domingo, 22 de mayo de 2016

Empresas - Dudas, Miedos, Vértigos



Sobre la Soledad del Directivo

Desde que oí a Javier Fernández Aguado hablar al respecto, la llamada soledad del directivo es algo que frecuentemente me ha llamado la atención. Siempre que asumes una responsabilidad, que tomas una decisión, aparecen momentos de dudas, miedos y vértigos que tienes que resolver tú solo aunque te veas rodeado del mejor equipo posible. Al igual que el delantero cuando se planta delante del portero tras una buena jugada trenzada por los centrocampistas, como directivo tú también tienes que tomar a menudo decisiones en la más absoluta soledad.

Se supone que en la vida lo deberíamos ir sabiendo, que ella misma nos lo debería enseñar, pero en las escuelas de negocio lo deberían recalcar, casi grabártelo a fuego: es imposible gustar a todo el mundo. Siempre que tomas una decisión te estás exponiendo y eres susceptible de ser criticado. A todo el mundo le gusta mandar… a priori. Cuando diriges una empresa te das cuenta de que la responsabilidad pesa, más o menos, pero pesa, y en el fondo a todos nos contraría cuando no todo el mundo aprecia algo que nosotros hemos pensado tras un tiempo de reflexión y horas de soledad, esa idea que pensamos que es la mejor ponderando todos los pros y los contras, tras analizar todos los puntos de vista. El genero humano es así.

Cuando vas madurando comprendes que en esta vida hay pocas certezas o verdades universales, pero de lo que se trata, tanto en tu faceta personal como en la empresarial, es de tener unos valores y un horizonte al que dirigirte, aunque por el camino, conforme vas aprendiendo en tu día a día, no te quede otra que adaptarte a las circunstancias en la medida de lo posible. Hay que aceptar la crítica. Tanto la buena como la que no lo es tanto, te deben servir para mejorar, nunca para relajarte, pero también, y sin que ello signifique mirarse al ombligo, para aprender a no escuchar en ciertas ocasiones. Las dudas, los miedos y los vértigos son frecuentes compañeros de viaje, pero lo que marca la diferencia entre las personas es la forma en la que somos capaces de gestionarlos.

De nuevo en un aeropuerto, como hace unas semanas, a punto de embarcar y con la sensación de que estoy en un proceso de crecimiento personal y profesional enorme. En unas horas estaré presentando la reinvención de PradoRey al otro lado del mundo, ese camino que hemos emprendido y que no está dejando a nadie indiferente. Y es que algo de la locura de mi abuelo hemos heredado todos los que formamos parte de este proyecto. Bendito equipo el que tengo. Miedos, dudas y vértigos en el equipaje, pero sobre todo con el ánimo por las nubes y seguro de estar por el buen camino. De por sí ya es un triunfo. Próxima parada, Tokio. Allá vamos.