándalo relacionado con cualquiera de estas dos causas que a mi me interesan, también me afectaría a la hora de comprar. O si hiciera algo positivo al respecto, podría mejorar mi identificación con la misma. Por si esto fuera poco, tengo familiares que pueden trabajar en dicha cadena. Y si hacen un ERE y le afecta, también me condiciona. E incluso si en cambio le promocionan y le tratan bien, mejorará mi percepción. Si vivo en una población pequeña y resulta que cierra un centro que deja en el paro a muchos de mis cohabitantes, me aefcta. Y así un largo etcétera, dónde influyen las redes sociales, mis amigos, mi comunidad de vecinos o incluso lo que pueda decir el partido político al que voto o los columnistas de los periódicos que leo.  

Dentro de esta locura en que se ha convertido el estudio del marketing en los tiempos que corren, añadámosle otra dimensión: los mercados se han convertido en bazares mundiales dónde abunda de todo. El cliente tiene más que nunca dónde elegir,  y como bien apuntaba Arturo en nuestra conversación, tiene conciencia, pero no está dispuesto a hacer sacrificios ni en calidad, ni en precio como norma general. Digamos que la RSC, por ejemplo, favorece la identificación del cliente con una marca, pero que sigue siendo un “nice to have” que decanta una venta cuando se cumple el “must have” (calidad y precio) anteriormente descrito. 

Y en esta marabunta, los excesos se pagan. Si al cliente le abrumas con la publicidad, huye. Si percibe que lo que cuentas no es cierto, te penaliza. Si considera que eres incoherente, busca alternativas. Y si entiende que a la hora de comunicar estás dejando de lado tu “core business”, que estás fallando en calidad y que encima eres oportunista con la acción social, el efecto boomerang es de órdago a la grande. 

Vamos a un mundo bipolar, dónde el “low cost” va a pesar mucho sobre las “commodities” con el agravante para las empresas de que cuando entras en un lugar exclusivamente por el precio, sales también del mismo por idéntico motivo. Hay una alternativa: buscar un posicionamiento emocional diferencial que te permita disfrutar de un “brand equity” que se traduzca en mayores precios y mejores ganancias. Para ello, como apuntaba antes, la calidad se da por hecha. Innova, enamora, emociona, se transparente y comunica. En estos casos el Marketing siempre será una inversión. Pero si tu guerra es la otra, como bien decía Arturo, quita peso a tu equipaje, por cuanto estarás ante un coste fijo que terminará penalizándote. Las empresas ya no buscamos clientes, los cuales tienden a ser cada vez menos fieles, sino que buscamos fans. Casi nada en los tiempos que corren. Definitivamente, me encanta mi profesión.

sábado, 23 de enero de 2016

Empresas - Claves para el Éxito Empresarial en el Siglo XXI

Piensa, Haz, Comunica y Enamora Diferente






Mi hermano Santi, informático de profesión, tiende a meterse conmigo por mi querencia hacia Apple y la admiración profesional que siempre me produjo Steve Jobs. Reconozco que paso por el PC por cuanto no puedo ir a la contra en el trabajo, pero no tengo ningún pudor en reconocer que dónde esté un iPhone que se quite un Android, que estoy feliz con mi iPad y no la cambiaría por ninguna Tablet,  así como también que conservo y sigo utilizando aquel iPod que me regaló una de mis ex hace ya bastantes años. Mi hermano me dice que Steve Jobs no era ingeniero, que sabía poco de informática y que su afán por hacer los productos "cerrados" e incompatibles en buena medida ha privado a los mismos de desarrollos posteriores. Obviamente no le puedo rebatir este punto. Incluso empresarialmente hablando, entrando ya en mi terreno, podría admitir que al haber optado por este camino, Jobs probablemente privó a Apple de mayores beneficios financieros... a corto plazo. Sin embargo, lo que a mi me hace admirar a la empresa de Cupertino va mucho más allá de unas meras cuestiones técnicas, las cuales apenas entiendo como buen "lego" que me considero a nivel informático.


Vivimos hoy en día, en los inicios del siglo XXI, un nuevo escenario económico y empresarial sin parangón. Decía Víctor Molero, profesor mío durante la carrera, que Internet iba a suponer un nuevo orden económico mundial. Reconozco que allá por 1999, cuando acuñó dicha frase en una fría mañana de otoño, casi ya invierno, en una interesantísima clase de Marketing, creía que exageraba. Sin embargo, hoy, 17 años después, reconozco que fue un visionario. Poco o nada tiene que ver nuestra actualidad con la de hace unos años. Internet no sólo ha cambiado la manera de comunicarnos, sino que ha modificado nuestra forma de comportarnos económicamente. Buscamos prescriptores en la red, comparamos en la red, compramos en la red y en ella, como no hay fronteras, nos abrimos ante un mundo sin barreras, ante un gran bazar mundial, que tiende a ser mucho más transparente de lo que lo eran nuestros mercados hasta hace no tanto.


Sumémosle un gran cambio social debido a los movimientos migratorios que se han venido produciendo de un tiempo a esta parte y a la creciente tendencia a eliminar barreras al comercio internacional. Globalización económica, social y cultural. Magníficas noticias para un consumidor que cada vez tiene más dónde elegir, un buen dolor de cabeza para los que dirigimos empresas en un entorno tan difícil. ¿Cómo puede tener éxito una compañía en un mundo tan apasionante como el que nos está brindando el siglo XXI?


Piensa Diferente. Steve Jobs introdujo una forma de pensar totalmente disruptiva en las empresas. Tradicionalmente en éstas la gente trataba de aplicar las mejoras tecnológicas o productivas existentes en mejorar productos que satisficieran lo que los clientes demandaban en virtud de estudios de mercados previos. Para Jobs, sin embargo, el planteamiento era diferente: "la gente no sabe lo que quiere", llegaba a decir. Bueno, yo no me atrevería a tanto, pero sí que añadiría que nos suele gustar que nos sorprendan, que superen nuestras expectativas previas. Y otra cuestión añadida: en muchos estudios de mercado que se llevan a cabo desde las empresas solemos partir de la premisa equivocada de que todos los clientes son como los nuestros. En Apple, por el contrario, la pregunta es: "¿cómo me gustaría que fuera mi teléfono? ¿cómo sería mi teléfono ideal?". O "¿qué querría que pudiera hacer mi ordenador?". A partir de ahí, se desarrollaban productos y la tecnología pertinente para que pudieran tener dichas funcionalidades. Por ello el Macintosh primero, el iMac, o luego el iPod, el iPad y el iPhone después fueron un bombazo, porque superaban cualquier expectativa al no estar desarrollado sobre tecnología y productos existentes.


Pero pensar diferente no sólo consiste en hacerlo en lo referido al producto en cuestión, sino en la forma de usar el mismo. A Jobs le chirriaban aquellos sistemas MS-Dos en los que el usuario tenía que teclear un número enorme de comandos cada vez que quería hacer algo. "El cerebro humano no funciona así", decía mientras desarrollaba el Macintosh, primer ordenador que dio paso al famoso sistema de iconos en el que luego se basó Microsoft. Dicho sea de paso, ese sistema lo creó Xerox, pero no sabían qué hacer con él. Como pasó luego también con iTunes, Apple ganó la partida por la mano a todos sus competidores al comprender cómo somos las personas en nuestra relación con la tecnología. Se trata de que las personas disfrutemos con lo que compramos, no que nos den un dolor de cabeza.


Haz Diferente. Ocurre en muchas empresas que la gente con creatividad termina marchándose por cuanto se atreven a pensar diferente, pero se encuentran con estructuras corporativas demasiado rígidas que impiden que aquello pueda palparse en algo real. Los directivos hoy más que nunca somos gestores de talento y nuestra tarea es crear espacios para que el mismo fluya y permita hacer cosas relevantes y tangibles en los productos que nuestras compañías elaboran. Esa es la forma de diferenciarse, de ser distintos al resto. Ese es el verdadero reto al que nos enfrentamos las compañías en el siglo XXI. Hace no tanto la gente con formación universitaria era escasa y marcaban la diferencia en las empresas. Hoy en día, con la formación tan estandarizada, el principal activo de las compañías son las personas que además de su conocimiento explícito, si cabe este término, tienen un conocimiento tácito, ese que difícilmente se puede enseñar, que parte de las experiencias previas, de la intuición, de la imaginación y la capacidad de aprender de todo lo anterior, que les lleva a hacer planteamientos totalmente distintos y novedosos. Desde la responsabilidad, obviamente, el reto de los líderes empresariales del siglo XXI es que toda ese pensamiento disruptivo, como explicaba, se traduzca en algo que sorprenda a nuestros clientes actuales... ¡y a los de la competencia!


Pero había otra cuestión añadida en Apple. De acuerdo con la obsesión de Jobs por los detalles rozaba lo enfermizo, pero los criterios de excelencia que introduce supusieron y siguen suponiendo un ejemplo de las cosas bien hechas. Los detalles cuentan. Tan importante, por ejemplo, es la comida en un restaurante como la buena presentación y el servicio. No sólo te diferencias en el producto o servicio, sino en cómo lo ofreces.


Comunica Diferente. De nada vale pensar y hacer las cosas de forma diferente si no lo comunicamos. Dentro de la amalgama de datos, anuncios e información que nos satura a diario, si una empresa no pone en conocimiento de sus stakeholders todo lo bueno que lleva a cabo, pasará desapercibida y estará abocada al fracaso. Y sintiéndolo mucho por mi admirado Descartes, las personas somos más emocionales que racionales. Comunicar no es lanzar mil millones de datos técnicos acerca de un producto, sino contar las cosas de una forma que llegue al corazoncito de las gente. Hay que buscar el canal adecuado, aspecto nada sencillo a día de hoy, fomentar las experiencias y el contacto con el cliente, contarle quiénes somos y qué hacemos desde un punto de vista distinto. Detrás de cada gran empresa hay una gran historia de pasión, valentía, esfuerzo, sacrificio y mucho corazón que hay que poner en valor. Todo ello nos ayudará a diferenciarnos también. Comunicar no es publicidad. Al menos exclusivamente. Hoy en día estamos en la era de la interactividad total. El cliente exige hablar de tú a tú con las empresas, dialogar. En el mundo del vino quiere cada vez más venir a bodega y palpar in situ que eso que le dices que haces es cierto. Si queremos triunfar en entornos tan competitivos, no queda otra que poner sobre la mesa todo lo diferencial que tenemos y llegar a las personas de otra forma.


Enamora Diferente. Pero el verdadero éxito de Apple, consecuencia de todo lo anterior, es que no tiene clientes, tiene FANS. Eso es a lo que aspiramos todas las empresas. Pensemos en un club de fútbol, el de nuestros amores. Podrá ganar o perder, nos podrá enfadar el día que lo haga mal, y enloqueceremos el día que gane un título, pero siempre seguiremos siendo del mismo. No cambiaremos porque fiche a este jugador o al otro, o por cuestiones tácticas y racionales. Los clientes de Apple hacían cola para asistir a cada nueva presentación de Steve Jobs y son capaces de dormir en las tiendas oficiales para hacerse con el último invento de la marca. Algo parecido les pasa a los fans de Harley Davidson, que como apunta otro de mis hermanos, Jorge, son capaces de tatuarse la marca en el brazo o en las partes más insospechadas del cuerpo, como diría mi hermano Luis. Las empresas que hacen todo lo anterior son capaces de transmitir unos valores, una filosofía casi de vida, que hace que las personas terminen identificándose con las marcas. Llegar a este último punto es muy, muy complicado, pero es la forma de garantizarte la supervivencia y la proyección a largo plazo en entornos tan complicados y tan competitivos, la única forma de no pasar desapercibido.


¿Y en PradoRey qué?, me preguntaréis. Pues en ello estamos. Como me gusta decir, no aspiramos a ser los mejores, sino a ser diferentes. Ocurre que los cambios en el mundo del vino son lentos, por cuanto los productos a veces tardan años en llegar a los mercados. Hace un año comenzamos una revolución. Apostamos por un nuevo equipo joven, dinámico y muy talentoso. En la añada 2014 comenzó a verse la punta al iceberg y los que habéis tenido la suerte de probar algo ya del 2015 veréis que el segundo paso del escalón es aún más grande. A lo largo del año 2016 vamos a lanzar muchas novedades y por el camino viene una batería de noticias y cosas que os queremos contar y que van a sorprender a propios y a extraños. De momento, los prescriptores que han venido a bodega a catar barricas y depósitos se han quedado perplejos. Pero reposicionar la marca no sólo es pensar y hacer las cosas de forma diferente (como hemos hecho y ahora se empieza a comprobar), sino que nos llegan los siguientes pasos. Atentos a las redes sociales y a los medios, y no dejéis de venir a visitarnos en los próximos meses. Y es que, queridos amigos, en PradoRey queremos enamoraros.

jueves, 31 de diciembre de 2015

Una (humilde) Reflexión Política tras el 20-D

Con Permiso

No tiendo a escribir sobre política y no tengo problema en reconocer que no me gusta nada hacerlo en redes sociales. La gente se crispa demasiado y el debate a menudo tiende a alcanzar unas cotas de violencia verbal que personalmente detesto. Sin embargo, tras varias conversaciones en los últimos días con unos y con otros, y a la vista del momento decisivo que afronta nuestro país, no quería dejar de escribir unas líneas siempre con afan constructivo de cara a este 2016 que se nos presenta apasionante.

Como "observador" de la vida política, siempre me sorprende que en las elecciones casi nunca pierde nadie. O al menos todos hacen lecturas optimistas de los resultados obtenidos en los sufragios. Como amante del deporte, no lo entiendo. Alguien tiene que ganar en términos absolutos, aún cuando haya perdedores orgullosos de sus resultados. La cosa aún tiene más guasa cuando se dan resultados como los de este año, dónde hay cuatro partidos que han obtenido un número relevante de parlamentarios. 

El PP objetivamente es el que más votos ha sacado y, en consecuencia, es el que lícitamente se puede considerar ganador de las elecciones, pero sin embargo ha perdido 63 diputados. Para hacérselo mirar, desde luego. Al PP le han pasado factuar la corrupcion y una nula pedagogía para explicar lo que estaba pasando. El segundo día de Rajoy en la Moncloa tenía que haber salido en todas las televisiones para explicar que el país estaba quebrado y que el objetivo era evitar el rescate, que había un plan, pero que  corto plazo iba a resultar en una destrucción de riqueza aún mayor y que tan sólo en la segunda mitad de la legislatura comenzarían a verse brotes verdes de verdad. Además del cabreo del ciudadano medio por el desfalco del PP en muchas de las instituciones en las que ha estado presente estos años, el cual es especialmente doloroso en coyunturas como la actual, flota en el ambiente que la carga de los ajustes ha sido totalmente asimétrica, llevando familias y PYMES la mayor parte de la misma. El PP ha golpeado a buena parte de su electorado más fiel en muchas de sus medidas y lo peor de todo es que no ha sabido dar una sóla explicación. Ha tomado a los ciudadanos por tontos. El resultado, pese al "milagro" de la recuperación que está viviendo nuestro país (que el otro dia un buen amigo que vive en Londres no dudó en catalogarlo como estructural, o lo que es lo mismo, que hemos iniciado una senda de crecimiento sostenido), es un severo correctivo. Y que conste que yo soy de los que atribuye más mérito a empresas y particulares en este cambio sostenido que al gobierno, pero lo cierto es que también se han tomado algunas medidas que han tenido un mejor efecto del esperado.

En cuanto al PSOE, me sorprendió que Pedro Sánchez dijera en tono eufórico el pasado 20 D que habían hecho historia. En 2011 Rubalcaba daba un paso a un lado ante unos resultados catastróficos en comparación con la historia de los socialistas desde que se reinstauró la Democracia. Pedro Sánchez ha perdido otros 20 escaños adicionales respecto a 2011. Si me permitís un puntito de mala leche, efectivamente el PSOE ha hecho historia, pero en negativo. Entiendo que para lo que vaticinaban las encuestas el castañazo no ha sido todo lo gordo que podría haber sido, y que por ello desde Ferraz se hace una lectura un poco menos mala de lo ocurrido. Sin embargo, estoy totalmente de acuerdo con Eduardo Madina. Lo que le pasa al PSOE viene de largo. Tiene tantos casos de corrupcion como el PP (los ERE y los cursos de Formación en Andalucía supera a toda la trama Púnica). Además, ideológicamente creo que es un partido perdido. Desde la distancia se me hace muy difícil comprender cómo pudo pactar con ERC en su día para formar aquel famoso tripartito. Tampoco entiendo que ahora tenga acuerdos con Ciudadanos y con Podemos en diferentes plazas. Parece que todo vale para hacerse con el poder en cualquier. No importa el precio a pagar. No importa que parezca que no hay un modelo claro de estado. Tampoco ser más de izquierdas en algunos lados y de centro en otros. Ante este panorama, y que nadie se me ofenda, no me extrañaría que Sánchez llegara a pactar incluso con Bildu si hiciera falta para presidir el gobierno. Recordemos que la suma IU, Podemos y PSOE no da para gobernar, y que si el líder socialista quiere presidir el país necesitaría de los nacionalistas de izquierdas.

Respecto a la formación Morada, hay que Pablo Iglesias ha hecho una gran campaña y con ella una gran remontada que hay que poner en valor. Particularmente no me creo su giro hacia la social democracia, como me sigue sorprendiendo su demagogia en muchos puntos de su discurso, pero es cierto que apelan al corazoncito de las personas y que son valientes al menos en su propuesta. Otra cosa es gobernar, pero ese es otro asunto. Sin embargo a Pablo Iglesias a veces parece olvidársele que quedó tercero en las elecciones, y que aunque dicho resultado tiene mucho mérito viniendo de dónde viene el partido, no lo es menos que estas elecciones eran muy propicias para Podemos, por cuanto será difícil encontrar otra situación de mayor crispación y "cabreo" social. Tampoco se puede obviar que se ha nutrido de un grupo de votos notable procedente del independentismo. Intuyo que parte de los de la CUP, por ejemplo.

En cuanto a Albert Rivera y Ciudadanos, tal vez sea cierto que se ha ido deshinchando conforme avanzaba la campaña por la indefinición respecto a posibles pactos. El votante del PP tradicionalmente es el más fiel, y ante la posibilidad de que Albert Rivera acabara votando al PSOE, han habido mucho que finalmente han apoyado a Rajoy. Por el lado izquierdo, sin embargo, el que al final dejara entrever que favorecería la investidura del candidato del partido más votado, podría haber derivado votos hacia el PSOE... ¡y hacia Podemos! En un fenómeno que aún está por estudiar, hay muchos votantes, "millennials", que tenían claro que no querían votar a los partidos "tradicionales" pero que finalmente entre los naranjas y los morados se han decantado por la formación de Pablo Iglesias.  

Con todos estos antecedentes, nos encontramos con un parlamento que es un Sudoku. Al PP no le basta el apoyo de Ciudadanos para ser investido y necesitaría de la abstención del PSOE. Ciudadanos, además, no quiere entrar en un gobierno con el PP. Sánchez se siente "legitimado" para gobernar, porque entiende, como Pablo Iglesias, que la sociedad ha pedido un cambio. Rajoy, por su parte, recuerda que el partido que ha ganado es él, y se esfuerza por decir que la sociedad lo que ha votado es un gobierno presidido por el PP, que por algo ha sido la fuerza más votada. Y entre todo ésto, a lo lejos, se avecina la sombra de unas nuevas elecciones. 

Mi visión:

- España vive un momento crítico. Parece, como decía antes, que podemos salir de la crisis, pero a día de hoy seguimos teniendo un déficit público elevado, una deuda pública que no para de crecer (como consecuencia de lo anterior) y más de 4 millones de parados. Ya no estamos en la UCI, pero seguimos en el hospital y podemos empeorar. España el año que viene necesita captar 250.000 millones de euros para cubrir su déficit y hacer el "revolving" pertinente para refinanciar sus vencimientos de su deuda actual. No estamos para hacer el indio ni ciertos experimentos.

- No tengo tan claro que los españoles hayan votado cambio cuando el PP ha sido la fuerza más apoyada. Y aclaro que yo no les he votado. Pienso que los españoles lo que hemos dicho es: "ninguno nos gustáis lo suficiente. Nuestro mandato es que os entendáis". 

- Ante esta tesitura, no queda otra que apostar por hombres de estado, como lo fueron los de la transición, que dejen de lado los intereses de los partidos y antepongan los del país. Creo que es necesario un gobierno de concentración, el cual por lo menos debería estar integrado por PP, PSOE y Ciudadanos, y al que incluso invitaría a Podemos pero con ciertas premisas, como el que no metiera en el debate ahora mismo la unidad territorial. PP, PSOE y Ciudadanos tienen algunos puntos en común respecto en cuestiones críticas y suman el 65% de los votos. Con estos hombres de estado crearía un gobierno de tecnócratas que durante dos años tendría la labor de terminar de sacar el país adelante. Es más, consitituiría ese gobierno con fecha casi para unas elecciones en 2017.

Leemos, no obstante, que este escenario que planteo es inasumible para muchos de los partidos que concurrieron a los comicios del 20D. Para hacer algo así, todos tendrían que ceder en cosas, pero se trataría de llegar a acuerdos en lo común, en lo realmente importante, para evitar por todos los medios meter a España en una indefinición que sería imperdonable por cuanto arresgaría mucho lo recorrido en este tiempo.

Conviene recordar que hace no tanto este escenario ya se vivió, se llamó transición y que en aquel momento las circunstancias eran aún peores. Por aquel entonces había hombres de estado en todos los partidos. La historia les ha brindado una oportunidad sin parangón a los Rajoy, Sánchez, Iglesias y Rivera para que decidan cómo quieren que se les recuerde. Ni idea de lo que ocurrirá. Tal vez por eso no estoy en político. Demasiados entresijos.

Sin lugar a dudas, el 2016 se presenta apasionante.

Mis mejores deseos de paz y felicidad para todos en este año que está a punto de comenzar.

martes, 29 de diciembre de 2015

Vinos del Mundo para esta Navidad (3/3)

Rosados, Espumosos y Fortificados




Terminamos ya esta trilogía con los Rosados, Espumosos y los Fortificados, novedad que incluyo este año. En este caso, al no tener tantas referencias, simplemente las catalogaré de acuerdo con su tipología de vino. No hemos llegado a Navidad, pero pueden ser una espléndida alternativa para fin de año…
¡Que los disfrutéis, siempre en compañía y que sean símbolo de vida compartida!


ROSADOS
  • PradoRey Rosado Fermentado en Barrica 2014: Posiblemente nuestro mejor rosado en muchos años como la inmensa retahíla de premios y buenas críticas parecen confirmar. Sin lugar a dudas, un vino diferente.  Esa fue mi hoja de cata: “Color rosado intenso, con aromas extraordinarios a fruta roja fresca. Barrica muy bien integrada, con sutiles notas a caramelo. Excelente acidez. Fresco y muy sabroso". Nota, 4,5/5.
  • Nicte 2014: Vino de la tierra de Castilla y León extraordinariamente bien elaborado. Mi hoja de cata: "Color rosado frambuesa intenso. Notas a fresa y frambuesa. Fresco y con buena acidez. Potente y sabroso". Nota, 4/5.
  • Hecth & Bannier, Cotes de Provenze Rosé 2014: Me gustan los rosados de la Provenza, pero corren el riesgo de morir de éxito. No todos están al nivel que tenían cuando supusieron una revolución en el mercado.  Éste, sin embargo, es de lo mejorcito que he catado este año. Mi hoja de cata: "Color piel cebolla. Notas florales y a fruta roja. Notas a zanahoria. Buena acidez. Muy agradable." Nota, 4,5/5.
  • Brunus Rosé 2014: Un Rosado de Montsant también muy diferente. Añada tras añada se consolida como uno de los grandes del vino español. "Color rosado frambuesa. Aromas a fruta roja fresca, notas golosas. Buena acidez, sabroso y persistente. Equilibrado.". Nota, 4/5.
  • MIP Domaine Saint Lucie Provenze 2014: Arrasan en ventas y no es para menos. Otro vino de la Provenza muy bien elaborado. "Color rosa muy pálido, tirando incluso a notas anaranjadas. Aromas a fruta roja fresca con notas florales. Fresco y con muy buena acidez. Elegante". Nota, 4/5.
  • Lía de PradoRey 2014: Tercera añada y lo seguimos mejorando. Este año es más vino, sin perder un ápice de su frescura. Mi hoja de cata: “Color rosa palo. Aromas florales, recuerdos a fruta roja y golosinas. Buena acidez. Muy agradable. Sabroso”. Nota, 4/5.


ESPUMOSOS


  • Raventós i Blanc De Nit 2012: Se salieron de la DO Cava para seguir su propio camino y lo bordan año tras año. Para mi es la mejor bodega española de espumosos. Y que me perdonen el resto.  Este rosado es de la gama más básica, por lo que sólo pensar en el resto impone. "Color rosa pálido. Aromas a fruta roja con notas pasteleras. Buena burbuja y buena acidez. Comercial en el mejor de los sentidos. Muy agradable". Nota, 4/5.
  • Elisabet Raventós 2005: Una auténtica pasada. "Color amarillo pajizo, burbuja fina. Aromas a fruta blanca, cítricos y bollería fina. Graso, sabroso y con una excelente acidez". Nota, 5/5.
  • Der Michelsberg 2011 Bio: En Alemania la llamada “Generation Riesling” está empezando a hacer espumosos muy interesantes. Traigo dos ejemplos a colación. "Color amarillo dorado. Aromas a fruta blanca y tropical madura. Notas florales y melosas. Muy elegante y con buena acidez. Sabroso. Diferente". Nota, 4/5.
  • Struch Pinot Blanc Brut Bio SC: Otro espumoso Alemán. Muy interesante. "Color amarillo pajizo. Mineral. Aromas a flores blancas, con notas herbáceas y recuerdos a fruta blanca. Sabroso y con buena acidez. Varietal." Nota, 4/5.
  • La Tordera, Jelmas, 2014: Espumante italiano que me sorprendió gratamente. Lo caté en Amsterdam. "Color amarillo pajizo. Notas a fruta blanca, flores y toques herbáceos. Mineral. Excelente acidez. Fresco y agradable".  Nota, 4/5.
  • Dumangin Le Rosé – Brut Rosé SC: Elegir un Champagne para la boda de tu hermano no es sencillo. Éste me lo recomendaron y me cautivó desde la primera copa. A veces no queda otra que salirse de las multinacionales para encontrar en bodegas familiares como ésta la auténtica esencia Champagne. "Color rosado piel de cebolla. Aromas a fruta roja, bollería fina y ligeras notas a fruta de hueso. Excelente acidez y buena burbuja. Interesante." Nota, 5/5.
  • Champagne Devaux Brut Rosé: "Color rosa pálido. Mejor esta botella que la anterior. Fruta roja y de hueso, con fina crema pastelera. Más varietal. Fresco y con excelente acidez." Devaux es una gran bodega también de Chamapagne. De entre todos sus rosados, esta es una excelente cuando se busca calidad/precio. Nota, 4/5.
     




FORTIFICADOS


  • Cossart Gordon Colheita 1998 Madeira: Soy poco conocedor de los fortificados, pero me gusta Madeira por su acidez. Este es un Colheita, vino de una única añada, concepto que sólo se elabora en cosechas espectaculares. "Color marrón. Nariz espectacular. Hojas secas, cedro, herbáceos, mentolados, ahumados, frutos secos, fruta madura... Excelente en boca. Equilibrado y muy sabroso". Nota, 5/5.
  • Cossart Gordon 5 Madeira Malmsey SC: De la misma bodega. Algo menos complejo, pero muy interesante. "Color marrón. Notas a tostados, fruta madura y especias. Buena acidez, lo que le confiere equilibrio. Elegante." Nota, 4/5.