sábado, 21 de abril de 2012

Economía y Sociedad - El Estado y su Papel en la Economía:Copagos, Tasas y otros Asuntos

Algunas Ideas

Vivimos tiempos convulsos en todos los sentidos. Esta crisis que tan duro está golpeando y que no parece tener fin, nos está haciendo vivir circunstancias que jamás hubiéramos podido siquiera imaginar. Por mi parte, como en reiteradas veces he señalado, nunca hubiera pensado que países de la Eurozona pudieran quebrar, pero sobre todo que logros tan importantes como la salud y la educación grautita universal pudieran estar en alguna ocasión en tela de juicio. Lo cierto es que, desgraciadamente, lo están, como también pienso que el debate actual se está desenfoncando. Nos quieren vender que estamos ante una cuestión ideológica, pero creo sinceramente que es una cortina de humo para que no veamos lo que realmente hay de trasfondo: una clase política mediocre y una pésima gestión de quiénes nos han gobernado a nivel local, autonómico, estatal y europeo, incluso mundial, en los últimos años, con independencia del partido al que correspondan. A ver si logro explicarme y desarrollar algunas de las ideas que de un tiempo a esta parte me rondan la cabeza.

El estado es una de las instituciones básicas de un sistema económico moderno. Al mismo le corresponde marcar las reglas del juego, con todo lo que ello conlleva. No sólo se trata de legislar e implementar normas y reglamentos que delimiten lo que se puede hacer o no dentro de un sistema económico, sino de definir correctamente los derechos de propiedad dentro del mismo (ay, Argentina), así como de desarrollar unos procedimientos judiciales eficaces capaces de hacer respetar tanto aquellos como éstos. Al estado, a su vez, le corresponde proveer a la colectividad aquellos bienes y servicios, cuya distribución no le puede ser asignada al mercado por razones de interés general. Entre ellos, claro está, la educación y la sanidad son prioritarios.

Al estado también le corresponde proteger a aquellos colectivos más desfavorecidos redistribuyendo la riqueza de una manera proporcional, tanto estableciendo un sistema tributario justo y progresivo, como asegurándose de tener un esquema de pensiones razonable. Además, el estado forma parte de la actividad económica en sí, animando la misma vía inversiones públicas y generando empleo, aumentando de esta forma el gasto público, lo cual revierte positivamente en el crecimiento económico de un país, medido éste a través del PIB.

Hecha esta necesaria introducción, vamos a retroceder un poco en el tiempo, concretamente al año 2009. En aquel momento los gobiernos de ambos lados del Atlántico, asustados por lo que parecía la madre de todas las crisis, decidieron acometer un aumento brutal del gasto público para tratar de reflotar la economía. La base teórica sobre la que se sustentaba esta iniciativa hay que buscarla en John Maynard Keynes, brillante economista inglés de la primera mitad del siglo XX. Simplificando y resumiendo mucho (y que me perdone Nanius si me paso al simplificar, pero trato de que me entienda todo el mundo), para Keynes el mercado no tiende al equilibrio óptimo del sistema (en el que se emplean todos los recursos disponibles de une economía, entre ellos la mano de obra) de por sí, y por ello en el mismo se producen "shocks" que llevan consigo caídas de la actividad económica. Cuando la actividad económica cae, la gente no gasta y como no gasta, los precios caen. Y cuando los precios caen, la gente gasta menos, por cuanto el consumidor asume que será posible que con el mismo dinero se podrán adquirir más bienes un poco más adelante. En tales circunstancias, las empresas producen menos, porque para Keynes es la demanda la que determina el nivel de producción de una economía, y no a la inversa, por lo que los mercados alcanzan un equilibrio lejano a la utilización óptima de los medios de producción lo que, resumiendo mucho, lleva entre otras cosas a más paro y a un empobrecimiento general.

Para Keynes, la manera de romper este círculo vicioso que se producía cada vez que un país entraba en recesión, era a través de la intervención del estado en la economía, el cual podía, a través de incrementos del gasto público, revertir la situación anteriormente descrita. Y a ello se pusieron todos nuestros políticos de la Unión Europea y OCDE. Las teorías de Keynes, pese a todo, fueron controvertidas y objeto de numerosas críticas. Personalmente no me siento capaz de incidir en ese camino por falta de conocimientos, así que vamos a seguir contando la historia como fue ciñéndonos a los hechos, apuntando una única cosa: Keynes no era de izquierdas, aún cuando muchos de nuestros políticos han intentado hacer bandera de sus trabajos. Con independencia de que se esté o no de acuerdo con sus trabajos, Keynes fue reconocido por sus admiradores y rivales como una persona extraordinariamente inteligente con un trabajo científico detrás sobresaliente. Vulgarizar su labor bajándolo a la esfera político creo que es hacerle un flaco favor a su memoria, sobre todo a la luz de los despropósitos de los últimos años.

Cuando el estado decide intervenir en la economía para reactivar la misma, suele incurrir en lo que se llama déficit público, por cuanto el esfuerzo en incrementar el gasto público hace que éste supere a los ingresos habituales. La manera de financiar dicho déficit público es a través de la emisión de deuda pública. De esta forma, como un agente económico más, un país acude a los mercados a captar un dinero que devolverá más adelante con los intereses correspondientes vía bonos y letras del estado. Cuando el problema de una economía es coyuntural, este tipo de iniciativas, efectivamente, pueden reactivar la misma y la mera vuelta al crecimiento económico permite al estado recaudar una mayor cantidad de dinero que junto a pequeños ajustes presupuestarios, permite devolver la deuda y volver a la ortodoxia presupuestaria porque, y esta es otra gran verdad económica, ningun agente público o privado puede gastar eternamente más de lo que ingresa. Pero cuando lo que hay de trasfondo es una cuestión estructural, este tipo de iniciativas lo único que consiguen es retrasar la cura de la enfermedad, por cuanto no se afrontan los problemas de raíz, y hacerla más dolorosa.

¿Qué pasó en España? Pues ni más ni menos que nuestro gobierno destinó 55.000 millones de euros, esto es, casi el doble del ajuste planteado estos días atrás por el gabinete de Mariano Rajoy, en el llamado en su día Plan E, el cual, y yo creo que en esto estamos casi todos de acuerdo, fue un fracaso total y un ejemplo de despilfarro. Durante unos meses logró que el paro se mantuviera más o menos estable en torno al 14%, pero en cuanto desaparercieron los estímulos, el desempleo se disparó. Y lo que es peor, con un déficit público desbocado y sin ninguna posibilidad de implementar más políticas fiscales expansivas, como ya advirtió Pedro Solbes poco antes de salir del ejecutivo. Sólo en intereses de nuestra deuda, nuestro país está pagando más de 28.000 millones de euros al año. Si Keynes levantara la cabeza se llevaría las manos a la cabeza. Con un sector financiero quebrado, con una burbuja que no había terminado de estallar y con el sector privado más endeudado de la OCDE, España tenía muchos deberes que hacer antes que lanzarse a un aumento de gasto público sin precedentes que realmente reactivara la economía. Si España hubiera tenido control sobre su propia moneda, le hubiera quedado la baza de la política monetaria para salir del agujero, pero estando dentro del Euro, esa herramienta no era utilizable. Sobre eso incidiré un poco más adelante.

Pero nuestra España tenía otros dos problemas añadidos y muy graves aparte del de el déficit público derivado de la política de aumento del gasto público. Uno, nuestros ayuntamientos. Una inmensa mayoría se hicieron de oro durante la burbuja inmobiliaria, vía recalificaciones y ventas de suelos, tasas y otras ocurrencias al calor de la fiesta que vivíamos, lo que les hizo embarcarse en iniciativas faraónicas que ahora no pueden pagar ni mantener, lo que les hizo también incurrir en déficit. Y dos, nuestras Comunidades Autónomas, las cuales se han ido haciendo cargo de múltiples competencias que finalmente han supuesto un lastre para casi todas ellas, así como se han embarcado en proyectos insostenibles (ahí están los aeropuertos fantasma, o las televisiones autonómicas, las cuales tienen un agujero de 1.300 millones de euros), lo que también les hizo incurrir en importantes déficits. La realidad es que sólo los Ayuntamientos adeudan a proveedores más de 17.000 millones de euros. Desarrollamos un estado de bienestar sustentado por una burbuja inmobiliaria y la capacidad de endeudamiento del sector privado vía un dinero que venía de fuera, no por mejoras productivas de nuestra economía. Teníamos una bomba de relojería a punto de explotar en cuanto saltara por los aires el ladrillo y se cerrara el grifo del crédito.

El remate a una gestión penosa de la crisis, fue el matrimonio de conveniencia banca - estado. Las inyecciones de liquidez del BCE a la banca europea, las cuales financiamos entre todos los ciudadanos europeos, que no se nos olvide, y cuya finalidad era reactivar el crédito a familias y empresas, se emplearon en comprar deuda pública de los estados. Lejos de aprovechar la coyuntura para limpiar balances, nuestro sistema financiero fue pegando "patadas hacia delante" aceptando canjes de pisos y suelos por el valor de la deuda de inmobiliarias y constructoras. De esta forma se evitó el pinchazo de la burbuja y la quiebra de muchas entidades financieras en consecuencia. El resultado, bancos y empresas "zombis". Entre unas cosas y otras, España cerró el año 2009 con un déficit público que superaba el 11% en relación a su PIB, lo cual era insostenible.

Llegamos al año 2010. Comienza a escucharse un debate bastante interesante entre diferentes economistas de talla mundial sobre si era la hora o no de retirar los estímulos. Grecia caía, y le seguían Irlanda y Portugal. Los miedos comenzaban a cernirse sobre España e Italia, para los cuales no había rescate posible. Tan grande era la desconfianza que generaba Zapatero, que el propio Obama le llama para pedirle que reconsidere su política. En mayo de 2010, el entonces presidente del gobierno, en una intervención que será recordada durante muchos años, anuncia un giro brutal de su política ante las presiones internacionales. Algunos economistas ya apuntaron en aquel entonces, que dichas medidas probablemente incidirían en el crecimiento de los países en problemas, algunos de los cuales comenzaban a sufrir auténticas pesadillas con sus primas de riesgo (esto es, el sobre precio que necesitaban pagar a los inversores para colocar su deuda y financiar su déficit ante el riesgo percibido de determinadas economías). 

La historia en España desde entonces es conocida por todos. Recortes, más recortes, un cambio de gobierno y recortes al cubo que ya tocan temas tabúes dentro de nuestro estado de bienestar. A través de los mismos se busca una consolidación fiscal que calme de una vez por todas a unos mercados presos del pánico. Al mismo tiempo, son muchas las voces que cuestionan las actuales políticas que se dictan desde Bruselas. Se dice que se necesitan políticas de estímulo y crecimiento, y es cierto, pero el problema estriba en saber si éstas son posibles en la actualidad. El caso de España se ve agravado de nuevo por dos circunstancias: Una, más allá de nuestras fronteras se percibe que el gobierno central no tiene la fuerza necesaria para meter en cintura el estado de las autonomías; y dos, hemos perdido 4 años en los que se tenían que haber implementado reformas estructurales que permtieran que la burbuja inmobiliaria pinchase definitivamente, la banca se hubiera reordenado y el mercado laboral funcionase mejor. Las reformas que se están llevando a cabo ahora, tardarán en hacer efecto al menos dos años, lo que genera mayor incertidumbre respecto a si seremos capaces de superar esta travesía por el desierto.

Desde un punto de vista puramente ortodoxo, el objetivo del control del déficit, en circunstancias normales, debería ser una carrera de fondo. El estado debería, efectivamente, apostar por la eficiencia en el uso de los recursos públicos, recortando en gastos superfluos y corrientes que no afecten a la inversión pública, ya sea en infraestructuras, I+D+i, sanidad o educación, en tanto en cuanto se hacen reformas estructurales y éstas van surtiendo efecto. Así, tras unos años de ajuste más o menos duros pero llevaderos, la vuelta al crecimiento apoyaría la consolidación fiscal. Por el camino, el estado se hubiera podido ir financiando vía nuevas emisiones de deuda cada vez menores. Si encima tuviéramos el control de nuestra política monetaria, una devaluación hubiera actuado como anestésico. Todos más pobres de la noche a la mañana, pero con una economía mucho más competitiva, lo que hubiera mejorado nuestro saldo de exportaciones netas (exportaciones menos importaciones), nos hubiera metido de nuevo en una senda de crecimiento y nos hubiera ayudado a volver a la normalidad con "relativa" tranquilidad.

Analicemos ahora lo que hay. Un gobierno con un déficit público que le asfixia, por cuanto las posibilidades de recaudar mayores impuestos son muy limitadas al tener el sector privado más endeudado de Europa y un paro elevadísimo, un sector financiero quebrado en su mayoría por cuanto las "patadas hacia delante" han generado tal pelota, que hacen inviables a muchos bancos y cajas, lo que a su vez imposibilita el flujo del crédito y retrasa la recuperación económica (por cuanto hay sectores que ya se han ajustado y podrían comenzar a crear puestos de trabajo y mejorar las arcas del estado), una política monetaria que se dirige desde Bruselas y que no responde precisamente a nuestros intereses y unos mercados de deuda que no quieren saber nada de nosotros si no hay de por medio unos intereses sangrantes (sí, la prima de riesgo) a menos que el BCE intervenga (y lleva unas semanas en las que parece no estar por la labor). Ante esta tesitura se imponen los recortes, los copagos (algunos pueden tener sentido ante la actual coyuntura y en determinadas circunstancias), las subidas de tasas universitarias (creo que el sistema requiere una revisión de arriba a abajo que va más allá de la subida de tasas, pero esto da para otro post) y otra serie de ajustes, los cuales nos llevan a corto plazo a una situación límite y ponen en tela de juicio nuestro estado de bienestar. Las reglas nos las están marcando desde Bruselas y ello es bastante peligroso, pero es que me creo a pies juntillas lo que dijo Rajoy el otro día: no hay dinero para mantener nuestro modelo tal y como está concebido. 

Claro que hacen falta políticas de crecimiento, pero sin poder ejercer la política monetaria y sin posibilidades de inyectar nuevos estímulos fiscales, lo único que nos queda son hacer reformas estructurales y rezar para que nuestros políticos acierten y éstas tengan efecto cuanto antes. Cuando aceptamos "jugar" en la "liga" del Euro, sabíamos a lo que nos exponíamos. Hemos disfrutado de las maduras y ahora tocan las duras.

La consecuencia de todo ello es terriblemente dolorosa e injusta para la ciudadanía de a pie. Nos encaminamos hacia una devaluación interna que nos hará a casi todos más pobres, por cuanto nos veremos abocados a bajar nuestro nivel de vida. En parte es la consecuencia lógica de unos años de fiesta y barra libre, pero en otra parte significativa, es también la consecuencia de unos políticos que no han estado a la altura de las circunstancias en los últimos años. Hemos pasado de tener un superavit de 20.000 millones de euros en el año 2007 a tener un déficit por encima de los 91.000 millones en el año 2011. Que se sepa. Nuestra deuda pública nos cuesta 2.000 euros al año de media a cada uno de los ciudadanos de este país.

Nuestros políticos se han olvidado de que su labor consiste en gestionar los bienes públicos y hacerlos sostenibles para que estén al servicio de la ciudadanía, por encima de lanzarse a emprender proyectos faraónicos cuya finalidad no era otra que la de era perpetuarse en el cargo. El sevicio público es un fin en sí mismo, no un medio para pasar a la historia. Y otra idea más, a los gobiernos se les elige para que tomen decisiones sin pensar en las siguientes elecciones. El último gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero no tomó ninguna medida lo suficientemente contundente para revertir lo que se venía encima durante el último año y medio de su mandato, muy probablemente porque las medidas a tomar eran tan duras como las que se están tomando ahora y de resultados tan inciertos y tan a largo plazo como éstas.

Vivimos una etapa de mediocridad sin precedentes entre la clase política que nos gobierna. No hay meritocracia ni tampoco liderazgo y las consecuencias saltan desgraciadamente a la vista. Repasemos mentalmente brevemente las tareas del estado como agente económico. En los años previos a la actual crisis, nuestros gobiernos "dimitieron" de su labor de legislar, permitiendo auténticas barrabasadas que nos metieron en la actual espiral. Su gestión ha sido tan patética, que ahora están poniendo en jaque el suministro de aquellos bienes y servicios que por razón de interés general su provisión no puede ser confiada al mercado. Definitivamente el estado se bate en retirada por deméritos de nuestros políticos, no por cuestiones ideológicas ni por los mercados. Como explicaba Aleix Saló en su fantástico "Simiocracia" haciendo alusión al llamado Principio de Hanlon, "Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez". Qué gran verdad.




miércoles, 11 de abril de 2012

Economía - ¿Necesita España un Rescate?

Ideas para días de vértigo

Menudo día. Cada vez que abría en mi explorador de internet las noticias económicas de los principales diarios en su edición digital, la cosa se iba poniendo más fea. La prima de riesgo no dejaba de subir ni la bolsa de caer. El silencio de Rajoy no ayudaba precisamente a tranquilizar la situación. Realmente estamos en una situación límite, como lo estuvimos en 2010, pero con el agravante de que la gente no termina de comprender el por qué la cosa no tiende a calmarse si realmente nuestro gobierno está anunciando medidas francamente duras para el ciudadano medio. 

La explicación no es sencilla del todo, ya que los componentes psicológicos de las personas y los escualos sin escrúpulos que habitan los mercados aprovechan estas aguas revueltas para hacer de las suyas. Sin embargo, aquellos que hayáis seguido con asiduidad este blog, encontraréis en algunos de mis post antiguos algunas respuestas que pueden aportar algo de luz para comprender lo que está sucediendo. Concretamente en el que sigue siendo la entrada más popular de este blog "¿Cuándo saldrá España de la crisis?" podréis encontrar varias de ellas. Cinco son los aspectos apuntados que para mi siguen estando vigentes, por mucho que el gobierno haya tratado de meterles mano en sus primeros 100 dias al frente de la nación. Recapitulemos: Reordenación del sector financiero, reordenación del sector inmobiliario, desapalancamiento del sector privado, consolidación de las cuentas públicas y reforma laboral. ¿Qué ha pasado desde las elecciones del pasado 20-N?

1) Reordenación del sector financiero: Vamos con muchísimo retraso en esta materia. Esta cuestión la tenía que haber dejado resuelta el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero, e incluso reconozco haber sido de los ingenuos que creyeron que con la salida de Bankia y Banca Cívica a bolsa, la cosa estaba encarrilada. Nada más lejos de la realidad. Nuestros bancos seguían acumulando mierda en sus balances para aburrir. Creo que el plan del Ministro De Guindos va bastante bien tirado, aunque aún quiero saber si realmente no nos va a costar un Euro a los contribuyentes como se dijo. ¿Cuál es el problema entonces? Realmente dos. Uno, que, efectivamente, la reordenación de nuestro sector financiero va con mucho retraso y eso genera desconfianza. Y dos, que ya hay voces que apuntan que el plan se va a quedar corto. Open Europe ya ha apuntado que hará falta más dinero para sanear a nuestra banca. El Gobernador del Banco de España también ha dejado caer algo parecido hoy, matizando que sólo sería en el caso de que la cosa empeorara. Algunos gobiernos, según apuntaba hoy el diario El Mundo, estiman que nuestra banca podría necesitar no 50.000 millones de euros, sino 100.000 millones.La percepción, sobre todo a nivel europeo, es que nuestra sector financiero está muy tocado. Sin un sector financiero sano, no habrá recuperación, y sin recuperación España no podrá hacer frente a su deuda.

2) Reordenación del sector inmobiliario: Realmente este punto va de la mano al anterior. La compra - venta de viviendas está en caída libre, lo cual incide a la baja en el precio y ello obliga a la banca a dotar aún más provisiones, por cuanto su "basura" vale incluso menos de lo que se pensaba, y eso teniendo en cuenta que hay estudios que apuntan que nuestras entidades tienen valorados en 30.000 millones de euros activos inmobiliarios que valen literalmente cero. Soy moderadamente optimista respecto al ajuste del sector. Hay quien apunta que para el 2014 los precios podían haber tocado suelo e incluso quién señala que con el plan de De Guindos comienza a apreciarase una bajada de los precios a mayor velocidad que la que se había producido hasta la fecha. Aún así, hasta que no sepamos dónde estamos realmente, las dudas sobre nuestro sector financiero persistirán y ello incidirá en lo expuesto en el párrafo anterior.

3) Desapalancamiento del Sector Privado: Hasta la fecha es la condición que mejor se está cumpliendo A la empresa no le queda más remedio, por cuanto no hay financiación para nuevos proyectos. A las familias tampoco. En tanto en cuanto vayan pagando sus hipotecas y no se concedan otras nuevas, el endeudamiento medio de nuestra ciudadanía tenderá a disminuir. Los últimos datos señalan que ya estamos al nivel del año 2007, sin embargo seguimos teniendo un sector privado excesivamente apalancado. Y lo que es peor, dicho apalancamiento ha venido financiado por el sector exterior. Un default de nuestro sector privado pondría en peligro el cumplimiento de nuestros bancos con los bancos de fuera. Nuestro riesgo país no está disparado sólo por el sector público, sino también por el privado. Además, en tanto en cuanto nuestras familias y empresas tengan que destinar buena parte de sus ingresos al pago de su deuda, el consumo seguirá por los suelos, lo que dificultará la recuperación económica.

4) Consolidación fiscal: Realmente no queda otra. Para que entendamos la magnitud del problema, expongo una serie de datos que son llamativos. El pago de los intereses de nuestra deuda actual supondrá la friolera de 28.848 millones de euros, unos 43 millones de euros más que la prestaciones por desempleo en un momento en el que nuestro paro alcanza cotas inimaginables hace apenas unos años. El pago de nuestros intereses ya supone la segunda partida más importante de los presupuestos generales del estado. 

Se supone que la presentación de los presupuestos generales del estado debían ayudar a templar los ánimos, por cuanto nuestro gobierno iba a presentar los números más austeros de la democracia. Y realmente ha sido así, pero sin embargo, la percepción desde fuera no ha sido todo lo positiva que nuestros políticos esperaban. Hay varias causas que explican este hecho.

En primer lugar, más allá de nuestras fronteras hay algo más que escepticismo respecto a la voluntad de nuestros dirigentes autonómicos para reducir el déficit, así como también se duda de la capacidad del gobierno central para meter en cintura a aquellos. Basta recordar que en el año 2011, cuando las presiones desde Bruselas eran evidentes, no se logró reducir el déficit respecto al 2010. Alguno ya sabéis lo que pienso en este sentido. Vamos camino de tener españoles de primera y de segunda en función del buen hacer de nuestros dirigentes autonómicos, y eso es lamentable. Suscribo en parte lo que ha dicho hoy Esperanza Aguirre.

En segundo lugar, como apuntaba el Financial Times, los recortes son desconcertantes. Como apunta un gran empresario al que conozco personalmente, la diferencia entre inversión y gasto es de primero de carrera. El I+D+i, la educación, la sanidad o las infraestructuras, son inversiones, por cuanto mejoran la calidad de vida de las personas e inciden en la productividad de una economía. Otra cosa es, y estamos de acuerdo en ello, que a las inversiones hay que exigirlas un mínimo de eficiencia y rentabilidad, así como que en nuestro país hemos vivido por encima de nuestras posibilidades en ese sentido. Pues bien, la inversión pública en I+D+i cae un 25% en los presupuestos generales del estado. La inversión en infraestructuras un 22% y la asignación para los programas de investigación un 34%. Me reservo mi opinión respecto a los 10.000 millones adicionales en sanidad y educación hasta saber si realmente se van a eliminar duplicidades o se va a resentir la calidad de ambos. Por el contrario, el gasto corriente no se ve tan afectado. Hoy en día España tiene más funcionarios que autónomos y eso es insostenible. La congelación salarial perjudica al buen funcionario, que los hay y muchos, y favorece al mediocre, que también los hay. No es razonable que el ajuste de los puestos de trabajo se haga sólo vía sector privado y que nadie se haya tomado en serio el exceso de burocracia, las duplicidades y el exagerado gasto de los parlamentos y televisiones autonómicas, por ejemplo.

En tercer lugar, nuestra fiscalidad no hay quién la entienda. El Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero permitió vía deducciones que los pagos vía Impuesto de Sociedades de las grandes compañías de nuestro país pasasen de 45.000 millones de euros en el año 2007 a algo más de 16.000 millones en el año 2011. De acuerdo que entre medias hemos vivido una crisis económica de órdago, pero ¿soy el único al que le parece un escándalo? Consideraciones morales al margen, la idea de la Amnistía Fiscal tampoco genera mucha confianza más allá de nuestras fronteras. Es cierto que en Italia y Alemania funcionó y que se recaudaron 5.600 y 4.000 millones de euros respectivamente, pero también han existido casos de fracasos sonoros. No hay un consenso generalizado sobre la idoneidad de la medida, si bien Pascal Saint-Amans, Máximo reponsable de la lucha contra el fraude fiscal de la OCDE afirmaba el pasado fin de semana que en el caso de España esta medida estaba justificada. Europa quería que se subiera el IVA, aspecto que creo hubiera sido la estocada definitiva a nuestro consumo.

En cuarto y último lugar,  España ya está pagando un mayor precio del previsto en los presupuestos para financiarse. La prima de riesgo ha superado hoy los 430 puntos básicos y la rentabilidad del bono a 10 años el 6%. Nuestro país vuelve a estar entre los 10 con mayores probabilidades de "Default" y las subastas del tesoro, tras un inicio prometedor, vuelven a las andadas, colocando menor deuda de la prevista y a mayor coste.

Estos cuatro puntos ponen en duda la capacidad del gobierno de cumplir con el objetivo de déficit marcado por Bruselas, lo cual no deja de incrementar la presión sobre nuestra prima de riesgo, por cuanto, de nuevo, se pone en tela de juicio nuestra capacidad para cumplir con futuros vencimientos de nuestra deuda.

5) Reforma del Mercado Laboral: Ya dedicamos un post entero a la misma en este blog. Veo luces y sombras, por cuanto no se ataca al problema de la dualidad del mercado laboral, causante de la actual precariedad, aunque reconozco avances significativos en pos de la una mayor flexibilidad que permita que nuestro mercado laboral no se ajuste sólo vía puestos de trabajo. Como apuntaba José Luis Leal el pasado domingo en El País, desde fuera se estima que España podría comenzar a crear empleo el segundo trimestre del año que viene. Hasta la fecha, se decía que nuestra economía, creciendo por debajo del 2,5%, era incapaz de generar puestos de trabajo. Con la reforma hay quién apunta que esta cifra podría reducirse considerablemente. Tiempo al tiempo, por lo tanto, pero no parece que este aspecto sea el que más preocupe más allá de nuestras fronteras.

Existen, por último, otras cuestiones que no ayudan precisamente a templar los ánimos. La situación de la bolsa, por ejemplo, la cual se supone que es un indicador adelantado de la actividad economica. Mientras que Wall Street ya ha recuperado todo lo perdido desde que comenzó la crisis, el IBEX está en algo menos de 7.600 puntos, cuando antes de la caída de Lehman Brothers llegó a estar en 14.000. No voy a ser oportunista. Hace tiempo que creo que en tiempos convulsos la bolsa no vale como indicador económico, pero sí me parece representativo respecto al estado de ánimo de los inversores. En lo que a nosotros respecta, parece obvio que está por los suelos.

Como se apuntaba hoy en un artículo muy interesante publicado en El Mundo titulado "Diez razones para la inquietud", se nos acaba la munición. El Gobierno ya ha anunciado buena parte de las medidas que piensa implementar y ello no ha tranquilizado a los mercados. Algunas por lo expuesto en estas líneas. Tenemos muy poco margen de actuación. La descoordinación de nuestros políticos, las eternas dudas sobre Atenas y la complicada situación de la eurozona tampoco ayudan.

Hace unos días Mario Draghi, máximo responsable del BCE apuntaba que los mercados todavía "esperaban más" de las medidas tomadas por nuestro gobierno. En tanto en cuanto el BCE ha estado comprando deuda de los países periféricos, nuestra prima de riesgo y los precios de las subastas del Tesoro han experimentado una importante mejoría. Lo acontencido en los últimos días me hace pensar que el BCE ha dejado de comprar deuda como toque de atención. El enfermo, esto es, España, sigue precisando respiración asistida, y mientras siga siendo así, mientras las medidas adoptadas no vayan surtiendo efecto, me temo que vamos a asistir a un rescate tácito en el que Bruselas nos va  a marcar buena parte de las reglas del juego, como viene haciendo de un tiempo a esta parte. Preocupante como mínimo.