sábado, 30 de marzo de 2013

Economía y Empresa - Hacia una Nueva Ética Económica y Empresarial

Algunas Reflexiones

Los que venís siguiendo El Disparadero desde sus orígenes, sabéis el estupor que me causa la permanente personalización de los mercados. O se les sube a los altares o se les sataniza, pero casi siempre bajo un sesgo ideológico del que está detrás del que escribe. Por mi parte, como siempre me ha gustado apuntar, me alineo con gente como Nördstrom o Ridderstrale, quiénes afirman que los mercados son meras maquinarias a través de las cuales tiene lugar la actividad económica. Los mercados simplemente son, y separan lo eficiente de lo eficiente en virtud de unas reglas del juego que marcamos nosotros como sociedad. Y si los mercados no funcionan es, a menudo, por comportamientos oportunistas de las personas que operamos en ellos.

La subida a los altares de los mercados se produjo a partir de una interpretación, bajo mi punto de vista parcial, del trabajo de Adam Smith. El economista y filósofo escocés del siglo XVIII defendía, de modo sencillo y para que todos nos entendamos, que cuando dos agentes interactúan en un mercado perfecto buscando maximizar su beneficio, entonces la llamada "mano invisible" de los mercados hace que éstos lleguen a su óptimo a través de una asignación eficiente de los recursos. En un mercado perfecto, donde la información fluyera sin restricciones y estuviera al alcance de todo el mundo, dónde todo el mundo partiera en igualdad de condiciones, nadie llevaría a cabo actividades que no tuvieran demanda, y cuando desarrollase alguna, sabría hasta cuando tendría que producir para que no hubiera excedentes. Como el uso de los recursos en este hipotético mercado sería el correcto, no habría paro, ni guerras de precios, ni grandes diferencias económicas entre las personas, como tampoco habría burbujas ni posibilidad de comportamientos especulativos. En consecuencia, todo la sociedad se vería beneficiada de esta situación, de tal forma que el progreso económico llevaría consigo un progreso social.

Ocurre, como también hemos visto muchas veces en este blog,  que los mercados distan mucho de ser perfectos, entre otras cosas por la asimetría de la información existente en los mismos.Ello hace que existan los llamados costes de transacción, los cuales son aquellos en los que los agentes incurren en un mercado para reducir la incertidumbre que se da en los mercados. Es por esta razón por lo que aparecen las empresas, ya que al final éstas no dejan de ser un conjunto de contratos que permiten, en teoría, que la actividad económica se pueda llevar con mayor eficacia y eficiencia al reducirse los costes de transacción. Se entenderá mejor con el siguiente ejemplo: Si cada vez que una compañía fuera a llevar a cabo su producción tuviera que hacer un contrato por jornada de trabajo a cada uno de sus trabajadores, el coste que tendría que asumir sería disparatado. Pensemos en la labor de captación diaria de empleados, la negociación del salario cada día, la redacción de contratos diariamente, etc. Por el contrario, si ésta tuviera una plantilla a la que paga una mensualidad ya establecida de antemano, con una serie de derechos y obligaciones también pactados en un único momento del tiempo, la empresa puede realizar su actividad incurriendo en menos costes y, por lo tanto, con mayor eficacia y eficiencia.

La lógica que siguen muchos de los economistas neoclásicos, por lo tanto, es la siguiente. Como los mercados son imperfectos, las empresas sustituyen a los agentes, ya que al menos éstas operan con menor incertidumbre. Por lo tanto, las compañías deberían llevar a cabo su actividad económica buscando maximizar siempre sus beneficios. De esta forma, se alcanzaría un equilibrio que, por lo menos, sería lo que en economía se llama Pareto Eficiente. Un óptimo de Pareto es aquel en el que un sistema económico alcanza un equilibrio en el que todos los agentes que forman parte del mismo, o se quedan igual o mejoran respecto a su punto de partida, pero ninguno empeora. Así pues, durante años, el mantra que se ha propagado por las escuelas de negocio y universidades de todo el mundo es que la empresa debía maximizar su beneficio, porque de esta forma, en mayor o menor medida toda la sociedad se vería beneficiada, o al menos no perjudicada.

Pero para que se lleve a cabo la actividad económica, hacen falta, además de las empresas, la existencia de los mercados y el estado, el cual juega un papel económico también importante. En primer lugar, porque a éste último le corresponde fijar las reglas del juego, pero también definir un sistema eficiente de derechos de propiedad e incluso proveer a la colectividad de aquellos bienes y servicios que, por razones de interés general, su provisión no debería ser conferida al mercado. En cuanto a éste, además de los derechos de propiedad ya citados, le hacen falta para su correcto funcionamiento el que existan medios de pago bien definidos también y unos procedimientos judiciales eficaces que refuercen la garantía jurídica del sistema.

Basta con observar mucho de lo que ha acontecido en los últimos 20 años para comprender que el sistema no funciona. Entre 1991 y 2007, las empresas, en un escenario global, acumularon beneficios record mientras que las diferencias norte y sur alcanzaban diferencias escandalosas. Más aún, basta con analizar el coeficiente de Gini para países como EEUU para darse cuenta de como el reparto de la riqueza durante esos años ha sido totalmente asimétrico, de tal forma que los ricos son cada vez más ricos y que el resto de la sociedad del otrora llamado país de las oportunidades ha visto como su poder adquisitivo se ha reducido de forma notable. Varias son las causas que explican por qué el modelo se resquebraja y la maximización del beneficio no conlleva una mejora social per se.

En primer lugar, por lo expuesto al inicio. En los mercados la información existente es asimétrica, lo que permite comportamientos oportunistas y un equilibrio que no es Pareto Eficiente. Por este estudio Joseph Stiglitz ganó el premio Nobel en el año 2001.  Este tipo de coyunturas conlleva a una mayor desigualdad social, más agravada en aquellos países en los que no existe una red de protección social.

En segundo lugar, por las llamadas externalidades, las cuales se podrían definir, de nuevo de forma sencilla, como el impacto que una actividad económica genera sobre terceros que no son originadores de la misma. Las externalidades son fallos del propio mercado que permiten a las empresas trasladar costes generados por su actividad a otros agentes (generalmente la sociedad) y que no son recogidos por los sistema contables de las compañías al no funcionar por un sistema de precios. El ejemplo más claro de las externalidades es el de la contaminación que puede generar una empresa al llevar a cabo su actividad. El impacto lo recibe la sociedad, la cual asume un coste que no es suyo. Las externalidades deforman la asignación eficiente de los recursos, porque los precios de mercado de éstos no se corresponden con los beneficios o costes reales. Cuando una empresa maximiza el beneficio sin considerar el impacto de su actividad sobre el medio ambiente (que en definitiva es el mayor bien público) y sobre la sociedad, no todo el mundo se ve beneficiado.

Por otro lado, también pueden existir externalidades positivas. Pensemos en una empresa que abre una planta en un país en vías de desarrollo e instaura un comedor social que permite mejorar la vida de la población en la que se ubica. Contablemente sería un gasto para la empresa, pero la mejora social generada repercutiría en el entorno económico y, posiblemente, le repercuta positivamente a la compañía.

En tercer lugar, porque como apunta la teoría de los Stakeholders, hoy en día el éxito empresarial depende de más factores que nunca. Las cadenas de valor se alargan y se internacionalizan. Es imposible gestionar la empresa pensando sólo en maximizar la riqueza del accionista y a corto plazo. Algunos estudios sugieren que, precisamente, cuanto más orientada está la empresa a la sociedad y a sus grupos de interés (los stakeholders, es decir, trabajadores, proveedores, clientes, incluso tercer sector o medios de comunicación, y por supuesto los accionistas) mejores resultados obtienen.

En cuarto lugar, porque la teoría económica habla de maximizar el beneficio, pero sabiendo que pueden darse asignaciones ineficientes de los recursos, no explica cómo se ha de distribuir dicho beneficio para que el óptimo económico lleve aparejado consigo un óptimo social.

En quinto lugar, porque las grandes corporaciones multinacionales, incluso los bancos, tienen un accionariado tan atomizado, que se ha producido una separación evidente entre gestión y propiedad. Ahora se contratan a súper directivos para que rijan los destinos de las organizaciones que les pagan a cambio de salarios y bonus astronomicos, de tal forma que sus decisiones se alineen con los objetivos de los accionistas. El problema estriba en que estos ejecutivos tienen también sus propios intereses y tienden a comportarse de manera oportunista buscando su beneficio propio. Es lo que en economía se llama teoría de la agencia. En estos casos, se puede maximizar el beneficio a corto plazo para obtener ciertas mejoras salariales, por ejemplo, arriesgando en demasía, incluso yendo en contra de la supervivencia de la empresa a medio plazo. Y cuando una compañía pega el petardazo, véase Enron o Parmalat, no sólo pierden los accionistas. También los proveedores que se quedan con facturas sin cobrar, o los empleados que pierden sus puestos de trabajo. Pero no sólo eso. Pagar un salario por encima del de mercado a un directivo para que éste se comporte acorde a los intereses de los accionistas, impide maximizar el beneficio en sentido estricto, lo que distorsiona el modelo.

Finalmente y sobre todo, en sexto lugar, porque vivimos un momento histórico convulso en que los valores brillan por su ausencia. Milton Friedman, uno de los mayores defensores del libre mercado, marcaba dos líneas rojas que jamás debían traspasarse: ley y ética. En virtud de lo vivido en los últimos años, queda claro que por el camino nos hemos perdido en algún punto.

Si comenzamos hablando de la ley, se debe argumentar que de un tiempo a esta parte ésta ha dejado de ser norma moral y ello es muy peligroso. Hoy en día hay cuestiones que son legales pero que a la vez son inmorales. Por ejemplo la ley que permite a un banco rescatado deshauciar a una familia. O la ley por la cual ahorradores chipriotas tendrán que perder parte de su dinero para rescatar a unos bancos lastrados por la deuda Griega y una quita decidida a miles de kilómetros del pequeño país mediterráneo. Muchos de los comportamientos que nos han llevado a esta coyuntura eran legales, pero no eran morales.

Pero voy más allá. Vivimos en un mundo globalizado en el que el Derecho Internacional todavía está en pañales. Hoy en día es legal contratar a niños en determinados países de Asia, como también es legal prohibir el asociacionismo o fomentar los trabajos forzosos. Los estados se ven incapaces de marcar las reglas del juego porque los gobiernos son nacionales y muchos de los problemas que hoy se dan en el marco económico son mundiales. Las empresas tienen mayor libertad que nunca para hacer y deshacer.

Poco o nada se puede confiar en nuestros gobiernos cuando al poco de salir de la política ostentan cargos notorios en importantísimas compañías. No se entiende que uno de los defensores de la asociación de la sanidad público - privada, poco tiempo después de ser consejero de sanidad de una comunidad autónoma, luego sea fichado por una empresa que precisamente está gestionando parte de esa vinculación. Tampoco se puede comprender que un juez se meta a político y luego vuelva al juzgado a llevar casos políticos. Me parece surrealista que a parte de nuestros jueces los elijan los partidos. Por duro que resulte decirlo, vivimos en un momento en que no sé hasta qué punto vivimos en un estado de derecho, en que no sé si sigue habiendo división de poderes, por cuanto hemos retrocedido a mucho más del contrato social en múltiples aspectos.

Nos queda la ética y al respecto sólo puedo apuntar que en un mundo como el actual, dónde tenemos mayor libertad que nunca, ésta, si no se ejerce con responsabilidad, simplemente no funciona. Mucha gente olvida a menudo que Adam Smith fue profesor de Ética y que creía firmemente que el fundamento de la acción moral no se basaba en normas ni en ideas nacionales, sino en sentimientos universales comunes y propios de todos los seres humanos.

Cuando se habla de Responsabilidad Social Corporativa (RSC) o de las empresas, se debe desterrar la idea de que aquello es filantropía o ecologismo. Se trata de comprender que necesitamos una nueva ética económica y empresarial que destierre el maquiavelismo que de un tiempo a esta parte invade nuestros mercados. Las empresas deben crear valor, por supuesto económico, para sus accionistas primero y para el resto de stakeholders después, pero crear valor o riqueza, no es lo mismo que maximizar el beneficio sin importar los medios. Necesitamos incluir criterios sociales y medio ambientales a la hora de gestionar nuestras empresas y países, pero también, y sobre todo, valores. Ética y moral. Sin ambas cualquier sistema está abocado al fracaso, entre otras cosas porque éstos son amorales. Esa responsabilidad es puramente nuestra.

jueves, 28 de marzo de 2013

Empresas - El Mundo (del vino) es (maravillosamente) Global

Reflexiones tras Prowein

Creo que ya me lo habéis leído en más de una ocasión, pero siempre que uno viaja recibe un manguerazo de realidad. Si lo haces por trabajo, es cierto que te pierdes parte de la cotidianidad diaria de las ciudades y sus personas, pero también lo es que a través de tus clientes y partners comprendes que vivimos en un mundo diverso, dónde abundan culturas, gustos e incluso escalas de valores diferentes. No se trata de hacer apología del relativismo, pero sí de comprender que la prudencia debe regir a la hora de valorar aquello que es distinto, diferente a lo que estamos habituados. Esto, que es algo básico para la sana convivencia de los pueblos, no siempre se ha tenido claro a la hora de hacer negocios, al menos hasta hace unos años. Y si hablamos del mundo del vino, podríamos decir que nuestra industria está aún en pañales.

Aún recuerdo mi primera Junta General en la bodega, aquella en la que se me designó como futuro Director General, previo aprendizaje con el gerente de entonces: no se entendía por qué nuestra cuota de exportaciones no llegaba al 15% allá a mediados del año 2007. La exigencia era que al menos las mismas llegaran a estar en el entorno del 40%. Cuando durante las primeras semanas comencé a indagar, recibí la primera de las sorpresas que me he venido llevando durante mi aprendizaje de lo que son los mercados internacionales en el mundo del vino: la Ribera del Duero apenas exportaba en el año por aquel entonces un 5% de su producción total. Rioja, la Denominación de Origen con mayor vocación exportadora en cuanto a vino embotellado se refiere, superaba el 30%. 

La segunda sorpresa me la llevé en mi primera Vinexpo, feria que se celebra en Burdeos cada dos años. Viendo todo aquel despliegue de bodegas y vinos de todo el mundo, la cuestión no estribaba en cómo era posible no vender un tercio de nuestra producción más allá de nuestras fronteras, sino en cómo podíamos vender lo que vendíamos con aquel nivel de competencia. Reconozco que volví abrumado. Desde entonces, tras cada Vinexpo, tras cada Prowein, sigo regresando alucinado. Cada vez se hacen más vinos en más lugares del mundo y cada vez se hacen mejores. La competencia es brutal y la presión en el precio, quitando para las bodegas "boutique", también. El consumo de vino crece notablemente, pero lo hace en países con poca tradición vitivinícola, en mercados no habituales, dónde sus gustos, hábitos de consumo, incluso su gastronomía, poco o nada tienen que ver con la nuestra. ¿Cómo competir en un mercado así? Hace cuatro años comprendí que mi labor en la bodega poco o nada tenía que ver con la de los directores generales al uso. Tenía que viajar, apoyar a mi equipo de exportación, pero también comprender por mi mismo lo que se cocía fuera. Sólo así podríamos prepararnos para el cambio. Sin el apoyo de la dirección, aquello no era posible.

Lo he dicho más veces, pero creo que nunca está de más insistir en ello. En el mercado global no se trata de ser el mejor, se trata de ser diferente. Y el primer paso para diferenciarse en el mundo del vino consiste en resaltar lo autóctono. En nuestro caso, poner en valor la Tinta Fina (o lo que es lo mismo, el tipo de Tempranillo que se da en la Ribera del Duero) y el Verdejo de Rueda. Esto es condición necesaria, pero no suficiente para diferenciarse. ¿Quíén no hace un buen vino hoy en Ribera del Duero o Rueda trabajando precisamente con esas uvas?

El segundo paso consiste en centrarse en el terruño. En nuestro caso, nuestra finca de Real Sitio de Ventosilla tiene 7 pagos diferenciados dentro del viñedo (Los Robles, El Pino, Valdelayegüa, La Mina, Hoyo Dornajo, Salgüero y Prado del Rey). Nuestra Tinta Fina se da de una forma diferente en cada uno de ellos, porque no hay dos suelos iguales en toda la Ribera del Duero, ni por su composición, ni por su pluviometría, altitud, orientación o pendiente, por ejemplo. Los vinos deben recordar al pago del que proceden. Es por ello por lo que desde el Crianza para arriba, comenzamos a vincular a toda la gama a aquella parte del viñedo de la que procedía. Así pues, nuestro PradoRey Crianza es el llamado Finca Valdelayegüa de un tiempo a esta parte. Nuestro PradoRey Reserva viene (y así lo resaltamos ya) de la Finca La Mina. Del Hoyo Dornajo proceden dos joyas. Una, el Adaro, procedente de las cepas más altas de nuestro viñedo (850 metros de altura), y dos, el Élite, un vino elaborado con un clon específico de Tempranillo llamado Élite que en el suelo franco-arcilloso del Hoy Dornajo ha dado unos resultados sin parangón. En Rueda, por otro lado, gestionamos casi 100 hectáreas de viñedo que no son de nuestra propiedad, pero que han sido especialmente seleccionadas para cada tipo de vino. Cepas en vaso muy antiguas y en altura para los fermentados en barrica. Cepas más jóvenes y espaldera para el resto, adecuando el tipo de suelo a cada tipo de vino.

Pese a nuestros esfuerzos, que son similares a los de muchas otras bodegas de nuestro país, éstos no son suficiente. La calidad técnica, intrínseca de un producto, es condición necesaria, pero nunca suficiente a la hora de vender. La otra pata es la calidad percibida por el consumidor y ahí, siempre bajo mi punto de vista, entran en juego dos variables importantes. Por un lado, obviamente, la propia satisfacción del consumidor final, relacionada con la propia psicología del mismo. Pero por otro, y sobre todo, el que tu seas capaz de desarrollar un posicionamiento emocional diferencial respecto a tu marca y tus productos que incida en el propio cliente a la hora de catar los mismos.

El primero de los dos puntos no es nada sencillo. En primer lugar, porque la satisfacción del consumidor está relacionada con las expectativas previas que uno tiene antes de consumir, en este caso un vino. Y éstas, a su vez, están determinadas por sus experiencias anteriores, pero también por aquella información que puede recabar a través de amigos, familiares, prescriptores o los medios de comunicación. El concepto de lo que es un buen vino para una persona, puede ser perfectamente diametralmente opuesto para otra. Obviamente es imposible pretender llegar a todo el mercado. Uno tiene que saber a qué público se dirige, pero dentro del mismo, comprender que no es lo mismo el mercado de la Europa del Este o el Asiático, que el español o el Americano. A nuestros enólogos les costó comprender en un primer momento que hay vinos que aquí se considerarían oxidados que en otros lugares causan, literalmente, furor. 

Elaborar un vino no es fabricar un coche. Me atrevo a decir que es mucho más complejo, porque las posibilidades de adaptación a tus clientes son menores y, además, trabajas con un producto que esta vivo y evoluciona. Así pues, la ecuación es la siguiente: defender lo autóctono, vincularlo a tu terruño y buscar adaptarte a tus clientes sin dejar de ser tú mismo. ¿Imposible? Difícil, pero factible. Se trata de trabajar tus productos introduciendo la dimensión tiempo. Se acabó aquello de lanzar una misma añada a nivel global. Se trata de visualizar la evolución del vino. A día de hoy seguimos comercializando nuestro Crianza Valdelayegua 2006 en China, mientras que en España estamos trabajando el 2009. En Europa tenemos mercados que nos siguen demandando el 2008. No es que los chinos sepan menos que los españoles, es que les gustan los vinos más hechos. Y eso, que lo saben los comerciales, es necesario que lo entiendan los enólogos a la hora de imaginar un caldo.

Respecto al posicionamiento emocional, como también he dicho varias veces, todo gran vino tiene una gran historia detrás repleta de sueños, innovación, riesgos, tradición, historia. Se trata de poner en valor todo ello para lanzar un mensaje que, añadido a todo lo anterior, haga único a tu producto y a tu marca. Sólo así se puede generar el llamado Brand Equity y diferenciarte en calidad. Pero no sólo ello, sino que a partir de una gran historia, se influye también en las expectativas del consumidor, lo que sin duda le hace más receptivo a la hora de catar tu vino. Pensemos en un Vega Sicilia, por ejemplo. Basta con escuchar la marca para condicionar tu cata. Luego está el vinazo que lleva dentro y el momento que compartes al calor del mismo. Todo ello te hace diferente, único, y permite que el consumidor se sienta un privilegiado por tener algo de gran valor añadido que tiene una gran historia detrás. Somos más emocionales que racionales, nos cuesta comprenderlo.

Existen más cuestiones que no se pueden dejar de lado. Haciendo propia una frase del Che Guevara hablando de la revolución, el mundo del vino es como una bicicleta. Cuando no andas, te caes. Es fundamental innovar, seguir avanzando, evolucinando. Que se hable de ti, que estés en los medios por explorar lo desconocido e ir más allá. Siempre que lo haces corres un riesgo, pero sólo así puedes diferenciarte técnica y emocionalmente. En este último Prowein, Lía de PradoRey ha sido la sensación de la feria. Han venido colegas de la Ribera del Duero, pero también de Rueda, Rioja, Cataluña, Valencia incluso de Francia  e Italia alucinando por el color. El concepto de vino existía, pero lo que hemos hecho a nivel interno para hacerlo diferente queda de puertas para adentro. Sólo diré que las casualidades no existen y que ha sido mucho el trabajo. 

Los Consejos Reguladores de las Denominaciones de Origen han hecho un magnífico trabajo fomentando la calidad y tratando de poner en valor lo autóctono, pero al "legislar" la elaboración de ciertos tipos de vino, han tendido a la estandarización. Perdonadme que ponga este ejemplo relacionado con mi bodega, pero viene al pelo. La palabra Crianza, por ejemplo, no dice prácticamente nada más allá de un proceso de elaboración. No es sexy. Adaro sí. Y también es un Crianza. Dentro de las reglas del juego, hay que innovar técnica, comercial y gerencialmente.

Así pues, como reza el título de este post, el mundo del vino es maravillosamente global. Como consumidores hay más que nunca dónde elegir y la calidad es, probablemente, la mejor de toda la historia. El principal beneficiado es el cliente final que tiene más opciones que nunca. A nosotros, como bodegueros, nos queda elegir cómo queremos competir, si desde un punto de vista racional (que casi siempre termina derivando en una cuestión única y exclusivamente de precio) o si por el contrario queremos jugar a la competición emocional. Para ello hay que tener un gran producto detrás, quiero dejar eso claro para que no se me entienda mal, y ello tampoco quiere decir que se sea ajeno a la actual coyuntura económica, pero requiere toda una profesionalización de la gestión que no siempre se da. Nuestro país, al igual que Francia, por ejemplo, parece tocado por la mano de Dios en cuanto a las condiciones que se dan para hacer un vino de calidad. El resto es trabajo nuestro. Y decididamente es apasionante.



PD: A día de hoy, seguimos sin llegar a ese objetivo del 40% de cuota de exportaciones que teníamos en 2007 (que ahora se ha convertido en un 50% dada la que tenemos montada por aquí), pero en este tiempo hemos sido capaces de multiplicar por 2,5 la misma. Creo que estamos en el buen camino. En los próximos meses me esperan Holanda, Alemania, Inglaterra, Francia, China y puede que Japón. Seguiremos reflexionando al respecto.






lunes, 18 de marzo de 2013

Economía - Sobre Chipre

Disparates, Desmanes y una Solución Inmoral

Desde que comenzó esta gran crisis que parece no tocar fin, me ha parecido que en la UE, y más concretamente en la Eurozona vivimos en una especie de incendio permanente cuyos encargados de apagarlo son pirómanos profesionales. De un tiempo a esta parte, cuando parece que las cosas comienzan a apaciguarse, o al menos a no empeorar, nos encontramos con un nuevo dislate que pone a la unión monetaria como el título que da nombre a este blog: en el disparadero. Lo último ha sido lo de Chipre.

Pongámonos en situación para entender bien lo que está pasando. Chipre es un país de un millón de habitantes con un sector financiero desproporcionado, el cual genera el 80% del PIB del país. La causa de dicha situación se debe encontrar en dos aspectos esenciales. Uno, Chipre tiene un impuesto de sociedades del 10%, lo cual atrae a muchas empresas a fijar su residencia fiscal allí (fundamentalmente navieras); y dos, desde hace varios años se considera a la isla un paraíso fiscal en el que millonarios rusos, y de un tiempo a esta parte chinos, blanquean su dinero.

El sistema bancario chipriota ha sufrido, como casi toda la banca europea, los rigores de esta crisis. Sin embargo, lo que ha supuesto su caída al precipicio ha sido el rescate a Grecia. Concretamente la quita que se le hizo al país Heleno en una de las enésimas crisis griegas de los últimos tres años. Aquel plan diseñado por la Troika desde Bruselas, y bendecido por París y Berlín, favorecía los intereses de la banca alemana y francesa, pero ignoraba los riesgos a los que se estaba sometiendo al sistema financiero de la pequeña, y aparentemente no sistémica, Chipre.

Así pues, este fin de semana ha ocurrido lo que de un tiempo a esta parte parecía evidente. Chipre ha solicitado el rescate de su banca ante la inminente quiebra de la mismas, lo que equivale, como se puede deducir del segundo párrafo de esta entrada, a la bancarrota del país. El rescate se ha cifrado en 10.000 millones de euros, lo que en la práctica supone casi el 100% del país. Lo disparatado es cómo se pretende articular dicho rescate. No sólo se le van a exigir a los chipriotas esfuerzos parecidos a los que han sido sometidos países como Portugal, Grecia, Irlanda o la propia España, sino que parte del rescate se debe sufragar con los ahorros existentes en los bancos de la pequeña isla mediterrárena. En la UE se echan balones fuera acerca de quién fue el lumbreras artífice de la solución. "Off the record" se apunta a Berlín, sin embargo el país germano dice que ha sido una elección del gobierno chipriota. En la prensa ha trascendido que el Fondo Monetario Internacional ha exigido una solución de este tipo para que pasen por caja todos aquellos magnates que evaden al fisco blanqueando el dinero en Chipre.

Como hemos ido sabiendo, se quiere aplicar un impuesto de algo más del 6,5% a aquellas personas que tengan menos 100.000 euros depositados en los bancos chipriotas y del 9,9% para aquellos que tengan más de 100.000 euros. Según se dice también, el impuesto implicaría la "compra" de acciones de los bancos donde los ahorradores tengan su dinero. Es decir, que a través de una especie de ampliación de capital, se espera que los chipriotas u oligarcas que tengan su dinero depositado allí, financien el 50% del rescate. Es cierto que en estos momentos, ante el estupor generalizado, la UE estudia soluciones alternativas, pero a día de hoy, es lo que hay. Ah, y por cierto, hasta el jueves está cerrada la banca. Se puede sacar dinero de los cajeros, pero no hacer transacciones Estamos ante un corralito en toda regla.

Sea como fuere, nos encontramos ante un disparate de dimensiones desproporcionadas, pero sobre todo ante una solución inmoral (cosa que tampoco debería extrañarnos dadas las circunstancias, pero sobre todo los precedentes). En primer lugar, porque es asqueroso que se ponga a la misma altura a ciudadanos honrados y a mafiosos que mueven dinero negro por todo el planeta. Estamos ante un atraco a mano armada. ¿Comprarían Merkel y compañía acciones de una especie de Bankia made in Chipre? ¿Se ajusta a derecho este desmán? Recordemos que esta medida dinamita el acuerdo vigente en la UE por el cual todos los depósitos están garantizados hasta los 100.000 euros, incluso ante la quiebra de un banco. En segundo lugar, porque tampoco es razonable que a personas físicas y jurídicas que están legalmente establecidas allí, que pagan sus impuestos y que han hecho sus planes de negocio acordes a un sistema jurídico establecido en el seno de la UE, se les cambie las reglas del juego de una forma tan arbitraria. Es potestad de cada país fijar su normativa fiscal y Chipre no tiene un problema de cuentas públicas a día de hoy.En tercer lugar, porque es inadmisible que la UE haya hecho la vista gorda durante años a lo que estaba pasando en Chipre (viene siendo considerado un paraíso fiscal desde hace mucho tiempo) y que de la noche a la mañana aproveche la coyuntura para querer dar lecciones de moralidad y conducta decorosa. Por último, porque lo que ya es de traca es que un problema que han generado entre banqueros y la Troika, con una solución a la crisis griega que abocaba al sistema financiero Chipriota a un rescate, tenga que ser pagado, al menos en parte, por los ciudadanos de a  pie.

Pero todos los males no se acaban ahí. Hoy la prima de riesgo española subía con fuerza y la bolsa arrancaba con un desplome que amenazaba a ser histórico. Sólo las noticias que llegaban acerca de una posible rectificación desde Bruselas han apaciguado algo los ánimos. Claro que existe la posibilidad de contagio. ¿Es de fiar la UE, cuando es capaz de incumplir sus propias reglas del juego? ¿No va a existir la tentación de sacar el dinero de los bancos españoles e italianos si las cosas vuelven a pintar como este verano? ¿Quién va a invertir en los países con problemas si existe un riesgo, aunque sea mínimo, de que tengan que participar en un hipotético rescate? ¿Realmente a nuestros socios del norte les importa algo lo que pasa por el sur?

Mucho me temo que vienen tiempos de soluciones extravagantes de consecuencias impredecibles. Merkel se juega la reelección en otoño y mientras tanto parece que las decisiones que vengan desde Bruselas tendrán más que ver con los intereses electoralistas alemanes que con las necesidades reales de una eurozona que necesita más que nunca sentido común. La unión bancaria debería ser prioritaria precisamente para garantizar los depósitos y la fuga de capitales que tanto daño está haciendo a países como España o Italia entre otros. Lo acontecido en Chipre es como meter al lobo en el aprisco, a la piraña en el bidé, o como decía al principio, poner a un pirómano a apagar un fuego. 

Dicen que lo que precipitó la subida de Hitler al poder en Alemania fue una crisis económica gravísima con una inflación galopante, pero sobre todo el sentimiento de humillación que el pueblo germano sintió tras la primera Guerra Mundial y los acuerdos draconianos a los que le sometieron. De aquella situación salió el famoso pánico alemán a la inflación. Lástima que lo de la humillación haya quedado en el olvido. Afortunadamente los tiempos cambian y esta sociedad es otra, pero lo de Italia bien pudiera ser un primer aviso. Legalidad y legitimidad hace ya un cierto tiempo que dejaron de ir de la mano.




jueves, 14 de marzo de 2013

Vinos del Mundo - Lía de PradoRey

El primer Blush de la Ribera del Duero

No puedo concebir el arte sin pasión, como tampoco puedo entenderlo sin ese proceso en el que el artista explora sus propios límites y se atreve a transgredir a partir de lo desconocido. A través de ese resquicio por el que se cuela la angustia, el creador halla a través su obra muchas de las respuestas a sus inquietudes y miedos existenciales. Tal vez por ello lo políticamente correcto nunca pasa a la historia, o tal vez por ello muchos de los genios han pasado a mejor vida sin el reconocimiento que su trabajo merecía, porque no todo el mundo está preparado para apreciar la riqueza interior del artista. Por ello siempre he creído que toda aquella persona que es capaz de exhibir su obra es, en el fondo, un valiente.

El vino es arte, sin duda alguna. Ya lo explicaba el otro día al hablar del Élite 2009. El proceso creativo que conlleva y la emoción que precisa sólo puede compararse con el trabajo de un artesano. El enólogo aspira a interpretar la naturaleza en cada añada para plasmar sus sueños e inquietudes en una botella de vino. El enólogo tiene una ventaja fundamental sobre el resto de artistas, y es que su obra se disfruta a través del gusto, el olfato y la vista, lo que hace más accesible a la misma.  Pero por otro lado, el enólogo convive, no sólo con la crítica, sino con una presión, la del mercado, que le condiciona a la hora de crear. Al final una bodega requiere una inversión considerable y existen unos números que cuadrar. La tentación de conformarse con lo políticamente correcto y, por lo tanto, de no pasar a la historia, es muy grande. Por suerte, ese no es el caso de PradoRey.

El pasado viernes, tras muchas pruebas y ensayos, lanzamos al mercado un nuevo rosado llamado a marcar un antes y un después en la historia de la Ribera del Duero. Hablo del Lía de PradoRey, un tipo de Rosado apodado  "Blush", el cual debe su nombre a la similitud del caldo con el color de nuestra cara cuando nos sonrojamos. Se trata de vinos rosados con poco color, casi transparentes, los cuales se obtienen a partir de maceraciones del mosto con el hollejo (la piel de la uva, para entendernos) muy cortas, o incluso, como en algunas regiones de Francia, de mezclar uva tinta y uva blanca. Lía de PradoRey completa nuestra firme apuesta por hacer rosados de calidad a partir de la uva Tempranillo, como nuestro PradoRey Fermentado en Barrica o nuestro Recorba vienen demostrando cada añada.

Cuando hace unos meses nuestro equipo de exportación comentaba que este tipo de vinos estaban comenzando a tener muchísimo tirón en determinados mercados, nuestros enólogos comenzaron a darle vueltas al asunto. No habían pasado ni 4 horas cuando Ángel Luis y Fran me llamaron a mi despacho para decirme que querían enseñarme algo. Habían estado pensando en diferentes maneras de elaborar este tipo de rosados ya en la cosecha 2012, e incluso se habían atrevido a hacer una pequeña mezcla de tinto y blanco para buscar aromas e ideas con las que apuntalar el proyecto.

Cuando llegó la vendimia, el despacho de Ángel Luis y Fran era un hervidero. Querían hacer un "blush" exclusivamente con tempranillo, algo tildado por muchos como una barbaridad. El tempranillo es una uva que genera vinos con mucho color (dejémoslo ahí para no complicarnos) y lograr algo tan particular era cuando menos difícil. Al menos en apariencia. El que conoce nuestro Rosado Fermentado en Barrica, uno de nuestros buques insignias, lo entenderá. La maceración de ese vino es tan solo de 24 horas y en ellas ya adquiere ese color tan atractivo que lo hace tan especial.

Así pues, durante las tres semanas que duró la vendimia de este año, mis bajadas al despacho de Ángel Luis y Fran fueron continuas. Por fin, tras varias pruebas, dieron con el coupage adecuado: diferentes tipos de tempranillo macerados entre 5 y 55 minutos. Algo impresionante y muy, muy laborioso de hacer. Una vez logrado el color, llegó el momento de sacarle todo el partido al vino. No se trataba de hacer un "blush" más, ni siquiera de tratar de que fuera el mejor. Sólo queríamos hacer algo diferente, rompedor, llegar hasta dónde nadie se había atrevido en la Ribera del Duero. Cuando por fin probé el vino terminado a finales de enero, me quedé impresionado. Aquello tenía muchas de las virtudes de los grandes rosados de la Ribera del Duero (frescura, aromas a frutas rojas, equilibrio) pero a la par aparecían otras notas que a mi personalmente me dejaban perplejo. De repente aparecía melocotón, albaricoque, esencias de flores... aromas más típicos de un vino blanco que de un rosado. Y todo ello con una uva como la tempranillo, que es tinta.

En paralelo al desarrollo enológico, venía el desarrollo del producto desde un punto de vista comercial. Desde un primer momento sabíamos que teníamos un vino para todos los públicos, pero nos pareció apropiado enfocarlo hacia la mujer, históricamente la gran olvidada en las bodegas. Le llamamos Lía de PradoRey porque la Lía es la madre del vino. Queríamos enfocar este vino a un público moderno, cosmopolita, que se arriesga, que no tiene complejos. Que se acerca al mundo del vino sin mayor pretensión que el disfrute del mismo. Para darle una vuelta de tuerca más, y pensando en el mercado de exportación, no tuvimos mejor ocurrencia que hacerlo en Rosca pidiendo un permiso especial al Consejo Regulador. 

Como siempre que uno crea algo nuevo y no sabe muy bien cómo va a reaccionar el mercado, se nos ocurrió elaborar sólo 6.000 botellas este primer año. De una calidad creemos que estratosférica, eso sí. Bien, una semana después tenemos peticiones para más de 20.000 unidades. Sólamente algunos privilegiados podrán disfrutar de este gran vino, el cual, además, tiene un precio de lo más razonable (5 euros PVP). De entrada pido disculpas a todo el mundo por no poder satisfacer la inesperada demanda, prometiendo que ya estamos trabajando para que el año que viene, y siempre sin arriesgar un ápice la calidad, podamos cumplir con todo el mundo.

Lía de PradoRey es diferente, es cool, sexy, con un toque canalla, transgresor. Es la culminación de un trabajo espectacular de nuestros enólogos y equipo comercial. Y yo estoy encantado con ello. Como el otro día les decía a unos periodistas, mi trabajo consiste en que mis artistas saquen todo el talento que lleven dentro y se sientan con libertad para crear. Como decía al principio, el vino es arte, es imaginación y mucha, mucha pasión. Con todos ustedes, un trocito de California en plena Ribera del Duero, fiel heredero de aquel otro vino de latitudes imposibles. Que ustedes lo disfruten.

miércoles, 6 de marzo de 2013

Vinos del Mundo - PradoRey Élite 2009

Historia de una Osadía

Todo gran vino tiene detrás una gran historia. Eso siempre es así, como ya se explicó en este blog cuando se lanzó el Adaro. Porque para elaborar un gran vino hace falta mucho más que tecnología o conocimientos técnicos. La intuición, el arrojo, la imaginación y el atrevimiento juegan un papel decisivo. El vino es cultura, pero sobre todo arte. Y el arte se disfruta, se vive, se siente.

Esta semana hemos conocido en bodega las puntuaciones de Neal Martin, el nuevo catador de Parker para España, de los vinos de Ribera del Duero. Han cambiado las reglas del juego, eso es así.Por mi parte no puedo más respetarlo, aunque ello haya significado un "palo" generalizado en la gran mayoría de puntuaciones de los vinos de la región, como si se hubiera tratado de pasar la factura de la polémica salida de Jay Miller a muchas bodegas que llevan año tras año esforzándose por hacer cada vez mejor las cosas, las cuáles nunca tuvieron nada quer ver en lo que allí se coció.

Por ello, y por la bonita historia que tiene detrás, tienen muchísimo valor los 92 puntos que ha obtenido nuestro PradoRey Élite 2009 en el Wine Advocate, la publicación presidida por Robert Parker. No sólo es de los pocos vinos que ha resistido el envite, sino que se consolida como uno de los emblemas de la Ribera del Duero, pudiendo presumir, además, de ser uno de los caldos más accesibles de entre todos los que han superado los 90 puntos.

La historia del PradoRey Élite se remonta al año 1999. Por aquel entonces, un chaval llamado Ángel Luis Margüello, recién incorporado a la bodega como enólogo, trataba de interpretar un viñedo aún muy joven ubicado en la zona más fría y más alta de la Ribera del Duero. Inquieto como sigue siendo, tuvo la idea de hacer tres vinos monovarietales fuera de la Denominación de Origen, atraído por la calidad que daban determinados pagos de la finca. De aquella primera idea salió la gama Salgüero, la cual todavía es recordada con admiración en determinados mercados. Hablamos de un Cabernet Sauvignon, de un Merlot... pero también de un Tempranillo. Aunque aquellos vinos gozaron del éxito de la crítica, lo cierto es que costó mucho comercializarlos porque eran terriblemente complejos. Inteligente como es, Ángel Luis no tardó en darse cuenta que el Merlot y el Cabernet pintaban más como mejorantes del Tempranillo en la línea de PradoRey que como monovarietales. Sin embargo, le quedaban dudas acerca de aquel Tempranillo.

A la hora de cultivar las 520 hectáreas de viñedo de la finca Real Sitio de Ventosilla, se seleccionaron los clones de una forma muy cuidadosa. Para que nos entendamos, de igual forma que hay diferentes razas en el ser humano, y que no todos los blancos somos iguales, en el mundo del vino pasa parecido. Hay diferentes tipos de uva, pero no todo el Tempranillo es igual, sino que existen clones muy diferentes entre sí. En su día, para nuestro viñedo, se seleccionarion muchos de los que por aquella época se estilaban en la región, pero también se escogió uno que se batía en retirada en toda la Ribera del duero. Hablamos del Clon Élite.

El clon Élite de Tempranillo es muy delicado. Produce rendimientos bajísimos, racimos muy concentrados y el tipo de vino que se obtiene es francamente complejo. Es por ello por lo que hoy en día creo que nadie más que nosotros lo utiliza en la Ribera del Duero (y si estoy equivocado pido disculpas). Su rentabilidad (económica) es escasa (a priori) y su maduración relativamente problemática. En nuestro viñedo se plantó en dos zonas muy cercanas pero con características diferentes. Por un lado, en una parte de la Mina, una zona del viñedo franco arenosa, favorable para hacer vinos de Reserva, y por otro en la parte baja del Hoyo Dornajo, en suelo franco arcilloso. Tras aquel experimento fallido del Salgüero, el debate en bodega fue de lo más intenso. No se cuestionaba la parte cultivada en La Mina, por cuánto se entendía que los rendimientos bajos favorecían a nuestro Reserva, pero sí las 6 hectáreas del Hoyo Dornajo. Un suelo franco arcilloso no podía dar 2.500 kilos de uva por hectárea cuando la DO pemite hasta 6.000.

Cuando aquella parcela parecía sentenciada, Ángel Luis, máximo defensor del clon Élite, decidió, a espaldas de los consejeros, trabajar aquel tempranillo aparte. Él sabía que en aquella uva había algo especial, algo que requería un mimo y un trato diferenciado para sacarle todo su potencial. Esa intuición, ese conocimiento tácito de Ángel Luis, siempre me ha llamado la atención. Tal vez porque en el fondo su proceso de creación tiene más que ver con el de un artista que con el de un ingeniero, pero sobre todo porque es capaz de ver cosas que los demás no ven.

Apenas un año después hubo Junta General en la bodega y Ángel Luis quiso agasajar a los accionistas con una copa de un vino muy especial, el cual dejó a cuadros a todos los asistentes. Aquel vino era un cañón. Un potro desbocado, pero con un potencial desconocido hasta la fecha en la bodega. Intrigados, preguntaron a Ángel Luis, y él les confesó que aquello era un vino elaborado exclusivamente con la uva de aquella parecel del Hoyo Dornajo en la que se había cultivado el clon Élite. Aquello fue el embrión del PradoRey Élite 2001. A partir de allí, la cosa no hizo más que crecer. El PradoRey Élite 2003 fue nuestro primer vino en alcanzar los 90 puntos en la Guía Peñín. El 2005 en ganar el Oro en Tempranillos al Mundo y el 2006 en alcanzar los 93 puntos Parker. Pese a todo, nuestros enólogos, Ángel Luis, en este caso bien secundado por Francisco Martín, tenían claro que había que dar una vuelta de tuerca al asunto. El PradoRey Élite sólo se elabora cuando la calidad del Hoyo Dornajo nos permite hacer algo realmente diferente, así que debido a las inclemencias meteorológicas tuvimos que esperar hasta el año 2009 para poner en marcha la revolución que nuestros enólogos habían pensado.

Por aquel entonces, nuestros técnicos ya habían comprendido perfectamente el clon y decidieron gestionar de manera un poco diferente el viñedo. La vendimia se realizó en cajitas pequeñas, inertizadas para evitar la oxidación de la uva. En paralelo, fue el primer año en el que la mesa de selección de vendimias jugó un papel relevante. Dentro de la bodega, se maceró en frío previamente a la fermentación alcohólica, y la fermentación se cuidó hasta el más mínimo detalle para que el nivel de extracción fuera el apropiado. 

Las barricas fueron específicas tras años y años de investigación y experimentación. Finalmente, el vino no se pasó por frío para evitar que se perdiera la más mínima esencia del terruño. Cuando por fin estuvo listo, lo mandamos a la Guía Peñín. Entonces recibimos la primera alegría: ¡94 puntos! ¡Jamás habíamos estado en ese nivel! La segunda alegría llegó hace unos meses procedentes de EEUU, cuando el Wine Spectator, que suele puntuar muy bajo, le dio 91 puntos y le hizo una crítica magnífica. Finalmente, este fin de semana han llegado los 92 puntos de Robert Parker, los cuales sitúan a este estupendo vino entre los top de la Ribera del Duero.

El PradoRey Élite 2009 es un vino 100% Tinta Fina, clon Élite, con un color cereza con borde granate. Aromas especiados muy complejos, aparece la fruta madura a medida que el vino se va abriendo. En boca es potente, sabroso, tostado y con taninos maduros. Acompañará perfectamente carnes rojas, asados y platos de caza estupendamente. Envejecido durante 14 meses en barricas del cáucaso y afinado durante 6 meses en Conos de Madera del bosque de Nevers. Todo ello por 20 euros PVP y en edición limitada de 12.000 botellas, las cuales previsiblemente seguirán mejorando durante los próximos 4 años.

Poca gente sabe que en camino viene el Élite 2010 que de entrada ha tenido 95 puntos en la Guía Peñín,  y que detrás viene un Élite 2011 cuyas primeras catas nos está dejando impresionados. Como decía al principio el vino es cultura, pero sobre todo arte. Y cuando un enólogo es capaz de domar la naturaleza e interpretarla para sacar lo mejor de ella, el resultado es sobrecogedor. Con todos ustedes, una de las niñas de mis ojos, el PradoRey Élite 2009. ¡Disfrutadlo!