sábado, 24 de septiembre de 2016

Aprendiendo de los Mejores

Algunas Ideas

El pasado jueves dia 22, mi buen amigo Francisco Alcaide celebraba, ni más ni menos, que la décima edición de su best-seller "Aprendiendo de los Mejores", libro de cabecera imprescindible para todas aquellas personas que tenemos labores directivas en nuestras empresas, así como para todas aquellos que tienen interés en el mundo del management. Recuerdo como si fuera hoy cuando Paco me pidió que escribiera un breve testimonio para la contraportada del mismo hará ya casi cuatro años. Me dejó leer algo y me di cuenta de inmediato que estábamos ante algo diferente, que tenía todos los ingredientes para llegar a ser en lo que se ha convertido. Me alegro infinito por Paco, porque todo lo que dije en aquella contraportada lo pienso. Si Paco hubiera nacido en EEUU probablemente se lo disputarían las mejores universidades del mundo. Es uno de los grandes talentos del management en España, un cerebro privilegiado, un trabajador incansable y sobre todo una gran persona, que derrocha generosidad y humildad a raudales. Tal vez en ello radique el secreto de su éxio. Me enorgullezco de contar con gente como él entre mis amistades, el cual me estimula y me provoca a partes iguales. Sin duda estamos ante uno de mis grandes referentes intelectuales. ¡Qué privilegio tenerle cerca!

Que te llamen para un evento así y que te pidan que hables un poco de tu vida profesional y de algunas facetas de la misma relacionadas con un libro como el de Paco, ya es la leche, pero si encima compartes escenario con cracks de la talla de Álex González Pozo, Director General de Hesperia, Xisela Aranda, siete veces Campeona de España de Squash, José Luis Abajo "Pirri", medallista Olímpico en Pekín 2008, Enhamed Enhamed, ganador de 7 medallas en los juegos paralímpicos de Pekín 2008 y Londres 2012 y todo un ejemplo de superación, Laura Chica, psicóloga, escritora y una de nuestras mayores expertas en el mundo del coaching, así como Alejandro Bataller, Vicepresidente de Sha Wellness, se te ponen los pelos de punta, como fue mi caso. Me sentí como si me hubiera invitado a jugar con el Madrid de los galácticos. Como siempre que me llaman a participar en eventos como éste, os dejo un resumen de lo que fue mi intervención.

Cuando Paco me contó hace unos meses lo que quería organizar y lo mucho que le gustaría que interviniera hablando de mi propia experiencia, empecé a darle vueltas a todo aquello que quería contar. Quería alejarme de lo habitual y no hablar tanto de los éxitos que a menudo tienen las empresas, que es lo típico que se hace en estos casos, sino hacerlo de una parte mucho menos glamurosa, pero clave para entender el desempeño corporativo: las horas de desvelos, sufrimientos, lucha y desánimo que a menudo se dan detrás de todos los directivos, y que precisamente hacen que los éxitos, cuando llegan, sepan tan bien. El cómo afrontemos estos momentos, determina a menudo el éxito de las compañías.

Ser empresario es una profesion de riesgo, y dirigir una compañía es un camino permanente de obstáculos. Quien ejerza labores directivas en una organización y no lo vea así es que tiene la suerte de dirigir a una empresa en un monopolio, o a lo sumo en un oligopolio de cuatro amigos, pero de veras que no es lo normal. Sin embargo, pese a todas las dificultades de la actual coyuntura, debemos pensar que nuestro país, más que 5 millones de puestos de trabajo, necesita 500.000 empresarisos que creen 10 puestos de trabajo cada uno. Necesitamos crear una cultura de emprendedores, circunstancia que en los tiempos actuales no es nada sencilla y creo que en "Aprendiendo de los Mejores" podemos encontrar algunas pistas para ello.

Cuando yo empecé a trabajar, eran otros tiempos. Recuerdo que aún no había terminado la carrera cuando me llegó la oportunidad de incorporarme al mercado laboral a través de unas prácticas en una empresa, la cual me ofreció quedarme cuando me licencié. Me ficharon para un proyecto novedoso que iniciaban en España y para el que contaban conmigo como único comercial. En los 5 años que estuve, logramos captar 5.000 clientes, llegándose a crear una estructura comercial importante dentro de la compañía debido al volumen de trabajo que logramos generar. Sin embargo, cuando pienso en aquella época, no puedo decir que me matara a trabajar. Es más, reconozco que más bien hacía lo justo.

Mi vida cambió en el año 2007, cuando mi abuelo me pidió que me hiciera cargo de la bodega. Recuerdo decirle que creía que era muy pronto, que con 29 años pensaba que una dirección general podía quedarme grande, pero entonces mi abuelo me dijo algo que jamás olvidaré en mi vida: "mira Fernando, en esta vida las cosas llegan cuando llegan, no cuando uno quiere que lleguen". Y ante aquello, decidí que si, que me iba a la bodega. Cuando llegué allí, como se suele decir, vi que aquello no eran lo que me habían contado. Me habian dicho que era una empresa ordenada, con gran éxito comercial y que tenía un equipo consolidado. La realidad es que me encontré una compañía en guerra civil por la sucesión del anterior Director General, a quién sustituía, lo que derivó en que el enólogo y el director comercial quisieran irse (y finalmente se fueran), un éxito comercial que era real, peor muy centrado en el mercado doméstico y en el canal de hostelería tradicional, y una empresa que, como la mayoría de empresas españolas, había llevado a cabo numerosas inversiones en los años previos a la crisis, excesivamente financiadas con capital ajeno, o lo que es lo mismo, demasiado expuesta al sector bancario español.

El día que cayó Lehman Brothers, la cosa se puso "divertida". En cuanto la banca comenzó a salir a la carrera cancelando pólizas de crédito y dejó de haber revolving, empezamos a pasarlo mal. Y cuando la crisis financiera llegó a la economía real, impactando de forma tan brutal en nuestros canales tradicionales, aquello se puso feo de verdad. Cabe recordar que en aquellos años cerraron 50.000 establecimientos. En estos años llevamos 3 refinanciaciones, 2 reestructuraciones de plantilla, varias peleas con la Agencia Tributaria (para contar lo bien que trata Montoro a las PYMES), desinversiones dolorosas y una lucha constante por sacar la empresa adelante. La crisis, sin duda, puso sobre la mesa todas nuestras debilidades y nos obligó a reinventarnos de arriba a abajo. Ocho años después seguimos peleando a cara de perro por sacar adelante a la compañía, con la convicción de que todo ésto será para bien, pero habiendo días en los que a uno lo que le apetecería es tirar la toalla, o aprovechar una visita a casa de mis abuelos para dejarle la llave de la bodega sin que se dé cuenta. Afortunadamente esos días son los menos y me basta un atardecer desde mi despacho con el viñedo al fondo para dar las gracias a Dios y reconocer que soy un privilegiado por tener el trabajo que tengo.

Cualquier que haya leído el párrafo anterior, puede que ahora piense que soy un tío triste y que vivno en un "ay" permanente, pero nada más lejos de la realidad. Me encanta lo que hago y estoy convencido de que todo ésto que estamos viviendo será para algo. A las pruebas me remito. Como decía, necesitamos mimar a nuestros empresarios. Para mi, estas son algunas de las claves para  poder sobrevivir "en tiempos revueltos":

- Tienes que trabajar en algo que te apasione, ir los lunes feliz a trabajar. Yo ya no me veo trabajando en otro sector, y pese a las dificultades, reconozco, como decía antes que tengo una suerte enorme. Trabajo haciendo realidad los sueños de mi abuelo, que ahora también son los míos, el de hacer de PradoRey una bodega incuestionable haciendo vinos de finca, con toda la tipicidad y naturalidad de la Ribera del Duero. Disfruto con mi trabajo, con los retos que me impone cada añada, ante los cuales sólo podemos aspirar a sacar lo mejor de la naturaleza que se nos presenta. Hay que estar enamorado de lo que se hace, tener "hambre" por crecer y mejorar diariamente. De otra forma, tu día te pasará por encima.

- Todo lo que merece la pena en la vida cuesta, se cuece a fuego lento. No hay atajos para el éxito, y a menudo éste es una carrera de fondo. El tiempo nos termina de poner a cada uno en nuestro sitio, aunque a veces sea a muy largo plazo. Hay momentos de dudas y de miedo, de vértigo, pero tenemos que tener claro que eso es inherente a la condición humana, y que lo que nos diferencia es cómo los gestionamos. Nadie nace sabiendo, por lo que no hay que agobiarse, sino vivir esos momentos como de aprendizaje y crecimiento. Nada es en balde.

- Somos el resultado de nuestras creencias. Somos nosotros los que nos imponemos los límites. Si nos llegan a decir hace 8 años que nuestro país iba a llegar a tener una tasa de paro del 25%, que el consumo se iba a desplomar, que los bancos primero iban a cancelar las pólizas de crédito de la noche a la mañana, luego a no prestar y luego a no anticipar facturas, porque buena parte de nuestro sistema financiero iba a necesitar un rescate y / o ayuda del FROB y BCE, que como país íbamos a estar al borde del rescate varias veces y que Europa iba a seguir en el disparadero como lo sigue estando, muy probablemente muchos hubiéramos dejado las llaves de nuestra empresa en el ministerio de economía. Y sin embargo, aquí estamos. Todo parece imposible hasta que se hace. Es así. Y para ello, para afrontar los retos, aconsejo "trocear" el elefante, ir poco a poco, pero siempre sabiendo que lo importante no es caerse al agua, sino saber nadar.

- Las personas no fracasan, bajan los brazos. La gestion empresarial es muy ingrata. En tiempos de bonanza, los ciclos económicos tapan muchas ineficiencias, así como en tiempos de crisis, las buenas gestiones pasan desapercibidas, y así te sientes que nadas, y nadas, y nunca llegas a la orilla.  Sin embargo, si las cosas no salen, si nuestras empresas caen y tú has dado todo lo que tienes, no puedes exigirte más. Esa experiencia te ayudará a ser mejor profesional y mejor persona, porque créeme cuando te digo que las personas somos como las cepas, y cada cierto tiempo, las vides cada año, la vida nos brinda la oportunidad de reinventarnos y dar la mejor versión de nosotros mismos. Por lo tanto, como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia, y a partir del mismo, si miramos a la vida con perspectiva, sólo podemos crecer.

Hoy en día dice mi abuelo que acertó con el gerente, y yo no puedo dejar de pensar que si hubiera sabido lo que me iba a encontrar, no me hubiera mandado a la bodega ni de broma. Chascarrillos al margen, me remito al principio cuando comentaba que no quería contar éxitos empresariales rimbombantes de esos que te abruman. Los buenos momentos que hemos tenido en bodega estos años que también los ha habido y los sigue habiendo, saben el doble de bien. Ahí están los vinos, más reconocidos que nunca y con una revolución en ciernes que comienza a percibirse.  Pero por encima de todo,  una cosa es cierta: siempre he creído que el éxito de verdad es vivir la vida que uno quiere, conforme a unos valores y muy feliz con lo que hace. Y quién sabe, mirándolo desde ese punto de vista y pese a todas las dificultades, tal vez sí. Puede que lo que os haya contado en estas líneas no deje de ser una historia de éxito. Me encantará recibiros en PRADOREY para que la comprendáis en toda su dimensión.

Enhorabuena Paco, a por otras 25 ediciones más. ¡Y qué podamos compartirlas!

sábado, 17 de septiembre de 2016

Aunque tú no lo Sepas


Sobre lo Auténtico

Cuenta la leyenda urbana, y nunca mejor dicho en este caso, que al gran Enrique Urquijo le gustaba aparecer de improviso con cierta frecuencia por El Rincón del Arte Nuevo allá por los años 90. Cuentan también algunos de los afortunados que pudieron verle in situ, que aquellos conciertos semi improvisados eran una auténtica delicia. Lo que es seguro es que en aquel mítico garito madrileño, Enrique Urquijo conoció a un chico rabiosamente joven y con un enorme talento que luchaba por abrirse paso en el mundo de la música. Ese chico era Quique González. A partir de ahí, se forjó una amistad entre ambos que duró hasta el día en el que Enrique Urquijo se nos fue de una forma trágica en una fría noche de noviembre de 1999.

En una de sus charlas post concierto en El Rincón del Arte Nuevo, Quique le contó a Enrique las dificultades económicas que tenía para poder grabar una maqueta decente para moverla entre las discográficas  de por aquel entonces. A Enrique se le ocurrió algo. “Escríbeme una canción para mi próximo disco, y con los derechos de autor financiamos la maqueta”. Quique González, mitad nervioso, mitad ilusionado, se pasó las siguientes semanas componiendo, y dicen que cuando se plantó ante Enrique Urquijo tenía cuatro canciones preparadas. La primera que sonó fue “Aunque tú no lo sepas” una preciosa balada inspirada en el poema de Luis García Montero titulado con el mismo nombre. En cuanto el que fuera líder de los Secretos la escuchó, dijo estupefacto ante la joya que le acaban de presentar “es perfecta, no me hace falta escuchar más”.  Apenas unos meses más tardes, Enrique Urquijo publicaba uno de sus discos de culto, de los imprescindibles de la música Española, el que a la postre sería su último álbum de estudio, “Desde que no nos vemos”, en el cual brillaba con luz propia “Aunque tú no lo sepas”. Y tan solo unas semanas más tardes veía la luz “Personal”, el tremendo disco debut con el que Quique González abría fuego en el panorama musical español y ante el que se presentaba, como luego ha ido demostrando, como una de las grandes esperanzas del mismo. 

Pese a contar con el beneplácito de la crítica y llegar a número 1 en algunas radios, a Quique González se le dejó de escuchar pronto. Su discográfica quebró, fue absorbida por una multinacional y a Quique le rescindieron el contrato. Poco después moría Enrique Urquijo, el que por aquel entonces era su gran valedor. A Quique le tocó empezar de cero. Un año y medio después, preguntándome que habría sido de aquel prometedor compositor madrileño, por pura casualidad escuché en el programa de Santi Alcanda en Radio 3 una maravillosa maqueta que presentaba una canción extraordinaria llamada “La Ciudad del Viento”, y en la que el famoso locutor explicaba que Quique andaba buscando discográfica. Mi primera reflexión fue la de pensar que musicalmente nuestro país había perdido el rumbo. Unos meses más tarde, Quique mandó una maqueta grabada en la casa de su inseparable (por aquel entonces) Carlos Raya en la calle Salitre número 48 a la misma discográfica que le había despedido. Los directivos, estupefactos, le volvieron a fichar inmediatamente y publicaron el disco tan sólo regrabando 2 ó 3 canciones, entre ellas “La Ciudad del Viento” para que sonara como single. El resto se publicó tal cual bajo el mítico nombre de “Salitre 48.”

Cuando poco después Quique sacó “Pájaros Mojados”, para el que contó con más medios que nunca, se rebeló contra su discográfica y rompió con ella. Es imprescindible leer su manifiesto “Peleandoa la Contra”, del cual rescato algunas líneas que explican aquello: 

“La música está perjudicada por el sistema. Hemos llegado a una situación en la que la falta de respeto, la comercialización salvaje y la falta de escrúpulos hacen difícil encontrar algo de verdad en el panorama. Hoy sería muy difícil para mi hallar los referentes artísticos que me hicieron agarrarme al sueño de ser músico”. (…)

“Yo quise ser músico porque me volvían loco las canciones que escuchaba cuando me empezaron a gustar las que escribía me puse a tocar sólo en bares. Ocho años después me he encontrado con la esencia de mi oficio al volver a hacerlo. Por primera vez siento que me gano la vida dignamente como músico. Llevo tres meses en la carretera, viajo con mi teclado y mi guitarra. Nunca había aprendido tanto. He tenido mucho tiempo para pensar, y después de abandonar mi compañía de discos por voluntad propia, repaso mi experiencia en la industria y desde que grabé mi primer disco, Personal, en el 98, he pasado por ser una promesa, un desecho, un retorno esperanzador y una tercera oportunidad.” (…)  “Yo quiero hacer canciones sin pensar en singles, marketing ni playbacks chungos en Música sí”

“No quiero participar de esto. No creo que tenga nada que ver conmigo. No quiero salir en esa foto. Ante la posibilidad de firmar por otra compañía me vería en la obligación de renunciar a mi libertad. Y yo quiero que mi libertad sea el motor principal de actuación en mis próximos proyectos” (…) “En conclusión, voy a intentar editar mis propios discos, sin grandes pretensiones, con el espíritu de un artesano que pule sus propias piezas y las vende en su pequeña tienda.”

Y así lo hizo. Tan grande fue su éxito que estuvo en el top 10 de los discos más vendidos con “Kamikazes Enamorados”, su siguiente trabajo y publicado sin apenas medios, entrando directamente al 1 con “La Noche Americana” apenas un par de años después. Poco después a Quique le volvió a fichar una discográfica, esta vez con una hoja en blanco en la que él puso las condiciones que quiso. Fue la época del “Ajuste de Cuentas”. Lo que ha pasado desde entonces está a la vista de todo el mundo.  He pasado de ver a Quique González gratis en el Moby Dick a esperar impaciente su concierto de diciembre en el Barclays Card Center, antiguo Palacio de los Deportes, y todos sus discos no sólo se colocan como los más vendidos durante algunas semanas, sino que salen entre los mejores para la crítica.

Pero por encima de lo anecdótico, hay varias lecciones vitales en la historia que acabo de contar: la primera, hay que tener pasión por lo que se hace. Quique estudió turismo y estuvo trabajando en Londres, pero lo que le realmente le gustaba era la música, y hacia allí se dirigió. La segunda, la importancia de perseverar y no bajar los brazos nunca: peleando a la contra llegará nuestro particular ajuste de cuentas con la vida. La tercera, para ser feliz hay que ser valientes, atrevernos a vivir conforme a unos valores y perseguir con ardor nuestros sueños. Un gran contrato, una buena cantidad de dinero no nos tiene por qué hacer más felices, o como este verano comentábamos por aquí, nos puede llegar a esclavizar. ¡Qué fácil es ser libre y qué difícil nos lo ponemos!  Y la cuarta, y tal vez la más importante, la importancia de la autenticidad, de ser uno mismo, de poner el corazón en las cosas, de guardar la calculadora cuando se trata de sacar el alma, de atrevernos a ser la persona que somos, y no a vivir las vidas de otros. 

El propio Quique González, el que se sonreía tímidamente cuando coincidíamos en los baños de Galileo allá por el año 2000 ó 2001 y le decía “no me jodas, Quique, toca otro día, que mañana tengo econometría y mi padre no me perdona una”, imagino que nunca se pensó que pudiera aparecer por aquí como ejemplo vital, pero es que su historia me la creo. La música es frecuente fuente de inspiración y algunas biografías también pueden llegar a serlo. Como sus canciones, imprescindibles en la banda sonora de mi vida…Aunque él probablemente no lo sepa… 

En una de sus últimas intervenciones televisivas, Enrique Urquijo quisó cantar con Quique González en directo "Aunque tú no lo sepas". El vídeo se ve regular, pero la interpretación tal vez me parece la mejor de todas las que se han hecho hasta la fecha. Ahí os lo dejo, con los pelos de punta por mi parte.



lunes, 5 de septiembre de 2016

Something Good Coming

Algunas Reflexiones

A menudo la gente me pregunta que cuándo es el mejor momento para visitar Ventosilla, y yo suelo responder que desde Mayo hasta Octubre. Entre esos meses el viñedo tiende a ofrecernos un espectáculo sin parangón coincidiendo con el ciclo de la uva. Por San Isidro la planta comienza a mostrar sus hojas, y poquito a poco lo que a posteriori serán las uvas, con cuya recogida dará fin la cosecha de cada año. Por el camino veremos diferentes tontaliades de verdes, unas uvas que se irán tintando, y cuando las hojas estén próximas a caerse, ese color marrón tan característico que confiere al campo en las regiones vitiviníclas un saborío especial.

 Aunque durante todo el año el viñedo me da mucha paz, confieso que es en estos meses cuando lo disfruto más que nunca. Me encanta pasear entre los líneos, correr en perpendicular a ellos por los caminos que los rodean, e incluso montar en bicicleta. A veces, simplemente me basta con sentarme un ratito frente a ellos tratando de arrcanar una mera fotografía que capture un poquito de la belleza del campo. Si encima tienes la suerte de poder hacer un picnic en Valdelayegua, uno de los parajes más espectaculares que conozco, rodeado de gente extraordinaria, amigo, entonces eres un privilegiado. Estás tocado por la mano de Dios y conviene que lo sepas. Al menos así me sentí yo ayer.

Si me guardáis un secreto, os confesaré que de un tiempo a esta parte mis años los cuento de otra manera. Claro que sigo celebrando el 31 de diciembre en familia, con sus uvas (curiosa paradoja) y todo lo que a dicha efeméride le rodea, pero tiendo a pensar en mi vida más por cosechas y vendimias que por los ciclos anuales de enero a diciembre por los que todo el mundo se rige. Lo sé, lo mío con el vino a veces puede parecer un poco exagerado, pero imagino que es lo que hay cuando uno disfruta tanto con lo que hace como yo.  Ahora me hace gracia pensar cómo antiguamente se metían conmigo diciéndome que era un "madrileñín" viendo lo que disfruto yo del campo.

Pero hay más. Y es que en el fondo cada añada es un reto. En función de que hayas tenido una maduración normal, o hayas sufrido accidentes climatológicos de cualquier tipo, en bodega podrás hacer unas u otras cosas. De acuerdo que hay procesos que son análogos y se repiten cada año, pero si realmente quieres sacarle todo el jugo a cada cosecha, debes ser consciente que nunca hay dos que sean exactamente iguales, invalidando cualquier proyecto de estandarización y obligándote frecuentemente a reinventarte. O como me gusta decir, en el fondo sólo podemos aspirar a interpretar de la mejor manera posible lo que la naturaleza nos brinda cada año, comprendiendo, eso sí, que en este mundillo nunca hay nada al azar, y que lo que te vale un año, puede no valerte el siguiente. Personalmente me parece fascinante. En el mundo del vino no hay lugar para el aburrimiento y no puedo negar que me encanta tramar "locuras" con Fran, el enólogo, o incluso dejarme enredar con sus nuevas ideas. Fruit & Flower, Fernando y Fran. Así nos llaman. El hambre y las ganas de comer. Es justo en ese momento cuando te das cuenta que los grandes enólogos son más artistas que ingenieros, y que lo que marca la diferencia entre ellos no es el conocimiento reglado o explícito que se enseña en las carreras, sino el tácito, el que son capaces de incorporar a su hatillo de recursos a partir de la intuición y las experiencias vividas. Realmente ese proceso de creación pone los pelos de punta. Y a mi, como hombre de empresa, me parece una maravilla tener la responsabilidad de gestionar a personas con tanta creatividad. Como me gusta decir, elaboramos sueños con forma de vino. Ahí queda eso.

Siempre que uno sueña, que intenta innovar, hacer cosas diferentes, existen ocasiones en las que las circunstancias no acompañan y que aquello que habías proyectado no sale o directamente sale mal. Incluso hay cosechas en las que sabes que la has "cagado", hablando mal y pronto, y que no te queda otra que nadar a contracorriente... hasta la siguiente vendimia. Entonces la naturaleza, que efectivamente es sabia, te brinda una nueva oportunidad, te da de nuevo un lienzo en blanco con una paleta llena de nuevos colores con los que puedes redimirte de tus errores pasados. Se baja el telón y comienzan a proyectarse de nuevo todos los sueños que caben dentro de una botella de vino. Y si tienes un poquito de sensibilidad, si has tenido un puntito de reflexión acerca de lo que has hecho bien o mal en añadas anteriores, entonces puedes hacer auténticas virguerías.

Como a la cepa, a las personas nos pasa algo parecido. La vida nunca es sencilla y a menudo nos trae sorpresas desagradables que nos condicionan en nuestro día a día. Las cosas no siempre nos salen como queremos y ello nos supone a menudo un auténtico quebradero de cabeza. Pero lo bonito de la vida, lo bueno que tiene la misma, es que como la naturaleza con el viñedo, siempre nos termina dando la oportunidad de jugar un partido de vuelta, de revertir aquello que nos ha dejado tocados y de reinventarnos una y todas las veces que hagan falta. Como me gusta decir, las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, dejan de luchar. La derrota, que es inherente a la vida, asumida con actitud y espíritu de lucha, termina siendo necesaria dentro del proceso de aprendizaje de cada persona. Incluso ciertos palos que uno recibe en los partidos que se pierden, a menudo dolorosìsimos, pueden ser un acicate para un cambio a mejor. Un manguerazo de agua fría, lo llamo, que de vez en cuando no viene mal, porque en el fondo, en esta vida, casi todo en esta vida es cuestión de actitud.
 
Que duda cabe que las personas somos contradictorias y ahora que tal vez estoy en profundo examen de conciencia, siento que en los últimos años he estado bastante despistado. Mientras me afanaba en buscar más que nunca la tipicidad de los vinos, la pureza en la expresión del varietal en sus distintas versiones dentro de cada botella, la autenticidad en definitiva, poniendo en valor aquello que supone  la esencia de la uva y del terruño, confieso que me he distraido un poco por el camino de mi vida. Como decía el otro día, me siento en plena regresión hacia lo auténtico. Lo vivido este verano ha sido uno de esos manguerazos de realidad a los que antes hacía alusión y que te brindan una nueva oportunidad de cambio. Arranca la vendimia en unas semanas y comienza mi particular "curso". Creo que esta vez lo voy a bordar. Something good coming, que diría Tom Petty. Vamos a por ello.

¡Va por ti, socio!


domingo, 28 de agosto de 2016

Sobre Personas, Amor y Vinos

Algunas Reflexiones

Una buena amiga mía, en cuanto lea el título de este post se echará unas risas. "Ya está Fernando con sus ejemplos relacionados con el mundo del vino", pensará. Pero es que de verdad creo que hay muchas analogías entre las personas y este maravilloso sector al que me dedico. Bueno, realmente es que creo, como ya he dicho en más de una ocasión, que la naturaleza es realmente sabia y que lo único que ocurre es que pasamos demasiado tiempo obcecados en nuestro día a día sin prestarle atención y obviando las muchas lecciones que nos brinda. Sólo es cuestión de observar y reflexionar.

Por ejemplo, cuando las vides son jóvenes, se comportan como los adolescentes. Son como un saco cargado de hormonas que dan mucha cantidad (kilos) pero tan sólo se atisba su potencial cualitativo. Algo parecido a como éramos nosotros cuando teníamos 17 ó 18 años, que éramos capaces de hacer alguna reflexión interesante en la mesa cuando nos juntábamos con nuestros abuelos, pero que en el fondo andabas más pendiente del plan con tus colegas o de esa chica que habías conocido la noche anterior que de lucirte ante tus progenitores. A medida que avanzamos en la vida, sin embargo, tendemos a ponerle foco a nuestra existencia y a medida que alcanzamos nuestra madurez, comenzamos a sacar lo mejor de nosotros mismos. Lo mismo les ocurre a las cepas, cuando alcanzan los 25 - 30 años y comienzan a dar más calidad que kilos. Otro ejemplo es el de la competencia. Al igual que a las personas nos mejora, nos hace esforzarnos para batir a nuestros rivales, a las cepas les ocurre lo mismo. ¿Os habéis fijado en que algunas veces se deja algo de hierba en los líneos, entre cada hilera de cepas? Cuando la planta tiene que "esforzarse" por captar unos nutrientes que comparte con estas hierbas, el resultado es que termina sacando mejores uvas para hacer un mejor vino.

Pero si hay una parábola por excelencia, si se me permite usar este término, la que más veces he compartido en El Disparadero y con amigos, es la de la analogía entre el vino y el amor. Y es que cuando nos enamoramos y empezamos a salir con esa persona que nos gusta, todo es fácil. Todo es pasión y frenesí. Hay mucha química, pero también mucha física. En el fondo es como beberse un vino joven, blanco o rosado, incluso tinto roble, lleno de fruta y simpleza, con menor grado alcohólico del habitual, fácil de beber, fácil de compartir, fácil de maridar. Es el caldo más apropiado para adentrarse en este fascinante mundo. Ocurre, no obstante, que a medida que te va gustando el vino, te va apeteciendo probar otras cosas, porque los vinos jóvenes tienen su gracia, pero también sus limitaciones. Digamos que no muestran todo el potencial que tiene la uva.

La relación en la pareja evoluciona y aunque siga habiendo esa física y esa química, lo lógico es que poco a poco vayan apareciendo otras inquietudes. Se van compartiendo más espacios y en paralelo también las cosas se van haciendo mas complejas. Sin embargo, a medida que pasa el tiempo, se va también creando una complicidad que te adentra en otra dimensión. Se comienza a disfrutar del amor de otra manera, que si se sabe apreciar, es mucho  más plena. Aquí nos toparíamos con un Crianza, un vino de 12 meses de barrica, en el que la fruta sigue estando presente, aunque a veces para encontrarla hay que dejar "respirar" un poco al vino. La complejidad es mucho mayor, pero también lo son las oportunidades de disfrutar este tipo de caldos. Dónde esté un Adaro de PradoRey o un PradoRey Finca Valdelayegua (y permitidme que barra para casa), que se quiten todos los vinos jóvenes del mundo. El Adaro no sólo es válido para acompañar innumerables platos, sino que es idóneo para celebrar bodas, cumpleaños o lo que se tercie. No entra tan fácil como un vino joven, pero se disfruta mucho más con las comidas y entornos adecuados.

No todo el mundo sabe el origen de la palabras Reserva o Gran Reserva, pero su historia es cuando menos curiosa. Allá por el siglo XIX en Rioja, la gente hacía una "Reserva" de un vino de Crianza en una añada muy buena, o una "Gran Reserva" de un vino de Crianza en una añada excepcional. Eran más una filosofía que una categoría de vino, que es en lo que parece que se han convertido.Su elaboración es mucho más larga y complicada que la del resto de vinos.

Para hacer un Reserva o un Gran Reserva como en antaño, y para que éstos alcancen su plenitud, hacen falta muchas cosas. Lo primero una gran vendimia, en la cual la uva haya madurado a la perfección y llegue en estado óptimo a la bodega. En segundo lugar, una elaboración muy cuidadosa,  que conlleva una supervisión escrupulosa de la fermentación y una selección adecuada de las barricas, permitiendo que el vino repose en ellas con la temperatura y luz adecuadas.  Pero incluso una vez que el vino está en barricas, a éstas hay que manipularlas convenientemente y con mucho mimo. Y así, tras los meses oportunos, que nunca son estándar, sino que depende de lo que el vino va pidiendo, llega el momento crítico, en el que el enólogo coge las barricas en las que ha metido el vino y decide como va a hacer el coupage o mezcla final. Ahí te das cuenta de que el mundo del vino tiene mas de arte que de ciencia. Cuando se ha decidido cuál va a ser ese coupage, el vino se embotella. Y a partir de ahí, puede durar 30, 40 ó 50 años en plenitud hasta que se consuma, pero para ello hay que mimar y cuidar cada botella cada día, por cuanto este tipo de vinos son muy sensibles y cualquier alteración en la temperatura, humedad o conservación, puede hacer que todo el trabajo previo se vaya al garete y el vino se avinagre. Para que un Gran Reserva alcance todo su potencial, además, hace falta paciencia, por cuanto no hay que tener prisa por beberlo antes de tiempo.

Pero cuando logras aunar todo lo descrito, cuando eres capaz de completar el ciclo, amigo, el Gran Reserva es otra dimensión. No hay vinos más elegantes que éstos. La fruta sigue estando, aunque madura y no de forma evidente al menos de primeras, pero la perfecta complicidad entre la uva, la barrica y la botella, con el sorprendente aderezo del tiempo, permiten al vino alcanzar su esplendor, desatándose un éxtasis enológico sin parangón. No son vinos fácles de beber de entrada, pero cuando los decantas, les das su tiempo y los disfrutas poco a poco, te das cuenta de que estás ante algo realmente especial que justifica toda la espera y el trabajo previo. Si te gusta el vino, estos vinos te enamoran. 

Ocurre, sin embargo, que vivimos en una sociedad que en la que se tiende a ir a lo fácil y a lo inmediato, y que cuando las cosas se complican, se tiende a cambiar. Tenemos tantas ofertas en todo, que nos hemos convertido en una sociedad de usar y tirar, incluso en el amor. O traducido al vino, se santifica la fruta y se desprecia la complejidad, obviando, como decía el otro día, que todo lo que merece la pena en esta vida cuesta.  Hacer un Gran Reserva es un proyecto que nace desde la viña y exige todo lo expuesto con anterioridad, lo cual no es fácil, y requiere múltiples esfuerzos para que todo el trabajo llegue a buen fin. Asumo que ha gente que no quiere complicarse tanto la vida, pero a mi me parece fascinante ver cómo mis abuelos se siguen cuidando 63 años después. Yo querría algo así para mi. Y me consta que su camino no ha sido precisamente fácil.

Aún asi, la vida es perra y a menudo nos depara sorpresas morrocotudas, y observas como gente que para ti eran un referente, parejas que parecían sólidas como una roca, terminan también su proyecto mucho antes de lo esperado, incluso sin saber muy bien por qué. Es entonces, cuando busco explicaciones, a menudo recuerdo que en bodega sólo hemos sido capaces de hacer cuatro Grandes Reservas en 30 años. Como decía al principio, la naturaleza es sabia y sólo hay que prestar atención para aprender sus lecciones. ¡Qué difícil es hacer un vino de este tipo y con qué poquito se puede echar a perder!

Hoy a mis 38 observo la vida de una forma muy diferente a la de hace algunos años. Sigo aspirando a hacer de ésta un Gran Reserva como la copa de un pino, pero no quiero que sea una mera categoria de vino, no quiero que sea un vino cualquiera al que meta en la barrica y luego en la botella esperando que el tiempo haga un milagro, sino algo muy, muy especial, un proyecto fascinante que me permita alcanzar la plenitud vital, que me mejore como persona y me realice. Imagino que por eso sigo en búsqueda permanente. En el fondo agradezco que las cosas me hayan ido de esta forma, porque como decía hace unos dias, ahora sí tengo claro lo que quiero. Efectivamente, va a ser verdad que las cosas nos pasan para algo.

¡Salud!







jueves, 25 de agosto de 2016

Cuando Fuimos Vividores

De Disfraces y Pieles Artificiales

"Era mi mejor disfraz... pero ha llegado a ser una piel artificial"

Aunque he arrancado con Mikel Erentxun, podría también haber titulado este post "Honestidad Brutal", como aquel magnífico disco de Calamaro, porque intuyo que éste va a ser uno de los más sinceros desde que arranqué el Blog allá por el año 2008, y eso que reconozo que tiendo a escribir siempre a corazón abierto. 
 
La historia de los vividores se remonta al año 2011, cuando de repente, nuestro grupo de amigos se dividió en dos exclusivamente en lo que al estado civil se refiere. La gran mayoría se casó, pero 5 de nosotros vimos cómo nuestras relaciones con nuestras parejas de entonces, en ese momento en el que hay que dar un paso decisivo, se vinieron abajo de forma estrepitosa. La vida nos puso de nuevo en la casilla de salida, apartándonos de aquellas personas con las que de una forma u otra nos habíamos proyectado a largo plazo. A un lado estaban los súper padres, y en el otro los vividores.

Confieso que en mi caso lo que me pasó con mi ex fue un palo que tardé mucho en asimilar. No es fácil asumir que la vida va a ir por otros derroteros diferentes a los que te habías imaginado en su momento, como tampoco lo es salir de la zona de confort. Nunca se pueden dar las cosas por sentadas e imagino que dentro de mi comodidad las cosas se fueron deteriorando sin que hubiera un motivo concreto para ello. Que nadie se asuste, que no quiero hacer un post lacrimógeno, por cuanto hoy tengo claro que lo que me pasó fue lo mejor que podía haberme ocurrido. Viendo con perspectiva las cosas, y aunque siempre queden reproches por hacerse, confieso que dentro de mi rabia inicial había una exigencia de sinceridad hacia la que fue mi novia que tal vez yo ni siquiera había tenido conmigo mismo. Hoy estoy en paz y tal vez por eso pueda escribir estas líneas desde el sosiego y la reflexión. 

Sin embargo no siempre tuve ese sosiego. Hubo una época en la que me quise poner un disfraz, casi sin ser consciente de ello. Los vividores fuimos leyenda en la noche madrileña. No solo nos invitaban a copas en varios lugares cada día de jarana por lo bien que caíamos al personal, sino que eran tan divertidas nuestras historias que llegó a haber gente que nos escribía diciéndonos que querían venirse de fiesta con nosotros. Quizás fuera una mera huida hacia adelante de manual, pero hoy también sé que aquello era tal vez necesario después de haberlo pasado tan mal. Tenemos anécdotas para llorar de la risa que podrían dar para escribir uno o dos libros, y aunque haya pasado ya el tiempo, nos sigue gustando de vez en cuando recordar ésta u otra hazaña que quedarán en nuestra historia personal para siempre. 

Fuimos unos ligones empedernidos, con un notable éxito, dicho sea de paso, aunque la media en este caso no fuera representativa (los que sepan de estadística me entenderán). Había uno de mis amigos que siempre se llevaba la palma, pero espero que entendáis que hay ciertos secretos que no pueden revelarse....aún :) Por mi parte confieso que hubo una regresión total hasta mi adolescencia, pero a una adolescencia que no había tenido nunca por haber sido excesivamente responsable desde muy niño, añadiéndole a la ecuación la variable del whatsapp. Muchas fueron las noches de varias conversaciones paralelas con chicas a las que había conocido en diferentes ámbitos. Una buena amiga mía, entre risas, lo llamaba "el gallinero", y en el fondo no le faltaba razón. Aquello era divertido, pero era de locos. Y lo reconozco, fui coleccionista de citas. Quiero dejar claro que nunca he engañado a nadie, que las veces que he intentado estar con una persona, sólo he estado con esa persona, saliera bien o mal, pero también confieso que no siempre manejé bien todas las situaciones, que soy consciente de ello y que hoy lamento infinito si hice daño a alguien. Nunca fue mi intención.

Cada domingo, cuando subía a Aranda en el coche, ponía el manos libres y comentaba con Francis la jugada de ese fin de semana. Era una hora de conversación en la que habitualmente no parábamos de reír, pero también, cuando nos poniamos trascendentes, cuando no nos había salido con alguien que creíamos que podía ser la definitiva, cuando habíamos tenido alguna noticia de nuestras ex,  a veces no quedaba más remedio que llorar por el vacío que en el fondo sentíamos. Imagino que es lo que hay cuando pretendes cerrar heridas en falso. 

Durante el resto de la semana nuestro grupo de Whatsapp echaba humo haciendo repaso general de los progresos con las diferentes amigas que nos habíamos hecho en los días previos. Josete hubo una época incluso en la que entre risas me pidió que le hiciera un esquema, por cuanto llegó a perderse dentro de las chicas interesantes que tenía en el disparadero (y nunca mejor dicho). Y sin embargo, como les explicaba a veces a mis amigos, como le confesé un día a Javi, como nos contábamos Francis y yo los domingos, en el fondo me sentía "vacío". Guillo, otro de mis mejores amigos y que me conoce a la perfección, me lo resumió en una sola frase: "Fer, tío. No te engañes. Tú estás en los vividores por las circunstancias, pero en el fondo tú eres un súper padre de manual". Y lo peor es que tenía razón, aunque yo me empeñara en seguir llevando aquel disfraz que iba camino de convertirse en una piel artificial.

Hoy las cosas poco tienen que ver con aquellos años de juergas y diversión que vivimos. Francis está a punto de casarse, Josete tiene una novia formalísima, Manolo se ha ido a Guinea a vivir con su novia, y ahí quedamos Javi y yo como solteros, pero tomándonos las cosas de otra manera. Durante la estancia de mi primo Santi en Aranda, hablamos en profundidad de este tema poco antes de su accidente. Santi me escuchaba sobre todo, pero también me hacía sus reflexiones. Él sabía de mis andanzas con los vividores, era mi confesor cuando la liaba parda (al igual que yo lo era a veces suyo) y aunque se reía conmigo y mis historias, siempre me hacía recapacitar. Yo creo que él sabía perfectamente que tras ese disfraz, había una persona que llevaba una vida que no le llenaba, al menos en el ámbito afectivo.

Como os vengo diciendo estas semanas en el blog, me encuentro en pleno proceso de crecimiento personal y es por ello por lo que me atrevo a escribir de estas cosas tan íntimas. Me siento en plena catarsis y ello me hace tener una fluidez a la hora de exponer cosas, ideas y sentimientos que no siempre he tenido. Estoy en un momento personal y espiritualmente inquieto, pero también de mucha paz, reencontrándome conmigo mismo. Vuelta a los valores, a mi esencia, a mi verdadera forma de ser. Cierro el gallinero, que diría mi amiga, pero esta vez de forma definitiva, y renuncio a mi disfraz, a esa piel artificial que me hizo olvidarme de quién era realmente. Quiero vivir mi vida, en la que creo, en la que siempre he creído realmente, y dejar de hacer el indio perdiédome en historias que no me llevan a ningún lado. No quiero vivir la vida de otros. Como siempre, me encuentro en estado de búsqueda, pero sabiendo lo que realmente quiero. Así de simple, así de claro... y así de difícil, porque asumo que de alguna forma supone nadar contra corriente en una sociedad de usar y tirar, pero no es lo que quiero para mi. Para ser feliz se trata de ser uno mismo y los valores son a menudo ese faro que nos indica en qué punto nos encontramos. De nuevo, la pregunta es si nos atrevemos a vivir siendo coherentes con nosotros mismos. De veras que no siempre es fácil. Las heridas cuesta cicatrizarlas y a menudo buscamos atajos.

Tampoco querría terminar este post sin hacer una última mención a los vividores. No me gustaría que nuestra historia se quedara en lo anecdótico o que se banalizara la misma. La de los vividores es sobre todo una historia de AMISTAD a prueba de bombas, de unas personas extraordinarias (al menos asi percibo yo a mis amigos) que se quieren de todo corazón y que se apoyaron mutua e incondicionalmente en uno de los momentos más difíciles de sus vidas. Nuestra amistad es inquebrantable y para siempre, y que nadie se me asuste, que seguiremos saliendo de vez en cuando a hacer nuestras escaramuzas, soltándonos unas risas, contándonos las cosas y acompañándonos los unos a los otros, estando siempre ahí. La despedida de soltero de Francis, sin ir más lejos, promete. Seguiremos colgando nuestras fotos y seguiremos brindando por lo vivido y por que está por venir, por lo que nos hemos querido y lo que siempre nos vamos a querer. Y quién sabe, tal vez alguna vez les pueda contar a mis hijos, en plan "Cómo conocí a vuestra madre" aquella historia de cuando fuimos vividores... O cómo diría Loquillo, de "Cuando fuimos los mejores"....

Eso sí, esta vez con mi piel blanquita, la original, la que siempre se quema en la playa, aquella que hizo que toda la afición rival un día y en plan despectivo me gritara "el Niveas" durante un partido de fútbol. Pero esa... esa es otra historia que a su debido tiempo contaré. Nunca más de espaldas a mi. Ahora sé que hay un mundo mejor si miro hacia atrás.



martes, 23 de agosto de 2016

Se Hace Camino al Andar

Reflexiones 

Mis amigos a menudo me miran con caras raras cuando les digo que esta vida que vivimos está mal planteada. Mi padre, que es mucho más expresivo, suele responderme con "hijo, es que en ese sentido haces a veces unas reflexiones tan originales que me dejas descolocado". Lo cierto es que como decía la maravillosa canción de John Lennon, "Boy", la vida es aquello que te ocurre mientras estás ocupado haciendo otros planes, pensando dónde vas a estar en el futuro, lo que nos lleva a menudo a olvidarnos del día a día. Y así, de repente y casi sin darnos cuenta, descubrimos que se nos ha ido el presente.

Cuando tenía 20 años recuerdo que estaba enamoradísimo de una chica, pero no me atrevía a decírselo. Mi amigo Francis, fiel escudero de todas mis andanzas desde hace más de 20 años, me sugería coger un día la guitarra e ir a trovarla a su balcón. Recuerdo que yo le decía, "pero tío, ¡cómo voy a hacer eso! ¡Me va a echar a gorrazos! ¿Y cómo salga su padre, qué hago?". Don "Políticamente Correcto", eso es lo que era y sigo siendo. Y en esto Francis me lanzó una de sus frases lapidarias que aún me persiguen: "tío, se te van a escapar los 20 y los 30 sin hacer alguna locura. Deja de planificar las cosas". Convencido de que encontraría la oportunidad de declararme de un modo más convencional, dejé pasar el tiempo y si tuve alguna oportunidad, ésta se esfumó. Hoy me arrepiento de aquello, de no haber sido capaz de expresar lo que sentía pensando que todo tenía que ser de una forma concreta, muy de película, muy planfiicada. Ni que decir tiene que hoy esa chica está felizmente casada y yo sigo haciendo mis pinitos, cada vez menos, con los vividores. Nunca podré saber lo que me hubiera deparado el destino pero tampoco me rasgo las vestiduras. Estoy contento con lo vivido y al final uno es lo que es debido también a su circunstancia, aunque reconozco que me echo en cara de vez en cuando más mis "pecados por omisión" que los de "obra", pero vale esta historia para introducir lo que quiero contar.

A Facebook de un tiempo a esta parte le ha dado por refrescarme lo que estaba haciendo hace uno, dos o tres años, con eso que llama la red social "tus recuerdos". Estos días son innumerables los que me aparecen referentes a noches con mis primos en Gandía y es inevitable no mirar con un nudo en la garganta todo lo acontecido este verano, todos los sentimientos que se amontonan e incluso, por qué no, con sacar una medio sonrisa e incluso echar alguna carcajada con muchas de las anécdotas compartidas. Queda por encima de todo esa sensación de que la vida puede cambiar en un segundo, de un momento a otro, dando al traste con todo lo que teníamos pensado hacer o habíamos dejado para un poco más adelante. Aparecen también fotos con la última pareja estable que tuve, y es inevitable pensar también en todos los planes que hicimos para el futuro sin preocuparnos si aquello que teníamos era lo suficientemente firme. Imagino que la vida tiene estas cosas, pero con mayor frecuencia de la deseada planificamos y nos olvidamos de vivir.

Tendemos a dejar para mañana decisiones que atañen a nuestra felicidad de hoy. En el fondo es humano. Nos han educado en la necesidad de buscar seguridades: un trabajo estable, a ser posible con una buena nómina y en una empresa con mucho nombre, una casa buena en un barrio bueno, una pareja, y así un largo etcétera que deriva en que a menudo no nos preguntemos el precio que todo ello conlleva, porque todas las decisiones que tomamos en nuestra vida lo tienen, y sobre todo obviamos analizar si ese precio que pagamos realmente nos compensa, si verdaderamente nos hace más felices, porque en el fondo, de verdad, sólo de eso se trata. 

No pretendo introducir ni un ápice de relativismo en estas líneas, como tampoco presentarme como el adalid de los antisistemas. Todo lo contrario. Creo en el matrimonio, creo en lo imoprtante que es tener un buen trabajo y un lugar en el que te sientas cómodo para vivir, pero sobre todo creo que lo realmente importante es saber si todo ello no te esclaviza. Como también he repetido en más de una ocasión, nos han vendido el dinero, el prestigio y el poder como fórmulas de éxito, y la realidad es que vivimos en una sociedad en la que cada vez hay más gente frustrada, con familias rotas y psiquiatras haciéndose de oro a base de consultas que están a reventar. A mi eso me cuestiona muchas cosas.  Siempre planificamos, siempre dejamos para más adelante ese viaje que toda la vida hemos querido hacer, ese trabajo que nos permitirá pasar más tiempo con los que queremos o ver a aquellos amigos a los que tienes más abandonados. En el fondo no es más que una cuestión de prioridades, porque excusas las hay de mil colores, pero que denota que sufrimos una crisis de valores de primera magnitud como miembros de una sociedad en la que importa más el tener que el ser.

El camino de nuestra vida no está escrito, sino que se hace camino al andar, pero para ser feliz hay que atreverse a soltar ataduras y a nadar un poco contra corriente. Nos venden unos valores que no lo son, que tienden cortarnos las alas. Claro que tenemos que tener un rumbo claro hacia el que dirigir nuestra vida, pero sin que ello nos haga olvidarnos de vivir el presente, de amar lo que hacemos, de amar a la gente de la que nos rodeamos y de ponerle un puntito de locura también a las cosas, de atreverenos a soñar y paladear nuestro día a día sacándole todo el jugo al mismo.

Dice el refrán que "consejos vendo que para mi no tengo", pero os propongo un plan para esta noche. Si tenéis una guitarra a mano, no dejeis de ir a trovar a esa chica o a ese chico que os gusta, no sea que se os escapen también los 20, los 30 o los años que sean, que para estas cosas no hay edad. No os preocupéis si sale su padre o su madre, o si algún vecino llama a la policía, porque como dice el cuento, el amor es ciego y va de la mano de la locura.¿Nos atrevemos a hacer nuestro propio camino?

O como cantaba Serrat inspirándose en Machado:

"Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo camino, haciendo camino al andar."



domingo, 21 de agosto de 2016

Cultura de Esfuerzo

Sobre Juegos Olímpicos y Otras Cuestiones

Lo reconozco, me encanta seguir las Olimpiadas. Nunca creí que escuchar una final de badminton por la radio, o la llegada a meta de Maialen en su final narrada por Manolo Lama, pudieran ponerme tan nervioso. Pero sobre todo, y además de saciar mi eterna ansia por aprender cosas nuevas, los Juegos Olímpicos permiten poner el foco en miles de deportistas habitualmente anónimos durante cuatro años, los cuales logran a menudo emocionarnos con victorias históricas, heróicas en muchos casos, que terminan sacando lo mejor que tenemos como país. Son ese pegamento que a menudo echo de menos en nuestra clase política, pero sobre todo, tienen una historia de éxito detrás que al igual que la que contaba el otro día hablando de James J. Braddock, tienden a resultar inspiradoras para la inmensa mayoría de los mortales.

Cuando uno coge la prensa estos días y lee las entrevistas a Carolina Marín, Saúl Craviotto, Ruth Beitia y otros tantos, encuentra siempre algunos patrones de conducta que se repiten con asiduidad: trabajo, esfuerzo, sacrificio, motivación, pasión, fuerza de voluntad, afán permanente de mejora y exploración de los propios límites personales de cada uno. Por supuesto que estos rasgos son también comunes en los Nada, Gasol y compañía, pero digamos que a éstos deportistas les tenemos más calados. Cuando Mireia ganó el oro al inicio de estos juegos, el mero hecho de escuchar el programa de entrenamientos semanal que ha tenido estos años para llegar a Río en sus mejores condiciones, a mi, que he sido siempre súper deportista y que he disfrutado como un enano entrenando (no digamos ya de la competición), se me cargaban directamente los gemelos. Como decía su entrenador hace unos días, "no es la más talentosa, pero ha ganado con trabajo, pasión y ganas".

Bromas aparte, y volviendo de nuevo a Mireia, nunca se me olvidará una entrevista que le hicieron tras su éxito en los juegos de Londres, cuando España estaba en el peor momento de la actual coyuntura económica, y le preguntaron acerca de lo que tenía que hacer nuestro país para salir de la crisis. Ella, con total convencimiento dijo: "trabajar". Y es que como decíamos el otro día también, no hay atajos para el éxito. Todo lo que merece la pena, se cuece a fuego lento.

Podría decir alguno, y no le faltaría razón, que hay mucha gente a la que un mercado laboral terriblemente inefciente les ha privado de esta posibilidad de trabajar durante los últimos años. Y es cierto. Lo más duro de esta crisis económica es que ha sido y sigue siendo terriblemente asimétrica. Los más desfavorecidos son los que más han sufrido las consecuencias, incrementadas por los recortes que se han llevado a cabo en ciertos servicios sociales. Y lo que es más desesperanzador: aún no hay moraleja. Esa es la consecuencia principal de la crisis de valores que estamos sufriendo y que subyace en la económica. Y ese fue el principal motivo  de mi tesis doctoral. Como me gusta subrayar, con más frecuencia de la deseada olvidamos que Adam Smith, padre de la economía moderna, era catedrático de ética en Oxford, y que ambas disciplinas allá por el siglo XVIII iban de la mano. ¡Cuánto han cambiado las cosas!

Desde que en el año 2008 cayó Lehman Brothers, han sido muchos los que han dado sus recetas para dejar atrás esta coyuntura tan dura, tratando de influir en la vida política de nuestras sociedades, como si de verdad un gobierno fuera a ser el maná que terminara de golpe con todos nuestros problemas. ¿Pensamos de verdad que nuestro día a día va a mejorar notablemente por que gobierne uno u otro? Personalmente me muestro escéptico. El éxito de nuestros deportistas olímpicos, bajo mi punto de vista, pone de manifiesto una realidad como un piano: nunca nadie va a hacer más por nosotros que nosotros mismos. Ahora se ha puesto de moda hablar de la resiliencia, y tal vez sea la palabra adecuada, pero para mi es más sencillo. El camino hacia el éxito casi nunca es una línea recta. Por el mismo suelen venir curvas, muchas de ellas bien cerradas, y de lo que se trata es de no desistir en el empeño. La vida siempre nos muestra alternativas para llegar a la meta y de nosotros depende aprovecharlas. Las dificultades nos hacen más fuertes. Lo que no vale es tirar la toalla.

Nadal estuvo a punto de tener que retirarse con 19 años por una lesión en la planta del pie. Lo que tuvieron que hacerle para corregir esa lesión es lo que le ha generado sus eternos problemas de rodilla durante su carrera. Acaba de ganar un oro y se ha quedado a las puertas de una segunda medalla con una lesión en la muñeca que aún no está curada, y estando lejos de su mejor momento físico. Saúl Craviotto estuvo a punto de tirar la toalla hace un año cuando no logró entrar en la final del mundial del año 2015. Desde aquel momento cambió su forma de entrenar e incluso de alimentarse. Mireia Belmonte comenzó a nadar como remedio a una escoliosis, y este último año ha superado una importante retahíla de lesiones. Carolina Marín ha tenido que pasar por encima de toda la falta de medios en una federación tan pequeña como la de badminton y me llamaba la atención cuando comentaba tras ganar su medalla como en los entrenamientos a los que le sometían, utilizaban ventiladores y no se le permitía cambiar la raqueta cuando la rompía para ser capaz de superar cualquier eventualidad durante los partidos. Maialen ha logrado un oro después de haber sido madre durante este ciclo olímpico. Ruth Beitia dijo que se retiraba tras ser cuarta en Londres por la mayúscula decepción que aquello supuso, y efectivamente se retiró pero sin embargo ha sido capaz de levantarse, de volver, para ganar medallas en europeos y mundiales, pero sobre todo para colgarse un oro en Río con 37 años, culminando así un currículum inmaculado. Joel ha tenido desde Londres una lesión gravísima de rodilla y un cambio de categoría en Taekwondo, y pese a todo ha sido capaz de colgarse otra medalla. Y Eva Calvo hablaba de lo duro que había sido llegar hasta los juegos y el difícil equilibrio que para ella había supuesto entrenar y no pasarse de peso. Ahora añoraba comerse una simple "Tortilla de patatas". Y así un largo etcétera que alargaría este post hasta el infinito si entrásemos la historia de cada uno de nuestros deportistas, yendo mucho más allá de los medallistas.
 
Pero la historia de nuestros olímpicos tiene otra moraleja: la importancia del estímulo, el cual ha hecho que todos ellos hayan sacado lo mejor de sí mismos. La obligación de nuestros políticos y dirigentes es garantizarnos a todos la igualdad de oportunidades y condiciones de partida, que no la igualdad per se. Parece lo mismo pero no lo es. Cuando el estímulo es lo suficientemente grande, las personas somos capaces de hacer lo impensable. Ese es el auténtico motor que nos hace alcanzar cotas que parecen inaccesibles a priori, siempre no regateando ni un esfuerzo en horas de estudio o trabajo, o en el caso de nuestros deportistas, en los abdominales, minutos de carrera o pesas durante sus entrenamientos, superar los días de lluvia, frío y nieve en invierno, o los de extremo calor en verano. Aplicarse en el trabajo, vaya. Cinderella Man, como comentábamos el otro día, tuvo en el sufrimiento de su familia el punto de inflexión. Eso es lo que hace que las sociedades realmente progresen y no un estado paternalista, sin que ello signifique renunciar a los progresos sociales logrados entre todos, precisamente con gran esfuerzo.

Así pues, yo no sé si mañana Pedro Sánchez desbloqueará su postura y finalmente tendremos gobierno o no. Y de veras, tampco me quita el sueño. Lo que sí que sé es que nuestro futuro depende sobre todo de nosotros mismos, y que tras unos días que me cojo ahora de vacaciones, en mi vuelta al trabajo me tendré que seguir vaciando para seguir sacando adelante una empresa ante una tesitura que sigue siendo complicadísima. Nuestro éxito dependerá del trabajo que tendremos que llevar a cabo de la mano y como el equipo que somos. Hoy terminan los Juegos Olímpicos y nos quedan cientos de ejemplos de personas que nos pueden dar pistas acerca de cómo hacer nuestras vidas un poco mejores. Y es que el trabajo siempre da sus frutos, aunque a veces sea a largo plazo y cueste no desanimarse. O como diría Simeone, el esfuerzo no se negocia. Cultura y valores. Optimismo Olímpico lo llamo. ¡A por ello!