domingo, 29 de noviembre de 2015

Vinos del Mundo - En Defensa de la Ribera del Duero

Con Permiso...

Quienes me conocen bien saben que me encanta el debate, siempre llevado con deportividad, claro está, y es por ello por lo que la crítica, tanto la buena como la mala, nunca me la llevo al terreno personal. Todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones y gustos y asumo que el debate bien entendido siempre te lleva a puntos de vista diferentes que te permiten mejorar. O al menos coger ciertas perspectivas que de otra forma no se te hubieran ourrido. Al final, como decía una excelente profesora de química que tuve en COU, va a terminar siendo cierto que los sistemas cerrados tienden a la entropía, así que bienvenidos sean todos aquellos que nos aportan un soplo de aire fresco y diferente, aún cuando discrepemos con los mismos en algunos o incluso en muchos puntos.

Tal vez por este párrafo introductorio hay quién en mi sector me considera una "rara avis", por cuanto ni me llevo mal con nadie, ni tengo polémicas, ni me tomo a mal puntuaciones o comentarios negativos, afortunadamente cada vez menos, hacia los vinos que elaboramos en PradoRey. Soy plenamente consciente de que tanto los bodegueros, como los enólogos, sumilleres, críticos, prescriptores y periodistas somos personas enamoradas de este mundo y que queremos lo mejor para el mismo, y que bajo ese prisma, todos tratamos de poner nuestro granito de arena para remover conciencias, avanzar o explorar caminos insospechados. Cada uno desde su lugar, cada uno desde el rol que desempeña. Pero aún asi confieso sentirme un tanto sorprendido en los últimos tiempos por las críticas que se están vertiendo sobre la Ribera del Duero, a la que de un tiempo a esta parte le están cayendo palos desde diferentes ámbitos resaltando aquello que aparentemente hacemos mal y olvidándose de buena parte de lo bueno que también llevamos a cabo. Vaya por delante que en muchas de las cosas que se dicen estoy bastante o parcialmente de acuerdo, y subrayo todo lo dicho en las líneas previas, que me lo tomo como un acicate a la mejora imperativa que toda empresa que compite en el mundo global necesita para no quedarse fuera, pero añado con el mismo respeto que muchas críticas se vierten desde la más absoluta lejanía de lo que acontece en la realidad diaria de la Ribera del Duero. No, para conocer lo que se cuece en una región no basta con catar los vinos en una oficina o sala de catas. Hay que pisar el terruño y hablar con una nueva generación de enólogos extraordinaria que es el mejor reflejo de una nueva España, la de los Gasol, Alonso, Rafa Nadal, Iniesta, Carolina Martín o incluso el chef David Muñoz, que se quiere comer el mundo que no se siente inferior a nadie, y que ansía explorar límites desconocidos. Ocurre que los cambios son paulatinos y llevan su tiempo. Al menos en este sector. De acuerdo que no se puede ser juez y parte, así que de entradas pido disculpas si me puede el corazón en algunos párrafos, pero de veras que voy a tratar de ser lo más objetivo posible.

Para entender la Ribera del Duero en la actualidad, no podemos prescindir de su historia. Hablamos de una región que vio como la filoxera le atacó con fuerza en el siglo XIX pero que sobre todo fue la crudeza de su clima la que hizo que mucha gente se replanteara el cultivo de la vid como medio de subsistencia. Tanto es así que cuando en el año 1.982 se crea el Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero tan sólo 6 bodegas estaban entre sus fundadoras, todo ello en una región que se cree ha tenido cepas desde la época de los vacceos. Hoy somos más de 270 bodegas y 800 viticultores. Ribera del Duero es, sin duda una historia de riesgo, de desafío a las condiciones extremas que la naturaleza nos brinda, de valentía y arrojo.Y por si alguno alberga todavía alguna duda, basta señalar que en nuestra región existen cepas plantadas en latitudes que hace apenas 35 años se consideraban imposibles. Sí, la Ribera del Duero también es ejemplo de romper esquemas prestablecidos y el mejor exponente de que el binomio rendimiento - riesgo no sólo es característico de las finanzas, sino también del mundo del vino.

Ribera del Duero fue también en su momento una historia de éxito comercial sin precedentes precisamente por todo lo anterior. Tanto fue así que durante años en la Ribera del Duero faltó vino. Había una demanda que excedía la capacidad productiva de la región y ello incidió, indudablemente, en la toma de una serie de decisiones precipitadas que no siempre fueron las óptimas. Es cierto, y en ello doy la razón a nuestros críticos, que no todo lo que se plantó en aquellos años fue en las mejores zonas, pero también lo es que para  acertar en el cultivo de la vid, cuando se busca a través de ésta elaborar un vino de calidad, hay dos caminos: uno, la propia experiencia de décadas y décadas, la cual apenas existía en la Ribera del Duero por lo expuesto anteriormente; y dos, los estudios que hoy en día se llevan a cabo y que hace 33 años ni de lejos eran tan completos y certeros. Sin embargo y pese a ello, el nivel medio de los vinos de la región no ha parado de subir desde entonces, lo que no sólo resalta el potencial de toda la DO, sino que pone de manifiesto que tan mal no se hicieron las cosas en su día, como también hay quién quiere hacernos creer ahora.

El vino de Ribera es como es. Robusto, tánico, con cuerpo, pero no exento de elegancia. Como me decía un buen amigo enólogo de la zona de St. Emilion (Burdeos), Ribera del Duero es una de las zonas del mundo del vino tocadas por la mano de Dios. Tiene muchas de las bondades de los vinos mediterráneos (frutosidad, estructura, potencia) y bastante de la elegancia y capacidad de guarda de los caldos atlánticos. Es decir, que de partida lo tiene todo. Su uva por excelencia es el Tempranillo, el cual ha sido tildado últimamente como "aburrido" por algunos críticos. Lo respeto, pero antes de entrar en faena, me gustaría apuntar alguna líneas para el público menos ilustrado para explicar por qué es nuestro varietal de cabecera. 

El Tempranillo se llama así porque es la uva "más temprana", la de ciclo más corto. Yo no conozco otra región en España que vea cómo su período sin heladas, el que da pistoletazo de salida al ciclo de la planta,  comiene a finales de mayo y finalice a finales de septiembre. Cuando uno va camino de los Alpes en marzo por las preciosas autovías que transcurren pegadas al Mediterráneo, por ejemplo, ya se pueden ver viñedos en flor tanto en Cataluña como en el sur de Francia. Lo que otras regiones hacen casi en 6 meses, Ribera apenas lo hace en 4. En ese tiempo tiene que brotar la flor, el fruto, madurar por completo y ser recogido. Tela. Esa crudeza de nuestro clima hace que el Tempranillo termine conviertiéndose con el paso del tiempo en lo que la gente llama "Tinta Fina" por la adaptación al entorno, dando como resultado una uva minúscula que confiere un carácter especial y peculiar a los vinos de nuestra región que a mi particularmente me fascina. Todo lo que merece la pena en esta vida cuesta, y la vida de una cepa en la Ribera del Duero no es precisamente fácil.

Ocurre, y en esto también estoy de acuerdo, que en Ribera del Duero en ocasiones nos hemos pasado en las elaboraciones. Con ese punto de partida tan particular, cuando haces extracciones muy agresivas, cuando empleas maderas nuevas y poco amables con la fruta, termina ocurriendo que haces vinos excesivamente complejos, que valen para tomarte únicamente una copa, que te gusta, por cierto, pero que también te agota, y que necesita de una buena carne para acompañarlo. Todo eso es cierto. Durante un tiempo, pocos Riberas fueron mi primera elección para ponerme una copa de vino mientras me leía un libro si este momento idílico no iba acompañado de una buena tapa. Al César lo que es del César, pues, y bajo ese prisma estoy de acuerdo también con muchas de las críticas vertidas sobre nuestra región. 

Los vinos son para disfrutarlos, para compartirlos, pero sobre todo para beberlos. Y todo ello lo digo sin ánimo de restarle un ápice de su magia. Porque detrás de todo gran vino hay una historia de pasión, alma y sueños cumplidos. Hacer un gran vino tiene poco de un proceso industrial y mucho de creatividad y arte. Como me gusta decir, mucha gente estudia Bellas Artes, pero Picasso o Velázquez han habido uno en su época. Hay un conocimiento tácito que no se enseña en las facultades y que permite a los buenos enólogos intepretar lo mejor que ofrece la naturaleza cada añada de forma diferente en una botella de vino. Ese proceso creativo pone los pelos de punta, pero hay que vivirlo desde dentro para comprenderlo en toda su dimensión. Quiero recalcar, no obstante, lo dicho hace unas líneas: sólo podemos aspirar a interpretar la naturaleza. O dicho de otra forma, el protagonismo lo tiene el terruño.

El Tempranillo puede ser igual de divertido o aburido que cualquier otro varietal del mundo. Depende de su elaboración. No es lo mismo una garnacha con toda la extracción en medio alcohólico que otras que lo hagan en medio acuoso y con el racimo dentro del depósito. La evolución que ha habido, afortunadamente, en el sector vitivinícola español, ha sido para todas las regiones. En la Ribera el Duero, como se hacía en casi todos lados, se extraía al final de la elaboración, pensando que cuanto más intenso fuera este proceso, mejor, y luego ya, si acaso, se procedía a repartir el vino por calidades a diferentes categorías de vino. Efectivamente, cuando se hacían así las cosas se perdía por el camino mucho de la tipicidad del varietal y de las características propias del terruño, que es lo que realmente te hace diferente. Y luego estaban las maderas, claro. Y eso que en PradoRey llevamos a gala haber sido los inventores de la categoría Roble, pero la misma incluso, con el paso del tiempo, tambien se fue pervirtiendo. Lo que comenzó siendo un ligero paso por barrica para pulir las aristas tan características de los vinos jóvenes de la Ribera, terminó siendo casi un crianza, en el que la madera predominaba sobre la fruta. Y a menudo había poco hueco para levaduras naturales, aunque comercialmente se haya dicho otra cosa estos años. También en eso estoy de acuerdo con muchas de las críticas que se han vertido. 

Esta forma de trabajar, sin embargo, no ha sido específicamente de Ribera del Duero, sino que ha sido la que se ha estilado en España en los últimos años. El problema de abordar así el viñedo es que a menudo se difumina el origen de la uva y el vino de cada región, incluso de cada pueblo, tiende a estandarizarse. Nos queda mucho por aprender de Francia en ese aspecto, por ejemplo. Todos conocemos el vino de Burdeos, ¿pero sabe la gente que en dicha región hay 55 denominaciones de origen diferentes? Ello es así porque el vino de cada pueblo es distinto, porque lo es su suelo, su pluviometría y su clima también lo son, y que de lo que se trata de poner en valor esa heteorgeneidad. Y ello debería ser así dentro de cada DO española. En Ribera del Duero no es lo mismo el viñedo de la llamada Milla de Oro (Peñafiel y alrededores) que el de la Ribera Burgalesa o la zona de Soria. Ni mejor ni peor, simplemente diferentes. No estoy hablando ni mucho menos de fraccionar la Ribera del Duero, pero sí de la necesidad de poner en valor que dentro de dicha DO existe una diversidad que pone en valor a toda una región y que ahora mismo no estamos sabiendo poner en valor y mucho menos comunicar.

Pero muchos de los "pecados" que se nos achacan creo que desde un punto intrinsicamente empresarial tienen que ver con la juventud de una región a la que se le está exigiendo una madurez que apenas estamos alcanzando en estos momentos. Y el que crea que Ribera del Duero se ha instaurado mientras en la autocomplacencia y en la autoindulgencia como consecuencia de su éxito comercial, de veras que hace mucho que no se pasea en profundidad por la región, aunque como decía antes, cate centenares de vinos de de esta región. Como digo, respeto mucho el trabajo de los críticos, prescriptores, sumilleres y demás y aquí encontrarán siempre a un amigo para debatir, hablar y disfrutar del mundo del vino. Y si ya encima es con una buena botella de por medio, mejor que mejor, pero que nadie dude de que la Ribera del Duero se mueve, que hay gente joven planteándose cosas y que a menudo hay que quitarse prejuicios, hablar con los enólogos, pasearse por los viñedos y entender lo que ya se está haciendo. Que los cambios llegarán poco a poco, porque esto del vino requiere una evolución constante que no siempre se aprecia a corto plazo, pero que la mayoría de las nuevas generaciones que llegan al sector y a la Ribera del Duero, sólo aspiran a hacer algo diferente y a explorar los límites de la región. Y lo están consiguiendo, de verdad, porque están poniendo el énfasis en el viñedo, que como decía antes es lo que nos permite diferenciarnos.

Hoy podemos decir con orgullo que existen bodegas con dos narices arrancando y replantando hasta el 15% de su viñedo en la región, buscando con ello mayor calidad (con el impacto que ello tiene sobre una cuenta de resultados a corto plazo con la que está cayendo), que cada vez son más las bodegas y viticultores que están transformando todo o parte de su viñedoen ecológico buscando con ello volver a dar ese protagonismo a la viña al que antes hacía alusión y que jamás debió perder, que cada vez son más las bodegas que están haciendo extracciones alternativas y disruptivas, apostando por fermentaciones espontáneas y recuperando clones prefiloxéricos que están confiriendo a los vinos de esta región un carácter mineral que no se intuía hasta hace no tanto. Las barricas son cada vez más de segundo año y existe una apuesta firme por el I+D+i en toda la DO que va a desembocar en los próximos meses en anuncios sorprendentes. Todo eso y mucho más está pasando, pero no lo veo reflejado en los artículos que se escriben sobre nuestra región. Y de veras que lo echo en falta.

La Ribera del Duero está viva y su mejor vino está por llegar. La mayoría de sus cepas apenas alcanzan los 25 años, con todo lo que ello significa, y sin embargo presenta una gama de vinos de una calidad pasmosa. En casi todos los lugares del mundo es sinónimo de calidad. Es un caso de éxito se mire por dónde se mire, lo que no quiere decir que no se hayan cometido errores, que no tengamos que replantearnos ciertas hipótesis  de partida. Bienvenida sea la crítica, de verdad, pero que me gustaría que ésta fuera conociendo lo que se está cociendo en esta región, los cambios que están en camino en muchas bodegas y dejando los prejuicios en casa. Y eso sí, reconociendo también todo lo bueno que se ha hecho por el camino. Por algo la prestigiosa revista Wine Enthusiast nos consideró la Región Vitivinícola del año en 2012 A mi, particularmente, lo que se avecina, lo que yo voy conociendo, me pone los pelos de punta. Aunque sea juez y parte.









jueves, 19 de noviembre de 2015

Música - 16 Años sin Enrique Urquijo

Siempre Hay un Precio


Pasan los años y ya suman 16. Y me sigue pareciendo que fue ayer. De esos días en los que uno recuerda perfectamente lo que estaba haciendo cuando me enteré de la noticia. Tenía clase en la Universidad y mi padre, que había puesto el telediario matinal cuando se disponía a llevar a mis hermanos al colegio, me dio la noticia. Habían encontrado muerto en un frío portal de Malasaña, allá en la calle Espíritu Santo, a Enrique Urquijo. Y como siempre, desde que comencé a escribir en este blog, hoy le damos su pequeño y merecido homenaje.


16 años son muchos. Hoy mi padre está jubilado e incluso parece más mayor de lo que es. Y yo, que era un estudiante de tercero de carrera de empresariales, hoy dirijo una empresa y estoy a punto de defender mi tesis doctoral. España entonces luchaba por entrar en el Euro, y el mundo, tal vez, era un lugar un poco más seguro de lo que lo es hoy en día. Nunca nos imaginamos lo que creímos llegar a ser, ni lo que somos ahora. Nunca en la vida nos pensamos que pudieran caer las torres gemelas en Nueva York, ni que pudiera haber un 11-M o lo que ahora está ocurriendo en París. Nunca me imagine trabajando en una bodega y estando en la Universidad como profesor.  Cuesta aceptar que uno ha tomado un camino muy diferente al que se imaginó.


Pero por encima de todo me quedan las lecciones vitales aprendidas en este tiempo. Siempre hay un precio. Somos el resultado de nuestras acciones. Cada alternativa que tomamos cierra otras puertas y nuestras opciones nos marcan de alguna forma el camino. Cada decisión que tomamos en el plano personal o profesional trae consigo unas consecuencias y ello, sin duda, configura nuestra circunstancia. Se hace camino al andar, y somos nosotros los que configuramos nuestro destino. Encantado de ser lo contrario de lo que soñé, como apuntaba Quique González, discípulo del gran Enrique Urquijo, aunque a veces cueste verlo. Sigo soñando todas las noches que todo va bien. Tengo trabajo, mucho, y sigo buscando. Porque la vida mil vueltas da, y en cada una de ellas se baja alguien... Siempre optimista y esperando lo mejor, pero con las canciones de Los Secretos y Los Problemas de banda sonora. Porque nadie como Enrique en lo que cantar verdades como puños se refiere.


16 años sin Enrique Urquijo. Demasiados. Un genio entre los genios. Mi pequeño homenaje. Y ya van 7 años. Ahí es nada.



jueves, 12 de noviembre de 2015

Economía y Sociedad - Sobre Cataluña

Una Visión Sosegada

Me encanta el debate y la reflexión, y desde una sana deportividad reconozco que me gusta argumentar y contra argumentar. Es más, confieso que en la discrepancia soy capaz de admirar a mis rivales cuando en sus planteamientos encuentro puntos de vista que me descolocan, aún cuando no comulgue con ellos. Sin embargo, en lo que al tema catalán se refiere, llevo unos días pensando sobre si escribir o no al respecto. Demasiada crispación. Y mucho sinsentido. Ni tengo vocación de mártir, ni me gusta meterme en charcos.  A ver si logro aportar mi punto de vista sin que se me mosquee el personal. De entrada aclarar que soy nieto, bisnieto y tataranieto de catalanes, y que algo me va en el envite, aún cuando haya nacido en Madrid y me sienta de la capital hasta la médula. Estoy orgulloso de mis raíces y creo tener también algo que decir. Mi bisabuela me hablaba en catalán a menudo cuando yo era pequeño y aún recuerdo cuando se aproximaban los juegos olímpicos de 1992 las sabias palabras de mi madre, cuando me explicaba que si alguien podía celebrar algo así en España, al menos por aquel entonces, eran los catalanes. Somos un gran país, y conviene no olvidarlo. Sobre todo cuando hacemos las cosas juntas.

Pero no, no quiero hacer un post sentimentaloide, como tampoco pretendo hacer política. Prometo no caer en populismos ni en demagogias. Lo mío creo que es la economía y la reflexión serena. Responsabilidad Social, pero en este caso de quiénes de quiénes nos gobiernan, no sólo de las empresas. Necesitamos políticos que mejoren nuestras vidas, no que nos lleven a jardines de difícil salida. Tampoco voy a buscar culpables ni caer en la trampa del "y tú más". Intentaré explicar algunas cosas lo mejor que pueda, pero sobre todo tender puentes. Justo lo que esperaba (y aún espero) de nuestros políticos. Así que si os parece voy a ir planteando algunas preguntas con sus correspondientes respuestas al alcance de todo el mundo. ¡A ver cómo se me da!

1) ¿Roba España a Cataluña? Rotundamente no. Sí que tienen razón los políticos catalanes en exigir otro modelo de financiación autonómica, por cuanto éste es mejorable. Por razones históricas que a mi se me escapan, Navarra y Euskadi aportan menos al estado de lo que les correspondería de acuerdo con la renta de sus ciudadanos. Pero dicho esto, a Cataluña no se le trata peor que a Madrid o Baleares. Ocurre que estas tres comunidades autónomas, por el actual sistema que tenemos, financian al resto de España. Si hiciéramos una regresión logarítmica, veríamos como Cataluña está dentro de la pendiente, al igual que Madrid o Baleares.

En el año 2007, cuando los ingresos tributarios comenzaron a menguar al comenzar a pinchar la burbuja inmobiliaria, la comunidad de Madrid, entonces presidida por Esperanza Aguirre, comenzó a recortar el gasto público. Conviene recordar que las primeras manifestaciones en contra de estas medidas se hicieron en Madrid en el año 2007. Cataluña, gobernada por el tripartito, decidió endeudarse. Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Tanto lo que hizo Madrid como Cataluña es lícito, y ambas decisiones tienen sus pros y sus contras. Hoy Madrid es una Comunidad Autónoma con muy poca deuda pública para cómo está el país y Cataluña tiene demasiada. Tanta que es insostenible y no ha quebrado por la ayuda que le presta el estado. Pero lo que le ha pasado a Cataluña, le ha pasado a la inmensa mayoría de regiones de nuestro país durante esta crisis. Conviene recordar que hace no tanto, casi nos rescatan (y que nuestra banca necesito la ayuda del resto de la UE).

El problema de los nacionalismos, ya sean de Cataluña, País Vasco o incluso español, es que tienden a ser excluyentes y alienan a las personas. Reclutan a mucha gente de buena fe y tratan de que éstos sirvan a una ideología en lugar de ser al contrario, que es lo que debería ser. Al estado le corresponde fijar unas reglas del juego que de alguna forma fomenten la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos de un país. La igualdad es buena y mejora los sistemas económicos. Y cuando las sociedades progresan de la mano de un crecimiento justo y equitativo, toda la colectividad se beneficia de ello. Ocurre también que los sistemas protectores, aún teniendo una finalidad loable, a veces terminan siendo perversos. Y pasa también que en momentos tan duros como los vividos en la actual crisis, ciertos subsidios que tradicionalmente se han venido dando en nuestro país, se entienden mal, o directamente no se entienden. Y esto no sólo pasa en Cataluña, también pasa en Madrid. Lo que ocurre, o al menos así lo creo, es que en la capital tenemos claro que nos toca aportar más al estado y no lo vivimos como un desagravio. Como se dice en mi ciudad, aunque ahora sea Arandino de adopción, "gato no naces, gato te haces". Pienso que esa filosofía cala en Madrid.

Un país sin solidaridad entre sus territorios, jamás saldrá adelante, y el mito de que España nos roba es terriblemente dañino. Si Cataluña llegara a ser independiente, ¿piensan los de Barcelona que no les tocará aportar más que a otras regiones más pobres dentro de la misma? ¿Pensarían, por ejemplo, que, por ejemplo, los habitantes de Gerona les roban? Y si entrasen en la UE, ¿también se negarían a aportar lo que les toque?

2) ¿Puede una Cataluña independiente salir adelante económicamente? A corto plazo seguro que no. Y el problema es que, como diría Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. O dicho de otra forma, el peaje a corto plazo sería una carga creo que inasumible para la sociedad catalana. Vamos por partes. Dos puntos de partida importantes antes de arrancar el análisis: Uno, de acuerdo a la normativa de la UE, Cataluña estaría fuera de la UE desde el primer día; dos, nadie puede echar a Cataluña del Euro, pero no le quedaría más remedio que abandonarlo.

Día 1. La Cataluña independiente tiene que salir al mercado a buscar financiación para cubrir su enorme déficit público. Como no tiene abierto el grifo del BCE al no ser miembro de la UE, y no contar con la financiación del estado español en este caso, a Cataluña no le queda más remedio que crear su propio banco central y emitir su propia moneda para pagar sus deudas y, sobre todo, poder pagar su estado de bienestar, incluyendo pensiones, sanidad pública y nómina de los funcionarios. De entrada las autoridades monetarias catalanas intentarían que la nueva moneda tuviera una paridad con el Euro. 1 Cat, igual a 1 Euro. De tal manera que las familias que tienen ingresos de 1.000 euros al mes y pagan una hipoteca de 500 euros, el primer día, no tienen problema para hacer frente a la misma.

Ocurre que las deudas de las hipotecas, como les pasa a los griegos y es por ello por lo que su salida de la UE es tan difícil, están en Euros y eso es inamovible. Pasa lo mismo con la deuda de las empresas. Lo razonable es que esta moneda nueva recién emitida se devalúe un 40 o un 50% en unos días. Entre otras cosas porque Cataluña tendría que emitir muchísima moneda nueva para hacer frente a sus deudas. Aunque como Junqueras dice, decida no pagar a España lo mucho que le debe (lo que haría todavía más imposible a Cataluña financiarse en los mercados internacionales). Así pues esa misma familia del ejemplo, necesitaría a corto plazo sus 1.000 Cat íntegros para pagar los 500 euros de hipoteca. Familias y empresas no podrían hacer frente a sus deudas y entrarían en default, poniendo en una situación complicadísima a la banca. Cualquier persona con unas mínimas nociones de economía, sacará sus ahorros de los bancos catalanes y se los llevaría a España o a Francia, lo que probablemente obligaría al gobierno catalán a decretar un corralito.

Alguno podría pensar que el tener una moneda más débil podría favorecer a las exportaciones catalanas, pero al estar fuera de la UE, los productos allí producidos llevarían aranceles lo que harían más difícil su comercialización en sus mercados más tradicionales. Y ello sin contar con sus ventas en España, las cuales nunca volverían a ser las mismas tras una ruptura traumática y unilateral.

No tengo ninguna duda de que Cataluña con el tiempo volvería a entrar en la UE, pero a corto y medio plazo tampoco la tengo de que su situación económica sería insostenible. Y una última idea al respecto. Durante dos o tres años, al quedarse al margen de todas las instituciones, y mientras logra entrar en las mismas de forma paulatina, Cataluña estaría en una especie de "limbo" en el que muy posiblemente, no tendría firmado ningún convenio de extradición de delincuentes, lo que le haría un destino muy atractivo para éstos como ha pasado en Kósovo (ejemplo que el nacionalismo catalán ha traído a colación esta semana). 

3) ¿Derecho a decidir? A ver cómo salgo de este punto y me logro explicar. Personalmente no le tengo miedo a las urnas y como creo que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, estoy convencido de que en un hipotético referéndum, con un poco de inteligencia política, los partidarios de seguir juntos tendrían todas las de ganar. Ahora bien, el derecho a decidir para mi tiene claros oscuros. ¿Dónde finaliza? ¿En una Cataluña independiente se le negaría, por ejemplo, su derecho a Badalona, donde Xavier García Albiol ha sido el más votado en los últimos años, a seguir en España? ¿Y al Paseo de Gracia? ¿Y al vecino del 3º en el número 100 de dicha calle? ¿Dónde termina el derecho a decidir? ¿Cómo se acota?

Me educaron en mi casa que mis derechos terminan cuando al ejercerlos atento o pongo en peligro los de los demás. Cataluña es motor en España, una de las Comunidades Autónomas que tiran de nuestro país como explicaba al principio. Una hipotética ruptura unilateral tendría un impacto brutal sobre las empresas de nuestro país (más del 5% de las ventas de la bodega en España se producen allí), pero también sobre las pensiones y el estado de bienestar de nuestro país, construido a partir del esfuerzo de millones de personas que se dejaron el alma trabajando conforme a unas reglas del juego que ahora les quieren cambiar de la noche a la mañana. Incidiría en nuestro crecimiento económico, probablemente en nuestra capacidad de financiación y nuestro déficit público, lo que impactaría en nuestro mercado laboral, probablemente mandando a mucha gente al paro y reduciendo notablemente las posibilidades de salir del INEM a muchos de los que engrosan sus listas. Recordemos que Cataluña es de las comunidades que financia al resto, como Madrid y Baleares. ¿No tenemos el resto de Españoles algo que decir entonces también?

Y por último dejo una reflexión moral: ¿Qué credibilidad tiene una clase política que se salta las leyes que les ha aupado al poder de una institución tan importante como la Generalitat de Cataluña? ¿Cumplirían las de la UE? ¿Con qué garantías?   

4) Los Sentimientos: son de cada uno, como siempre he dicho, y ahí no se puede entrar. Pero el nacionalismo catalán ha tratado de vender este asunto, este problema que ahora como atañe, como algo económico con aquello de que "España nos roba" o el de que sin el lastre del resto de España "vivirían mejor". Nada de eso es cierto, pero sobre todo me queda lo que explicaba hace unas líneas: nos unen muchas más cosas de las que nos separan. Son muchos años viajando fuera a ferias y eventos, acompañado de excelentes colegas catalanes, los cuales piensan de manera diferente y reflejan la pluralidad actual de parlamento catalán. Me acuerdo de Ramón, Marcel, Jordi, Manel, Jaume o Ricard entre otros. Con todos o casi todos he debatido, me he reído y he compartido muchas horas. Todos de nuestro padre y de nuestra madre, pero todos reconociendo que pese a las singularidades de cada región, como decía al principio, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Y muchos de ellos, por cierto, no nacionalistas en algún caso, "jodidos" por el desplome de las ventas en el resto de España, lo que me parece lamentable.

Basta un viaje por Europa o por cualquier lugar del mundo para darnos cuenta de que las personas tenemos mucho más en común de lo que nos creemos. Lo dice alguien que este año se ha pasado 90 días fuera de casa y que ha visitado Alemania (Dusseldorf, Hamburgo, Munich, Hildesheim), Holanda, Dinamarca, Brasil (Sao Paulo, Río, Sao José, Londrina, Campina), México, EEUU (Miami, Houston, Nueva York), China y Japón. La muestra, creo, no es menor. Tenemos derecho a que no nos separen, a que no siembren la semilla del odio en cada uno de nosotros.

Sinceramente, me parece increíble que hayamos llegado a este punto. No logro entender el desafío que plantea Artur Mas, pero sobre todo no me cabe en la cabeza que entre todos se haya permitido que la sociedad catalana esté fracturada y que se haya abierto una herida tan profunda entre conciudadanos de un mismo país. Familiares en muchos casos. Y es que yo, personalmente, no puedo entender una España sin Cataluña.

Nos va a ir siempre infinitamente mejor juntos que separados. Cuando antes comencemos a tender  puentes, mejor que mejor. Y si no lo hacen los políticos, hagámoslo las personas de a pie.

A le memoria de mi bisabuela Josefina Coll Mans, a la que tuve la suerte de concer y con la que pude compartir mis 13 primeros años de mi vida. Ejemplo del seny catalán, y quién desde el cielo, desde esa parte en la que Dios ubica a las buenas personas, estará sufriendo con todo lo vivido estos días.

domingo, 1 de noviembre de 2015

Reinventando El Disparadero

Dando la Vuelta a mi Mundo




Pues casi como quién no quiere la cosa, han pasado 76 días desde mi última entrada en el Disparadero. Casi tantos como lo que tardó Phileas Fogg en dar la vuelta al mundo en el memorable libro de Julio Verne. Aunque los más cercanos sabéis que en este tiempo he tenido unos cuantos viajes, lo cierto es que lo que ha ocupado mis escasos tiempos libres, horas de avión y aeropuertos ha sido el final de mi tesis, la cual ya está entregada y lista para ser defendida en unas semanas. Así que dedos cruzados y último esfuerzo, ahora ya de verdad. Alea jacta est, que dirían los romanos.

Pero lo de Phileas Fogg no lo traía por casualidad. Como explicaba, no he dado la vuelta al mundo en sentido literal, pero sí tal vez de forma figurada. Haber finalizado este camino en forma de tesis me ha dejado vacío, exhausto. Dicen compañeros míos de doctorado que ya han pasado por esto que el verdadero bajón viene después, pero qué queréis que os diga, durante un tiempo he estado seco, y he optado por coger también un poco de distancia con el blog aún cuando reconozca, como decía antes, que tiempo precisamente no me ha sobrado. No sabía sobre qué escribir, sobre qué reflexionar, qué explicar, qué contar. He dado una particular vuelta a mi mundo en este tiempo, en el que además me han ocurrido muchas cosas. Tal vez se me había olvidado, y ya van dos veces, que la vida tiene estas idas y venidas. Que nos pasamos el tiempo planificando y a veces nos olvidamos del presente, del día a día. Es una frase muy manida, pero es que John Lennon era muy grande: la vida es aquello que pasa mientras estamos haciendo ocupados haciendo otros planes. Qué gran verdad. Empecé el verano con unas ilusiones y lo he terminado con la sensación de haber vuelto a la casilla de salida, obviando que la experiencia nunca es en balde y que todo lo que nos ocurre es parte del proceso de aprendizaje. He necesitado, tal vez, rematar la tesis para coger la perspectiva suficiente para recordarlo y asimilarlo. Pero aquí estamos, fuerte, de vuelta y con ganas de contar muchas, muchas cosas. Poco a poco y tal vez de una manera diferente. Seguro que la vida me irá guiando.

Cuando comencé mi doctorado hace ya unos años, creía que iniciaba un camino de crecimiento intelectual pero hoy no tengo ningún problema en reconocer que estaba equivocado. Una tesis es sobre todo un proceso de crecimiento personal. El Fernando que hoy escribe estas líneas es mejor persona que la del 2005 y no tengo ninguna duda al respecto. Seré menos ingenuo y me confieso de no haber sido siempre coherente en este período en el que mientras escribía sobre la Responsabilidad Social de las Empresas, dirigía una PYME en la peor crisis de los últimos 80 años, teniendo que tomar decisiones durísimas en el ámbito profesional. Sin ánimo de justificarme, en este tiempo he comprendido que la vida es precisamente así, una línea que nunca es recta, que te obliga a optar, que cada elección tiene un precio, pero que lo importante es saber cuál es la dirección, hacia dónde te diriges y cuáles son tus valores. Una tesis te obliga a abrir la mente, a aprender y admirar a gente con la que discutes, peleas y discrepas, y eso te hace también más humilde. Una tesis te hace comprender que verdades inmutables hay pocas, y de veras que no trato de hacer un ejercicio de relativismo, que como en la teoría de la evolución, se trata de adaptarse a las circunstancias, pero que ello no debe hacerte olvidar nunca de quién eres y lo que realmente es ético y moral. Luego están tus modelos matemáticos y tus conclusiones, tu esfuerzo intelectual y un trabajo de ordenar y redactar todo aquello que te obliga a una disciplina, pero el verdadero cambio es el de la propia persona. Parir todo esto me ha dejado vacío, exhausto, e incluso un poco perdido. Le comentaba medio en broma a un amigo mío el otro día que necesitaba salir de fiesta, que eso de madrugar un sábado y no tener la obligación de estudiar me estaba dejando KO.

Así pues, toca reinventar El Disparadero, buscar nuevos retos y nuevas ilusiones, que seguro encontraré. A los que habéis seguido este blog en todo este tiempo, pediros disculpas por la ausencia. De veras que no se volverá a repetir. Seguro que la vida, como decía antes, marcará el camino. ¡Bienvenidos de nuevo!

Nos leemos por aquí...