lunes, 22 de octubre de 2012

Economía - Sobre el (inminente) Rescate de España

Algunas Ideas

No quería que pasara este fin de semana sin escribir unas breves líneas en clave económica, y más concretamente sobre lo acontecido la semana pasada tanto en el seno de la UE como del FMI. Algo se está cociendo, incluso podría decirse, que algo está comenzando a cambiar en lo que a la percepción de las medidas de ajuste se refiere. Incluso en Alemania. Pese a ello, sigo creyendo que nuestro rescate es inevitable y que este impass que estamos viviendo estas últimas semanas tiene que ver con la necesidad de España de ganar algo de tiempo para ver si realmente existen cambios y si con ellos, se pudiera obtener un acuerdo ventajoso, o al menos no muy gravoso que le de la vuelta a la actual coyuntura, porque parece obvio que necesitamos ayuda.

Es de perogrullo pero conviene explicarlo. Cuando un país presenta un déficit en sus cuentas públicas, es porque el estado ingresa menos de lo que gasta. De cara al análisis económico, se suele diferenciar entre déficit y déficit primario. El primero incluye en la partida de gastos el pago de intereses de la deuda pública. El segundo los deja fuera. El primer objetivo de un país que quiera cuadrar sus cuentas públicas, por lo tanto, es evitar el déficit primario, ya que en ese caso el país sólo necesita endeudarse para refinanciar sus intereses. Cuando tienes déficit primario, por el contrario, te debes endeudar también para pagar tus gastos corrientes. España, desgraciadamente, está en este último caso. Aunque de momento está cubriendo de forma sorprendente sus últimas emisiones de deuda, lo más probable es que en el año 2013 no pueda hacerlo, ya que son muchos los vencimientos que tiene que atender. Sin revolving, un estado quiebra. Grecia, Portugal e Irlanda fueron incapaces de obtener financiación en el mercado y por ello fueron rescatados. Desde entonces, sus necesidades de financiación las cubre la UE.

El resultado de la cumbre de la UE de la semana pasada fue positivo en algunos aspectos (la apuesta firme por la unión bancaria), pero no tanto en otros. El timing va a ser mucho más lento de lo que necesita España y es importante explicar el por qué. Con la unión bancaria, la recapitalización de la banca se podría hacer de forma directa, lo que hace que el estado no vea incrementada su deuda y, por lo tanto, que no tenga que pagar por los intereses derivados de la misma. Merkel, a día de hoy, se opone a que la unión bancaria tenga efecto retroactivo. Esto es, el dinero llegará el mes que viene, pero luego no se podrá hacer el apunte contable que transfiera esa deuda pública a los bancos. Al menos es lo que aparenta. En ese sentido, cumplir los objetivos de déficit será una auténtica quimera, lo que redundará en mayores endeudamientos y hará, de nuevo, muy difícil que España pueda financiarse sin ayuda extranjera.

Por último está el informe que el FMI publicó la semana pasada respecto a las perspectivas de la economía global y el impacto de las medidas de austeridad. Primera conclusión, existe, por primera vez desde que comenzó este "sarao" en 2008, la posibilidad de entrar en una recesión global. Segunda conclusión, dicha posibilidad está relacionada directamente con las medidas de ajuste. Tercera y última conclusión: los estados europeos se han equivocado al calcular el impacto de los recortes. Para que se entienda este punto, explico que cuando el gasto público disminuye en una cantidad, la economía no se contrae en esa misma cantidad, sino que el impacto viene determinado por un multiplicador sobre la disminución del gasto. Parece ser que en Europa el multiplicador estimado por los gobiernos ha sido mucho menor del previsto. Ello hace, como también describe el FMI, que Europa se encuentre en una espiral diabólica, por cuanto, cuanto más recorta, más se deprime la economía y más difícil es cumplir los objetivos de déficit. Es imperativo cuadrar las cuentas públicas, pero ello debe ser una carrera de resistencia, no de velocidad, ya que por el camino se nos puede ir al garete el paciente.

Existe una realidad que hasta la fecha es irrefutable: ningún país rescatado ha sido capaz hasta la fecha de superar ese estigma y no ha podido volver a financiarse en el mercado por sus medios. Fundamentalmente porque hasta el momento, cuando un país es rescatado, para entendernos y diciéndolo en plata, la UE tiene preferencia de cobro, lo que hace muy poco atractivo la financiación de aquel por parte de inversores privados. Para Grecia, Portugal e Irlanda, había dinero en el BCE para cubrir sus necesidades. No existe tal cantidad para España, y mucho menos para España e Italia juntas. Es por ello por lo que se está buscando una fórmula alternativa, y es por ello, no por otra cosa, por lo que la prima de riesgo se está relajando, ya que parece que lo que se busca es una fórmula mixa por la que se rescate a España pero ésta no se vea fuera de los mercados. De ahí la ídea de la línea de crédito disponible que el otro día exponía en este mismo foro.

Y en el fondo con eso juega nuestro gobierno. Con que, efectivamente, tiene un peso muy significativo en el seno de la UE y el Euro sin ella, no sería viable, fundamentalmente por el impacto de su salida. También con que, según se desprende en la prensa de hoy, en el seno de la UE se comienza a valorar seriamente un cambio de rumbo que reduzca el ritmo de los ajustes, lo que hace también redunda en el interés de España por ganar tiempo y evitar planes como los vistos hasta la fecha. El problema es que mientras tanto,  el paro sigue subiendo, cada vez quiebran más empresas y las familias están más ahogadas. La confianza es condición necesaria, que no suficiente, para que la economía funcione. Personalmente cceo que esta indefinición, este no saber en qué escenario nos encontramos, nos está literalmente matando. Crucemos los dedos,

miércoles, 17 de octubre de 2012

Sociedad - Responsabilidad Social Corporativa y Responsabilidad Social Ciudadana

Algunos Apuntes

Mis últimos dos post sobre la quiebra moral de nuestro sistema financiero y nuestro sistema político han dado mucho de sí. Lo cierto es que he encontrado muchas adhesiones, pero también algunas críticas referentes, fundamentalmente, al papel que le quedaba a la ciudadanía en todo este embrollo. Y estoy muy de acuerdo con ellas. En el fondo nuestras empresas e instituciones suelen ser una representación de al menos una parte de nuestra sociedad. Si ambas están enfermas, una parte de esta última también lo está.

Cuando se habla de Responsabildad Social Corporativa (RSC), se hace alusión a que la empresa es ciudadana corporativa, y bajo ese punto de vista, es sujeto de derechos y obligaciones. Pero no sólo eso, también se debe comportar de acuerdo a unos valores para que su desempeño sea también legítimo. Si no, es penalizada dentro del sistema. Al final, las leyes siempre van por detrás de la moral, de lo considerado como deseable o no. Antes, en una economía local, el lapso entre que un problema surgía y éste se legislaba, no era tan grande, pero pensemos ahora en la economía global. Esta distancia se ha hecho sideral, a veces incluso inabarcable. Los gobiernos son nacionales y los organismos internacionales no tienen apenas fuerza legislativa, o cuando la tienen, como el caso de la UE, dejan a menudo el desarrollo de las normas y reglamentos en manos de los gobiernos locales. Por el contrario, la mayoría de las vicisitudes a las que se enfrentan los países y las empresas son mundiales.

Existen dos problemas fundamentales que derivan de lo anterior: uno, que no existe una moral universal. Siguen existiendo países en los que, por ejemplo, el trabajo infantil no sólo no está prohibido, sino que tampoco está mal visto. Y dos, los problemas globales requerirían legislaciones mundiales, y ello es una auténtica quimera. Pensemos por ejemplo en la UE. No somos capaces de ponernos de acuerdo ni estando en el precipicio, por ejemplo. Ambas circunstancias hacen que todos los problemas tarden en ser abordados conforme a derecho, lo que obliga a las empresas a adoptar en muchas ocasiones iniciativas voluntarias para tratar de ganar cuota de mercado o no ser expulsadas del mismo. Los gobiernos se mueven con lentitud, pero la ciudadanía, gracias a internet, se moviliza a toda pastilla y está mejor informada que nunca. El ejemplo de las reducciones en las emisiones de CO2 como reclamo comercial en las empresas del automóvil es un magnífico ejemplo.

Lo que quiero decir con lo expuesto hasta aquí, es que los gobiernos tienden a ser ineficaces a menudo, y que su catadura moral, de la cual ya hemos discutido en este foro, no sólo imposibilita su agilidad, sino el que puedan dar respuestas de interés general a determinadas cuestiones. El gobierno siempre tiene intereses, termina siendo juez y parte, y las personas que conforman el mismo son la viva imagen de la teoría de la agencia que afecta a las empresas de todo el planeta.

Todo ello confiere a la ciudadanía una responsabilidad enorme en el cambio social. Claro que existen compañías dirigidas por ejecutivos con grandes valores morales que llegan por convencimiento al camino de la RSC, pero por lo general, las empresas se mueven por puro beneficio. Si queremos fomentar el cambio, necesitamos aportar argumentos pragmáticos a las compañías. La democracia no se ejerce cada cuatro años en las urnas. Tampoco esporádicamente en determinadas manifestaciones o concentraciones. La democracia se ejerce en el día a día, con nuestras decisiones de compra, con nuestras decisiones de inversión, con nuestras actitudes ante determinadas circunstancias. Las empresas cambiarán a medida que les apretemos.

No tenemos excusa. Como consumidores tenemos más dónde elegir que nunca, y tenemos, gracias a internet, mayor información que nunca para hacerlo en consecuencia. España sigue yendo a la cola en inversión socialmente responsable e incluso en la compra de productos de comercio justo. Pero no sólo eso. La creciente preocupación de la población norteamericana ante el calentamiento global, ha empujado a WallMart (que no es precisamente ejemplar) a exigir a sus proveedores que registren su huella de carbono en su packaging si quieren venderse en sus establecimientos. En Europa seguimos a años luz en esta cuestión. Podemos elegir y premiar comportamientos, penalizar otros, excluir del mercado a quiénes no se comporten decentemente. ¿Por qué en España, dónde nuestro sistema financiero ha sido de todo menso ejemplar, la banca ética está tan poco desarrollada? Cuanto mayor sea el nicho de ciudadanos que quieran ejercer su ciudadanía de forma socialmente responsable, mayores serás las empresas que, aunque sólo sea por puro egoísmo pragmático, tratarán de hacer bien las cosas. No pretendo ser un iluso. Las empresas perfectas no existen, fundamentalmente porque están formadas por personas y las personas nos equivocamos, pero también creo que al sistema, nos guste más o menos, lo mueve el dinero. El quid de la cuestión estriba en saber cómo empleamos el mismo. No podemos quejarnos de las multinacionales explotadoras cuando somos cómplices de su riqueza, por ejemplo. Cómo tampoco debemos quejarnos de los recortes si somos de los que pedimos que determinados trabajos nos los hagan sin IVA. No digo que no haya que salir a la calle, sólo que es insuficiente. Al sistema se le gana atacándole cómo menos se lo espera y por diferentes flancos. Al menos eso siempre he creído.

Termino haciendo una breve reflexión sobre los gobiernos. Hace algunos siglos las personas esperaban que fuera la Iglesia la que resolviera nuestros problemas. Durante el siglo XX fue el estado el que se convirtió en la panacea. Creo que ha llegado el momento de asumir que dicha etapa también ha terminado para siempre. Nadie va a hacer más por nosotros que nosotros mismos por los motivos anteriormente expuestos. Bienvenidos a la era de la ciudadanía socialmente responsable. Somos ciudadanos con derechos y obligaciones legales, pero también con una responsabilidad moral ante la historia. El momento lo exige. Ejerzamos nuestra democracia en consecuencia.

sábado, 6 de octubre de 2012

Sociedad - La Quiebra Moral de Nuestro Sistema Político

A vueltas con la Legalidad y la Legitimidad

El pasado 25-S, mientras miles de personas se manifestaban frente al Congreso, nuestros diputados, por unanimidad, aprobaban No bajarse los sueldos. Ha pasado de puntillas por nuestros medios de comunicación, pero es así. Con la ley en la mano, parece ser, que uno no puede manifestarse delante del Congreso. Aquello, como digo, parece, es ilegal. Sin embargo, el trasfondo de lo que allí se cocía era legítimo. Las familias ya no pueden más, y toda la carga del ajuste se lo están llevando tanto ellas como las PYMES, muchas de ellas en manos de familias también. Es legal que los parlamentarios no se bajen el sueldo, sin embargo, con la que está cayendo, no es legítimo. Ese matiz no terminan de captarlo nuestros políticos.

Reconozco que me ha llevado un tiempo preparar esta entrada. Creo que era imprescindible tomarse algo de distancia para coger perspectiva y tratar de abordar estas convulsas últimas semanas con cierta objetividad. Y en el fondo, tras leer, escuchar, pensar, vuelvo al post que escribí el pasado mes de julio. Hemos retrocedido a varios siglos antes del Contrato Social de Rousseau, en virtud del cual nosotros cedemos parte de nuestra libertad, aquella que tendríamos de vivir en la naturaleza sin ataduras, en pos de que unos gobernantes fijen unas normas mínimas de convivencia acordes al sistema de valores de una colectividad. Puede que lo que voy a decir sea un poco duro, pero de un tiempo a esta parte nuestro Contrato Social está roto, y lo está en buena parte por la calaña que tenemos metida en las instituciones.

El maravilloso artículo que escribió César Molinas en El País hace unas semanas me pareció muy ilustrativo. Nuestros políticos han creado una especie de casta que se apoya mutuamente y que en lugar de fijar unas reglas del juego que garanticen la igualdad de oportunidades buscando a través ella una mayor generación de riqueza, se dedican a detraer la misma de todos los sectorse para mantener sus prebendas y privilegios. No es normal que nuestro país tenga 300.000 políticos más que Alemania. No es normal tampoco que nuestro país lidere el ranking de vehículos oficiales cuando se sabe que hay ministros en Finlandia, por ejemplo, que van al parlamento en bicicleta. No es justo que desde que comenzó la crisis, el sector privado haya destruido 4 millones de puestos de trabajo, los salarios se hayan contenido, en algún caso disminuido y nos hayan subido los impuestos a todos. No parece de recibo que antes de limpiar empresas públicas ineficaces, donde se han colocado a dedo a enchufados, chufleteros y abrazafarolas, antes de eliminar burocracia innecesaria y quitar a todos los amigos cuyo único mérito es ser, precisamente, amigo de, se haya bajado a capón el salario a todos los funcionarios. Como apunta Fernando Díaz, cómo no tenemos gestores de lo público, en lugar de largar a los ineficientes, encabronamos a los buenos, que son muchos por cierto. No parece razonable que en lugar de meterle mano al estado de las autonomías, para hacerlo simplemente sostenible, se recorte en educación y sanidad. Si los políticos leyeran un poco más, se quedarían alucinados con lo que se dice fuera de España ante el tiro en el pie que nos hemos pegado.

Pero en este escándalo hay también más partícipes. El caso no es tan sangrante como en EEUU, pero empieza a parecerlo. Alucino con que Zapatero indultara a Alfredo Sáez, Consejero Delegado del Banco Santander, condenado a tres meses de carcel e inhabilitación profesional por el tribunal supremo, y que poco después dicho banco se portara de maravilla con el PSOE. Me quedé de piedra al saber que durante toda la legislatura de Zapatero, éste, vía deducciones, había favorecido que las grandes empresas de nuestro país dejaran de pagar  más de 29.000 millones de euros al año en el impuesto de sociedades. De los 45.000 millones recaudados en 2007 a los apenas 16.000 en 2011. A Rajoy, en menos de un año, ya le vamos conociendo. La subida del IVA, acompañada de una rebaja en las cotizaciones sociales sólo puede favorecer a las empresas más grandes también. Se busca con ella una devaluación fiscal, por cuánto las exportaciones no llevan IVA y las empresas pueden ser más competitivas al pagar menos tributos. Pero ello tiene sentido cuando eres un monstruo, con miles de empleados y presencia multinacional. Para las PYMES, que suponen el tejido empresarial más importante del país, es un tiro de gracia. ¿Queréis más? ¿Qué podemos decir de la burbuja inmobiliaria, que enriqueció a muchísimos políticos corruptos, favorecida por unas Cajas con unos Consejos de Administración en los que abundaban políticos de todos los partidos y sindicatos? ¿Mera casualidad? Ah, pero no os preocupéis, que no sólo están las cajas en el ajo. Isabel Tocino y Abel Matutes son consejeros del Banco Santander, Aznar de Endesa y buena parte del equipo económico del PSOE de los 90 también anda metido en las grandes corporaciones del IBEX. El caso Gürtel, la Operación Malaya, la Operación Campeón, el Caso de las Gasolineras, los Trajes de Camps y así un largo etcétera son una puñetera vergüenza y lo peor es que no parece que a nadie se le caiga la cara de vergüenza. En el ajo también quiere participar el poder judicial, cada vez más politizado, cada vez más presionado por el gobierno de turno.

La regeneración de nuestra clase política es muy complicada por el actual sistema de partidos que tenemos. A arriba llegan los más pelotas, los que han tragado más sapos, los que cual si fueran una especie de "mafia", han sabido no disentir del pensamiento único, de la línea oficial del partido, de ese espíritu maquiavélico según el cual para alcanzar el poder todo es válido. Gracias a ello tenemos especímenes como el que ayer dimitió tras decir que las leyes son como las mujeres y que están para violarlas. Es vomitivo.

El juez Pedraz no debió decir lo que dijo en su auto, pero razón no le faltaba. La sociedad está muy alejada, y cada vez lo estará más de nuestros dirigentes. No reconocemos en ellos los valores que creo compartimos una mayoría, pero sobre todo pienso que hay un hartazgo real de que la factura de esta coyuntura tan difícil se reparta de una forma tan desigual. Aún así, quizás lo que más duele, es que los que menos paguen, los que siempre se escaqueen, sean siempre los mismos: la clase política y todos los que hacen posible que ésta se mantenga con un  trasfondo bastardo, que no es otro que buscar que las leyes les favorezcan en sus propósitos.

Cuando la legalidad se aleja de la legitimidad, las sociedades se levantan. Siempre ha sido así, y a nuestros políticos no les queda más remedio que asumir que tenemos un problema que comenzará a resolverse, no tanto cuándo acierten con sus decisiones, como cuándo empiecen a comportarse con decoro y a sensibilizarse de verdad con una sociedad que, como decía al principio, ya no puede más. 

Nuestro sistema político, al igual que el financiero, está quebrado moralmente. Tiempos difíciles para la esperanza.

miércoles, 3 de octubre de 2012

Economía - La Quiebra Moral de Nuestro Sistema Financiero

Otra Perspectiva

Bueno, pues el pasado viernes supimos definitivamente cuánto dinero necesitarán nuestros bancos. Ni más ni menos que 59.000 millones de euros, si bien es cierto que el gobierno espera que finalmente no hagan faltan más de 40.000 millones, que tampoco están mal, sobre todo si tenemos en cuenta la barbaridad de dinero que desde todas las instancias se ha metido en la banca de medio mundo. Sólo entre 2008 y 2010, nuestro gobierno, entre ayudas directas y avales, había dado a nuestras entidades financieras 146.000 millones de euros, un 8,4% de nuestro PIB. Ahí es nada. La pregunta es obvia. Tantos esfuerzos después, ¿estamos mejor, por ejemplo, que Islandia, país que dejó caer a sus bancos?

Desde que cayera Lehman Brothers se nos ha metido el miedo en el cuerpo con la hecatombe que podría suponer el hipotético hundimiento de nuestro sistema financiero. Todos los esfuerzos han sido pocos para apoyar a un sector que se vino abajo con una fragilidad pasmosa no mucho tiempo después de que nos garantizaran que teníamos la mejor banca del mundo debido a las famosas provisiones anticíclicas. Lo cierto es que poco después fuimos sabiendo las barrabasadas de unos y otros, muchas veces con engendros políticos de por medio, las cuales nos han llevado hasta aquí.

No quiero ser hipócrita. En esta fiesta hemos participado todos. Los organizadores fueron los bancos y las cajas, las cuales terminaron poniendo garrafón a todo el mundo. Los padres, esto es, gobiernos central y autonómicos, jalearon la borrachera de los invitados y organizadores mirando para otro lado sin controlar la bacanal que se estaba montando. Y el sector privado, invitado en el evento, bebió más de la cuenta. Nunca las copas estuvieron tan baratas, es cierto, pero como todo en esta vida hay quién sabe beber y quién no. Todos hemos tenido nuestra parte de culpa y parece razonable que todos paguemos nuestra parte de la factura. Sin embargo, las evidencias denotan que no es así.

Desde el año 2008, hemos asistido a barras libres de liquidez del BCE y a la creación del FROB, el cual no sólo ha rescatado a entidades con problemas, sino que ha favorecido incluso la adquisición de las mismas por parte de otras más grandes, que por obra y gracia de repente se han posicionado estupendamente bien para cuando la rueda vuelva a girar. Y que no se engañe nadie. Ni el FROB ni el BCE tienen dinero ilimitado. Ambos se financian con el dinero que aportan los estados vía recaudación de impuestos. Es decir, que a nuestros amigos banqueros, les hemos rescatado todos los ciudadanos y empresas de la UE, siempre en pos de evitar un supuesto mal mayor. Sin esa liquidez, todos nuestros bancos hubieran quebrado, incluido los más grandes, porque no hubieran tenido posibilidad de financiar sus vencimientos.

Ninguna entidad de nuestro sistema financiero se libra del párrafo anterior. Por eso mismo me sorprende que a día de hoy no se haya puesto coto a los deshaucios y a las ejecuciones de los préstamos a empresas. Cualquier banco o caja que se haya favorecido del dinero público, ya sea a fondo perdido o adquiriéndolo a un tipo interés irrisorio, debería empujar las ayudas hacia abajo. Es decir, se les debería obligar a refinanciar por sistema y sólo ejecutar en casos muy puntuales y muy definidos. La banca no debería tener miedo a hablar de quitas, recalendarizaciones, ayudas puntuales de circulante y puesta en marcha de otras herramientas para favorecer que familias y empresas puedan salir adelante. Lo tienen que tener claro. A día de hoy están en deuda con la sociedad, aunque cuando se oye a hablar a determinados directivos de estas entidades, duela que tengan la caradura de soltar una moralina.

Porque podrá gustar más o menos, pero no hay dónde esconderse. Las pérdidas bancarias se han socializado vía subidas de impuestos y recortes en servicios públicos esenciales. No parece justo que unos, una vez ven salvado su culo, aprovechen la coyuntura, no ya para no querer asumir ni una sola pérdida, sino para no dejar de ganar un sólo céntimo con la complicidad del gobierno de turno. Nuestro sistema financiero está quebrado económicamente, pero lo peor es que moralmente esta podrido. Lo he repetido muchas veces, pero no por ello voy a dejar de decirlo. Lo más duro de esta historia es que no hay moraleja y ello es abrasivo. El mayor daño que sufrió Japón en la Segunda Guerra Mundial con sus kamikazes, no fue la pérdida de los aviones, como se pensó en un primer momento, sino la de sus pilotos. Mientras los primeros se construían en semanas, para preparar a los segundos hacían falta años de entrenamientos. Tampoco conviene obviar que en parte la caída del Imperio Romano se debió a la pérdida de valores. El problema de España no es que caigan empresas, es que los empresarios (y no hablo de los del IBEX) terminen hasta el gorro. Como también que las familias, auténticas creadoras de sociedad, se planten y digan que hasta aquí hemos llegado. El aire comienza a ser irrespirable.

Vivimos momentos históricos y éstos requieren siempre amplitud de miras, moral y personas que estén a la altura de las circunstancias. Sinceramente yo no los encuentro. El daño que la quiebra moral de nuestros bancos y cajas está generando tardaremos muchos más años en repararlo que en devolver los famosos 59.000 millones. España sigue doliendo. Cada vez más.