martes, 27 de marzo de 2012

Economía - España: Productividad, Educación y Crecimiento Económico

Algunas Ideas

Hace unos días, José Martín Cobos, habitual en este blog, me preguntaba en un comentario por aquello que siempre se dice sobre España y su falta de productividad. Decía José, y no le faltaba razón, que los españoles trabajamos muchas horas y señalaba que era difícil de comprender, por lo tanto, esta carencia de nuestra economía. Y en parte es cierto. Si uno observa un estudio que ha publicado no hace mucho el INSEE, en la OCDE la jornada laboral se ha reducido de media un 25% en los últimos 60 años, mientras que en nuestro país tan sólo lo ha hecho en un 13%. El resultado es que España es el país europeo en el que más se trabaja, con una media de 1775 horas anuales por trabajador frente a las 1413 de los habitantes de los Países Bajos, las 1432 de Alemania o las 1607 del Reino Unido. Tan sólo Japón y EEUU están por encima nuestro dentro de la OCDE, con 1784 y 1785 horas respectivamente. Pese a todo, nuestros números son sonrojantes ¿Cuál es nuestro problema entonces? Si somos los que más trabajamos, ¿por qué tenemos unos indicadores de productividad tan paupérrimos?

La productividad se puede definir como la relación existente entre los bienes y servicios producidos en una economía en relación a los recursos y factores productivos empleados. Representa la relación entre el valor agregado generado por una economía (o empresa) durante su proceso productivo y los insumos utilizados para ello. Para que entendamos la importancia de la productividad a la hora de hablar de la economía de un país, es oportuno comenzar hablando del PIB, el cual mide el valor de todos los bienes y servicios finales producidos en el mismo durante un año concreto. La tasa de crecimiento económico de un país se vincula con el incremento del PIB real.

El PIB real puede aumentar, simplificando mucho, por dos caminos diferentes. Por un lado, porque aumente la cantidad de recursos de los que dispone una economía. Los recursos habitualmente se han diferenciado entre capital y trabajo. Por capital se entiende, no sólo las fábricas, máquinas o edificios de una compañía, sino también el llamado capital tecnológico, clave para comprender lo que está sucediendo en la actual economía del conocimiento. Al hablar del factor trabajo se habla de la población activa, esto es personas que ya están trabajando más las personas que buscan trabajo. Cuando en una economía se produce un aumento de uno o ambos factores, la economía crece, sin embargo, la mera acumulación de los factores productivos no mantienen por sí sólos el crecimiento a largo plazo. Se necesita progreso tecnológico. A España, en parte, le pasó eso durante el período 2000 - 2007, como se expondrá más adelante, como consecuencia del auge de la inmigración.

Por otro lado, la mejora en la eficiencia del uso que se le da a los factores productivos, es el otro camino que lleva al crecimiento de una economía. Esta mejora de la eficiencia se denomina aumento de la productividad, y se debe fundamentalmente, entre otras cosas que luego expondré, a los cambios de los conocimientos, incluido el aprendizaje por experiencia.  La productividad, según diferentes estudios, se ha revelado como el determinante último de crecimiento a largo plazo de la renta per cápita en un país.

Para que entendamos un poco la problemática española y antes de entrar en materia, parto de una serie de datos llamativos. Tomando como referencia los trabajos del Profesor Rafael Doménech, catedrático de análisis económico de la Universidad de Valencia, se observa que la mejora de nuestra productividad ha sido realmente lenta desde el año 1995. Tomando como base la productividad de los EEUU, España tenía en el año 2007 un gap de casi un 24% respecto al gigante norteamericano. Pero hay más. Desde 1987 y hasta el año 2008, el PIB español ha crecido de media un 2,5% anual. Nuestra productividad, sin embargo, lo ha hecho a un 1,1% de media. Incluso a partir del año 2000 tan sólo lo ha hecho a un 0,6% de media. Dicho de otra manera, nuestro crecimiento de los últimos años vino dado más por el incremento en el número de factores que por un mejor uso de los mismos. Aporto otro dato llamativo. En el período 1996-2007, la economía española creció a un ritmo vertiginoso del 3,5% de media. Sin embargo, entre los años 2000 y 2007, España vivió también un incremento de la población activa de más de un 12% debido a la llegada masiva de inmigrantes. En términos porcentuales, dicho incremento poblacional sólo tiene un comparativo histórico, y fue el de EEUU en el siglo XIX. Si se pondera el crecimiento de nuestra economía por el número de habitantes, se observa que España creció ligeramente por encima de la media de la UE entre 1996 y 2004, que entre 2004 y 2006 lo hizo al mismo resto que nuestros vecinos comunitarios y que directamente desde el 2006 lo hizo por debajo. De haber vivido un crecimiento de la productividad notable, nuestro crecimiento hubiera sido aún mayor, y lo que es más importante, sostenible. Tenemos, por lo tanto, un problema con la productividad.

Se puede decir, por lo tanto, que la eficiencia en el uso de los recursos no es nuestro fuerte. En términos generales, y aunque nuestro país se ha beneficiado del proceso de convergencia que ha acontecido en el seno de la OCDE durante los últimos años, lo cierto es que la productividad total de nuestros factores sigue siendo inferior a la del resto de países de la UE con excepción de Italia, así como sigue estando por debajo de la media de la propia OCDE. Ahora bien, ¿qué factores inciden para que un país tenga una mayor productividad?

El más importante es el llamado capital humano. Casi todos los estudios han revelado que supone el factor determinante a la hora de comprender las diferencias de productividad entre los principales países de la OCDE. En el fondo es razonable. A mayor cualificación del trabajador, mayor es el valor añadido del trabajo realizado en  una misma unidad de tiempo. Y si entramos a analizar algunas variables, observaremos que nuestra querida España no sale bien parada en todo este asunto. 

Comencemos por los años de escolarización de la población adulta de más de 25 años, ya que existen evidencias de que es una de las causas que explican la diferencia entre la productividad del factor trabajo entre las economías desarrolladas. En el año 1960, la media en nuestro país apenas superaba los 5 años por persona. Hoy en día tenemos ya una esperanzadora tasa de 9,4, pero el problema es que los EEUU, Canadá, Australia o Alemania rozan los 14 años de escolarización por persona. Al ritmo actual de escolarización y con la actual tasa de abandono, a España le llevaría más de 40 años alcanzar los 12 años de escolarización por adulto, cifra que ya se considera importante. Con un programa ambicioso de educación, se podría reducir hasta los 30 años. Nuestro país debe acometer ya las reformas necesarias en el sistema para reducir su horrorosa tasa de abandono escolar, la cual se sitúa por encima del 30%.

Me centro de nuevo en el trabajo del profesor Rafael Doménech. En el mismo se señala que diferentes estudios han hallado que un 59% del gap de productividad entre EEUU y España se explica por la formación del capital humano. Pero hay más. Existen también correlaciones positivas evidentes entre los años de escolarización de la población adulta y la tasa de empleo de una economía, así como con la tasa de actividad económica e incluso con el capital físico productivo privado y la inversión en I+D como porcentaje del PIB. Como apunta el profesor Doménech, estas dos últimas correlaciones son consistentes con la evidencia de que los puestos de trabajo que requieren mayor capital humano cuentan con mayor capital físico y tecnológico, lo que aumenta la productividad del trabajo. Por norma general, los países que se encuentran más cerca de la frontera tecnológica, emplean trabajadores con mayor capital humano, lo que favorece las actividades de innovación, mientras que los países con menores niveles educativos se especializan en la imitación de las tecnologías desarrolladas por los países líderes.

En España, en cambio, hemos tenido un sector inmobiliario que ha llegado a pesar más del 12% del PIB, cuando lo razonable es que no hubiera estado por encima del 7%. La construcción precisa de un uso intensivo de mano de obra poco cualificada, a la que encima la burbuja hizo que se le pagara auténticas barbaridades, lo que atrajo a muchos jóvenes al sector. Jóvenes que dejaron sus estudios al calor de la burbuja. Este desastre explica en parte los datos que luego señalaré sobre la baja inversión en I+D de nuestro país, así como inciden en nuestra baja productividad.

Otro curioso hallazgo del profesor Doménech es que aquellos países con mayor capital humano, cuentan con un entorno regulatorio menos costoso para la actividad empresarial y con un entorno macroeconómico más estable. España tiene unos costes regulatorios similares a los de Francia y Portugal, pero sólo superados por los de Italia y Grecia. En general, los países con mayores niveles educativos pueden disponer de mayor capital humano en las instituciones que legislan y regulan los mercados. Como norma general, los entornos regulatorios más eficientes aumentan la rentabilidad del capital humano e incentivan la inversión en educación.

Es importante señalar también que, aunque los años de escolarización son relevantes a la hora de explicar la diferencia de productividad entre los países, la realidad es que países con mismos años de escolarización gozan de niveles diferentes de capital humano. La gestión y organización de los centros educativos, por ejemplo, el tamaño de la clase, las horas lectivas o la calidad del profesorado, inciden también en la formación del citado capital humano. De nuevo España sale mal parada si nos ceñimos al último informe PISA elaborado por la OCDE. Del mismo se deduce que a nivel presupuestario, no estamos peor que el resto de la UE, pese a que sería deseable un incremento del gasto por alumno, pero sí que a nivel de gestión estamos muy por debajo de lo que se debería esperar a tenor de los recursos empleados. En líneas generales se observa falta de evaluación por parte de las autoridades, falta de incentivos económicos y no económicos que favorezcan las promociones de profesores y directores, así como su formación y reciclaje continuo.

Aunque la educación es un factor clave, como se ha expuesto, para entender por qué nuestro país tiene un serio problema cuando se habla de productividad, existen otras causas que se deben tener en cuenta. Uno de ellos es el tamaño medio de las empresas. Por lo general, las evidencias empíricas demuestran que las empresas con menos empleados suelen mostrar una productividad media inferior a las de su sector. Existen estudios que señalan que las organizaciones con más de 250 empleados suelen mostrar una productividad de entre un 30 y un 60% superior a la media de la industria a la que pertenecen. España, por lo general, tiene una estructura empresarial atomizada en muchos sectores, con escasa masa crítica. Por lo general, las empresas españolas y estadounidenses de idénticas dimensiones muestran productividades similares, pero nuestras compañías suelen ser más pequeñas que las norteamericanas en término medio.

Las Instituciones, Regulaciones y el Entorno Macroeconómico juegan también otro papel importante a la hora de hablar de la productividad. España, de acuerdo con un informe del Banco Mundial, ocupa el lugar número 38 dentro de la OCDE en facilidades para crear una empresa. A su vez, existen trabajos de investigación que han hallado que la productividad crece de forma significativa con reformas estructurales que mejoren la competitividad y la regulación de los mercados. En España seguimos teniendo algunos oligopolios (telecomunicaciones, energía) que sin duda suponen un lastre, pero a su vez seguimos teniendo mercados que funcionan realmente mal, entre ellos, y fundamentalmente, el laboral. A su vez, las nuevas tecnologías e inversión también se ven afectados por el entorno macroeconómico. Por lo general, como señala el profesor Doménech, una inflación reducida, junto con una fiscalidad y gasto público apropiados, unas políticas que promuevan el comercio internacional y la competencia exterior, así como un sector financiero eficiente, constituyen un entorno que incentiva la inversión privada y las mejoreas en la eficiencia.

Para que la productividad del capital humano crezca a largo plazo, es necesario que la llamada productividad de los factores (definida como el aumento o disminución de los rendimientos en la variación de cualquiera de los factores que intervienen en la producción) lo haga también. Uno de los principales motores de crecimiento de la llamada productividad total de los factores es la innovación. En general, España no es un país que se caracterice por tener una excesiva orientación a la innovación salvo en ciertos sectores muy concretos. La innovación precisa de emprendedores, a los cuales se les debe facilitar la labor para que desarrollen aquellas ideas que sean buenas. ¿Cómo estamos respecto a nuestro entorno? Pues realmente mal. Dinamarca, por ejemplo, tiene hasta cuatro veces más emprendedores por cada 1000 habitantes que España. Las diferencias tienden a explicarse a partir de causas culturales y educativas. En ese sentido, el profesor César Molinas, apuntaba algunas soluciones en el suplemento Negocios de El País ayer domingo. Entre ellas, enfocar proyectos educativos hacia la formación de emprendedores desde la escuela primaria, la organización de fondos públicos y organizaciones tutelares a las que pudieran acudir emprendedores, así como potenciar el crecimiento del llamado capital riesgo a través de cambios en la burocracia y la fiscalidad (primitiva bajo su punto de vista) que soporta el mismo.

Por último, cabe señalar que cuanto mayor es el porcentaje de I+D de un país en relación con su PIB, se observan mayores incrementos de la productividad. España tenía un exiguo 1,39% en el año 2010, muy lejos del 2% de media de la UE, el 2,77% de EEUU y el 3% que marca como objetivo el Consejo Europeo. El drama para nuestra economía es que, pese a que en Mayo de 2011 se aprobó la ley de Ciencia, Tecnología e Innovación en nuestro parlamento, con el 99% de los votos a favor, la realidad es que el presupuesto público destinado al I+D había bajado ya entonces un 12,9% respecto al 2009. Con los recortes anunciados el pasado 31 de diciembre de 2012, dicho porcentaje suma ya un 22% de caída y los más agoreros estiman que en los presupuestos generales del estado que en breve anunciará el nuevo gobierno, dicha caída podría llegar hasta el 30%. El progreso tecnológico, el cual determina el crecimiento a largo plazo de una economía, precisa de eficacia en el I+D+i y un marco institucional que no sólo promueva el mismo, sino que favorezca su utilización. A la luz de los datos, creo que no es nuestro caso.

Termino aportando otro dato sonrojante para nuestra economía. La productividad relativa española se deterioró hasta el año 2005 y gracias a la crisis se ha recuperado el nivel relativo de 1996. ¿La causa? El incremento del paro. 

Resumiendo, podemos decir que tenemos un grave problema de productividad respecto al resto de economías desarrolladas y que buena parte del mismo surge de una inferior escolarización en comparación con los países de nuestro entorno a pesar de los esfuerzos llevados a cabo en las últimas décadas. Hay que incidir en la tasa de abandono escolar y fomentar la educación una vez finalizados los estudios secundarios, pero sobre todo señalar en que la educación crea un círculo vicioso como se ha expuesto en este post. Son también necesarias la puesta en marcha de una serie de reformas estructurales que mejoren la eficiencia de los mercados, mejoren la competitividad en los mismos y permitan crear una auténtica cultura de innovación y emprendimiento.Sólo de esta manera podremos comenzar la senda de una recuperación auténtica y sostenible.


6 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

Estupendo post Fernando. La educación y la cultura son factores determinantes para la productividad. El español puede ser productivo, pero lo hace en distinta frecuencia a las exigencias del mercado que "compra". Mientras no se produzca ese cambio seguiremos siendo "improductivos" a los ojos de los demás.
Un abrazo

José Martín-Cobos dijo...

Buenos días Fernando,

Me he leído tu post con mucha atención repetidas veces, y cada vez que lo releía me iba entrando la depresión. ¿por qué? He sido profesor particular de mates, física y química mientras estudiaba la carrera y creo que el nivel de exigencia de los actuales planes de estudios son menores a los que había cuando yo era estudiante, en mi opinión se ha retrocedido en la calidad de enseñanza desde la entrada en vigor de la LOGSE y puesto que la indidencia de la productividad de la escolarización es tan brutal me temo que la cosa no irá sino a peor.

Por otro lado un gran post, la verdad no pensaba que la educación fuera un factor tan poderoso, se van a necesitar muchos años para corregir esto y gobiernos con verdadera voluntad de mejorar el país y no con voluntad de mirar por ellos mismos, como ha venido ocurriendo los últimos años.

Muchas gracias por tu esfuerzo

José

Germán Gijón dijo...

Lástima que nos demos cuenta de estas cosas cuando el toro ya nos ha pillado. El caso es que le habíamos visto los cuernos y habíamos hecho caso omiso. En fin...
Otro de los ilustrativos artículos tuyos, como siempre.
Un abrazo y ojo con la nieve, que patina.

Fernando dijo...

¡Hola Fernando! Millones de gracias por pasarte y por tu comentario, como siempre. Interesante reflexión la que nos dejas. Creo que, aunque tenemos ejemplos muy esperanzadores, uno de los grandes problemas de nuestras empresas es que aún no han comprendido que jugamos en un mercado global, con todo lo que ello implica. Las exigencias, como apuntas, no son las de antes.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

Hola José

Gracias a ti, como siempre, por pasarte y por el comentario. A mi me ha venido de cine para comprender mejor algunas cosas.

Creo que vivimos una época de súper protección a todos los niveles, y en ese no hacer sufrir a las nuevas generaciones, hemos metido en el saco los planes de estudio. Urge un gran pacto nacional a 20 años para mejorar nuestro nivel educativo. De otra forma estamos, y con perdón, jodidos.

Saludos

Fernando

Fernando dijo...

¡Hola Germán! ¡Qué bueno leerte por aquí de nuevo! Ya he visto que has vuelto a escribir. A ver si me puedo pasar por tu blog esta tarde y dejarte algún apunte.

Más razón que un santo. Nos acordamos de Santa Bárbara cuando truena. El nuevo Gobierno tiene ante sí la misma oportunidad que tuvo el anterior (y que tristemente desaprovechó): sentar las bases para un futuro mucho mejor.

Desgraciadamente, no puedo ser muy optimista a tenor de las experiencias pasadas. Venimos ya de varios siglos de retrasos y calamidades.

Un abrazo