domingo, 28 de enero de 2018

La (mala) Gestión del Éxito

Algunas Reflexiones

Mi buen amigo Paco Alcaide lo definió como fenómeno de fenómenos y no le faltaba razón, porque en el fondo el fútbol es algo completamente irracional y nos lleva, a menudo, a sacar los instintos más primarios. Y es que, si lo pensamos bien, no existe una marca en el mundo más potente que la de un club de primer nivel. Los que somos del Madrid llevamos desde hace un par de meses llevándonos un disgusto tras otro, pero aquí seguimos. El miércoles, al finalizar el partido contra el Leganés, juré que no volvía a ver ningún partido este año, soltando todo tipo de improperios acerca de los jugadores, entrenador y utillero de la primera plantilla del Real Madrid. Ayer, acompañando a mi padre, no me resistí a ver el partido junto a él. Aún así, pese a su componente emotivo, si eres capaz de dejar durante un ratito los sentimientos en un cajón y coges un poco de perspectiva, el fútbol es una fuente inagotable de lecciones vitales, y en mi caso, aplicables para el mundo de la empresa y la gestión de los grupos humanos. Durante mi vida profesional, han sido muchas las veces en las que he tirado de anecdotario y vivencias futbolísticas, como jugador y entrenador, como miembro importante de un equipo o como cuando me pudría en un banquillo cabreado como una mona con el entrenador porque no me daba bola. Experiencias todas que no sólo me hicieron crecer como persona, sino que ahora me han permitido salir airoso de más de un embrollo. El fútbol me permitió conocerme mejor, pero también conocer mejor cómo funcionan las personas, así como el difícil equilibrio entre ser justo y comprender que cada jugador necesita diferentes estímulos para rendir. Hay quien necesita palo, quien pide zanahoria y también quién necesita una ración de ambas para dar lo mejor de sí.

Pero dejo las batallitas para otro día y vuelvo al miércoles contra el partido contra el Leganés. Nada más terminar el mismo el diario Marca hacía una encuesta sobre la crisis del Madrid en su edición digital. Creo que no llegaban a 5 de los 25 miembros de la primera plantilla del club de Concha Espina, los jugadores a los que la afición salvaría en estos momentos. Y es que cuando las cosas van mal, lo razonable, y así lo asumimos todos, es tomar decisiones. Conviene no hacerlo en caliente, pero hay ocasiones en que no queda más remedio que meter el bísturí en un grupo humano y extirpar el tumor, extraer aquello que no funciona. Que nadie me entienda mal. Este tipo de situaciones nunca son fáciles y mucho menos agradables. Ponerte cara a cara para comunicar un despido, aunque sea disciplinario y más que justificado, decirle a alguien que no cuentas más con él, nunca es plato de buen gusto. Y si tienes algo de empatía, lo llegas a pasar realmente mal. Pero esa es una de las labores del directivo. Te contratan para tomar decisiones, las buenas y las malas, y a menudo no te queda más remedio que ponerte colorado. También piensas en cómo queda la moral del resto de la tropa, en las cicatrices que dicha salida puede ocasionar y siempre le das mil vueltas antes de afrontar una tesitura como la expuesta. 

Dice el refranero español que "a grandes males, grandes remedios", y no deja de ser una gran verdad. Sin embargo, la experiencia me dice que habitualmente los grandes males tienden a venir precedidos por graves errores, y cuando se trata de la gestión de grupos humanos, suelen ser a menudo por omisión. La peor decisión es la que no se toma y ello permite que muchas veces ciertos problemas, que atajados a tiempo hubieran sido anecdóticos, terminan enquistándose y enrareciendo el ambiente. De repente lo que funcionaba deja de hacerlo y es entonces cuando el refranero vuelve a nuestro rescate y nos recuerda que "de aquellos polvos, vienen estos lodos". Sin embargo, los problemas no surgen de repente, sino que tienen una génesis que no se supo diagnosticar.

¿Dónde se rompió el Madrid de Zidane? ¿Cómo puede ser que ese equipo que pasó por encima de la Juve en la final de la Champions en una de las mayores exhibiciones vistas en el partido cumbre de dicha competición, aquel que bailó al Manchester United en la Súper Copa de Europa, el que hizo que Piqué saliera en prensa reconociendo tras la Súper Copa de España que por primera vez sentía que el Madrid era superior, o el que se permitía ganar la liga arrasando con el equipo "B" en campos que tradicionalmente se le habían dado mal, de repente haya comenzado a hacer el ridículo ante equipos de presupuesto inferior, y se haya permitido perder ante el Barça hace apenas un mes como un equipo pequeño en su propio estadio?

Gestionar el éxito es lo más difícil del mundo. La tentación, cuando las cosas van bien en un grupo humano, es no cambiar nada. Se dice aquello de que no conviene tocar lo que ya funciona, y separa ignora que son dos las claves las que permiten que un equipo se comporte como tal: interdependencia y objetivo común. Cuando el segundo se alcanza, una vez que la adrenalina ha alcanzado sus máximos, suele venir un bajón considerable. Es entonces cuando el líder debe analizar si realmente es capaz de volver a motivar a los miembros de su equipo en pos de un nuevo objetivo, y si considera que realmente no es así, es cuando debe tomar decisiones, estando en la cumbre. Puede pasar por prescindir de ciertos miembros del grupo, o por incorporar a otros que realmente comprometan el protagonismo de los que ya están para que entre un nuevo estímulo que no permita la relajación, e incluso porque el directivo abandone el barco, entendiendo que vino para acometer un proyecto y que esa nueva etapa requiere de un nuevo ejecutivo que motive de nuevo al equipo.  Liderar, dirigir, motivar personas, nunca es una balsa de aceite. Se generan roces y con el tiempo cierto agotamiento. Los procesos pueden ser más rápidos (véase Mourinho) o más lentos (caso de Ancelotti). Diferentes estilos de liderzago pueden ser válidos para situaciones distintas, pero el timing siempre varía en cada caso. El directivo que entra a reestructurar una compañía y ponerla en valor, el que ha tenido que tomar decisiones complicadísimas con un amplio impacto en la plantilla de su empresa, rara vez vale para la siguiente etapa de relanzamiento. Y las personas buenas para relanzar organizaciones, probablemente no valgan para momentos de crisis que requieran soluciones quirúrgicas.

Ejemplos en el fútbol los hay de todos los colores. El Barça de Rikjaard, con Ronaldinho, Deco y Eto´o a la cabeza, con un joven Messi que comenzaba a asomar, maravilló a Europa. El ténico holandés no supo ver los evidentes síntomas de agotamiento de su equipo cuando perdió la liga contra el aguerrido Madrid de Capello. Laporta "dimitió" de sus obligaciones pensando que Rikjaard sería capaz de volver a poner orden y aquello acabó con el pasillo al Madrid de Schuster al año siguiente, con una plantilla mucho menor. Un sólo año después, Guardiola, aprovechando a la mayoría de aquellos jugadores y haciendo algunos cambios (algunos dolorosos) lograba aquel histórico 2 - 6 en el Bernabéu. Y estando arriba, habiéndolo ganado todo, se "cargó" a Eto´o para mantener la tensión en el grupo. Guardiola, además, supo irse del Barça y del Bayern cuando comprendió que aquellos grupos humanos a los que entrenaba necesitaban un nuevo estímulo que él ya no iba a ser capaz de dárselo. La España del "tiqui - taca" que enamoró en las Eurocopas del 2008 y 2012, así como en aquel inolvidable Mundial de Sudáfrica, sin embargo, terminó saliendo por la puerta de atrás en el la edición de Brasil 2014 y en la Eurocopa de 2016. Se intentó estirar un equipo que ya no daba más de sí. Y el Madrid este año evidencia cosas que ya se percibían la temporada pasada: que Benzema está de vuelta, y que, quizás, pese a su exhibición en el último tramo de la competición, era el momento de vender a Cristiano Ronaldo.

Lo que digo puede sonar ventajista, pero las personas que me conocen saben que ésto lo llevo diciendo hace muchos meses. ¿Cómo prescindir de Benzema tras su jugadón ante el Atleti? ¿Cómo vender a Cristiano tras sus 10 goles decisivos de la Champions? ¿O cómo no dar otra oportunidad a Ronaldinho 2006 pese a su evidente decadencia física con todo lo que había dado al Barça? ¿O cómo no renovar a Del Bosque para que estuviera en Brasil 2014 con todo lo que había ganado? Prescindir de aquellos que te han llevado al éxito es durísimo, pero los directivos estamos para tomar decisiones, para prevenir problemas y no para promover la autocomplacencia. Se debe poner el corazón cuando se dirige, pero no se debe dirigir con el corazón. Esa es una de las lecciones más duras que todo ejecutivo debe interiorizar. 

Hace un par de años parecía imposible que Rafa Nadal volviera a ganar un Gran Slam y en su equipo se tomó una decisión completamente disruptiva: se fichó a Carlos Moyá y Toni Nadal anunció que a final de temporada dejaría de formar parte del staff técnico del Manacorí. Es muy difícil encontrar ejemplos como el de Nadal o Federer, que tras más de 15 años en la cima del tenis, no se cansan de ganar, pero hasta los más grandes necesitan de nuevos estímulos. Desde entonces, Rafa ha ganado en París y EEUU. ¿A alguien le sorprendería que volviera a levantar la Copa de los Mosqueteros en Roland Garros esta primavera?

El reto que tiene Zidane por delante es apasionante y de muy difícil solución. A su favor juega que tiene una plantilla con vergüenza torera y un mundial por delante que para muchos de sus mejores jugadores será el último que afrontarán con plenitud. Es muy posible, además, que la preparación física haya ido enfocada a hacer un tramo final muy fuerte, justo como el año pasado, pero es ahora cuando tiene que mostrar que, además de un gestor de egos, tiene soluciones para un equipo que se le ha caído con todas sus piezas. Si se obrase el milagro y el Madrid terminara levantando algún trofeo a final de año, convendría que tanto Zidane como Florentino Pérez tomasen medidas y no se dejasen llevar por la nostalgia de un grupo humano, que  como bien apuntó Butragueño, nos ha hecho muy felices a todos los madridistas logrando el mejor año de la historia del club. No deben olvidar que el Real Madrid ya sobrevivió a la salida de Di Stéfano en su día y que el club está ahí. Las personas tendemos a estar de paso y son las instituciones las que perduran, pero nuestro corazoncito nos impide verlo con perspectiva.

Termino reconociendo que hay algo de oportunismo en este post, por cuanto estas líneas las podía haber escrito en verano, cuando ni yo mismo podía intuir un desplome semejante y sólo pensaba que a este equipo le faltaba un "9", pero la vida no deja de ser aprendizaje continuo y yo disfruto con ello. Sobre todo con un buen partido por delante. El "fenómeno de fenómenos" nos lo recuerda todas las semanas.

martes, 26 de diciembre de 2017

14 Años sin Sara

Pequeño Homenaje a una Gran Amiga

La vida es maravillosa pero de vez en cuando tira a matar. Ocurre cuando suceden cosas contra natura, que no son las que deberían venir en el guión a estas alturas de la película y que te pegan un desgarrador manguerazo de agua fría cargado de realismo que necesariamente te pone en perspectiva. El tiempo no lo cura todo, o al menos así lo vivo yo. A lo sumo te permite colocar ciertas cosas, por cuanto arrancar estas líneas me cuesta tanto como recordar aquel fatídico día en el que quería creer que todo era mentira, que simplemente era una pesadilla de la que no tardaría en despertar. 

Sara fue una amiga excepcional y así la recordaré siempre. Quedan guardados a buen recaudo en mi corazón las anécdotas del cole, aquel verano en Irlanda o nuestro viaje a las Fallas del año 95. Nuestros partidos de fútbol, nuestros debates sobre el Real Madrid y todas aquellas llamadas que nos hacíamos para contarnos nuestras confidencias. Mis cumpleaños, los suyos y. nuestros cafés para contarnos nuestros ligues del momento. Nunca olvidaré la última noche de fiesta que compartimos y la frase que me dijo al despedirnos: "Fernando, llama. Pero de verdad, ¿eh? Que nos conocemos...". Aquellos meses fueron complicados para mi y necesité desaparecer un tiempo, no dar explicaciones. Me costaba contar que mis padres se estaban separando, que mi familia se deshacía. Y así fueron pasando los días, las semanas y algunos meses. Una gilipollez como un piano por mi parte. No le llamé y sé que me arrepentiré toda mi vida. Cuando pasaba alguna temporada así, Sara me tiraba de las orejas y yo siempre hacía propósito de enmienda para terminar riéndonos ambos. Aunque hubiera temporadas que hablásemos más o menos, siempre terminábamos encontrándonos de nuevo.

Así que quizás escriba estas líneas por necesidad. Quizás este pequeño homenaje que año tras año le brindo en este blog sea mi manera de colocar las cosas, de buscar los "para qué". Incluso puede que sea lo más parecido a llamarla para decirle lo mucho que la echo de menos, que fue una amiga extraordinaria y que jamás me olvidaré de ella, que me encantaría que me volviese a "regañar" para después tirarnos una hora y media al teléfono poniéndonos al día y concretando cuándo nos íbamos a ver de nuevo. O simplemente este pequeño homenaje no sea otra cosa que expresar que podrán pasar los años, pero que siento que Sara sigue estando presente en mi vida casi a diario y que confío que siga siendo así siempre. Como lo cantaban Los Secretos... Con lo que nos gustaban a ambos...

sábado, 23 de diciembre de 2017

Vinos para Estas Navidades

Algunas Sugerencias

Me encanta hacer este post cada año, aunque tengo que reconoceros que también es el que más trabajo me cuesta escribirlo. Recopilar notas de cata, aunque Vivino se haya convertido en una gran ayuda, no es sencillo cuando tienes la oportunidad de probar tantos vinos a lo largo del año. Y pasa otra cosa también, que al final se trata de que sea un post para todos los públicos. Con esa filosofía, os paso mis recomendaciones enológicas para estas fechas. Como siempre, marco algunas pautas: la primera, no están los mejores vinos de España o del mundo, sino sólo aquellos que haya catado durante este 2017 y me hayan llamado la atención. Este año, por cierto, hay más Riberas que de costumbre; la segunda, tengo en consideración el precio; y la tercera, no tengo ningún prejuicio. ¡Qué los disfrutéis!

Vinos de Excelente Relación Calidad / Precio (menos de 10 euros):

- Finca Resalso 2016: Tinto. El vino Roble de Emilio Moro me sigue pareciendo de una calidad extraordinaria para el precio que tiene.  Precio, 7,60 euros.

-  PRADOREY Roble 2016: Tinto. Un clásico en esta categoría. Este año más goloso y más frutal que en añadas anteriores. Está encantando. Precio, 6,90 euros.

- Abadal Picapoll 2016:  Blanco. Me encanta este vino elaborado con una uva autóctona que hasta hace poco estaba en regresión. Con más frescura de lo que uno podría esperar de un vino blanco mediterráneo. Precio, 8 euros.

- PRADOREY Verdejo Selección Especial 2015: Blanco. Sigo creyendo que la variedad verdejo es de las más versátiles e interesantes del panorama vitivinícolo europeo, pero hay que salir de la espiral actual de la DO Rueda, enfocada en vinos baratos. Este Verdejo es un fumé, con un ligero paso por barrica y crianza sobre lías. Sorprendente. Precio, 9,95 euros.

- José Pariente Verdejo 2016: Blanco. Otro clásico en este listado. Un blanco exquisito que nunca falla. Fresco y afrutado, pero con cierta complejidad. Precio, 8 euros.

-  Quintaluna Verdejo 2016: Blanco. Pago de Carraovejas compró Ossian hace un par de años y los vinos que están elaborando son tan interesantes como los de la bodega de Peñafiel. Se trata, además, de un verdejo de larga duración. Precio, 8 euros.

- PRADOREY Rosado Fermentado en Barrica 2016: Rosado. Tempranillo y Merlot a partes iguales bien criados durante tres meses en barrica. El resultado, un rosado espectacular y contundente que maridará incluso hasta con un asado en estas fechas. Precio, 8 euros.

- Chan de Rosas Clásico Albariño 2016: Blanco. Lo probé por casualidad y no sólo me parece que marida estupendamente con la comida asiática, sino que creo que se trata de un vino de una excelente relación calidad precio. Precio, 8,50 euros.

 
 Vinos para los que Buscan Algo Más (Entre 10 y 20 euros)

- Emilio Moro 2015: Tinto. Recientemente nominado entre los mejores 100 vinos del año por el Wine Spectator estadounidense. Aún en crecimiento, pero ya asoma un gran potencial. En la línea de su fantástico 2014.

- Adaro 2014: Tinto. Remata la añada de manera extraordinaria y se muestra en plenitud. Tiene el carácter de Ribera del Duero, pero recupera la elegancia de los vinos de antaño. Calidad / precio excepcional. Precio, 15 euros.

- Arzuaga Crianza 2014: Tinto. El mejor crianza que yo haya probado de Arzuaga hasta la fecha. Mucho más frutal que en añadas anteriores y con la madera menos marcada. Precio, 18 euros.

- Carmelo Rodero Crianza 2014: Tinto. Se muestra en plenitud. Puro carácter de la Ribera del Duero que irá estupendamente bien con cualquier carne. Precio, 17,50 euros.

- Pazo Barrantes 2016: Blanco. Todo un clásico que muestra el potencial de la uva albariño. Te sorprenderá si no lo conoces. Precio, 14,50 euros.

- Nobile Icon 2014 Sauvignon Blanc: Blanco. Desde Nueva Zelanda traigo este Sauvignon Blanc sorprendente, que recuerda a los de Sancerre. Sorprenderá a propios y extraños. Precio, 18,50 euros.

- El Cuentista 2015: Blanco. Se trata de la segunda edición del primer blanc de noirs de la historia de Ribera del Duero. Recién salido al mercado, supera con mucho al 2013. Madera menos marcada y con mucha más frescura. Marida con todo. Precio, 15 euros.

-  PR3 Barricas 2011: Blanco. Se trata de un Gran Reserva pero en categoría verdejo. Una auténtica pasada de aromas que conviene decantar. Además de ir bien con pescados, su estructura le permitirá maridar estupendamente con carnes blancas. Precio, 15 euros.

-  PRADOREY Finca Valdelayegua 2014: Tinto. Calidad precio, uno de los mejores vinos en la actualidad en Ribera del Duero. Redondo y en plenitud. Precio, 12,50 euros.

Para Wine Lovers (entre 20 y 30 euros)

- Aalto 2015: Tinto. Otro clásico de esta selección. Aún con enorme potencial, se muestra en juventud. Todo el carácter de la Ribera del Duero envuelto en elegancia. Precio, 30 euros.

- Protos 27 2014: Tinto. Una agradabilísima sorpresa. Me ha encantado este nuevo vino de la bodega ubicada en Peñafiel. Tiene un corte diferente al resto de vinos de Protos. Precio, 24,90 euros.

- Cloudy Bay Sauvignon Blanc 2016: Blanco. También de Nueva Zelanda, como el Nobile Icon. Me gusta incluso más este de Cloudy Bay, de mis favoritos de siempre. Y relativamente sencillo de encontrar en España. Precio, 22,50 euros.

- PRADOREY Élite 2014: Tinto. Recién salido al mercado, se muestra más fino y fresco que el interesante 2011. Muy poquitas botellas de algo que es realmente único, por cuanto nadie sigue utilizando este clon. Precio, 24,90 euros.

- Verdling 2013 Dulce: Blanco. Elaborado por Ossian. Con un equilibrio que sorprende. Maridará pescados, comida asiática y ciertos aperitivos. ¿Quién dijo que en Rueda no se podían hacer cosas interesantes?

- Pago de Carraovejas Crianza 2014: Tinto. Imagino que será difícil encontrar esta añada en los lineales. Y es más, el producto ha cambiado en esta añada 2015. Un vino de los que no falla. Precio, 27 euros. 

- Tomás Postigo 2015: Tinto. Extraordinario. Llevaba un par de años sin catar este vino y la verdad es que me parece que esta cosecha supera a las anteriores. Precio, 22,50 euros.

- La Vicalanda Reserva 2010: Tinto. Sigo teniendo en mente aquel maravilloso 2001, pero este 2010 no está nada mal. Y como buen reserva, seguirá mejorando en botella. Precio, 24 euros.

- José Pariente Cuvee Especial 2015: Blanco. Otro de los mejores exponentes de Rueda y aún con recorrido. Versátil. Precio, 22,50 euros.

Vinos para Sibaritas (por encima de 30 euros)

- El Anejón 2010: Tinto. Maravilloso vino de Pago de Carraovejas. Unidades limitadas para bolsillos con cierto poder adquisitivo, pero que verán recompensada con creces su inversión. Precio, 73,90 euros.

- Gaja Ca´Marcanda Vistamare 2014: Blanco. Gaja es una súper bodega italiana que elabora en la Toscana y el Piemonte. Y cuando uno cree que fundamentalmente hace tintos, descubre este blanco que te sorprende. Precio, 35 euros.

- Chateau Guadet 2007: Tinto. Uno de los Premiere Cru de Saint Emilion. Esta añada 2007 está muy por encima de la media en un año difícil en Burdeos. Muy interesante. Precio, 60 euros.

- Dr. Bürkin Wolf 2012: Blanco. Me encantan los Riesling y este me ha parecido de los mejores que he tenido la oportunidad de catar en muchos años. Seco. Precio, 48 euros.

- El Buen Alfarero 2016: Tinto. Sólo unos pocos afortunados podrán catar este vino al que ya dediqué un post hace tan solo unos días. Se trata de algo extraordinario que trata de reflejar la pureza de la uva tempranillo. Precio, 120 euros.

Con Burbujas:

- Juvee & Camps Brut Nature Reserva de la Familia 2013:  Cava. Se puede empezar con Cava, continuar con Cava y terminar brindando con Cava. Y este es un gran ejemplo. Precio, 15 euros.

- Albert i Noya 2011 Brut Nature: Cava. Otro magnífico exponente del cava que se elabora en Cataluña. Precio, 13,50 euros.

- Artadi Brut Vintage 2013: Cava. Nunca dejará de sorprenderme la bodega riojana. En esta ocasión, con este cava tan interesante. Precio, 14,50 euros.

- Gramona Imperial Gran Reserva 2010: Cava.  Una de las bodegas clásicas y uno de sus vinos más representativos. Precio, 18,50 euros.

Y poco más que añadir además de felicitaros las fiestas. Espero pasarme de nuevo por aquí muy pronto.

¡Feliz Navidad!

sábado, 25 de noviembre de 2017

El Buen Alfarero

Sobre Personas y Vinos

Lo primero disculparme por tardar en pasarme por aquí. La verdad es que me temo que mientras esté en el Máster voy a ser un poco "Guadiana". Comencé este curso con un intensivo en Brasil y ya ha sido un no parar. Sumémosle el día a día del trabajo y las clases en la Universidad. Espero no volver a fallaros de una forma tan prolongada, aunque hasta mayo es posible que no sea capaz de recuperar mi regularidad de antaño. En cualquier caso, siempre es estupendo pasarse por aquí, sobre todo cuando tengo algo tan importante que contaros como lo que es "El Buen Alfarero", el nuevo vino que lanzamos oficialmente al mercado en PRADOREY esta semana.

Pero este post no va de vinos. O al menos no sólo de ellos. Esta entrada quiere hablar de personas, de nuestras vidas y de lo que hacemos con ellas. Incluso de lo que podríamos llegar a hacer. Si ha habido una persona que me ha marcado profundamente ha sido José Antonio Romeo, un sacerdote marianista, profesor mío en el colegio y quien me invitó a conocer lo que era (y es CEMI). Falleció en 2008, pero los 13 años que disfruté de sus enseñanzas, amistad y cercanía, me cambiaron para siempre. Un día, hablando con él en una reunión de mi comunidad, nos hizo una analogía preciosa entre lo que eran nuestras vidas y un trozo de barro, y que gracias a esa libertad que el Padre bueno nos daba, estaba en nuestras manos hacer de ellas una obra de arte, única e irrepetible, o un churro que pasara desapercibido. Sus palabras me han acompañado en casi todas las decisiones importantes que he tomado en mi vida, con mis aciertos y mis errores. Que al final nadie es perfecto y asumo que en esto de hacer de tu vida una obra de arte, o al menos intentarlo, funciona (mal que me pese) lo de la prueba y el error.

En esta época de las Redes Sociales que vivimos y siendo un observador empedernido como me considero, siempre me ha llamado poderosamente la atención cómo nos proyectamos a través de las mismas. A todos parece irnos fenomenal. Todos salimos guapos en las fotos. Todos parecemos estar siempre felices. Somos un caso de éxito en nosotros mismos. Nos gusta que nos etiqueten. En las fotos y en la propia vida. Y así, a menudo, tendemos a perdernos en la masa, tratando de vivir la vida de otros, conforme a las normas que socialmente se nos imponen, o damos por impuestas, pero olvidándonos de quiénes somos realmente, sin valorar si esas normas nos hacen más felices o si por el contrario nos esclavizan y nos alejan de tomar la iniciativa al respecto de aquello que querríamos llegar a ser. Como escribía hace unos días en Facebook, vivimos en la sociedad del tener, del pretender incluso, pero nos olvidamos del "ser", y el resultado, a menudo, son personas vacías, o que viven su vida de una forma que no es la que querrían para sí. De alguna forma todos estamos, en mayor o menor medida, encorsetados. 

Esa manera de proceder ha llegado hasta los lugares más recónditos de nuestra sociedad. También al mundo del vino, claro está. Hoy en día cuesta mucho averiguar el origen de cada caldo por cuanto las técnicas enológicas tienden a estandarizar a aquellos y a hacerlos muy similares. Por supuesto, Borgoña no es Ribera del Duero y Rioja no es Jumilla, pero dentro de una serie de estándares, resulta difícil saber qué uva es la que lleva la voz cantante en una botella en una cata a ciegas. Digamos que cuesta salir de la corriente y al final se pone el énfasis en lo que te hace ser uno más y no tú mismo, con tu maravillosa originalidad.

Pero hay momentos en la vida de las personas en las que no hay disfraz que valga. Ni las redes sociales pueden evitar que en algún momento te mires al espejo y te observes tal cual eres. Siempre hay un momento de soledad en el que no hay lugar dónde esconderse de tus virtudes y tus defectos, esos que nos recuerdan que somos irremediable y maravillosamente humanos y que, como decía José Antonio, tenemos en nuestras manos hacer de nuestra existencia una obra de arte. Al final, cuando eres fiel a tus valores y a tus principios, cuando aprendes también a no escuchar de vez en cuando, cuando te sientes libre, en definitiva, es cuando puedes llegar a ser la mejor versión de ti mismo. Y entonces sí, la cosa se pone interesante. Porque el Padre Bueno nos hace libres y quiere que así sea también nuestra vida. ¿Por qué nos empeñamos en complicárnosla? Si alguien entendió esto a la perfección fue mi primo Santi. Y su carta a un "Buen Alfarero" me desarmó por completo. En bodega Fran, nuestro enólogo, ya había tenido la idea de trabajar el vino en el barro, pero aquel funeral fue el que realmente me hizo ver las cosas claras. Apenas unos días más tarde, ya estábamos en ello. Fran se puso a buscar tinajas de barro por toda España y poco antes de la vendimia 2016 ya teníamos todo preparado para lo que iba a ser toda una aventura.

Porque cuando eres la bodega que ha inventado la categoría Roble, cuando gestionas el viñedo propio más grande de la Ribera del Duero, indefectiblemente se te vincula con volumen, con relación calidad - precio y con asegurar las producciones, no con andarte con invenciones raras. Sí, en 2014 comenzamos un camino que se ha confirmado sobre todo en las cosechas 2015 y 2016, pero lo que queríamos hacer era algo totalmente rupturista. Todo comenzó por clasificar las 141 parcelas de la finca en 5 clases en virtud de su calidad. Y de una de ellas, la 14 del Hoyo Dornajo, una que apenas produce 2.000 kilos de tinta fina, encontramos la uva que queríamos para hacer "El Buen Alfarero". Y le acompañamos de un poco de Albillo silvestre, una uva blanca que nacía de forma espontánea en nuestro viñedo, el cual siempre se había despreciado. A partir de ahí, hicimos lo que nos salió del alma y del corazón, negando muchas de las normas más elementales de la enología moderna. Pisamos la uva de manera tradicional, elaboramos el vino con raspón, bazuqueamos a mano, yendo sábados y domingos a trabajar sobre el vino, yo el primero, o bueno, el segundo, porque el cariño que le hemos puesto todos, y en especial Fran, pone los pelos de punta. Tuvimos que hacer una especie de "efecto botijo" para lograr la fermentación y cuando terminó la misma, sacar los hollejos y las pepitas fue todo un número. Todo manual, todo artesanal.

Cuando el vino estuvo hecho hubo quién nos sugirió que lo metiéramos en barrica pero nos negamos en rotundidad. "El Buen Alfarero" quería demostrar la pureza del alma, de la uva tempranillo en este caso, con todas sus virtudes y con todos sus defectos. El barro deja un toque terroso muy curioso, pero sobre todo preserva el varietal de la uva como ningún otro recipiente. Le saca todo lo que tiene.

Me gusta decir que "El Buen Alfarero" es un vino rabiosamente humano, porque se muestra puro, fresco y libre de convencionalismos. No quiere parecerse a nadie y sólo mostrar lo que realmente esa parcela 14 del Hoyo Dornajo lleva dentro. No utiliza disfraces, ni quiere saber nada de aquello que le pueda apartar de su verdadera esencia. Cuando lo dimos a catar en el Salón de los Grandes Vinos de España de la Guía Peñín, dónde estuvo nominado a vino revelación de año, hubo gente que no lo entendió, pero los enólogos, la gente del sector que vive el viñedo y sabe lo que es la Ribera del Duero, nos felicitaron efusivamente y se quedaron perplejos. "¿De verdad que este vino es de allí?" "¿De veras que es tempranillo?". Lo que ocurre es que no estamos habituados a beberlo así.

Llevamos soñando 14 meses "El Buen Alfarero". Del dolor sale la creatividad y de aquel acontecimiento tan trágico que supuso la muerte de mi primo, muy cerquita de dónde sale la uva de "El Buen Alfarero", ha salido este vino tan especial, el cual no deja de ser un homenaje a su persona, a su vida y a la lección que nos dió a todos: cómo en apenas 24 años, casi 25, puedes hacer de tu vida, de ese pedacito de arcilla, una obra de arte única e irrepetible. Pisar esta uva, bazuquear las tinajas y participar activamente en este vino ha sido terapéutico hasta límites insospechados. 

Pero más allá del vino, nos queda la historia con la moraleja que lleva implícita. Ese antes y después que ha supuesto profesional y personalmente, que nos ha abierto puertas para el futuro y ha sacado lo mejor de nosotros. "El Buen Alfarero", como me dijo personalmente un prescriptor al catarlo, "es un vino con alma". Os confieso una cosa, pero guardadme el secreto, aunque es posible que a estas alturas ya lo sepáis. Ese vino lleva dos ingredientes secretos: pasión y, sobre todo, mucho, mucho corazón. Y es que, como decía Antoine de Saint-Exupéry en "El Principito", lo esencial es (y seguirá siendo) invisible para el hombre. Pequeños milagros... Los de El Buen Alfarero

martes, 15 de agosto de 2017

Catarsis

Vivencias de mi "Curso" Particular

Purificación, liberación o transformación interior suscitada por una experiencia vital profunda. Así reza el diccionario de la RAE cuando uno busca en el mismo el significado de catarsis. Tal vez no exista término mejor para definir lo vivido este año en mi vida.

De un tiempo a esta parte tiendo a mirar el año en términos académicos, de verano a verano, y suele ser el período estival un buen momento para echar el freno de mano y la vista atrás, poner las cosas en perspectiva y reflexionar acerca de lo vivido, así como prepararse para lo que esté por llegar. Decía el Che Guevara que la revolución es como una bicicleta, que cuando no anda se cae. Yo he comprobado que la vida es igual. O tal vez lo justo sería decir que la vida, cuando se vive de verdad, se asemeja mucho a una especie de revolución permanente en la que uno huye de las zonas de confort y se encuentra en búsqueda permanente.

Indudablemente, lo vivido en el verano de 2016 lo ha condicionado todo. La muerte de Santi, con todo lo que se generó a partir de la misma, ha sido un antes y un después en mi vida. Desde aquel 14 de julio ha sido imposible volver a afrontar las cosas de la misma forma. Todo se pone en perspectiva y la sensación de que la importancia no está en cuánto se vive, sino en cómo se vive, la reflexión acerca de si te estás poniendo en manos del Buen Alfarero para que ese pedacito de arcilla que es tu vida se convierta en una obra maestra,  o por el contrario estás haciendo de la misma un churro en modo estándar, me han marcado profundamente. Así arranqué mi "curso" el pasado mes de septiembre, con dudas y penas, pero también con ganas de encontrar aquellos "para qués" de los que tanto hemos hablado en este blog.

Al poco de iniciarlo, comencé en IESE el EMBA. Intuía lo que aquello iba a ser, pero lo cierto es que nunca imaginé lo mucho que me está impactando la experiencia, toda la gente excepcional que he conocido y todo lo bueno que el  Máster está sacando de mi. Necesitaba ese nuevo estímulo en mi vida y lo cierto es que mi faceta profesional a día de hoy tiene poco que ver con lo que era hace apenas unos meses. Los miedos, las dudas, las dificultades siempre te acompañarán en la vida. La clave es cómo las gestionas. Nos dijeron en su día que no es qué tú pases por el IESE, sino que el IESE pasa por tu vida y hoy pienso que es una gran verdad. El proceso de crecimiento que estoy viviendo me está ayudando en todas las facetas de mi día a día. Sin duda ha sido un año complejo, duro, de mucha lucha en el trabajo, pero también satisfactorio desde muchos puntos de vista. Conocerse, para poseerse, para darse. Ahora comprendo que trabajar en un puesto de dirección es el trabajo más bonito del mundo pese a lo difícil que es gestionar una compañía. 

Pero este curso académico también trajo consigo el cumplimiento de un sueño: ser profesor asociado en la Universidad Complutense. Me ha supuesto horas de sueño, un esfuerzo brutal, por cuanto compaginarlo con una Dirección General y un MBA en una de las mejores escuelas de negocio del mundo me ha obligado a sacar lo mejor de mi de forma permanente casi durante las 24 horas del día. Pocas cosas tan satisfactorias he conocido en mi vida como la enseñanza. En ella he puesto mi vocación de servicio, la sensación que tengo de que debo devolver a la sociedad lo mucho que he recibido de ella y mi fe inquebrantable en la juventud que viene pese a todo lo que se dice de ella. Y sin embargo me sorprendo dándome cuenta de que soy yo el que ha recibido mucho más de los alumnos que tal vez lo que ellos hayan recibido de mi pese a toda mi ilusión y pasión en las clases.

Pocas cosas me gustan más en esta vida que el fútbol,  y para mí ha sido realmente duro no poder jugar este año. Los que habéis estado cerca mío en este curso sabéis que pese a las dificultades para poder compaginar todo, me he dejado el alma en recuperar una rodilla que parecía que nunca iba a estar bien del todo. Hoy, 14 meses después de la operación, veo la luz y creo que podré dedicarle a Santi esa última temporada que quería dedicarle, aunque sea jugando a ratitos y sabiendo que nunca nada volverá a ser igual. Las horas de sufrimiento a solas y con los fisioterapeutas me las quedo para mí, pero sólo yo sé lo mucho que me ha costado volver a sentirme bien, las dudas que he tenido, los días de subidón y los de bajón. Y es en la intimidad de esos momentos cuando te permites conocerte mejor y explorar también tus límites. Me reafirmo en que las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, pero también en este tiempo he aprendido a escuchar a mi cuerpo. Tal vez en el fútbol encontré un pretexto para no mirar hacia atrás, para seguir sintiéndome el niño que quizás nunca he dejado de ser, al menos en parte. Ahora, en equilibrio, voy viendo las cosas de otra manera.

El no poder jugar al fútbol dio espacio a la música y con ella, de la mano, vino otra nueva revolución personal. Siempre soñé con tocar en un grupo y de hecho lo he podido hacer varias veces, pero entre unas cosas y otras siempre me faltaba continuidad. Con Pelirrojamente Juntos he cumplido varios sueños, pero sobre todo he sentido en primera persona el poder terapéutico de la música para mitigar todo el dolor de lo acontecido el verano pasado. Y en ello he encontrado a gente imprescindible en mi vida que sé que me acompañará siempre. A decir verdad, un poco se nos ha ido de las manos. Nunca pensamos en hacer tanto ruido. Aún recuerdo en los primeros ensayos cuando hablábamos de que a lo mejor juntábamos 100 personas en aquel primero concierto. Cuando apenas un mes y medio después reunimos a 800 apenas nos lo creíamos. Hacer el bien haciendo lo que nos gusta. Simplemente es maravilloso. 

La muerte de mi abuela estas pasadas Navidades también supuso un antes y después en mi vida. Muchas veces la gente me ha preguntado por mí espíritu de lucha, por mi determinación. Sin lugar a dudas la heredé de ella, una de las mejores personas que han pasado y pasarán por mi vida. Pura bondad, un ejemplo de fe. Y sin embargo su marcha la afronté desde la calma. Morimos porque vivimos,  y las personas que viven plenamente, como fue su caso, creo que se marchan en paz. El comprender que la muerte no es sino otra faceta de la vida que tenemos, una consecuencia de la misma, me ha dado una perspectiva diferente respecto a la misma. El vacío que nos queda es inevitable, pero inmediatamente lo que me sale después es un poso de eterna gratitud. Quien ama crece, y aunque las despedidas siempre son tristes, nunca nadie se va del todo. 

Y me quedan mis amigos, los que siempre están, los que nunca se marcharán. Septiembre comenzó con un bombazo, pero el curso nos ha ido permitiendo recomponer la situación. Se nos casó Francis y los vividores hemos ido dando paso a una nueva dimensión de nosotros mismos, tal vez más adulta pero igual de divertida. Aquella etapa fue necesaria, pero ahora se abre otra mucho mejor. Personalmente siento que me he quitado un disfraz, que me hizo falta, que tuvo su gracia, para dar paso a la mejor versión de mí mismo.

Cuando hace hace un par de meses tuvimos en el IESE el paso del Ecuador del Máster, el cual terminará en Mayo de 2018, nos pidieron que pusiésemos una palabra en un mural para expresar lo que había significado este primer año para nosotros casi de forma inmediata me salió "catarsis". Purificación, liberación o transformación interior, como consecuencia de todo lo acontecido este año. Lo tuve claro entonces, pero con perspectiva lo veo cristalino. Muchas cosas me han pasado este año. Desde el sitio de mi recreo particular cojo carrerilla para un nuevo curso que se presenta maravilloso. Como la vida misma.

¡Feliz Verano! 

viernes, 14 de julio de 2017

Un Año sin Santi

"Las cosas nos pasan para algo. No merece la pena preguntarse el por qué, por cuanto nunca terminaremos de comprender las causas..."

Confieso que le había escuchado a mi madre esa frase cientos de veces, pero nunca me impactó tanto como en el tanatorio, hace ya justo un año...

Querido Santi,
¡Qué difícil se me vuelve a hacer escribirte estas líneas! Ha pasado un año y aún parece que suena de fondo Indiana Jones mientras nos tomábamos tu deliciosa (e interminable) ensalada de garbanzos. A la mañana siguiente me despedí de ti. Ibas tan dormido que te dejaste el móvil en el baño tres veces. Me partía de risa con tu pequeño caos, el cual, unido al mío, hacía que nuestra casa fuera una leonera. No te creas que ha mejorado mucho el asunto, así que te imagino riéndote ahora. Ya sabes que el orden nunca fue lo mío. Nos despedimos hasta por la noche. Nos veríamos a la hora de cenar. Yo tenía que bajar a Madrid a la notaría a última hora de la mañana y ya trabajaría desde allí. Luego me tocaba ir a rehabilitación. A la salida de la misma ese día ni me duché. Llegaba ya tarde. Te fui a llamar para decirte que me esperaras, que me retrasaba, pero que llegaba a cenar contigo. Me encantaba ese rato. Abrirte uno de mis vinos, contarte historias sobre esa uva o sobre esa región, las cuales tú escuchabas con atención. "Fer, esto es un pequeño tesoro, una maravilla", decías refiriéndote a mi colección de vinos. Pensaba con cuál te podría sorprender, o cuál maridaría mejor con esa ensalada de garbanzos que aún no habiamos terminado. Antes de marcar tu número vi que tenía un montón de llamadas. Entré en shock cuando me enteré de lo que había sucedido. No me lo podía creer. Aún no sé cómo llegué a Aranda conduciendo. Pasé por casa primero, para cambiarme y para asegurarme de que se habían equivocado, de que aquello no era posible, que a ti no te había pasado nada. Cuando llegué al lugar del accidente me derrumbé. Aún así, te confieso que me sigue pareciendo mentira que ocurriera.

Son muchos los días que paso de puntillas por el que fue tu cuarto. Otros entro y me quedo mirando tu cama. Y al igual que cuando me doy una vuelta por la finca, sigo buscando respuestas. Imagino que es humano, pero me sumerge en una profunda tristeza. Aún sigo pensando que en unos días nos llamaremos para jugar un partidillo, que nos echaremos unas risas en casa de los abuelos, o que llegaré a casa por la noche por aquí, podremos compartir un vino y confidencias otra vez, como hacíamos hace un año. Luego me vuelven a la cabeza las palabras del funeral: las cosas nos pasan para algo. No evita que te eche infinito de menos, pero me permite ponerme en modo trascendente y ver las cosas con cierta perspectiva.

Sé que lo sabes, porque tú nos ves desde arriba con el Padre Bueno, pero también desde dentro de nuestros corazones donde siempre habitarás. Has generado una auténtica revolución. En mi vida y en la de cientos de personas que sienten que la suya es mucho mejor porque tú pasaste por ella. Y es entonces cuando me doy cuenta del efecto dinamizador que has tenido sobre mi en este tiempo, en las ganas que tengo de ser ser mejor persona en todos los sentidos desde aquel 14 de Julio, en mi ansia por seguir creciendo en todas las facetas de mi vida para que te sientas orgulloso de mi, como yo lo estaba de ti. 

"Vidas Cruzadas" era tu canción, y vidas cruzadas son las que has dejado por aquí. ¿Cómo agradecerte a toda la gente extraordinaria que has puesto en mi vida en este tiempo? Al final vas a tener razón conmigo, Santi. Intuyo que en algunos aspectos tenías tú más fe en mi, que yo mismo. 
Y aquí seguimos caminando. Creo que puedes ver que las cosas se van ordenando. Que sólo era cuestión de recuperar mi esencia, de quitarme disfraces, de mostrarme tal cual era. La música, que comenzó siendo terapéutica, es ahora un vehículo inmejorable para apoyar todo aquello en lo que creías y seguir haciendo mucho bien a tanta gente en tu nombre. Creo que el "Pelirrojamente Juntos" que se le ocurrió a Ceci es inmejorable. ¡Lo que hubiera dado por ver tu cara el día del Obico! Ya has visto que sólo he jugado un día al fútbol en este tiempo, pero fue para recordarle a tu hermano Caku quién seguía mandando en Gandía, aunque me faltaras para chocar la mano con cada gol y tomarnos una caña en el Dublin comentando la jugada después.  

Y qué decirte de "El Buen Alfarero", un vino inspirado en ti y en tu carta, y que va a marcar un antes y un después en bodega. Estuviste poco tiempo entre nosotros, pero dejaste una huella muy profunda por aquí, imborrable diría yo. Catar ese vino, visitar las tinajas, me sirve para recordar que Dios nos pule como un buen artesano, pero que está en nuestra mano dejarnos moldear y ser una obra de arte, o terminar haciendo de nuestra vida un churro. Que todos tenemos un potencial enorme para ser una pieza única, pero también que cuando pretendemos estandarizarnos siguiendo la corriente de una sociedad que venera antivalores por encima de todo lo demás, nos vulgarizamos. Creo que tú lo entendiste mejor que nadie y que precisamente por ello tu vida ha resultado tan inspiradora para todos.

Me sigo encontrando con gente que me habla de ti. Todos tienen una anécdota, una historia preciosa que contarme, vivencias que tuvieron contigo. Y observas como de corazón mucha gente se emociona, se le ilumina la cara al decir tu nombre. Pasaste haciendo el bien, y como me dijo un amigo, así se te recordará siempre, con un corazón de oro.

Ya es media noche y pienso que como hace un año llega la hora de meterse en la cama. Imagino que mi almohada hará de fiel consejera una vez más. Ya sabes que soy irremediablemente humano y curioso por vocación. Volveré a buscar respuestas, pero también sé que cuento contigo para tirar de mi en los días menos buenos. Mientras tanto seguiré cruzando vidas, intentando hacer de mi vida una obra de arte y de sacar lo mejor de mi a través de tu ejemplo para hacer de este mundo un lugar un poquito mejor. Te lo debo, socio. 



domingo, 9 de julio de 2017

Diez Años en el Mundo del Vino, Diez años como Directivo

Una Década de Aprendizaje y Reflexiones

Pues así como quién no quiere la cosa, esta semana me he sorprendido al comprobar cómo en estos días se cumplen diez años desde que me embarqué en la aventura apasionante que está suponiendo PRADOREY, lo que significó mi bautismo en el mundo del vino y mi estreno en las facetas directivas de una empresa. Llegué para hacer una transición y no tardé en comprobar que en esta vida planificar vale de poco, por cuanto a menudo se trata de gestionar tu circunstancia en función también de cómo vengan las cosas. Eso no significa perder las riendas de aquella, pero sí comprender, como muchas veces hemos expuesto en este foro, que se hace camino al andar y que, aunque tengas más o menos claro dónde ir, nuestro camino hacia Ítaca no dista mucho de la teoría de la evolución: solo los que son capaces de adaptarse sobreviven.

Por aquel entonces, en julio de 2007, yo era un chaval de 29 años. Aún a día de hoy, con lo que he aprendido por el camino, sigo pensando que aquello fue una gran irresponsabilidad. Nunca me había puesto como objetivo trabajar en la empresa familiar. Es más, por aquel entonces ya había negado a mi abuelo previamente no tres veces, sino cuatro. Sin embargo aquel año las cosas eran diferentes. Había decidido cambiar de trabajo y tenía encima de la mesa una propuesta en firme y dos procesos en empresas muy importantes en los que estaba de finalista. En estas me llamaron desde casa y mi abuelo me dijo una frase entonces que jamás olvidaré: "mira Fernando, en esta vida las cosas llegan cuando llegan, no cuando uno quiere que lleguen". Y ante aquello, decidí que si, que me iba a la bodega. Me gustaban los vinos, me gustaba ir a Ventosilla, pero sabía muy poco del sector, como tampoco sabía demasiado acerca del proceso de producción  o de las viñas. Aquello era un reto mayúsculo, pero si algo me ha caracterizado siempre, creo, es que los retos los cojo con pasión y que no me alimano ante nada. Y aquí seguimos, feliz del camino elegido y de todo lo acontecido desde entonces. De los buenos momentos y de los no tan buenos. Escribo estas líneas sabedor de que mi vida ha sido muy diferente de cómo me la imaginaba en aquel julio de 2007, pero también feliz por la madurez y conocimientos adquiridos durante el trayecto. Estoy, sin duda, en mi mejor momento, pero también asumo, que el mejor Fernando sigue estando por llegar, como el mejor PRADOREY. Al final las viñas, las personas y el vino nos parecemos más de lo que pensamos.

Así pues, quería exponeros hoy 10 aprendizajes esenciales que me han quedado en estos diez años dentro del mundo del vino. Diez años también en los que he ido aprendiendo la dificultad de la función directiva y de lo duro que resulta dirigir una empresa en momentos tan convulsos como los de estos años. Lecciones para la vida y para la empresa que quisiera compartir con todos vosotros.

1) Tienes que trabajar en algo que te apasione, ir los lunes feliz a trabajar. Llegué casi de casualidad, pero yo ya no me veo trabajando en otro sector, y pese a las dificultades vividas estos años, reconozco. Trabajo haciendo realidad los sueños de mi abuelo, que ahora también son los míos propios, el de hacer de PRADOREY una bodega incuestionable haciendo vinos de finca, de terruño, con toda la tipicidad y naturalidad de la Ribera del Duero. Disfruto con mi trabajo, con los retos que me impone cada añada, ante los cuales sólo podemos aspirar a sacar lo mejor de la naturaleza que se nos presenta. Hay que estar enamorado de lo que se hace, tener "hambre" por crecer y mejorar diariamente. De otra forma, tu día a día te pasará por encima.

2)  Todo lo que merece la pena en la vida cuesta, se cuece a fuego lento. No hay atajos para el éxito, y a menudo éste es una carrera de fondo. El tiempo nos termina de poner a cada uno en nuestro sitio, aunque a veces sea a muy largo plazo. Hay momentos de dudas y de miedo, de vértigo, pero tenemos que tener claro que eso es inherente a la condición humana, y que lo que nos diferencia es cómo los gestionamos. Nadie nace sabiendo, por lo que no hay que agobiarse, sino vivir esos momentos como de aprendizaje y crecimiento. Nada es en balde.

Esto es especialmente cierto en el mundo del vino. En 2014 decidimos que había que reinventarlo todo en PRADOREY, como luego explicaré más profundamente. Cambiar las inercias, las percepciones y fomentar un nuevo aprendizaje en bodega lleva su tiempo. Estamos seguros de que éste es el camino, pero también que completarlo nos llevará su tiempo. Ese mismo que juega a nuestro favor.

En unos meses vamos a sacar dos vinos muy especiales. Uno de ellos lleva 8 esperando pacientemente su puesta a punto... Y otra cosa más, nuestro viñedo no tiene aún ni siquiera 30 años. El mejor PRADOREY está por llegar. Inmejorables noticias para nosotros.

3) Somos el resultado de nuestras creencias. Somos nosotros los que nos imponemos los límites. Si nos llegan a decir hace 8 años que nuestro país iba a llegar a tener una tasa de paro del 25%, que el consumo se iba a desplomar, que los bancos primero iban a cancelar las pólizas de crédito de la noche a la mañana, luego a no prestar y luego a no anticipar facturas, porque buena parte de nuestro sistema financiero iba a necesitar un rescate y / o ayuda del FROB y BCE, que como país íbamos a estar al borde del rescate varias veces y que Europa iba a seguir en el disparadero como lo estuvo (y en parte lo sigue estando), muy probablemente muchos hubiéramos dejado las llaves de nuestra empresa en el ministerio de economía. Y sin embargo, aquí estamos. Todo parece imposible hasta que se hace. Es así. Y para ello, para afrontar los retos, aconsejo "trocear" el elefante, ir poco a poco, pero siempre sabiendo que lo importante no es caerse al agua, sino saber nadar.

4) Las personas no fracasan, bajan los brazos. La gestion empresarial es muy ingrata. En tiempos de bonanza, los ciclos económicos tapan muchas ineficiencias, así como en tiempos de crisis, las buenas gestiones pasan desapercibidas, y así te sientes que nadas, y nadas, y nunca llegas a la orilla.  Sin embargo, si las cosas no salen, si nuestras empresas caen y tú has dado todo lo que tienes, no puedes exigirte más. Esa experiencia te ayudará a ser mejor profesional y mejor persona, porque créeme cuando te digo que las personas somos como las cepas, y cada cierto tiempo, las vides cada año, la vida nos brinda la oportunidad de reinventarnos y dar la mejor versión de nosotros mismos. Por lo tanto, como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia, y a partir del mismo, si miramos a la vida con perspectiva, sólo podemos crecer.

Pocos sectores han sufrido tanto estos años como el del vino, con un consumo per cápita ridículo y una presión en los precios sin precedentes. Y sin embargo, pocos sectores pueden presumir de haber alcanzado tal excelencia en sus productos durante estos tiempos de crisis. Ese es un capital humano incomensurable y un espejo en el que mirarse.

5) Intuición, divino tesoro: La formación reglada (Universitaria, Profesional) es a menudo condición necesaria, pero casi nunca suficiente para triunfar. El conocimiento tácito, ese que no se enseña, ese que se aprende a través de la experiencia o la intuición, es el que marca las diferencias. Sobre todo en un sector como el del vino. Los grandes vinos no se estandarizan y se hacen desde el viñedo, volviendo a los orígenes, y eso es radicalmente diferente a lo que se enseña en las escuelas de negocio y enología. 

Hace unos años decidimos comenzar a trabajar por microparcelas, con nuestras propias levaduras, con fermentaciones espontáneas, con extracciones en medio acuoso y con recipientes alternativos a las maderas para envejecer y guardar los vinos. No sabíamos lo que iba a salir de aquello, por cuanto no había referentes similares en el sector, al menos tocando tantas variables a la vez. Creo que acertamos, pero fue por pura intuición de nuestro enólogo, Francisco Martín.
6) Ser un líder no es ser un jefe: Un jefe tiene el poder formal en una empresa, pero no es lo mismo que ser un líder y las compañías de hoy en día necesitan líderes, personas que sepan hacia dónde se dirigen y que sean capaces de arrastrar al resto de la organizacion incluso cuando es difícil creer. En esas situaciones el líder tira del carro y se convierte en un asidero para toda la organización. Sin embargo, nadie puede remar solo. El verdadero líder forma un equipo diverso, con gente que piense distinta a él y espíritu critico. Trata de rodearse de los mejores y genera entornos en los que el talento pueda desarrollarse. Para ello es imprescindible tolerar el error y más en un sector como el del vino, porque de otra forma cercenas la creatividad..
Hace unos años nuestros enólogos volvieron como locos de Australia. Creían que el espumoso tinto podría ser un bombazo para la Ribera del Duero. Lo cierto es que les dejamos que lo intentaran y cuando llegó el día de catarlo, aquello no nos convenció a ninguno. Por esas cuestiones que marca el azar, resultó que el vino se quedó olvidado en un pasillo por dónde pasaban todas las visitas, en un jaulón especial. Casi todo el mundo preguntaba por estas botellas tan diferentes. Un día, tras atender una visita, le dije al enólogo. "Me encanta que la gente vea este vino en mitad del recorrido" Él, me miró sorprendido y me dijo "¿Y eso?". "Porque así la gente comprueba que en esta empresa, cuando alguien se equivoca por intentar hacer algo diferente, no se le penaliza, sino que se le anima a seguir intentándolo". El enólogo me miró sorprendido y me dijo "oye, que aquello no fue un error, que sólo nos adelantamos a nuestro tiempo". Anécdotas aparte, para hacer tan especiales como los que contaba antes, tienes que equivocarte muchas veces también. Pero si no hay esa holgura, no hay incentivo a la innovación.
 
7)  Piensa, haz y emociona diferente: Hoy en día la calidad hoy se presupone. Es un mínimo para competir. Personalmente siempre digo lo mismo, pero es que lo creo. No conozco un solo vino malo en la Ribera del Duero. No se trata, por lo tanto, de ser el mejor, por cuanto esto siempre es algo relativo, sino de ser diferente. Para ello hay que tener una actitud de innovación y apertura de mentes constante. Estoy muy orgulloso de poder decir que trabajo en una bodega, PRADOREY, que fue la primera que hizo un Roble (vino joven con crianza de 3 meses de barrica) en la Ribera del Duero, por ejemplo.  Aunque luego aquello haya derivado en lo que ha derivado en la region, creo que fuimos valientes en aquel primer momento. También que fuimos los primeros en hacer un rosado pálido, un rosado fermentado en barrica y un blanc de noirs en Ribera del Duero. Ahora estamos trabajando con tinajas de barro y con todo lo que explicaba antes acerca de las levaduras, el terruño y la elaboracion en bodega. Regreso al pasado, a utilizar menos químicos y productos industriales. Comienza a haber una tendencia ahora al respecto, pero en este camino nosotros ya llevamos casi 4 años.
Pero innovar y pensar diferente, requiere crear valor añadido y ser capaz de capturarlo, por cuanto las bodegas vivimos de lo que vendemos y no del aire. Por supuesto para los clientes, por cuanto tendremos mayores retornos y podremos invertir más, pero también para los empleados, ya que la clave a día de hoy es atraer talento a las organizaciones. Ya no importa tanto que tu empresa esté cerca de las materias primas o disponer de una tecnología mejor como pudo ser durante muchos años, sino de que tus empleados marquen la diferencia. Sólo de esta forma la compañía podrá también cumplir con sus accionistas en un entorno como el actual.

Sin embargo, no se pueden poner puertas a mar. Los procesos se pueden copiar, se pueden utilizar las mismas levaduras industriales y barricas. Lo único que te puede diferenciar en el mundo del vino es tu viñedo, y si te dedicas a comprar uva por toda una región, la tipicidad se difumina y pierdes el poder de diferenciarte. Las mejoras organizacionales, tecnológicas y de producto son imitables y, por lo tanto, sólo nos van a dar una ventaja competitiva temporal. Para hacer algo diferente y que nos permita obtener una especie de monopolio, tenemos que buscar un posicionamiento de producto único, que no sea replicable. Pero voy más allá. Sintiéndolo por Descartes, somos más emocionales que racionales. A ese posicionamiento técnico de producto no le añadimos un posicionamiento emocional también único, el mensaje no le llega al consumidor.
Mi abuelo, Javier Cremades de Adaro, es un visionario. De muy joven quedó huérfano de padre y siendo el menor de 7 hermanos. Para poder pagarse los estudios universitarios, se iba a La Mancha en verano a hacer un vino que luego vendía. Cuando terminó su carrera de Ingeniería Agrónoma la vida le llevó por otros derroteros hasta que en los años 80 se dio cuenta que lo que le gustaba era el vino. Se fue a la Ribera del Duero y plantó 520 hectáreas en la zona más alta y más fría de la región, al menos por aquel entonces. Aquello era un disparate y ami abuelo le llamaban "el Loco de la Ventosilla" porque sólo a alguien que le faltaba un tornillo se le podía ocurrir algo así. De la zona más alta y más fría de nuestro viñedo nació Adaro, un vino que le homenajea por su trayectoria.
Así pues, puedes vender el Adaro como un vino de Crianza, con 12 meses de barrica francesa y 100% tempranillo, de una zona muy alta y muy fría de nuestro viñedo, o por el contario puedes contar la historia anterior, la del  sueño de un pionero, de una persona que desafió a todo lo que se creía razonable hace casi 30 años. Lo primero (tempranillo de zona fría y alta) es imitable. Tu viñedo no. Y la historia emocional que lo acompaña, tampoco. Y otra cosa más: cuando te diferencias por la parte emocional, el que pega primero, el que fija dicho posicionamiento, suele ser una estrella de rock&roll. El segundo, el que pretende imitarte, tiende a quedarse en mero cantante de Karaoke. 
 
8) Vigila el Corto Plazo, proyecta a la bodega a Largo Plazo: Como decía antes, no hay atajos para el éxito, pero como también decía Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. Ese difícil equilibrio entre el corto y el largo plazo es crítico en una bodega y en estos años no ha sido  todavía menos. Trabajamos pensando en mis bisnietos, esperando que disfruten de todo lo hecho estos años, pero también sabiendo que para ello tenemos que llegar vivos hasta entonces.

No te puedes conformar con lo que tienes y hay que estar siempre alerta, con inquietudes por mejorar. Hay que atreverse a salir de la zona de confort. PRADOREY era una bodega de Robles y dentro de ese planteamiento estábamos relativamente cómodos. No puedes dejar de hacer Robles de la noche a la mañana, porque es el vino que a día de hoy te da de comer, pero si no te quieres ver expuesto a una batalla de precios en una categoría con escasas posibilidades de diferenciación, tienes que atreverte a nadar contra corriente y apostar por vinos de mayor valor añadido. Peleas a la contra, pero si quieres proyectar a largo plazo a la bodega no te queda otra. Y para ello hay que aprender a veces a no escuchar. 

9) Pasión y Equilibrio: Enamórate de tu trabajo, disfruta con lo que haces. Ya lo decía en el punto uno. Pese a lo difícil que han sido estos diez años, me confieso muy feliz con lo que hago. Las personas tendemos a buscar seguridades y por ello nos conformamos con trabajos que meramente nos permitan satisfacer necesidades básicas sin importarnos cuánto nos apasiona lo que hacemos. Deberíamos hacer buena la frase de "disfruté como un niño" para nuestro trabajo. Hace un par de meses una de mis alumnas en la Universidad me preguntaba por qué máster hacer. Me decía "es que realmente me gusta el marketing, pero en la empresa en la que hago las prácticas, tengo una buena oportunidad de cursar otro más financiero". Mi respuesta fue clara: "elige lo que más te guste".
Aún así, emocionarse con el trabajo no quiere decir esclavizarse a él.  Hay que cuidar amistades y familias, tomar distancia de vez en cuando, relativizar las cosas y respetar los descansos. Debo ser una persona rara, pero cuando me voy de vacaciones apago el teléfono y no leo el correo. Estoy disponible el resto del año 24 horas, pero esos días tan sólo dejo mi móvil personal a unas pocas personas de la bodega a las que advierto que me pueden molestar si Parker nos da 100 puntos. Para todo lo demás, espero que me lo resuelvan ellos. Tampoco podría dejar de estar con "los vividores" cada fin de semana, como hacemos casi siempre. Y aunque la rodilla ha dicho que el fútbol debe quedarse a un lado de manera casi definitiva (me encontraréis en alguna pachanguita solamente), he retomado la música con los "Pelirrojamente Juntos". Sólo así puedes hacer que tu pasión sea sana y te permita crecer como persona.

10) Nada perdura sin la ética: Cuando se buscan atajos y se tiene una visión maquiavélica de la economía o de la empresa, las cosas terminan por explotar. Hoy en día, además, vivimos en la era de la transparencia gracias a la democratización de la información que ha supuesto internet. Ésta fluye sin control por medio mundo y la gente cada vez sabe, conoce y demanda más cosas. La legitimidad, que no la legalidad, será clave para competir, y ésta tiene que ver con el hecho de que la empresa se comporte como ciudadana corporativa y no sólo atienda a sus derechos y obligaciones, sino que lo haga conforme a una serie de valores y principios que todos consideramos como propios y deseables. Si queremos proyectar a la empresa a largo plazo, no queda otra que poner los valores en el centro de la estrategia empresarial porque estamos más expuestos que nunca. Y ello tiene que ver en tu relación con todos tus stakeholders.

Y podría contar más reflexiones, algunas de las cuales aún estoy terminando de rumiar. Ojalá pueda estar aquí de nuevo dentro de otros 10 años y hacer de nuevo balance. Hoy lo veo, pero recordad lo que decía antes: de poco vale planificar.

Brindo con todos vosotros. Hoy con un buen PRADOREY. Por lo vivido, por el presente y por lo que tenga que llegar. La vida, sin duda, es maravillosa.