viernes, 12 de abril de 2013

Economía - Por qué es Necesaria la Responsabilidad Social de las Empresas (II)

El Economy Case

Además de los argumentos morales explicados en el anterior post, existe un prisma macroeconómico según el cual la llamada Responsabilidad Social Corporativa tiene también un impacto positivo sobre la economía en su conjunto. Dicha visión es la del Economy Case y defiende que, al integrar en el desempeño corporativo cuestiones medio ambientales y sociales ademas de la económica, las externalidades de los mercados (las cuales se explicaron en otro post hace unas semanas) son menores, dando lugar a un equilibrio económico más eficiente. 

Se parte de la premisa de que, el coste que la empresa traslada a la sociedad vía las ineficiencias del mercado (externalidades), siempre supone una pérdida mayor que los beneficios que obtiene la compañía que los genera. De esta forma, se ven perjudicados todos los grupos de interés, especialmente la sociedad en su conjunto, pero también los accionistas, los cuales, vistos como inversores universales, terminan también soportando los costes generados por las externalidades resultando, como apunta la profesora De la Cuesta, una pérdida neta para éstos. Pero rebajemos un poco el marco teórico para entender, con efectos prácticos, qué significa el llamado Economy Case.

Pensemos por un momento en la actual coyuntura. Vivimos en un escenario económico global, dónde las empresas, como también se ha explicado en este blog, pueden hacer y deshacer con menor control que nunca, puesto que los gobiernos nacionales se ven incapaces para marcar las reglas del juego. Mayor libertad, como también se ha argumentado, exige mayor responsabilidad, porque también sabemos que, y esta es una de las pocas verdades económicas universales absolutas, que el binomio rendimiento riesgo se cumple siempre.

Desde la caída de Lehman Brothers hemos asistido a toda una colección de desmanes, comporamientos inmorales y barbaridades varias que han llevado a cabo muchas de las personas que dirigían importantes entidades financieras, bancos de inversión y compañías vinculadas al sector inmobiliario de medio mundo. Todo ello sin querer citar a los políticos, que en esta ocasión no vienen al caso. El excesivo riesgo asumido por todos ellos derivó en una crisis global cuyo coste ha superado con mucho las ganancias de aquellas empresas. Pensemos en los recortes del estado de bienestar, la pérdida del puesto de trabajo de millones de personas en todo el mundo, el daño causado a múltiples ahorradores. 

Pero ello no ha quedado ahí. Valoremos ahora las empresas que han quebrado, los bancos que han sido nacionalizados, las compañías que apenas sobreviven. Los accionistas de estas entidades también han visto cómo ellos mismos han sido arrastrados por una corriente de números rojos que les ha llevado a asumir una pérdida neta. Y si entramos en la multidimensionalidad del stakeholder (esto es, además de accionistas, son miembros de una sociedad que ha visto como parte de su riqueza se ha destruido), comprenderemos que el impacto es todavía mayor.

Valoremos ahora el aspecto medioambiental. Aunque es cierto que existen informes que señalan que el calentamiento global es algo menor del previsto en los primeros análisis, también lo es que al incremento de las temperaturas (que realmente sí que se está dando) se le han puesto números. Ahí está el interesantísimo informe Stern elaborado por el gobierno de Tony Blair allá por el año 2005. Como se apunta en el mismo, si las temperaturas aumentasen entre 2 y 3 grados, por ejemplo,  se estima que el 16,5% de la población mundial podría ver amenazado su suministro de agua potable, sobre todo en el sudeste asiático.

Ante ese mismo incremento, en dicho informe se preveían caídas en los rendimientos de las cosechas, sobre todo en África, que podrían poner en peligro la subsistencia de cientos de millones de personas que se quedarían sin posibilidad de producir alimentos. Si las temperaturas ascendieran hasta 4 grados centígrados, el suministro mundial de alimentos se podría ver afectado y enfermedades como el dengue o la malaria podrían hacerse más prevelentes. Se estima, además, que 200 millones de personas podrían verse desplazadas de forma permanente debido a las inundaciones, sequías y hambrunas.

Con un incremento térmico de entre 2 y 3 grados centígrados, se estima que podrían desaparecer hasta el 40% de las especies animales, así como que podría aumentar la acidez de los océanos como consecuencia directa del aumento de concentración del anhídrido carbónico, poniendo en peligro los ecosistemas marinos. Se estima que un aumento de 5 grados centígrados podría tener un coste de entre un 5 y un 10% del PIB de los países desarrollados. Pensemos que la ola de calor del año 2003 le supuso a Europa la muerte de 35.000 personas y un coste de 15.000 millones de euros

Está claro que el calentamiento global no es una cuestión que se deba sólo a la acción de las empresas, pero sí es cierto que ellas están detrás de buena parte de las emisiones a nivel global y que pueden tomar medidas que limiten y reduzcan la demanda de bienes y servicios intensivos en emisiones, mejorar la eficiencia de procesos y productos, prevenir la deforestación, usar tenologías más bajas en cuanto a emisiones de carbono se refiere para calefacción, alumbrado y / o transporte, así como fomentar el uso de energías renovables o el reciclaje. El informe Stern estimaba la inversión para la transición hacia una economía "verde" en un 1% del PIB mundial.

Más allá del calentamiento global, cada vez son mayores los casos de enfermedades y muertes como consecuencia de la contaminación en las grandes ciudades, lo que también tiene implicaciones en cuestiones tales como la productividad o coste sanitario para las administraciones públicas, lo que limita por otro lado posibilidades de crecimiento económico.

Por último pensemos en el impacto social de la actividad de una compañía. Como también se expuso en este blog, la correlación entre formación de capital humano y la renta per cápita, indicador importante para determinar la riqueza de un país, es positiva y evidente. Cuando las empresas fomentan el trabajo infantil en determinados países, están condenando a los mismos, con la connivencia de sus gobernantes, a generaciones enteras de miseria. El desarrollo social es clave para el desarrollo económico. Una sociedad próspera que tenga una distribución de la riqueza lo más simétrica posible favorecerá también el éxito empresarial. En ese aspecto políticas corporativas que favorezcan la igualdad, la no discriminación y la gestión de la diversidad, también benefician a la economía en su conjunto, por cuanto fomentan el talento. El mejor ejemplo en este sentido es el de EEUU.

En este apartado también tienen cabida las acciones de filantropía corporativa, con las cuáles he sido crítico también en ocasiones. Una apuesta de un empresa por un comedor social en un país en vías de desarrollo, o su involucración en proyectos sociales en aquellos lugares dónde se ubique, repercute positivamente en la economía del lugar, lo que indirectamente también debería favorecer a la compañía.

Por último pensemos en los códigos éticos. Cuando una empresa fomenta y participa en un sistema corrupto, el equilibrio eficiente es imposible, lo que repercute a su vez en el potencial de crecimiento de una economía. Tenemos ejemplos clarísimos en nuestro país. Ya no sólo es que rompen el equilibrio, es que evitan que los gobiernos lleven a cabo su labor de fijar las reglas del juego. Los casos de los ERES falsos, la trama Gürtel, los escándalos en los consejos de las cajas de ahorro, las ITV en Cataluña, el dinero en paraísos fiscales de los Pujol, Bárcenas y compañía, y así un largo etcétera, ha servido para detraer dinero de las arcas públicas con tal de favorecer los intereses de unos pocos en un escenario en el que el gasto público se bate en retirada ante el flagrante déficit de nuestra economía. Las administraciones públicas no deben ser ajenas a comportamientos de responsabilidad social.

Si estos argumentos no terminan de convencer a los escépticos, anticipo que tenemos más. El siguiente post hablará del "business case", es decir, los beneficios directos que pueden obtener las empresas gracias a sus acciones de RSC.
 




1 comentario:

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Brillante como siempre Fernando. Gracias por enseñarnos y aportarnos tanto.