domingo, 31 de julio de 2016

Vivencias - A veces se me Olvida...

Algunas Ideas

Después de lo vivido estas últimas semanas, confieso que me ha costado volver a escribir en El Disparadero. De corazón gracias a todos los que os habéis pasado por aquí para participar, aunque fuera de forma pasiva, en el pequeño homenaje que quise brindar a mi querido primo Santi leyendo su post. Estos días he vivido en una catarata emocional que aún no ha cesado, ni creo que lo haga en algún tiempo. Olvidar lo sucedido es imposible, pero aspiro a poder mirar con perspectiva y quedarme con todo lo bueno y no la enorme tristeza que aún me invade pese a que la vida continúe y no te quede más remedio que  tirar hacia delante sacando la alegría de donde se pueda.

Hace ya más de un mes tuve la cena de los 20 años desde la salida de mi colegio, y fue entonces cuando escribí uno de mis posts favoritos en estos 8 años que llevo En el Disparadero. El "Confieso que he Vivido", no sólo ha sido una de las entradas más sinceras y con mayor número de lecturas en todo este tiempo, sino que dio la casualidad que el primero en comentar y dedicarme unas palabras preciosas en Facebook, fue mi primo Santi. En aquellas líneas recalcaba lo importante que había sido para mi entener que las cosas nos pasan para algo, no por algo. O al menos que no conviene romperse la cabeza tratando de entender el por qué de lo que nos sucede, ya que es muy probable que jamás entendamos las razones y ello nos lleve a un permanente estado de frustración con forma de callejón sin salida. Curiosamente, el sacerdote que ofició la misa por Santi en el tanatorio, para sorpresa mía, hizo hincapié en lo mismo, en lo importante que es enfocarse en los "para qué", aunque aún sea pronto para entenderlos.

Y en ese proceso estoy. Sé que el tiempo hará su labor, aunque sea a largo plazo, pero también que lo que ha ocurrido y sus circunstancias marcarán un antes y un después en mi vida, las cuales ya empiezo a notar. Me siento en medio de un proceso de crecimiento personal y espiritual brutal, aunque a veces se me olvide que crecer siempre duele, como ocurría cuando éramos pequeños, pegábamos el estirón y la pierna nos molestaba. Ocurre, sin embargo, que la vida es, a menudo, mucho más cruda y que sus lecciones más importantes a veces vienen grabadas a fuego. Necesito perspectiva, coger distancia con las cosas del día a día, verlas de otra forma y dejar que esta catarsis culmine para bien, sin atajos ni disfraces.  El Disparadero nunca ha cerrado por vacaciones, y esta vez tampoco lo hará, pero espero que entendáis que este proceso personal en el que esto inmerso desplazará durante unas semanas, quién sabe si meses, a mis habituales reflexiones económicas y empresariales. Tiene que ser así. Lo necesito.

Me salen cientos de frases que no sé concluir, ideas que no sé colocar y siento que en el fondo lo que me pide el cuerpo es volver al origen, dejar al margen atajos y disfraces, desmarcarme de lo común y encontrar refugio en mis valores y mi fe, esa que tal vez no he regado lo suficiente en los últimos 4 ó 5 años. Tal vez las cosas son más fáciles de lo que parecen y somos los humanos los que las complicamos, los que nos esforzamos en buscar antivalores como referentes de éxito y ello nos termina llevando a auténticos escenarios opresivos dónde de puertas para afuera aparentamos tenerlo todo, pero que realmente nos dejan vacíos. Siento que de un tiempo a esta parte he descuidado lo que realmente es importante, lo que realmente permanece. Imagino que con actitud las cosas se irán colocando.

En búsqueda permanente, como siempre, dejando al tiempo hacer su labor, y siendo consciente de que, como dice la canción, "las cosas del alma no se adivinan". A veces se me olvida...