domingo, 29 de septiembre de 2013

Economía - 2014, ¿el año de la recuperación?

Algunos Apuntes

El viernes, tras reunión del Consejo de Ministros, aparecieron en la rueda de prensa posterior el Ministro de Economía, Luis de Guindos, la Vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, y Cristóbal Montoro, Ministro de Hacienda, ni más ni menos que para presentar unas mejoras en las previsiones macroeconómicas del gobierno, así como para anunciar los presupuestos del 2014, los cuales, según los representantes del gabinete que preside Mariano Rajoy, serán los de la recuperación. 

En el fondo, la corrección que ayer hizo el gobierno va en sintonía con las que han hecho diferentes instituciones y equipos de análisis desde el pasado mes de agosto: parece que, por fin, tras 11 trimestres en caída libre, la economía española podría abandonar la recesión (si no lo ha hecho ya) y comenzar a crecer. Pero una cosa es salir de la recesión, y otra muy diferente la recuperación, como bien dijo Mariano Rajoy el otro día (y ya me preocupa estar de acuerdo con un presidente de gobierno). Creo que muy posiblemente hemos tocado fondo, pero también que aún falta para salir de la crisis. No puede ser de otra forma cuando se anuncian unas previsiones macroeconómicas que auguran una tasa de paro por encima del 26% a finales del año 2014, aún cuándo éstas muestren un PIB (¡por fin!) en positivo y sean bastante más halagüeñas que las de hace apenas unos meses.

Y es que, desgraciadamente, el paro va a ser el principal lastre para la recuperación de la economía española. Hace unos días hablaba con una persona del equipo de Fátima Báñez. Esta persona es técnico, no político, y me comentaba que los diferentes estudios que se estaban llevando a cabo para evaluar la reforma laboral están arrojando algunos resultados sorprendentes para bien. Son conscientes de que no se está generando empleo, que las bajadas del paro son más bien una consecuencia que deriva de toda esa gente que deja de buscar trabajo de forma activa, de aquellos que se marchan a buscarlo más allá de nuestras fronteras o, lógicamente, de cuestiones fundamentalmente estacionales, como la campaña turística, por ejemplo. Pero esta persona también me decía que las evidencias muestran que nunca antes en nuestra economía se había logrado dejar de destruir empleos en recesión. Incluso se atrevía a aventurar, de acuerdo con un estudio que se ha llevado a cabo a través de diferentes catedráticos de economía y que maneja el Ministerio, que nuestro país podría comenzar a crear empleo con cierta fuerza a partir de un crecimiento en torno a un 1%, lo que, sin duda, y si realmente se produce, sería un hito a tenor de cómo se ha comportado nuestro mercado laboral históricamente. Sin embargo, cuando según la EPA hay casi 6 millones de personas en paro, que nuestra economía sólo vaya a crear 16.000 puestos de trabajo el año que viene, de acuerdo con las previsiones del gobierno, no debe permitirnos hablar de recuperación. Aunque el PIB, repito, pinte en positivo, 

No se trata tampoco de fustigarse. Esta vida es de los optimistas y yo, desde luego, creo encontrarme entre ellos. Pero esta crisis es histórica. Partimos del subsuelo. Del infierno incluso. Las ventas de coches, por ejemplo, están al nivel del año 1.985, nuestras familias y empresas, aunque estén haciendo sus deberes, siguen todavía endeudadas, la banca no presta un euro a nadie y a nuestro sector público le sigue quedando un período de ajuste, como la nueva congelación de salarios de los funcionarios nos ha vuelto a recordar. No olvidemos que no hay precedentes en la economía moderna de nuestro país de unos ratios de deuda pública en relación al PIB como los actuales. Las mejores noticias nos llegan, como también se ha apuntado en este blog, desde las exportaciones, las cuáles demuestran que, efectivamente, comienza a haber un caldo de cultivo en nuestras empresas que realmente puede dar lugar a un cambio de modelo a poco que las inversiones en educación vayan bien encaminadas y se llegue a un gran pacto de estado entre todos los partidos, comunidad educativa, empresarios y sindicatos. Parece quimérico, pero no va a quedar otra. Sólo van a crear empleo a corto plazo las empresas que exporten y, desgraciadamente, la preparación de muchos de nuestros desempleados está en las antípodas de lo que realmente va a requerir el mercado laboral.

Porque en buena medida, el buen comportamiento de las exportaciones ha venido determinado por dos cuestiones fundamentales. Por un lado, y esa es la buena noticia, por el creciente emprendimiento y pérdida de complejos de nuestra clase empresarial. Por otro, y esta es la no tan buena, por una mejora de la productividad de nuestras empresas que tiene como fundamento básico la caída de los costes laborales. Desde el año 2010, los salarios han bajado en nuestro país en términos reales un 7,10% en términos reales. Y la devaluación interna, desgraciadamente, aún no ha finalizado conforme a los datos públicos que se han venido conociendo estos meses. En el primer trimestre del año, los costes laborales han caído un 0,7% frente al crecimiento del 1,6% que se ha dado en el cómputo de la eurozona. España tradicionalmente ha mostrado un problema de productividad, el cuál se agravó incluso durante la época de bonanza vivida durante la burbuja inmobiliaria. Ahora, la productividad mejora porque se destruye empleo y nuestras empresas son capaces de fabricar lo mismo empleando menos recursos, en este caso, humanos.  Ello tiene que ver en buena medida con nuestro modelo productivo.

Pero esta mejora de la productividad no se va a poder producir eternamente. España sigue estando lejos del este de Europa y de Asia en lo que a costes laborales se refiere. Aún así, no creo que ese sea el camino que nuestra economía deba seguir. Dicho de otra forma, los costes laborales son un factor de competitividad, pero nunca un elemento diferencial sobre los que un país como España pueda asentar una ventaja competitiva, como los expertos de PriceWaterHouseCoopers señalaban en un reciente estudio elaborado al respecto. Desgraciadamente en España siguen pesando mucho los servicios y las industrias intensivas en mano de obra de baja cualificación, como la construcción. Nuestra economía adolece de un déficit histórico de productividad fundamentalmente derivada de la escasa apuesta que se ha venido haciendo por el I+D+i, pero también por las carencias formativas que a día de hoy se siguen dando. 

Una gran parte de ese 27% de población activa que a día de hoy está en el paro, abandonaron sus estudios para dedicarse al ladrillo. No han hecho otra cosa en su vida laboral que trabajar en un sector, el de la construcción, al que todavía le quedan muchos años de ajuste, aún cuando el turismo siempre tire un poco del mismo. La verdadera recuperación llegará cuando España defina su modelo productivo, el cual, a corto plazo, sólo podrá aspirar a mejorar lo que ya tenía, por mucho que nos duela, y trace un camino a largo plazo por el que discurrir por encima del gobierno de turno. A Corea del Sur le ha costado 30 años llegar a ser la potencia tecnológica que es a día de hoy, pero cuestiones culturales al margen, es un buen ejemplo al que imitar. Cuando Alemania vio como caía su PIB un 5% en 2009, su mercado laboral apenas se resintió, y eso se debió, fundamentalmente, a que su economía es capaz de producir bienes de alto valor añadido con una mano de obra muy cualificada.

Así pues, el 2014 será, muy probablemente, el año en el que se consolide la salida de la recesión, en el que estoy convencido de que nos superaremos e incluso mejoraremos las previsiones macroeconómicas que se presentaron el viernes, pero lo que realmente me gustaría es que también fuera el año en el que, por fin, entre todos, sentemos las bases de lo que realmente queremos ser (que no creo que sea Eurovegas). Como apuntaba José Luis Martínez Campuzano esta mañana en el suplemento de Economía del diario ABC, al final la economía siempre encuentra su camino, y éste será el más adecuado si las autoridades crean un contexto idóneo y no hay imponderables que generen accidentes. Que se pongan a ello. El camino a la verdadera recuperación será tortuoso y, desgraciadamente, sólo acaba de comenzar. 


2 comentarios:

Fernando Lopez Fernandez dijo...

Pues esperemos que se vayan despejando los nubarrones. Yo también soy optimista. Un abrazo

Fernando dijo...

¡Hola Fernando! Disculpa por la tardanza en responder. Las vendimias y el día a día me comen el tiempo! Este mundo es de los optimistas y, desde luego, lo bueno es que tal vez por primera vez en mucho tiempo, tras un duro proceso de ajuste, volvemos a depender de nosotros mismos. Esa es la mejor de las noticias

Un fuerte abrazo