sábado, 15 de enero de 2011

Economía - ¿Necesita España un Rescate?

Pequeñas ideas

Hace casi un par de meses que no escribo de economía, tal vez abrumado (y escarmentado) por todo lo vivido en este pasado 2010, tal vez también porque cada día estoy más convencido de que las previsiones económicas se sustentan en modelos que, por muy completos que sean, están cada vez más expuestos a imponderables del día a día. Las lluvias torrenciales de Río de Janeiro o el exilio del presidente de Túnez son un buen ejemplo. 

Sí, claro que hay un "riesgo país" en el que se tratan de calibrar todos o la mayoría de estos avatares que podrían poner en riesgo la economía de un estado, pero lo cierto es que en el escenario global que vivimos los llamados imponderables son mundiales, lo que disminuye las posiblidades de acierto. Reconozco también que me encuentro en un momento en el cual me inclino por el escepticismo frente al racionalismo, o lo que es lo mismo, en el que pienso que en estados de pánico como el actual, la gente actúa más guiada por sus emociones que por el análisis, lo que dificulta aún más cualquier previsión. Aclaro todo esto porque lo que voy a exponer a continuación no pretenden ser más que unas pequeñas ideas que señalan algunos indicios, tendencias, que podrían ser revertidas o atenuadas en función de las circunstancias. A ver qué tal.

¿Necesita España un Rescate? Así titulaba hoy el diario Expansión un interesante artículo acompañado de un par de tribunas de opinión al respecto. Si tuviera que apostar diría que no, pero si algo nos ha demostrado esta crisis, es que cuando uno piensa que lo peor ha pasado, acontecen los sucesos más insospechados.  Sin embargo es cierto que hay dos circunstancias diferenciales respecto a Grecia e Irlanda, bajo mi punto de vista fundamentales, que deberían descartar la intervención de nuestro país. Uno, España no tiene la posición deudora de Grecia; dos, España no tiene un sistema bancario que suma el 300% de su PIB, que además es insolvente y cuyas quiebras han sido avaladas por el gobierno, lo que sí ocurre en Irlanda. Existe, además, un tercer punto aspecto que tampoco es desdeñable: la deuda, tanto pública y privada, de España en manos de la banca Europea es de 476.000 millones de euros. Dicho de otra forma, somos demasiado grandes para caer, porque las consecuencias serían terribles, no sólo para España, sino para el conjunto de la UE. Pensemos que nuestro PIB suma, aproximadamente, el 10% del total del PIB de la Unión ¿Por qué entonces la desconfianza actual?

En primer lugar, los mercados desconfían de nuestro gobierno. El plan de ajuste que se anunció hace ya varios meses en el cual se postulaban una serie de reformas para reducir el déficit público al 6% a finales del 2011, sigue todavía sin concretarse en muchos de sus aspectos clave. No se ha concluido la reforma de las pensiones, por ejemplo, como tampoco ha quedado clara la reforma del mercado laboral tras los titubeos del gobierno en las últimas semanas. Una reforma que, por cierto, no aborda casi ninguno de los aspectos clave (negociación colectiva, flexibilidad del mercado laboral a través de un contrato único adaptable a las circunstancias de cada sector y acceso de los jóvenes al empleo entre otros) y que parece que no ha ido mucho más allá de un abaratamiento del despido bajo determinadas circunstancias, lo cual se queda a una distancia sideral de arreglar nuestro verdadero problema: la constante y creciente pérdida de competitividad desde el año 2000. Nuestro cartel de puertas para fuera, al menos el de la gente que nos gobierna, es malo y eso nos penaliza.

En segundo lugar, nuestras expectativas de crecimiento son exiguas para los próximos años y eso provoca miedo. España necesita crecer por encima del 2% para generar empleo. Si tuviésemos una tasa del paro que rondase el 8%, el problema sería menor. Con un 20% la situación es crítica. ¿Por qué nuestras perspectivas de crecimiento son tan negativas? Fundamentalmente porque para recuperar el buen camino hacen falta que se den cuatro circunstancias fundamentales: una, que se desapalanquen las familias; dos, que se desapalanquen las empresas; tres, que se reordene el sector bancario; y cuatro, que se limpie el sector inmobiliario y de la construcción. Cuando todo eso ocurra, volverá a funcionar el crédito, volverá el consumo y se volverá a crear empleo.

Las familias, gracias al actual sistema hipotecario que tenemos en España, se están desapalancando a marchas forzadas. No queda otra. Cuando te compras una casa te pueden embargar hasta el sueldo de tus padres llegado el caso. La subida del IVA, aunque fuera un mal para evitar otro peor, el dato de la inflación de ayer y las subidas de electricidad y carburantes no ayudan ni a incentivar el consumo ni a reducir el miedo del español de a pie.

Las empresas ahora mismo andan en su gran mayoría digiriendo su atracón de deuda con la banca española. Es la hora de reestructurar, quitar la exposición al corto para pasarla al largo, así como de buscar carencias que permitan a las compañías adaptarse a un nuevo ciclo plagado de incertidumbres. Dicho de otra forma, las empresas están en la senda, pero no se han desapalancado ni mucho menos lo que debieran y sus posibles crecimientos en ingresos deberán venir por una apuesta decidida por el sector exterior, aspecto largoplacista, que requiere inversiones y un proceso de concentración en casi todos los sectores ante la falta de masa crítica (esto es, volumen y tamaño para salir a exportar) de nuestras empresas salvo contadas excepciones conocidas por todos.

Respecto a los bancos y al sector inmobiliario, la solución de ambos irá de la mano. El sector financiero español no ha hecho sus deberes, al menos en lo que respecta a las cajas, cuya reforma aún no se ha culminado, y ello lejos de tranquilizar a los mercados, mete más miedo y presión. El sector inmobiliario, por su parte, debería comenzar su ajuste definitivo a partir de este año, ya que las presiones del Banco de España para que los bancos comiencen a reconocer que sus casas no valen lo que estaban diciendo que valían, ya han dado sus frutos. Dicho de otra manera, se han apuntado ya parte de la pérdida, por lo que  podrían venderlas más baratas que hace un año. En Madrid capital, por ejemplo, son varias las voces que dicen que ya es el momento de comprar. Para el resto de plazas falta un poco más, pero pienso sinceramente que el camino ya se ha iniciado, aunque culminarlo nos lleve varios años.

En tercer y último lugar queda nuestro sector público, el cual lo que debe hacer, ni más ni menos, si quiere tranquilizar a los mercados, es cumplir con lo que ha previsto para lo que habrá de acometer reformas muy profundas que van mucho más allá de las buenas palabras. Nos quedan probablemente algunos años malos, pero un rescate sería mucho más dramático para nuestro país.  Si a éste percal le faltaba algo es que Aznar entre en juego como lo ha hecho hoy, advirtiendo que estamos  viviendo una intervención de hecho y que el estado de las autonomías no es viable.  Sus declaraciones, inoportunas, tienen también algo de verdad. Las autonomías tal y como están entendidas hoy en día son difícilmente sostenibles desde un punto de vista económico pero, ¿quién será el valiente que le ponga el cascabel al gato? Como decía hoy el Expansión, ahora más que nunca el futuro de nuestra economía depende de la determinación política para hacer cambios profundos.

6 comentarios:

Katy dijo...

Aquí una experta en economía doméstica, te dice que la cosa está muy mal y posiblemente si, si queremos mantener el nivel, que tampoco da para mucho más. Algunos hablan hasta de 15 años para recuperar nuestra economía. Pero a pesar de todo sin ser economista siempre digo que hay alternativas y la que yo veo es bajar el listón del consumo y nuestro nivel de vida que ha estado montado muchas veces sobre falsas espectativas.
De situaciones peores hemos reflotado, aunque es cierto que es más facil subir que retroceder:)
Supongo que hay muchas cabezas pensantes brillantes intentado arreglar este desaguisado. Que se consiga o no es cuestión de futuro.
Un abrazo

David García Goñi dijo...

Brillante tu exposición una vez más, Fernando, comparto y me iluminas con certera claridad el panorama desde el punto de vista económico. Al leerte se me planteaba una reflexión, muchas veces cuando en mi trabajo me toca pensar sobre algo y hay multitud de matices que alteran las posibles conclusiones, suelo aplicar la técnica de pensar cómo sería algo si lo tuviésemos que crear hoy mismo, puesto que ese sería el ideal y muchas veces al pensar con todo lo que hay alrededor sólo conseguimos apañar pero no solucionar (algo muy español por otra parte). Si lo aplicamos a tu artículo, las políticas económicas, laborales y educativas de España las tendría que llevar Alemania, los estados propios se dedicarían a la seguridad, la salud, turismo y otros menesteres más propios de cada sitio, y las autonomías se dedicarían también a lo suyo y no a repetir lo que hacen los gobiernos centrales. Pero lo que tenemos, por desgracia, está justo al revés, a ver quien es capaz de darle la vuelta sin tener la tentativa de pensar en volver a como estábamos en el pasado. Como bien dices, hoy en día, cualquier cosa puede alterar una situación y nuestra economía se ha convertido en un barco en el que nadie quiere mojarse y tomar las decisiones correctas, el barco (que parece no tener patrón) no sabe si seguir navegando hacia el nuevo mundo o si volver a puerto.
Un fuerte abrazo.

Mike dijo...

Un simple y muy humilde y sincera aportación.

La causa principal del riesgo país que perciben los mercados es el miedo a la quiebra de nuestro Sistema Financiero. En mi opinión, el paralelismo de Irlanda con España es similar, en tanto que ambos países tenían un Sistema Financiero colapsado. Irlanda como Estado avaló la posible quiebra de su sistema, lo cual motivó su quiebra como Estado y en consecuencia la intervención y su rescate.

España, tiene un Sistema Financiero muy tocado. El propio artículo que citas indica que: "En Berlín hacen hincapié en que la reforma del fondo de rescate no puede emplearse en ningún caso para sanear los bancos de un país, como pasó con Irlanda".

Estoy totalmente de acuerdo. Creo que lo que llaman reforma de las Cajas de Ahorro se está enfocando como se enfocó la solución Irlanda, en vez de dejar caer determinadas cajas de Ahorro e impulsar procesos de concentración reales, e incluido con la intervención de Bancos Nacionales y Extranjeros.

Sí que hay riesgo de que España quiebre. Muy alto, y precisamente por eso, en caso de ser necesario seríamos intervenidos.

Rezo para que eso no suceda. Esperemos que entre todos podamos evitarlo, puesto que el futuro negro sería absoluto.

Un abrazo.
Mike.

Fernando dijo...

¡Hola Katy! Millones de gracias por pasarte y por tu comentario! Que sepas que Aristóteles en su día acuñó el término "economía" para hablar de la administración de la casa y el hogar, así que si alguien sabe de la materia, por lo tanto, es la gente que vive el día a día y rebosa sentido común, como tú.

Seguro que saldremos de ésta, pero será a costa de comprender que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades y que lo que toca ahora es la vuelta a la cultura del esfuerzo, a la de tanto gano, tanto me puedo gastar. Y si me endeudo, que sea en términos razonables. Como bien apuntas, es más fácil subir que bajar.

Un abrazo

Fernando dijo...

¡Hola David! Millones de gracias por pasarte y por el comentario. Estoy muy de acuerdo con mucho de lo que planteas. Toca repensar todo de nuevo y pensar cómo construiríamos nuestro modelo de crecimiento económico si pudiéramos partir de cero. Tal vez sea el momento de demoler aquello obsoleto que ya no aporta nada y reinventarnos. Ocurre, sin embargo y como hemos hablado, que en estas situaciones se toman soluciones más políticamente correctas que necesarias.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

¡HOla Mike! Millones de gracias por pasarte y por el comentario! Desde luego, si hay alguien que conoce el sistema financiero eres tú, así que es un privilegio leerte y la luz que aportas a la materia.

No sé cuánto de tocada está la banca, porque desgraciadamente no sabemos a ciencia cierta cuánta porquería inmobiliaria sigue habiendo, pero sí que creo que hay dos diferencias importantes con Irlanda: una, en Irlanda hay 1 casa vacía por cada 10 habitantes, mientras que en España la proporción es de 1 por cada 45. Dos, nuestro sistema financiero es más sólido y su proporción respecto al PIB es menor que la de la banca Irlandesa.

En cualquier caso, estoy muy de acuerdo contigo en que la situación de las cajas es muy preocupante y que falta mucho por hacer en lo que a su reorganización se refiere. Me uno a tus plegarias respecto al rescate.

Un fuerte abrazo