sábado, 21 de abril de 2012

Economía y Sociedad - El Estado y su Papel en la Economía:Copagos, Tasas y otros Asuntos

Algunas Ideas

Vivimos tiempos convulsos en todos los sentidos. Esta crisis que tan duro está golpeando y que no parece tener fin, nos está haciendo vivir circunstancias que jamás hubiéramos podido siquiera imaginar. Por mi parte, como en reiteradas veces he señalado, nunca hubiera pensado que países de la Eurozona pudieran quebrar, pero sobre todo que logros tan importantes como la salud y la educación grautita universal pudieran estar en alguna ocasión en tela de juicio. Lo cierto es que, desgraciadamente, lo están, como también pienso que el debate actual se está desenfoncando. Nos quieren vender que estamos ante una cuestión ideológica, pero creo sinceramente que es una cortina de humo para que no veamos lo que realmente hay de trasfondo: una clase política mediocre y una pésima gestión de quiénes nos han gobernado a nivel local, autonómico, estatal y europeo, incluso mundial, en los últimos años, con independencia del partido al que correspondan. A ver si logro explicarme y desarrollar algunas de las ideas que de un tiempo a esta parte me rondan la cabeza.

El estado es una de las instituciones básicas de un sistema económico moderno. Al mismo le corresponde marcar las reglas del juego, con todo lo que ello conlleva. No sólo se trata de legislar e implementar normas y reglamentos que delimiten lo que se puede hacer o no dentro de un sistema económico, sino de definir correctamente los derechos de propiedad dentro del mismo (ay, Argentina), así como de desarrollar unos procedimientos judiciales eficaces capaces de hacer respetar tanto aquellos como éstos. Al estado, a su vez, le corresponde proveer a la colectividad aquellos bienes y servicios, cuya distribución no le puede ser asignada al mercado por razones de interés general. Entre ellos, claro está, la educación y la sanidad son prioritarios.

Al estado también le corresponde proteger a aquellos colectivos más desfavorecidos redistribuyendo la riqueza de una manera proporcional, tanto estableciendo un sistema tributario justo y progresivo, como asegurándose de tener un esquema de pensiones razonable. Además, el estado forma parte de la actividad económica en sí, animando la misma vía inversiones públicas y generando empleo, aumentando de esta forma el gasto público, lo cual revierte positivamente en el crecimiento económico de un país, medido éste a través del PIB.

Hecha esta necesaria introducción, vamos a retroceder un poco en el tiempo, concretamente al año 2009. En aquel momento los gobiernos de ambos lados del Atlántico, asustados por lo que parecía la madre de todas las crisis, decidieron acometer un aumento brutal del gasto público para tratar de reflotar la economía. La base teórica sobre la que se sustentaba esta iniciativa hay que buscarla en John Maynard Keynes, brillante economista inglés de la primera mitad del siglo XX. Simplificando y resumiendo mucho (y que me perdone Nanius si me paso al simplificar, pero trato de que me entienda todo el mundo), para Keynes el mercado no tiende al equilibrio óptimo del sistema (en el que se emplean todos los recursos disponibles de une economía, entre ellos la mano de obra) de por sí, y por ello en el mismo se producen "shocks" que llevan consigo caídas de la actividad económica. Cuando la actividad económica cae, la gente no gasta y como no gasta, los precios caen. Y cuando los precios caen, la gente gasta menos, por cuanto el consumidor asume que será posible que con el mismo dinero se podrán adquirir más bienes un poco más adelante. En tales circunstancias, las empresas producen menos, porque para Keynes es la demanda la que determina el nivel de producción de una economía, y no a la inversa, por lo que los mercados alcanzan un equilibrio lejano a la utilización óptima de los medios de producción lo que, resumiendo mucho, lleva entre otras cosas a más paro y a un empobrecimiento general.

Para Keynes, la manera de romper este círculo vicioso que se producía cada vez que un país entraba en recesión, era a través de la intervención del estado en la economía, el cual podía, a través de incrementos del gasto público, revertir la situación anteriormente descrita. Y a ello se pusieron todos nuestros políticos de la Unión Europea y OCDE. Las teorías de Keynes, pese a todo, fueron controvertidas y objeto de numerosas críticas. Personalmente no me siento capaz de incidir en ese camino por falta de conocimientos, así que vamos a seguir contando la historia como fue ciñéndonos a los hechos, apuntando una única cosa: Keynes no era de izquierdas, aún cuando muchos de nuestros políticos han intentado hacer bandera de sus trabajos. Con independencia de que se esté o no de acuerdo con sus trabajos, Keynes fue reconocido por sus admiradores y rivales como una persona extraordinariamente inteligente con un trabajo científico detrás sobresaliente. Vulgarizar su labor bajándolo a la esfera político creo que es hacerle un flaco favor a su memoria, sobre todo a la luz de los despropósitos de los últimos años.

Cuando el estado decide intervenir en la economía para reactivar la misma, suele incurrir en lo que se llama déficit público, por cuanto el esfuerzo en incrementar el gasto público hace que éste supere a los ingresos habituales. La manera de financiar dicho déficit público es a través de la emisión de deuda pública. De esta forma, como un agente económico más, un país acude a los mercados a captar un dinero que devolverá más adelante con los intereses correspondientes vía bonos y letras del estado. Cuando el problema de una economía es coyuntural, este tipo de iniciativas, efectivamente, pueden reactivar la misma y la mera vuelta al crecimiento económico permite al estado recaudar una mayor cantidad de dinero que junto a pequeños ajustes presupuestarios, permite devolver la deuda y volver a la ortodoxia presupuestaria porque, y esta es otra gran verdad económica, ningun agente público o privado puede gastar eternamente más de lo que ingresa. Pero cuando lo que hay de trasfondo es una cuestión estructural, este tipo de iniciativas lo único que consiguen es retrasar la cura de la enfermedad, por cuanto no se afrontan los problemas de raíz, y hacerla más dolorosa.

¿Qué pasó en España? Pues ni más ni menos que nuestro gobierno destinó 55.000 millones de euros, esto es, casi el doble del ajuste planteado estos días atrás por el gabinete de Mariano Rajoy, en el llamado en su día Plan E, el cual, y yo creo que en esto estamos casi todos de acuerdo, fue un fracaso total y un ejemplo de despilfarro. Durante unos meses logró que el paro se mantuviera más o menos estable en torno al 14%, pero en cuanto desaparercieron los estímulos, el desempleo se disparó. Y lo que es peor, con un déficit público desbocado y sin ninguna posibilidad de implementar más políticas fiscales expansivas, como ya advirtió Pedro Solbes poco antes de salir del ejecutivo. Sólo en intereses de nuestra deuda, nuestro país está pagando más de 28.000 millones de euros al año. Si Keynes levantara la cabeza se llevaría las manos a la cabeza. Con un sector financiero quebrado, con una burbuja que no había terminado de estallar y con el sector privado más endeudado de la OCDE, España tenía muchos deberes que hacer antes que lanzarse a un aumento de gasto público sin precedentes que realmente reactivara la economía. Si España hubiera tenido control sobre su propia moneda, le hubiera quedado la baza de la política monetaria para salir del agujero, pero estando dentro del Euro, esa herramienta no era utilizable. Sobre eso incidiré un poco más adelante.

Pero nuestra España tenía otros dos problemas añadidos y muy graves aparte del de el déficit público derivado de la política de aumento del gasto público. Uno, nuestros ayuntamientos. Una inmensa mayoría se hicieron de oro durante la burbuja inmobiliaria, vía recalificaciones y ventas de suelos, tasas y otras ocurrencias al calor de la fiesta que vivíamos, lo que les hizo embarcarse en iniciativas faraónicas que ahora no pueden pagar ni mantener, lo que les hizo también incurrir en déficit. Y dos, nuestras Comunidades Autónomas, las cuales se han ido haciendo cargo de múltiples competencias que finalmente han supuesto un lastre para casi todas ellas, así como se han embarcado en proyectos insostenibles (ahí están los aeropuertos fantasma, o las televisiones autonómicas, las cuales tienen un agujero de 1.300 millones de euros), lo que también les hizo incurrir en importantes déficits. La realidad es que sólo los Ayuntamientos adeudan a proveedores más de 17.000 millones de euros. Desarrollamos un estado de bienestar sustentado por una burbuja inmobiliaria y la capacidad de endeudamiento del sector privado vía un dinero que venía de fuera, no por mejoras productivas de nuestra economía. Teníamos una bomba de relojería a punto de explotar en cuanto saltara por los aires el ladrillo y se cerrara el grifo del crédito.

El remate a una gestión penosa de la crisis, fue el matrimonio de conveniencia banca - estado. Las inyecciones de liquidez del BCE a la banca europea, las cuales financiamos entre todos los ciudadanos europeos, que no se nos olvide, y cuya finalidad era reactivar el crédito a familias y empresas, se emplearon en comprar deuda pública de los estados. Lejos de aprovechar la coyuntura para limpiar balances, nuestro sistema financiero fue pegando "patadas hacia delante" aceptando canjes de pisos y suelos por el valor de la deuda de inmobiliarias y constructoras. De esta forma se evitó el pinchazo de la burbuja y la quiebra de muchas entidades financieras en consecuencia. El resultado, bancos y empresas "zombis". Entre unas cosas y otras, España cerró el año 2009 con un déficit público que superaba el 11% en relación a su PIB, lo cual era insostenible.

Llegamos al año 2010. Comienza a escucharse un debate bastante interesante entre diferentes economistas de talla mundial sobre si era la hora o no de retirar los estímulos. Grecia caía, y le seguían Irlanda y Portugal. Los miedos comenzaban a cernirse sobre España e Italia, para los cuales no había rescate posible. Tan grande era la desconfianza que generaba Zapatero, que el propio Obama le llama para pedirle que reconsidere su política. En mayo de 2010, el entonces presidente del gobierno, en una intervención que será recordada durante muchos años, anuncia un giro brutal de su política ante las presiones internacionales. Algunos economistas ya apuntaron en aquel entonces, que dichas medidas probablemente incidirían en el crecimiento de los países en problemas, algunos de los cuales comenzaban a sufrir auténticas pesadillas con sus primas de riesgo (esto es, el sobre precio que necesitaban pagar a los inversores para colocar su deuda y financiar su déficit ante el riesgo percibido de determinadas economías). 

La historia en España desde entonces es conocida por todos. Recortes, más recortes, un cambio de gobierno y recortes al cubo que ya tocan temas tabúes dentro de nuestro estado de bienestar. A través de los mismos se busca una consolidación fiscal que calme de una vez por todas a unos mercados presos del pánico. Al mismo tiempo, son muchas las voces que cuestionan las actuales políticas que se dictan desde Bruselas. Se dice que se necesitan políticas de estímulo y crecimiento, y es cierto, pero el problema estriba en saber si éstas son posibles en la actualidad. El caso de España se ve agravado de nuevo por dos circunstancias: Una, más allá de nuestras fronteras se percibe que el gobierno central no tiene la fuerza necesaria para meter en cintura el estado de las autonomías; y dos, hemos perdido 4 años en los que se tenían que haber implementado reformas estructurales que permtieran que la burbuja inmobiliaria pinchase definitivamente, la banca se hubiera reordenado y el mercado laboral funcionase mejor. Las reformas que se están llevando a cabo ahora, tardarán en hacer efecto al menos dos años, lo que genera mayor incertidumbre respecto a si seremos capaces de superar esta travesía por el desierto.

Desde un punto de vista puramente ortodoxo, el objetivo del control del déficit, en circunstancias normales, debería ser una carrera de fondo. El estado debería, efectivamente, apostar por la eficiencia en el uso de los recursos públicos, recortando en gastos superfluos y corrientes que no afecten a la inversión pública, ya sea en infraestructuras, I+D+i, sanidad o educación, en tanto en cuanto se hacen reformas estructurales y éstas van surtiendo efecto. Así, tras unos años de ajuste más o menos duros pero llevaderos, la vuelta al crecimiento apoyaría la consolidación fiscal. Por el camino, el estado se hubiera podido ir financiando vía nuevas emisiones de deuda cada vez menores. Si encima tuviéramos el control de nuestra política monetaria, una devaluación hubiera actuado como anestésico. Todos más pobres de la noche a la mañana, pero con una economía mucho más competitiva, lo que hubiera mejorado nuestro saldo de exportaciones netas (exportaciones menos importaciones), nos hubiera metido de nuevo en una senda de crecimiento y nos hubiera ayudado a volver a la normalidad con "relativa" tranquilidad.

Analicemos ahora lo que hay. Un gobierno con un déficit público que le asfixia, por cuanto las posibilidades de recaudar mayores impuestos son muy limitadas al tener el sector privado más endeudado de Europa y un paro elevadísimo, un sector financiero quebrado en su mayoría por cuanto las "patadas hacia delante" han generado tal pelota, que hacen inviables a muchos bancos y cajas, lo que a su vez imposibilita el flujo del crédito y retrasa la recuperación económica (por cuanto hay sectores que ya se han ajustado y podrían comenzar a crear puestos de trabajo y mejorar las arcas del estado), una política monetaria que se dirige desde Bruselas y que no responde precisamente a nuestros intereses y unos mercados de deuda que no quieren saber nada de nosotros si no hay de por medio unos intereses sangrantes (sí, la prima de riesgo) a menos que el BCE intervenga (y lleva unas semanas en las que parece no estar por la labor). Ante esta tesitura se imponen los recortes, los copagos (algunos pueden tener sentido ante la actual coyuntura y en determinadas circunstancias), las subidas de tasas universitarias (creo que el sistema requiere una revisión de arriba a abajo que va más allá de la subida de tasas, pero esto da para otro post) y otra serie de ajustes, los cuales nos llevan a corto plazo a una situación límite y ponen en tela de juicio nuestro estado de bienestar. Las reglas nos las están marcando desde Bruselas y ello es bastante peligroso, pero es que me creo a pies juntillas lo que dijo Rajoy el otro día: no hay dinero para mantener nuestro modelo tal y como está concebido. 

Claro que hacen falta políticas de crecimiento, pero sin poder ejercer la política monetaria y sin posibilidades de inyectar nuevos estímulos fiscales, lo único que nos queda son hacer reformas estructurales y rezar para que nuestros políticos acierten y éstas tengan efecto cuanto antes. Cuando aceptamos "jugar" en la "liga" del Euro, sabíamos a lo que nos exponíamos. Hemos disfrutado de las maduras y ahora tocan las duras.

La consecuencia de todo ello es terriblemente dolorosa e injusta para la ciudadanía de a pie. Nos encaminamos hacia una devaluación interna que nos hará a casi todos más pobres, por cuanto nos veremos abocados a bajar nuestro nivel de vida. En parte es la consecuencia lógica de unos años de fiesta y barra libre, pero en otra parte significativa, es también la consecuencia de unos políticos que no han estado a la altura de las circunstancias en los últimos años. Hemos pasado de tener un superavit de 20.000 millones de euros en el año 2007 a tener un déficit por encima de los 91.000 millones en el año 2011. Que se sepa. Nuestra deuda pública nos cuesta 2.000 euros al año de media a cada uno de los ciudadanos de este país.

Nuestros políticos se han olvidado de que su labor consiste en gestionar los bienes públicos y hacerlos sostenibles para que estén al servicio de la ciudadanía, por encima de lanzarse a emprender proyectos faraónicos cuya finalidad no era otra que la de era perpetuarse en el cargo. El sevicio público es un fin en sí mismo, no un medio para pasar a la historia. Y otra idea más, a los gobiernos se les elige para que tomen decisiones sin pensar en las siguientes elecciones. El último gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero no tomó ninguna medida lo suficientemente contundente para revertir lo que se venía encima durante el último año y medio de su mandato, muy probablemente porque las medidas a tomar eran tan duras como las que se están tomando ahora y de resultados tan inciertos y tan a largo plazo como éstas.

Vivimos una etapa de mediocridad sin precedentes entre la clase política que nos gobierna. No hay meritocracia ni tampoco liderazgo y las consecuencias saltan desgraciadamente a la vista. Repasemos mentalmente brevemente las tareas del estado como agente económico. En los años previos a la actual crisis, nuestros gobiernos "dimitieron" de su labor de legislar, permitiendo auténticas barrabasadas que nos metieron en la actual espiral. Su gestión ha sido tan patética, que ahora están poniendo en jaque el suministro de aquellos bienes y servicios que por razón de interés general su provisión no puede ser confiada al mercado. Definitivamente el estado se bate en retirada por deméritos de nuestros políticos, no por cuestiones ideológicas ni por los mercados. Como explicaba Aleix Saló en su fantástico "Simiocracia" haciendo alusión al llamado Principio de Hanlon, "Nunca le atribuyas a la maldad lo que puede ser explicado por la estupidez". Qué gran verdad.




8 comentarios:

Katy dijo...

Todas verdades, todas bien razonadas, explicadas como son todos tus finos analisis . Estamos ante esta realidad largamente anunciada y ¿Ahora qué?
La balanza puede inclinarse para un lado o para otro según los ciudadanos quieran o no colaborar para salir del agujero.
Pero en cualquiera de los dos caso seremos más pobres y de eso no me cabe la menor duda.
¿Quiénes o qué países saldrán beneficiados ?
Un abrazo

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Brillante y claro. Si se hubiese aplicado el sentido común seguramente la situación sería otra, pero ya se sabe que la vanidad, la avaricia y la mediocridad siempre se dan la mano.
UIn abrazo

José Martín-Cobos dijo...

Muy buen post, muy bien explicado para aquellos que no tenemos profundos conocimientos de economía.

En mi opnión personal creo que la parte que más daño nos está haciendo son las autonomías, Rajoy no genera confianza en los mercados internacionales para meterlas en cintura y ellas son las causantes del gran deficit que tiene España, sólo Cataluá suma más del 30% de la deuda de las comunidades autonomas, ya he leído en más de un artículo que existe una posibilidad real de intervención de algunas CCAA en concreto Cataluña, Valencia( que está hecha unos zorros) y por supuesto Andalucía el agujero negro de España.

saludos

Luis María dijo...

Muy bueno Fernando, me ha gustado mucho. La lástima actual para mí es que media España sigue creyendo que vivimos en Barrio Sésamo o Los Mundos de Yupi y no se dan cuenta que, o empezamos a pagar lo que de verdad valen las cosas o cualquier institución quiebra; y lo que es de cajón es que sin duda alguna si queremos universidades, hospitales o transportes al mismo precio hay que recortar o bajar la calidad, es algo obvio por desgracia...

Fernando dijo...

Antes que nada pediros perdón a todos por tardar en responder. Esta semana he tenido bastante lío y no me ha sido fácil conectarme.

Katy, millones de gracias por pasarte, como siempre, y por tu comentario.

Uno puede ir a las mejores fiestas y tomar los mejores champagnes porque trabaja mucho y le pagan en consecuencia, o porque pide dinero prestado a sus amigos. El día que los amigos no te pueden prestar más tienes un problema. Hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y eso es innegable.

Dicho esto, yo creo que el ciudadano sí que está dispuesto a hacer determinados sacrificios si se los explican. Los recortes resultan duros de digerir cuando no se explican y cuando se han destinado cantidades ingentes de dinero en salvar a la banca.

En cualquier caso, nuestros dirigentes pueden hacer más llevadero este sufrimiento. Todavía creo que alguna vez acertarán...

Abrazos

Fernando dijo...

Gracias, Fernando, por pasarte y por tus palabras. Y me apunto esa gran reflexión: Mediocridad, Vanidad y Avaricia siempre van de la mano.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

José Luis, mil gracias por pasarte, como siempre, y por tu comentario. Creo que hay mucho de cierto en lo que apuntas. Algún medio señaló la semana pasada que de no haber anticipado las transferencias a las Comunidades Autónomas, Cataluña hubiera entrado en default. Será verdad o no, porque los tiempos andan revueltos, pero me parece verosímil.

Veremos qué pasa en el futuro!

Un abrazo

Fernando dijo...

Luis, millones de gracias por pasarte, como siempre, y por tu comentario. Yo lo explicaría de la siguiente forma: nuestro estado de bienestar se ha desarrollado al calor de unos ingresos que, no sólo no generamos, sino que tardaremos años, incluso décadas en volver a generar, porque de no haber mediado una burbuja, nunca nos los hubiéramos podido permitir.

Ante esa tesitura, toca meterle mano a determinados gastos. Lo que entiendo que es difícil de digerir, es que para la banca siempre haya dinero.

Un abrazo