domingo, 29 de noviembre de 2015

Vinos del Mundo - En Defensa de la Ribera del Duero

Con Permiso...

Quienes me conocen bien saben que me encanta el debate, siempre llevado con deportividad, claro está, y es por ello por lo que la crítica, tanto la buena como la mala, nunca me la llevo al terreno personal. Todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones y gustos y asumo que el debate bien entendido siempre te lleva a puntos de vista diferentes que te permiten mejorar. O al menos coger ciertas perspectivas que de otra forma no se te hubieran ourrido. Al final, como decía una excelente profesora de química que tuve en COU, va a terminar siendo cierto que los sistemas cerrados tienden a la entropía, así que bienvenidos sean todos aquellos que nos aportan un soplo de aire fresco y diferente, aún cuando discrepemos con los mismos en algunos o incluso en muchos puntos.

Tal vez por este párrafo introductorio hay quién en mi sector me considera una "rara avis", por cuanto ni me llevo mal con nadie, ni tengo polémicas, ni me tomo a mal puntuaciones o comentarios negativos, afortunadamente cada vez menos, hacia los vinos que elaboramos en PradoRey. Soy plenamente consciente de que tanto los bodegueros, como los enólogos, sumilleres, críticos, prescriptores y periodistas somos personas enamoradas de este mundo y que queremos lo mejor para el mismo, y que bajo ese prisma, todos tratamos de poner nuestro granito de arena para remover conciencias, avanzar o explorar caminos insospechados. Cada uno desde su lugar, cada uno desde el rol que desempeña. Pero aún asi confieso sentirme un tanto sorprendido en los últimos tiempos por las críticas que se están vertiendo sobre la Ribera del Duero, a la que de un tiempo a esta parte le están cayendo palos desde diferentes ámbitos resaltando aquello que aparentemente hacemos mal y olvidándose de buena parte de lo bueno que también llevamos a cabo. Vaya por delante que en muchas de las cosas que se dicen estoy bastante o parcialmente de acuerdo, y subrayo todo lo dicho en las líneas previas, que me lo tomo como un acicate a la mejora imperativa que toda empresa que compite en el mundo global necesita para no quedarse fuera, pero añado con el mismo respeto que muchas críticas se vierten desde la más absoluta lejanía de lo que acontece en la realidad diaria de la Ribera del Duero. No, para conocer lo que se cuece en una región no basta con catar los vinos en una oficina o sala de catas. Hay que pisar el terruño y hablar con una nueva generación de enólogos extraordinaria que es el mejor reflejo de una nueva España, la de los Gasol, Alonso, Rafa Nadal, Iniesta, Carolina Martín o incluso el chef David Muñoz, que se quiere comer el mundo que no se siente inferior a nadie, y que ansía explorar límites desconocidos. Ocurre que los cambios son paulatinos y llevan su tiempo. Al menos en este sector. De acuerdo que no se puede ser juez y parte, así que de entradas pido disculpas si me puede el corazón en algunos párrafos, pero de veras que voy a tratar de ser lo más objetivo posible.

Para entender la Ribera del Duero en la actualidad, no podemos prescindir de su historia. Hablamos de una región que vio como la filoxera le atacó con fuerza en el siglo XIX pero que sobre todo fue la crudeza de su clima la que hizo que mucha gente se replanteara el cultivo de la vid como medio de subsistencia. Tanto es así que cuando en el año 1.982 se crea el Consejo Regulador de la DO Ribera del Duero tan sólo 6 bodegas estaban entre sus fundadoras, todo ello en una región que se cree ha tenido cepas desde la época de los vacceos. Hoy somos más de 270 bodegas y 800 viticultores. Ribera del Duero es, sin duda una historia de riesgo, de desafío a las condiciones extremas que la naturaleza nos brinda, de valentía y arrojo.Y por si alguno alberga todavía alguna duda, basta señalar que en nuestra región existen cepas plantadas en latitudes que hace apenas 35 años se consideraban imposibles. Sí, la Ribera del Duero también es ejemplo de romper esquemas prestablecidos y el mejor exponente de que el binomio rendimiento - riesgo no sólo es característico de las finanzas, sino también del mundo del vino.

Ribera del Duero fue también en su momento una historia de éxito comercial sin precedentes precisamente por todo lo anterior. Tanto fue así que durante años en la Ribera del Duero faltó vino. Había una demanda que excedía la capacidad productiva de la región y ello incidió, indudablemente, en la toma de una serie de decisiones precipitadas que no siempre fueron las óptimas. Es cierto, y en ello doy la razón a nuestros críticos, que no todo lo que se plantó en aquellos años fue en las mejores zonas, pero también lo es que para  acertar en el cultivo de la vid, cuando se busca a través de ésta elaborar un vino de calidad, hay dos caminos: uno, la propia experiencia de décadas y décadas, la cual apenas existía en la Ribera del Duero por lo expuesto anteriormente; y dos, los estudios que hoy en día se llevan a cabo y que hace 33 años ni de lejos eran tan completos y certeros. Sin embargo y pese a ello, el nivel medio de los vinos de la región no ha parado de subir desde entonces, lo que no sólo resalta el potencial de toda la DO, sino que pone de manifiesto que tan mal no se hicieron las cosas en su día, como también hay quién quiere hacernos creer ahora.

El vino de Ribera es como es. Robusto, tánico, con cuerpo, pero no exento de elegancia. Como me decía un buen amigo enólogo de la zona de St. Emilion (Burdeos), Ribera del Duero es una de las zonas del mundo del vino tocadas por la mano de Dios. Tiene muchas de las bondades de los vinos mediterráneos (frutosidad, estructura, potencia) y bastante de la elegancia y capacidad de guarda de los caldos atlánticos. Es decir, que de partida lo tiene todo. Su uva por excelencia es el Tempranillo, el cual ha sido tildado últimamente como "aburrido" por algunos críticos. Lo respeto, pero antes de entrar en faena, me gustaría apuntar alguna líneas para el público menos ilustrado para explicar por qué es nuestro varietal de cabecera. 

El Tempranillo se llama así porque es la uva "más temprana", la de ciclo más corto. Yo no conozco otra región en España que vea cómo su período sin heladas, el que da pistoletazo de salida al ciclo de la planta,  comiene a finales de mayo y finalice a finales de septiembre. Cuando uno va camino de los Alpes en marzo por las preciosas autovías que transcurren pegadas al Mediterráneo, por ejemplo, ya se pueden ver viñedos en flor tanto en Cataluña como en el sur de Francia. Lo que otras regiones hacen casi en 6 meses, Ribera apenas lo hace en 4. En ese tiempo tiene que brotar la flor, el fruto, madurar por completo y ser recogido. Tela. Esa crudeza de nuestro clima hace que el Tempranillo termine conviertiéndose con el paso del tiempo en lo que la gente llama "Tinta Fina" por la adaptación al entorno, dando como resultado una uva minúscula que confiere un carácter especial y peculiar a los vinos de nuestra región que a mi particularmente me fascina. Todo lo que merece la pena en esta vida cuesta, y la vida de una cepa en la Ribera del Duero no es precisamente fácil.

Ocurre, y en esto también estoy de acuerdo, que en Ribera del Duero en ocasiones nos hemos pasado en las elaboraciones. Con ese punto de partida tan particular, cuando haces extracciones muy agresivas, cuando empleas maderas nuevas y poco amables con la fruta, termina ocurriendo que haces vinos excesivamente complejos, que valen para tomarte únicamente una copa, que te gusta, por cierto, pero que también te agota, y que necesita de una buena carne para acompañarlo. Todo eso es cierto. Durante un tiempo, pocos Riberas fueron mi primera elección para ponerme una copa de vino mientras me leía un libro si este momento idílico no iba acompañado de una buena tapa. Al César lo que es del César, pues, y bajo ese prisma estoy de acuerdo también con muchas de las críticas vertidas sobre nuestra región. 

Los vinos son para disfrutarlos, para compartirlos, pero sobre todo para beberlos. Y todo ello lo digo sin ánimo de restarle un ápice de su magia. Porque detrás de todo gran vino hay una historia de pasión, alma y sueños cumplidos. Hacer un gran vino tiene poco de un proceso industrial y mucho de creatividad y arte. Como me gusta decir, mucha gente estudia Bellas Artes, pero Picasso o Velázquez han habido uno en su época. Hay un conocimiento tácito que no se enseña en las facultades y que permite a los buenos enólogos intepretar lo mejor que ofrece la naturaleza cada añada de forma diferente en una botella de vino. Ese proceso creativo pone los pelos de punta, pero hay que vivirlo desde dentro para comprenderlo en toda su dimensión. Quiero recalcar, no obstante, lo dicho hace unas líneas: sólo podemos aspirar a interpretar la naturaleza. O dicho de otra forma, el protagonismo lo tiene el terruño.

El Tempranillo puede ser igual de divertido o aburido que cualquier otro varietal del mundo. Depende de su elaboración. No es lo mismo una garnacha con toda la extracción en medio alcohólico que otras que lo hagan en medio acuoso y con el racimo dentro del depósito. La evolución que ha habido, afortunadamente, en el sector vitivinícola español, ha sido para todas las regiones. En la Ribera el Duero, como se hacía en casi todos lados, se extraía al final de la elaboración, pensando que cuanto más intenso fuera este proceso, mejor, y luego ya, si acaso, se procedía a repartir el vino por calidades a diferentes categorías de vino. Efectivamente, cuando se hacían así las cosas se perdía por el camino mucho de la tipicidad del varietal y de las características propias del terruño, que es lo que realmente te hace diferente. Y luego estaban las maderas, claro. Y eso que en PradoRey llevamos a gala haber sido los inventores de la categoría Roble, pero la misma incluso, con el paso del tiempo, tambien se fue pervirtiendo. Lo que comenzó siendo un ligero paso por barrica para pulir las aristas tan características de los vinos jóvenes de la Ribera, terminó siendo casi un crianza, en el que la madera predominaba sobre la fruta. Y a menudo había poco hueco para levaduras naturales, aunque comercialmente se haya dicho otra cosa estos años. También en eso estoy de acuerdo con muchas de las críticas que se han vertido. 

Esta forma de trabajar, sin embargo, no ha sido específicamente de Ribera del Duero, sino que ha sido la que se ha estilado en España en los últimos años. El problema de abordar así el viñedo es que a menudo se difumina el origen de la uva y el vino de cada región, incluso de cada pueblo, tiende a estandarizarse. Nos queda mucho por aprender de Francia en ese aspecto, por ejemplo. Todos conocemos el vino de Burdeos, ¿pero sabe la gente que en dicha región hay 55 denominaciones de origen diferentes? Ello es así porque el vino de cada pueblo es distinto, porque lo es su suelo, su pluviometría y su clima también lo son, y que de lo que se trata de poner en valor esa heteorgeneidad. Y ello debería ser así dentro de cada DO española. En Ribera del Duero no es lo mismo el viñedo de la llamada Milla de Oro (Peñafiel y alrededores) que el de la Ribera Burgalesa o la zona de Soria. Ni mejor ni peor, simplemente diferentes. No estoy hablando ni mucho menos de fraccionar la Ribera del Duero, pero sí de la necesidad de poner en valor que dentro de dicha DO existe una diversidad que pone en valor a toda una región y que ahora mismo no estamos sabiendo poner en valor y mucho menos comunicar.

Pero muchos de los "pecados" que se nos achacan creo que desde un punto intrinsicamente empresarial tienen que ver con la juventud de una región a la que se le está exigiendo una madurez que apenas estamos alcanzando en estos momentos. Y el que crea que Ribera del Duero se ha instaurado mientras en la autocomplacencia y en la autoindulgencia como consecuencia de su éxito comercial, de veras que hace mucho que no se pasea en profundidad por la región, aunque como decía antes, cate centenares de vinos de de esta región. Como digo, respeto mucho el trabajo de los críticos, prescriptores, sumilleres y demás y aquí encontrarán siempre a un amigo para debatir, hablar y disfrutar del mundo del vino. Y si ya encima es con una buena botella de por medio, mejor que mejor, pero que nadie dude de que la Ribera del Duero se mueve, que hay gente joven planteándose cosas y que a menudo hay que quitarse prejuicios, hablar con los enólogos, pasearse por los viñedos y entender lo que ya se está haciendo. Que los cambios llegarán poco a poco, porque esto del vino requiere una evolución constante que no siempre se aprecia a corto plazo, pero que la mayoría de las nuevas generaciones que llegan al sector y a la Ribera del Duero, sólo aspiran a hacer algo diferente y a explorar los límites de la región. Y lo están consiguiendo, de verdad, porque están poniendo el énfasis en el viñedo, que como decía antes es lo que nos permite diferenciarnos.

Hoy podemos decir con orgullo que existen bodegas con dos narices arrancando y replantando hasta el 15% de su viñedo en la región, buscando con ello mayor calidad (con el impacto que ello tiene sobre una cuenta de resultados a corto plazo con la que está cayendo), que cada vez son más las bodegas y viticultores que están transformando todo o parte de su viñedoen ecológico buscando con ello volver a dar ese protagonismo a la viña al que antes hacía alusión y que jamás debió perder, que cada vez son más las bodegas que están haciendo extracciones alternativas y disruptivas, apostando por fermentaciones espontáneas y recuperando clones prefiloxéricos que están confiriendo a los vinos de esta región un carácter mineral que no se intuía hasta hace no tanto. Las barricas son cada vez más de segundo año y existe una apuesta firme por el I+D+i en toda la DO que va a desembocar en los próximos meses en anuncios sorprendentes. Todo eso y mucho más está pasando, pero no lo veo reflejado en los artículos que se escriben sobre nuestra región. Y de veras que lo echo en falta.

La Ribera del Duero está viva y su mejor vino está por llegar. La mayoría de sus cepas apenas alcanzan los 25 años, con todo lo que ello significa, y sin embargo presenta una gama de vinos de una calidad pasmosa. En casi todos los lugares del mundo es sinónimo de calidad. Es un caso de éxito se mire por dónde se mire, lo que no quiere decir que no se hayan cometido errores, que no tengamos que replantearnos ciertas hipótesis  de partida. Bienvenida sea la crítica, de verdad, pero que me gustaría que ésta fuera conociendo lo que se está cociendo en esta región, los cambios que están en camino en muchas bodegas y dejando los prejuicios en casa. Y eso sí, reconociendo también todo lo bueno que se ha hecho por el camino. Por algo la prestigiosa revista Wine Enthusiast nos consideró la Región Vitivinícola del año en 2012 A mi, particularmente, lo que se avecina, lo que yo voy conociendo, me pone los pelos de punta. Aunque sea juez y parte.









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