miércoles, 22 de febrero de 2012

Economía - ¿Debería abandonar Grecia el Euro?

Algunas reflexiones

Ayer, tras meses de vaciles, de idas y vueltas, por fin se aprobó el segundo rescate a Grecia. Ni más ni menos que 130.000 millones de euros costará la broma, acompañados de una quita del 53,5% del valor de la deuda, lo que suponen otros 107.000 millones de euros. A cambio, el país Heleno cede parte de su soberanía en materia económica, ya que los enviados de la Troika vivirán en Atenas controlando que los draconianos ajustes que se han exigido para el brutal desembolso efectivamente se llevan a cabo. Desde la distancia, reconozco sentirme abrumado. No tengo nada claro que se haya acertado con este plan de rescate y más bien pienso que estamos ante un paso más hacia algo que parece inevitable, que es la quiebra de Grecia y su salida del Euro. El que los mercados europeos hayan cerrado en negativo dejan entrever cierto escepticismo acerca de que ésta sea la solución definitiva. 

Grecia tiene muy difícil solución. Fundamentalmente porque cualquiera que se tome será muy dolorosa y de muy difícil digestión para una sociedad que semana sí, y semana también, demuestra estar al límite. Hay algunas evidencias realmente terribles. Según datos oficiales, un 27,7% de la población está en riesgo de pobreza o exclusión social. Uno de cada tres trabajadores no cobra a final de mes, o su empresa ha dejado de pagar su seguridad social. El desempleo ha pasado en dos años del 9,8% al 20,9% y el desempleo juvenil ya roza el 48%. Además, como se ha podido ver en televisión, las huelgas, manifestaciones, destrozos, saqueos e incluso agresiones a ministros y parlamentarios comienzan a ser habituales. Con una sociedad en contra, las reformas que plantea la UE son inviables. De nuevo diferentes sondeos han hallado que el 79% de los ciudadanos griegos están en contra de las reformas exigidas por los paises miembros de la unión. Sin embargo, el 61% se sigue manifestando favorable al Euro. No hay por dónde cogerlo.

Hagamos un breve repaso para entender por qué Grecia está como está.  Durante años el país Heleno ha vivido por encima de sus posibilidades y una realidad ficticia. Sus aparentes mejoras económicas venían brindadas de un sobredimensionado sector público, cuyos funcionarios cobraban unos salarios también desproporcionados. Las pensiones y subsidios han sido también muy generosos y han estado fuera de cualquier control. El escaqueo tributario, por otra parte, ha sido práctica habitual. La fiesta se pagaba, por lo tanto, vía endeudamiento. Mientras había dinero fácil y barato, Grecia pudo tirar hacia delante. Cuando se acabó la barra libre, el país colapsó. 

Cuando el sector público interviene demasiado en una economía, ésta pierde competitividad, por cuanto no hay incentivos para crear empresas. Hoy en día es más fácil fundar una compañía en Yemen que en Grecia, según diferentes estudios. Para colmo, en el período 2000 - 2008, los costes salariales en el sector privado crecieron un 62% frente al 15% de Alemania. Muchos griegos siguen sin comprender que su aparente bienestar era fruto de su capacidad de endeudamiento, no de su productividad. Alguno apostillará, y no le faltará razón, que esto mismo le ha pasado a España. Correcto, pero con un matiz: nuestro país tiene una base empresarial sólida. Grecia no. España crecerá más pronto que tarde. Grecia no.

Aunque sea duro de decir, Grecia es insolvente, nada competitiva y está metida de lleno en una espiral autodestructiva desde el punto de vista económico. El país está en recesión, casi depresión, y a la par sometido a un durísimo plan de consolidación fiscal supervisado por Bruselas que no va a hacer más que hundirle un poco más a corto plazo. Sin crecimiento, es imposible que el país Heleno si quiera pague el 50% de su deuda, porque esta sigue siendo sideral. ¿Qué salidas tiene Grecia hoy en día? Como bien apunta el profesor Roubini, sólo existen cuatro opciones para que recupere la senda de la recuperación y de la competitividad. Ninguna de ellas fácil, algunas irrealizable y casi todas dolorosas:

1) Una depreciación nominal brusca del Euro buscando la paridad con el Dólar, lo cual lleve a una depreciación real de la moneda única. Esta opción es inviable a día de hoy y comenzaría una guerra de divisas de resultados catastróficos.

2) Una reducción de los costes unitarios de la mano de obra vía aceleración de una serie de reformas estructurales y corporativas, las cuales podrían llevar a gracia a un rápido incremento de la productividad por encima de los salarios (la llamada "Solución Alemana"). Grecia necesitaría al menos 15 años para llevarla a cabo. No tiene tanto tiempo.

3) Una devaluación intenrna, consistente en forzar una deflación en precios y salarios de aproximadamente un 30%, que podría durar entre 5 y 10 años, lo que equivaldría a una depreciación real de la moneda. Esta solución es la que lleva camino de seguir Grecia con las medidas de la UE. Los costes sociales de esta devaluación interna son insoportables, como ya se está viendo, pero tienen la problemática añadida de que harían todavía más insolvente al país, por cuanto su deuda en términos relativos se incrementaría un 30%.

4) La salida de Grecia del Euro. Esta medida implicaría la recuperación del Dracma, permitiría al país recuperar la competitividad de forma rápida y podría, tal y como pasó en Argentina en el año 2002, hacer que el país pasara a corto plazo de una profunda recesión a un crecimiento razonablemente alto. Eso sí, a costa de hacer más pobres a toda la ciudadanía, la cual vería como sus salarios se reducirían un 30% en comparación con el Euro, pero al controlar su propia moneda, el ajuste sería mucho más rápido. ¿Qué problemas acarrearía esta medida? O mejor dicho, ¿qué riesgos tan graves lleva aparejada esta hipotética salida del Euro para que se siga apostando por la vía del rescate y la devaluación interna?

De entrada advertir que una salida de Grecia del Euro no es una cuestión menor. No existen mecanismos en el seno de la UE para la misma y la idea de volver al Dracma no sería indolora tampoco. Recordemos que cuando Argentina quebró en el año 2001, deshizo la paridad "Peso - Dólar" hubo una violencia y un caos social y económico de primera magnitud. Tomar la puerta de salida, además, no implicaría aparcar las duras reformas que lleven al país griego a una consolidación fiscal que es necesaria en cualquiera de los escenarios y a una mejora de su competitividad. Las medidas que se tomen, además, generarán más destrucción empleo y malestar social a corto plazo, ya sea dentro o fuera del Euro.  Sin embargo conviene recordar que Argentina pasó de caer su PIB casi un 20% en el año 2001 a crecer un 8% en el año 2002.

Son muchos los economistas, entre ellos Domingo Cavallo, antiguo ministro de economía Argentino, padre de la paridad "Peso - Dólar", que creen que la salida de Grecia del Euro sería un desastre para el país y sus ciudadanos, pero lo cierto es que vía  devaluación interna, el desastre sería similar, sólo que el paciente se nos moriría desangrado y entre fuertes dolores, por cuanto, como se apuntaba al hablar de la tercera solución, al país Heleno le quedaría por delante una década de conflictividad social, pobreza y desempleo. Ninguna de las dos últimas opciones son agradables para la ciudadanía, pero la segunda, aparentemente, es menos dolorosa.

Otro de los problemas señalados, y no es cuestión menor, es el que esgrime que el Dracma tendría un valor muy inferior al Euro y que, por lo tanto, Grecia sería incapaz de hacer frente a sus deudas suscritas en esta última moneda. Roubini apunta aquí la necesidad de "Dracmatizar" las deudas en Euros pese a las importantes pérdidas que ello acarrearía al sector privado de la Eurozona, fundamentalmente bancos y empresas. Para Roubini este caos sería manejable si se es proactivo y se tomasen las medidas oportunas. Se trataría, por lo tanto, de forzar una salida ordenada de Grecia del Euro, evitando que el sistema bancario de la UE saltara por los aires.

El principal miedo que se tiene en el seno de la Unión, aparte del anterior, es el de la posibilidad de contagio a otros países de la zona Euro si Grecia decide salir de la moneda única. Tanto Irlanda, como Italia y España, pero sobre todo Portugal, podrían estar en el ojo del huracán. El país Heleno apenas supone el 2% del PIB de la UE, pero la caída de España e Italia sería apocalíptica. El país Luso probablemente necesitaría una reestructuración de su deuda, aunque se es moderadamente más optimista respecto a su continuidad en el Euro. Irlanda parece haber reconducido su camino tras el rescate del 2010, aunque conviene recordar que el problema del otrora llamado "Tigre Celta" fue la absurda medida de su gobierno de avalar a su banca. Italia y España, por su parte, presentan mejor pinta que hace unos meses, cuando desayunábamos, comíamos y cenábamos con la prima de riesgo. En cualquier caso, el riesgo existe y conviene ponderarlo.

Pero no sólo hay argumentos técnicos para pensar que la salida del Euro del país Heleno tiene sentido. Existen también argumentos de índole moral. En muchos países se están haciendo verdaderos esfuerzos para contener el gasto público. El rescate griego no es gratuito, lo pagamos entre todos, y comienza a haber muchas familias en la Eurozona al límite. En nuestro país se están poniendo en juego hasta la educación y a la sanidad, y ahora nos toca contribuir a un rescate que podría no servir para nada. Pero vayámonos un poco más lejos y dejemos de mirarnos el ombligo. Pensemos en Eslovaquia, a la cual se le obligó a implementar durísimas reformas para formar parte de la UE en su dura transición desde un régimen comunista hacia otro capitalista. Buena carga del proceso cayó sobre sus ciudadanos, los cuales aguantaron estoicamente el mismo. Mientras tanto, los ciudadanos griegos disfrutaban de una aparente prosperidad que no era tal. Mientras el ingreso medio por persona en Eslovaquia en el año 2011 fue de 17.789$, en Grecia lo era de 27.785$. La pensión media en Eslovaquia durante el mismo año fue de 491$, mientras en Grecia era de 1.775$. Por cierto, la deuda nacional Eslovaca sumaba el 45% de su PIB. La de Grecia el 160%. A Eslovaquia se le pide que contribuya con 13.000 millones de Euros a la fiesta, que es más de lo que recauda en un año vía tributos. Realmente es un disparate.

Apuntaba Domingo Cavallo en un interesante artículo en el que contestaba a Roubini, que Grecia debía reestructurar su deuda, reorganizar su economía y permanecer en el Euro, que no debe tomar como ejemplo lo acontecido en Argentina, y que, en el fondo, volver al Dracma daría los pretextos necesarios al gobierno de turno para no hacer las reformas necesarias que permitan al país recuperar su competitividad. Aún cuando el argumento sea bueno, no puedo evitar ver las fotos del Wall Street Journal con edificios cerca de la plaza Sintagma ardiendo y multitud de personas manifestándose en contra de las reformas. Como apuntaba Keynes, rara vez la población es capaz de aguantar un ajuste del mercado por sí sólo y las medidas de la UE van en esa dirección. No creo saber más que los líderes de la Eurozona, por lo que ni puedo ni pretendo ser dogmático respecto a si Grecia debe salir o no del Euro, pero tengo claro que sus ciudadanos pueden empujarle a ello. A fin de cuentas, ninguna empresa y ningún gobierno pueden vivir de espaldas a la sociedad en la que se desenvuelven.




2 comentarios:

Anónimo dijo...

¿pero quién,y con que intención a permitido y o incentivado que se llegue a una situación como esta?
El país me recuerda a un mileuriesta español pidiéndole al banco unos 200.000 euros para la compra de su vivienda,muebles,etc.
Seguro que alguien sabía que esto iba a suceder,me refiero al colapso.
Intenciones muchas,destruir el estado del bienestar entre ellas,trabajar mirando a china,sueldos de esclavos,miedo y represión.
Una vez conseguido el objetivo de aborregar a la población,que carezca de sentido crítico,responsable,era la hora de venderle un mundo idílico,lleno de maravillas y a crédito claro está.
Ahora,el ajuste lo dirigen los mismos que dieron barra libre a la borrachera, diciéndonos que si queremos salir de esta nos tenemos que reconvertir en pobres y miserables por nuestro bien.
Por último diré que vamos a una lucha, seguro,no creo que esto vaya a quedar en pequeños focos de rebeldía,es posible que cualquier hecho muy circunstancial sea la mecha que prenda una confrontación seria y dolorosa.

Fernando dijo...

Anónimo, en primer lugar darte las gracias por pasarte por El Disparadero. Apuntas muchas ideas que dan para reflexionar largo y tendido. Estoy, en líneas generales, de acuerdo con casi todas, aunque matizaría algo determinados puntos.

1) Efectivamente, a los banqueros, políticos y compañía les ha venido muy bien esta fiesta, y la han alentado. Los primeros han ganado dinero a espuertas y cuando se ha cerrado el grifo, se han encontrado con rescates que pagamos entre todos. Eso es inmoral. En cuanto a los políticos, les ha servido para comprar voluntades de los ciudadanos con proyectos que no eran sostenibles. Ahora han dejado las arcas vacías. No se trata, creo, de evaluar si se tiene derecho o no a determinadas prestaciones, sino a pensar si realmente nos podíamos permitir las mismas. El estado de bienestar tiene que ser sostenible a las duras y a las maduras, porque las consecuencias son durísimas para los que llegan después. Y lo que no es de recibo es que ahora recibamos lecciones de banqueros y políticos.

2) No todos los ciudadanos nos hemos dejado embaucar por ese mundo idílico que, como señalas, se pagaba a crédito. Yo fui de los "tontos" en su día que no compró una vivienda, porque el sentido común me hacía ver que aquello tenía que estallar y que me iba a hipotecar de por vida. Quiero decir con ello que todos tenemos que hacer algo de autocrítica. Los ciudadanos de a pie y las empresas hemos convertido al sistema financiero en un agente crítico para la subsistencia del modelo.

3) No estoy tan de acuerdo contigo, y permíteme la discrepancia desde el más absoluto respeto, en aquello de que debemos reconvertirnos en pobres por nuestro bien. Es que no queda otra. Hace 20 años se le dio a la máquina de dinero, se inundó de billetes al sistema y nuestra peseta pasó a valer un 30% menos. Todos un 30% más pobres de la noche a la mañana, pero de una forma indolora. La cuestión ahora es que la receta que necesita España no es la del resto de la UE y, de esa forma, sólo hay dos maneras de digerir el empacho: una, yendo a una solución "alemana", esto es, contención salarial, por debajo de la inflación, para mejorar en competitividad; dos, devaluación interna, que es lo que le están haciendo a Grecia y Portugal y que es insoportable. En España estamos a tiempo de llegar a la solución alemana. Ahora bien, habría que ligar también ese esfuerzo a que los beneficios empresariales se reinviertan en la creación de puestos de trabajo y no signifiquen bonus y salarios astronomicos.

¿Por qué tiene que ser así? Porque la indigestión de deuda que tiene nuestro sector privado, va a hacer imposible que el consumo interno se reactive en una década, al menos hasta alcanzar los niveles de hace unos años. La salida pasa por la exportación y para ello hay que ser más competitivos. No disponemos de energía propia, no tenemos industria especializada en alto valor añadido... ¿Qué nos queda mientras cambiamos el modelo?

4)Totalmente de acuerdo contigo: intentan adoctrinarnos y quitarnos el sentido crítico. Es necesario que siga existiendo debate, que se les pidan cuentas a los bancos y grandes multinacionales sobre su comportamiento durante estos años, que los políticos que malgasten y despilfarren, aún cuando no hayan robado, tengan responsabilidad penal. No nos deben hacer callar.

Un abrazo y bienvenido