sábado, 25 de octubre de 2014

Economía - Europa, España y el Crecimiento Económico

Algunos Apuntes

Justo en medio de la tormenta que viene azotando a Europa desde hace ya unos meses respecto a una recuperación que no se consolida, con cifras macroeconómicas cuando menos preocupantes, llega España y hace públicos esta semana dos datos cuando menos esperanzadores: Por un lado, la EPA confirma una bajada del desempleo de 195.200 personas, lo que supone el mejor dato en toda la serie histórica para un tercer trimestre. Es cierto que en lo que a puestos de trabajo se refiere, se han creado en términos netos 151.000, por cuanto la población activa se ha reducido en 44.200 personas. Ni más ni menos que 51.100 personas de nacionalidad extranjera han abandonado nuestro país durante el último trimestre. Por el contrario, 6.900 españoles han regresado a nuestro país. En el conjunto del año nuestra población activa se ha reducido en 241.700 personas, lo que es razonable. El mercado laboral se desplaza hacia dónde hay más rentabilidad, como todos los mercados, lo que quiere decir de facto que la gente se desplaza hacia dónde hay puestos de trabajo. Por otro lado, el Banco de España ha anticipado el dato de crecimiento del tercer trimestre del año, el cual parece ser que ha sido del 0,5% del PIB, cifra muy superior en términos relativos al de la mayoría de países de la UE y que deja el crecimiento en tasa interanual (esto es, los últimos 12 meses) en un notable +1,6% (notable teniendo en cuenta de dónde venimos y el entorno, aclaro).

Sin embargo, no son pocas las voces que desde Europa advierten de una posible tercera recesión. ¿Será ésto posible? ¿Cómo afectaría a España? Lo que está pasando en Europa hay que analizarlo desde un doble punto de vista: coyuntural y estructural.

Desde el punto de vista coyuntural, no se puede obviar la crisis de Rusia y Ucrania. Al final Rusia es un socio comercial muy importante para muchos países, sobre todo Alemania, y todo el boicot que está existiendo está teniendo un impacto razonable en un momento en el que la recuperación era aún muy débil. Tampoco se puede dejar de lado el estancamiento de los emergentes, sobre todo Brasil. La ración de austeridad que el gobierno de Hollande está metiendo en Francia también tiene un impacto en el crecimiento en el corto plazo que en España conocemos bien. De Italia no se puede decir mucho en este ámbito, porque Mateo Renzi hasta la fecha ha dejado más titulares que medidas. Lo razonable, cuando la crisis rusa amaine y cuando Francia haya acometido su ajuste fiscal, es que Europa vuelva a la senda de crecimiento, aunque sea de forma modesta. En cuanto a los emergentes, estoy convencido de que volverán a sumar, sobre todo Brasil en cuanto pasen las elecciones.

Sin embargo, es bajo el prisma estructural dónde se encuentran la mayoría de las respuestas acerca de lo que está pasando en Europa. Es volver sobre la que ya apuntamos en El Disparadero hace unos meses. El viejo continente vive una crisis sistémica, por cuanto nuestro modelo de vida ya no se sostiene y aquellos que nos gobiernan sólo han encontrado dos salidas: endeudarse o recortar gastos, pero siempre con algo en común, que en ambas iniciativas se ha llegado hasta lo insoportable. El drama del capitalismo europeo es que no ha hallado más respuesta que la bajada de costes para competir en la economía global y bajo ese prisma, tal y como también se ha apuntado desde aquí, manda el que cobra menos, el que tiene menos vacaciones, el que no tiene seguridad social ni sabe lo que son los fines de semana, el que no ha visto en su vida lo que son medidas de protección laboral ni sabe lo que es un sindicato. Esa es la realidad de China y muchos países asiáticos. Y si esa es la receta de Europa, tenemos que asumir que los salarios irán a la baja y que la sociedad se encaminará hacia una calidad de vida mucho menor.

Se oyen voces que piden un aumento del gasto público para salir de esta espiral, y si esto fuera un laboratorio, no podría estar más de acuerdo. El problema es que la economía real no lo es y para aumentar el gasto público tiene que haber dinero. Con casi todos los países con déficits públicos flagrantes, sobre todo España, no hay margen para la política fiscal al menos en los términos que todos conocemos. La podría hacer Alemania, pero exige antes que el resto de países se metan en cintura. Una política expansiva de gasto público tiene sobre todo sentido cuando el problema de un país es coyuntural, pero cuando uno arrastra défcits públicos primarios desde la primera crisis del petróleo (véase Francia) cabe preguntarse, como señalaba hace unas líneas si el modelo no está agotado.

En puridad económica, y de nuevo si estuviéramos en un laboratorio, las medidas de austeridad podrían funcionar, por cuanto se trataría de que las economías reequilibrasen presupuestos, se pudieran bajar impuestos a ciudadanos y empresas y se reactivase la actividad. A largo plazo podría funcionar, pero como explicaba Keynes no sin cierta ironía, a largo plazo estaremos todos muertos. En un período recesivo, puede ser mortal de necesidad para el paciente.

La receta para Europa, bajo mi punto de vista, tiene que ir, a corto plazo, por tres vías: una, control de las cuentas públicas para lograr que ningún país tenga déficit primario (esto es, que la nueva deuda emitida para cuadrar la caja del estado sólo se destine al pago de intereses, por cuanto los  ingresos tributarios y ordinarios del estado den para pagar todos sus gastos ordinarios), permitiendo desde ese punto una reducción de los déficits más paulatina para no retraer más la actividad; dos, implementar medidas de carácter monetario para ver si de esta forma se logra reducir algo el desempleo (como también tratamos de explicar en El Disparadero hace unas semanas) a corto plazo; y tres, implementar reformas estructurales de toda índole que mejoren el funcionamiento de los mercados, los haga más eficientes y favorezca el crecimiento económico. Se me ocurren muchas, pero a bote pronto señalaría laborales, energéticas, de infraestructuras, de las administraciones públicas, fiscales y jurídicas.

A largo plazo, si Europa quiere seguir siendo una potencia con peso en el mundo, debe apostar desde ya por una política común de educación, investigación, atracción y retención de talento, fijar como obligatorio una serie de inversiones en I+D+i en cada país y fomentar la colaboración Universidad - Empresa en ese ámbito. 

A corto plazo el futuro seguirá siendo azul oscuro, pero Europa estaría comenzando a poner las bases para preservar un modelo de vida que creo, honestamente, es el mejor que conozco. Ello implica remangarse y trabajar más y mejor para afrontar los retos del a economía global compitiendo en valor añadido, no en costes.

Nos queda España. Honestamente, yo creo que lo que está pasando en Europa no va a afectarnos en demasía a corto plazo. España ha hecho parte de sus deberes. El mercado laboral es precario, pero funciona mejor, por cuanto se crean puestos de trabajo con crecimientos menores. Decíamos antes que en términos interanuales el crecimiento económico era del 1,6% del PIB. En ese mismo período, y de acuerdo con la EPA, en España hay 515.000 parados menos. España necesitaba crecer más cerca del 3% que del 2% no hace tanto para lograr estos datos de creación de empleo. Familias y empresas se están desapalancando algo más rápido de lo previsto y, además, se ha producido un doble cambio cultural en la economía española que ha cogido a todo el mundo desprevenido. Por un lado, nuestras empresas han comenzado a exportar, pero no sólo verduras y productos agroalimentarios elaborados, sino que la exportación de bienes de equipo sigue liderando nuestro mix, lo cual era impensable hace unos años. Por otro lado, por primera vez, comienza a existir una cultura de emprendimiento en nuestro país. El 40% de los nuevos ocupados de nuestro país en este 2014 son autónomos de acuerdo con la EPA.

Hace unos días se apuntaba una caída de nuestras exportaciones y hubo quién lo vinculó a la crisis europea, pero analizando los datos, eso no es cierto. Nuestras exportaciones a países como Italia o Francia apenas cayeron. Sí lo hicieron de manera espectacular las que llevaban destino Reino Unido (que es una de las economías más sanas de Europa en cuanto a crecimiento se refiere) y Latinoamérica. Más parece que ese dato se debe a factores coyunturales que estructurales. Al menos de momento...

Porque a medio y largo plazo los problemas de Europa son los mismos de España. Este impulso que estamos viviendo tendrá freno si no se inciden en las reformas estructurales y si no nos planteamos un modelo económico capaz de crear valor a varios años vista. Recordemos que sin una burbuja mediante, la tasa de paro en España llevaba muchísimos años sin bajar de un estratosférico 15%.

Tenemos una cosa más a nuestro favor. Aunque parezca una barbaridad, nuestro potencial de crecimiento es, probablemente, el mayor de toda Europa. Con un 23% de personas que no trabajan es previsible que mientras la economía se siga expandiendo se creen nuevos empleos y que ello tire del consumo privado. En el fondo es lo que los datos adelantados del Banco de España han reflejado. Como me explicaba un buen amigo mío el otro día, la gente en nuestro país no sabe quedarse en casa sin gastarse el dinero. Más pronto que tarde termina saliendo. 

Así pues, me creo nuestras previsiones de crecimiento para este año y el que viene. Creo que iremos a mejor en España y pienso que no habrá una tercera recesión en Europa, pero también que los retos que tenemos por delante son enormes. En cualquier caso, lo que siempre me gusta señalar. Siempre nos hemos levantado. Y todo estaba mucho peor tras la Segunda Guerra Mundial. 

Spain is different. Y en el fondo, la vieja Europa también.