jueves, 12 de noviembre de 2015

Economía y Sociedad - Sobre Cataluña

Una Visión Sosegada

Me encanta el debate y la reflexión, y desde una sana deportividad reconozco que me gusta argumentar y contra argumentar. Es más, confieso que en la discrepancia soy capaz de admirar a mis rivales cuando en sus planteamientos encuentro puntos de vista que me descolocan, aún cuando no comulgue con ellos. Sin embargo, en lo que al tema catalán se refiere, llevo unos días pensando sobre si escribir o no al respecto. Demasiada crispación. Y mucho sinsentido. Ni tengo vocación de mártir, ni me gusta meterme en charcos.  A ver si logro aportar mi punto de vista sin que se me mosquee el personal. De entrada aclarar que soy nieto, bisnieto y tataranieto de catalanes, y que algo me va en el envite, aún cuando haya nacido en Madrid y me sienta de la capital hasta la médula. Estoy orgulloso de mis raíces y creo tener también algo que decir. Mi bisabuela me hablaba en catalán a menudo cuando yo era pequeño y aún recuerdo cuando se aproximaban los juegos olímpicos de 1992 las sabias palabras de mi madre, cuando me explicaba que si alguien podía celebrar algo así en España, al menos por aquel entonces, eran los catalanes. Somos un gran país, y conviene no olvidarlo. Sobre todo cuando hacemos las cosas juntas.

Pero no, no quiero hacer un post sentimentaloide, como tampoco pretendo hacer política. Prometo no caer en populismos ni en demagogias. Lo mío creo que es la economía y la reflexión serena. Responsabilidad Social, pero en este caso de quiénes de quiénes nos gobiernan, no sólo de las empresas. Necesitamos políticos que mejoren nuestras vidas, no que nos lleven a jardines de difícil salida. Tampoco voy a buscar culpables ni caer en la trampa del "y tú más". Intentaré explicar algunas cosas lo mejor que pueda, pero sobre todo tender puentes. Justo lo que esperaba (y aún espero) de nuestros políticos. Así que si os parece voy a ir planteando algunas preguntas con sus correspondientes respuestas al alcance de todo el mundo. ¡A ver cómo se me da!

1) ¿Roba España a Cataluña? Rotundamente no. Sí que tienen razón los políticos catalanes en exigir otro modelo de financiación autonómica, por cuanto éste es mejorable. Por razones históricas que a mi se me escapan, Navarra y Euskadi aportan menos al estado de lo que les correspondería de acuerdo con la renta de sus ciudadanos. Pero dicho esto, a Cataluña no se le trata peor que a Madrid o Baleares. Ocurre que estas tres comunidades autónomas, por el actual sistema que tenemos, financian al resto de España. Si hiciéramos una regresión logarítmica, veríamos como Cataluña está dentro de la pendiente, al igual que Madrid o Baleares.

En el año 2007, cuando los ingresos tributarios comenzaron a menguar al comenzar a pinchar la burbuja inmobiliaria, la comunidad de Madrid, entonces presidida por Esperanza Aguirre, comenzó a recortar el gasto público. Conviene recordar que las primeras manifestaciones en contra de estas medidas se hicieron en Madrid en el año 2007. Cataluña, gobernada por el tripartito, decidió endeudarse. Y de aquellos polvos vienen estos lodos. Tanto lo que hizo Madrid como Cataluña es lícito, y ambas decisiones tienen sus pros y sus contras. Hoy Madrid es una Comunidad Autónoma con muy poca deuda pública para cómo está el país y Cataluña tiene demasiada. Tanta que es insostenible y no ha quebrado por la ayuda que le presta el estado. Pero lo que le ha pasado a Cataluña, le ha pasado a la inmensa mayoría de regiones de nuestro país durante esta crisis. Conviene recordar que hace no tanto, casi nos rescatan (y que nuestra banca necesito la ayuda del resto de la UE).

El problema de los nacionalismos, ya sean de Cataluña, País Vasco o incluso español, es que tienden a ser excluyentes y alienan a las personas. Reclutan a mucha gente de buena fe y tratan de que éstos sirvan a una ideología en lugar de ser al contrario, que es lo que debería ser. Al estado le corresponde fijar unas reglas del juego que de alguna forma fomenten la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos de un país. La igualdad es buena y mejora los sistemas económicos. Y cuando las sociedades progresan de la mano de un crecimiento justo y equitativo, toda la colectividad se beneficia de ello. Ocurre también que los sistemas protectores, aún teniendo una finalidad loable, a veces terminan siendo perversos. Y pasa también que en momentos tan duros como los vividos en la actual crisis, ciertos subsidios que tradicionalmente se han venido dando en nuestro país, se entienden mal, o directamente no se entienden. Y esto no sólo pasa en Cataluña, también pasa en Madrid. Lo que ocurre, o al menos así lo creo, es que en la capital tenemos claro que nos toca aportar más al estado y no lo vivimos como un desagravio. Como se dice en mi ciudad, aunque ahora sea Arandino de adopción, "gato no naces, gato te haces". Pienso que esa filosofía cala en Madrid.

Un país sin solidaridad entre sus territorios, jamás saldrá adelante, y el mito de que España nos roba es terriblemente dañino. Si Cataluña llegara a ser independiente, ¿piensan los de Barcelona que no les tocará aportar más que a otras regiones más pobres dentro de la misma? ¿Pensarían, por ejemplo, que, por ejemplo, los habitantes de Gerona les roban? Y si entrasen en la UE, ¿también se negarían a aportar lo que les toque?

2) ¿Puede una Cataluña independiente salir adelante económicamente? A corto plazo seguro que no. Y el problema es que, como diría Keynes, a largo plazo todos estaremos muertos. O dicho de otra forma, el peaje a corto plazo sería una carga creo que inasumible para la sociedad catalana. Vamos por partes. Dos puntos de partida importantes antes de arrancar el análisis: Uno, de acuerdo a la normativa de la UE, Cataluña estaría fuera de la UE desde el primer día; dos, nadie puede echar a Cataluña del Euro, pero no le quedaría más remedio que abandonarlo.

Día 1. La Cataluña independiente tiene que salir al mercado a buscar financiación para cubrir su enorme déficit público. Como no tiene abierto el grifo del BCE al no ser miembro de la UE, y no contar con la financiación del estado español en este caso, a Cataluña no le queda más remedio que crear su propio banco central y emitir su propia moneda para pagar sus deudas y, sobre todo, poder pagar su estado de bienestar, incluyendo pensiones, sanidad pública y nómina de los funcionarios. De entrada las autoridades monetarias catalanas intentarían que la nueva moneda tuviera una paridad con el Euro. 1 Cat, igual a 1 Euro. De tal manera que las familias que tienen ingresos de 1.000 euros al mes y pagan una hipoteca de 500 euros, el primer día, no tienen problema para hacer frente a la misma.

Ocurre que las deudas de las hipotecas, como les pasa a los griegos y es por ello por lo que su salida de la UE es tan difícil, están en Euros y eso es inamovible. Pasa lo mismo con la deuda de las empresas. Lo razonable es que esta moneda nueva recién emitida se devalúe un 40 o un 50% en unos días. Entre otras cosas porque Cataluña tendría que emitir muchísima moneda nueva para hacer frente a sus deudas. Aunque como Junqueras dice, decida no pagar a España lo mucho que le debe (lo que haría todavía más imposible a Cataluña financiarse en los mercados internacionales). Así pues esa misma familia del ejemplo, necesitaría a corto plazo sus 1.000 Cat íntegros para pagar los 500 euros de hipoteca. Familias y empresas no podrían hacer frente a sus deudas y entrarían en default, poniendo en una situación complicadísima a la banca. Cualquier persona con unas mínimas nociones de economía, sacará sus ahorros de los bancos catalanes y se los llevaría a España o a Francia, lo que probablemente obligaría al gobierno catalán a decretar un corralito.

Alguno podría pensar que el tener una moneda más débil podría favorecer a las exportaciones catalanas, pero al estar fuera de la UE, los productos allí producidos llevarían aranceles lo que harían más difícil su comercialización en sus mercados más tradicionales. Y ello sin contar con sus ventas en España, las cuales nunca volverían a ser las mismas tras una ruptura traumática y unilateral.

No tengo ninguna duda de que Cataluña con el tiempo volvería a entrar en la UE, pero a corto y medio plazo tampoco la tengo de que su situación económica sería insostenible. Y una última idea al respecto. Durante dos o tres años, al quedarse al margen de todas las instituciones, y mientras logra entrar en las mismas de forma paulatina, Cataluña estaría en una especie de "limbo" en el que muy posiblemente, no tendría firmado ningún convenio de extradición de delincuentes, lo que le haría un destino muy atractivo para éstos como ha pasado en Kósovo (ejemplo que el nacionalismo catalán ha traído a colación esta semana). 

3) ¿Derecho a decidir? A ver cómo salgo de este punto y me logro explicar. Personalmente no le tengo miedo a las urnas y como creo que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa, estoy convencido de que en un hipotético referéndum, con un poco de inteligencia política, los partidarios de seguir juntos tendrían todas las de ganar. Ahora bien, el derecho a decidir para mi tiene claros oscuros. ¿Dónde finaliza? ¿En una Cataluña independiente se le negaría, por ejemplo, su derecho a Badalona, donde Xavier García Albiol ha sido el más votado en los últimos años, a seguir en España? ¿Y al Paseo de Gracia? ¿Y al vecino del 3º en el número 100 de dicha calle? ¿Dónde termina el derecho a decidir? ¿Cómo se acota?

Me educaron en mi casa que mis derechos terminan cuando al ejercerlos atento o pongo en peligro los de los demás. Cataluña es motor en España, una de las Comunidades Autónomas que tiran de nuestro país como explicaba al principio. Una hipotética ruptura unilateral tendría un impacto brutal sobre las empresas de nuestro país (más del 5% de las ventas de la bodega en España se producen allí), pero también sobre las pensiones y el estado de bienestar de nuestro país, construido a partir del esfuerzo de millones de personas que se dejaron el alma trabajando conforme a unas reglas del juego que ahora les quieren cambiar de la noche a la mañana. Incidiría en nuestro crecimiento económico, probablemente en nuestra capacidad de financiación y nuestro déficit público, lo que impactaría en nuestro mercado laboral, probablemente mandando a mucha gente al paro y reduciendo notablemente las posibilidades de salir del INEM a muchos de los que engrosan sus listas. Recordemos que Cataluña es de las comunidades que financia al resto, como Madrid y Baleares. ¿No tenemos el resto de Españoles algo que decir entonces también?

Y por último dejo una reflexión moral: ¿Qué credibilidad tiene una clase política que se salta las leyes que les ha aupado al poder de una institución tan importante como la Generalitat de Cataluña? ¿Cumplirían las de la UE? ¿Con qué garantías?   

4) Los Sentimientos: son de cada uno, como siempre he dicho, y ahí no se puede entrar. Pero el nacionalismo catalán ha tratado de vender este asunto, este problema que ahora como atañe, como algo económico con aquello de que "España nos roba" o el de que sin el lastre del resto de España "vivirían mejor". Nada de eso es cierto, pero sobre todo me queda lo que explicaba hace unas líneas: nos unen muchas más cosas de las que nos separan. Son muchos años viajando fuera a ferias y eventos, acompañado de excelentes colegas catalanes, los cuales piensan de manera diferente y reflejan la pluralidad actual de parlamento catalán. Me acuerdo de Ramón, Marcel, Jordi, Manel, Jaume o Ricard entre otros. Con todos o casi todos he debatido, me he reído y he compartido muchas horas. Todos de nuestro padre y de nuestra madre, pero todos reconociendo que pese a las singularidades de cada región, como decía al principio, es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Y muchos de ellos, por cierto, no nacionalistas en algún caso, "jodidos" por el desplome de las ventas en el resto de España, lo que me parece lamentable.

Basta un viaje por Europa o por cualquier lugar del mundo para darnos cuenta de que las personas tenemos mucho más en común de lo que nos creemos. Lo dice alguien que este año se ha pasado 90 días fuera de casa y que ha visitado Alemania (Dusseldorf, Hamburgo, Munich, Hildesheim), Holanda, Dinamarca, Brasil (Sao Paulo, Río, Sao José, Londrina, Campina), México, EEUU (Miami, Houston, Nueva York), China y Japón. La muestra, creo, no es menor. Tenemos derecho a que no nos separen, a que no siembren la semilla del odio en cada uno de nosotros.

Sinceramente, me parece increíble que hayamos llegado a este punto. No logro entender el desafío que plantea Artur Mas, pero sobre todo no me cabe en la cabeza que entre todos se haya permitido que la sociedad catalana esté fracturada y que se haya abierto una herida tan profunda entre conciudadanos de un mismo país. Familiares en muchos casos. Y es que yo, personalmente, no puedo entender una España sin Cataluña.

Nos va a ir siempre infinitamente mejor juntos que separados. Cuando antes comencemos a tender  puentes, mejor que mejor. Y si no lo hacen los políticos, hagámoslo las personas de a pie.

A le memoria de mi bisabuela Josefina Coll Mans, a la que tuve la suerte de concer y con la que pude compartir mis 13 primeros años de mi vida. Ejemplo del seny catalán, y quién desde el cielo, desde esa parte en la que Dios ubica a las buenas personas, estará sufriendo con todo lo vivido estos días.

1 comentario:

guillo dijo...

Totalmente de acuerdo, Fernando, como siempre un gran post.
Déjame subrayar que si se plantea cambiar las reglas de juego en ese espíritu de derecho a decidir, todos los que jugamos con esas reglas tenemos el derecho a decidir si queremos cambiarlas, porque si no sería como el niño que se enfada y a mitad del partido decide que el portero también puede tocar el balón con la mano fuera del área, vale, pero lo decidimos todos.