martes, 27 de marzo de 2012

Economía - España: Productividad, Educación y Crecimiento Económico

Algunas Ideas

Hace unos días, José Martín Cobos, habitual en este blog, me preguntaba en un comentario por aquello que siempre se dice sobre España y su falta de productividad. Decía José, y no le faltaba razón, que los españoles trabajamos muchas horas y señalaba que era difícil de comprender, por lo tanto, esta carencia de nuestra economía. Y en parte es cierto. Si uno observa un estudio que ha publicado no hace mucho el INSEE, en la OCDE la jornada laboral se ha reducido de media un 25% en los últimos 60 años, mientras que en nuestro país tan sólo lo ha hecho en un 13%. El resultado es que España es el país europeo en el que más se trabaja, con una media de 1775 horas anuales por trabajador frente a las 1413 de los habitantes de los Países Bajos, las 1432 de Alemania o las 1607 del Reino Unido. Tan sólo Japón y EEUU están por encima nuestro dentro de la OCDE, con 1784 y 1785 horas respectivamente. Pese a todo, nuestros números son sonrojantes ¿Cuál es nuestro problema entonces? Si somos los que más trabajamos, ¿por qué tenemos unos indicadores de productividad tan paupérrimos?

La productividad se puede definir como la relación existente entre los bienes y servicios producidos en una economía en relación a los recursos y factores productivos empleados. Representa la relación entre el valor agregado generado por una economía (o empresa) durante su proceso productivo y los insumos utilizados para ello. Para que entendamos la importancia de la productividad a la hora de hablar de la economía de un país, es oportuno comenzar hablando del PIB, el cual mide el valor de todos los bienes y servicios finales producidos en el mismo durante un año concreto. La tasa de crecimiento económico de un país se vincula con el incremento del PIB real.

El PIB real puede aumentar, simplificando mucho, por dos caminos diferentes. Por un lado, porque aumente la cantidad de recursos de los que dispone una economía. Los recursos habitualmente se han diferenciado entre capital y trabajo. Por capital se entiende, no sólo las fábricas, máquinas o edificios de una compañía, sino también el llamado capital tecnológico, clave para comprender lo que está sucediendo en la actual economía del conocimiento. Al hablar del factor trabajo se habla de la población activa, esto es personas que ya están trabajando más las personas que buscan trabajo. Cuando en una economía se produce un aumento de uno o ambos factores, la economía crece, sin embargo, la mera acumulación de los factores productivos no mantienen por sí sólos el crecimiento a largo plazo. Se necesita progreso tecnológico. A España, en parte, le pasó eso durante el período 2000 - 2007, como se expondrá más adelante, como consecuencia del auge de la inmigración.

Por otro lado, la mejora en la eficiencia del uso que se le da a los factores productivos, es el otro camino que lleva al crecimiento de una economía. Esta mejora de la eficiencia se denomina aumento de la productividad, y se debe fundamentalmente, entre otras cosas que luego expondré, a los cambios de los conocimientos, incluido el aprendizaje por experiencia.  La productividad, según diferentes estudios, se ha revelado como el determinante último de crecimiento a largo plazo de la renta per cápita en un país.

Para que entendamos un poco la problemática española y antes de entrar en materia, parto de una serie de datos llamativos. Tomando como referencia los trabajos del Profesor Rafael Doménech, catedrático de análisis económico de la Universidad de Valencia, se observa que la mejora de nuestra productividad ha sido realmente lenta desde el año 1995. Tomando como base la productividad de los EEUU, España tenía en el año 2007 un gap de casi un 24% respecto al gigante norteamericano. Pero hay más. Desde 1987 y hasta el año 2008, el PIB español ha crecido de media un 2,5% anual. Nuestra productividad, sin embargo, lo ha hecho a un 1,1% de media. Incluso a partir del año 2000 tan sólo lo ha hecho a un 0,6% de media. Dicho de otra manera, nuestro crecimiento de los últimos años vino dado más por el incremento en el número de factores que por un mejor uso de los mismos. Aporto otro dato llamativo. En el período 1996-2007, la economía española creció a un ritmo vertiginoso del 3,5% de media. Sin embargo, entre los años 2000 y 2007, España vivió también un incremento de la población activa de más de un 12% debido a la llegada masiva de inmigrantes. En términos porcentuales, dicho incremento poblacional sólo tiene un comparativo histórico, y fue el de EEUU en el siglo XIX. Si se pondera el crecimiento de nuestra economía por el número de habitantes, se observa que España creció ligeramente por encima de la media de la UE entre 1996 y 2004, que entre 2004 y 2006 lo hizo al mismo resto que nuestros vecinos comunitarios y que directamente desde el 2006 lo hizo por debajo. De haber vivido un crecimiento de la productividad notable, nuestro crecimiento hubiera sido aún mayor, y lo que es más importante, sostenible. Tenemos, por lo tanto, un problema con la productividad.

Se puede decir, por lo tanto, que la eficiencia en el uso de los recursos no es nuestro fuerte. En términos generales, y aunque nuestro país se ha beneficiado del proceso de convergencia que ha acontecido en el seno de la OCDE durante los últimos años, lo cierto es que la productividad total de nuestros factores sigue siendo inferior a la del resto de países de la UE con excepción de Italia, así como sigue estando por debajo de la media de la propia OCDE. Ahora bien, ¿qué factores inciden para que un país tenga una mayor productividad?

El más importante es el llamado capital humano. Casi todos los estudios han revelado que supone el factor determinante a la hora de comprender las diferencias de productividad entre los principales países de la OCDE. En el fondo es razonable. A mayor cualificación del trabajador, mayor es el valor añadido del trabajo realizado en  una misma unidad de tiempo. Y si entramos a analizar algunas variables, observaremos que nuestra querida España no sale bien parada en todo este asunto. 

Comencemos por los años de escolarización de la población adulta de más de 25 años, ya que existen evidencias de que es una de las causas que explican la diferencia entre la productividad del factor trabajo entre las economías desarrolladas. En el año 1960, la media en nuestro país apenas superaba los 5 años por persona. Hoy en día tenemos ya una esperanzadora tasa de 9,4, pero el problema es que los EEUU, Canadá, Australia o Alemania rozan los 14 años de escolarización por persona. Al ritmo actual de escolarización y con la actual tasa de abandono, a España le llevaría más de 40 años alcanzar los 12 años de escolarización por adulto, cifra que ya se considera importante. Con un programa ambicioso de educación, se podría reducir hasta los 30 años. Nuestro país debe acometer ya las reformas necesarias en el sistema para reducir su horrorosa tasa de abandono escolar, la cual se sitúa por encima del 30%.

Me centro de nuevo en el trabajo del profesor Rafael Doménech. En el mismo se señala que diferentes estudios han hallado que un 59% del gap de productividad entre EEUU y España se explica por la formación del capital humano. Pero hay más. Existen también correlaciones positivas evidentes entre los años de escolarización de la población adulta y la tasa de empleo de una economía, así como con la tasa de actividad económica e incluso con el capital físico productivo privado y la inversión en I+D como porcentaje del PIB. Como apunta el profesor Doménech, estas dos últimas correlaciones son consistentes con la evidencia de que los puestos de trabajo que requieren mayor capital humano cuentan con mayor capital físico y tecnológico, lo que aumenta la productividad del trabajo. Por norma general, los países que se encuentran más cerca de la frontera tecnológica, emplean trabajadores con mayor capital humano, lo que favorece las actividades de innovación, mientras que los países con menores niveles educativos se especializan en la imitación de las tecnologías desarrolladas por los países líderes.

En España, en cambio, hemos tenido un sector inmobiliario que ha llegado a pesar más del 12% del PIB, cuando lo razonable es que no hubiera estado por encima del 7%. La construcción precisa de un uso intensivo de mano de obra poco cualificada, a la que encima la burbuja hizo que se le pagara auténticas barbaridades, lo que atrajo a muchos jóvenes al sector. Jóvenes que dejaron sus estudios al calor de la burbuja. Este desastre explica en parte los datos que luego señalaré sobre la baja inversión en I+D de nuestro país, así como inciden en nuestra baja productividad.

Otro curioso hallazgo del profesor Doménech es que aquellos países con mayor capital humano, cuentan con un entorno regulatorio menos costoso para la actividad empresarial y con un entorno macroeconómico más estable. España tiene unos costes regulatorios similares a los de Francia y Portugal, pero sólo superados por los de Italia y Grecia. En general, los países con mayores niveles educativos pueden disponer de mayor capital humano en las instituciones que legislan y regulan los mercados. Como norma general, los entornos regulatorios más eficientes aumentan la rentabilidad del capital humano e incentivan la inversión en educación.

Es importante señalar también que, aunque los años de escolarización son relevantes a la hora de explicar la diferencia de productividad entre los países, la realidad es que países con mismos años de escolarización gozan de niveles diferentes de capital humano. La gestión y organización de los centros educativos, por ejemplo, el tamaño de la clase, las horas lectivas o la calidad del profesorado, inciden también en la formación del citado capital humano. De nuevo España sale mal parada si nos ceñimos al último informe PISA elaborado por la OCDE. Del mismo se deduce que a nivel presupuestario, no estamos peor que el resto de la UE, pese a que sería deseable un incremento del gasto por alumno, pero sí que a nivel de gestión estamos muy por debajo de lo que se debería esperar a tenor de los recursos empleados. En líneas generales se observa falta de evaluación por parte de las autoridades, falta de incentivos económicos y no económicos que favorezcan las promociones de profesores y directores, así como su formación y reciclaje continuo.

Aunque la educación es un factor clave, como se ha expuesto, para entender por qué nuestro país tiene un serio problema cuando se habla de productividad, existen otras causas que se deben tener en cuenta. Uno de ellos es el tamaño medio de las empresas. Por lo general, las evidencias empíricas demuestran que las empresas con menos empleados suelen mostrar una productividad media inferior a las de su sector. Existen estudios que señalan que las organizaciones con más de 250 empleados suelen mostrar una productividad de entre un 30 y un 60% superior a la media de la industria a la que pertenecen. España, por lo general, tiene una estructura empresarial atomizada en muchos sectores, con escasa masa crítica. Por lo general, las empresas españolas y estadounidenses de idénticas dimensiones muestran productividades similares, pero nuestras compañías suelen ser más pequeñas que las norteamericanas en término medio.

Las Instituciones, Regulaciones y el Entorno Macroeconómico juegan también otro papel importante a la hora de hablar de la productividad. España, de acuerdo con un informe del Banco Mundial, ocupa el lugar número 38 dentro de la OCDE en facilidades para crear una empresa. A su vez, existen trabajos de investigación que han hallado que la productividad crece de forma significativa con reformas estructurales que mejoren la competitividad y la regulación de los mercados. En España seguimos teniendo algunos oligopolios (telecomunicaciones, energía) que sin duda suponen un lastre, pero a su vez seguimos teniendo mercados que funcionan realmente mal, entre ellos, y fundamentalmente, el laboral. A su vez, las nuevas tecnologías e inversión también se ven afectados por el entorno macroeconómico. Por lo general, como señala el profesor Doménech, una inflación reducida, junto con una fiscalidad y gasto público apropiados, unas políticas que promuevan el comercio internacional y la competencia exterior, así como un sector financiero eficiente, constituyen un entorno que incentiva la inversión privada y las mejoreas en la eficiencia.

Para que la productividad del capital humano crezca a largo plazo, es necesario que la llamada productividad de los factores (definida como el aumento o disminución de los rendimientos en la variación de cualquiera de los factores que intervienen en la producción) lo haga también. Uno de los principales motores de crecimiento de la llamada productividad total de los factores es la innovación. En general, España no es un país que se caracterice por tener una excesiva orientación a la innovación salvo en ciertos sectores muy concretos. La innovación precisa de emprendedores, a los cuales se les debe facilitar la labor para que desarrollen aquellas ideas que sean buenas. ¿Cómo estamos respecto a nuestro entorno? Pues realmente mal. Dinamarca, por ejemplo, tiene hasta cuatro veces más emprendedores por cada 1000 habitantes que España. Las diferencias tienden a explicarse a partir de causas culturales y educativas. En ese sentido, el profesor César Molinas, apuntaba algunas soluciones en el suplemento Negocios de El País ayer domingo. Entre ellas, enfocar proyectos educativos hacia la formación de emprendedores desde la escuela primaria, la organización de fondos públicos y organizaciones tutelares a las que pudieran acudir emprendedores, así como potenciar el crecimiento del llamado capital riesgo a través de cambios en la burocracia y la fiscalidad (primitiva bajo su punto de vista) que soporta el mismo.

Por último, cabe señalar que cuanto mayor es el porcentaje de I+D de un país en relación con su PIB, se observan mayores incrementos de la productividad. España tenía un exiguo 1,39% en el año 2010, muy lejos del 2% de media de la UE, el 2,77% de EEUU y el 3% que marca como objetivo el Consejo Europeo. El drama para nuestra economía es que, pese a que en Mayo de 2011 se aprobó la ley de Ciencia, Tecnología e Innovación en nuestro parlamento, con el 99% de los votos a favor, la realidad es que el presupuesto público destinado al I+D había bajado ya entonces un 12,9% respecto al 2009. Con los recortes anunciados el pasado 31 de diciembre de 2012, dicho porcentaje suma ya un 22% de caída y los más agoreros estiman que en los presupuestos generales del estado que en breve anunciará el nuevo gobierno, dicha caída podría llegar hasta el 30%. El progreso tecnológico, el cual determina el crecimiento a largo plazo de una economía, precisa de eficacia en el I+D+i y un marco institucional que no sólo promueva el mismo, sino que favorezca su utilización. A la luz de los datos, creo que no es nuestro caso.

Termino aportando otro dato sonrojante para nuestra economía. La productividad relativa española se deterioró hasta el año 2005 y gracias a la crisis se ha recuperado el nivel relativo de 1996. ¿La causa? El incremento del paro. 

Resumiendo, podemos decir que tenemos un grave problema de productividad respecto al resto de economías desarrolladas y que buena parte del mismo surge de una inferior escolarización en comparación con los países de nuestro entorno a pesar de los esfuerzos llevados a cabo en las últimas décadas. Hay que incidir en la tasa de abandono escolar y fomentar la educación una vez finalizados los estudios secundarios, pero sobre todo señalar en que la educación crea un círculo vicioso como se ha expuesto en este post. Son también necesarias la puesta en marcha de una serie de reformas estructurales que mejoren la eficiencia de los mercados, mejoren la competitividad en los mismos y permitan crear una auténtica cultura de innovación y emprendimiento.Sólo de esta manera podremos comenzar la senda de una recuperación auténtica y sostenible.


viernes, 16 de marzo de 2012

Economía - Encuentro con Cristóbal Montoro

Algunos Apuntes

Hoy he tenido la suerte de ser invitado por Deloitte al foro ABC que entre la propia Deloitte, Ferrovial y Vocento han organizado en el Casino de Madrid. El invitado de hoy no era otro que Cristóbal Montoro, actual Ministro de Hacienda y Administraciones Públicas. La verdad es que ha dejado algunas buenas reflexiones, aunque uno a veces echa en falta que este tipo de personajes sean menos políticos y más claros en algunos aspectos. Pero asumo que en ese caso probablemente no llegarían a ministros. Y probablemente no tendrían el cartel que tienen. En fin, paso a resumiros algunas de ideas expuestas con algún comentario también de mi cosecha.

  • "La situación es muy complicada, pero tenemos que tener confianza en España. No somos una burbuja, somos un país con un gran potencial de crecimiento que requiere reformas. Cansa la imagen de la España derrotada". Totalmente de acuerdo con el Ministro. Este mundo es de los optimistas, y cuanto antes cambiemos el chip, antes saldremos del atolladero.

  • "España vive en la actualidad dos grandes crisis. Una financiera, y la otra de confianza. Nuestros problemas derivan fundamentalmente del primero, por cuanto hemos sido importadores de ahorro procedentes del resto del mundo. La crisis de confianza surge por las dudas razonables de que nuestros sectores públicos y privados puedan ser capaces de devolver las deudas contraídas". Cierto también. Si el endeudamiento masivo del empresas y ciudadanos hubiera provenido de los propios ahorros de éstos, la problemática sería mucho menos compleja.

  •  "Tres son las grandes reformas que precisa España: la del sistema financiero, la del mercado laboral y la de las administraciones públicas. Respecto a la primera, necesitamos que nuestros bancos puedan acceder al mercado interbancario para que fluya el crédito. En cuanto a la segunda, explicar que el debate se está centrando en aspectos secundarios. No se trata de abaratar el despido, sino de modernizar las relaciones laborales en nuestro país, incluyendo los convenios colectivos. En cuanto al sector público, es impresentable que nuestras administraciones deban facturas a empresas y autónomos. España necesita, al igual que Europa, estabilidad presupuestaria. Sin ella, el Euro no es posible". Sigo pensando que la reforma financiera va bien tirada, pero veremos si finalmente no nos cuesta dinero a todos los españoles. En cuanto a la laboral, sus efectos los veremos en la próxima crisis, cuando nuestro mercado laboral se ajuste vía costes, no puestos de trabajo. En cuanto a las admnistraciones públicas, la reflexión es lógica, cuando hoy en día no se pueden pagar las facturas.

  • "Tapar desequilibrios exteriores con deuda es un error de manual"

  • "Con el plan de pago a proveedores, pensamos que se pueden generar entre 75.000 y 100.000 puestos de trabajo". Ojalá sea así. Sólo el tiempo lo dirá.

  • "La subida del IRPF es temporal y tiene fecha de caducidad. Para el ajuste adicional que exige Bruselas, no se va a tocar el IVA ni el IRPF. En cuanto a los Impuestos Especiales, están bajando su recaudación como consecuencia de la caída de la actividad económica. El Gobierno no tomará medidas que puedan menoscabar todavía más la recaudación de estos impuestos". El tiempo dará y quitará razones.

  • "Un funcionario no puede estar tranquilo si el cobro de su salario depende de la capacidad de endeudamiento de un estado o administración". Totalmente de acuerdo. De otra forma, cuando se cierra el mercado financiero, la viabilidad del sistema es imposible.

  • "Respecto al Copago: el sistema de salud público gratuito no puede depender de los ciclos económicos. Debe ser sostenible teniendo en cuenta los mismos. Se debe involucrar a todos los agentes para hacer más eficiente nuestro sistema sanitario". La sostenibilidad económica ha sido la gran olvidada por nuestro estado de bienestar. Es imoprtante que por fin entre en el debate.

  • "El objetivo de déficit del 5,3% no es relevante. Lo realmente importante es llevar a cabo reformas que permitan avanzar en la consolidación fiscal"

  • "España está mejor que en 1.996. Desde entonces hemos doblado prácticamente nuestra renta per cápita, hasta situarnos muy cerca de la media de la UE. Tenemos un 50% más de afiliados a la Seguridad Social que entonces, y eso pese al incremento del 15% de la población. La inversión en capital de las empresas españolas en el extranejero hoy en día suma el 47%, cuando hace 15 años sólo era el 6% y gracias a las empresas públicas. La situación es muy difícil, pero el mensaje debe ser de confianza. Saldremos de ésta y lo haremos reforzados"
Ninguno esperábamos que el Ministro Montoro nos revelase secretos de estado en el coloquio almuerzo de hoy, pero es cierto que me hubiera gustado que se hubiera mojado más en algún punto. Me quedo con su optimismo y convicción de que saldremos adelante pese a que todavía nos quedan meses difíciles por delante. Ojalá sea así.

sábado, 10 de marzo de 2012

Economía - Sobre Huelgas Generales, Productividad y el Modelo Alemán

Algunas Ideas

Como muchos sabéis, esta semana he estado fuera de España, concretamente en Alemania, participando en Prowein. Me gusta aprovechar estos mini breaks en la rutina diaria para tomar algo de distancia con la realidad de nuestro país, tratar de ver las cosas con cierta perspectiva y para hablar con muchos de nuestros clientes y amigos, no sólo de vino, sino de cómo se vive la actual coyuntura más allá de nuestras fronteras. Suelen ser días de mucho trabajo, pero también de muchas ideas y pensamientos, de conceptos sobre las que trabajar. Y reconozco que en este último viaje flotaba sobre mi la más que posible convocatoria de huelga que podía anunciarse, como así ha sido, ayer mismo.

De entrada el máximo respeto hacia la decisión de los sindicatos. El derecho a huelga está perfectamente reconocido en nuestra constitución y ante ello poco más se puede decir. Sin embargo, el momento me parece terriblemente inoportuno. Como me lo parecen la mayoría de mensajes que se están lanzando a nivel político estos días, independientemente del partido. Sí, la política es un juego y todo está perfectamente medido. Nadie quiere perder un ápice de poder y protagonismo, y por ello las puestas en escena están calibradas a la perfección. Hay mucho de ello en la convocatoria de huelga de ayer más allá de la reforma laboral y la política de recortes.

Lo han apuntado varias veces Fernando López y Katy Sánchez, habituales de este blog, en múltiples comentarios: mucha gente no asume que se ha terminado una etapa y que es muy posible que nunca más volvamos a tener un estado de bienestar tan generoso como el que hemos disfrutado los últimos 15 años salvo que cambiemos radicalmente. No es ideología, es economía pura. Hemos podido financiar nuestros bienes y obras públicas faraónicas gracias al endeudamiento de nuestro sector privado, fundamentalmente empresas y familias. España no ha mejorado su productividad ni una décima durante el período de expansión de nuestra economía. Nuestra aparente riqueza venía dada por los excedentes de ahorros del resto de ciudadanos del mundo, los cuales financiaban con los mismos nuestra juerga inmobiliaria. Las burbujas en la economía son como las del champán. Te vas poniendo poco a poco contento, te vas envalentonando y cuando acaba la noche te crees el rey del mambo. Cuando despiertas al día siguiente y vuelves a la realidad, la resaca es de órdago a la grande. Y nuestro día después ha sido especialmente doloroso.

Con un sector privado apalancado hasta las trancas y un sistema laboral rígido, la destrucción de empleo y empresas ha sido escandaloso. Parece que ha pasado un tsunami por nuestra economía, llevándose por delante todo lo que ha encontrado a su camino. El sistema financiero, en consecuencia, y en buena medida también por su falta de previsión y ortodoxia, ha colapsado y el crédito tardará aún mucho en fluir. Como mínimo hasta la completa digestión de la basura inmobiliaria. 

Nuestras arcas públicas, por lo tanto, se han terminado resintiendo. Por un lado, porque nuestros gastos eran disparatados y nuestro estado de bienestar ha cubierto aspectos que en otros países de nuestro entorno sonaban a ciencia ficción, aún cuando eran más ricos que nosotros. Mantener todas esas infraestructuras tienen un coste que ahora no podemos asumir. Por otro, y esta es una pescadilla que se muerde la cola, porque no hay por dónde recaudar. El consumo está por los suelos, los subsidios por las nubes por el elevado número de parados que tenemos y, encima, nuestras posibilidades de endeudamiento son límitadas por el coste que tiene para nuestras arcas. Hay dudas de que España no cumpla, no sólo a nivel de cuentas públicas, sino privadas. Nuestros bancos le deben mucho dinero a los bancos de fuera. 

Ante esta tesitura, la consolidación fiscal es imperativa, aunque soy de los que piensa que en el actual contexto de recesión el trayecto deba suavizarse para que el enfermo no muera por el camino. Además, cada euro que el estado detrae para cubrir su déficit, es un euro más que no llega al sector privado para financiar su actividad. El dinero es un bien escaso en estos tiempos que corren. Hay que defender la sanidad y la educación privada por encima de todo, pero la realidad es que ahora mismo nuestras administraciones no pueden ni pagar a sus proveedores. Vamos camino de tener españoles de primera y de segunda en función de la buena o mala gestión de determinados políticos autonómicos, y eso es impresentable.

En cuanto a la reforma laboral, ya apunté lo que pensaba al respecto en este mismo blog. Se puede discrepar de la misma, claro está. Incluso pensar que no va a valer para nada, como ya se han encargado de señalar Cayo Lara, Cándido Méndez y Fernández Toxo, pero llama poderosamente la atención que esta convocatoria se lleve a cabo cuando todavía no se ha implementado la reforma, o al menos no hemos comprobado sus efectos. Piden negociar con el gobierno, pero la realidad es que se han tirado casi dos años hablando con la patronal para no llegar a ningún acuerdo, significativo mientras semana sí y semana también batíamos nuevos records de desempleo. Lo inmoral es no hacer nada, porque nuestras cifras de paro ya no son un problema económico, al menos exclusivamente, y sí una cuestión de justicia social. ¿Quién representa a nuestros más de 5 millones de desempleados?

Vuelvo a Alemania. En una de mis conversaciones con mis amigos y colegas de allí, uno de ellos me decía: "Fernando, hace 22 años nosotros tuvimos que digerir un país en quiebra. Los esfuerzos que hemos tenido que hacer entre todos han sido muy importantes. España debe tomar ejemplo para salir de su actual coyuntura". La llamada "solución alemana" es, dentro de la moneda única, la principal vía de escape para nuestro país. No queda otra que mejorar nuestra productividad a marchas forzadas, y como son pocos los sectores que tenemos que puedan ofrecer bienes y servicios de valor añadido, ésto se tiene que traducir en contención salarial, en términos absolutos y relativos, al menos a corto y medio plazo, mientras ponemos en marcha un plan estratégico que nos ayude a mejorar notablemente nuestro modelo en los próximos 15 / 20 años. 

Sí, viviremos peor mientras tanto, es cierto, y a nadie le gusta bajar un escalón en el nivel de vida, pero es lo que toca en tanto en cuanto no seamos capaces de generar riqueza de forma real y efectiva con nuestro modelo productivo. Aún así, el modelo alemán es, en muchos aspectos, mucho más avanzado en términos sociales de lo que parece. Los sindicatos forman parte de los comités de dirección y consejos de administración de las compañías. Los convenios, que son de empresa en una parte muy significativa, recogen compromisos para evitar despidos masivos y facilitar la implementación de mecanismos de flexibilidad cuando vengan mal dadas. En España se debería tomar nota al respecto. Y es más, dado nuestro nivel de desempleo, se podría rematar la faena con incentivos a la reinversión de beneficios. Como todos, el modelo alemán también tiene algunas sombras y muchas polémicas, como las generadas en torno a los "mini jobs", pero creo que estamos todos de acuerdo en que es un país que funciona, y eso es mucho más de lo que tenemos nosotros hoy en día. Como también estamos de acuerdo en que para que el estado de bienestar  sea viable es necesario que trabajen y coticen todas las personas posibles en edad de trabajar.

Así pues, cuando de lo que se trata es de mejorar la productividad, de mejorar nuestra competitividad, de, en definitiva, apretar los dientes y trabajar más para salir adelante, de lanzar un mensaje de puertas para fuera que deje claro que España es un país serio que está luchando por salir adelante dentro de una coyuntura complicadísima, lo que menos necesitamos, lo que peor nos viene, es una huelga general, salvo que ésta se haga a la japonesa. 

Hace unos años, antes de entrar en el Euro, España jugaba la "liga mundial" de la ecoomía, pero cuando sufría en primera división, bajaba a segunda devaluando su moneda y allí se encontraba muy cómodo. El día que decidimos entrar en el Euro, sabíamos que entrábamos en una especie de liga cerrada de la que es muy difícil salir. Algo así como una especie de NBA. Estamos en inferioridad de condiciones en comparación con nuestros adversarios. A partir de ahí podemos no entrenar o hacer dobles sesiones. Yo me apunto a lo segundo. No queda otra.