martes, 4 de octubre de 2011

Economía - ¿Y ahora qué?

Reflexiones sobre una continua contradicción

Corría el mes de junio del año 2010 cuando los principales líderes mundiales, partícipes todos del G-20, acordaron en Toronto volver a la ortodoxia fiscal para "inspirar confianza" a los mercados. Todos los países, salvo Japón, debían reducir a la mitad sus déficits públicos para el año 2013. Aquella medida fue controvertida y contó con la oposición frontal de economistas de la talla de Paul Krugman, el cual defendía a capa y espada que esa medida llegaba demasiado pronto y que la retirada de los estímulos públicos derivaría en un frenazo al crecimiento. Apenas un año después, el debate recobra el vigor de antaño. Después de unos meses escuchando a Ángela Merkel que era el momento de recortar más y más gasto público, comienzan a escucharse al unísono las voces que cuestionan el dogma franco - alemán que tanto hemos leído durante los últimos tiempos. De repente, de la noche a la mañana, parece que la reducción del déficit se ha convertido en algo incluso peligroso.

Decía Krugman en un interesantísimo artículo publicado hace un par de domingos en El País Negocios, que la austeridad practicada por los gobiernos a ambos lados del Atlántico ha sido como las sangrías que llevaban a cabo los médicos hace siglos cuando querían purgar los "humores malignos" de sus pacientes. Mientras a Grecia y a Irlanda se les han impuesto recortes salvajes, otros países han desarrollado programas de austeridad más leves. Aquello de "a grandes males, grandes remedios" parece haberse aplicado con todas las de la ley. Por su parte, en los EEUU, los gobiernos estatales y locales también han reducido drásticamente sus presupuestos. Sin embargo, y como apunta Krugman, lejos de reestablecerse la confianza, ésta ha disminuido. Las empresas no invierten y no tienen acceso al crédito, los consumidores no compran y el desempleo alcanza cifras históricas. Mientras tanto, el crecimiento parece estancarse en todas partes. Se dice que tanto esfuerzo será bueno a medio y largo plazo, pero la pregunta es si la ciudadanía y las empresas podrán aguantar mientras tanto.

El debate no es sencillo. Ya hemos explicado en El Disparadero el círculo vicioso al que se enfrentan países como España. Sus medidas de estímulo no reactivaron la economía en su día, se empleó mucho dinero para salvar bancos y estados europeos y ahora los números no salen. Los mercados no se fían de nosotros y ello hace que los gobiernos tengan que destinar cantidades ingentes de recursos sólo para pagar los intereses de nuestros endeudamientos. Las medidas de ajuste tratan de tranquilizar a un mercado más volátil que nunca, pero a la par lastra nuestro crecimiento. Sin las medidas de austeridad nos hubieran rescatado hace tiempo. Con ellas nos asfixiamos. ¿Qué hacer entonces?

The Economist abría su edición del pasado 17 de septiembre con una editorial que a mi me gustó mucho. Se titulaba "How to save the Euro". En el mismo, la revista británica hacía hincapié en que estas medidas de ajuste están terminando por llevar a unas economías que todavía seguían siendo débiles a una recesión que sólo podría traer consigo mayores preocupaciones acerca de la posibilidad de los gobiernos de pagar su deuda, así como de la viabilidad de la banca europea. Ya se sabe, a menores crecimientos, menores recaudaciones de impuestos y más gastos sociales para paliar el desempleo.

Para The Economist, la primera medida a tomar debería ser separar a los insolventes de los que tienen problemas de liquidez.Entre los primeros está Grecia (y puede que Portugal, como ya se ha dejado caer hoy en algún medio), entre los que tienen problemas de liquidez, Italia y España. No queda más remedio que ir a una reestructuración ordenada de la deuda griega, probablemente con una buena quita (condonación de una parte) y otra buena espera (alargamiento de plazos).  

En segundo lugar, tanto los países insolventes como los que tienen problemas de liquidez, deben comenzar un proceso de reformas estructurales que mejoren la competitividad de sus economías. Al no poder devaluar la moneda, no queda otro remedio. En ese sentido, The Economist apunta algunas, muchas de ellas controvertidas: mejora de la competitivdad de las empresas fomentando una verdadera competencia en los oligopolios que todavía existan (energía, telecomunicaciones, etc.), eliminar burocracia, privatizar determinadas compañías públicas, retrasar la edad de jubilación (esta me temo que es inaplazable) o incluso, en el caso de España, reformar definitivamente el mercado laboral y el sistema de pensiones. Tocará vivir peor, pero me temo que es lo que hay.


En tercer lugar, The Economist apunta que no queda otra que apuntalar el sistema bancario europeo. En ese sentido, se señala que se han de recapitalizar los mismos, sometiéndoles a nuevas pruebas de estrés que contemplen el "default" de Grecia y de otros países en apuros. Para tal fin, The Economist cree que habría que reforzar el Fondo de Estabilización Financiero Europeo, creado en Julio de 2010.  A la par, se debe también respaldar sin tapujos a aquellos países que siguen con problemas pero que son solventes. Para tal fin, de nuevo The Economist señala al Fondo de Estabilización Financiero como encargado de la tarea.

Todas estas medidas, efectivamente, son complicadas de llevar a cabo y polémicas, porque realmente ni Alemania ni Holanda tienen problemas como países y, es más, podrían recapitalizar su banca por sí mismos. Existe también un problema moral en todo esto: parte de la ciudadanía de Alemania y Holanda tienen la percepción (y no niego que también parte de razón), que sus vecinos del sur nos hemos "pulido" sus ahorros. Aún así, desde un punto de vista pragmático, el desastre que supondría el fin del Euro para estos dos países compensa el esfuerzo. Una quiebra incontrolada de Grecia probablemente se lleve por delante a Italia y a España.Y entonces sí que sí, ya no habría nada que hacer. Como los propios miembros de The Economist apuntan, su "plan" necesitaría para llevarse a cabo una mayor integración política y fiscal de la UE, pero el tiempo apremia y cada semana que pasa las cosas se ponen más difíciles.

El debate, en cualquier caso, es complejo. No se debe olvidar la disciplina fiscal, ya que hay mucho de cierto cuando se apunta que a largo plazo lo agradeceremos. Entiendo que tal vez haya sido necesario hacer determinados esfuerzos porque la situación lo requería. Pero cuando ya estamos llegando a los extremos que estamos llegando (lo de los asilos de Cataluña me ha llegado al alma), cabe plantearse si realmente la receta era la adecuada. Sin perder de vista las cuentas públicas, hay que centrarse en buscar estrategias de crecimiento, las únicas capaces de garantizar nuestro estado de bienestar. Tras tantas idas y venidas, tras subir a los altares a Keynes, luego a Friedman y volver a la duda metódica, cabe preguntarse ¿y ahora qué?


7 comentarios:

nanius dijo...

Hola, Fernando. Has escrito un post interesante y tengo algún que otro comentario:

1) el hecho de que la confianza no se haya reinstaurado por el ajuste fiscal no implica que haya sido éste el que deterioró aquélla, sino que puede ser (teóricamente) al revés, o empujada por terceros factores. Yo soy más de esta segunda opinión porque hay muchos temas latentes o nuevos que han ido surgiendo mientras empezaba a acometerse la consolidación, en particular: los retrasos de inputs de japón por el terremoto, la caida del crecimiento potencial, la miopía, dudas y falta de valentía de los gobernantes europeos, la recapitalización adicional necesaria en el sector bancario o los sobre nervios de los mercados financieros por la crisis soberana entre otras. Por supuesto que a corto plazo la consolidación resta crecimiento, pero la inferencia de causalidad es muy complicada y, incluso para gente smart como Krugman, no se puede estudiar ni desgranar en uno de sus artículos de blog.

2) Es más, creo que los mercados están más nerviosos con el crecimiento que con las finanzas públicas, como decía Cotarelli en la presentación del Fiscal Monitor del FMI. Los mercados, así, apoyarían (todos los demás problemas constantes) las consolidaciones aunque drenen crecimiento si se avanzara en algo necesario y que falta, algo que permitiría elevar el crecimiento real y potencial a la que se acomete la consolidación. What is missing? Reformas estructurales e institucionales que sienten las bases y reglas del juego (qué van desde una mejor regulación bancaria y recapitalización de entidades, pasando por pensiones, control del gasto superfluo en CCAA (en el caso español), decidida apuesta por la economía del conocimiento y una gobernanza estable de la moneda única. Para mí este es el punto esencial, sinceramente.

nanius dijo...

3) Es obvio que existe una heterogeneidad de países en relación a su nivel de deuda total, de si comparten o no euro, de las tenencias externas de los títulos, de su nivel inicial, etc. Estoy con Blanchard, que la parte de equilibrio externo de la economía global exige reducir los global imbalances. Una parte de ello sería identificar qué países, por sus circunstancias, podrían reducir (por el bien de todos) la velocidad de su ajuste. Y con más o menos comillas, esos países podrían ser EEUU, Japón, Alemania y China. Pero que a nadie le cabe duda que los periféricos europeos están saneando sus finanzas públicas resulta bastante evidente. Os recomiendo encarecidamente que veáis la presentación del WEO en la que Blanchard se moja algo sobre estas cuestiones: http://www.imf.org/external/mmedia/view.aspx?vid=1170545074001

4) recomiendo tb la lectura del Fiscal Monitor de septiembre, que trata estas cuestiones con más profundidad. Un resumen del texto (aprovechando que lo he tenido que empollar) sería el siguiente:

a) En la UEM la consolidación fiscal va en línea con lo esperado, con revisiones mínimas respecto a las previsiones de abril, situándose el déficit para el conjunto de economías en el -4,2% y -3,2% en 2011 y 2012 (-3,2% y -2,3% en términos estructurales). Destacan las mejoras en Alemania, por su buena evolución en términos de ingresos que mejora su saldo cíclico en 0,7 p.p. para 2011 y 0,4 p.p. en 2012. En España, mejora el saldo estructural en 0,1 en 2011 y 0.5 en 2012 debido a las últimas medidas aprobadas. Adicionalmente, se han puesto en marcha importantes reformas institucionales en muchos países. Entre ellas, mejoras en los procesos legislativos presupuestarios, creación de reglas de gasto, creación de consejos fiscales independientes que deberían mejorar la sostenibilidad fiscal a medio plazo. A pesar de esta mejora en fundamentales, la preocupación de los mercados ha aumentado y se ha extendido a más países. Detrás de esto estaría la falta de credibilidad de la UEM en cuanto a su capacidad de establecer un mecanismo de gestión de crisis adecuado poniendo en peligro su estabilidad, lo que se ha traducido en un aumento sustancial de los spreads respecto al bono alemán (véase Gráfico 1)

nanius dijo...

b) El FMI argumenta que la solución al problema de credibilidad reside en realizar reformas estructurales que favorezcan el crecimiento, continuar con la velocidad de consolidación actual, y poner en marcha el mecanismo acordado en julio de 2011. Respecto a la velocidad de consolidación, ésta se considera adecuada, pero se destaca que aquellos países con margen de maniobra (Alemania) podrían retrasar algo su ajuste si las perspectivas de crecimiento empeorasen, mientras que los países con poca credibilidad deberían tomar medidas adicionales en la misma situación. En cuanto a las medidas para potenciar el crecimiento el documento sugiere, además de las habituales, una devaluación fiscal (aumento del IVA y descenso en cotizaciones sociales) y privatizaciones (véase la descripción de los apéndices más adelante), que permitirían aumentar la competitividad con coste fiscal nulo (la primera) y reducir deuda (la segunda). Finalmente, se señala la necesidad de adoptar legislativamente de forma rápida las decisiones de julio y se sugiere, implícitamente la necesidad de aumentar la dotación del fondo a la vez que se simplifica el acceso a este.

c) Finalmente, uno de los mensajes más importantes de este Fiscal Monitor es la situación que viven EEUU y Japón, donde con fundamentales tan débiles como algunos países europeos han conseguido contener los temores de los mercados, situación que podría revertirse de forma súbita si no se toman las medidas fiscales necesarias. Así, si bien las perspectivas para estos dos países han mejorado respecto a abril, sus déficits aún están muy por encima de niveles históricos y se espera que se reduzcan marginalmente, en términos estructurales, a lo largo de 2011, situándose en el -6,4% en EEUU y el -8,1% en Japón. Esto no es más que la confirmación del mensaje principal lanzado en el documento de abril, el camino divergente esperado a lo largo del 2011, con EEUU y Japón separándose de la senda de consolidación adoptada por el resto de economías avanzadas. Adicionalmente, Japón y EEUU serían los países con mayores presiones fiscales de largo plazo por sanidad y pensiones a la vez que en el corto plazo presentan las mayores necesidades de financiación (véase tabla 2).

La escasa vulnerabilidad de estos dos países se explica por factores estructurales con poca probabilidad de cambio en el corto plazo, que justifican sus bajos costes de financiación. Entre estos factores cabe destacar el alto porcentaje de tenencias domésticas, tanto privadas como públicas (compras por parte de los bancos centrales), la fuerte demanda estable de inversores institucionales, y un sector bancario con una salud relativamente mejor que la europea. A pesar de esto, la experiencia europea muestra que la confianza de los mercados se puede girar de forma súbita y es necesario que para reducir la vulnerabilidad de ambos países se tomen las medidas adecuadas.

d)Evolución de la deuda: A pesar del ajuste que se está realizando y que se realizará en el corto plazo, la deuda pública continúa su trayectoria ascendente. Esto es particularmente importante en las economías avanzadas, donde este año se superara el 100% del PIB en media, alcanzando el 109% en 2015. Los factores detrás de los casi 40 p.p. de aumento entre 2007 y 2010 en las economías avanzadas serían la pérdida de ingresos (18,2 p.p.), la dinámica de los tipos de interés (8,2), ajustes stock/flujo (5,1), el estímulo fiscal (4,5) y el apoyo directo (sin incluir apoyo contingente, al sector financiero (3,2).

Coda: fijaos que, aunque al principio de la crisis, hubo una buena ronda de estímulos fiscales, hasta ahora apenas han supuesto un 12% del total del incremento de la deuda. ¿Krugman quiere cebar más una bomba ya peligrosamente cebada? bueno, que lo haga quien puede y no quien no puede...

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

A mi se me escapan muchas cosas, pero gracis a tus post y a los comentarios de nanius me voy haciendo alguna idea.
Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Nanius! Ante todo millones de gracias por pasarte, que ya te echábamos de menos. En líneas generales estoy bastante de acuerdo contigo. Resumo:

1) Es cierto que existen factores que explican la falta de crecimiento actual: terremoto de Japón (como bien apuntas), encarecimiento de los combustibles como consecuencia de las revoluciones árabes o desatino generalizado en la zona Euro en lo que respecta a rescates, bancos, etc., por lo que a la consolidación fiscal sólo podemos achacarle parte del lío. De igual forma, es absurdo pensar que una expansión del gasto público arregla por sí solo el problema. Que haya gente tan preparada defendiendo de forma enardecida posturas tan contrapuestas me genera asombro y me hace pensar que ninguno sabe realmente cómo salir de ésta.

2) Totalmente de acuerdo contigo: la falta de crecimiento es lo que realmente pone nervioso a los mercados. Y de acuerdo también en la necesidad de reformas estructurales.

3)Muy interesantes las lecturas que propones. Las echaré un vistazo. Lo del Fiscal Monitor me lo quiero leer con más calma, pero apunta cosas interesantes.

4) Respecto a Krugman: Me gusta mucho de lo que escribe porque creo que tiene un gran don pedagógico. En cualquier caso, no he querido decir que tenga toda la razón en este embrollo, pero sí que me parece una voz autorizada y me llama la atención cómo ha ido contra corriente en todo este tiempo.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

¡Hola Fernando! MIllones de gracias por pasarte por El Disparadero. Nanius sabe bastante más que yo de Economía y desde luego sus comentarios son muy enriquecedores e ilustrativos. Por mi parte este tipo de post me sirven para aclarar ideas y trabajar conceptos. Me alegra saber que te ayudan a entender los acontecimientos.

Un fuerte abrazo

nanius dijo...

Fernando, por cierto, ahora que hablas de Krugman, ese profeta Keynesiano tan didáctico, os mando un link interesante y accesible sobre el recurrente tema de si es necesario aumentar el gasto público como método (incluso) de sanear las cuentas públicas (ya sabeis, relanzamos el crecimiento y el ratio de deuda / PIB disminuye): http://www.fedeablogs.net/economia/?p=13087

Yo creo que la incomprensión de los que sólo citan a Krugman o le tienen por profeta (no es tu caso, obviamente, pero todos conocemos a bastantes) se basa en dos cuestiones: una ideológica (siempre creemos que es más cierto aquéllo que nos gusta oir) y otra de la propia complejidad sobre la materia.

Que la política fiscal expansiva ayude en un momento como el actual a la recuperación, como dice Krugman, no es un statement a secas, sino condicionado a que diversos factores y supuestos también estén presentes cuando un gobierno realiza una expansión fiscal. Por supuesto, la discusión interesente y de la que nadie habla en la discusión coloquial es de estos factores, para luego entender si una expansión fiscal es o no adecuada y qué efectos tendrá. Pues bien, la complejidad con estos factores es doble: a) dichos factores no son numeros-clausus: existen algunos que podemos pensar que influyen y los metemos en nuestros modelos, pero dejamos fuera otros que tb influyen (fuera por imposibilidad de modelizarlos, por falta de datos en un trabajo empírico o porque no hemos pensado que sean relevantes); y b) gran parte de la discusión también reside (o debía residir) en si dichos factores, aunque no hayamos incluido todos, están o no presentes.

Es decir, si pensamos que una expansión fiscal tiene efectos deseables y de cierta magnitud, ello es porque otros factores que están por detrás (A, B y C) están presentes. Pues bien, la complejidad reside tanto en si hay otros factores o supuestos relevantes (D y E) como en saber y discutir si A, B y C se están o no dando, conjuntamente o por separado, por decirlo de una manera sencilla.

abzs