martes, 23 de mayo de 2017

Zidane, o la Importancia de los Valores y la Cultura en el Liderazgo Empresarial

Algunas Ideas

Domingo 23 de abril. El Barça se había sobrepuesto al gol inicial de Casemiro con un soberbio tanto de Messi y un trallazo espectacular de Rakitic. El partido estaba siendo de toma y daca, con el astro argentino desatado y con los arqueros haciendo virguerías en sus respectivas porterías. En una jugada en medio campo Sergio Ramos mide mal y es expulsado. Aunque lo veía difícil, para mis adentro pensaba que alguna íbamos a tener, que aquello no estaba terminado. Y así fue. Tras un magnífico pase de Marcelo, James remata un balón nada fácil en el pico del área pequeña y clava el empate a falta de pocos minutos para el final.

La cabeza pedía echarse atrás, mantener un empate que prácticamente daba el título de liga al Real Madrid, pero los de Zidane decidieron ir a por el partido. Durante los minutos siguientes pareció que el Madrid podía lograr la proeza. Primero a través de Marco Asensio, y luego a través de James, el cual desde mi posición privilegiada en el fondo sur del estadio Santiago Bernabéu, creo que hubiera anotado el tercero de no ser por el toque de Cristiano Ronaldo, el cual frena el contra ataque y hace que el colombiano chute demasiado escorado llegando el balón a las manos de Ter Stegen. Con el 2-2 y Kovacic turnándose de central con Toni Kroos, Keylor Navas saca una falta favorable al Madrid que termina en saque de banda a favor del Barça. Kovacic le pide a sus compañeros adelantar líneas. Desde donde yo estaba, animaba extasiado pensando que aún podíamos robar la pelota y ganar el partido. El resto es historia. La fantástica cabalgada de Sergi Roberto y el gol de Messi. En el Bernabéu se hizo un silencio sepulcral. El fútbol, bajo mi punto de vista, había sido injusto con el equipo que había tenido más ganas de ganar. Cuando salía del estadio, recibí un whatsapp de mi padre, el cual había visto el partido por la tele, lamentándose de nuestra mala suerte. Lo que le puse me salió del corazón: "el Madrid ha recuperado sus valores, tiene alma, siempre quiere ganar. El Barça tiene a Messi. El argentino gana partidos, el alma temporadas".  Al día siguiente me encantó escuchar a Carlos Martínez, comentarista de Movistar Plus, señalando que no se le podía echar nada en cara al Madrid, por cuanto había perdido haciendo gala de aquellos valores que le habían hecho grande. Se puede decir más alto, pero no más claro.

Siempre he dicho que el fútbol es una escuela permanente para los futuros empresarios del mañana, para todo aquel que quiere dedicarse a gestionar personas y equipos. Se pueden encontrar múltiples paralelismos en equipos profesionales y de aficionados. Muchas de las lecciones que aprendí jugando y entrenando en su día, me han servido durante mi trayectoria profesional y las sigo recordando de cuando en cuando como auténticos referentes sobre qué hacer en determinadas vicisitudes de la vida. Sería bueno que los padres que castigan a sus hijos sin entrenar por las notas, tuvieran esto en cuenta. Pero al grano, que no me quiero ir por los cerros de Úbeda. Como decía, el fútbol nos deja innumerables enseñanzas. Una de ellas, de las que merecería un buen caso en cualquier escuela de negocios, es la importancia de la cultura y los valores dentro de una organización. Y es entonces cuando observas cómo presidentes de clubes, a menudo exitosos en sus trayectorias empresariales, cometen errores de bulto agobiados por una exagerada urgencia resultadista que engloba a todas las áreas de nuestra sociedad, la cual les lleva a tomar decisiones equivocadas con más frecuencia de lo deseable. Olvidan que todo lo que merece la pena en esta vida tiende a cocerse a fuego lento y que el éxito no suele tener atajos. Uno de los casos más paradigmáticos, por mucho que me duela reconocerlo, es el del Real Madrid desde el día en que se cesó a Del Bosque.

Por aquel banquillo fueron pasando innumerables entrenadores, muchos de los cuales no tenían ni la más remota idea de lo que significaba el equipo de Concha Espina, ni de todo aquello que le habia hecho merecedor de ser el mejor equipo del siglo XX. Aunque sé que tiene sus defensores, el colmo de los colmos fue la llegada de Mourinho. Una vez le oí a Valdano decir que el problema del resultadismo es que te deja sin argumentos cuando los resultados no llegan. Cierto es que al técnico luso le tocó convivir con la mejor época de siempre del Barça, pero también lo es que tuvo títulos "a huevo" que desperdició por olvidarse de lo que realmente era el Madrid. El peor día fue el de la vuelta contra el Borussia de Dortmund, cuando tras perer 4-1 en la ida, el lisboeta se negó a apelar al espíritu de Juanito, al de las grandes noches europeas, aquellas por las que me enganché al fútbol cuando apenas era un canijo y escuchaba los partidos con mi madre en la cocina en una vieja radio para no despertar a mis hermanos. Y así recuerdo el 6-1 al Anderletch, pero sobre todo el 4-0 al otro Borussia, al de Monchengladbag, cuando tras marcar Santillana de forma agónica el gol de la victoria, no podía dejar de pegar brincos por casa diciéndole a mi madre "¿lo ves? ¿lo ves?". El Madrid era el equipo de la garra, de las remontadas imposibles, de la fe inquebrantable y de las ganas de ganar por antonomasia. Y así, por aplastamiento y convencimiento, a veces por encima de su fútbol, ha logrado decenas de títulos. Aquel día del Dortmund los alemanes fueron mejores, pero el coraje de Ramos metió al equipo en el partido, y en 15 minutos de locura el Madrid estuvo a punto de darle la vuelta a la eliminatoria. Lo que me dolió no fue caer eliminado, lo que sinceramente me hizo polvo fue que Mourinho renunciara a la mística, a eso que siempre nos había hecho grandes.

Ancelotti dejó un buen recuerdo, pero sin embargo el paso de Benítez por el Madrid nos sumió en una profunda depresión que tan sólo la llegada de Zizou pareció poder curar. En aquellos días entre Año Nuevo y Reyes de 2016 me parecía impensable que el Madrid pudiera ganar nada esa temporada. Pero poco a poco y casi sin hacer ruido, costándole quizás más de lo esperado el que diera con la tecla, el técnico francés fue armando un equipo. Se le acusaba de tener flor, se dudaba de sus verdaderas virtudes como técnico, pero a mi me gustaba lo que iba viendo. A veces más fuera que dentro del campo. Con sus declaraciones, con sus ideas que poco a poco iban calando, pero sobre todo recuperando la esencia de lo que siempre había sido el Madrid. Milagrosamente se ganó la Champions, remontada agónica ante el Wolfsburgo incluida, y se estuvo a punto de ganar una liga que parecía imposible. El reto era ver qué hacía el equipo este año.

Y los números están ahí. Zizou ha llevado al Madrid a ganar su primera liga en 5 años y tiene al equipo jugando una segunda final consecutiva de Champions, cosa que no sucedía desde la época de Di Stéfano. Precisamente si es capaz de vencer a la Juve, podría igualar un record que los merengues llevamos 59 años esperando, el tan ansiado doblete. Y todo ello sin levantar la voz en la sala de prensa, logrando que hablen bien de él hasta los que juegan menos y demostrando un liderazgo que personalmente me tiene encandilado. La historia del Madrid dice que los protagonistas siempre fueron los jugadores. Más allá de Miguel Muñoz, no recuerdo quién fue el entrenador de los Puskas y compañía, pero sin embargo a todos los madridistas nos han llegado quiénes fueron los responsables de las 5 Copas de Europa seguidas. Zidane ha sabido poner el foco en quién correspondía, y ha sabido hacerse sentir importantes a todos sus jugadores, incluso los que jugaban menos. Me impactó hace unos días oir hablar a Jesé sobre Zizou, pero también a Fernando Hierro, quién decía que creía que el galo podría marcar una etapa. No menos emotivo fue el abrazo y manteo sincero de sus jugadores en la Rosaleda. Los gestos dicen mucho más de lo que parece.

Se le ha criticado a Zidane a veces haber sacado más de la cuenta a Bale, o incluso estos días que sacara a Danilo antes que a Nacho, o por algunos errores en cambios o tácticas a lo largo del curso. Todos llevamos un entrenador dentro, pero muy pocos son los que gestionan grupos humanos. Mantener el equilibrio es complicadísimo y si Zizou ha logrado tal ascendencia sobre sus pupilos es porque ha sido coherente y muy posiblemente justo, por cuanto conviene no olvidar que los espectadores sólo vemos el partido del fin de semana, pero no cómo entrenan los jugadores durante la misma. El "buen rollo" que tiene el equipo ahora no es casualidad. Todos se han sentido importantes, todos han asumido en mayor o menor medida su rol y así ha resultado que el Madrid ha tenido dos equipos titulares que han brillado con luz propia.

Y es que el Madrid siempre fue el equipo en el que el colectivo importaba más que las figuras. Di Stéfano fue el más grande, pero aquel equipo era también el de Puskas, Gento, Santamaría o Kopa. El de la Sexta fue el Madrid Ye - Ye. Luego llegó el de la Quinta del Buitre y cuando llegaron la 7ª, la 8ª y la 9ª, por encima de los "Ferraris", queda el recuerdo de los Raúl, Redondo, Hierro o Roberto Carlos entre otros. Zidane ha conseguido que hasta descanse Cristiano y de esta forma el equipo ha vivido el año con mayor reparto goleador de los últimos tiempos. El portugués es la estrella, pero lo que más ha brillado este año ha sido el equipo.

Pero además el Madrid ha vuelto a ser el equipo con alma que siempre fue, el que ganaba partidos imposibles cuando no le llegaba con el fútbol, el que tenía canteranos (Nacho, Lucas Vázquez, Morata, Kiko Casilla, Carvajal, Mariano) que solventaban papeletas complicadas, el que mantenía un nutrido grupo de jugadores españoles que le dotaban de identidad (Ramos, Isco, Asensio, más los canteranos anteriormente citados) y el que se centraba en lo suyo sin acordarse de los árbitros (singular mania que se da en nuestro país con más frecuencia que en ningún otro lado), por cuanto Zidane sí que ha sido el único técnico que realmente no ha hablado de los árbitros en todo el año.

Decía hoy Santi Segurola en el As que el Madrid tenía toda la pinta de empezar un ciclo. Sinceramente no lo sé, por cuanto en la vida las cosas pasan cada vez más rápido, pero sí que creo que Zidane es al Madrid lo que el Cholo al Atleti. Y cuando uno encuentra la horma de su zapato, las ruedas de prensa son relajadas, los jugadores se divierten jugando, la grada disfruta y hasta a Florentino Pérez se le quitan las ganas de ejercer de secretario técnico cuando escucha que Zidane es a menudo el más aplaudido al anunciarse las alineaciones en el Bernabéu. Zizou es hoy el auténtico líder del Real Madrid y para ello no le han hecho falta estridencias, ni ruedas de prensa altisonantes, sino simplemente volver a los valores y a la cultura del club de Chamartín. Y el que crea que todo ésto no cuenta, o que no es tan importante como saber de tácticas o acertar con os cambios, convendría que pensara en lo difícil que le está resultando a Guardiola triunfar más allá de nuestras fronteras pese a ser, bajo mi punto de vista, un entrenador descomunal. Sin embargo, lo que está haciendo en el City, al igual que lo fue lo del Bayern, es contra cultural y así lo está pasando el hombre. Los valores corporativos, la cultura empresarial, otorgan al líder legitimidad y son claves para el éxito de cualquier equipo. Incluso los futbolísticos.

Decía Florentino cuando llegó que a ver por qué "Del Bosque no podia ser su Ferguson", en alusión al mítico Manager del Manchester United. Nos basta con que Zizou siga siendo Zizou, pero que se quede muchos años, con independencia de lo que pase en Cardiff. Estoy de acuerdo con Florentino. Tenemos al mejor entrenador del mundo... al menos para el Real Madrid. ¡Qué nos dure!

No hay comentarios: