martes, 28 de febrero de 2012

Empresas - Proyecto Ginself / PradoRey

Sobre un Proyecto Ilusionante

Tras tener en vilo durante unos días a buena parte de mis amigos y contactos de Facebook y otras redes sociales, por fin hemos desvelado el misterio: PradoRey es el nuevo distribuidor mundial de Ginself, la primera ginebra premium Mediterránea. Se trata de un acuerdo estratégico para nosotros por muchos motivos, pero que además encaja perfectamente con nuestra filosofía empresarial y de grupo, lo cual todavía nos anima más en este nuevo proyecto que nos tiene muy ilusionados.

Ginself es una iniciativa de cuatro jóvenes emprendedores, Nacho, Silvia, Vincenzo y Marga, los cuales decidieron elaborar una ginebra selecta, original, distinto a todo lo que había en el mercado, y que resaltara mucho de lo que tiene el Mediterráneo en general y Valencia en particular. Se trata de una ginebra única, que lleva el azahar, la mandarina y la chufa como ingredientes diferenciadores. Los botánicos, cuidadosamente seleccionados, se maceran durante 24 horas antes de la doble destilación a partir de alcohol de remolacha y agua de manantial de la Sierra de Espadán. Este proceso, además, se lleva a cabo de manera artesanal, en un alambique de cobre del Siglo XVIII, obteniendo exclusivamente 500 litros de cada producción. De esta manera se consigue una ginebra de sabores intensos que se perciben en el paladar y en la nariz de manera sugerente, cuyos Gintonics sorprenden por su frescura y aparente baja graduación. Además Ginself se elabora en Bodegas y Destilerías Carmelitano, ubicadas en Benicassim, y también propiedad del Grupo Cremades, al igual que PradoRey.

Creo que si hay algo que ha caracterizado a PradoRey siempre, ha sido su afán por ir un poco más allá, por resaltar lo natural pero arriesgando yendo por caminos muchas veces inexplorados. Por ello fuimos la primera bodega de España que sacó un vino Roble. Por ello también surgieron vinos tan diferentes como el PradoRey Rosado Fermentado en Barrica, el Adaro de Pradorey o el PradoRey Élite. Esa filosofía la seguimos aplicando cuando fuimos a Rueda, y es por ello por lo que nos atrevimos con un tipo de crianza sobre lías en nuestro PradoRey Verdejo que nunca nadie había aplicado sobre dicha variedad, o por la que osamos a criar nuestro PR3 en barricas experimentales no utilizadas hasta entonces en aquella Denominación de Origen. Siempre hemos buscado productos con personalidad propia, y Ginself, claramente, destaca en ese sentido.

Por si todo esto fuera poco, mi abuelo, Javier Cremades de Adaro, nació en Melilla por accidente, pero siempre se ha considerado Valenciano, eminentemente mediterráneo. Su proyecto Meliá Villaitana es un canto a las que él considera sus raíces. Ginself viene a reforzar en ese sentido nuestro amor por una cultura, la Mediterránea, no siempre suficientemente valorada, y que tantas cosas buenas nos ha aportado a lo largo de los siglos. Ginself es el sueño de Nacho, Silvia, Vinzenzo y Marga, como Adaro fue el sueño de mi abuelo. El maridaje empresarial es perfecto y estamos seguros que nos dará muchas alegrías.

Ginself se trata de un producto exclusivo, difícil de encontrar incluso, y el reto que se nos plantea, precioso. Ni más ni menos que conquistar un mercado dominado por lo anglosajón con una Ginebra eminentemente natural y muy nuestra, sin dejar de ser diferentes, sin dejar de ser Mediterráneos. Amigos de PradoRey, de ahora en adelante, cuando terminéis la comida y hayáis vaciado vuestro Adaro o vuestro Roble, no dejéis de tomaros un buen Gintonic de Ginself. Seguro que os sorprenderá.


miércoles, 22 de febrero de 2012

Economía - ¿Debería abandonar Grecia el Euro?

Algunas reflexiones

Ayer, tras meses de vaciles, de idas y vueltas, por fin se aprobó el segundo rescate a Grecia. Ni más ni menos que 130.000 millones de euros costará la broma, acompañados de una quita del 53,5% del valor de la deuda, lo que suponen otros 107.000 millones de euros. A cambio, el país Heleno cede parte de su soberanía en materia económica, ya que los enviados de la Troika vivirán en Atenas controlando que los draconianos ajustes que se han exigido para el brutal desembolso efectivamente se llevan a cabo. Desde la distancia, reconozco sentirme abrumado. No tengo nada claro que se haya acertado con este plan de rescate y más bien pienso que estamos ante un paso más hacia algo que parece inevitable, que es la quiebra de Grecia y su salida del Euro. El que los mercados europeos hayan cerrado en negativo dejan entrever cierto escepticismo acerca de que ésta sea la solución definitiva. 

Grecia tiene muy difícil solución. Fundamentalmente porque cualquiera que se tome será muy dolorosa y de muy difícil digestión para una sociedad que semana sí, y semana también, demuestra estar al límite. Hay algunas evidencias realmente terribles. Según datos oficiales, un 27,7% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada tres trabajadores no cobra a final de mes, o su empresa ha dejado de pagar su seguridad social. El desempleo ha pasado en dos años del 9,8% al 20,9% y el desempleo juvenil ya roza el 48%. Además, como se ha podido ver en televisión, las huelgas, manifestaciones, destrozos, saqueos e incluso agresiones a ministros y parlamentarios comienzan a ser habituales. Con una sociedad en contra, las reformas que plantea la UE son inviables. De nuevo diferentes sondeos han hallado que el 79% de los ciudadanos griegos están en contra de las reformas exigidas por los paises miembros de la unión. Sin embargo, el 61% se sigue manifestando favorable al Euro. No hay por dónde cogerlo.

Hagamos un breve repaso para entender por qué Grecia está como está.  Durante años el país Heleno ha vivido por encima de sus posibilidades y una realidad ficticia. Sus aparentes mejoras económicas venían brindadas de un sobredimensionado sector público, cuyos funcionarios cobraban unos salarios también desproporcionados. Las pensiones y subsidios han sido también muy generosos y han estado fuera de cualquier control. El escaqueo tributario, por otra parte, ha sido práctica habitual. La fiesta se pagaba, por lo tanto, vía endeudamiento. Mientras había dinero fácil y barato, Grecia pudo tirar hacia delante. Cuando se acabó la barra libre, el país colapsó. 

Cuando el sector público interviene demasiado en una economía, ésta pierde competitividad, por cuanto no hay incentivos para crear empresas. Hoy en día es más fácil fundar una compañía en Yemen que en Grecia, según diferentes estudios. Para colmo, en el período 2000 - 2008, los costes salariales en el sector privado crecieron un 62% frente al 15% de Alemania. Muchos griegos siguen sin comprender que su aparente bienestar era fruto de su capacidad de endeudamiento, no de su productividad. Alguno apostillará, y no le faltará razón, que esto mismo le ha pasado a España. Correcto, pero con un matiz: nuestro país tiene una base empresarial sólida. Grecia no. España crecerá más pronto que tarde. Grecia no.

Aunque sea duro de decir, Grecia es insolvente, nada competitiva y está metida de lleno en una espiral autodestructiva desde el punto de vista económico. El país está en recesión, casi depresión, y a la par sometido a un durísimo plan de consolidación fiscal supervisado por Bruselas que no va a hacer más que hundirle un poco más a corto plazo. Sin crecimiento, es imposible que el país Heleno si quiera pague el 50% de su deuda, porque esta sigue siendo sideral. ¿Qué salidas tiene Grecia hoy en día? Como bien apunta el profesor Roubini, sólo existen cuatro opciones para que recupere la senda de la recuperación y de la competitividad. Ninguna de ellas fácil, algunas irrealizable y casi todas dolorosas:

1) Una depreciación nominal brusca del Euro buscando la paridad con el Dólar, lo cual lleve a una depreciación real de la moneda única. Esta opción es inviable a día de hoy y comenzaría una guerra de divisas de resultados catastróficos.

2) Una reducción de los costes unitarios de la mano de obra vía aceleración de una serie de reformas estructurales y corporativas, las cuales podrían llevar a gracia a un rápido incremento de la productividad por encima de los salarios (la llamada "Solución Alemana"). Grecia necesitaría al menos 15 años para llevarla a cabo. No tiene tanto tiempo.

3) Una devaluación intenrna, consistente en forzar una deflación en precios y salarios de aproximadamente un 30%, que podría durar entre 5 y 10 años, lo que equivaldría a una depreciación real de la moneda. Esta solución es la que lleva camino de seguir Grecia con las medidas de la UE. Los costes sociales de esta devaluación interna son insoportables, como ya se está viendo, pero tienen la problemática añadida de que harían todavía más insolvente al país, por cuanto su deuda en términos relativos se incrementaría un 30%.

4) La salida de Grecia del Euro. Esta medida implicaría la recuperación del Dracma, permitiría al país recuperar la competitividad de forma rápida y podría, tal y como pasó en Argentina en el año 2002, hacer que el país pasara a corto plazo de una profunda recesión a un crecimiento razonablemente alto. Eso sí, a costa de hacer más pobres a toda la ciudadanía, la cual vería como sus salarios se reducirían un 30% en comparación con el Euro, pero al controlar su propia moneda, el ajuste sería mucho más rápido. ¿Qué problemas acarrearía esta medida? O mejor dicho, ¿qué riesgos tan graves lleva aparejada esta hipotética salida del Euro para que se siga apostando por la vía del rescate y la devaluación interna?

De entrada advertir que una salida de Grecia del Euro no es una cuestión menor. No existen mecanismos en el seno de la UE para la misma y la idea de volver al Dracma no sería indolora tampoco. Recordemos que cuando Argentina quebró en el año 2001, deshizo la paridad "Peso - Dólar" hubo una violencia y un caos social y económico de primera magnitud. Tomar la puerta de salida, además, no implicaría aparcar las duras reformas que lleven al país griego a una consolidación fiscal que es necesaria en cualquiera de los escenarios y a una mejora de su competitividad. Las medidas que se tomen, además, generarán más destrucción empleo y malestar social a corto plazo, ya sea dentro o fuera del Euro.  Sin embargo conviene recordar que Argentina pasó de caer su PIB casi un 20% en el año 2001 a crecer un 8% en el año 2002.

Son muchos los economistas, entre ellos Domingo Cavallo, antiguo ministro de economía Argentino, padre de la paridad "Peso - Dólar", que creen que la salida de Grecia del Euro sería un desastre para el país y sus ciudadanos, pero lo cierto es que vía  devaluación interna, el desastre sería similar, sólo que el paciente se nos moriría desangrado y entre fuertes dolores, por cuanto, como se apuntaba al hablar de la tercera solución, al país Heleno le quedaría por delante una década de conflictividad social, pobreza y desempleo. Ninguna de las dos últimas opciones son agradables para la ciudadanía, pero la segunda, aparentemente, es menos dolorosa.

Otro de los problemas señalados, y no es cuestión menor, es el que esgrime que el Dracma tendría un valor muy inferior al Euro y que, por lo tanto, Grecia sería incapaz de hacer frente a sus deudas suscritas en esta última moneda. Roubini apunta aquí la necesidad de "Dracmatizar" las deudas en Euros pese a las importantes pérdidas que ello acarrearía al sector privado de la Eurozona, fundamentalmente bancos y empresas. Para Roubini este caos sería manejable si se es proactivo y se tomasen las medidas oportunas. Se trataría, por lo tanto, de forzar una salida ordenada de Grecia del Euro, evitando que el sistema bancario de la UE saltara por los aires.

El principal miedo que se tiene en el seno de la Unión, aparte del anterior, es el de la posibilidad de contagio a otros países de la zona Euro si Grecia decide salir de la moneda única. Tanto Irlanda, como Italia y España, pero sobre todo Portugal, podrían estar en el ojo del huracán. El país Heleno apenas supone el 2% del PIB de la UE, pero la caída de España e Italia sería apocalíptica. El país Luso probablemente necesitaría una reestructuración de su deuda, aunque se es moderadamente más optimista respecto a su continuidad en el Euro. Irlanda parece haber reconducido su camino tras el rescate del 2010, aunque conviene recordar que el problema del otrora llamado "Tigre Celta" fue la absurda medida de su gobierno de avalar a su banca. Italia y España, por su parte, presentan mejor pinta que hace unos meses, cuando desayunábamos, comíamos y cenábamos con la prima de riesgo. En cualquier caso, el riesgo existe y conviene ponderarlo.

Pero no sólo hay argumentos técnicos para pensar que la salida del Euro del país Heleno tiene sentido. Existen también argumentos de índole moral. En muchos países se están haciendo verdaderos esfuerzos para contener el gasto público. El rescate griego no es gratuito, lo pagamos entre todos, y comienza a haber muchas familias en la Eurozona al límite. En nuestro país se están poniendo en juego hasta la educación y a la sanidad, y ahora nos toca contribuir a un rescate que podría no servir para nada. Pero vayámonos un poco más lejos y dejemos de mirarnos el ombligo. Pensemos en Eslovaquia, a la cual se le obligó a implementar durísimas reformas para formar parte de la UE en su dura transición desde un régimen comunista hacia otro capitalista. Buena carga del proceso cayó sobre sus ciudadanos, los cuales aguantaron estoicamente el mismo. Mientras tanto, los ciudadanos griegos disfrutaban de una aparente prosperidad que no era tal. Mientras el ingreso medio por persona en Eslovaquia en el año 2011 fue de 17.789$, en Grecia lo era de 27.785$. La pensión media en Eslovaquia durante el mismo año fue de 491$, mientras en Grecia era de 1.775$. Por cierto, la deuda nacional Eslovaca sumaba el 45% de su PIB. La de Grecia el 160%. A Eslovaquia se le pide que contribuya con 13.000 millones de Euros a la fiesta, que es más de lo que recauda en un año vía tributos. Realmente es un disparate.

Apuntaba Domingo Cavallo en un interesante artículo en el que contestaba a Roubini, que Grecia debía reestructurar su deuda, reorganizar su economía y permanecer en el Euro, que no debe tomar como ejemplo lo acontecido en Argentina, y que, en el fondo, volver al Dracma daría los pretextos necesarios al gobierno de turno para no hacer las reformas necesarias que permitan al país recuperar su competitividad. Aún cuando el argumento sea bueno, no puedo evitar ver las fotos del Wall Street Journal con edificios cerca de la plaza Sintagma ardiendo y multitud de personas manifestándose en contra de las reformas. Como apuntaba Keynes, rara vez la población es capaz de aguantar un ajuste del mercado por sí sólo y las medidas de la UE van en esa dirección. No creo saber más que los líderes de la Eurozona, por lo que ni puedo ni pretendo ser dogmático respecto a si Grecia debe salir o no del Euro, pero tengo claro que sus ciudadanos pueden empujarle a ello. A fin de cuentas, ninguna empresa y ningún gobierno pueden vivir de espaldas a la sociedad en la que se desenvuelven.




miércoles, 15 de febrero de 2012

Economía - Sobre la Reforma Laboral

Una Aproximación Diferente

Tras varias semanas de filtraciones y comentarios "off the record" que no fueron tales ("nos va a caer una huelga", Rajoy dixit, o "será una reforma muy agresiva", De Guindos), el viernes tuvimos por fin la confirmación de las líneas maestras de la Reforma Laboral prometida por el actual gobierno desde la campaña electoral. En el fondo mucho de lo que se ha aprobado ya se intuía, aún cuando es cierto que algunas de las medidas son bastante duras, tanto como que había cierto escepticismo sobre si el actual gabinete se atrevería a implementarlas.

Como no podía ser de otra forma, la CEOE y algunos partidos como CIU aplauden la reforma. El PSOE en palabras de Jesús Caldera habla de decretazo, IU llama a la movilización y los sindicatos, tanto UGT como CCOO, claman al cielo ante lo que consideran una reforma hecha a traición que no contribuirá a generar empleo. En las redes sociales, obviamente, la cuestión es "trending topic" y hay opiniones para todos los gustos. En muchas echo en falta algo más de análisis y me sobra forofismo político, pero asumo que la cuestión es polémica y que los españoles somo pasionales por encima de todo. En cualquier caso, se agradecen los puntos de vista que a uno le hacen pensar.

Estuve tentado de hacer de este post una especie de lista con las medidas aprobadas con mi opinión al respecto, así como añadir aquellas de cierto calado que se han quedado fuera, pero he pensado que tal vez logre ser más didáctico aproximándome a la reforma exponiendo previamente algunos de los males endémicos de nuestro mercado laboral. Espero que os guste el experimento, pero sobre todo que entendáis que aunque el hombre sea un animal político, yo escribo en clave económica por lo vivido y estudiado, pero que en el fondo la mía es una simple opinión más.

Bajo mi punto de vista, el mercado laboral español lleva arrastrando cuatro graves problemas que ningún gobierno ha sido capaz de afrontar con éxito durante los últimos 30 años. El primero es el de la inelasticidad de nuestro mercado laboral, causante del altísimo nivel de desempleo que tenemos hoy en día. El segundo es el de la precariedad del empleo.  En tercer lugar, quedaría la baja productividad y poca competitividad de nuestra economía. Englobo en este epígrafe el problemón del paro juvenil. Por último, el excesivo carácter tuitivo de nuestro ordenamiento laboral.  Las consecuencias de este último punto, son bastante llamativas como explicaré un poco más adelante.

Sobre la inelasticidad de nuestro mercado laboral: Para que todo el mundo me entienda. Nuestro mercado laboral destruye puestos de trabajo a una velocidad mucho mayor de los que los crea cuando cambia el ciclo económico. Nuestro mercado laboral es rígido, y lo es, fundamentalmente, por el sistema de negociación colectiva generalizado en nuestro país.

Cuando la economía mundial o de un país se para y el consumo se frena, las empresas afrontan escenarios de caídas de ingresos, márgenes de explotación o de ambas cosas. Aunque uno siempre trate de optimizar sus políticas de aprovisionamiento y compra, así como de prescindir de determinados servicios exteriores, lo cierto es que cuando vienen mal dadas a veces no queda más remedio que reducir costes de mano de obra indirecta, e incluso directa si el volumen de trabajo se reduce de forma notable. En estos casos el ajuste se podría hacer de dos maneras. Una, reduciendo jornadas laborales y salarios en consecuencia. Dos, amortizando puestos de trabajo.

La primera opción siempre es la más deseable. Imaginemos una compañía con 100 trabajadores que cobran 10 unidades monetarias y que precisa rebajar un 10% su carga salarial para ser viable. Lo puede hacer de dos maneras. Una, reduciendo salarios, o dos, amortizando puestos de trabajo. Indudablemente es mejor que haya trabajando 100 trabajadores por 9 unidades monetarias, que 90 por 10. Lo es para el trabajador, que no pierde su puesto de trabajo, lo es para el empresario, que no pierde capital humano en el que, muy probablemente, haya invertido, y lo es también para el estado, que no debe pagar un subsidio de desempleo. Ocurre que hasta la fecha esta solución era prácticamente inviable en nuestro país. Por ello, siempre que vienen mal dadas, nuestra destrucción de empleo alcanza niveles sonrojantes.

Nuestro actual sistema de negociación colectiva es el más ineficiente de todos. Y esto no es una opinión, es matemática pura. Si pudiéramos representar en un eje los mismos, veríamos que se comporta como una U invertida. En los extremos (los más eficientes) estarían el modelo de los países nórdicos, también utilizado en Austria, de negociación colectiva centralizada (el estado fija las normas para todas las empresas y sectores tras negociar con patronal y sindicatos) y el modelo estadounidense (la negociación es empresa a empresa). En el punto más alto de la U invertida, estaría nuestro modelo: sectorial y por provincia. Es imposible que se adapte a la realidad de las empresas o del país en su conjunto. Por poner un ejemplo, el Convenio de la Vid de Valladolid es válido para las DO Rueda, Cigales y Ribera. Ninguna de ellas tiene una misma realidad. Y dentro de las mismas, cada bodega tiene sus propias particularidades. Hasta la fecha, descolgarse de un convenio cuando se estaba en dificultades, para tratar de adaptarse a la realidad de una compañía, era posible, pero bastante complejo. Y es más. La llamada "ultraactividad" obligaba a seguir vinculado a un convenio, aunque este estuviera vencido, de forma indefinida en tanto en cuanto se negociara el nuevo. De nuevo mayor rigidez e imposibilidad de adaptarse a los tiempos actuales.

Hoy en día el 90% de las empresas están adscritas a algún convenio, de los que tan sólo un 15% son de empresa, los cuales, en su mayoría pertenecen a las compañías más grandes. Más del 50% de los trabajadores residentes en nuestro país, rigen su relación laboran en convenios de ámbito sectorial y provincial. Las empresas, a menudo, se ven abocadas a suscribirlo sin haber participado en su elaboración.

La estructura de revisión salarial recogida en la mayoría de convenios también está alejada de la realidad. En la mayoría de ellos se fijaba el IPC como referente, acompañado en muchos casos de un diferencial. Volvamos al convenio de la Vid de Valladolid. El incremento salarial marcado para el año 2010 era el del IPC + 0,85. Según recogieron algunos informes, la deflación en el mundo del vino alcanzó ese año el 10%. ¿Cómo se come este incremento? España es un país que importa la mayor parte de la energía que consume, sobre todo petróleo. Tampoco controla su política monetaria. Buena parte de sus tensiones inflacionistas, por lo tanto, le vienen dadas. Se hace necesario buscar un sistema equilibrado que contemple tanto el nivel de vida del trabajador como la productividad empresarial.

Pero cuando se habla de rigidez, no se hace alusión sólo a cuestiones salariales. Las categorías profesionales impedían que determinadas personas pudieran realizar determinados trabajos adicionales que podían ser necesarios para la compañía en un momento concreto, así como limitaba también mucho cuestiones tales como la movilidad geográfica o la reordenación de los horarios por necesidades productivas.

De lo que se trata, por lo tanto, es de dotar de mayor flexibilidad al sistema para que cuando cambien los ciclos económicos, las empresas no se vean obligadas a despedir, o que cuando tengan que hacerlo, lo hagan en el menor de los casos, porque previamente tengan herramientas que les permitan adaptarse a las nuevas circunstancias. Con la nueva ley, el convenio de empresa tendrá prioridad sobre los sectoriales, así como se prevén diferentes medidas destinadas a mejorar la elasticidad de las empresas cuando vengan mal dadas. El objetivo, como decía, que el despido sea la última opción.

Queda un asunto espinoso, que es el de la posibilidad de reducir salarios cuando la empresa se encuentre en dificultades. De entrada aclarar que esta posibilidad no es sencilla, ya que la empresa deberá acreditar una serie de circunstancias y, además, mantener el puesto de trabajo, pero esta circunstancia tiene otra implicación más importante: teniendo el sector privado tan endeudado, una bajada salarial puede hacer peor el remedio que la enfermedad.

Bajo mi punto de vista, con algún matiz, estas medidas implementadas podrían ser muy positivas para mejorar el problema de rigidez de nuestro mercado laboral.

Sobre la precariedad de los puestos de trabajo: España presenta un mercado laboral dual. Es así desde que mediados de los años 80, cuando se trató de incentivar el uso del contrato temporal para dotar de mayor flexibilidad al sistema. Los motivos, en cualquier caso, hay que buscarlos en las propias características de las tipologías de contratos de trabajo.

España tenía, hasta la reforma aprobada el pasado viernes, la indemnización por despido improcedente más elevada de Europa, sólo comparable a la de Francia, Grecia y Portugal. Buena parte de esta circunstancia es herencia del Franquismo. Como el trabajador no tenía derecho a nada, gozaba de una mayor protección ante un eventual despido. Hasta 45 días por año trabajado con el máximo de 42 meses. Los contratos temporales, por su parte, sólo tienen una indemnización de 12 días por año trabajado.

Los contratos temporales no se pueden utilizar por sistema. Están muy acotados para causas perfectamente definidas. Además, las empresas sólo podían encadenar en su día hasta un máximo de tres años. Al finalizar los mismos, o se hacía fijo al trabajador, o se le despedía. Desgraciadamente, muchas compañías han estado utilizando este tipo de contratos en fraude de ley, ya que una buena parte de los que se firmaban bajo este formato, realmente escondían una realidad laboral fija. Los Gobiernos, hasta la fecha, han mirado para otro lado, permitiendo que existiera una precariedad laboral que no era de recibo. Y el sistema, por lo tanto, ha favorecido a los empresarios irresponsables frente a los que han tratado de hacer las cosas bien.

El efecto de este mercado dual es perverso. Las empresas no contratan o despiden en función de su productividad, sino en virtud de sus tipos de contratos. Por el otro, los trabajadores fijos no tienen apenas incentivos para seguir formándose, así como es imposible establecer una cultura del desempeño, por cuanto la continuidad en la empresa no depende tanto del desempeño del empleado como de la antigüedad y el tipo de contrato.

En ese sentido la nueva ley aprueba un plan especial de la Inspección de Trabajo y Seguridad Social para evitar fraudes de ley. A su vez, se han implementado otras medidas con el objetivo de fomentar el empleo estable y la contratación indefinida. Por un lado, se promueve el contrato indefinido de apoyo a los emprendedores. Este tipo de contrato tendrá un período de prueba de un año, así como gozará de importantes deducciones y bonificaciones durante tres años en las cotizaciones a la seguridad social y diferentes tributos. Por otro lado, se deroga un cambio del anterior gobierno, según el cual no se podían encadenar contratos temporales más allá de 24 meses, así como se fomenta el contrato fijo a tiempo parcial y se regula el teletrabajo.

Pero sin duda la medida de mayor calado que busca resolver esta dualidad, ha sido la rebaja del despido improcedente desde los 45 días hasta los 33 por año trabajado, con un máximo de 24 mensualidades en lugar de 42. Se respetan los derechos adquiridos por los trabajadores antiguos, sólo aplicándose la nueva indemnización para los nuevos contratos.

Bajo mi punto de vista, las medidas aprobadas por el Gobierno en este aspecto, no resuelven el problema de fondo. Son más paliativas que estructurales. Como en más de una ocasión he defendido, se debería tender hacia un contrato único indefinido, con costes de despido crecientes, y con alguna particularidad para sectores como el turismo. El abaratamiento del despido hubiera sido más "digerible" con esta modificación, que hubiera igualado en derechos a todos los trabajadores.

Sobre la baja productividad, el desempleo juvenil y la falta de competitividad: Durante el "boom" de nuestra economía, 2000 - 2007, la productividad cayó de forma continua en nuestro país. Realmente los estudios llevados a cabo, no hallan una única razón para explicar este fenómeno, pero sí que es cierto que existen algunas causas relacionadas con el mercado laboral. Por un lado, por el ya explicado sistema de negociación colectiva. Por otro, por el absentismo laboral en nuestro país ha alcanzado niveles escandalosos, aunque de ésto hablaré un en el cuarto punto. Por último, el auge de sectores intensivos en mano de obra poco cualificada durante los años de la burbuja inmobiliaria (sobre todo construcción), ha influido también en esta baja productividad.

En este sentido la nueva ley establece el derecho a la formación, según el cual cada trabajador con más de un año de antigüedad, tendrá derecho a un permiso retribuido de 20 horas anuales de formación, si bien el contenido de la actividad deberá estar relacionado con el puesto de trabajo. Además, para tratar de reducir el elevado desempleo juvenil, se ha modificado el contrato de formación y aprendizaje, alargándose la edad máxima para tener acceso a este tipo de contrato, así como se permitirá su utilización por el mismo trabajador en diferentes sectores.

Me parece muy interesante el derecho a la formación, así como por mi experiencia personal, los contratos de formación me parecen sumamente útiles. El problema es que no se le da solución a la problemática de siempre. ¿Qué porcentajes de jóvenes se quedan en su puesto de trabajo una vez finalizado su proceso de aprendizaje?

Nos encontramos ante una cuestión moral más que económica. Hasta el 50% de nuestros jóvenes se encuentran en paro, lo cual nos aboca a una generación perdida con todas sus consecuencias. Buena parte de la problemática deriva de lo expuesto en el epígrafe anterior: la dualidad del mercado laboral, el cual se ve agravado por el excesivo carácter tuitivo de nuestro derecho laboral (de lo que hablaré más adelante).

Existe otro aspecto que incide en el desempleo juvenil, y es el del salario minimo. Brown et al. (1983) hallaron evidencias de que la existencia del mismo incide tanto en el nivel de paro de los más jóvenes como en aquellos segmentos de la población con menor nivel de formación. En cualquier caso, como explica también el profesor Comin (2010), nuestro salario mínimo está al nivel del resto de la OCDE.

No hacer nada hubiera sido terrible, pero no tengo elementos de juicio suficientes para valorar si estas medidas tendrán el efecto deseado. Ojalá que sí.

Sobre el excesivo carácter tuitivo de nuestro derecho laboral: Bajo mi punto de vista, este es otro de los graves problemas de nuestro mercado laboral. El derecho debe proteger a la parte más débil, de eso no cabe duda, pero es lícito plantearse si en nuestro ordenamiento jurídico no se nos ha ido la mano. Pongo dos ejemplos.

En un entorno económico durísimo y sin precedentes, el 80% de los despidos llevados a cabo en nuestro país desde que comenzó la crisis, han sido catalogados por nuestros jueces como improcedentes, lo que implica 45 días por año trabajado en lugar de 20. Un disparate con la que está cayendo. Incluso aún reconociendo el magistrado de turno la existencia de pérdidas. El absentismo, hasta la nueva reforma, no era causa de despido. Había que acreditar un cierto volumen del mismo. El coste, como se ha indicado en el link incluido en el epígrafe que se habla de la baja productividad, es también desproporcionado.

Las estadísticas son claras. Existe una evidente inclinación a ponerse de parte del trabajador dentro de nuestro ordenamiento jurídico. Y reitero, se debe proteger a la parte más débil. Pero una cosa es eso, y otra es no comprender que las empresas, sobre todo las PYMES, lo están pasando horrible desde hace cuatro años. Y que muchas veces, en tanto en cuanto no había medidas de flexibilidad laboral, amortizar puestos de trabajo ha sido, lamentablemente, imprescindible.

Una de las claves para resolver este entuerto, por lo tanto, es la objetivación de las causas económicas de despido. Es decir, que quede claro cuando procede el despido y cuando no. En ese sentido el gobierno plantea en su reforma, no sólo la existencia de pérdidas actuales o previstas, como ya estipuló el gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero, sino el que una compañía encadene tres trimestres con caída de ingresos. 

Aún cuando me parezca oportuna la rebaja en la indemnización por despido improcedente como luego explicaré, lo más importante es que quede claro de una vez por todas cuándo concurren causas económicas de despido, porque los jueces siguen teniendo demasiado progatonismo. En ese sentido, creo que el beneficio empresarial es un indicador más, pero no el único ni el más apropiado. Me explico. Una compañía puede tener beneficios importantes y tener graves problemas de tesorería, por cuanto precise de un nivel de inversión anual muy elevado para mantener su nivel de actividad y la actual carestía de crédito la esté asfixiando. Por otro lado, una empresa puede estar en pérdidas y no tener problemas de caja, por cuanto lleve un sistema de amortizaciones acelerado. Una compañía muere por falta de liquidez, no por estar en pérdidas.

Creo que los ingresos son más relevantes que el beneficio, pero puestos a elegir, yo me hubiera ido a un análisis del flujo de caja libre de la compañía, mucho más indicativo de la situación real de una empresa. Pero claro, entonces estos casos no tendrían que evaluarlos magistrados de lo social, sino de lo mercantil. Ese entuerto se lo dejo a Alberto Ruiz Gallardón.

Pienso que estas medidas van bien enfocadas, pero habrá que verlo en el día a día.

Finalizo este post con algunas reflexiones y comentando algunos mitos sobre las empresas, los empresarios y nuestro mercado laboral.

No tienen nada que ver las grandes empresas con las PYMES. Muchos de los juicios despectivos que se han vertido estos días sobre las compañías, advirtiendo que con esta reforma se van a hinchar a despedir para abaratar mano de obra, denotan un desconocimiento profundo de la realidad de una PYME en estos momentos. Las PYMES, por cierto, generan el 85% del empleo de nuestro país. La situación para muchas es límite por el cierre del crédito y la caída de la actividad y la gran mayoría no están ni para eso.

Los principales estudios sobre inteligencia emocional, han revelado que el despido es una de las circunstancias más duras y difíciles de sobrellevar para un directivo. A nadie le gusta despedir. Y de nuevo apunto: no es lo mismo una PYME, donde conoces nombres y apellidos de los empleados, que una multinacional. El despido es una opción carísima económica y emocionalmente.

Totalmente de acuerdo: abaratar el despido no soluciona el problema, pero tener el despido más alto de la OCDE no nos ha impedido batir records de paro. En Suecia, paradigma del bienestar social, no hay indemnización marcada por ley cuando se produce un despido. Su tasa de paro es del 7,5% y su tasa de temporalidad, de un 15%. Alemania marca 15 días por año trabajado para el despido por causas económicas y su tasa de paro es de un 5,5%. Francia marca un 20% de salario mensual por año trabajado y tiene una tasa de paro del 9,9%. La reforma nos acerca a Europa, pero seguimos teniendo un esquema protector con el trabajador.

Sigo creyendo firmemente que el éxito empresarial depende hoy más que nunca de un equilibrio entre los objetivos de todos los grupos de interés que forman parte de una compañía. Sigo pensando que son las personas las que marcan las diferencias en las empresas, por cuanto son los recursos más singulares y menos imitables de una compañía. Atraer y retener talento es un factor clave para sobrevivir a la época de mayor competencia de nuestra historia, y asumo que a un buen trabajador no se le fideliza sólo con un buen salario, sino creando entornos adecuados en los que éste pueda llevar a cabo su labor sintiéndose realizado. Esta visión empresarial obliga a la empresa a dialogar, pactar y aplicar un enfoque cooperativo con sus empleados que beneficie a todos. Los convenios son fundamentales, pero adaptándose a la realidad de cada compañía.

Por último, el mercado es, al igual que la reforma laboral. El que tenga el efecto deseado, el que sea buena o mala, va a depender de las personas y del uso que éstas hagan de la misma. El hombre puede ser bueno, pero también un lobo para su especie. A fin de cuentas el mercado nunca puede ser sustituto de la responsabilidad. Las leyes tampoco.

miércoles, 8 de febrero de 2012

RSC - Responsabilidad Social Corporativa y Gestión Empresarial

Algunas Ideas

Hoy he tenido el placer de ser invitado por la Escuela de Negocios San Pablo CEU de Castilla León a las II Jornadas Internacionales sobre Responsabilidad Social Empresarial que se están celebrando en Valladolid. He tenido el honor de compartir mesa redonda con primeras espadas de empresas muy importantes, como Miguel Calvo Calleja, Consejero Delegado del Grupo Norte, Francisco Hevia, Director de RSC y Comunicación del Grupo Siro y Javier López Galiacho, Director de RSE de FCC. Moderando la mesa, ni más ni menos que Germán Granda, Director General de Forética. Como es habitual cada vez que me invitan a participar en jornadas de este tipo, os dejo algunas pinceladas de lo que ha sido mi ponencia. En esta ocasión me he centrado en explicar por qué con la que está cayendo la RSC, lejos de dejar de estar de moda, es cada vez más importante en la gestión empresarial. Lo he explicado en bloques de ideas. A ver cómo me queda el post.

1) RSC en tiempos revueltos: ¿Es posible la Responsabilidad Social Corporativa con la que está cayendo? El debate es lícito. El boom de la llamada RSC tuvo su origen en una época de beneficios empresariales record y una situación macroeconómica boyante, nada que ver con los entornos actuales. Por aquel entonces era fácil apostar por la filantropía corporativa, el marketing con causa, la ecología o el voluntariado corporativo. En muchos casos, detrás de estas iniciativas, había fundamento, un cambio en la cultura empresarial, pero en otros tantos, eran meras herramientas de relaciones públicas. Cuando las cosas vienen mal dadas, cuando cambia el ciclo y se recortan presupuestos, las relaciones públicas son de las primeras en desaparecer. Uno de los problemas de la RSC desde su origen ha sido lo que en alguna vez me he atrevido a llamar "paradoja de la sostenibildad". Mientras la Responsabilidad Social Corporativa abogaba por la sostenibilidad, bajo su nombre tenían cabida iniciativas que no eran sostenibles.

Sin embargo, aún siendo todo lo anterior cierto, yo soy de los que creen que la RSC ha llegado para quedarse. Porque más allá de que la RSC implique la incorporación de criterios sociales y medio ambientales, además de los económicos, en la gestión empresarial, creo que es la estrategia o la herramienta a través de la cual una compañía puede no dar la espalda a la sociedad en la que se desenvuelve. Estamos ante un momento histórico. Está cambiando la economía, están cambiando las sociedades y a las empresas no les queda más remedio que hacerlo también. Aquella compañía que viva de espalda a los entornos en los que compite está abocada al fracaso.

2) Un mundo globalizado y en cambio: Hace 20 años nuestras sociedades no tenían nada que ver con las actuales. Basta con echar la vista atrás y recordar a nuestros amigos del colegio. Cada uno de su padre y de su madre, pero todos muy homogéneos. Los del barrio igual. Todos cortados por el mismo patrón cultural. Llegábamos a casa y veíamos TVE 1 y TVE 2. Luego llegaron las autonómicas y las televisiones privadas, pero los medios de comunicación estaban también cortados por el mismo patrón que nuestros amigos. Nuestras expectativas eran locales.

Pero la economía cambió. La globalización económica ha traído como consecuencia un auge de los movimientos migratorios sin parangó en los tiempos actuales. Nuestras sociedades son distintas. Basta con ir al mismo colegio al que estudiamos en su día para comprobar que en el mismo hoy lo hacen niños de diferentes nacionalidades, diferentes razas y que incluso hablan diferentes idiomas. El tendero que atendía a nuestras madres se ha jubilado, y en su local existe una tienda de conveniencia regentada por un matrimonio chino. En casa ya no vemos tanto la tele, porque entre nuestras aficiones se ha colado internet. Y la red es global. Nadie puede controlarla. De buenas a primeras, nuestras expectativas son globales, con todo lo que ello implica.

La información, por su parte, se ha democratizado. Gracias a internet las ideas fluyen sin control por todo el planeta. La gente interactúa gracias a las redes sociales (Facebook tiene ya 850 millones de usuarios), blogs y páginas webs. Nos hemos interconectado y ya no hay dónde esconderse. Las empresas se han vuelto transparentes.

Todo ello ha hecho que instituciones tradicionalmente estables hayan cambiado. Vivimos en un refrito de valores y culturas que nos tienen muy despistados. Ya no existe un único modelo de familia. Las ideologías se difuminan (si nos dicen hace unos años que un gobierno del  PSOE iba a suprimir el impuesto de Patrimonio y otro gobierno del PP iba a subir el IRPF y a controlar el sueldo de los banqueros, alguno se hubiera caído de culo). Incluso podríamos decir que el análisis estado - nación ya no es válido en muchos sectores como consecuencia de todo esto.
A todo lo expuesto añadámosle dos ingredientes más: uno, nunca ha habido tanto capital humano formado como en la actualidad. Nunca han coincidido tantas personas en el planeta con tanta formación universitaria y profesional como hoy en día. Y dos, tampoco han existido tantas personas con tanta información gracias a la revolución de las tecnologías de la información. Y la información es poder.

Recapitulemos: las empresas son transparentes y afrontan una competencia global, con sociedades diversas y heterogéneas, más informadas que nunca, con personas interconectadas, las cuales, además, tienen mayor formación que nunca. Es por ello por lo que las compañías tienen que centrarse en lo que realmente saben hacer y externalizar la mayor parte de su cadena de valor, porque están tan expuestas, porque ya no vale simplemente con hacer buenos productos. La especialización es cada vez más importante para obtener el éxito empresarial. Ford llegó a tener hasta granjas con ovejas para obtener la lana necesaria para fabricar sus asientos. Las bodegas llegaron a tener hasta tonelerías para barricas. Hoy todo esto es impensable. Las cadenas de valor se alargan y se internacionalizan en consecuencia. Cada vez se necesitan más stakeholders para que la compañía sea eficaz en el cumplimiento de su objeto social. La consecuencia es lógica: hay que reinventarse. Las herramientas de gestión tradicionales no valen. Y la RSC puede ser esa nueva herramienta de gestión.

3) La RSC como herramienta de gestión: Cuando se habla de herramientas de gestión, se habla de aquellas que sirvan para el cumplimiento de la principal obligación empresarial: la rentabilidad. La primera responsabilidad de una compañía siempre es la económica, porque sin beneficio no hay empresa, y hoy en día el éxito de cualquier organización hoy en día está más difícil que nunca. Y esto es así porque depende de múltipes stakeholders. Hagamos un breve repaso:

Para atraer y retener talento ya no basta un contrado fijo y un salario. Los empleados ya no tienen miedo al cambio, porque manejan más información que nunca. El talento es clave en una sociedad en la que el conocimiento tácito pesa más que el explícito. Además, las mujeres copan las principales universidades de la OCDE, pero se siguen viendo cortadas en su progreso profesional porque todavía se sigue pensando que es el trabajador el que debe adaptar su vida a sus quehaceres empresariales, cuando lo razonable sería adaptar las carreras profesionales a las circunstancias vitales de las personas.

Pero no sólo podemos hablar de empleados. Las cadenas de valor a gestionar son más largas que nunca. Los clientes están mejor informados que nunca y exigen transparencia en lugar de persuasión. Los grupos de presión tienen mayor facilidad que nunca para hacer llegar sus mensajes, e incluso los accionistas buscan con mayor frecuencia las llamadas Inversiones Socialmente Responsables.
La consecuencia de nuevo es clara: Se debe pasar de relaciones de confrontación a relaciones de cooperación.

4) De la maximización del beneficio a la creación de valor sostenible a largo plazo: Se suele decir que la RSC es incompatible con el objetivo de la maximización del beneficio, pero esta afirmación es matizable. La RSC es incompatible con el fin maquiavélico del beneficio a corto plazo, carente de valores y obtenido con una ambición desmedida.
El enfoque cooperativo de la empresa que se plantea a través de la RSC implica comprender que el beneficio empresarial vendrá fruto de un equilibrio entre todos los intereses de los stakeholders partícipes en la implicación empresarial. De lo que se trata, en definitiva, es de crear riqueza, de crear valor. Por supuesto para el accionista, pero también para el resto de grupos de interés clave para el éxito de una compañía.

El enfoque cooperativo parte de dos premisas fundamentales: transparencia y orientación hacia los grupos de interés.
5) La empresa constructora de sociedad y la economía ligada al desarrollo humano: Como le escuché un día a Amartya Sen, ningún sistema económico es viable si no está ligado al desarrollo humano. A la empresa, como miembro partícipe de la sociedad, le corresponde jugar también su rol en este aspecto. Cabe pedirle que sea constructora de sociedad a partir de sus políticas internas de gestión de la diversidad, igualdad o conciliación, así como a través de códigos éticos, promoción de los derechos humanos y similares.

6) La empresa comprometida con el entorno: Nuestro sistema económico actual se fundamenta en unas fuentes de energía finitas en su mayoría, así como tampoco se puede negar que el desarrollo de nuestras sociedades tuvo mucho que ver también con la mejora del clima tras las últimas glaciaciones. Nuestro planeta vive en un peligroso equilibrio inestable que afecta a nuestra realidad económica.

Así pues la RSC es mucho más que filantropía, marketing con causa o ecología. El éxito empresarial es más complejo que nunca y para tal fin ya no valen las herramientas de toda la vida. La RSC aboga por una visión holística de la cadena de valor y un enfoque cooperativo con los grupos de interés clave para el éxito empresarial. Nuestras empresas afrontan entornos difíciles en el peor de los escenarios. La búsqueda de la legitimidad social, clave en toda esta historia, es también compleja debido a la transparencia a la que ven sometidas las compañías. Sí, creo que la RSC ha venido para quedarse.