viernes, 6 de enero de 2017

Una Teoría para Europa



Algunas Ideas

Llevamos ya unos días inmersos en este 2017 que se presenta de lo más interesante. Los titulares avanzan dificultades para la vieja Europa, inmersa en una crisis económica que no parece tener fin y que no hace sino alimentar movimientos populistas que no soportan el más mínimo rigor económico (ni moral en muchos casos, sobre todo en los relacionados con la inmigración, cierres de fronteras y proteccionismos). Respecto a lo primero, no se trata de ideología, sino de ciencia. Y en cuanto a lo segundo, no es más que la constatación de que mucho de lo que nos pasa de un tiempo a esta parte tiene que ver con una carestía de valores sonrojante. Al otro lado del Atlántico las cosas no pintan mejor. EEUU, tradicional aliado Europeo, ha votado al populista por excelencia Donald Trump, cuyas extravagancias están por ver qué coste pueden tener a la recuperación de la economía mundial, así como sobre el nuevo equilibrio geopolítico global.

En el fondo lo que está pasando tiene su parte de lógica y responde a tres ideas que desde el año 2008 llevamos defendiendo en El Disparadero: una, que esta es una crisis que no tiene moraleja, por cuanto los malos siguen en sus puestos y en muchos casos tan tranquilos; segundo, que es una crisis asimétrica, por cuanto la factura de la crisis ha sido terrible para muchas familias, precisamente las más vulnerables, mientras que para otras ha sido más bien liviana;  y tercero, que la recuperación que a nivel Macro se percibe, aún no ha llegado a muchas personas a nivel micro, bosquejando de esta forma un nuevo escenario en el que la desigualdad comienza a asomarse de forma preocupante. El mensaje de que todo esto que está pasando es injusto cabrea al personal, pero sobre todo alimenta fantasmas peregrinos que creímos extintos en la vieja Europa, con forma de nacionalismos exacerbados o movimientos políticos extremistas por uno y otro lado. Que en Francia haya un partido con un notable apoyo en las encuestas que fomente el llamado “FREXIT” es cuanto menos significativo.

Siempre que aparecen tensiones de este tipo cabe la tentación de hablar de la ruptura del proyecto europeo y en el panorama sombrío que afronta nuestro viejo continente. A este respecto tengo dos intuiciones, una buena y una mala. Comienzo por la segunda, para dejar un buen sabor de boca: Europa seguirá pasándolo mal durante los próximos meses, incluso años. En cuanto a la primera, la certeza histórica de que Europa siempre ha sido capaz de levantarse, incluso contra todo pronóstico, desde la caída del Imperio Romano hasta las Guerras Mundiales. ¿Qué necesita Europa para salir de esta espiral y volver a la senda de la creación de riqueza?

1)      Redefinir su modelo económico: La economía, conceptualmente, es sencilla. Para generar riqueza hay dos posibilidades: una, utilizar más recursos (humanos y materiales) en el sistema productivo; y dos, utilizar los mismos recursos pero de mejor  manera, de tal forma que produzcan más. En Europa nos encontramos con una población envejecida, una productividad que va a la baja y un estado de bienestar que, precisamente por lo primero, cada vez es más caro de mantener. Para financiarlo se está exprimiendo cada vez a un sector privado que no está para muchas alegrías, incluso se podría decir que no puede más.  Tenemos menos recursos, y la única manera de paliar esta realidad ha sido a través de la inmigración, pero encima, los recursos que tenemos en muchos países cada vez producen menos, como ocurrió en España durante el período 2001 – 2007 pese al avance espectacular del PIB. Y aunque en nuestro país dicha productividad comenzase a repuntar a partir de 2008, no ha pasado lo mismo en otros países como Alemania o Italia, por ejemplo.

¿Qué sabemos acerca de la productividad? Una, que es mayor en la industria que en el sector servicios. Dos, que cuanto más grandes son las empresas, mayor es la productividad. Y tres, que está muy vinculada a la educación y a la formación de las personas.

El mundo globalizado está yendo hacia una dualidad apabullante: o compites en valor añadido, o lo haces en coste. El drama del capitalismo europeo es que ha optado por lo segundo y no ha hallado más respuesta que el recorte del gasto y no una apuesta firme por lo primero.  Europa necesita reindustrializarse, fomentar el crecimiento de sus empresas y, sobre todo, apostar por una educación de calidad. Para ello hacen falta universidades de primer nivel que cooperen con las empresas y atraigan talento de todo el mundo, que fomenten el I+D+i y que a medio plazo creen hubs de valor añadido dentro de las fronteras de la UE.

Cuando decides competir en costes te encuentras con la paradoja de que el que está dispuesto a trabajar por menos es el que manda. Personalmente me impacta cada vez que vuelo a Asia y paro en los Emiratos Árabes, como a las 3 de la madrugada locales todas las tiendas del aeropuerto están abiertas, todo el mundo está trabajando y nadie pregunta por sus horarios. Y si vas a China, directamente alucinas cuando te enteras las horas que trabaja la gente, los poquísimos días de vacaciones y descanso semanal que tienen y las escasas  prestaciones sociales que reciben.

Nada más lejos de la realidad que fomentar estos modelos. No son los que quiero para mí, desde luego, pero sí que invitan a una reflexión: esta gente está dispuesta a trabajar por nada porque no tiene otras expectativas en la vida. Percibe que hace unos años no tenía calefacción en casa, no tenía televisión y se las veía y las deseaba a veces para comer más de una vez al día y ahora sí, y que todo ello es fruto de su esfeurzo. Si Europa decide competir en coste, esto es lo que nos espera, por duro que suene.

2)      Recuperar su escala de valores: Europa siempre ha tenido una gran base cristiana, con sólidos principios morales, por muchas guerras y barbaridades que durante siglos se hayan cometido. Ello ha hecho que en Europa valores como la familia, el trabajo, la solidaridad, la actitud de servicio, la honradez o el esfuerzo hayan calado muy hondo de forma atemporal. Había una visión humanista de la economía que ponía en el centro a las personas que hoy se ha perdido y de la que se derivaba el estado del bienestar. Por el contrario, afrontamos un escenario diametralmente diferente.  Tenemos un refrito cultural e ideológico, en parte fruto de la globalización y de las corrientes migratorias consecuencia de ésta, pero sobre todo de la falta de referentes, y ello ha metido a Europa en un callejón de difícil salida.

No se trata de volver a un nacional – catolicismo como el que vivió España durante la dictadura. Tampoco de obligar a nadie a creer, por cuanto la fe no deja de ser un don que se puede tener o no, pero sí de apostar por unos valores que son intrínsecamente buenos y que son los que han permitido a Europa pasar de las Guerras a la construcción de un proyecto común. Hablo de la solidaridad entre los pueblos, del perdón y de la reconciliación, de la cultura de esfuerzo, de la honradez y la dignidad de las personas, la de la visión humanista del mundo y de la economía, la que da importancia a la familia y a su papel como constructora de la sociedad, o la de que pone a la moral y a la ética en el centro de sus decisiones.

El sector privado siempre genera más riqueza que el público a largo plazo, sin embargo,  el problema del mercado puro y duro es que no nos dice nada acerca de cómo se debe repartir esa riqueza, y como éste no es perfecto y está lleno de asimetrías, al final siempre hay quién saca provecho de tales situaciones llevando a las sociedades a equilibrios ineficientes, dónde no siempre se alinean crecimiento económico y bienestar social. Se supone que los gobiernos deben actuar para tratar de arreglar estos desbarajustes, pero la realidad no es esa precisamente. Hoy sabemos que los mercados financieros van por un lado y la economía real muchas veces va por otro y que ello da lugar a una sociedad que tiende a irse polarizando irremisiblemente entre pobres y ricos, con una clase media que últimamente no deja de menguar. Esto no es un problema del capitalismo, lo es de las personas y de sus valores. De los que corrompen y se dejan corromper, de los que no legislan para luego terminar de consejeros en alguna empresa de los oligopolios que aún quedan en Europa. De los que rescatan bancos y permiten que éstos luego desahucien a familias. De los que actúan de forma poco o nada ética y de los que legislando han permitido que la norma legal se aleje de la norma moral. Y cuando el crecimiento económico tiende a desligarse del progreso social y moral, las sociedades colapsan. ¿A alguno le suena esta historia?

Pero cuando apuntaba antes a que ésta era una crisis de valores, no sólo hacía alusión a nuestros dirigentes, sino también a las personas. Exigimos derechos pero obviamos nuestras obligaciones. De ésta sólo se sale trabajando más y mejor, porque a largo plazo tendremos los estados de bienestar que nos podamos permitir y ello estará directamente relacionado con la productividad.

3)      Más Europa: El proyecto Europeo requiere, además de una moneda única, un proyecto económico comunitario, con una política fiscal común y una serie de iniciativas que lejos de volver a aupar el proteccionismo y cerrar fronteras, fomente que los ciudadanos sientan más cercano el proyecto de la UE y no lo vean como un ente abstracto ubicado en Bruselas. Porque unidos nos irá mejor y porque, sobre todo, nunca antes en toda la historia y pese a todo lo que nos ha pasado, Europa ha gozado de un período tan largo de paz (dejando al margen la guerra de los Balcanes) ni de tanta prosperidad como el que se ha generado desde que un buen día alguien pensó que era una buena idea el acuerdo de la CECA que luego dio lugar al Mercado Común, a la Comunidad Europea y ahora a la llamada Unión Europea.

Este post podría alargarse hasta el infinito. Dentro de los tres puntos hay mil iniciativas concretas necesarias para que Europa deje atrás esta crisis que parece interminable. Pero hoy es el día de Reyes y no quiero que a nadie se le amargue el roscón. El futuro, al final, depende de nosotros. Escribamos el mejor guión posible. Yo creo en Europa. Pese a todo.

¡Feliz Epifanía!

1 comentario:

Sara Marti Lara dijo...

Bonito regalo de Reyes 👑!!!
Fantasticas ideas y muy esplicita tu teoría , bravo como siempre .
Yo también creo en Europa , pese a todo.
Te deseo que logres ser Feliz, sea cual sea la realidad que te toque vivir...👏👏

Mil gracias por todo y un abrazo enorme .