domingo, 25 de diciembre de 2016

13 Años sin Sara, 5 meses sin Santi y unos días sin mi abuela

Mi pequeño Homenaje

Querida Sara,

Sé que no te va a importar que este año, en tu tradicional recuerdo en el día del aniversario de tu muerte y resurrección, compartas protagonismo con mi abuela y con mi primo Santi. Vaya año, ¿verdad? ¡Quién me lo iba a decir cuando escribía estas líneas hace hoy justo doce meses! Seguro que en esa parte del cielo en la que os juntáis las grandes personas ya habrás conocido a Santi y a su legendaria sonrisa. De igual manera estoy seguro que mi abuela ya debe estar organizando las cosas por allí, preocupándose por todos y preparando estas fiestas que a ella tanto le gustaban, aunque acabe de llegar hace apenas 5 días. Es así de carismática, ya le irás conociendo bien. ¿Sabes? No puedo evitar emocionarme un poco pensando en todo ello. Me acuerdo mucho de todos vosotros, os echo mucho de menos. Sé que ya lo sabéis, porque estoy seguro que cuando uno pasa al más allá, esas cosas que son invisibles para la mayoría de los mortales, las que realmente son importantes, trascendentes incluso, a vosotros os llegan de forma directa.

Me he pasado un año camino de Emaus, o al menos la segunda mitad del año. Tal vez por ello la muerte de mi abuela la he vivido desde la tranquilidad. Y eso que también me emociona pensar que algunas de las cosas buenas que la gente ve en mi, son las que yo veía en ella. Doña Mari, como le llamábamos cariñosamente, fue y será todo un referente. Por sus ganas de vivir, por su lucha permanente por VIVIR con mayúsculas pese a sus limitaciones de salud, por su alegría y su bondad. Hay mucho de mi abuela en mi, como lo hay en mi madre, en mis hermanos, en mis tíos y en mis primos. Creo que ella nos define mucho lo que somos, como familia y como personas, con lo bueno y los fallos que como humanos que somos también tenemos.

Pero hoy no quiero hacer un post lacrimógeno. Las cosas nos pasan para algo, como acertó a decir el sacerdote en la misa por mi primo en el tanatorio de Pozuelo. Este 2016 podría haber sido para no parar de llorar y sin embargo te reconozco que para mi ha supuesto una auténtica revolución. Un estímulo de fe, de ganas de vivir, de darme a los demás, de tratar de ser mejor persona. De dar las gracias por lo vivido con las personas que se han ido en lugar de recrearme en la pena. De comprender lo que realmente es importante en la vida y de retomar el camino que siempre me había fijado para mi, aunque las vicisitudes del mismo hayan sido más duras de lo previsto. De comprender que no hay montañas demasiado altas, sino pequeñez de espíritu para acometerlas. Y entre tantas, en esa vuelta a mí mismo, he conocido a un montón de gente extraordinaria que se han unido a mi caminar y que ahora sé, como ya me habrás leído este año, que estarán ahí para siempre. Y fijate que hasta he vuelto a la música. ¡Con lo que a ti te gustaba que sacara la guitarra y me pusiera a cantar! ¡Sé que tú también disfrutas con Pelirrojamente Juntos desde allí arriba ;)!

Así pues el post de hoy es una oda a la vida, a la que compartí contigo, a la que compartí con Santi y con mi abuela, una acción de gracias por los momentos que disfruté con los tres, así como un reconocimiento de la obligación que tenemos todos y cada uno de nosotros de vivir una vida plena, con valor y valores, sacándole todo el jugo a la misma y dejando este mundo un poquito mejor de como nos lo encotramos el día que nos vayamos. Tal vez nadie lo resume mejor que Tom Hanks, cuando le espetaba al soldado Ryan al final de aquella extraordinaria película aquel "haga que merezca la pena". Porque si otra cosa me ha quedado clara este año es que no importa tanto el cuánto se viva, sino cómo se viva. Qué mejor homenaje, que mejor manera de honrar vuestra memoria.

Un año más, Sara, me acuerdo de ti. Y la canción de este año no podría ser otra.Va por ti, va por Santi y por la abuela. Siempre presentes.

¡Y que viva la vida!

4 comentarios:

IGNACIO dijo...

Fernando, es emocionante todo lo que compartes. Es una historia profunda, auténtica, de la que a uno le gustaría formar parte. Un gustazo conocerte. Todo un ejemplo. Lo que no está de moda ni es políticamente correcto decir, es lo más necesitamos por y leer. Gracias

Mercedes de Lucas dijo...

¡Qué bonito! Fernando. Un abrazo.

Fernando dijo...

Ignacio, mil gracias por pasarte por El Disparadero y disculpa la tardanza en responderte. Mil gracias por tus palabras, de verdad. Otros valores son necesarios y posibles y trataré, desde la humildad, de poner mi granito de arena. Ya eres parte de las historias del blog. ¡Bienvenido! Un abrazo

Fernando dijo...

Mercedes, mil gracias a ti. Un fuerte abrazo