sábado, 6 de agosto de 2011

Economía y Sociedad - ¿Era nuestro estado de bienestar una mentira?

Reflexiones e Ideas

Vale, lo reconozco. Apenas unas semanas después, tengo que admitir que tal vez aquel post sobre "Cuándo saldrá España de la crisis" pecó de optimista. Y eso que lo redacté no hace tanto, pero es que la actual coyuntura tiene estas cosas. No sólo es que todo acontezca a una velocidad de vértigo, es que cada semana ocurre algo que sobrepasa lo imaginado. A saber: hemos visto caer a Lehman Brothers, a General Motors y a Chrysler, luego vino la quiebra de decenas de bancos en Europa, los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, casi asistimos al default de EEUU, país que vio reducir ayer su calificación crediticia (hecho sin precedentes en 70 años y que hace que la semana que viene prometa) y vivimos desde hace ya casi 15 días con el corazón en un puño a la espera de lo que pase con nuestra prima de riesgo. Yo sigo creyendo que España no caerá, que no hará falta un rescate, pero la cantidad de recursos que habrá que dedicar al pago de los intereses de la deuda pública emitida, nos condena a unos años de penuria y estrecheces.

Hace unas semanas comentaba, y me reafirmo, que parte de lo que está pasando es consecuencia de especuladores sin escrúpulos que campan a sus anchas por los mercados apostando contra determinados países. Aún así, subrayo también lo que dije entonces: los especuladores son los amigos que se apuntan a la fiesta, no los que la organizan. Y como bien apuntaba Nanius, nuestro guateque ha sido de los que hacen historia. Tenemos problemas y muy gordos, es cierto, y es ahí dónde radica el origen de todos nuestros males. Ahora bien, ¿conocemos realmente la magnitud de los mismos?

España ha tenido durante los años previos a la crisis tres problemas fundamentales: Uno, un déficit por cuenta corriente elevado (lo que quiere decir, explicado para todos los públicos y de forma sencilla, que gastábamos más de lo que ingresábamos en las transacciones internacionales. Suele ser un síntoma claro de falta de competitividad de una economía, circunstancia notoria que creo, describe a la perfección uno de nuestros males); dos, exceso de deuda. Tanto de las administraciones (sobre todo comunidades autónomas y ayuntamientos), como de los agentes privados (familias, empresas e instituciones financieras. Dicho endeudamiento, además, era con entidades financieras extranjeras, ya que como se ha expuesto en este foro, el parón de la economía mundial por la crisis puntocom, derivó los ahorros de buena parte del mundo a una de las pocas economías desarrolladas que, aparentemente, crecía de forma continua y consistente: la española; tres, crecimiento económico y del empleo fuertemente correlacionado con el aumento de endeudamiento. Como exponía ayer Antonio Torrero Mañas, Catedrático Emérito de Estructura Económica de la Universidad de Alcalá en la Tercera de ABC, el endeudamiento tiene dos características: es euforizante y tiene un límite. Mientras la deuda asciende, transmite impulsos positivos a la economía. A medida que la deuda crece en comparación con alguna magnitud relevante (renta disponible de las familias o resultados de las empresas), crece el riesgo de que el deudor no pueda cumplir con sus compromisos.

Cuando cayó Lehman Brothers se produjo un colapso en el sistema financiero internacional, lo que hizo que se cerrara el grifo en el mercado interbancario (esto es, donde los bancos acuden a buscar financiación), lo que estranguló a muchas entidades financieras. Las españolas, subsistieron gracias a sus reservas anticíciclicas, pero como las de todos los países, reaccionaron cerrando el grifo a empresas y particulares, así como tratando de salir a la carrera de ambos agentes. Todo ello hizo que la crisis financiera tornase en una crisis económica de primera magnitud.

Los Gobiernos, por su parte, se vieron obligados a endeudarse para, por un lado y como se ha expuesto, salvar a muchos bancos, los cuales estaban cerca del colapso, así como, por otro, tratar de reactivar  una economía que no dejaba de destruir empleo ni parecía ser capaz de arrancar por sí sola, incrementando el gasto público. Ahora, casi tres años después, la doctrina macroeconómica hace especial hincapié en todo lo contrario, es decir, en reducir el déficit de las administraciones, ya que, los mercados llevan un tiempo poniendo en duda la capacidad de los gobiernos de volver a una ortodoxia fiscal. 

Todo ello pese que, en España, por ejemplo, se hayan privatizado empresas públicas (AENA, Loterías del Estado), bajado el salario de los funcionarios, subido el IVA y aumentado la edad de jubilación. Cierto es que quedan cosas por hacer (reforma de las pensiones y del mercado laboral, techo de gasto de las autonomías, etc.), pero los datos demuestran que el déficit va disminuyendo. Sin embargo, todo parece en balde. Seguimos sin meter en cintura a los mercados, lo que implica pagar elevadísimas primas de riesgo para que nuestro gobierno pueda seguir con su actividad habitual. ¿Cuál es la realidad de nuestro país? ¿Sabemos la magnitud de nuestros problemas? España, desgraciadamente, se ha metido en un callejón de difícil salida. A ver si soy capaz de explicarlo sin demasiados tecnicismos para que todo el mundo lo entienda.

Comenzaré por el principio. Las magnitudes económicas que definen el crecimiento de un país son, el gasto público, el consumo privado, la inversión en capital y el saldo de las exportaciones netas. Comenzando por el primero, y a la luz de lo expuesto en todo lo escrito en este post, parece claro que no se puede contar con un aumento del mismo para reactivar la economía. Seguirá habiendo, lógicamente, un gasto mínimo, pero la necesidad de reducir el déficit, junto con la dificultad de recaudar más por la actual coyuntura (vía tributos), más el exceso de intereses que habrá que pagar por el imparable ascenso de la prima de riesgo, hacen prever que esta magnitud no sólo tendrá dificultades para mantenerse estable, sino que es probable que disminuya. 

Sigamos por el consumo privado. Las familias se encuentran muy endeudadas como consecuencia de la burbuja inmobiliaria y la barra libre de crédito. Sumémosle un desempleo que sobrepasa el 20% de la población activa. No podemos esperar una mejora del consumo a corto plazo, por ejemplo, pese a que éste dependa en mucha medida de la confianza del consumidor. En cuanto a la inversión en capital (entre la que se incluía la fiesta inmobiliaria), tampoco podemos esperar que "tire" de la economía mientras el "stock" de viviendas no sea absorbido. La falta de financiación por parte de los bancos tampoco favorece el asunto y el grifo, desgraciadamente, va a seguir cerrado un tiempo. 

Nos quedan las exportaciones netas, las cuales, efectivamente, pueden ser una salida, pero que tienen dos condicionantes: uno, como se ha expuesto, no somos competitivos y, desgraciadamente, no podemos devaluar nuestra moneda para serlo como antiguamente, por lo que no todos los sectores están preparados para salir fuera; dos, de los sectores que potencialmente pueden salir a pecho descubierto (porque por calidad / precio no tienen nada que envidiar a otras potencias), no todas las compañías que forman parte del mismo tienen experiencia exportadora, lo cual, sin duda, hará que los resultados se obtengan a largo plazo, ni masa crítica para salir. En resumen, que lo vamos a tener difícil para crecer en los próximos años, más allá de un mero efecto estadístico. Y ya se sabe, en nuestro país, un crecimiento por debajo del 2% no genera empleo.

Vamos con las administraciones públicas. Durante los años previos a la crisis, los del boom inmobiliario, nuestro gobierno central, así como sobre todo las comunidades autónomas y los ayuntamientos, se embarcaron en unos procesos de inversión en infraestructuras de nula rentabilidad (o a muy largo plazo en el mejor de los casos), cuya problemática no se centra sólo en el pago de las mismas, sino en lo costoso que resulta su mantenimiento. Estamos hablando de trenes de alta velocidad con 9 pasajeros diarios, hospitales con las más altas tecnologías en zonas con baja densidad de población, de universidades en ciudades que jamás uno se hubiera imaginado o de polideportivos de lujo en poblaciones minúsculas. Como me decía mi buen amigo y familiar Fernando Díaz hace unos días en una conversación interesantísima, todo el mundo tiene derecho a tener la mejor educación, el mejor sistema sanitario y las mejores instalaciones cerca de sus casas, pero es que, a lo mejor, nuestro país no da para tanto. Como probablemente tampoco de para mantener nuestro sistema de pensiones con una población tan envejecida. Desgraciadamente, esa es la verdadera cuestión.  Y no es ideológica, sino puramente económica.

Retomemos el artículo de Torrero Mañas: ha habido una correlación muy marcada entre nuestro crecimiento y nuestro endeudamiento, no  habiendo más posibilidades de endeudarse. Sumémosle lo expuesto hace unas líneas: lo tenemos muy difícil para crecer a corto plazo. Sin crecimiento, nuestras administraciones no serán capaces de recaudar el dinero suficiente para mantener nuestro nivel de infraestructuras ni nuestro estado de bienestar, al menos con los esquemas actuales. ¿Qué más medidas se pueden tomar? ¿Cuánto margen hay? Se puede volver a subir el IVA, pero ello lastrará más el consumo. Se pueden subir tarifas en transportes públicos, pero son "peanuts", como dice Nanius a menudo. Sin medidas drásticas, hay poco que hacer y eso es lo que castigan los mercados en estos momentos, el que no haya nadie capaz de hacerlo.

Como me decía otro buen amigo mío, tal vez haya llegado la hora de "meterle mano" al estado de las autonomías. Tal vez sea la última bala antes de tener que hacer otros recortes mucho más dolorosos en educación, sanidad y pensiones. Por eso estoy expectante por saber qué pasa por la cabeza de Rajoy cuando dice que tomarán las medidas que tengan que tomar y que no serán muy dolorosas si finalmente ganan las elecciones.

Así pues, España se encuentra ante una situación dificilísima, como apuntaba Torrero Mañas ayer en ABC. El Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares daba su propia receta para evitarlo: 1) Que el PSOE designe un nuevo presidente capaz de tomar decisiones de calado de aquí a las elecciones. 2) Que los dos partidos hagan saber la realidad  de la situación a los ciudadanos y acuerden un plan a seguir. 3) Que el plan apoye a la empresa privada para que ésta pueda incrementar su productividad y reducir de esta forma el déficit exterior, así como suponga una reforma laboral en profundidad y una reducción del gasto público. Todo ello dotando de mayor transparencia a las cuentas de las administraciones y obligando a ayuntamientos y comunidades autónomas a subordinarse al plan de ajuste nacional. En definitiva, mucho esfuerzo y bajada en nuestro nivel de vida, lo que nos lleva a la pregunta inicial ¿Era realmente nuestro estado de bienestar una mentira?

2 comentarios:

nanius dijo...

Muy interesante post, desde luego, y no porque me cites, sino por la amplitud general.

No estoy muy seguro, lamentablemente, de que el tema del estado autonómico sea realmente una "silver bullet". Si meterle mano es mejorar la gobernanza y las reglas de gasto y obligar a una mayor puntualidad, homogeneidad y transparencia de los datos fiscales, entonces seguro que contribuirá positivamente a nuestra situación, que se ve lastrada por deficiencias en estos campos. Si en cambio meter mano sea condicionar transferencias, ajustar gastos, etc...entonces, teniendo en cuenta los grandes capítulos de gasto autonómicos, vaticino un éxito muy escaso, de fanfarria sin medidas, de resistencias enormes de los políticos autonómicos, etc. Las locuras de los polideportivos y todo eso...son difíciles de arreglar ahora, no? ya no se están haciendo, sus propias finanzas públicas deprimidas no lo permiten, la verdad es que no veo un gran alcance de las medidas de restricción y nueva arquitectura de las CCAA y Aytos. Es más, muchas de ellas serán posiblemente inconstitucionales por conculcar el principio de la autonomía. No sé, menudo callejón...

Fernando dijo...

Hola Nanius! Mil gracias por pasarte, como siempre, y por el comentario. Realmente, y como me explicaba mi buen amigo Fernando Díaz, sólo hay dos partidas gordas, gordas a la que las autonomías puedan meterle mano y son educación y sanidad. El resto, como dices, tiene mal arreglo. La cuestión, bajo mi punto de vista, no es tanto de si es justo o no que Castilla la Mancha, por ejemplo, tuviera un AVE que uniera Toledo con Cuenca sin pasar por Madrid, sino de si nos lo podemos permitir. Porque si se ha podido hacer ha sido gracias a la dupla "endeudamiento - ladrillo", que desgraciadamente han ido de la mano.

La solución es complicada, desde luego, y el callejón morrocotudo como apuntas, pero a grandes males, grandes remedios y nuestros males son enormes... Creo.

Un abrazo