sábado, 25 de junio de 2016

Economía y Sociedad - Sobre Populismos y el Brexit

Algunas Ideas

Vaya por delante que quería escribir sobre Pablo Laso y su magnífica victoria en la final de la liga ACB, de como ha sido capaz de recuperar la historia del Real Madrid de baloncesto a partir de volver a las raíces del mismo, y de la importancia que tienen los valores y la cultura en el ADN de cualquier empresa y grupo humano, pero sin embargo, lo ocurrido ayer en Reino Unido me ha hecho cambiar de idea. Confieso estar preocupado ante lo que se puede avecinar. No pretendo tampoco hacer politica en este post, pero sí que necesito ordenar ideas y poner algo de luz ante las decisivas elecciones de mñana en nuestro país.

La UE tiene un grave problema, y lo tiene desde hace ya casi 8 años. Hoy en día nuestros políticos e instiuciones siguen siendo incapaces de solventar una crisis que parece interminable y que, efectivamente, cobra entre sus víctimas a una generación perdida que en este tiempo ha visto cómo le ha sido muy difícil encontrar un trabajo y labrarse un futuro. Europa no crece, no genera riqueza y las herramientas de política econóimca que podrían haber ayudado a dejar atrás tan dura coyuntura han resultado ser ineficaces por el difícil equilibrio entre una política monetaria común, una política fiscal descentralizada (pero con unos mínimos objetivos de déficit compartidos) y una Europa que ha demostrado ir a dos velocidades.

Buena parte de los problemas de la UE tienen su origen en Maastrich, en cuyo tratado se sentaron las bases para una política monetaria común, pero se dejaron al "libre albedrío", si cabe la expresión, temas capitales para el correcto funcionamiento de la política económica como una política fiscal común, e incluso la tan manida unión bancaria. Las cosas funcionaron razonablemente bien durante un tiempo, pero con la crisis la casa se vino abajo, dejando entrever una preocupante falta de cimientos. Hoy Europa tiene una tasa de paro históricamente alta pese a la mejoría del mercado laboral español del último año, y además, ha vivido en términos generales una devaluación interna en la mayoría de países que no ha hecho sino aumentar la brecha entre ricos y pobres. El caldo de tasas de paro elevadas, un aumento de la desigualdad y el incremento de la inmigración como consecuencia de la globalización que vivimos, es inmejorable para el auge de partidos y políticas populistas, las cuales, vestidas de izquierda o de derecha, tienden a fomentar los nacionalismos exacerbados, la xenofobia y el odio, culpando de los males del país al que pase por delante, obviando el más mínimo análisis crítico y riguroso. Y como vivimos en una sociedad en la que Sálvame Deluxe sigue siendo el programa más visto, tampoco pedimos pedir peras al olmo.  ¿Quién puede estar en contra del trabajo para todos? ¿O de la salud universal? ¿O de la educación pública y de calidad? ¿Quién puede negarse a una renta mínima habiendo tantas familias en apuros?  En momentos  de desesperanza prometer, y que el mensaje cale, es fácil. Lo difícil viene después, cuando hay que hacer realidad los discursos, cuándo se tienen financiar los mismos, y cuando se tiene que explicar, cuando a menudo estas políticas fracasan o no se pueden acometer (como el ejemplo de Grecia nos demuestra), que ni la UE, ni España roban a nadie, que la libre circulación de trabajadores ha traído más soluciones que problemas, porque ha mejorado un mercado laboral que funcionaba mal, y que ser contribuyente neto dentro de un país o área económica común, queridos Nigel Farage, Artur Más o Oriol Junqueras, tienen más ventjas que inconvenientes a medio y largo plazo.

En situaciones criticas como la actual, no necesitamos charlatanes, sino políticos que estén a la altura, que tengan amplitud de miras y que tomen decisiones que realmente importan a la gente, no que abran debates y referéndums estériles que a largo plazo nos van a llevar a situaciones peores al actual punto de partida. Lo que le ha pasado a Cameron deberia ser un toque de atenicón para Pablo Iglesias. Democracia toda la del mundo, pero votamos a nuestros líderes para que tomen decisiones que mejoren las vidas de las personas. Nunca la división ha sido mejor receta que la unión. Nunca cerrar fronteras ha sido mejor que abrirlas. Nunca los límites al comercio internacional han traído más riqueza que la apertura al mismo. Necesitamos proyectos que sumen, no que dividan. Los Konrad Adenauer, Jean Monet, Winston Churchill, Robert Schuman, Alcide de Gasperi, Paul Henri Spaak, Walter Hallstein y Altiero Spinelli, vivieron una situación mucho más complicada allá en los años 50 cuando dieron lugar al germen de lo que luego ha terminado siendo la UE. El resultado fue que durante los siguientes 60 años Europa vivió una prosperidad y una paz que jamás había conocido previamente. De aquellos polvos surgieron los estados de bienestar tal y como los conocemos a día de hoy en Europa. Nunca antes habíamos estado tanto tiempo sin guerrear los unos contra los otros, Y justo ahora que vienen curvas, en lugar de proponer más unión, más integración, mejorar lo construido, de valorar lo recorrido juntos, hay quién nos viene a decir que tenemos que desandar todo el camino. Y lo peor, hay quién les cree y les vota. 

Cuando Robert Mundell planteó la moneda única, partió de un principio que en Europa no se ha dado: la libertad de circulación de trabajadores haría que el mercado laboral se ajustase de forma natural, haciendo que la gente se desplazase de un país a otro sin problemas. Es decir, que si en España hubiera en un momento dado una tasa de paro muy elevado, y si en Reino Unido o en Alemania, hubiera en ese mismo momento una demanda de mano de obra en ese momento, la gente no tendría problemas en coger las maletas e irse. En parte ese fenómeno se ha dado, pero también ha sido insuficiente. En el fondo se obviaron una serie de condiciones de contingencia que son claves, como son las culturales y las idiomáticas, las cuales han sido un impedimento para que esto funcionara como debiera, pero la libre circulación de trabajadores ha permitido a Reino Unido, por ejemplo, "importar" miles de trabajadores cualificados de nuestro país. Como decía antes, la UE tiene mucho que mejorar, pero el momento exige más integración, más Europa, lo que se traduce en mayor coordinación en política económica, pero también en más educación, menores barreras y una ineludible vuelta a los valores que en su día favorecieron la constitución de la CECA.

Día de reflexión por lo tanto, en vísperas a un día que se antoja trascedental para el futuro de España y puede que de Europa. Por favor, que salga lo que salga, el proyecto sume y adhiera voluntades, que no divida y no se escude en populismos, sino que proponga políticas que mejoren la vida de las personas, o que al menos les devuelvan la esperanza de que el futuro vuelve a depender de ellas. En ningún lugar del mundo hay un sistema tan garantista como el Europeo, pero para mantenerlo hay que recuperar el viejo espíritu de trabajo, superación y sacrificio de los años 50, de generar riqueza y atraer talento. Todo ello lo conseguiremos trabajando juntos, no rompiendo puentes.

domingo, 19 de junio de 2016

Vivencias - 20 Años (Confieso que he Vivido)

Algunas Reflexiones

Yo no sé si 20 años son muchos o pocos. Imagino que dependerá de la perspectiva de cada uno, pero confieso que los últimos 20 años de mi vida se me han pasado volando. Y es que el pasado viernes nos juntamos, como cada cinco años, como marca la tradición en el que fue mi colegio, los compañeros de la promoción de 1996. Conmemorábamos una cifra redonda, casi imponente para quiénes, como es nuestro caso, aún no hemos alcanzado los 40 años de vida. Gran asistencia y muy buen rollo. La noche se alargó, y yo me volví a casa feliz. Por el cariño recibido de parte de tanta y tanta gente a la que te das cuenta que le importas, pero también por las ganas que tenía de reencontrarme con personas a las que sólo ves en eventos de este tipo, de las que la vida te ha ido alejando, no por nada, sino porque las cosas son así, pero que fueron importantes en una etapa relevante de tu vida y a las que sabes que por mucho que pase el tiempo siempre les vas a llevar en tu corazón. Fue "nuestra gran noche", como nos encargamos de recordar en el karaoke que terminamos.

Los que me conocéis un poco más, sabéis bien que este tipo de eventos nunca me dejan indiferente. Que luego siempre me quedo pensando dos o tres días después, cogiendo perspectiva, intentando recordar lo vivido y lo acontecido, incluso comprender las cosas y preguntándome si hubiera cambiado algo en todo este tiempo. Y es que recuerdo perfectamente mi etapa escolar casi de cabo a rabo, comenzando por aquel primer día en el que mi padre me dejó en clase mientras me decía, tras bajarnos de aquel viejo Seat 127 amarillo que teníamos, que empezaba un camino ese mismo día siendo un niño, y que lo terminaría siendo un hombre. Cómo olvidarme de Amparo, de Marisa, Cástor o Don Ricardo, de los hermanos Toldos y de Don Henry, de todos los profesores que vinieron después y nos ayudaron a crecer, hasta llegar a COU, cuando, efectivamente, tal y como mi padre me había advertido, tuvimos que tomar nuestras primeras decisiones como los adultos que ya empezábamos a ser. Y así han transcurrido 20 años en los que no han dejado de pasarme cosas de las que no he dejado de aprender.

Yo soñaba con ser médico. Mucha gente no lo sabe. Hice un mal COU por estar en todo menos en lo que tenía que estar, e hice una selectividad más bien discreta. Me faltaron unas décimas para entrar en Medicina y pese a los consejos de mi madre, la cual insistía en que no me matriculara en la Universidad, sino que buscara una academia para intentarlo en el Junio siguiente, yo estaba tan hasta el gorro de lo que habia sido ese último año de colegio que decidí matricularme en Farmacia. Mi paso por dicha facultad fue un auténtico desastre y en abril de ese mismo curso decidí que tenía que cambiar de aires. Fue tal vez la primera decisión realmente adulta que tomé en mi vida, a la vez que comprendí que todos tenemos derecho a equivocarnos, pero no a no corregir nuestros errores una vez que nos damos cuenta de los mismos. Lo importante no es caer, sino saber levantarse. Somos el resultado de nuestras decisiones, aunque tendamos a refugiarnos a menudo en nuestras excusas.

Decidí repetir selectividad y me la preparé en dos meses. Fue una carrera contra reloj en la que di lo mejor de mi. Me vacié en aquellas 8 semanas en búsqueda de un sueño. Como podéis imaginaros no logré la nota que necesitaba, pero por el camino me encontré conmigo mismo. Aquella vez comprendí que las personas no fracasan, sino que dejan de luchar, bajan los brazos, se resignan ante lo que consideran su destino. En aquellos dos meses aprendí mucho más de la vida que en los 19 años previos, y las enseñanzas que me quedaron siguen siendo hoy claves para entender mi forma de ser. Siempre hay que pelearlo todo. A veces lo haces a la contra, cuando no te queda más remedio, otras lo haces con mejores cartas, pero lo que no vale es tirar la toalla. Los pasos atrás, que a veces son necesarios, se han de emplear para coger impulso. Y es entonces, cuando luchas por las cosas, cuando no te rindes, cuando al final el tiempo termina poniéndote en tu sitio. Aunque a veces sea a muy largo plazo.

Mi padre, apelando a mi lado humano, y a la vista de que lo de Medicina era imposible, me animó a que estudiara derecho y fuera abogado, como él, con lo que también podría ayudar a las personas. Y me convenció. Así que al rellenar de nuevo la solicitud de la Universidad, tras poner Medicina por si acaso, puse Derecho. Y después Administración y Dirección de Empresas por completar la solicitud. Por aquella época, yo no lo sabía, pero tenían prioridad los de letras en carreras como las de Derecho sobre los que veníamos de ciencias, así que pese a tener nota de sobra, terminé en ADE casi de sopetón. Mi nuevo periplo universitario me encantó desde el primer momento, y comprendí que Dios casi siempre escribe derecho con renglones torcidos. Sólo hay que tener actitud y ganas por encontrar tu lugar. Tanto es así, que como dicen mis hermanos, quise ser médico y al final he terminado siendo Doctor, aunque sea en Ciencias Económicas y Empesariales :) Cuando hace unas semanas me preguntaron por qué elegí estudiar mi carrera, me fue más fácil explicar por qué me había gustado la misma. Y es que creo que la empresa puede ser constructora de sociedad, dinamizadora de entornos, creadora de riqueza y, sobre todo, que puede ayudar a las personas también a desarrollarse desde el punto de vista profesional y humano. Más que las cosas pasan por algo, creo, como dice mi madre, que nos pasan para algo. Y siempre hay una oportunidad de sacar lo mejor de uno mismo en cada una de ellas.

Una vez en una entrevista me preguntaron por el consejo que le daría a los jóvenes, y yo recordé lo que fue mi vida universitaria. Además de la carrera, jugaba al fútbol y entrenaba equipos de niños, era catequista en mi antiguo colegio, tenía un grupo de música y hacía voluntariado. Estaba muy involucrado en CEMI, comunidades laicas marianistas, y retomé los idiomas. Entendí que la formación académica sólo es una parte del proceso de crecimiento de una persona, y que como dijo Steve Jobs en aquel famoso discurso en Stanford, las piezas terminan encajando en un momento dado. Hoy sólo lamento no haber viajado más aquellos años, no haberme ido de Erasmus porque me pesaba lo que tenía que dejar atrás, pero sin lugar a dudas aprendí mucho más de las personas en todas aquellas actividades que no me caben en un Currículum que en mis cinco años de carrera. Somos lo que somos también por nuestras circunstancias, y cuanto más enriquezcamos nuestros entornos, cuando más diversos y plurales sean, más partido le sacaremos a nuestra vida.

Cuando empecé a trabajar España estaba empezando a fraguar la burbuja inmobiliaria que tras pincharse dio lugar a la actual coyuntura que seguivimos viviendo. En aquellos años de locura vender era lo más fácil del mundo. En aquel primer empleo me fue realmente bien, pero a día de hoy, cuando echo la vista atrás, reconozco que sacaba muy buenos resultados trabajando lo justo. El día que cambié a la bodega mi vida dio un vuelco. Y al poco tiempo, lo dio la economía mundial. Hoy trabajo más que nunca para conseguir la mitad de la mitad que en aquellos primeros años de mi vida laboral. Si hay algo que también he aprendido en consecuencia es que todo lo que merece la pena en la vida cuesta, y que hay que desconfiar cuando el éxito viene fácil. Y otra cosa, es imprescindible trabajar en algo que te apasione. O como también decía Steve Jobs, "tu trabajo va a llenar gran parte de tu vida, y la única forma de estar realmente satisfecho con él es hacer lo que creas que es un gran trabajo. Y la única manera de de hacer un trabajo genial es amar lo que haces. Si no lo has encontrado, sigue buscando. No te detengas". El pasado viernes la gente me preguntaba, y no puedo negar queme apasiona lo que hago. De acuerdo, yo he tenido suerte, me han acompañado las circunstancias, pero aunque uno pueda pensar lo contrario, hubo un día en el que decidí no coger el camino fácil y terminé en la bodega. Creo que fue la mejor decisión, laboralmente hablando, que he tomado hasta la fecha.

La carrera universitaria no deja de ser una mera herramienta y es cuando empiezas a trabajar cuando realmente ves cómo muchas de las piezas del puzzle, esas a las que antes hacía alusión, comienzan a encajar. Ocurre también que nos han educado en buscar seguridades, en lo importante que es tener un trabajo estable y comprarte una casa, como si aquello fuera similar a una constante en una ecuación, la cual evita que obtengas resultados disparatados. Y ocure en consecuencia que eso nos hace instalarnos en una especie de zona de confort, dónde corremos un gran riesgo de acabar hasta las narices de todo, incluso de nosotros mismos. Cuando el pijama se queda pequeño, hay que cambiar de escenario. En mi caso fue casi simultáneo comenzar el doctorado y querer cambiar de empresa. Todo aquello fue un gran cambio en mi vida, como decía en el párrafo anterior, que incluso tuvo consecuencias en la parte personal. Ahora en septiembre comienzo en IESE el Executive MBA, porque incluso aún cuando considere que mi futuro está en el mundo del vino, dónde me queda todo por hacer, vuelvo a sentir esa necesidad de pegar otro estirón. Huyo de la zona confort y me encuentro en búsqueda permanente, sabedor de que no hay reto suficientemente grande, sino que lo que marca la pauta es la determinación y el coraje con que los afrontes. Hoy tengo claro, como dice Francisco Alcaide, que somos el resultado de nuestras creencias, que los límites nos los ponemos nosotros. Hace 20 años jamás hubiera soñado con lo conseguido hasta la fecha pero tengo clarísimo que lo mejor sigue estando por llegar. Sólo es cuestión de actitud.

Pero cuando miro atrás y también  me doy cuenta de lo que ha cambiado todo desde entonces, no puedo dejar de pensar en internet, en las redes sociales, en la imparable globalización cultural y económica que afrontamos, la cual hace apenas dos décadas era impensable. Como me decía un gran amigo el viernes, hoy los bancos empiezan, incluso, a ver a Amazon con una gran amenaza competitiva global. Toca coger la maleta y viajar, comprender que las cosas pasan a más velocidad que nunca, que somos transparentes, que competimos a nivel mundial por enconrar un trabajo, por vender o por cualquier realidad económica, y que en consecuencia hay que estar preparado para afrontar lo imprevisible, porque nos acercamos a un futuro disruptivo, o al menos que poco tendrá que ver con el mundo en el que crecimos. ¿Podía alguien imaginarse en 1996 que internet se iba a convertir en un nuevo orden económico mundial? ¿O que el teléfono fijo iba a pasar a tener un papel casi residual? ¿O que incluso el poder hablar iba a ser casi lo menos relevante de un smartphone?

Como tampoco ha tenido mucho que ver, lo reconozco, lo vivido hasta la fecha, desde aquel día que finalicé COU en 1996 con lo que me había imaginado para mi mismo. Y es que nunca hay que dar las cosas por sentadas. Efectivamente, no vale de nada planificar en lo personal, porque si hay algo realmente disruptivo a menudo es la vida de uno mismo. Por el camino han pasado personas que se han alejado definitivamente, las cuales creías que te acompañarían toda la vida. Algunas se han ido antes de tiempo, de lo que les correspondía y sabes que les seguirás echando de menos toda tu vida. Incluso las hay con las que no contabas con que volvieran a ella. Nunca me imaginé trabajando en una bodega y nunca creí que gestionar una empresa pudiera ser tan difícil a la par que emocionante.  Incluso reconozco que a veces, en estos años, me ha costado aceptar que mi vida iba a ir por otros derroteros, distintos a los que yo mismo me había planteado. Y es que nos han hablado de la evolución mil veces, pero creo que siempre llegamos a creer que aquello no iba con nosotros. Las cosas llegan cuando llegan y de lo que se trata es de adaptarse al cambio sin perder el rumbo de tu vida, la cual, efectivamente, al menos en mi caso cada día parece ir más deprisa.

Y es que cuando echo la vista atrás no puedo más que acordarme de Neruda. Yo también, confieso que he vivido.

¡A por los próximos 20 años!

Con todo mi cariño y agradecimiento a todos mis compañeros del Colegio Santa María del Pilar




sábado, 11 de junio de 2016

Empresas - Gestionando la Incertidumbre

Algunos Apuntes

Me gusta el mundo de las empresas porque en ella se dan a menudo problemas no estructurados, de difícil, o de al menos de no una única solución. Y es más, dependiendo de la situación, de las circunstancias, lo que puede funcionar en una compañía puede no hacerlo en otra. Añadámosle además una buena dosis de dinamismo. Los entornos cambian, y en esta era de la economía globalizada lo hacen a una velocidad endiablada. Aquellos años dorados en los que la General Motors vivía feliz y tranquila instalada en un liderazgo incuestionable en la industria automovilística americana pasaron a mejor vida allá por los años 70, cuando las reglas del juego comenzaron a cambiar para todos. General Motors fue rescatada en el año 2008, y pese a que sigue poniendo toda la carne en el asador para volver a ser lo que fue, la realidad es que ni de lejos representa lo que en su día representó para el ciudadano medio americano, cuando se decía aquello de lo que "era bueno para la General Motors, lo era para los Estados Unidos". 

Y es que los directivos de la multinacional norteamericana fallaron en prever el futuro, en cómo iban a cambiar los tiempos pese a las señales que comenzaron a percibirse durante la primera crisis del petróleo del año 1973, cuando los países miembros de la OPEP decidieron dejar de exportar a aquellas naciones que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kipur. Los productores japoneses supieron ver la trascendencia que la eficiencia en el consumo de combustible iba a tener a partir de ese momento y apostaron por unos vehículos mucho más pequeños que los de entonces, en un ejemplo hasta la fecha sin precedentes de tecnologia disruptiva y visión acerca de las que serían las prioridades de los consumidores a partir de entonces, cuando se acabó para siempre el petróleo barato. Recordemos que hasta entonces se pagaba el barril de Brent por debajo de los 3$. Los directivos de la General Motors se reían por aquella época de los japoneses: ¿cómo iba a querer un estadounidense un coche así, cuando siempre había sido de los Cadillac grandes de toda la vida? Lo que pasó después es historia, y basta con darse una vuelta por cualquier parking del mundo para comprender cómo ha evolucionado la industria del automóvil desde entonces.

Todo esto viene a colación porque durante estos días en mi viaje a Suecia me han estado preguntando por cómo está España, por si realmente el país está mejor, y si eso tiene alguna incidencia en las ventas nacionales de la bodega. Nosotros hace un año aproximadamente comenzamos a notar una mejoría en nuestros canales tradicionales que aún es muy liviana, síntoma evidente de que las cosas siguen difíciles para mucha gente, pero en mi foro interno tengo la sensación de que nada nunca volverá a ser igual para las empresas del sector vitivinícola. Ya no hablo sólo de la "borrachera" que fue la burbuja inmobiliaria, sino de los cambios sociales que ya están aquí y los que están por venir. Ha llegado el momento de sentarse a pensar, o como apunta Vijay Govindarajan en el penúltimo número de la Harvard Business Review, de dar paso a lo que él llama el "Oportunismo Planificado. Es decir, de comprender que el futuro es impredecible y de entender que los cambios que vienen con éste no son linealesy que precisamente por ello en cada uno de estos cambios se esconde siempre una nueva oportunidad de mejorar tu situación competitiva y abarcar nuevos mercados. 

Que las empresas tenemos que tener trazado un plan para responder estas nuevas oportunidades, y que cada compañía debe desarrollar una sensibilidad especial corporativa para saber distinguir las primeras señales que nos llegan de los entornos, por débiles que éstas sean, para afrontar con garantías y a tiempo las nuevas tendencias que se deriven de los cambios demográficos, tecnológicos e incluso sociales respecto a nuevas necesidades de los clientes y sus pautas de consumo. Tampoco se pueden dejar de lado los cambios económicos, como esta dura coyuntura nos sigue recordando cada día, o los cambios legales y regulatorios que se dan en los mercados. 

El "Oportunismo Plafinicado" es un proceso sistemático que no sólo permite reconocer los cambios que se producen en los mercados, así como determinar las oportunidades que éstos ofrecen, sino que también permite desarrollar mecanismos de respuesta ante aquellos a partir de tres pautas muy concretas: (1) Creando un sistema que garantice la circulación de las nuevas ideas dentro de la empresa; (2) Fomentando en la compañía el desarrollo de estas nuevas ideas, su priorización y puesta en marcha y (3) fomentando una cultura que estimule el cambio coninuo. Se trata de ser proactivo en lugar de reactivo. ¿Cómo serán nuestros clientes en el futuro? ¿Cuáles serán sus prioridades? ¿Qué tecnologías disruptivas podrían abrir nuevas oportunidades a la empresa? ¿Cómo serán nuestros competidores en el futuro? ¿Cómo se afrontarán los mercados dentro de unos años?

Cuando estalló la crisis, era de los que estaba convencido de que ésta iría para largo, pero también de los que pensaba que el frenazo en el consumo de vino en sus canales tradicionales tenía mucho de coyuntural. Hoy creo que no es así. En nuestro sector, el que quiera sobrevivir tiene que comprender que el cambio es estructural. Basta con echar un vistazo a las estadísticas para comprender que el único canal en el que crece el consumo de vino es el de la venta directa, apoyada sobre todo por el auge de la venta on line, aunque su peso aún siga siendo pequeño. Alimentación aguanta el tirón por el creciente auge de la marca blanca en dicho canal y la hostelería lleva ya más de una década dando síntomas de agotamiento. Hoy los nuevos consumidores de vino poseen más información que nunca, no están dispuestos a pagar de más por un vino en un restaurante salvo en ocasiones puntuales, y, además, los cambios legislativos referidos a las alcoholemias, han limitado mucho su consumo en los mismos. El buen vino se toma en casa y el reto de las bodegas es estar lo más cerca posible de nuestros consumidores, generando muchos puntos de contacto y utilidad, haciendo lo mas fácil posible la compra. El fenómeno es imparable y cuanto antes lo comprendamos mejor. Internet ha democratizado la información y ha hecho que dónde antes había un mercado, ahora haya un bazar mundial. Bienvenidos a la era de la competencia total, dónde el consumidor tiene más información que nunca para comprar y hacerlo al mejor precio posible.

Sumémosle el que la nueva generación que llega demanda productos más sanos y que, además, ha crecido bebiendo Coca Cola, aspecto que no se había dado en generaciones anteriores. O lo que es lo mismo, que sus gustos son diferentes. Y que precisamente que esa democratización de la información a la que antes hacía alusión ha terminado por difuminar el concepto estado - nación a la hora de segmentar clientes. Hoy hablamos de "clusters", de perfiles, y por lo tanto, los reclamos para llegar a cada uno de ellos son radicalmente opuestos. ¿Cómo hacer de tu marca algo incuestionable dentro de tu sector? ¿Cómo adecuarla para lo que viene, o mejor dicho, para lo que ya está aquí? Porque este fenómeno es global...

No nos engañemos. Una estrategia multicanal es complicada y genera roces entre los diferentes actores de la misma. La venta On Line tiene muchos menos eslabones y es más eficiente, pero la hostelería, las tiendas especializadas y la alimentación aún son los principales canales de venta para las bodegas enfocadas en calidad. ¿Cómo gestionar el cambio sin dejar de lado lo que te sigue dando de comer? Pero no sólo eso. ¿Cómo modificar pautas de producción y ventas en una compañía cuando ha vivido instalada en el éxito comercial y de producto durante muchos años? ¿Estamos a tiempo aún las empresas de un sector tan tradicional como es el del vino de comprender lo que se está avecinando?

Los directivos, a menudo, y más aún en épocas de crisis tan complejas como la actual, tendemos a enfocarnos erróneamente en el corto plazo, pensando simplemente en sobrevivir, y  dejando de lado el largo, sin darnos cuenta de que el futuro no es precisamente un punto lejano, sino que como apunta el profesor Govindarajan, "llega en dosis diarias que deben ser comprendidas y tenidas en cuenta" de cara a preparar a la compañía para lo que esté por venir. 

Momentos de cambios y reflexión, por lo tanto. Gestionando la incertidumbre, intentando comprender las señales y sacar lo mejor de las mismas. Y así llevo ya unos días intentando coger un poquito de perspectiva. Maravilloso reto. ¿Os he dicho alguna vez que me encanta mi trabajo? :)

domingo, 5 de junio de 2016

Economía y Sociedad - Lo que (de verdad) Necesita España

Algunas Reflexiones

Una de las mejores cosas que te da viajar es que te permite conocer a gente de toda índole procedente de cientos de lugares diferentes. Estos dos últimos años, en los que estoy pasando casi tres meses fuera de casa recorriéndome el mundo de un lado a otro, he podido constatar una realidad irrefutable: las personas tenemos mucho más en común de lo que nos pensamos. Teniendo en cuenta todas las variables culturas e idiomáticas, al final terminas dándote cuenta de que siempre es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Me conmueve pensar en la Segunda Guerra Mundial, y confieso que me cuesta horrores entender, ahora que voy conociendo a personas de todas partes, cómo se pudo llegar a aquel extremo cómo se pudo inocular tanto odio. 

Ciertamente Aristóteles tenía razón cuando decía que el hombre era un animal político, pero estoy convencido de que el brillante filósofo griego nunca llego a imaginarse la dimensión literal que tomó su frase. La política aliena a las personas, saca lo peor de ellas, les hace ponerse al servicio de ideologías, por las que son capaces, y a la historia me remito, hasta de matar, sin valorar si éstas hacen mejores a nuestras sociedades. Sólo bajo ese prisma pueden entenderse los desastres que del pasado siglo. Estremece pensarlo.

Y todo esto viene a colación porque en nada comenzaremos una nueva campaña electoral en nuestro pais que, sinceramente, me da una pereza horrible. Afortunadamente nuestra clase política no muestra la beligerancia que tenía por bandera el congreso del año 36 en nuestro país, pero el papelón de estos meses es para hacérselo mirar, como diría aquel. Ni un sólo partido puede decir que no haya tenido responsabilidad en el esperpento que ha pasado. Unos porque renunciaron a formar gobierno, y otros porque han vetado siempre a alguien. Ideologías por encima de una realidad: nuestro país sigue ante una situación muy, muy complicada y siguen habiendo cientos de miles de familias pasándolo fatal. Pero por delante del bien común, nuestros políticos han demostrado estos meses que están sus partidos, sus cargos y sus prebendas. Luego se preguntan qué pueden hacer para paliar la creciente desafección hacia ellos y su casta. Desde ahora hasta el próximo 26 de junio vamos a ver una retahíla enorme de promesas y palabras vacías que caerán en su mayoría, me temo, en saco roto. En el fondo ¿qué motivación para cambiar nada tiene aquella persona que llega al poder bajo un sistema prestablecido?  

Siempre he entendido que el papel del gobierno no debe ser otro que el de marcar las reglas del juego que permitan a las personas que habitan en un país crecer como sociedad. Y dentro de esas reglas del juego, se encuentra la parte económica. Se trata de fijar pautas que mejoren los funcionamientos de los mercados, que fomenten la creación de riqueza y su posterior redistribución para generar una auténtica igualdad de oportunidades, lo que se traduce en proveer a la colectividad de algunos bienes y servicios cuyo suministro no debe ser confiado, al menos en su totalidad, al mercado (véase la sanidad o la educación, por ejemplo). Ocurre que ésto no suele ser así y que a menudo nos encontramos con que las personas que componen los gobiernos tienen sus propios intereses, que a menudo son también los de su partido, lo que deriva en que con demasiada frecuencia se tomen decisiones que obedecen a cuestiones populistas cuya finalidad es perpetuar en el poder a unas siglas.

España necesita gente de estado capaces de llegar a grandes a acuerdos que permitan proyectar el país a largo plazo. Esta semana hemos sabido que por primera vez en una barbaridad de años nuestro número de parados bajaba de los 4 millones, lo que es inadmisible. Nuestra deuda pública ha crecido en 300.000 millones de Euros bajo el gobierno de Rajoy y ello ha hecho que su montante sume ya el 100% de nuestro PIB, lo que tampoco es de recibo. Seguimos con un déficit público desbocado y tenemos una banca que varios miles de millones después sigue muy tocada. Y ante esta situación, para mi gravísima, nuestra clase política ha sido incapaz de llegar a un acuerdo para formar un gobierno en 6 meses. Imagino que ahora, por vergüenza torera, salga lo que salga, se logrará pero, ¿no es lamentable?  ¿No lo tenian más difícil cuando murió Franco?

Necesitamos menos políticos profesionales con carnet de afiliados y más personas con sentido común no con ganas no de hablar o debatir, sino de hacer cosas. De tomar decisiones que mejoren la eficacia del mercado laboral o que realmente quiten duplicidades en las administraciones. Que comprendan que la economía es una ciencia  y que fomenten la creación de empresas, porque sólo con un sistema empresarial fuerte se acabará con el paro y se creará riqueza. Gente que de una vez por todas apuesten por un sistema educativo libre de toda carga ideológica que ponga a nuestro país al nivel de lo que potencialmente podemos llegar a ser. Necesitamos valientes que entiendan que el momento actual requiere consensos y no extremismos, lo que obliga a buscar puntos de encuentro mucho más centrados. Pero también necesitamos personas que doten de seguridad jurídica a las personas y empresas de este país, que tengan claro que realmente el poder político debe alejarse del judicial y que no permitan dislates normativos alejados de la norma moral. Que se sepa, hoy en España las leyes no permiten mover un nido de cigüeñas pero una entidad financiera rescatada con el dinero de todas sí pueda desahuciar una familia.

Como decía al principio, cuando dos personas se sientan a hablar, con idenpendencia de dónde vengan y de sus puntos de vista previos, a menudo teriminan dándose cuenta de que es mucho más lo que les une que lo que les separa A lo mejor es que yo soy un idealista, o simplemente que tengo buen talante, pero no me puedo creer que en España no haya gente capaz de llegar a acuerdos como los señalados en el párrafo anterior. De verdad, casi que me basta con que marquen una pautas mínimas para que los que nos partimos el lomo cada semana, podamos seguir haciéndolo en mejores condiciones que las actuales. Por cierto, que esta semana me toca Suecia. Cómo me gusta oir decir a la gente cada vez que salgo lo mucho que les gusta trabajar con empresas españolas... y qué lástima que la visión de nuestra clase política sea tan diferente...

Así pues estamos ya casi en campaña. Que a ustedes les sea leve...

domingo, 22 de mayo de 2016

Empresas - Dudas, Miedos, Vértigos



Sobre la Soledad del Directivo

Desde que oí a Javier Fernández Aguado hablar al respecto, la llamada soledad del directivo es algo que frecuentemente me ha llamado la atención. Siempre que asumes una responsabilidad, que tomas una decisión, aparecen momentos de dudas, miedos y vértigos que tienes que resolver tú solo aunque te veas rodeado del mejor equipo posible. Al igual que el delantero cuando se planta delante del portero tras una buena jugada trenzada por los centrocampistas, como directivo tú también tienes que tomar a menudo decisiones en la más absoluta soledad.

Se supone que en la vida lo deberíamos ir sabiendo, que ella misma nos lo debería enseñar, pero en las escuelas de negocio lo deberían recalcar, casi grabártelo a fuego: es imposible gustar a todo el mundo. Siempre que tomas una decisión te estás exponiendo y eres susceptible de ser criticado. A todo el mundo le gusta mandar… a priori. Cuando diriges una empresa te das cuenta de que la responsabilidad pesa, más o menos, pero pesa, y en el fondo a todos nos contraría cuando no todo el mundo aprecia algo que nosotros hemos pensado tras un tiempo de reflexión y horas de soledad, esa idea que pensamos que es la mejor ponderando todos los pros y los contras, tras analizar todos los puntos de vista. El genero humano es así.

Cuando vas madurando comprendes que en esta vida hay pocas certezas o verdades universales, pero de lo que se trata, tanto en tu faceta personal como en la empresarial, es de tener unos valores y un horizonte al que dirigirte, aunque por el camino, conforme vas aprendiendo en tu día a día, no te quede otra que adaptarte a las circunstancias en la medida de lo posible. Hay que aceptar la crítica. Tanto la buena como la que no lo es tanto, te deben servir para mejorar, nunca para relajarte, pero también, y sin que ello signifique mirarse al ombligo, para aprender a no escuchar en ciertas ocasiones. Las dudas, los miedos y los vértigos son frecuentes compañeros de viaje, pero lo que marca la diferencia entre las personas es la forma en la que somos capaces de gestionarlos.

De nuevo en un aeropuerto, como hace unas semanas, a punto de embarcar y con la sensación de que estoy en un proceso de crecimiento personal y profesional enorme. En unas horas estaré presentando la reinvención de PradoRey al otro lado del mundo, ese camino que hemos emprendido y que no está dejando a nadie indiferente. Y es que algo de la locura de mi abuelo hemos heredado todos los que formamos parte de este proyecto. Bendito equipo el que tengo. Miedos, dudas y vértigos en el equipaje, pero sobre todo con el ánimo por las nubes y seguro de estar por el buen camino. De por sí ya es un triunfo. Próxima parada, Tokio. Allá vamos.

jueves, 5 de mayo de 2016

Fútbol - Simeone y ZIdane, dos estilos de liderazgo

Algunos Apuntes



Pues ya está. Sólo han pasado dos años desde lo de Lisboa y de nuevo tenemos por segunda vez en la historia lo que parecía impensable hace no tanto: una final de Champions con dos equipos de la misma ciudad disputándose la máxima competición Europea. Como español y como madrileño, no puedo dejar de sentirme orgulloso de cómo la ciudad que me vio nacer sigue haciendo marca España allá por dónde vaya, y como amante del fútbol, como seguidor del Real Madrid que soy, y del sincero cariño que le tengo al Atlético de Madrid por la amistad que tuvo mi abuelo en su día con Vicente Calderón, no puedo más que congratularme ante un espectáculo que seguro será maravilloso dentro y fuera de la cancha.

Si algo tienen en común este Real Madrid y este Atlético de Madrid es que casi por encima de sus cracks, tienen a sus líderes en el banquillo. Con estilos diametralmente opuestos, cada uno fiel a su manera de ser y de entender el fútbol, Zidane y Simeone han sido claves en la reedición de esta final. Del segundo se puede esperar ya cualquier cosa. Lo del primero ha sido una agradibilísima sorpresa.
Y es que Simeone ha sido el Di Stéfano del Atlético de Madrid, pero con la particularidad que su influencia ha sido desde el banquillo y no tanto en su época de jugador pese a ser partícipe del mítico doblete obtenido bajo la batuta de Radomir Antic. El Cholo ha logrado desterrar definitivamente esa vitola de “Pupas” que perseguía a los colchoneros precisamente desde la final contra el Bayern de Munich del año 74 para introducir en su ADN un gen competitivo hasta límites insospechados. Si lo de 2014 parecía imposible de repetir, ahí está lo que han logrado este año con un camino infinitamente más complejo. Si hace dos temporadas el Atleti eliminaba a un Barça deprimido y a un Chelsea que hacía aguas atrás, este año se ha llevado por delante a un equipo que ha estado imbatido durante casi 40 partidos y que tiene arriba probablemente a la mejor delantera del mundo. En semifinales esperaba el Bayern de Guardiola, un equipo temible, compuesto de extraordinarios jugadores, y dirigidos por un entrenador que por mucho que ahora la crítica se cebe con él, me parece brillante. Hasta que cruzó con Simeone y los suyos, el Bayern estaba arrasando en liga y champions y se había llevado por delante a la Juve. 

Claro que a mi también me gusta más la propuesta futbolística del Bayern que la del Atleti, pero la fe, la determinación, el espíritu de lucha y, sobre todo, las ganas de ganar de los del Manzanares llegan a cualquiera. Los colchoneros son un EQUIPO, extraordinariamente construido desde atrás a partir de personas solidarias, capaces de darse una carrera por el compañero en cualquier minuto del partido. A mi no me parece un equipo violento, como se les ha intentado tachar, sino más bien intenso, correoso y, eso sí, que sabe manejar los tempos del partido como nadie, lo que le hace no tener ningún pudor en hacer todas las faltas necesarias para llevar el encuentro a su territorio cuando siente que la situación se le escapa de su control.

En el Atlético el líder es el míster y todos los jugadores han hecho suya su propuesta del “partido a partido”. Personalmente me encantó la rueda de prensa que dio tras eliminar al Barça y me parece oportunista recordarle lo que dijo tras el partido de ida. Los que hemos jugado al fútbol, aunque haya sido en categorías más humildes, sabemos cómo sale uno de los partidos y las cosas que se le pueden pasar por la cabeza. Simeone está teniendo éxito porque lo primero que hace es respetar al rival y eso hace que sus jugadores no se tomen un respiro en ningún momento de ningún partido. Es un gran estratega, pero sobre todo es una persona que sabe sacar partido a todos sus jugadores superando cualquier límite preestablecido. Yo no confiaba en la vuelta de Torres a la élite. Como también creía que Griezman era un muy buen jugador y no el crack de clase mundial en el que se está convirtiendo. ¿Podrían Guardiola o cualquier otro entrenador alcanzar las cotas del Cholo en el Atlético? Yo creo que no. Y sin embargo, parafraseando a Valdano, creo que Simeone haría competitivo hasta a un equipo de monjas (dicho esto con el mayor de los respetos). Los jugadores rojiblancos tienen el carácter de su técnico y eso les hace creer que ningún objetivo es inalcanzable. El Atlético ya está en la élite, ese lugar del que nunca debió salir.

En lo que respecta al Real Madrid, su grandeza queda puesta de manifiesto en que es el único equipo del mundo al que se le critica por cómo ha llegado a una final, o incluso por su juego durante la misma aunque la gane (véase la 9ª, contra el Bayer Leverkusen). Aquí el gen ganador está impregnado desde que Di Stéfano se vistió por primera vez la elástica blanca y desde entonces, da igual lo mal que haya estado el equipo, las goleadas que haya recibido o los cambios de entrenador que haya tenido, que el Madrid siempre es capaz de volver, de ganar ligas perdidas (véase la última de Capello), Copas de Europa imposibles (véase la de los Ye-Ye o  la 7ª ante una Juve de ensueño) y eliminatorias que pintan azul oscuro, casi negro, como reza la película de Daniel Sánchez Arévalo. Lo que sorprende este año es lo que ha ocurrido desde enero, desde el día que se cesó a Benítez, hasta la fecha.

El día que el Madrid perdió 0-4 contra el Barça me preguntaron varios amigos por mi opinión al respecto. Les dije claramente que yo creía que había que despedir a Benítez esa misma noche y hacer una limpia en la plantilla durante el verano siguiente. Además de haber jugado en categorías modestas, he tenido la suerte de entrenar equipos de niños durante unos cuantos años. Aprendí muchísimo de ambas vivencias, y aunque pueda resultar temerario comparar lo mío con el deporte de alto nivel, la vida me ha hecho comprender que las personas tendemos a repetir comportamientos. El Madrid de Benítez era un equipo deshecho en todas las facetas: físicas, tácticas y anímicas. Y encima se notaba a la legua que ese vestuario no creía en lo que estaba haciendo. Levantar situaciones así, de las cuales he vivido unas cuantas, es muy, muy difícil, y las temporadas terminan siendo un suplicio.
Cumpliendo el guión, el cambio de Zidane por Benítez tuvo un efecto inmediato sobre la plantilla y el equipo comenzó ganando y jugando realmente bien. Poco después comenzó a entrar en barrena, con partidos lamentables como el de Málaga o Las Palmas, y desastres como el del Atlético de Madrid en el Bernabéu. Se acabó el efecto “Zizou”, decía la prensa. El Madrid parecía que se despedía de la liga y era una quimera pensar en ganar algo esa temporada. Los defectos del equipo eran enormes. El propio Zidane pareció abatido tras aquella derrota, la cual, sin embargo tuvo un efecto catártico sobre la plantilla. El galo instauró una meritocracia que llevó a Casemiro al once titular y dejó fuera del mismo a pesos pesados como Isco o James. Dio más protagonismo a Pepe, el cual tiene una ascendencia sobre el equipo más que notable y premió a los Lucas Vázquez o Jesé, los cuales en los entrenamientos respondieron a la nueva exigencia del mismo. Y si tenía que meter a un chaval de 19 años de titular en el partido en el que se juega la liga en San Sebastián se le metía. Zidane ha ejercido un liderazgo más silencioso, más pausado, pero desde los valores, la exigencia y la confianza en el grupo, ha sabido recuperar una plantilla que parecía una sombra de lo que fue.

Yendo de frente, siendo honesto con su plantilla, recuperando su autoestima y haciéndoles ver lo que realmente es el Real Madrid, Zidane obró el milagro. Tras la derrota en el Derby, el Madrid ha jugado 16 partidos, ganando 14, empatando 1 y perdiendo otro. Por el camino ha recuperado al mejor Cristiano, Bale apunta a candidato a balón de oro y Benzemá está haciendo una campaña como no se le recuerda otra. A la defensa le hacen menos goles que nunca y le rematan mucho menos que con Benítez, pero sorprendentemente aún menos que con Mourinho. Personalmente el día del Villarreal el Madrid me dio la impresión de EQUIPAZO. Zidane vino al Madrid a hacer jugar al equipo de forma espectacular, pero curiosamente ha rehecho el equipo desde la defensa, como el día del Barça se demostró. Pero además el Madrid ahora con Zidane remonta y se nota que es una piña. El abrazo de Isco a su entrenador ayer es más que significativo. Hoy el Madrid aún no ha ganado nada, pero si tras aquel 27 de febrero, fecha en la que se jugó el Derby, nos dicen que el Madrid iba a estar en la final de la Champions y a un punto del Barça en la liga, ninguno nos lo hubiéramos creído.

Así que de nuevo nos espera la madre de todas las finales, con dos equipos que llegan pletóricos de moral y con hambre de victoria, tanto por alcanzar la gloria como para tomarse mutuamente una justa revancha. Unos por lo de Lisboa, otros por los palos recibidos tras la última derrota en liga. Y es que aquel día, tal vez sí que empezó todo. Para unos y para otros.

Que gane el mejor, el que más se lo merezca, aunque mi corazoncito ya sabéis que es blanco hasta la médula. ¡Menudas semanas nos esperan!

domingo, 1 de mayo de 2016

Empresas - Una Estrategia para el Sector Vitivinícola Español



Algunas Ideas

Llevo tiempo queriendo escribir este post, pero los que me seguís más de cerca sabéis que desde Enero me he encerrado preparando el GMAT y poniendo en el horno primer artículo académico resultado de mi tesis, el cual espero que vea la luz en unas semanas. Mis disculpas de antemano por haber tenido este foro desatendido y espero que de ahora en adelante no vuelva a ocurrir. Al menos hasta septiembre, ya que el GMAT ha salido satisfactoriamente y dicho mes comenzaré una nueva aventura en mi vida, el Executive MBA de IESE. No dejo la bodega, ni mucho menos, sino que lo compaginaré con mi trabajo al ser un programa de fines de semana. Como siempre, mis ganas de crecer y seguir aprendiendo se imponen y aunque falten unos meses, ya espero con ilusión el inicio del nuevo curso.

Pero como decía antes, llevaba un tiempo queriendo escribir este post. Concretamente desde que volví de Prowein. Y aunque pensaba que a lo mejor ya no tenía sentido poner en orden ciertas ideas, lo cierto es que ayer cené con un buen amigo al que veo de Pascuas a Ramos, por cuanto vive fuera de España,  y éste me realizó la pregunta mágica: “¿qué le hace falta a nuestro sector del vino para exportar más?”. A todo ello se le une que me encuentro ahora mismo en Atlanta, a la espera de coger un nuevo vuelo que me llevará finalmente a  Asheville, dónde me esperan unas jornadas de trabajo en las que espero poner un granito de arena para que los extraordinarios caldos que se hacen en nuestro país sigan poco a poco derribando fronteras y conquistando nuevos paladares.

Cuando uno va a Prowein, siente cierta envidia al respecto de lo que hacen otro países en lo que a la promoción del vino se refiere. Francia tiene múltiples regiones, cada una con sus vinos característicos, de diferentes niveles de precio y estilos, pero que comparten un posicionamiento de marca brutal. Esa marca es Francia y ya de por sí tiene un “brand – equity” superior al de cualquier otro país. Se le acerca Italia y, lamentablemente, nuestro país queda un poco en tierra de nadie. Somos los primeros productores mundiales y los que más exportamos en volumen, pero somos campeones del mundo en graneles  y eso lastra la percepción que se tiene sobre nuestros caldos más allá de nuestras fronteras. El primer cliente de España en el mercado de graneles es Francia, el cual vende dicho vino embotellado y a un precio medio más que notable. No se trata de calidad intrínseca del producto, sino de cómo se nos percibe. Y a día de hoy, lamentablemente, Francia e Italia tienen mejor imagen de marca que España. De acuerdo que ahora llega una generación de empresarios jóvenes, entre los que me incluyo, que no hemos conocido la dictadura, que no tenemos complejos y que nos creemos que podemos competir con cualquiera, pero a ese camino le queda un trecho que será más o menos largo en función de las decisiones estratégicas que se tomen dentro del sector.

Lo primero que pienso que tenemos que hacer es apostar por una marca España. Vuelvo a  Prowein. Los mensajes se difuminan dentro de cada comunidad autónoma, por cuantas todas tienen su particular ICEX. Por ahí vamos mal. Claro que hay que resaltar la tipicidad de las regiones, pero todas dentro de una marca paraguas que nos ponga en el mapa. No podemos esperar que un chino sepa lo que es Castilla León o Cataluña cuando ninguno de nosotros sabríamos poner en el mapa Guanzhou o Hanzhou, ciudades enormes que superan con mucho a cualquiera de las nuestras. Yiwu, por ejemplo, desconocida para la mayoría, tiene más población que casi todas las comunidades autónomas de nuestro país. Por lo tanto, el primer reclamo debería ser Vinos de España, crear una marca España en la que todos nos apoyemos y enfoque el tiro. Perdemos fuerza al dispersar el mensaje.

Lo segundo que creo que deberíamos hacer es resaltar todo lo diferencial que tenemos como marca España. ¿Sabíais que no hay en el mundo ningún otro país con más varietales autóctonos que el nuestro? Y en paralelo a todo ello conviene resaltar que en Ribera del Duero hoy se está elaborando en zonas que se consideraban inviables hace sólo 30 años. Que Rueda es mucho más que vinos de supermercado, como se ha llegado a decir, y que ofrece equilibrios imposibles en sus verdejos fermentados en barrica. Que Bierzo y Ribeira Sacra muestran unos viñedos con unas inclinaciones que dejan perplejo al más pintado, y que de esos paisajes tan llamativos salen unos vinos que eran impensables no hace tanto. Y qué decir de la maravillosa locura que son los vinos fortificados de Jerez nos deberían hacer sacar pecho en todas partes. Pero el vino de España es aún incluso mucho más. Resulta que en Valencia, dónde hace apenas unos años se pensaba que no era zona de vinos de calidad, ahora uno se encuentra con Finca Terrerazo haciendo unos vinos para caerse de espaldas. Como también los hace Enrique Mendoza en Alicante. Y la Mancha, tan penalizada por sus graneles que salen rumbo a Francia, empieza a contar con bodegas que proponen cada vez cosas más interesantes. Pocos países tienen en el mundo tantas zonas con tantas historias que contar como el nuestro. España lo tiene todo para enamorar con sus vinos y con todo lo que hay detrás de ellos, pero en este mundo del exceso de información, no basta con hacerlo, sino que tenemos que contarlo.
En tercer lugar, creo que ha llegado la hora de revisar lo que suponen las Denominaciones de Origen. Cuando uno va a Burdeos, se encuentra que hay más de 50 regiones dentro de dicha apelación. Margaux no es lo mismo que Saint Emilion o Pommerol, por poner un ejemplo, pero las tres son Burdeos. Todo ello se explica en la etiqueta. 

No se trata ni mucho menos de que desaparezcan las Denominaciones de Origen, pero sí que en lugar de calificar los vinos por el tiempo de crianza o guarda, se haga hincapié en el terruño. La parte de Ribera del Duero de Peñafiel no es igual que la de Gumiel de Mercado, Roa o La Horra, como tampoco la parte de Soria es igual a la de Segovia. Todo es Ribera del Duero, pero al calificar los vinos como Jóvenes, Crianzas, Reservas o Grandes Reservas,  se tiende a la estandarización, por cuanto se compra uva de todas las zonas y se terminan mezclando. Cierto es que la estandarización de la Ribera del Duero es de una calidad altísima, como en la mayoría de las regiones, pero se pierde el foco en todo aquello que es diferencial: el terruño. No porque sea mejor o peor, sino porque es diferente y de lo que hoy se trata no es tanto de ser el mejor como de ser distinto. Y cuando se difumina el terruño, el origen de la uva, irremediablemente se pierde buena parte de la magia, por cuanto todo el mundo puede hacer un buen coupage de varias zonas de una región, pero sólo tú puedes hacer un gran vino de tu viñedo. 

Y voy un paso más allá. Nunca antes hemos tenido enólogos tan buenos como hoy en día. No ya sólo en lo que respecta a su formación, sino a su talento e intuición. A menudo éstos se encuentran trabas en los consejos reguladores, a los que les cuesta seguir las innovaciones que se hacen en bodegas. Debemos fomentar desde los comités de cata y las instituciones la innovación y la búsqueda de la tipicidad saliéndose de la tangente, justo al contrario de lo que está pasando ahora mismo.

En cuarto lugar, creo que tenemos que aprovechar la maravillosa diversidad de nuestro viñedo para hacer vinos que se acerquen a una nueva generación de consumidores que demandan cosas diferentes. Formatos diferentes, vinos más divertidos, productos más adaptados al gusto de la gente joven para que beban vino en lugar de otras bebidas alcohólicas cuando salgan a cenar y a divertirse, y que de esa manera puedan ir introduciéndose en el sector. Para que esto funcione, la estrategia de comunicación y distribución tiene que cambiar. La venta de vino a través del canal on line tiene que seguir creciendo. Y tenemos que asociar el consumo de vino a momentos divertidos, a momentos compartidos con la gente que apreciamos, no únicamente a momentos solemnes. Pero además debemos aprovechar que internet elimina las fronteras y nos permite llegar directamente a los consumidores de todo el mundo. Ya no sólo a través de redes sociales convencionales, por ejemplo, sino incluso a través de plataformas tan interesantes como Vivino u otras semejantes. Las bodegas tenemos que ser proactivas y salir de nuestro clasicismo en este aspecto.

Por último, tenemos que vertebrar el enoturismo en nuestro país y tenemos que profesionalizar bodegas y servicios auxiliares para ser un reclamo de primer nivel  no sólo doméstico, sino sobre todo y fundamentalmente para aquellas personas que nos visitan desde más allá de nuestras fronteras. Es crítico que la gente viva experiencias inolvidables en torno a nuestros vinos, que sean embajadores de nuestras bodegas cuando vuelvan a sus países y que lo hagan enamorados de nuestro país, de todo lo bueno que tenemos y de nuestra maravillosa diversidad. Y es que en definitiva, sigue siendo mucho más todo lo que nos une que aquello que nos separa.

Casi nada, ¿verdad? Por la parte que me toca asumo el reto. ¡Por aquí lo contaremos!