Algunas Reflexiones
Tras unas semanas un tanto convulsas en las que hemos vivido un debate de lo más pintoresco, incluso con políticos conservadores instando a las masas a rebelarse, ya tenemos aprobada en el congreso la ley que modifica el Impuesto sobre el Valor Añadido (IVA), según la cual el tipo general pasará del 16 al 18% y el reducido del 7 al 8%. Lo cierto es que se han vertido ríos de tinta en la prensa escrita y se ha charlado animosamente en tertulias radiofónicas sobre la materia, aportando interesantes argumentos a favor y en contra de la medida. Incluso diferentes asociaciones de consumidores han tratado de medir el impacto que esta medida podría tener de media sobre la familia española a lo largo de un año, lo cual ha derivado en otro debate, que ha rozado la demagogia, acerca de si éste es o no asumible para la misma. Sea como fuere, creo que nadie ha sido ajeno a la controversia que la subida del IVA ha generado.
Así pues, he tenido material abundante para leer estos días y no sé, esto de estar fuera de casa (me encuentro en Barcelona, en Alimentaria), me ha dejado tiempo para la reflexión. Es por ello por lo que quiero exponeros algunas ideas acerca de por qué creo que no debe subirse el IVA, así como de por qué pienso que el remedio puede ser peor que la enfermedad. Quiero también dejar claro de antemano, que mis argumentos son puramente económicos y no ideológicos, si bien también entiendo que estos últimos pudieran tener cabida en ambos extremos, como el voto conjunto de PP e IU en el congreso ha demostrado.
Una idea que siempre se ha defendido en este blog, y ya lo siento si me repito demasiado, es que la economía son ingresos y gastos. Como también se ha argumentado en este foro, los gobiernos, el español entre ellos, han tenido que gastar mucho para tratar de reactivar un consumo que estaba por los suelos tras la caída de Lehman Brothers en septiembre del año 2008. Este aumento del gasto público ha hecho que casi todos los países de la OCDE hayan visto como sus cuentas públicas se deterioraban. El caso de España es preocupante por varios motivos. En primer lugar, porque el aumento desorbitado del paro ha generado unas tasas desempleo muy elevadas, las cuales obligarán al gobierno a tener que gastar más en medidas de protección social. Es decir, que lejos de poder apretarse el cinturón cuando la crisis amaine un poco, nuestro gobierno debe dotar presupuestariamente una partida más alta para el subsidio del paro. Por si esto fuera poco, la disminución de cotizantes a la seguridad social, pone en peligro nuestro sistema de pensiones.
En segundo lugar, y como consecuencia directa de lo anterior, existe una cierta desconfianza acerca de la capacidad de nuestro país para hacer frente a su deuda, la cual emitió, entre otras cosas, para financiar el aumento de gasto público explicado al inicio del post. El problema estriba en que si España quiere emitir más deuda para obtener más recursos, tendrá que pagar un interés más alto por la misma, ya que los mercados nos perciben como un país de riesgo. No al nivel de Grecia, afortunadamente, pero tampoco al de Inglaterra, desgraciadamente. El problema de emitir más deuda es que uno no debería empeñarse más para saldar sus cuentas anteriores, porque llegará un momento en el que sufrirá un estrangulamiento de liquidez y no podrá afrontar las mismas. En el fondo sería como una especie de estafa piramidal, vaya.
Por último, el plan de austeridad presentado por el gabinete presidido por José Luis Rodríguez Zapatero, ha dejado a casi todos fríos. En casi todos los foros ha sido tachado de inconcreto, poco ambicioso e incluso de patata caliente para las autonomías, ya que son ellas y los ayuntamientos las que deberían afrontar casi todo el recorte de los gastos.
Así pues, la apuesta del gobierno se centra en aumentar los ingresos públicos y es por ello por lo que ha modificado el reglamento del IRPF y por lo que ahora sube el IVA. El problema es que esta última medida no garantiza un aumento de la recaudación como históricamente se ha demostrado. Ocurre en la economía que ninguna medida puede entenderse de forma aislada, ya que son muchas las variables que se pueden ver afectadas, generando unos efectos secundarios no deseables.
Primera idea: Hace unos días salía en prensa la noticia de que la renta per cápita en España había bajado en comparación con los años previos a la crisis. Es cierto que este dato no deja de ser una media y que no nos dicen la dispersión de la misma, pero tomándolo como una buena aproximación, y hablando para todos los públicos, podríamos decir que en términos generales los españoles tenemos menos dinero que hace 3 años. El dinero que obtenemos lo podemos gastar o ahorrar. Existen una serie de gastos que son imprescindibles para todo ser humano (comida, vivienda o ropa, por poner un ejemplo) y cuyo consumo es más o menos independiente del ciclo económico. Si subimos el IVA a estos productos, nos va a quedar menos renta para consumir otros productos. En un momento en el que el consumo privado está por los suelos, la subida del IVA puede suponer un golpe muy duro para todas aquellas compañías que no estén vinculadas a industrias relacionadas con gastos básicos, las cuales, son la mayoría en un país que goza del mejor clima de Europa.
Segunda idea: Se ha caído en la tentación de querer cuantificar el impacto medio por familia y debatir acerca de si es o no asumible en esta situación. Bajo mi punto de vista este debate es un error, porque como bien apunta Nanius muchas veces, hay que analizar si con la subida del IVA se va a cumplir el objetivo de aumentar los ingresos públicos. Sinceramente, me genera muchas dudas. Fundamentalmente porque creo que el consumo se va a resentir profundamente. En primer lugar, porque hay muchas familias que están al límite, pero también porque no se ha ganado en nada en lo que a confianza del consumidor se refiere. Es decir, que en situaciones como al actual en la que todos conocemos a alguien que lo está pasando mal, que ha perdido o está a punto de perder su trabajo, todos tendemos a ahorrar, y las estadísticas así lo corroboran. Una subida de impuestos no ayuda, precisamente, a fomentar la confianza necesaria para que el mercado se mueva. Es decir, que se puede dar la paradoja de que subiendo el IVA se reduzcan los ingresos porque baje aún más el consumo.
Pero esto no es nuevo y menos en España. Entre 1992 y 1993, en la anterior crisis, el tipo general del IVA subió del 12 al 15%, cayendo pese a ello la recaudación por este impuesto un 11%. En 1995, se llegó al actual 16%, lo que derivó en otra caída de recaudación de más de 1.000 millones de euros. En estos momentos en el que la sensibilidad al precio está a flor de piel, una subida impositiva puede derivar en un frenazo mayor del consumo que conlleve una menor recaudación. Pero además, en este país de pillos en el que vivimos, este tipo de medidas suele traer consigo un auge de la economía sumergida.
La historia, además, nos ha dejado otras dos lecciones muy duras con parecidos patrones de comportamiento tanto en EEUU (1937) como en Japón (1997). Una subida prematura de impuestos junto con una política monetaria demasiado estricta sumergieron a los primeros en la Gran Depresión y a los segundos en su Década Perdida (de la que por cierto, aún no han salido). Nuestro gobierno no puede dejar de obviar que ya no tenemos la peseta y que la política monetaria ahora la marcarán, previsiblemente, Alemania y Francia, con intereses contrapuestos a los nuestros en estos momentos. La recuperación del consumo es clave, por lo tanto, no sólo para la recuperación económica, sino para que la agonía actual no se alargue. La subida del IVA, por lo tanto, podría retrasar aún más el tan ansiado crecimiento.
Tercera idea: Los mercados no son perfectos y, por lo tanto, las cadenas de valor tampoco. Existen asimetrías de poder en las mismas. En esta tesitura, se impone aquel que pueda ejercer mayor presión en éstas. Es decir, se van a dar casos en los que las empresas tengan que soportar un 2% más de IVA para comprar sus materiales pero que no va a poder repercutirlos. Para que se me entienda: si El Corte Inglés, por ejemplo, le dice a un fabricante que a partir del 1 de Julio quiere un rappel del 2%, ¿tiene fuerza éste para negarse? El impacto, por lo tanto, va a ser mucho mayor del previsto por el gobierno para las PYMES, y la capacidad de estas empresas para aguantar está al límite, sobre todo si la financiación sigue sin aparecer.
Cuarta y última idea: los intereses políticos siguen sobreponiéndose a los económicos. No me cabe en la cabeza el que un gobierno supuestamente responsable, saque adelante esta subida del IVA con los votos de Coalición Canaria, cuando en esta Comunidad Autónoma no hay IVA. Lo digo con todo el respeto, que nadie me entienda mal, pero a uno le queda la sensación de que por encima de intereses económicos, en el parlamento hay un mercadeo que en nada beneficia a la recuperación del país. Pero bueno, creo que esto es predicar en el desierto.
Así pues, y con toda la humildad del mundo, me gustaría pedir desde este foro que se reconsidere la subida del IVA. Creo que es necesario que se haga un esfuerzo de contracción del gasto público y que la subida de impuestos, ya sea directa o indirecta, se haga a costa de otros factores que no sea un consumo que ya de por sí está muy débil. Tengo la sensación de que este gobierno está a punto de cometer un error histórico porque esta crisis no se parece en nada a otras, pero aunque fuese así, es la propia historia la que desaconseja este tipo de medidas. Como dice el refrán, el tiempo dará y quitará razones. Me encantaría que en este caso el desacreditado fuera yo.