viernes, 30 de abril de 2010

Economía - Euforia y Pánico

Sobre la Economía y la Psicología Humana

Termina otra semana muy complicada para mi a nivel laboral, con mucho tajo y mucho lío, en la que apenas he podido pasarme por los espacios de otros blogueros ni escribir por aquí. De entrada me gustaría disculparme con todos aquellos a los que os sigo por no participar últimamente, pero ando saturado en estos momentos. Sigo pasándome por vuestros blogs pero apenas he tenido tiempo para escribir.

Lo que más me ha llamado la atención esta última semana ha sido todo el "berenjenal" en el que se han convertido las bolsas tras la petición oficial de rescate de Grecia, de la cual ya dimos cuenta en este blog. Euforia y pánico, como explica el fantástico libro del profesor Oriol Amat, Catedrático de la Universidad Pompeu y Fabra, son los dos estados que mejor describen los ánimos de los inversores. Y todo ello, porque de repente, casi sin comerlo ni beberlo, España se ha visto en el centro del huracán mediático y especulativo. ¿Qué ha pasado estos últimos días? Pues en el fondo nada que no supiéramos. Al menos no con tanta importancia para generar el desánimo generalizado que se ha vivido en las últimas horas.

Recapitulemos: Que Standard & Poor´s nos bajara la calificación de nuestra deuda pública de notable alto a notable (para que se me entienda), entraba dentro de lo previsible. Que el propio Standard & Poors rebajase las expectativas de crecimiento de nuestro país de aquí al 2015, tampoco era algo inversosímil. Que la cifra del paro haya sido mala en el primer trimestre del año, creo que era algo cantado. Cómo también es verdad que hay algún dato que nos permite ser (muy) ligeramente más optimistas, como la mejora en el consumo de energía, porque si hay una correlación evidente, clara y palpable en la economía es que el crecimiento del PIB lleva consigo un crecimiento en la demanda de la ésta. En resumidas cuentas, que no ha pasado nada que no entrara dentro de lo razonable, que estábamos en el fango y que seguimos en él, pero con una particularidad, que estadísticamente será difícil caer más, y que en breve mejoraremos un poquito, aún sin salir del barro.

Ocurre sin embargo que la psicología humana en la economía sufre trastornos bipolares. Pasamos, como se ha dicho, de la euforia al pánico y del pánico a la euforia en cuestión de segundos. Es por ello por lo que suscribo la opinión de mi buen amigo Paco Alcaide acerca de que a menudo sobrevaloramos la teoría económica. Claro que ésta es importante, pero no se puede entender sin contar con el factor humano como esta semana se ha demostrado. Los mercados son el motor de la economía, y la confianza su lubricante para que funcionen eficientemente. Sin ella, los primeros tienden a griparse.

Y ello me lleva a una última reflexión. Se ha dicho que esta crisis ha puesto de manifiesto un exceso de capacidad productiva instalada, o lo que es lo mismo, que había muchos sectores sobredimensionados, fundamentalmente el inmobiliario, que había que purgar. El ajuste será más o menos rápido dependiendo de las circunstancias de cada país, pero hay algo en lo que todos los gobiernos deben ir de la mano y es en la recuperación de la citada confianza. Se ha avanzado poco en materias tan fundamentales como la transparencia, la vigilancia en el cumplimiento de las reglas del juego e incluso en el compromiso sin fisuras de los políticos por sacar esto adelante. Todo ello incide en el mercado tanto como la situación económica. Mientras no lo entendamos, será difícil salir adelante. Y en eso me temo que estamos suspendiendo. A los hechos me remito.

Buen fin de semana

domingo, 25 de abril de 2010

Economía - Sobre Grecia

Antecedentes y Lecciones

Tras varias semanas de especulaciones, idas y venidas, subidas y caídas en las bolsas, el viernes se hizo pública la petición oficial de auxilio de Grecia ante su terrible situación económica. Se ha escrito mucho acerca de las posibilidades de contagio que la caída del país Heleno puede provocar sobre el resto de economías europeas, sobre todo la Portuguesa, la Italiana y la Española (como podréis observar, estamos en todos los fregados), así como de la viabilidad o no del Euro, la postura de Alemania e incluso la reactivación del tradicional escepticismo británico frente a todo lo que tiene que ver con Bruselas. Ahora desde el Reino Unido, curiosamente, se alegran de mantener la Libra, cuando hace un año decían que no quedaba más remedio que subirse al tren de la moneda única. Pero bueno, ese es otro debate lleno de intereses oportunistas según sople el viento. Al menos eso creo yo.

Explicar lo que ha acontecido en Grecia no es sencillo, así que voy a tratar de ser lo más didáctico posible para que todo el mundo encuentre este post accesible, pero sobre todo me gustaría hacer hincapié, no sólo en los datos económicos, sino en algunas de las lecciones que nos deja la actual crisis del país Heleno, las cuales no debemos ignorar si no queremos vernos en una situación tan compleja como la que éste está sufriendo.

El pasado 9 de Octubre del año 2009, tras unos años de gobierno conservador, el Partido Socialista Griego se hacía de nuevo con el poder gracias al carismático Yorgos Papandreu, hijo y nieto de anteriores primeros ministros. Sólo le hicieron falta unos meses para comprobar que sus predecesores en el cargo habían falsificado de forma sistemática las cuentas públicas griegas (con la connivencia de Wall Street), fomentando, además, la corrupción y el despilfarro, así como una gestión financiera cuando menos irresponsable. Para que os hagáis una idea, el déficit público era 15.000 millones de euros mayor de lo que el anterior gabinete había admitido. Ante esta situación, el gobierno griego lanzó un severo plan de ajuste para tratar de reequilibrar sus cuentas.

En la actualidad el déficit público griego es del 13,6% y su déuda pública, medida en % sobre el PIB, del 115%. Según un artículo de Isabelle Couet en "Les Echos", la probabilidad de una suspensión de pagos Helena de aquí a 5 años se sitúa en torno a un 40%. Todo esto se traduce en algo tan sencillo como lo siguiente: invertir en Grecia es objetivamente más arriesgado que hacerlo en otros países. Y esto es dramático porque debido al descuadre de sus cuentas públicas, Grecia necesita financiación.

Existe un binomio irrefutable en las finanzas que es el de la rentabilidad vs riesgo. Un inversor está dispuesto a asumir más riesgo si la rentabilidad esperada de su inversión es mayor. Es lo que se llama, en una definición de andar por casa, la prima de riesgo. Dicho de otra forma, Grecia necesita dinero desesperadamente, pero tiene que pagar una rentabilidad por encima de mercado para conseguirlo (un 10,23% el pasado viernes, ni más ni menos) porque se percibe que meter los ahorros allí es arriesgado. Pero la situación Helena tiene un agravante más al estar involucrada en una espiral de destrucción masiva, si se me permite la expresión: la probabilidad de que el país griego no pueda hacer frente a sus pagos es muy elevada, lo cual obliga a retribuir por encima de precio de mercado a los inversores, lo cual no hace sino repercutir aún más sobre la expectativas acerca de la capacidad de pago del país Heleno, retroalimentándose así el riesgo país y haciendo subir con ello aún más la prima de riesgo.

A raíz de todo ello, existe un miedo palpable en los mercados acerca de las consecuencias de la caída griega. ¿Podría ser España la siguiente? ¿Estamos tan mal? Desde un punto de vista estrictamente económico podemos decir que de momento España no es Grecia. Aún siendo cierto que tenemos un déficit público del 11,5%, lo cual, con las tasas de desempleo que tenemos, es una barbaridad, nos salva el hecho de que nuestra deuda pública medida sobre el PIB está en torno a un 65%. Pero sobre todo nos salva la imagen de nuestro país como una nación seria. Y esa es precisamente la lección que debemos sacar de esta crisis.

Porque por encima de números y complejas variables macro económicas, lo que ha rematado a Grecia es la falta de confianza de los mercados, la cual se ha debido, fundamentalmente, a dos cuestiones: una, la opacidad y falta de verosimilitud de sus números; dos, la incapacidad del estado, no ya sólo para fijar las reglas del juego, sino para hacerlas cumplir (se sospecha que el fraude fiscal en el país Heleno es masivo, así como también la corrupción). Es por ello por lo que el plan tan agresivo presentado por Papandreu en su día no terminó de apaciguar los mercados y ahora se ve abocada a solicitar un rescate. Como decía el propio Papandreu, "lo peor es haber perdido la credibilidad".

Así pues, España está ahora en la encrucijada. Como me dijo el otro día un buen amigo, son cuatro las variables que tenemos que manejar a la hora de pensar en una recuperación de verdad: una, bajada del déficit público, dos reordenación del actual sistema financiero, tres, directamente relacionado con lo anterior, sanar de verdad nuestro sector inmobiliario (incluyendo en el mismo a la banca) y cuatro, flexibilizar el mercado laboral. Todo ello está en el programa del actual equipo económico de nuestro gobierno y todo ello tiene objetivos marcados en la agenda del actual gabinete. Lo que es necesario es que las cifras reales coincidan con lo presupuestado, que nuestro actual plan no haya sido un brindis al sol y sí un ejercicio de responsabilidad y transparencia. Que los mercados nos sigan percibiendo como un país serio, transparente y coherente es clave para que se recobre la confianza en nuestro país y no nos pongan en solfa. Eso, por encima de grandes números, es lo que nos separa de Grecia en estos momentos. No lo olvidemos.

martes, 20 de abril de 2010

Economía - A vueltas con el abaratamiento del despido

Algunas Reflexiones

Ya estoy de vuelta. Tras diez días muy complicados, con mucho trabajo y con un artículo académico entre manos en los que no he tenido ni un segundo para poder escribir, artículo al margen, vuelvo a la carga asumiendo que la noticia que hoy quiero comentar ya no está tan en boga.

La semana pasada salió a la palestra una nueva propuesta del gobierno dentro del marco del diálogo social en la que, por primera vez, parecía abrir la mano a un abaratamiento del despido en nuestro país. El tema es polémico, para qué negarlo, pero me sorprende seguir leyendo y escuchando los mismos argumentos de unos y otros, sin ser capaces de mirar un poquito más allá de sus propias narices. Los que me conocéis sabéis que yo creo en una economía ligada al desarrollo humano, esa en la que el beneficio empresarial es una necesidad para el buen funcionamiento del sistema, sin que ello sea óbice para que no se consideren otros objetivos del resto de grupos de interés que interactúan con una compañía. Vaya por delante también, que estoy de acuerdo con aquellos que dicen que abaratar el despido no va a crear más puestos de trabajo, si bien pienso que la ecuación puede leerse a la inversa: tener el despido más caro de Europa, no nos ha evitado tener la tasa de desempleo actual.

En cualquier caso, me gustaría aportar un punto de vista diferente, y un poco provocativo, a los que se han vertido estos días en los medios de comunicación. Este es el testimonio de un persona que está ahora mismo en el campo de batalla, como le gusta apuntar a mi buen amigo Paco Alcaide, y que escribe sin ningún trasfondo ideológico. Dejo, por lo tanto, algunas reflexiones para ver si entre todos fomentamos un buen debate. Comienzo.

1) En una crisis como la actual, una de las primeras consecuencias es la caída del consumo. Ello obliga a las compañías a ajustar sus producciones y stocks, lo cual es todavía más imperativo ante la falta generalizada del crédito. Las empresas son, como muchas veces se ha dicho en este blog, ingresos y gastos. Si caen los ingresos se han de reducir los gastos, así como reasignar los recursos. Bajan las compras de materias primas y las producciones, por lo que se reducen las necesidades de personal.

El despido es siempre la última de las opciones, porque por lo general, las empresas que prescinden de trabajadores en tiempos de crisis, vuelven a generar empleo cuando éstos pasan, con el agravante de que para entonces han salido de tu organización personas formadas, afines a tu cultura empresarial, que ya conocían la compañía, mientras que los que entran son gente nueva a la que hay que formar. Claro que hay empresarios sin escrúpulos, como también hay médicos, abogados o periodistas, pero por lo general el despido es una consecuencia, no un fin.

2) El actual mercado laboral perjudica al empresario honrado y favorece al explotador. Allá por los años 90, cuando la tasa de desempleo alcanzaba en España un escalofriante 25%, el gobierno presidido por aquel entones por Felipe González, propuso una serie de medidas para flexibilizar el mercado laboral. Entre ellas se introdujo una doble fórmula de contratación. Frente al tradicional contrato fijo, la nueva ley permitía una novedosa modalidad de incorporación del trabajador a la empresa a través de un contrato temporal, el cual sólo podía firmarse en casos muy concretos que la citada ley estipulaba. Como se suele decir, y nunca mejor dicho, hecha la ley, hecha la trampa. Un número muy importante de los contratos temporales que a día de hoy se firman se hacen de forma irregular. El empresario sin escrúpulos adapta la contratación a cualquiera de los casos en los que se permite la modalidad temporal aunque la realidad no tenga nada que ver con la teoría. Por el contrario, el empresario honrado sigue a pies juntillas la legalidad vigente y contrata a un nuevo empleado con un contrato fijo.

Ocurre que cuando viene una crisis y acontece lo explicado en el punto anterior, al empresario sin escrúpulos le sale mucho más barato que al honrado reajustar su plantilla. No hay mecanismos suficientes de control por parte de la administración para vigilar la realidad de los contratos temporales y ante esa situación no tiene ningún sentido mantener la actual dualidad del mercado de trabajo.

3) El actual sistema favorece a los dinosaurios y dificulta la entrada en el mismo a jóvenes talentos. Volvemos al punto uno. Hay que reajustar la plantilla. Ante esa situación, el empresario, que necesita ahorrar gastos, trata de minimizar los costes de los despidos, lo que hace, dado el sistema actual de indeminaciones, que prescinda de los más jóvenes y de los que llevan menos tiempo en la empresa, haciendo prácticmente intocables a personas que llevan muchos años en la en la misma y no tienen ninguna motivación. Pero no solo eso, a la hora de volver a contratar, la tentación de hacer un contrato fijo a una persona joven es menor ante la posibilidad de éste "salga rana".

4) Existe la tentación de pensar que el directivo es una persona fría, habituada a tomar decisiones drásticas y al que no le pesa la parte emocional. Las encuestas demuestran que eso es radicalmente falso. Casi el 87% de los directivos afirman que la decisión más dura de su día a día profesional es cuando tienen que comunicar a una persona que no sigue en la compañía. La peores experiencias de mi vida profesional han sido cada vez que me ha tocado despedir a alguien. Lo he tenido que hacer tres veces y aunque dos fueran por cuestiones disciplinarias, siempre se me ha hecho muy duro.

5) En una Europa con libre circulación de trabajadores, no tiene ningún sentido la actual disparidad de criterios por país en lo que a las indemnizaciones por despido se refiere. Como ya se ha dicho, no creo que abaratar el despido sea la solución para la creación de empleo, pero sí que nos pone, objetivamente, en una desventaja competitiva clara frente a empresas de nuestro entorno.

Así pues, abogo por un contrato único de trabajo, con unos costes de despido crecientes y un número de días por año trabajado menores de los 45 actuales, pero también por una administración que vigile de forma más exhaustiva las malas prácticas empresariales con la ayuda de los jueces, así como por todas aquellas medidas que a los expertos consideren oportunas para flexibilizar el mercado laboral y permitan a las compañías adaptarse mejor a ciclos económicos. Ahí queda eso. Os dejo a vosotros.

viernes, 9 de abril de 2010

Sociedad - Sobre la Ley del Menor, el Caso de Seseña y el Sistema Penal Español

Una Mirada Diferente

Tras una semana fuera de España de vacaciones, y tras una vuelta al trabajo más ajetreada de lo que uno hubiera deseado, vuelvo hoy a la actividad en el blog para traer a colación la noticia más impactante de las últimas semanas y el debate que la misma ha generado. Me estoy refiriendo a la muerte de la niña Cristina Martín, de 13 años, vecina de la población toledana de Seseña. Su fallecimiento, debido al ataque de una compañera de instituto con la que, parece ser, mantenía una fuerte rivalidad, ha vuelto a sacar a la calle y a los medios de comunicación controvertidas declaraciones acerca de una supuesta benevolencia de nuestro sistema penal, la idoneidad de la actual ley del menor y, como no podía ser de otra forma, la cadena perpetua o la pena de muerte.

Y es que el caso ha sido terrible. Realmente no hay por dónde cogerlo. Dos menores que quedan presuntamente para pegarse, una de ellas hiere a la otra y no tiene ningún reparo en dejarla morir atrapada entre unos escombros. A partir de ahí surgen preguntas acerca del por qué y el cómo, para dar paso después a una indignación popular difícilmente controlable al calor del desgarro de unos padres destrozados. Vaya por delante, por lo tanto, toda mi solidaridad y cariño para los familiares y amigos de la pequeña Cristina ante el drama que están sufriendo.

Aún así, aún haciéndome cargo de lo humano que es el dolor y la rabia, no me gustaría perder la perspectiva. La cercanía de los casos de Marta del Castillo y Mari Luz Cortes, o la vuelta a los titulares de el tristemente famoso "Rafita", asesino de Sandra Palo, han sido también un buen acicate para que de nuevo falsos mitos, medias verdades y voces no autorizadas hayan desfilado por las distintas televisiones y radios de nuestro país. Se ha echado de menos una cierta cordura por parte de quienes tienen que legislar, sobre todo algunos miembros de la oposición, pero también una responsabilidad social efectiva de los medios de comunicación, los cuales llevan ejerciendo desde hace tiempo una presión mediática que está contribuyendo a conformar una opinión pública errónea en torno a la criminalidad y seguridad ciudadana de nuestro país.

Tendemos a pensar que nuestro sistema penal es blando, que la ley del menor no es válida y que en el fondo, en este país, matar sali casi gratis, porque "a los tres días, uno está en la calle". Se tiene también la sensación de que la solución a crímenes tan horrendos es más cárcel, obviando las limitaciones de ésta para atajar de raíz la criminalidad. La historia nos ha demostrado que el endurecimiento de las penas ni garantiza la seguridad ciudadana, ni evita la comisión de delitos.

¿Es realmente España un país peligroso? ¿Es nuestro sistema penal blando? ¿Tenemos motivos para la preocupación o alarma? Ciertamente las cifras nos muestran realidades contradictorias. Diversas encuestas que se han llevado a cabo en nuestro país en los últimos años reflejan que la sociedad en su conjunto cree que la delincuencia ha aumentado mucho o bastante (hasta un 88% en algunos trabajos) durante la última década, cuando datos en mano se demuestra que no es así. Los expertos creen que la causa principal de esta visión distorsionada de la realidad se debe al auge espectacular de la cobertura de los medios de comunicación a todo tipo de crímenes, propiciando, además, el vertido de falacias, medias verdades y opiniones populistas.

En este sentido es muy intereseante un estudio publicado en la revista Cuadernos de Periodistas, en su nº 18, dónde se halló que desde el año 2007, el tiempo dedicado por las grandes cadenas de televisión a los sucesos se han multiplicado por 5, y que éstos han pasado de ocupar un 15% del tiempo total en 1994 a un 30,8% en el año 2009. El estudio señala, además, que se necesitan 11 minutos de media para que en este tipo de noticias aparezca una fuente solvente, mientras se multiplican las opiniones intrascendentes que generan más alarma social que otra cosa.

Frente a esta percepción errónea, están los datos que nos reflejan la realidad pura y dura. La tasa de criminalidad en España es menor que la media de los países europeos. En el año 2008, la tasa de delitos por cada 1.000 habitantes en nuestro país fue de 46,7, mientras que la media europea se situó en un significativo 70,4, existiendo países como Inglaterra donde dicha tasa alcanza la preocupante cifra de 101,6. Pese a estos datos, España es el país europeo con la tasa de personas encarceladas más alta de Europa, con 164 presos por cada 100.000 habitantes. Y todo ello pese a los datos analizados por el Boletín Criminológico del Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología, dónde se halló que la delincuencia en España presenta una línea globalmente descendente desde hace 20 años. En resumen, podríamos concluir que en España se necesita hacer menos cosas para acabar en la cárcel, al menos en comparación con nuestros vecinos europeos. Nuestro sistema penal, por lo tanto, no es blando, sino más bien todo lo contrario. Es más, la población penitenciaria se ha cuadruplicado desde 1980, pasando de algo menos de 19.000 personas 76.771 en el año 2009.

Aún así, el debate sobre la necesidad de endurecer el sistema penal español sigue ganando fuerza en la calle. El Partido Popular, por ejemplo, ha propuesto reabrir el debate de la cadena perpetua en España. A este respecto cabe preguntarse si esta medida tiene cabida dentro de nuestro ordenamiento jurídico. El debate filosófico está abierto: ¿Debe servir la cárcel para reeducar a los presos o simplemente como centro de castigo puro y duro? ¿Realmente es todo el mundo rehabilitable? ¿Tiene todos los medios la justicia para poder rehabilitar a los presos?

Al margen del debate filosófico, nuestra Constitución es clara, ya que en su Sección I, artículo 25, epígrafe 2, se establece que las "penas privativas de libertad y las medidas de seguridad, estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social y no podrán consistir en trabajos forzosos". La Ley Orgánica General Penitenciaria de 1979, por su parte, también señala en su primer artículo que "Las Instituciones Penitenciarias reguladas en la presente Ley tienen como fin primordial la reeducación y la reinserción social de los sentenciados a penas y medidas penales privativas de libertad". Dicho de otra forma, la cadena perpetua no tiene cabida en nuestro ordenamiento jurídico.

Pese a todo, se podría decir que ésta existe en España de facto. Pese a lo escandaloso que puede resultar esta afirmación, a los datos y jurisprudencia me remito: En la actualidad, el límite de estancia en la cárcel se ha subido hasta los 40 años y en el 2003 se propuso el cumplimiento íntegro para las penas por terrorismo. En el 2006, la llamada "doctrina Parot" señalada por el Tribunal Supremo, estableció que las redenciones de las penas deberían aplicarse, no al tiempo máximo de cumplimiento efectivo, sino a cada una de las condenas individualmente, lo que significa que, extinguida una, comienza a cumplirse la siguiente hasta llegar a los 30 ó 40 años.

Otra falsedad recurrente cuando se habla de nuestro sistema penal, es la que hace alusión al no cumplimiento de las penas. Según Félix Pantoja, fiscal del Tribunal Supremo, "No hay condena que, iniciada, no se ejecute desde el primero hasta el último día. Todas las personas cumplen íntegramente las penas de prisión impuestas". Tan sólo un 17% de la población penitenciaria española disfruta del tercer grado.

En referencia a la ley del menor, no son pocas las voces que afirman que ésta es demasiado benigna. La realidad también nos demuestra que ésto no es así. Frente a los entre 10 y 15 años que el código penal preveé para el homicidio, incluyendo en este tiempo la posibilidad de obtener un régimen abierto a mitad de la condena y la libertad condicional a los 2/3 ó 3/4 partes de ese tiempo, la ley del menor establece 8 años de internamiento cerrado más 5 de libertad vigilada, pasando por la cárcel en todo caso a los 21 años, pero pudiendo hacerlo a los 18 si la conducta de la persona internada no responde a los objetivos marcados en la sentencia.

Por lo tanto, datos en mano, creo sinceramente que ni nuestro sistema penal, ni la ley del menor son blandas. El problema no es tanto de endurecimiento de las penas como de la necesidad de abrir un doble debate. El primero acerca de la eficacia de la justicia. El "Rafita", por ejemplo, cuando volvió a delinquir lo hizo tras un fallo imperdonable de la administración de la justicia y las fuerzas del orden, puesto que estaba en libertad vigilada. El asesino de Mari Luz Cortés, por su parte, también estaba en la calle por un error judicial no menos escandaloso.

El segundo debate que creo que hay que abrir es el referente a qué nos está pasando como sociedad, en qué estamos fallando a nivel educativo y moral. Es cierto que las cifras de delicuencia juvenil siguen siendo muy bajas y también que siempre ha habido niños conflictivos que se han iniciado por la senda de la criminalidad desde muy jóvenes. Sin embargo, casos como el del Asesino de la Katana, el de Marta del Castillo, el de Sandra Palo o el de la propia Cristina Martín entre otros, nos deben hacer reflexionar. También el auge de profesores y docenctes amenazados y/o agredidos. Algo estamos haciendo mal y echar la culpa a nuestro sistema penal, la ley del menor o simplemente a la administración de la justicia, abrir debates sobre un posible endurecimiento de las penas o una cadena perpetua explicitada dentro de nuestro ordenamiento legal, supondría mirar para otro lado, tal y como hacen los protagonistas de la última película de Michael Hanecke, "La cinta blanca" (muy recomendable, por cierto).

Entre tanto, cabe pedir más responsabilidad a todo el mundo. En primer lugar a los políticos y en segundo lugar a los medios de comunicación. Avivar debates populistas y demagógicos no hace sino alentar una sensación que no se corresponde con la realidad de nuestro país a tenor de lo que dicen los datos. Pese a todo, lo que a mi más me preocupa es lo indicado en el párrafo anterior. Algo que no tiene buena pinta se está cociendo en las nuevas generaciones, y aunque es injusto generalizar, peor sería no afrontarlo desde ya.

Por último no quiero dejar de agradecer a Maru su colaboración. Aunque yo haya sido el encargado de tratar de poner en orden todo el material que me ha facilitado, lo cierto es que sin su colaboración este post nunca hubiera sido posible. Ella, fiel seguidora del blog, es abogada y periodista, y actualmente está haciendo un máster de periodismo de agencia en EFE. Ha realizado cursos de Derecho Penal y Derecho Penitenciario, y se alinea bastante con juristas de primer nivel que siguen pensando que otro Derecho Penal es posible.