jueves, 14 de marzo de 2013

Vinos del Mundo - Lía de PradoRey

El primer Blush de la Ribera del Duero

No puedo concebir el arte sin pasión, como tampoco puedo entenderlo sin ese proceso en el que el artista explora sus propios límites y se atreve a transgredir a partir de lo desconocido. A través de ese resquicio por el que se cuela la angustia, el creador halla a través su obra muchas de las respuestas a sus inquietudes y miedos existenciales. Tal vez por ello lo políticamente correcto nunca pasa a la historia, o tal vez por ello muchos de los genios han pasado a mejor vida sin el reconocimiento que su trabajo merecía, porque no todo el mundo está preparado para apreciar la riqueza interior del artista. Por ello siempre he creído que toda aquella persona que es capaz de exhibir su obra es, en el fondo, un valiente.

El vino es arte, sin duda alguna. Ya lo explicaba el otro día al hablar del Élite 2009. El proceso creativo que conlleva y la emoción que precisa sólo puede compararse con el trabajo de un artesano. El enólogo aspira a interpretar la naturaleza en cada añada para plasmar sus sueños e inquietudes en una botella de vino. El enólogo tiene una ventaja fundamental sobre el resto de artistas, y es que su obra se disfruta a través del gusto, el olfato y la vista, lo que hace más accesible a la misma.  Pero por otro lado, el enólogo convive, no sólo con la crítica, sino con una presión, la del mercado, que le condiciona a la hora de crear. Al final una bodega requiere una inversión considerable y existen unos números que cuadrar. La tentación de conformarse con lo políticamente correcto y, por lo tanto, de no pasar a la historia, es muy grande. Por suerte, ese no es el caso de PradoRey.

El pasado viernes, tras muchas pruebas y ensayos, lanzamos al mercado un nuevo rosado llamado a marcar un antes y un después en la historia de la Ribera del Duero. Hablo del Lía de PradoRey, un tipo de Rosado apodado  "Blush", el cual debe su nombre a la similitud del caldo con el color de nuestra cara cuando nos sonrojamos. Se trata de vinos rosados con poco color, casi transparentes, los cuales se obtienen a partir de maceraciones del mosto con el hollejo (la piel de la uva, para entendernos) muy cortas, o incluso, como en algunas regiones de Francia, de mezclar uva tinta y uva blanca. Lía de PradoRey completa nuestra firme apuesta por hacer rosados de calidad a partir de la uva Tempranillo, como nuestro PradoRey Fermentado en Barrica o nuestro Recorba vienen demostrando cada añada.

Cuando hace unos meses nuestro equipo de exportación comentaba que este tipo de vinos estaban comenzando a tener muchísimo tirón en determinados mercados, nuestros enólogos comenzaron a darle vueltas al asunto. No habían pasado ni 4 horas cuando Ángel Luis y Fran me llamaron a mi despacho para decirme que querían enseñarme algo. Habían estado pensando en diferentes maneras de elaborar este tipo de rosados ya en la cosecha 2012, e incluso se habían atrevido a hacer una pequeña mezcla de tinto y blanco para buscar aromas e ideas con las que apuntalar el proyecto.

Cuando llegó la vendimia, el despacho de Ángel Luis y Fran era un hervidero. Querían hacer un "blush" exclusivamente con tempranillo, algo tildado por muchos como una barbaridad. El tempranillo es una uva que genera vinos con mucho color (dejémoslo ahí para no complicarnos) y lograr algo tan particular era cuando menos difícil. Al menos en apariencia. El que conoce nuestro Rosado Fermentado en Barrica, uno de nuestros buques insignias, lo entenderá. La maceración de ese vino es tan solo de 24 horas y en ellas ya adquiere ese color tan atractivo que lo hace tan especial.

Así pues, durante las tres semanas que duró la vendimia de este año, mis bajadas al despacho de Ángel Luis y Fran fueron continuas. Por fin, tras varias pruebas, dieron con el coupage adecuado: diferentes tipos de tempranillo macerados entre 5 y 55 minutos. Algo impresionante y muy, muy laborioso de hacer. Una vez logrado el color, llegó el momento de sacarle todo el partido al vino. No se trataba de hacer un "blush" más, ni siquiera de tratar de que fuera el mejor. Sólo queríamos hacer algo diferente, rompedor, llegar hasta dónde nadie se había atrevido en la Ribera del Duero. Cuando por fin probé el vino terminado a finales de enero, me quedé impresionado. Aquello tenía muchas de las virtudes de los grandes rosados de la Ribera del Duero (frescura, aromas a frutas rojas, equilibrio) pero a la par aparecían otras notas que a mi personalmente me dejaban perplejo. De repente aparecía melocotón, albaricoque, esencias de flores... aromas más típicos de un vino blanco que de un rosado. Y todo ello con una uva como la tempranillo, que es tinta.

En paralelo al desarrollo enológico, venía el desarrollo del producto desde un punto de vista comercial. Desde un primer momento sabíamos que teníamos un vino para todos los públicos, pero nos pareció apropiado enfocarlo hacia la mujer, históricamente la gran olvidada en las bodegas. Le llamamos Lía de PradoRey porque la Lía es la madre del vino. Queríamos enfocar este vino a un público moderno, cosmopolita, que se arriesga, que no tiene complejos. Que se acerca al mundo del vino sin mayor pretensión que el disfrute del mismo. Para darle una vuelta de tuerca más, y pensando en el mercado de exportación, no tuvimos mejor ocurrencia que hacerlo en Rosca pidiendo un permiso especial al Consejo Regulador. 

Como siempre que uno crea algo nuevo y no sabe muy bien cómo va a reaccionar el mercado, se nos ocurrió elaborar sólo 6.000 botellas este primer año. De una calidad creemos que estratosférica, eso sí. Bien, una semana después tenemos peticiones para más de 20.000 unidades. Sólamente algunos privilegiados podrán disfrutar de este gran vino, el cual, además, tiene un precio de lo más razonable (5 euros PVP). De entrada pido disculpas a todo el mundo por no poder satisfacer la inesperada demanda, prometiendo que ya estamos trabajando para que el año que viene, y siempre sin arriesgar un ápice la calidad, podamos cumplir con todo el mundo.

Lía de PradoRey es diferente, es cool, sexy, con un toque canalla, transgresor. Es la culminación de un trabajo espectacular de nuestros enólogos y equipo comercial. Y yo estoy encantado con ello. Como el otro día les decía a unos periodistas, mi trabajo consiste en que mis artistas saquen todo el talento que lleven dentro y se sientan con libertad para crear. Como decía al principio, el vino es arte, es imaginación y mucha, mucha pasión. Con todos ustedes, un trocito de California en plena Ribera del Duero, fiel heredero de aquel otro vino de latitudes imposibles. Que ustedes lo disfruten.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Estimado Fernando:

Hace tiempo escribí en tu blog comentando alguno de los magníficos artículos que tienes.

He seguido de cerca el blog, lo he leído, pero no he tenido mucho tiempo de comentar...estar fuera de España durante varios meses no ha facilitado mi escritura (no había mucho tiempo).

Hace unas semanas vino a visitarme un compañero de España, mi estancia fuera finaliza y todo el mundo aprovecha a los viajes fugaces ahora; el caso, que mi vida es poco interesante, pero trajo un vino y era un Prado Rey, fue una sorpresa, nunca lo había probado pero maravilloso, sin palabras.

Ya vuelvo a España y si me lo permites comentaré de nuevo algun post.

Saludos
Marta