jueves, 5 de marzo de 2009

Política - Reflexiones sobre la Legitimidad de los Gobiernos

Algunas Enseñanzas de Galicia y el País Vasco

El fin de semana pasado tuvimos elecciones en las Comunidades Autónomas de Galicia y País Vasco. Los resultados fueron sorprendentes. Al menos para mi. El PP logró darle la vuelta a las encuestas y obtuvo una amplia mayoría absoluta que le devolvía a la presidencia de la Xunta. En Euskadi el Nacionalismo Vasco perdía la mayoría por primera vez en muchos años, dejando la lehendakaritza pendiente de posibles acuerdos que podrían dejar fuera del gobierno de Vitoria al PNV por primera vez desde la restauración de la democracia. Creo sinceramente que los resultados en ambas regiones no son fruto de la casualidad y sí del comportamiento de los distintos partidos en los últimos años. Empezamos el análisis.

Si nos atenemos a los datos en Galicia, se pueden observar como el PSOE y el BNG han perdido casi 100.000 votos entre ambos. El PP ha subido 4.000. La explicación tal vez haya que buscarla en lo pasado en los comicios del año 2005. Aquellas elecciones fueron las inmediatas al desastre del Prestige, a la Guerra de Irak y al 11-M. Sumémosle muchos años de gobierno con su correspondiente desgaste y algún que otro desfalco. Con todo ello, el PP fue la formación más votada y con mucho. Concretamente con más de 200.000 votos de ventaja sobre el PSOE, segunda fuerza más votada. Pese a todo, el partido liderado por Touriño en aquellos comicios decidió asumir el gobierno de la comunidad gallega en coalición con el BNG. Legítimo, desde un punto de vista estrictamente jurídico, lo era. ¿Pero quería realmente el pueblo gallego ese cambio?

Es cierto que había más votantes que habían apostado por el cambio que los que querían continuismo, pero también que casi el 45% de los sufragios fueron para el PP. Dejarle fuera del gobierno, aunque por higiene democrática pudiera ser comprensible, era una decisión difícilmente justificable. A la coalición PSOE - BNG la Xunta le ha venido grande. El primero ha demostrado no estar a la altura de las circunstancias y el segundo no tener madurez democrática para gobernar. Despilfarros, escándalos denunciados por los medios en los últimos meses y la apertura de debates absolutamente innecesarios como el lingüístico (¡si hasta Fraga habla Gallego!) han terminado por pasarle factura a Touriño, Quintana y compañía. Así pues, pese al enclencle liderazgo de Rajoy, los escándalos urbanísticos y el caso Gürtel, el PP ha recuperado la mayoría absoluta en Galicia. La coalición PSOE - BNG debe asumir que el pueblo gallego ha reprobado su gestión y creo que en parte porque fue un gobierno no respaldado por una mayoría. Legítimo desde un punto de vista jurídico, ilegítimo desde un punto de vista moral a los ojos de la sociedad Gallega.

Todo lo dicho podría ser aplicado al País Vasco. Se podría entender el relevo del partido de Ibarretxe por múltiples razones: por higiene democrática, porque ha perdido más de 30.000 votos (hay que descontar los de EA) y porque de los votos válidos, hay una mayoría no nacionalista. Aún así, obviar que el PNV es la fuerza más votada con 80.000 votos más que el PSOE, que con los votos de EA y Aralar estamos ante casi un empate técnico entre nacionalistas y constitucionalistas (porque a IU no hay quien la ubique en el País Vasco) y que han existido 100.000 votos nulos, presumiblemente de la Izquierda Abertzale, puede llevar al PSOE a repetir en Euskadi los errores de Galicia.

Creo que el pueblo vasco le ha dicho a Ibarretxe no a su plan, no al independentismo radical (el cual pierde 50.000 votos si hacemos suyos los 100.000 nulos), no a la violencia (ya que Aralar rechaza explícitamente la violencia de ETA) y no al sectarismo de IU (supongo que en buena parte por lo lamentable de lo acontecido en Mondragón con la muerte Isaías Carrasco). Pero aún así, Patxi López debe medir bien la jugada porque de hacerlo como Touriño, su liderazgo será flor de un día. Y eso es lo peor que podría ocurrirle al País Vasco. El reto de Patxi López es saber conjugar todas esas variables para hacer una propuesta largoplacista para Euskadi.

Muchas veces los políticos confunden, como ya explicamos en su día, la legitimidad jurídica y la moral. Esta última Suchman la definía como “una percepción generalizada o asunción de que las acciones de una entidad son deseables, propias o apropiadas dentro de un sistema socialmente construido de valores, normas, creencias y definiciones”. Ningún partido político o dirigente debe obviarlo y mucho menos debe dirigir ningún organismo dando la espalda a la sociedad. Confío en que el PSOE tenga no solo un plan, sino una estrategia para el País Vasco, porque por mucho que desee a nivel particular un cambio en el gobierno de Vitoria, lo cierto es que si Patxi López se equivoca, si su partido da un paso en falso, es posible que tengamos PNV para otros 30 años.

El reto para el PSOE vasco es doble. Por un lado formar gobierno (para lo cual está legitimado jurídicamente), por otro ganarse la legitimidad moral ante el pueblo vasco. Ardua tarea la segunda con el PNV en contra y una sociedad tan fragmentada. Confío en que el partido liderado por Zapatero haya aprendido algo de lo sucedido en Galicia.





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