miércoles, 26 de enero de 2011

Economía - Sobre el Petróleo

Oferta, Demanda, Modelo Energético y Especulación

Si alguno ha llenado recientemente el depósito de su coche es probable que se haya llevado un buen susto. Al menos yo no me quedé indiferente cuando comprobé hace unos días que llenar el mío se acercaba peligrosamente a los 80 euros. Si alguno tiene memoria también, recordará que no hace tanto vivimos una situación parecida, allá por el mes de julio del año 2008, cuando el barril de Texas batía records históricos de cotización. Recuerdo que por aquel entonces comencé a preparar un artículo académico sobre la RSC y el llamado "Economy Case", o lo que es lo mismo, lo que afectan las estrategias sostenibles al crecimiento económico global. Cuando ya tenía los datos e incluso algún hallazgo sorprendente, cayó Lehman Brothers, la economía mundial se desplomó y el petróleo dejó de ser un problema. Al menos por unos meses. Concretamente 30. ¿Qué es lo que subyace en esta subida paulatina del petróleo? ¿Estamos ante un problema de oferta y demanda o es que los especuladores se han vuelto a refugiar en el oro negro ante la incertidumbre de los mercados globales? ¿Es sostenible nuestro modelo energetico? A ver si logro contestar a unas cuantas de las preguntas expuestas sin lograr meterme en charcos ininteligibles.Partimos de dos ideas muy concretas y sencillas: Una, energía y crecimiento económico van de la mano; dos, el petróleo es una fuente de energía no renovable, finita y que no posee todo el mundo.

Energía y Crecimiento Económico: Se sabe que desde los años 60 hasta aproximadamente el año 2004, por cada 1% que crecía el PIB mundial, la demanda de energía se elevaba más o menos en un 0,65%. Casi el 40% de la energía mundial consumida provenía del petróleo, aspecto que apenas ha cambiado desde entonces. Se estimaba que en el año 2000 nuestro mix energético requería un 85% de combustibles fósiles. El otro 45% adicional al del oro negro provenía del gas natural (23%), el carbón (21%) y otros combustibles fósiles (1%). La proporción crecimiento económico / demanda de energía, sin embargo, sí que ha sufrido cambios significativos. Desde que los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) se sumaron al carro del desarrollo cada crecimiento de la economía mundial de un 1% supone un aumento en la demanda energética de un 1,11%. Dicho de otra forma, nuestro actual ritmo de desarrollo precisa de más energía y, por lo tanto, de más petróleo.

Hay algunos datos que creo son clarividentes. Durante el período 2004 - 2009, la demanda mundial de petróleo aumentó un 2,34%. Mientras en la OCDE ésta caía un 7,5%, en los países no OCDE (fundamentalmente los citados BRIC), el consumo de petróleo aumentaba un 17,10%. De no haber mediado la actual crisis, de no haber caído Lehman Brothers, se estima que la demanda mundial de crudo podría haber batido records históricos en el año 2008 con una media de casi 87 millones de barriles diarios, un 4,5% más que en el año 2004. No parece casualidad, por lo tanto, que aquel año se batieran todos los records de precios. Desde entonces han pasado muchas cosas. La actual feroz recesión que estamos viviendo hizo que el consumo mundial cayera en el año 2009 casi un 2% para recuperarse en el año 2010 y situándose más cerca de la demanda del año 2008 que del 2009. La tendencia en este año 2011 de momento es alcista.

Oferta de Petróleo: El petróleo se tiene o no se tiene, no se produce. Añadámosle que detrás de los principales yacimientos del mundo se encuentra un cártel, la OPEP, dónde cohabitan personajes de toda índole. Es muy difícil, por lo tanto, saber dónde nos encontramos, si realmente afrontamos un período de carestía de petróleo o si por el contrario los principales países extractores inflan el precio para obtener mayores rentabilidades. Este debate es complejo y está lleno de teorías y contrateorías. Yo no me quiero meter en demasiados charcos en los que es posible me pierda, así que expondré dos ideas muy sencillas. Una referente a lo que son las reservas de petróleo, tipologías y el llamado "pico de Hubbert" y otra sobre si le interesa o no a la OPEP un oro negro carísimo como el actual.

Las reservas de petróleo se dividen entre convencionales y no convencionales. Entre las primeras estarían las de "toda la vida" que maneja la OPEP y entre las segundas las del fondo del mar, las procedentes de arenas bituminosas, las que están debajo del ártico y el gas licuado. Hablamos de "Reservas Recuperables" cuando éstas son extraibles (viables desde un punto de vista técnico y energético) con las técnicas actuales. Con el paso de los años hay reservas que pasan a ser recuperables por la mejora en las técnicas de extracción, así como también los descubrimientos de nuevos yacimientos (cada vez menores) permiten incrementar las mismas. Se estima que en la actualidad hay "Reservas Recuperables" que podrían oscilar entre 1 y 2 billones de barriles. Las reservas no convencionales no están exentas de gran controversia. Primero porque son consideradas en muchos casos un mero parche. En segundo lugar porque su extracción, sobre todo el de las arenas bituminosas y el del ártico, tiene un impacto medioambiental descomunal.

Hubbert fue un geófísico estadounidense que desarrolló un modelo matemático según el cual se podía predecir el nivel de extracción de un yacimiento a lo largo del tiempo. Su teoría postula que un pozo alcanza un punto máximo de extracción y que a partir de ahí comienza a decaer su producción haciendo relativamente más caro cada barril. Llega un punto en el que ya no es rentable obtener más crudo de dicho yacimiento, porque se precisa emplear más energía y más costes en la extracción de un barril que lo que se obtendría en el mercado con el mismo. Apunte para los matemáticos: Hubbert postuló que la curva de producción de un pozo seguía siempre una función gaussiana, por lo que pensaba que era sencillo calcular el pico máximo de producción ("Pico de Hubbert") de un país productor de petróleo. Tras la consecución del "Pico", comienza una fase de agotamiento. Hubbert predijo que la producción mundial alcanzaría su pico entre 1.995 y el año 2.000. Sus cálculos fueron erróneos porque la demanda mundial de petróleo no ha sido lineal a lo largo de los tiempos, sin embargo acertó de pleno en los EEUU: su pico se alcanzó en el año 1.970.

La Asociación para el Estudio del Pico del Petróleo y el Gas (ASPO), fundada por el geólogo Colin Campbell, estima que el pico podría alcanzarse en esta década. El United States Geological Survey (USGS), por su parte, estimó en el año 2.000 que el citado "Pico" podría alcanzarse a nivel mundial en el año 2026, si bien consideraba que hay reservas suficientes para continuar con los actuales niveles de extracción durante como mínino 50 años. De forma análoga, la "Cambridge Energy Research Associates" (CERA), entienden que el pico no llegará antes del año 2030, así como se atreven a aventurar que queda petróleo para todo el siglo XXI.

Modelización matemática al margen, la realidad nos llama al sentido común. De los actuales productores mundiales de petróleo, los niveles de extracción han caído parece que sin remisión en los EEUU, Rusia podría mantener sus actuales niveles durante algún tiempo gracias a sus inversiones permanentes y sólo Arabia Saudí parece poder incrementar algo sus producciones en las producciones en las próximas décadas. Del resto de países, los cuales tienen bastante menor capacidad, sólo  podrán mantener e incrementar su producción Venezuela, Irán, México, China, los países del Golfo, Kazajistán y Nigeria. Si como preveé la IEAllegamos a un consumo de 120 millones de barriles diarios en el año 2030 (un 50% más que en el año 2004) (Rosell, 2007), los interrogantes que planean sobre el petróleo se elevan al cubo. Todo parece indicar que hemos llegado al final de la era del petróleo barato porque parece evidente que a los actuales productores cada vez les cuesta más satisfacer la demanda y que dicha dificultad no hará sino incrementarse, pese a posibles bajadas que otros aspectos coyunturales puedan provocar.

A la OPEP no le interesa un crudo tan caro. Es más, durante el perído 2004 - 2009, los países productores han incrementado un 1,55% la oferta de petróleo. Es cierto que pese a todo hay un déficit de unos 800.000 barriles diarios de media. Aún así, siempre que se ha producido un incremento espectacular en la cotización de los barriles en los mercados internacionales, se ha agudizado la búsqueda de alternativas a través de biocombustibles o energías renovables. Esto es así por una razón puramente económica. Durante muchos años se pensó que la demanda de petróleo era inelástica. Es decir, que no le afectaban las alzas del precio. Esto no es del todo cierto. A corto plazo, la demanda de petróleo es extremadamente rígida, ya que es un bien de primera necesidad para numerosos procesos productivos y medios de transporte. Sin embargo a largo plazo, las crisis han demostrado que el petróleo es un bien elástico y que a las subidas de su precio les suele seguir un caída significativa de la demanda.

Por último nos queda hablar de los especuladores que invierten en el mercado de futuros. Para los no introducidos en la materia, pongo un ejemplo: en el mercado de futuros yo puedo adquirir una opción para comprar, por ejemplo, petróleo en abril a un precio que se fija hoy. Cuando llegue abril puedo ejecutar o no la opción adquirida. Este tipo de mercados se creó a finales del siglo XIX en EEUU para prever los precios de los productos agrícolas. En función de cómo venía la cosecha, el maíz o el trigo cotizaban a un precio u otro en el mercado de futuros. Hoy en día uno de los productos estrella en este tipo de mercados es el petróleo.

Al mercado de futuros y a los especuladores que en él habitan se les ha culpado de las idas y venidas en el precio del crudo en reiteradas ocasiones. Sin embargo un estudio de la Interagency Task Force on Commodity Markets (ITF), directamente vinculado al gobierno de los EEUU arrojó resultados concluyentes: Las subidas de precio del año 2008 fueron consecuencia de un desajuste entre oferta y demanda. Además, no se hallaban relaciones de causalidad entre los movimientos en los mercados de futuros y las subidas en la cotización del crudo. Más bien al contrario, se observaba cómo a cada subida del precio le seguía un movimiento retardado de los especuladores. Dicho de otra forma y como alguna vez lo hemos comentado, más bien parece que los especuladores son los amigos que se apuntan a la fiesta e incluso la animan, pero no los que la organizan.

Las tensiones geopolíticas, la vuelta al debate nuclear y el auge de las renovables parecen confirmar lo que los datos nos dejan entrever: todo apunta a que realmente cada vez es más difícil saciar nuestra necesidad de petróleo. Este escenario no es nuevo, sino que se ha venido produciendo desde hace tiempo. Las dudas sobre el futuro del petróleo se vienen produciendo desde hace más de un siglo. Sin embargo hay algo diferente en esta ocasión: vivimos en una sociedad transparente, con más información y medios que nunca. El debate energético hay que abrirlo de una vez por todas dejando al lado cortoplacismos e intereses bastardos. La energía y el desarrollo van de la mano, no lo olvidemos.

sábado, 15 de enero de 2011

Economía - ¿Necesita España un Rescate?

Pequeñas ideas

Hace casi un par de meses que no escribo de economía, tal vez abrumado (y escarmentado) por todo lo vivido en este pasado 2010, tal vez también porque cada día estoy más convencido de que las previsiones económicas se sustentan en modelos que, por muy completos que sean, están cada vez más expuestos a imponderables del día a día. Las lluvias torrenciales de Río de Janeiro o el exilio del presidente de Túnez son un buen ejemplo. 

Sí, claro que hay un "riesgo país" en el que se tratan de calibrar todos o la mayoría de estos avatares que podrían poner en riesgo la economía de un estado, pero lo cierto es que en el escenario global que vivimos los llamados imponderables son mundiales, lo que disminuye las posiblidades de acierto. Reconozco también que me encuentro en un momento en el cual me inclino por el escepticismo frente al racionalismo, o lo que es lo mismo, en el que pienso que en estados de pánico como el actual, la gente actúa más guiada por sus emociones que por el análisis, lo que dificulta aún más cualquier previsión. Aclaro todo esto porque lo que voy a exponer a continuación no pretenden ser más que unas pequeñas ideas que señalan algunos indicios, tendencias, que podrían ser revertidas o atenuadas en función de las circunstancias. A ver qué tal.

¿Necesita España un Rescate? Así titulaba hoy el diario Expansión un interesante artículo acompañado de un par de tribunas de opinión al respecto. Si tuviera que apostar diría que no, pero si algo nos ha demostrado esta crisis, es que cuando uno piensa que lo peor ha pasado, acontecen los sucesos más insospechados.  Sin embargo es cierto que hay dos circunstancias diferenciales respecto a Grecia e Irlanda, bajo mi punto de vista fundamentales, que deberían descartar la intervención de nuestro país. Uno, España no tiene la posición deudora de Grecia; dos, España no tiene un sistema bancario que suma el 300% de su PIB, que además es insolvente y cuyas quiebras han sido avaladas por el gobierno, lo que sí ocurre en Irlanda. Existe, además, un tercer punto aspecto que tampoco es desdeñable: la deuda, tanto pública y privada, de España en manos de la banca Europea es de 476.000 millones de euros. Dicho de otra forma, somos demasiado grandes para caer, porque las consecuencias serían terribles, no sólo para España, sino para el conjunto de la UE. Pensemos que nuestro PIB suma, aproximadamente, el 10% del total del PIB de la Unión ¿Por qué entonces la desconfianza actual?

En primer lugar, los mercados desconfían de nuestro gobierno. El plan de ajuste que se anunció hace ya varios meses en el cual se postulaban una serie de reformas para reducir el déficit público al 6% a finales del 2011, sigue todavía sin concretarse en muchos de sus aspectos clave. No se ha concluido la reforma de las pensiones, por ejemplo, como tampoco ha quedado clara la reforma del mercado laboral tras los titubeos del gobierno en las últimas semanas. Una reforma que, por cierto, no aborda casi ninguno de los aspectos clave (negociación colectiva, flexibilidad del mercado laboral a través de un contrato único adaptable a las circunstancias de cada sector y acceso de los jóvenes al empleo entre otros) y que parece que no ha ido mucho más allá de un abaratamiento del despido bajo determinadas circunstancias, lo cual se queda a una distancia sideral de arreglar nuestro verdadero problema: la constante y creciente pérdida de competitividad desde el año 2000. Nuestro cartel de puertas para fuera, al menos el de la gente que nos gobierna, es malo y eso nos penaliza.

En segundo lugar, nuestras expectativas de crecimiento son exiguas para los próximos años y eso provoca miedo. España necesita crecer por encima del 2% para generar empleo. Si tuviésemos una tasa del paro que rondase el 8%, el problema sería menor. Con un 20% la situación es crítica. ¿Por qué nuestras perspectivas de crecimiento son tan negativas? Fundamentalmente porque para recuperar el buen camino hacen falta que se den cuatro circunstancias fundamentales: una, que se desapalanquen las familias; dos, que se desapalanquen las empresas; tres, que se reordene el sector bancario; y cuatro, que se limpie el sector inmobiliario y de la construcción. Cuando todo eso ocurra, volverá a funcionar el crédito, volverá el consumo y se volverá a crear empleo.

Las familias, gracias al actual sistema hipotecario que tenemos en España, se están desapalancando a marchas forzadas. No queda otra. Cuando te compras una casa te pueden embargar hasta el sueldo de tus padres llegado el caso. La subida del IVA, aunque fuera un mal para evitar otro peor, el dato de la inflación de ayer y las subidas de electricidad y carburantes no ayudan ni a incentivar el consumo ni a reducir el miedo del español de a pie.

Las empresas ahora mismo andan en su gran mayoría digiriendo su atracón de deuda con la banca española. Es la hora de reestructurar, quitar la exposición al corto para pasarla al largo, así como de buscar carencias que permitan a las compañías adaptarse a un nuevo ciclo plagado de incertidumbres. Dicho de otra forma, las empresas están en la senda, pero no se han desapalancado ni mucho menos lo que debieran y sus posibles crecimientos en ingresos deberán venir por una apuesta decidida por el sector exterior, aspecto largoplacista, que requiere inversiones y un proceso de concentración en casi todos los sectores ante la falta de masa crítica (esto es, volumen y tamaño para salir a exportar) de nuestras empresas salvo contadas excepciones conocidas por todos.

Respecto a los bancos y al sector inmobiliario, la solución de ambos irá de la mano. El sector financiero español no ha hecho sus deberes, al menos en lo que respecta a las cajas, cuya reforma aún no se ha culminado, y ello lejos de tranquilizar a los mercados, mete más miedo y presión. El sector inmobiliario, por su parte, debería comenzar su ajuste definitivo a partir de este año, ya que las presiones del Banco de España para que los bancos comiencen a reconocer que sus casas no valen lo que estaban diciendo que valían, ya han dado sus frutos. Dicho de otra manera, se han apuntado ya parte de la pérdida, por lo que  podrían venderlas más baratas que hace un año. En Madrid capital, por ejemplo, son varias las voces que dicen que ya es el momento de comprar. Para el resto de plazas falta un poco más, pero pienso sinceramente que el camino ya se ha iniciado, aunque culminarlo nos lleve varios años.

En tercer y último lugar queda nuestro sector público, el cual lo que debe hacer, ni más ni menos, si quiere tranquilizar a los mercados, es cumplir con lo que ha previsto para lo que habrá de acometer reformas muy profundas que van mucho más allá de las buenas palabras. Nos quedan probablemente algunos años malos, pero un rescate sería mucho más dramático para nuestro país.  Si a éste percal le faltaba algo es que Aznar entre en juego como lo ha hecho hoy, advirtiendo que estamos  viviendo una intervención de hecho y que el estado de las autonomías no es viable.  Sus declaraciones, inoportunas, tienen también algo de verdad. Las autonomías tal y como están entendidas hoy en día son difícilmente sostenibles desde un punto de vista económico pero, ¿quién será el valiente que le ponga el cascabel al gato? Como decía hoy el Expansión, ahora más que nunca el futuro de nuestra economía depende de la determinación política para hacer cambios profundos.

miércoles, 5 de enero de 2011

Empresas - Sobran Jefes, Faltan Líderes

Reflexiones sobre las empresas del siglo XXI

"Necesito un par de manos, pero siempre vienen con una cabeza", decía Henry Ford con cierta ironía apenas comenzado el siglo XX. Por aquel entonces las empresas eran el fiel reflejo de la sociedad de entonces. Jerarquizada, con escasísima formación, plagada de relaciones asimétricas en todos los niveles y con una gran necesidad de control en los puestos de trabajo como consecuencia de todo lo anterior. Unas cuantas décadas después, Peter Drucker ya advertía que "la gente está cada vez más preparada y por lo tanto son trabajadores del conocimiento, a los que hay que dar espacio y responsabilidad, no solo control".

Sin lugar a dudas, uno de los problemas que uno encuentra en su día a día empresarial es que sigue habiendo mucho directivo que no se ha dado cuenta de que el mundo en estos últimos 100 años ha evolucionado más que en los 500 anteriores. Y lo que es más llamativo, sólo hemos visto la punta del iceberg. Las revolución tecnólogica con internet a la cabeza está suponiendo un nuevo orden economico mundial de consecuencias impredecibles las cuales aún desconocemos. Las redes sociales, Google o Youtube han permitido la interactividad total y la apertura de expectativas, las cuales ahora son globales. De un tiempo a esta parte nos hemos vuelto más emocionales, escépticos incluso, tal vez porque hemos constatado que la ciencia, desgraciadamente, no nos ha dado todas las respuestas que esperábamos. Se da la paradoja de que tal vez seamos la generación más formada de la historia, pero posiblemente también, y como consecuencia de ello, la más homogénea en cuanto a formación reglada se refiere, lo que le confiere un poder brutal al conocimiento tácito. Éste será el que marque las diferencias. Y todo ello en un mundo cada vez menos jerárquico, acostumbrado a hablar de tú  a tú independientemente de nuestro interlocutor.

El cambio para la empresa es brutal, porque ningún grupo, ya sea humano o animal, puede sobrevivir sin jerarquía. Ocurre, sin embargo, que ésta no puede ser a la vieja usanza. El líder marca objetivos, hace equipo, motiva, aporta valor añadido al grupo, define objetivos, toma decisiones, premia, corrije, influye sobre sus subordinados pero no manda en el sentido tradicional, respeta, escucha, dialoga, se toma tiempo para conocer a sus colaboradores (como le gusta decir a Paco Alcaide) y precisamente por ello sabe a quién le puede dar la mano sin peligro de que le cojan el brazo . Los jefes de toda la vida, esos mismos que jugaban con el miedo del trabajador a perder su empleo, tienen los días contados. Podrán sobrevivir por un tiempo en compañías "jurásicas" alejadas de la realidad, pero ninguna de estas organizaciones podrá adaptarse a un entorno tan complejo como el actual con herramientas propias del siglo pasado. El líder predica con el ejemplo y se hace respetar, atrae talento, lo retiene y lo que es más importante, crea espacios dónde se puede dar rienda suelta a la creatividad de cada uno, permitiendo el desarrollo profesional de las personas. Ahí marca diferencias el conocimiento tácito frente al explícito, para para verlo debemos crear ecosistemas propicios. Hoy puede que no lo veamos claro, incluso que suene inmoral con los más de 4 millones de parados que tenemos en España, pero lo cierto es que las tornas virarán más pronto que tarde y fidelizar a los empleados competentes será clave para el éxito empresarial.
Así pues vienen tiempos en los que la confianza desplazará, al menos en parte, al control, ya que de lo que se trata es de hacer más dueños de su trabajo y responsables de su función a cada uno de los trabajadores de la compañía. En este nuevo escenario sobrarán jefes y muy probablemente faltarán líderes. Bonito reto para las escuelas de negocio y universidades.

Os recomiendo que os leáis "Un mundo sin jefes " del Expansión & Empleo de El Mundo del pasado 12 de diciembre de 2010.

¡Feliz Epifanía!