sábado, 25 de noviembre de 2017

El Buen Alfarero

Sobre Personas y Vinos

Lo primero disculparme por tardar en pasarme por aquí. La verdad es que me temo que mientras esté en el Máster voy a ser un poco "Guadiana". Comencé este curso con un intensivo en Brasil y ya ha sido un no parar. Sumémosle el día a día del trabajo y las clases en la Universidad. Espero no volver a fallaros de una forma tan prolongada, aunque hasta mayo es posible que no sea capaz de recuperar mi regularidad de antaño. En cualquier caso, siempre es estupendo pasarse por aquí, sobre todo cuando tengo algo tan importante que contaros como lo que es "El Buen Alfarero", el nuevo vino que lanzamos oficialmente al mercado en PRADOREY esta semana.

Pero este post no va de vinos. O al menos no sólo de ellos. Esta entrada quiere hablar de personas, de nuestras vidas y de lo que hacemos con ellas. Incluso de lo que podríamos llegar a hacer. Si ha habido una persona que me ha marcado profundamente ha sido José Antonio Romeo, un sacerdote marianista, profesor mío en el colegio y quien me invitó a conocer lo que era (y es CEMI). Falleció en 2008, pero los 13 años que disfruté de sus enseñanzas, amistad y cercanía, me cambiaron para siempre. Un día, hablando con él en una reunión de mi comunidad, nos hizo una analogía preciosa entre lo que eran nuestras vidas y un trozo de barro, y que gracias a esa libertad que el Padre bueno nos daba, estaba en nuestras manos hacer de ellas una obra de arte, única e irrepetible, o un churro que pasara desapercibido. Sus palabras me han acompañado en casi todas las decisiones importantes que he tomado en mi vida, con mis aciertos y mis errores. Que al final nadie es perfecto y asumo que en esto de hacer de tu vida una obra de arte, o al menos intentarlo, funciona (mal que me pese) lo de la prueba y el error.

En esta época de las Redes Sociales que vivimos y siendo un observador empedernido como me considero, siempre me ha llamado poderosamente la atención cómo nos proyectamos a través de las mismas. A todos parece irnos fenomenal. Todos salimos guapos en las fotos. Todos parecemos estar siempre felices. Somos un caso de éxito en nosotros mismos. Nos gusta que nos etiqueten. En las fotos y en la propia vida. Y así, a menudo, tendemos a perdernos en la masa, tratando de vivir la vida de otros, conforme a las normas que socialmente se nos imponen, o damos por impuestas, pero olvidándonos de quiénes somos realmente, sin valorar si esas normas nos hacen más felices o si por el contrario nos esclavizan y nos alejan de tomar la iniciativa al respecto de aquello que querríamos llegar a ser. Como escribía hace unos días en Facebook, vivimos en la sociedad del tener, del pretender incluso, pero nos olvidamos del "ser", y el resultado, a menudo, son personas vacías, o que viven su vida de una forma que no es la que querrían para sí. De alguna forma todos estamos, en mayor o menor medida, encorsetados. 

Esa manera de proceder ha llegado hasta los lugares más recónditos de nuestra sociedad. También al mundo del vino, claro está. Hoy en día cuesta mucho averiguar el origen de cada caldo por cuanto las técnicas enológicas tienden a estandarizar a aquellos y a hacerlos muy similares. Por supuesto, Borgoña no es Ribera del Duero y Rioja no es Jumilla, pero dentro de una serie de estándares, resulta difícil saber qué uva es la que lleva la voz cantante en una botella en una cata a ciegas. Digamos que cuesta salir de la corriente y al final se pone el énfasis en lo que te hace ser uno más y no tú mismo, con tu maravillosa originalidad.

Pero hay momentos en la vida de las personas en las que no hay disfraz que valga. Ni las redes sociales pueden evitar que en algún momento te mires al espejo y te observes tal cual eres. Siempre hay un momento de soledad en el que no hay lugar dónde esconderse de tus virtudes y tus defectos, esos que nos recuerdan que somos irremediable y maravillosamente humanos y que, como decía José Antonio, tenemos en nuestras manos hacer de nuestra existencia una obra de arte. Al final, cuando eres fiel a tus valores y a tus principios, cuando aprendes también a no escuchar de vez en cuando, cuando te sientes libre, en definitiva, es cuando puedes llegar a ser la mejor versión de ti mismo. Y entonces sí, la cosa se pone interesante. Porque el Padre Bueno nos hace libres y quiere que así sea también nuestra vida. ¿Por qué nos empeñamos en complicárnosla? Si alguien entendió esto a la perfección fue mi primo Santi. Y su carta a un "Buen Alfarero" me desarmó por completo. En bodega Fran, nuestro enólogo, ya había tenido la idea de trabajar el vino en el barro, pero aquel funeral fue el que realmente me hizo ver las cosas claras. Apenas unos días más tarde, ya estábamos en ello. Fran se puso a buscar tinajas de barro por toda España y poco antes de la vendimia 2016 ya teníamos todo preparado para lo que iba a ser toda una aventura.

Porque cuando eres la bodega que ha inventado la categoría Roble, cuando gestionas el viñedo propio más grande de la Ribera del Duero, indefectiblemente se te vincula con volumen, con relación calidad - precio y con asegurar las producciones, no con andarte con invenciones raras. Sí, en 2014 comenzamos un camino que se ha confirmado sobre todo en las cosechas 2015 y 2016, pero lo que queríamos hacer era algo totalmente rupturista. Todo comenzó por clasificar las 141 parcelas de la finca en 5 clases en virtud de su calidad. Y de una de ellas, la 14 del Hoyo Dornajo, una que apenas produce 2.000 kilos de tinta fina, encontramos la uva que queríamos para hacer "El Buen Alfarero". Y le acompañamos de un poco de Albillo silvestre, una uva blanca que nacía de forma espontánea en nuestro viñedo, el cual siempre se había despreciado. A partir de ahí, hicimos lo que nos salió del alma y del corazón, negando muchas de las normas más elementales de la enología moderna. Pisamos la uva de manera tradicional, elaboramos el vino con raspón, bazuqueamos a mano, yendo sábados y domingos a trabajar sobre el vino, yo el primero, o bueno, el segundo, porque el cariño que le hemos puesto todos, y en especial Fran, pone los pelos de punta. Tuvimos que hacer una especie de "efecto botijo" para lograr la fermentación y cuando terminó la misma, sacar los hollejos y las pepitas fue todo un número. Todo manual, todo artesanal.

Cuando el vino estuvo hecho hubo quién nos sugirió que lo metiéramos en barrica pero nos negamos en rotundidad. "El Buen Alfarero" quería demostrar la pureza del alma, de la uva tempranillo en este caso, con todas sus virtudes y con todos sus defectos. El barro deja un toque terroso muy curioso, pero sobre todo preserva el varietal de la uva como ningún otro recipiente. Le saca todo lo que tiene.

Me gusta decir que "El Buen Alfarero" es un vino rabiosamente humano, porque se muestra puro, fresco y libre de convencionalismos. No quiere parecerse a nadie y sólo mostrar lo que realmente esa parcela 14 del Hoyo Dornajo lleva dentro. No utiliza disfraces, ni quiere saber nada de aquello que le pueda apartar de su verdadera esencia. Cuando lo dimos a catar en el Salón de los Grandes Vinos de España de la Guía Peñín, dónde estuvo nominado a vino revelación de año, hubo gente que no lo entendió, pero los enólogos, la gente del sector que vive el viñedo y sabe lo que es la Ribera del Duero, nos felicitaron efusivamente y se quedaron perplejos. "¿De verdad que este vino es de allí?" "¿De veras que es tempranillo?". Lo que ocurre es que no estamos habituados a beberlo así.

Llevamos soñando 14 meses "El Buen Alfarero". Del dolor sale la creatividad y de aquel acontecimiento tan trágico que supuso la muerte de mi primo, muy cerquita de dónde sale la uva de "El Buen Alfarero", ha salido este vino tan especial, el cual no deja de ser un homenaje a su persona, a su vida y a la lección que nos dió a todos: cómo en apenas 24 años, casi 25, puedes hacer de tu vida, de ese pedacito de arcilla, una obra de arte única e irrepetible. Pisar esta uva, bazuquear las tinajas y participar activamente en este vino ha sido terapéutico hasta límites insospechados. 

Pero más allá del vino, nos queda la historia con la moraleja que lleva implícita. Ese antes y después que ha supuesto profesional y personalmente, que nos ha abierto puertas para el futuro y ha sacado lo mejor de nosotros. "El Buen Alfarero", como me dijo personalmente un prescriptor al catarlo, "es un vino con alma". Os confieso una cosa, pero guardadme el secreto, aunque es posible que a estas alturas ya lo sepáis. Ese vino lleva dos ingredientes secretos: pasión y, sobre todo, mucho, mucho corazón. Y es que, como decía Antoine de Saint-Exupéry en "El Principito", lo esencial es (y seguirá siendo) invisible para el hombre. Pequeños milagros... Los de El Buen Alfarero

martes, 15 de agosto de 2017

Catarsis

Vivencias de mi "Curso" Particular

Purificación, liberación o transformación interior suscitada por una experiencia vital profunda. Así reza el diccionario de la RAE cuando uno busca en el mismo el significado de catarsis. Tal vez no exista término mejor para definir lo vivido este año en mi vida.

De un tiempo a esta parte tiendo a mirar el año en términos académicos, de verano a verano, y suele ser el período estival un buen momento para echar el freno de mano y la vista atrás, poner las cosas en perspectiva y reflexionar acerca de lo vivido, así como prepararse para lo que esté por llegar. Decía el Che Guevara que la revolución es como una bicicleta, que cuando no anda se cae. Yo he comprobado que la vida es igual. O tal vez lo justo sería decir que la vida, cuando se vive de verdad, se asemeja mucho a una especie de revolución permanente en la que uno huye de las zonas de confort y se encuentra en búsqueda permanente.

Indudablemente, lo vivido en el verano de 2016 lo ha condicionado todo. La muerte de Santi, con todo lo que se generó a partir de la misma, ha sido un antes y un después en mi vida. Desde aquel 14 de julio ha sido imposible volver a afrontar las cosas de la misma forma. Todo se pone en perspectiva y la sensación de que la importancia no está en cuánto se vive, sino en cómo se vive, la reflexión acerca de si te estás poniendo en manos del Buen Alfarero para que ese pedacito de arcilla que es tu vida se convierta en una obra maestra,  o por el contrario estás haciendo de la misma un churro en modo estándar, me han marcado profundamente. Así arranqué mi "curso" el pasado mes de septiembre, con dudas y penas, pero también con ganas de encontrar aquellos "para qués" de los que tanto hemos hablado en este blog.

Al poco de iniciarlo, comencé en IESE el EMBA. Intuía lo que aquello iba a ser, pero lo cierto es que nunca imaginé lo mucho que me está impactando la experiencia, toda la gente excepcional que he conocido y todo lo bueno que el  Máster está sacando de mi. Necesitaba ese nuevo estímulo en mi vida y lo cierto es que mi faceta profesional a día de hoy tiene poco que ver con lo que era hace apenas unos meses. Los miedos, las dudas, las dificultades siempre te acompañarán en la vida. La clave es cómo las gestionas. Nos dijeron en su día que no es qué tú pases por el IESE, sino que el IESE pasa por tu vida y hoy pienso que es una gran verdad. El proceso de crecimiento que estoy viviendo me está ayudando en todas las facetas de mi día a día. Sin duda ha sido un año complejo, duro, de mucha lucha en el trabajo, pero también satisfactorio desde muchos puntos de vista. Conocerse, para poseerse, para darse. Ahora comprendo que trabajar en un puesto de dirección es el trabajo más bonito del mundo pese a lo difícil que es gestionar una compañía. 

Pero este curso académico también trajo consigo el cumplimiento de un sueño: ser profesor asociado en la Universidad Complutense. Me ha supuesto horas de sueño, un esfuerzo brutal, por cuanto compaginarlo con una Dirección General y un MBA en una de las mejores escuelas de negocio del mundo me ha obligado a sacar lo mejor de mi de forma permanente casi durante las 24 horas del día. Pocas cosas tan satisfactorias he conocido en mi vida como la enseñanza. En ella he puesto mi vocación de servicio, la sensación que tengo de que debo devolver a la sociedad lo mucho que he recibido de ella y mi fe inquebrantable en la juventud que viene pese a todo lo que se dice de ella. Y sin embargo me sorprendo dándome cuenta de que soy yo el que ha recibido mucho más de los alumnos que tal vez lo que ellos hayan recibido de mi pese a toda mi ilusión y pasión en las clases.

Pocas cosas me gustan más en esta vida que el fútbol,  y para mí ha sido realmente duro no poder jugar este año. Los que habéis estado cerca mío en este curso sabéis que pese a las dificultades para poder compaginar todo, me he dejado el alma en recuperar una rodilla que parecía que nunca iba a estar bien del todo. Hoy, 14 meses después de la operación, veo la luz y creo que podré dedicarle a Santi esa última temporada que quería dedicarle, aunque sea jugando a ratitos y sabiendo que nunca nada volverá a ser igual. Las horas de sufrimiento a solas y con los fisioterapeutas me las quedo para mí, pero sólo yo sé lo mucho que me ha costado volver a sentirme bien, las dudas que he tenido, los días de subidón y los de bajón. Y es en la intimidad de esos momentos cuando te permites conocerte mejor y explorar también tus límites. Me reafirmo en que las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, pero también en este tiempo he aprendido a escuchar a mi cuerpo. Tal vez en el fútbol encontré un pretexto para no mirar hacia atrás, para seguir sintiéndome el niño que quizás nunca he dejado de ser, al menos en parte. Ahora, en equilibrio, voy viendo las cosas de otra manera.

El no poder jugar al fútbol dio espacio a la música y con ella, de la mano, vino otra nueva revolución personal. Siempre soñé con tocar en un grupo y de hecho lo he podido hacer varias veces, pero entre unas cosas y otras siempre me faltaba continuidad. Con Pelirrojamente Juntos he cumplido varios sueños, pero sobre todo he sentido en primera persona el poder terapéutico de la música para mitigar todo el dolor de lo acontecido el verano pasado. Y en ello he encontrado a gente imprescindible en mi vida que sé que me acompañará siempre. A decir verdad, un poco se nos ha ido de las manos. Nunca pensamos en hacer tanto ruido. Aún recuerdo en los primeros ensayos cuando hablábamos de que a lo mejor juntábamos 100 personas en aquel primero concierto. Cuando apenas un mes y medio después reunimos a 800 apenas nos lo creíamos. Hacer el bien haciendo lo que nos gusta. Simplemente es maravilloso. 

La muerte de mi abuela estas pasadas Navidades también supuso un antes y después en mi vida. Muchas veces la gente me ha preguntado por mí espíritu de lucha, por mi determinación. Sin lugar a dudas la heredé de ella, una de las mejores personas que han pasado y pasarán por mi vida. Pura bondad, un ejemplo de fe. Y sin embargo su marcha la afronté desde la calma. Morimos porque vivimos,  y las personas que viven plenamente, como fue su caso, creo que se marchan en paz. El comprender que la muerte no es sino otra faceta de la vida que tenemos, una consecuencia de la misma, me ha dado una perspectiva diferente respecto a la misma. El vacío que nos queda es inevitable, pero inmediatamente lo que me sale después es un poso de eterna gratitud. Quien ama crece, y aunque las despedidas siempre son tristes, nunca nadie se va del todo. 

Y me quedan mis amigos, los que siempre están, los que nunca se marcharán. Septiembre comenzó con un bombazo, pero el curso nos ha ido permitiendo recomponer la situación. Se nos casó Francis y los vividores hemos ido dando paso a una nueva dimensión de nosotros mismos, tal vez más adulta pero igual de divertida. Aquella etapa fue necesaria, pero ahora se abre otra mucho mejor. Personalmente siento que me he quitado un disfraz, que me hizo falta, que tuvo su gracia, para dar paso a la mejor versión de mí mismo.

Cuando hace hace un par de meses tuvimos en el IESE el paso del Ecuador del Máster, el cual terminará en Mayo de 2018, nos pidieron que pusiésemos una palabra en un mural para expresar lo que había significado este primer año para nosotros casi de forma inmediata me salió "catarsis". Purificación, liberación o transformación interior, como consecuencia de todo lo acontecido este año. Lo tuve claro entonces, pero con perspectiva lo veo cristalino. Muchas cosas me han pasado este año. Desde el sitio de mi recreo particular cojo carrerilla para un nuevo curso que se presenta maravilloso. Como la vida misma.

¡Feliz Verano! 

viernes, 14 de julio de 2017

Un Año sin Santi

"Las cosas nos pasan para algo. No merece la pena preguntarse el por qué, por cuanto nunca terminaremos de comprender las causas..."

Confieso que le había escuchado a mi madre esa frase cientos de veces, pero nunca me impactó tanto como en el tanatorio, hace ya justo un año...

Querido Santi,
¡Qué difícil se me vuelve a hacer escribirte estas líneas! Ha pasado un año y aún parece que suena de fondo Indiana Jones mientras nos tomábamos tu deliciosa (e interminable) ensalada de garbanzos. A la mañana siguiente me despedí de ti. Ibas tan dormido que te dejaste el móvil en el baño tres veces. Me partía de risa con tu pequeño caos, el cual, unido al mío, hacía que nuestra casa fuera una leonera. No te creas que ha mejorado mucho el asunto, así que te imagino riéndote ahora. Ya sabes que el orden nunca fue lo mío. Nos despedimos hasta por la noche. Nos veríamos a la hora de cenar. Yo tenía que bajar a Madrid a la notaría a última hora de la mañana y ya trabajaría desde allí. Luego me tocaba ir a rehabilitación. A la salida de la misma ese día ni me duché. Llegaba ya tarde. Te fui a llamar para decirte que me esperaras, que me retrasaba, pero que llegaba a cenar contigo. Me encantaba ese rato. Abrirte uno de mis vinos, contarte historias sobre esa uva o sobre esa región, las cuales tú escuchabas con atención. "Fer, esto es un pequeño tesoro, una maravilla", decías refiriéndote a mi colección de vinos. Pensaba con cuál te podría sorprender, o cuál maridaría mejor con esa ensalada de garbanzos que aún no habiamos terminado. Antes de marcar tu número vi que tenía un montón de llamadas. Entré en shock cuando me enteré de lo que había sucedido. No me lo podía creer. Aún no sé cómo llegué a Aranda conduciendo. Pasé por casa primero, para cambiarme y para asegurarme de que se habían equivocado, de que aquello no era posible, que a ti no te había pasado nada. Cuando llegué al lugar del accidente me derrumbé. Aún así, te confieso que me sigue pareciendo mentira que ocurriera.

Son muchos los días que paso de puntillas por el que fue tu cuarto. Otros entro y me quedo mirando tu cama. Y al igual que cuando me doy una vuelta por la finca, sigo buscando respuestas. Imagino que es humano, pero me sumerge en una profunda tristeza. Aún sigo pensando que en unos días nos llamaremos para jugar un partidillo, que nos echaremos unas risas en casa de los abuelos, o que llegaré a casa por la noche por aquí, podremos compartir un vino y confidencias otra vez, como hacíamos hace un año. Luego me vuelven a la cabeza las palabras del funeral: las cosas nos pasan para algo. No evita que te eche infinito de menos, pero me permite ponerme en modo trascendente y ver las cosas con cierta perspectiva.

Sé que lo sabes, porque tú nos ves desde arriba con el Padre Bueno, pero también desde dentro de nuestros corazones donde siempre habitarás. Has generado una auténtica revolución. En mi vida y en la de cientos de personas que sienten que la suya es mucho mejor porque tú pasaste por ella. Y es entonces cuando me doy cuenta del efecto dinamizador que has tenido sobre mi en este tiempo, en las ganas que tengo de ser ser mejor persona en todos los sentidos desde aquel 14 de Julio, en mi ansia por seguir creciendo en todas las facetas de mi vida para que te sientas orgulloso de mi, como yo lo estaba de ti. 

"Vidas Cruzadas" era tu canción, y vidas cruzadas son las que has dejado por aquí. ¿Cómo agradecerte a toda la gente extraordinaria que has puesto en mi vida en este tiempo? Al final vas a tener razón conmigo, Santi. Intuyo que en algunos aspectos tenías tú más fe en mi, que yo mismo. 
Y aquí seguimos caminando. Creo que puedes ver que las cosas se van ordenando. Que sólo era cuestión de recuperar mi esencia, de quitarme disfraces, de mostrarme tal cual era. La música, que comenzó siendo terapéutica, es ahora un vehículo inmejorable para apoyar todo aquello en lo que creías y seguir haciendo mucho bien a tanta gente en tu nombre. Creo que el "Pelirrojamente Juntos" que se le ocurrió a Ceci es inmejorable. ¡Lo que hubiera dado por ver tu cara el día del Obico! Ya has visto que sólo he jugado un día al fútbol en este tiempo, pero fue para recordarle a tu hermano Caku quién seguía mandando en Gandía, aunque me faltaras para chocar la mano con cada gol y tomarnos una caña en el Dublin comentando la jugada después.  

Y qué decirte de "El Buen Alfarero", un vino inspirado en ti y en tu carta, y que va a marcar un antes y un después en bodega. Estuviste poco tiempo entre nosotros, pero dejaste una huella muy profunda por aquí, imborrable diría yo. Catar ese vino, visitar las tinajas, me sirve para recordar que Dios nos pule como un buen artesano, pero que está en nuestra mano dejarnos moldear y ser una obra de arte, o terminar haciendo de nuestra vida un churro. Que todos tenemos un potencial enorme para ser una pieza única, pero también que cuando pretendemos estandarizarnos siguiendo la corriente de una sociedad que venera antivalores por encima de todo lo demás, nos vulgarizamos. Creo que tú lo entendiste mejor que nadie y que precisamente por ello tu vida ha resultado tan inspiradora para todos.

Me sigo encontrando con gente que me habla de ti. Todos tienen una anécdota, una historia preciosa que contarme, vivencias que tuvieron contigo. Y observas como de corazón mucha gente se emociona, se le ilumina la cara al decir tu nombre. Pasaste haciendo el bien, y como me dijo un amigo, así se te recordará siempre, con un corazón de oro.

Ya es media noche y pienso que como hace un año llega la hora de meterse en la cama. Imagino que mi almohada hará de fiel consejera una vez más. Ya sabes que soy irremediablemente humano y curioso por vocación. Volveré a buscar respuestas, pero también sé que cuento contigo para tirar de mi en los días menos buenos. Mientras tanto seguiré cruzando vidas, intentando hacer de mi vida una obra de arte y de sacar lo mejor de mi a través de tu ejemplo para hacer de este mundo un lugar un poquito mejor. Te lo debo, socio. 



domingo, 9 de julio de 2017

Diez Años en el Mundo del Vino, Diez años como Directivo

Una Década de Aprendizaje y Reflexiones

Pues así como quién no quiere la cosa, esta semana me he sorprendido al comprobar cómo en estos días se cumplen diez años desde que me embarqué en la aventura apasionante que está suponiendo PRADOREY, lo que significó mi bautismo en el mundo del vino y mi estreno en las facetas directivas de una empresa. Llegué para hacer una transición y no tardé en comprobar que en esta vida planificar vale de poco, por cuanto a menudo se trata de gestionar tu circunstancia en función también de cómo vengan las cosas. Eso no significa perder las riendas de aquella, pero sí comprender, como muchas veces hemos expuesto en este foro, que se hace camino al andar y que, aunque tengas más o menos claro dónde ir, nuestro camino hacia Ítaca no dista mucho de la teoría de la evolución: solo los que son capaces de adaptarse sobreviven.

Por aquel entonces, en julio de 2007, yo era un chaval de 29 años. Aún a día de hoy, con lo que he aprendido por el camino, sigo pensando que aquello fue una gran irresponsabilidad. Nunca me había puesto como objetivo trabajar en la empresa familiar. Es más, por aquel entonces ya había negado a mi abuelo previamente no tres veces, sino cuatro. Sin embargo aquel año las cosas eran diferentes. Había decidido cambiar de trabajo y tenía encima de la mesa una propuesta en firme y dos procesos en empresas muy importantes en los que estaba de finalista. En estas me llamaron desde casa y mi abuelo me dijo una frase entonces que jamás olvidaré: "mira Fernando, en esta vida las cosas llegan cuando llegan, no cuando uno quiere que lleguen". Y ante aquello, decidí que si, que me iba a la bodega. Me gustaban los vinos, me gustaba ir a Ventosilla, pero sabía muy poco del sector, como tampoco sabía demasiado acerca del proceso de producción  o de las viñas. Aquello era un reto mayúsculo, pero si algo me ha caracterizado siempre, creo, es que los retos los cojo con pasión y que no me alimano ante nada. Y aquí seguimos, feliz del camino elegido y de todo lo acontecido desde entonces. De los buenos momentos y de los no tan buenos. Escribo estas líneas sabedor de que mi vida ha sido muy diferente de cómo me la imaginaba en aquel julio de 2007, pero también feliz por la madurez y conocimientos adquiridos durante el trayecto. Estoy, sin duda, en mi mejor momento, pero también asumo, que el mejor Fernando sigue estando por llegar, como el mejor PRADOREY. Al final las viñas, las personas y el vino nos parecemos más de lo que pensamos.

Así pues, quería exponeros hoy 10 aprendizajes esenciales que me han quedado en estos diez años dentro del mundo del vino. Diez años también en los que he ido aprendiendo la dificultad de la función directiva y de lo duro que resulta dirigir una empresa en momentos tan convulsos como los de estos años. Lecciones para la vida y para la empresa que quisiera compartir con todos vosotros.

1) Tienes que trabajar en algo que te apasione, ir los lunes feliz a trabajar. Llegué casi de casualidad, pero yo ya no me veo trabajando en otro sector, y pese a las dificultades vividas estos años, reconozco. Trabajo haciendo realidad los sueños de mi abuelo, que ahora también son los míos propios, el de hacer de PRADOREY una bodega incuestionable haciendo vinos de finca, de terruño, con toda la tipicidad y naturalidad de la Ribera del Duero. Disfruto con mi trabajo, con los retos que me impone cada añada, ante los cuales sólo podemos aspirar a sacar lo mejor de la naturaleza que se nos presenta. Hay que estar enamorado de lo que se hace, tener "hambre" por crecer y mejorar diariamente. De otra forma, tu día a día te pasará por encima.

2)  Todo lo que merece la pena en la vida cuesta, se cuece a fuego lento. No hay atajos para el éxito, y a menudo éste es una carrera de fondo. El tiempo nos termina de poner a cada uno en nuestro sitio, aunque a veces sea a muy largo plazo. Hay momentos de dudas y de miedo, de vértigo, pero tenemos que tener claro que eso es inherente a la condición humana, y que lo que nos diferencia es cómo los gestionamos. Nadie nace sabiendo, por lo que no hay que agobiarse, sino vivir esos momentos como de aprendizaje y crecimiento. Nada es en balde.

Esto es especialmente cierto en el mundo del vino. En 2014 decidimos que había que reinventarlo todo en PRADOREY, como luego explicaré más profundamente. Cambiar las inercias, las percepciones y fomentar un nuevo aprendizaje en bodega lleva su tiempo. Estamos seguros de que éste es el camino, pero también que completarlo nos llevará su tiempo. Ese mismo que juega a nuestro favor.

En unos meses vamos a sacar dos vinos muy especiales. Uno de ellos lleva 8 esperando pacientemente su puesta a punto... Y otra cosa más, nuestro viñedo no tiene aún ni siquiera 30 años. El mejor PRADOREY está por llegar. Inmejorables noticias para nosotros.

3) Somos el resultado de nuestras creencias. Somos nosotros los que nos imponemos los límites. Si nos llegan a decir hace 8 años que nuestro país iba a llegar a tener una tasa de paro del 25%, que el consumo se iba a desplomar, que los bancos primero iban a cancelar las pólizas de crédito de la noche a la mañana, luego a no prestar y luego a no anticipar facturas, porque buena parte de nuestro sistema financiero iba a necesitar un rescate y / o ayuda del FROB y BCE, que como país íbamos a estar al borde del rescate varias veces y que Europa iba a seguir en el disparadero como lo estuvo (y en parte lo sigue estando), muy probablemente muchos hubiéramos dejado las llaves de nuestra empresa en el ministerio de economía. Y sin embargo, aquí estamos. Todo parece imposible hasta que se hace. Es así. Y para ello, para afrontar los retos, aconsejo "trocear" el elefante, ir poco a poco, pero siempre sabiendo que lo importante no es caerse al agua, sino saber nadar.

4) Las personas no fracasan, bajan los brazos. La gestion empresarial es muy ingrata. En tiempos de bonanza, los ciclos económicos tapan muchas ineficiencias, así como en tiempos de crisis, las buenas gestiones pasan desapercibidas, y así te sientes que nadas, y nadas, y nunca llegas a la orilla.  Sin embargo, si las cosas no salen, si nuestras empresas caen y tú has dado todo lo que tienes, no puedes exigirte más. Esa experiencia te ayudará a ser mejor profesional y mejor persona, porque créeme cuando te digo que las personas somos como las cepas, y cada cierto tiempo, las vides cada año, la vida nos brinda la oportunidad de reinventarnos y dar la mejor versión de nosotros mismos. Por lo tanto, como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia, y a partir del mismo, si miramos a la vida con perspectiva, sólo podemos crecer.

Pocos sectores han sufrido tanto estos años como el del vino, con un consumo per cápita ridículo y una presión en los precios sin precedentes. Y sin embargo, pocos sectores pueden presumir de haber alcanzado tal excelencia en sus productos durante estos tiempos de crisis. Ese es un capital humano incomensurable y un espejo en el que mirarse.

5) Intuición, divino tesoro: La formación reglada (Universitaria, Profesional) es a menudo condición necesaria, pero casi nunca suficiente para triunfar. El conocimiento tácito, ese que no se enseña, ese que se aprende a través de la experiencia o la intuición, es el que marca las diferencias. Sobre todo en un sector como el del vino. Los grandes vinos no se estandarizan y se hacen desde el viñedo, volviendo a los orígenes, y eso es radicalmente diferente a lo que se enseña en las escuelas de negocio y enología. 

Hace unos años decidimos comenzar a trabajar por microparcelas, con nuestras propias levaduras, con fermentaciones espontáneas, con extracciones en medio acuoso y con recipientes alternativos a las maderas para envejecer y guardar los vinos. No sabíamos lo que iba a salir de aquello, por cuanto no había referentes similares en el sector, al menos tocando tantas variables a la vez. Creo que acertamos, pero fue por pura intuición de nuestro enólogo, Francisco Martín.
6) Ser un líder no es ser un jefe: Un jefe tiene el poder formal en una empresa, pero no es lo mismo que ser un líder y las compañías de hoy en día necesitan líderes, personas que sepan hacia dónde se dirigen y que sean capaces de arrastrar al resto de la organizacion incluso cuando es difícil creer. En esas situaciones el líder tira del carro y se convierte en un asidero para toda la organización. Sin embargo, nadie puede remar solo. El verdadero líder forma un equipo diverso, con gente que piense distinta a él y espíritu critico. Trata de rodearse de los mejores y genera entornos en los que el talento pueda desarrollarse. Para ello es imprescindible tolerar el error y más en un sector como el del vino, porque de otra forma cercenas la creatividad..
Hace unos años nuestros enólogos volvieron como locos de Australia. Creían que el espumoso tinto podría ser un bombazo para la Ribera del Duero. Lo cierto es que les dejamos que lo intentaran y cuando llegó el día de catarlo, aquello no nos convenció a ninguno. Por esas cuestiones que marca el azar, resultó que el vino se quedó olvidado en un pasillo por dónde pasaban todas las visitas, en un jaulón especial. Casi todo el mundo preguntaba por estas botellas tan diferentes. Un día, tras atender una visita, le dije al enólogo. "Me encanta que la gente vea este vino en mitad del recorrido" Él, me miró sorprendido y me dijo "¿Y eso?". "Porque así la gente comprueba que en esta empresa, cuando alguien se equivoca por intentar hacer algo diferente, no se le penaliza, sino que se le anima a seguir intentándolo". El enólogo me miró sorprendido y me dijo "oye, que aquello no fue un error, que sólo nos adelantamos a nuestro tiempo". Anécdotas aparte, para hacer tan especiales como los que contaba antes, tienes que equivocarte muchas veces también. Pero si no hay esa holgura, no hay incentivo a la innovación.
 
7)  Piensa, haz y emociona diferente: Hoy en día la calidad hoy se presupone. Es un mínimo para competir. Personalmente siempre digo lo mismo, pero es que lo creo. No conozco un solo vino malo en la Ribera del Duero. No se trata, por lo tanto, de ser el mejor, por cuanto esto siempre es algo relativo, sino de ser diferente. Para ello hay que tener una actitud de innovación y apertura de mentes constante. Estoy muy orgulloso de poder decir que trabajo en una bodega, PRADOREY, que fue la primera que hizo un Roble (vino joven con crianza de 3 meses de barrica) en la Ribera del Duero, por ejemplo.  Aunque luego aquello haya derivado en lo que ha derivado en la region, creo que fuimos valientes en aquel primer momento. También que fuimos los primeros en hacer un rosado pálido, un rosado fermentado en barrica y un blanc de noirs en Ribera del Duero. Ahora estamos trabajando con tinajas de barro y con todo lo que explicaba antes acerca de las levaduras, el terruño y la elaboracion en bodega. Regreso al pasado, a utilizar menos químicos y productos industriales. Comienza a haber una tendencia ahora al respecto, pero en este camino nosotros ya llevamos casi 4 años.
Pero innovar y pensar diferente, requiere crear valor añadido y ser capaz de capturarlo, por cuanto las bodegas vivimos de lo que vendemos y no del aire. Por supuesto para los clientes, por cuanto tendremos mayores retornos y podremos invertir más, pero también para los empleados, ya que la clave a día de hoy es atraer talento a las organizaciones. Ya no importa tanto que tu empresa esté cerca de las materias primas o disponer de una tecnología mejor como pudo ser durante muchos años, sino de que tus empleados marquen la diferencia. Sólo de esta forma la compañía podrá también cumplir con sus accionistas en un entorno como el actual.

Sin embargo, no se pueden poner puertas a mar. Los procesos se pueden copiar, se pueden utilizar las mismas levaduras industriales y barricas. Lo único que te puede diferenciar en el mundo del vino es tu viñedo, y si te dedicas a comprar uva por toda una región, la tipicidad se difumina y pierdes el poder de diferenciarte. Las mejoras organizacionales, tecnológicas y de producto son imitables y, por lo tanto, sólo nos van a dar una ventaja competitiva temporal. Para hacer algo diferente y que nos permita obtener una especie de monopolio, tenemos que buscar un posicionamiento de producto único, que no sea replicable. Pero voy más allá. Sintiéndolo por Descartes, somos más emocionales que racionales. A ese posicionamiento técnico de producto no le añadimos un posicionamiento emocional también único, el mensaje no le llega al consumidor.
Mi abuelo, Javier Cremades de Adaro, es un visionario. De muy joven quedó huérfano de padre y siendo el menor de 7 hermanos. Para poder pagarse los estudios universitarios, se iba a La Mancha en verano a hacer un vino que luego vendía. Cuando terminó su carrera de Ingeniería Agrónoma la vida le llevó por otros derroteros hasta que en los años 80 se dio cuenta que lo que le gustaba era el vino. Se fue a la Ribera del Duero y plantó 520 hectáreas en la zona más alta y más fría de la región, al menos por aquel entonces. Aquello era un disparate y ami abuelo le llamaban "el Loco de la Ventosilla" porque sólo a alguien que le faltaba un tornillo se le podía ocurrir algo así. De la zona más alta y más fría de nuestro viñedo nació Adaro, un vino que le homenajea por su trayectoria.
Así pues, puedes vender el Adaro como un vino de Crianza, con 12 meses de barrica francesa y 100% tempranillo, de una zona muy alta y muy fría de nuestro viñedo, o por el contario puedes contar la historia anterior, la del  sueño de un pionero, de una persona que desafió a todo lo que se creía razonable hace casi 30 años. Lo primero (tempranillo de zona fría y alta) es imitable. Tu viñedo no. Y la historia emocional que lo acompaña, tampoco. Y otra cosa más: cuando te diferencias por la parte emocional, el que pega primero, el que fija dicho posicionamiento, suele ser una estrella de rock&roll. El segundo, el que pretende imitarte, tiende a quedarse en mero cantante de Karaoke. 
 
8) Vigila el Corto Plazo, proyecta a la bodega a Largo Plazo: Como decía antes, no hay atajos para el éxito, pero como también decía Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Ese difícil equilibrio entre el corto y el largo plazo es crítico en una bodega y en estos años no ha sido  todavía menos. Trabajamos pensando en mis bisnietos, esperando que disfruten de todo lo hecho estos años, pero también sabiendo que para ello tenemos que llegar vivos hasta entonces.

No te puedes conformar con lo que tienes y hay que estar siempre alerta, con inquietudes por mejorar. Hay que atreverse a salir de la zona de confort. PRADOREY era una bodega de Robles y dentro de ese planteamiento estábamos relativamente cómodos. No puedes dejar de hacer Robles de la noche a la mañana, porque es el vino que a día de hoy te da de comer, pero si no te quieres ver expuesto a una batalla de precios en una categoría con escasas posibilidades de diferenciación, tienes que atreverte a nadar contra corriente y apostar por vinos de mayor valor añadido. Peleas a la contra, pero si quieres proyectar a largo plazo a la bodega no te queda otra. Y para ello hay que aprender a veces a no escuchar. 

9) Pasión y Equilibrio: Enamórate de tu trabajo, disfruta con lo que haces. Ya lo decía en el punto uno. Pese a lo difícil que han sido estos diez años, me confieso muy feliz con lo que hago. Las personas tendemos a buscar seguridades y por ello nos conformamos con trabajos que meramente nos permitan satisfacer necesidades básicas sin importarnos cuánto nos apasiona lo que hacemos. Deberíamos hacer buena la frase de "disfruté como un niño" para nuestro trabajo. Hace un par de meses una de mis alumnas en la Universidad me preguntaba por qué máster hacer. Me decía "es que realmente me gusta el marketing, pero en la empresa en la que hago las prácticas, tengo una buena oportunidad de cursar otro más financiero". Mi respuesta fue clara: "elige lo que más te guste".
Aún así, emocionarse con el trabajo no quiere decir esclavizarse a él.  Hay que cuidar amistades y familias, tomar distancia de vez en cuando, relativizar las cosas y respetar los descansos. Debo ser una persona rara, pero cuando me voy de vacaciones apago el teléfono y no leo el correo. Estoy disponible el resto del año 24 horas, pero esos días tan sólo dejo mi móvil personal a unas pocas personas de la bodega a las que advierto que me pueden molestar si Parker nos da 100 puntos. Para todo lo demás, espero que me lo resuelvan ellos. Tampoco podría dejar de estar con "los vividores" cada fin de semana, como hacemos casi siempre. Y aunque la rodilla ha dicho que el fútbol debe quedarse a un lado de manera casi definitiva (me encontraréis en alguna pachanguita solamente), he retomado la música con los "Pelirrojamente Juntos". Sólo así puedes hacer que tu pasión sea sana y te permita crecer como persona.

10) Nada perdura sin la ética: Cuando se buscan atajos y se tiene una visión maquiavélica de la economía o de la empresa, las cosas terminan por explotar. Hoy en día, además, vivimos en la era de la transparencia gracias a la democratización de la información que ha supuesto internet. Ésta fluye sin control por medio mundo y la gente cada vez sabe, conoce y demanda más cosas. La legitimidad, que no la legalidad, será clave para competir, y ésta tiene que ver con el hecho de que la empresa se comporte como ciudadana corporativa y no sólo atienda a sus derechos y obligaciones, sino que lo haga conforme a una serie de valores y principios que todos consideramos como propios y deseables. Si queremos proyectar a la empresa a largo plazo, no queda otra que poner los valores en el centro de la estrategia empresarial porque estamos más expuestos que nunca. Y ello tiene que ver en tu relación con todos tus stakeholders.

Y podría contar más reflexiones, algunas de las cuales aún estoy terminando de rumiar. Ojalá pueda estar aquí de nuevo dentro de otros 10 años y hacer de nuevo balance. Hoy lo veo, pero recordad lo que decía antes: de poco vale planificar.

Brindo con todos vosotros. Hoy con un buen PRADOREY. Por lo vivido, por el presente y por lo que tenga que llegar. La vida, sin duda, es maravillosa.

martes, 23 de mayo de 2017

Zidane, o la Importancia de los Valores y la Cultura en el Liderazgo Empresarial

Algunas Ideas

Domingo 23 de abril. El Barça se había sobrepuesto al gol inicial de Casemiro con un soberbio tanto de Messi y un trallazo espectacular de Rakitic. El partido estaba siendo de toma y daca, con el astro argentino desatado y con los arqueros haciendo virguerías en sus respectivas porterías. En una jugada en medio campo Sergio Ramos mide mal y es expulsado. Aunque lo veía difícil, para mis adentro pensaba que alguna íbamos a tener, que aquello no estaba terminado. Y así fue. Tras un magnífico pase de Marcelo, James remata un balón nada fácil en el pico del área pequeña y clava el empate a falta de pocos minutos para el final.

La cabeza pedía echarse atrás, mantener un empate que prácticamente daba el título de liga al Real Madrid, pero los de Zidane decidieron ir a por el partido. Durante los minutos siguientes pareció que el Madrid podía lograr la proeza. Primero a través de Marco Asensio, y luego a través de James, el cual desde mi posición privilegiada en el fondo sur del estadio Santiago Bernabéu, creo que hubiera anotado el tercero de no ser por el toque de Cristiano Ronaldo, el cual frena el contra ataque y hace que el colombiano chute demasiado escorado llegando el balón a las manos de Ter Stegen. Con el 2-2 y Kovacic turnándose de central con Toni Kroos, Keylor Navas saca una falta favorable al Madrid que termina en saque de banda a favor del Barça. Kovacic le pide a sus compañeros adelantar líneas. Desde donde yo estaba, animaba extasiado pensando que aún podíamos robar la pelota y ganar el partido. El resto es historia. La fantástica cabalgada de Sergi Roberto y el gol de Messi. En el Bernabéu se hizo un silencio sepulcral. El fútbol, bajo mi punto de vista, había sido injusto con el equipo que había tenido más ganas de ganar. Cuando salía del estadio, recibí un whatsapp de mi padre, el cual había visto el partido por la tele, lamentándose de nuestra mala suerte. Lo que le puse me salió del corazón: "el Madrid ha recuperado sus valores, tiene alma, siempre quiere ganar. El Barça tiene a Messi. El argentino gana partidos, el alma temporadas".  Al día siguiente me encantó escuchar a Carlos Martínez, comentarista de Movistar Plus, señalando que no se le podía echar nada en cara al Madrid, por cuanto había perdido haciendo gala de aquellos valores que le habían hecho grande. Se puede decir más alto, pero no más claro.

Siempre he dicho que el fútbol es una escuela permanente para los futuros empresarios del mañana, para todo aquel que quiere dedicarse a gestionar personas y equipos. Se pueden encontrar múltiples paralelismos en equipos profesionales y de aficionados. Muchas de las lecciones que aprendí jugando y entrenando en su día, me han servido durante mi trayectoria profesional y las sigo recordando de cuando en cuando como auténticos referentes sobre qué hacer en determinadas vicisitudes de la vida. Sería bueno que los padres que castigan a sus hijos sin entrenar por las notas, tuvieran esto en cuenta. Pero al grano, que no me quiero ir por los cerros de Úbeda. Como decía, el fútbol nos deja innumerables enseñanzas. Una de ellas, de las que merecería un buen caso en cualquier escuela de negocios, es la importancia de la cultura y los valores dentro de una organización. Y es entonces cuando observas cómo presidentes de clubes, a menudo exitosos en sus trayectorias empresariales, cometen errores de bulto agobiados por una exagerada urgencia resultadista que engloba a todas las áreas de nuestra sociedad, la cual les lleva a tomar decisiones equivocadas con más frecuencia de lo deseable. Olvidan que todo lo que merece la pena en esta vida tiende a cocerse a fuego lento y que el éxito no suele tener atajos. Uno de los casos más paradigmáticos, por mucho que me duela reconocerlo, es el del Real Madrid desde el día en que se cesó a Del Bosque.

Por aquel banquillo fueron pasando innumerables entrenadores, muchos de los cuales no tenían ni la más remota idea de lo que significaba el equipo de Concha Espina, ni de todo aquello que le habia hecho merecedor de ser el mejor equipo del siglo XX. Aunque sé que tiene sus defensores, el colmo de los colmos fue la llegada de Mourinho. Una vez le oí a Valdano decir que el problema del resultadismo es que te deja sin argumentos cuando los resultados no llegan. Cierto es que al técnico luso le tocó convivir con la mejor época de siempre del Barça, pero también lo es que tuvo títulos "a huevo" que desperdició por olvidarse de lo que realmente era el Madrid. El peor día fue el de la vuelta contra el Borussia de Dortmund, cuando tras perer 4-1 en la ida, el lisboeta se negó a apelar al espíritu de Juanito, al de las grandes noches europeas, aquellas por las que me enganché al fútbol cuando apenas era un canijo y escuchaba los partidos con mi madre en la cocina en una vieja radio para no despertar a mis hermanos. Y así recuerdo el 6-1 al Anderletch, pero sobre todo el 4-0 al otro Borussia, al de Monchengladbag, cuando tras marcar Santillana de forma agónica el gol de la victoria, no podía dejar de pegar brincos por casa diciéndole a mi madre "¿lo ves? ¿lo ves?". El Madrid era el equipo de la garra, de las remontadas imposibles, de la fe inquebrantable y de las ganas de ganar por antonomasia. Y así, por aplastamiento y convencimiento, a veces por encima de su fútbol, ha logrado decenas de títulos. Aquel día del Dortmund los alemanes fueron mejores, pero el coraje de Ramos metió al equipo en el partido, y en 15 minutos de locura el Madrid estuvo a punto de darle la vuelta a la eliminatoria. Lo que me dolió no fue caer eliminado, lo que sinceramente me hizo polvo fue que Mourinho renunciara a la mística, a eso que siempre nos había hecho grandes.

Ancelotti dejó un buen recuerdo, pero sin embargo el paso de Benítez por el Madrid nos sumió en una profunda depresión que tan sólo la llegada de Zizou pareció poder curar. En aquellos días entre Año Nuevo y Reyes de 2016 me parecía impensable que el Madrid pudiera ganar nada esa temporada. Pero poco a poco y casi sin hacer ruido, costándole quizás más de lo esperado el que diera con la tecla, el técnico francés fue armando un equipo. Se le acusaba de tener flor, se dudaba de sus verdaderas virtudes como técnico, pero a mi me gustaba lo que iba viendo. A veces más fuera que dentro del campo. Con sus declaraciones, con sus ideas que poco a poco iban calando, pero sobre todo recuperando la esencia de lo que siempre había sido el Madrid. Milagrosamente se ganó la Champions, remontada agónica ante el Wolfsburgo incluida, y se estuvo a punto de ganar una liga que parecía imposible. El reto era ver qué hacía el equipo este año.

Y los números están ahí. Zizou ha llevado al Madrid a ganar su primera liga en 5 años y tiene al equipo jugando una segunda final consecutiva de Champions, cosa que no sucedía desde la época de Di Stéfano. Precisamente si es capaz de vencer a la Juve, podría igualar un record que los merengues llevamos 59 años esperando, el tan ansiado doblete. Y todo ello sin levantar la voz en la sala de prensa, logrando que hablen bien de él hasta los que juegan menos y demostrando un liderazgo que personalmente me tiene encandilado. La historia del Madrid dice que los protagonistas siempre fueron los jugadores. Más allá de Miguel Muñoz, no recuerdo quién fue el entrenador de los Puskas y compañía, pero sin embargo a todos los madridistas nos han llegado quiénes fueron los responsables de las 5 Copas de Europa seguidas. Zidane ha sabido poner el foco en quién correspondía, y ha sabido hacerse sentir importantes a todos sus jugadores, incluso los que jugaban menos. Me impactó hace unos días oir hablar a Jesé sobre Zizou, pero también a Fernando Hierro, quién decía que creía que el galo podría marcar una etapa. No menos emotivo fue el abrazo y manteo sincero de sus jugadores en la Rosaleda. Los gestos dicen mucho más de lo que parece.

Se le ha criticado a Zidane a veces haber sacado más de la cuenta a Bale, o incluso estos días que sacara a Danilo antes que a Nacho, o por algunos errores en cambios o tácticas a lo largo del curso. Todos llevamos un entrenador dentro, pero muy pocos son los que gestionan grupos humanos. Mantener el equilibrio es complicadísimo y si Zizou ha logrado tal ascendencia sobre sus pupilos es porque ha sido coherente y muy posiblemente justo, por cuanto conviene no olvidar que los espectadores sólo vemos el partido del fin de semana, pero no cómo entrenan los jugadores durante la misma. El "buen rollo" que tiene el equipo ahora no es casualidad. Todos se han sentido importantes, todos han asumido en mayor o menor medida su rol y así ha resultado que el Madrid ha tenido dos equipos titulares que han brillado con luz propia.

Y es que el Madrid siempre fue el equipo en el que el colectivo importaba más que las figuras. Di Stéfano fue el más grande, pero aquel equipo era también el de Puskas, Gento, Santamaría o Kopa. El de la Sexta fue el Madrid Ye - Ye. Luego llegó el de la Quinta del Buitre y cuando llegaron la 7ª, la 8ª y la 9ª, por encima de los "Ferraris", queda el recuerdo de los Raúl, Redondo, Hierro o Roberto Carlos entre otros. Zidane ha conseguido que hasta descanse Cristiano y de esta forma el equipo ha vivido el año con mayor reparto goleador de los últimos tiempos. El portugués es la estrella, pero lo que más ha brillado este año ha sido el equipo.

Pero además el Madrid ha vuelto a ser el equipo con alma que siempre fue, el que ganaba partidos imposibles cuando no le llegaba con el fútbol, el que tenía canteranos (Nacho, Lucas Vázquez, Morata, Kiko Casilla, Carvajal, Mariano) que solventaban papeletas complicadas, el que mantenía un nutrido grupo de jugadores españoles que le dotaban de identidad (Ramos, Isco, Asensio, más los canteranos anteriormente citados) y el que se centraba en lo suyo sin acordarse de los árbitros (singular mania que se da en nuestro país con más frecuencia que en ningún otro lado), por cuanto Zidane sí que ha sido el único técnico que realmente no ha hablado de los árbitros en todo el año.

Decía hoy Santi Segurola en el As que el Madrid tenía toda la pinta de empezar un ciclo. Sinceramente no lo sé, por cuanto en la vida las cosas pasan cada vez más rápido, pero sí que creo que Zidane es al Madrid lo que el Cholo al Atleti. Y cuando uno encuentra la horma de su zapato, las ruedas de prensa son relajadas, los jugadores se divierten jugando, la grada disfruta y hasta a Florentino Pérez se le quitan las ganas de ejercer de secretario técnico cuando escucha que Zidane es a menudo el más aplaudido al anunciarse las alineaciones en el Bernabéu. Zizou es hoy el auténtico líder del Real Madrid y para ello no le han hecho falta estridencias, ni ruedas de prensa altisonantes, sino simplemente volver a los valores y a la cultura del club de Chamartín. Y el que crea que todo ésto no cuenta, o que no es tan importante como saber de tácticas o acertar con os cambios, convendría que pensara en lo difícil que le está resultando a Guardiola triunfar más allá de nuestras fronteras pese a ser, bajo mi punto de vista, un entrenador descomunal. Sin embargo, lo que está haciendo en el City, al igual que lo fue lo del Bayern, es contra cultural y así lo está pasando el hombre. Los valores corporativos, la cultura empresarial, otorgan al líder legitimidad y son claves para el éxito de cualquier equipo. Incluso los futbolísticos.

Decía Florentino cuando llegó que a ver por qué "Del Bosque no podia ser su Ferguson", en alusión al mítico Manager del Manchester United. Nos basta con que Zizou siga siendo Zizou, pero que se quede muchos años, con independencia de lo que pase en Cardiff. Estoy de acuerdo con Florentino. Tenemos al mejor entrenador del mundo... al menos para el Real Madrid. ¡Qué nos dure!

domingo, 7 de mayo de 2017

Crisis de Valores y Corrupción

Algunas Ideas

Bueno, pues ya estoy de vuelta por aquí, por esta especie de diván en la que se ha convertido El Disparadero en los casi 9 años que llevo compartiendo inquietudes y vivencias con todos vosotros. De entrada os pido disculpas por este parón, pero han sido los tres meses más intensos de mi vida. Sí, ya sé que como diría mi buen amigo Francisco Alcaide, todo es cuestión de prioridades pero también es cierto que la obligación supera a la devoción, y que aunque en mi caso sea cierto que ambas variables tiendan a confundirse, el día a día en bodega, el máster en IESE y las clases en la Universidad han copado la mayor parte de mi tiempo. En cualquier caso, me alegro de volver a pasarme por aquí y prometo no dejar pasar tanto tiempo entre este y el próximo post.

En estas últimas semanas una mezcla de indignación y estupefacción recorre mi interior con los titulares que semana sí, semana también, inundan nuestros medios de comunicación. ¿Queda algo sano en nuestras instituciones políticas? ¿No hay nadie decente que se quiera dedicar a la política? De acuerdo, estas preguntas son injustas, como siempre que se generaliza. Y estoy seguro, y me alegro de haber conocido a algunos de ellos, que existen personas de bien, con clara vocación pública que se dedican a a la política con la esperanza e ilusión de cambiar las cosas, de hacer de éste mundo y de nuestro país un lugar más habitable. Gente a la que, precisamente, los escándalos les duelen especialmente. Sin embargo, es lícito que la gente de a pie nos sintamos así. La factura de esta crisis ha sido tan asimétrica que determinadas noticias son humillantes. Pero tranquilos, que no quiero que este post se convierta en una retahíla de clichés de esas que se leen tan a menudo en decenas de medios de comunicación. Hoy me quiero fijar en la parte menos vista de todos los escándalos, o al menos la que pasa algo más desapercibida: la empresarial. Porque detrás de un político corrupto siempre hay quién pone el dinero en el sobre.  

Siempre he creído que la profesión del empresario es, a priori, una de las más nobles del mundo. Una persona arriesga su patrimonio buscando con el mismo crear más riqueza. Por supuesto para él, pero también para la sociedad en la que se desenvuelve a través de los puestos de trabajo que crea y de las relaciones económicas que fruto de dicha actividad se generan en una colectividad. Una compañía es ella y su cadena de valor. Toda la riqueza que se genera en una economía parte de la empresa y de la gente que participa en su cadena de valor. No es cuestión de ideología, sino de pura teoría económica. Los ingresos que percibe el estado los recibe vía impuestos que provienen de los salarios que pagan las compañías a sus empleados y directivos, bien de manera directa a través del IRPF, bien de forma indirecta con impuestos tipo IVA o especiales. También con el porcentaje sobre los benecios de la empresa que el herario público recauda cada año, e incluso a través de la parte que retiene de los dividendos a los accionistas o de los intereses de tu cuenta corriente y de la mía. 

Pero hay más. Cuando todo lo que recauda el estado es insuficiente para mantener los servicios públicos, éste se endeuda. Para ello acude a la emisión de bonos públicos que pueden suscribir particulares con sus ahorros (que derivan de sus salarios, esos pagados por las empresas), o incluso los bancos con mis ahorros y los tuyos, por cuanto una de las realidades económicas que siempre se cumplen es que la Inversión siempre es igual al Ahorro. Con todo ello el estado financia el estado de bienestar, paga los salarios de sus funcionarios y acomete las inversiones precisas que permitan un desarrollo igualitario de la sociedad.

Cuando Adam Smith desarrolló su famosa teoría de la mano invisible, siempre daba por sentado que para que el mercado funcionase, las personas que participasen en el mismo debían comportarse conforme a la ética. Y es que como muchas veces hemos apuntado por aquí, el genio escocés era catedrático de filosofía moral en Oxford. Lamentablemente, de un tiempo a esta parte hemos observado como se ha pervertido el concepto de la maximización del beneficio hasta límites insospechados. Bajo el prisma de Adam Smith, la maximización de beneficios era un medio para alcanzar una asignación óptima de los recursos, para que el óptimo social y económico se alineasen, para que, en definitiva, el progreso económico y social fueran de la mano. Sin embargo, hoy en día la maximización del beneficio ha tornado en un fin en sí mismo, en una especie de "todo vale" maquiavélico que lleva a las empresas a hacer lo que sea con tal de presentar los mejores números posibles sin importar los medios empleados para ello. Incluido poner un sobre con dinero para ganar ciertos contratos u obtener favores políticos.

La corrupción pone en riesgo la convivencia de las sociedades por cuanto se vulneran los principios de justicia e igualdad que amparan las constituciones y ordenamientos jurídicos vigentes en casi todas las naciones, se compromete también el desarrollo sostenible de las mismas y el disfrute de los derechos humanos de las personas que las conforman. Además, tiene impactos muy negativos en los mercados, ya que distorsiona la asignación de recursos al manipular los precios de los productos y servicios, genera cargas financieras significativas para las propias empresas y daña la reputación de las compañías. Pero por encima de todo lo anterior, tiene un efecto devastador sobre aquellas empresas que deciden no pasar por el aro y se ven fuera de una buen parte del mercado simplemente por hacer las cosas bien y comportarse confore a la ética. Ello, de facto, lleva implítico un mensaje demoledor: estamos creando una sociedad en la que a los corruptos les va mejor.

¿Cómo se puede actuar contra la corrupción? Comenzando por la educación. Es clave que inculquemos una cultura de esfuerzo y valores a los más pequeños, pero también que desde las escuelas de negocio y universidades se haga hincapié a los alumnos en que nada perdura sin la ética y que tenemos que cambiar el chip, que se trata de crear valor para el accionista, y de esta forma para toda la sociedad, pero que hay que hacerlo de forma sostenible y a largo plazo. Pero también necesitamos una clase política que realmente haga su labor. El papel del estado en un sistema económico, al menos desde un marco puramente teórico, es el de ayudar a resolver las ineficiencias de los mercados, marcar unas reglas del juego claras para todos que alineen la norma moral y la norma legal, a la vez que permitan el desarrollo económico de la mano del desarrollo social. Es clave bajo ese prisma que los políticos ahonden en la importancia de la transparencia, suya y de las empresas, como lo es también que las personas tomemos consciencia de que podemos ejercer la democracia con cada decisión de compra o inversión que tomemos en nuestro día a día. Los mercados siempre se mueven hacia dónde hay mayor rentabilidad, y si hacer las cosas conforme a la moral es rentable, aunque sea por meros objetivos pragmáticos y utilitaristas, hacia allí se desplazarán muchas compañías.

Pero rebobinemos un poco. Para que todo ello sea posible, necesitamos inculcar valores, esos a los que hacía alusión antes, y comprender que al final tanto las empresas como los partidos políticos no dejan de ser entes dentro de un sistema más grande llamado sociedad, y que nunca podremos exigirles a ambos comportamientos que nosotros, bien como personas, bien como el colectivo que somos, no estemos dispuestos a dar. 

Ayer le comentaba a un compañero del máster, medio en serio, medio en broma, que en el fondo yo era un poco de la generación del 98, aquella a la que le "dolía España". Bueno, algo de ello hay, pero sin dejar de lado mi optimismo vital irreductible. Creo que en los jóvenes que vienen, creo en los nuevos empresarios que salen de las escuelas de negocio y creo sobre todo en las posibilidades del ser humano por seguir mejorando. Esta crisis ha sido terrible y siempre hubo voces que señalaron que antes de ser económica y financiera, lo era ya de valores. Los escándalos de corrupción que se han destapado, los que estamos comenzando a ver y los que vendrán, así lo atestiguan. Lo bueno de la vida es que a veces un manguerazo de realidad nos pone en perspectiva y nos ayuda a replantearnos las cosas. Seguro que dentro de unos años volverá a haber otra crisis económica, pero en nuestra mano está llegar a ella de otra forma. Cuestión de valores, como casi todo en esta vida.

sábado, 4 de febrero de 2017

En la Intersección

Algunas Ideas

Confieso que me he sentido un poco más tranquilo cuando he visto que la esperanza media de los varones españoles ha subido hasta los 80 años en la última revisión que se ha llevado a cabo sobre este indicador. Vamos, que estadísticamente hay Fernando para rato, que aún ni siquiera he llegado a la mitad de mi camino pese a los 39 eneros que me cayeron hace unas semanas. Sí, ya sé que las cosas no funcionan así, que la vida te da sorpresas (buenas y malas) y que por ello tal vez no merezca la pena planificar, por cuanto se trata de VIVIR y no de posponer las cosas para cuando creamos que nos van a venir mejor. Que nadie me entienda mal, tampoco se trata de ir como pollos sin cabeza por el mundo por cuanto creo que sí que es crítico saber hacia dónde te quieres dirigir, pero siempre sabiendo que hay que tener la cintura y la humildad suficiente para aceptar que las cosas vienen cuando y como vienen, y no en función de nuestras apetencias y deseos. O como decía Oasis en su maravillosa canción "The masterplan", que la vida no nos hará comprender que en el fondo todos formamos parte de un plan maestro.

Nunca he ocultado que admiraba a Steve Jobs. Sí, ya sé y más aún tras leer su biografía, que era una persona difícil, con un carácter cambiante y que la convivencia con él no debía ser sencilla, pero además de su capacidad para generar entornos dónde la creatividad y el talento fluían como en ningún otro lado, siempre me pareció descomunal su capacidad para desarrollar un conocimiento tácito, ese que no se enseña en las Universidades, que tiene que ver con la intuición y con cómo absorbes todo aquello que te pasa en tu día a día. Luego, si añades a tu existencia un puntito de reflexión  y madurez, si eres capaz de vez en cuando de mirar las cosas con perspectiva, llega un día en el que te das cuenta de que todo aquello que has vivido tiene sentido, que las cosas encajan y que nos han pasado para algo, no por algo, que depende de ti mismo y de tu actitud ante la vida el que sean un acicate para crecer como persona. El famoso discurso de Steve Jobs en Stanford me sigue poniendo los pelos de punta.

Soy una persona curiosa compulsiva y por naturaleza. Siempre me he cuestionado muchas cosas y he tratado de encontrarle el sentido a casi todo lo que me pasaba. De pequeño debía prometer, por cuanto con 5 años mis vecinos mayores se reían de mi llamándome el "filósofo". Tal vez por ello siempre he estado en búsqueda permanente, incluso tratando de comprender quién era realmente yo. Nos cuesta reconocerlo, pero muchas veces somos nosotros mismos nuestros mayores desconocidos. No es fácil mirarse en el espejo y decirse las verdades del barquero (que diría aquel) a uno mismo. A ver, que tampoco se trata de machacarnos, que tenemos que ser también algo indulgentes con nosotros mismos, pero que nos cuesta salirnos de lo establecido, de lo que socialmente nos han vendido como valores, aún cuando sepamos en el fondo que nos esclavizan y no nos hacen más felices, pero que damos como buenos porque es lo que hay. No sé, pero a mi el dinero, el prestigio o el poder me importan un bledo. Me importa que los que me quieren estén ahí y poder dormir con la conciencia tranquila sabiendo que todos cometemos errores y que siempre será así.

Con todas mis contradicciones, con mis idas y venidas, por primera vez siento que empiezo a hallar respuestas, que voy teniendo claro lo que quiero ser, cómo quiero que sea el puzle de mi vida. Las piezas encajan y observo con ilusión que lo se esboza me gusta. Estoy disfrutando como un enano en el IESE, como llevo haciéndolo en la bodega desde hace mucho tiempo pese a las dificultades sufridas estos años. Amo lo que hago, mi trabajo y la gente con la que me rodeo, y aún me sigue emocionando comprobar cómo los afectos que he ido cultivando, los nuevos y los de siempre, me siguen desbordando con su cariño. Puede que muchos no lo sepáis, pero la mía es la mejor profesión del mundo. Como señalaba Clayton Christensen en su artículo “How will you Measure your Life?”, publicado en la Harvard Business Review, la Dirección de Empresas "es la profesión más noble si se lleva a cabo de la manera correcta. Ninguna otra ocupación ofrece tantas formas de ayudar a otras personas a aprender y a crecer, a asumir responsabilidades y ser reconocidas por sus logros y su contribución al éxito de un equipo”. Si te gustan las personas como a mi, tu sitio está en una empresa.

Me siento en un momento pletórico, agradecido a la vida y a Dios pese a las circunstancias tan difíciles que en el 2016 me tocó vivir, ideal para tomar decisiones y seguir avanzando, para ver cuál es el camino que me seguirá permitiendo crecer como persona. No es sólo una mera cuestión de autorrealización, sino que habita en mi una eterna una motivación trascendente: intentar poner mi minúsculo granito de arena para hacer de éste mundo un poco mejor. Y en estas, cuando menos me lo esperaba, cuando más lío tengo, me llegó la oportunidad que durante tantos años había estado esperando, la de poder ser Profesor Asociado en la Universidad Complutense. ¿Debo aceptar? ¿Puedo con ello en este momento de mi vida? ¿Por qué ahora y no hace unos años? La vida no deja de ser una toma de decisiones constantes que van configurando nuestro caminar. Hace algún tiempo tal vez hubiera pospuesto la decisión, pero como decía al principio las cosas vienen cuando vienen, no cuando uno quieren que le lleguen.  Hoy sé que no podemos dejar para más adelante el sacarle todo el jugo a la vida, por cuanto, como también comentaba en un post de hace algún tiempo, Horacio tenía razón con su Carpe Diem.

Como no podía ser de otra forma pero tras una profunda reflexión, voy hacia adelante. He dicho que sí. Me he preparado durante mucho tiempo para ello y sé que no hay retos demasiado grandes, sino falta de voluntad para acometerlos. De momento serán poquitas horas, por cuanto el Máster y el trabajo son mi prioridad en estos momentos, pero como en todo lo que me embarco, pondré todo mi corazón e ilusión para ayudar a que mis futuros alumnos crezcan sobre todo como personas. Y sin embargo, lo que más me emociona es recordar cómo inicié este camino hace ya muchos años. Casi 12, la verdad, cuando decidí hacer un doctorado. Recuerdo los peores momentos en bodega, cuando apenas tenía tiempo para avanzar. Cuando me cerraban puertas y me desanimaban respecto a la investigación que estaba llevando a cabo. Jesús, mi tutor, dijo el día de la defensa de mi tesis que lo mío había sido una constante carrera de obstáculos. Creo que mi principal mérito fue no haberme rendido nunca, pero hoy sé que todas aquellas dificultades me hicieron más fuerte, crecer como persona, ser más completo. También hoy cobran sentido todos los sinsabores profesionales y personales vividos, cuando casi, casi me ponia en plan Conde Duque de Olivares cuando se perdió Flandes, con una visión trágica de la vida. Sé que mis abuelos Mary, Chelo y Fernando, mi tía Josefina y Santi (que me dictaba datos en los veranos de Gandía), los cuales me vieron comenzar este camino perfectamente trazado y reflexionado, estarán felices por mi y disfrutando de mi felicidad, por cuanto saben lo mucho que siempre he peleado por este sueño. Una gran amiga me sugirió hace unos días, cuando le conté todo ésto, que lo rezara. Dios escribe derecho con renglones torcidos y si todo ésto me llega ahora, será para algo también.
 
No es la primera vez que me ocurre, pero estoy en la intersección y como siempre que hay que coger un camino, me invade una cierta sensación de vértigo. Sin embargo, asumo que el éxito es vivir la vida que uno quiere, conforme a unos valores y siendo feliz con lo que se hace. Técnicamente puede que esté en el ecuador de mi vida, pero como dijo el sacerdote en el funeral de mi primo Santi este verano, no es tan importante "cuánto" se vive, como el "cómo" se vive. Por mi parte que no quede Poquito a poco voy hallando respuestas y gestionando mejor mis miedos. Como diría Nacho Vegas, nuevos planes, idénticas estrategias: ser feliz.


Dedicado a todos y cada uno de mis profesores, desde el jardín de infancia hasta los actuales en el IESE. Si quiero ser profesor es también por todos ellos. Desde aquí les mando todo mi cariño, admiración y gratitud por todo lo que de ellos he recibido.