lunes, 5 de septiembre de 2016

Something Good Coming

Algunas Reflexiones

A menudo la gente me pregunta que cuándo es el mejor momento para visitar Ventosilla, y yo suelo responder que desde Mayo hasta Octubre. Entre esos meses el viñedo tiende a ofrecernos un espectáculo sin parangón coincidiendo con el ciclo de la uva. Por San Isidro la planta comienza a mostrar sus hojas, y poquito a poco lo que a posteriori serán las uvas, con cuya recogida dará fin la cosecha de cada año. Por el camino veremos diferentes tontaliades de verdes, unas uvas que se irán tintando, y cuando las hojas estén próximas a caerse, ese color marrón tan característico que confiere al campo en las regiones vitiviníclas un saborío especial.

 Aunque durante todo el año el viñedo me da mucha paz, confieso que es en estos meses cuando lo disfruto más que nunca. Me encanta pasear entre los líneos, correr en perpendicular a ellos por los caminos que los rodean, e incluso montar en bicicleta. A veces, simplemente me basta con sentarme un ratito frente a ellos tratando de arrcanar una mera fotografía que capture un poquito de la belleza del campo. Si encima tienes la suerte de poder hacer un picnic en Valdelayegua, uno de los parajes más espectaculares que conozco, rodeado de gente extraordinaria, amigo, entonces eres un privilegiado. Estás tocado por la mano de Dios y conviene que lo sepas. Al menos así me sentí yo ayer.

Si me guardáis un secreto, os confesaré que de un tiempo a esta parte mis años los cuento de otra manera. Claro que sigo celebrando el 31 de diciembre en familia, con sus uvas (curiosa paradoja) y todo lo que a dicha efeméride le rodea, pero tiendo a pensar en mi vida más por cosechas y vendimias que por los ciclos anuales de enero a diciembre por los que todo el mundo se rige. Lo sé, lo mío con el vino a veces puede parecer un poco exagerado, pero imagino que es lo que hay cuando uno disfruta tanto con lo que hace como yo.  Ahora me hace gracia pensar cómo antiguamente se metían conmigo diciéndome que era un "madrileñín" viendo lo que disfruto yo del campo.

Pero hay más. Y es que en el fondo cada añada es un reto. En función de que hayas tenido una maduración normal, o hayas sufrido accidentes climatológicos de cualquier tipo, en bodega podrás hacer unas u otras cosas. De acuerdo que hay procesos que son análogos y se repiten cada año, pero si realmente quieres sacarle todo el jugo a cada cosecha, debes ser consciente que nunca hay dos que sean exactamente iguales, invalidando cualquier proyecto de estandarización y obligándote frecuentemente a reinventarte. O como me gusta decir, en el fondo sólo podemos aspirar a interpretar de la mejor manera posible lo que la naturaleza nos brinda cada año, comprendiendo, eso sí, que en este mundillo nunca hay nada al azar, y que lo que te vale un año, puede no valerte el siguiente. Personalmente me parece fascinante. En el mundo del vino no hay lugar para el aburrimiento y no puedo negar que me encanta tramar "locuras" con Fran, el enólogo, o incluso dejarme enredar con sus nuevas ideas. Fruit & Flower, Fernando y Fran. Así nos llaman. El hambre y las ganas de comer. Es justo en ese momento cuando te das cuenta que los grandes enólogos son más artistas que ingenieros, y que lo que marca la diferencia entre ellos no es el conocimiento reglado o explícito que se enseña en las carreras, sino el tácito, el que son capaces de incorporar a su hatillo de recursos a partir de la intuición y las experiencias vividas. Realmente ese proceso de creación pone los pelos de punta. Y a mi, como hombre de empresa, me parece una maravilla tener la responsabilidad de gestionar a personas con tanta creatividad. Como me gusta decir, elaboramos sueños con forma de vino. Ahí queda eso.

Siempre que uno sueña, que intenta innovar, hacer cosas diferentes, existen ocasiones en las que las circunstancias no acompañan y que aquello que habías proyectado no sale o directamente sale mal. Incluso hay cosechas en las que sabes que la has "cagado", hablando mal y pronto, y que no te queda otra que nadar a contracorriente... hasta la siguiente vendimia. Entonces la naturaleza, que efectivamente es sabia, te brinda una nueva oportunidad, te da de nuevo un lienzo en blanco con una paleta llena de nuevos colores con los que puedes redimirte de tus errores pasados. Se baja el telón y comienzan a proyectarse de nuevo todos los sueños que caben dentro de una botella de vino. Y si tienes un poquito de sensibilidad, si has tenido un puntito de reflexión acerca de lo que has hecho bien o mal en añadas anteriores, entonces puedes hacer auténticas virguerías.

Como a la cepa, a las personas nos pasa algo parecido. La vida nunca es sencilla y a menudo nos trae sorpresas desagradables que nos condicionan en nuestro día a día. Las cosas no siempre nos salen como queremos y ello nos supone a menudo un auténtico quebradero de cabeza. Pero lo bonito de la vida, lo bueno que tiene la misma, es que como la naturaleza con el viñedo, siempre nos termina dando la oportunidad de jugar un partido de vuelta, de revertir aquello que nos ha dejado tocados y de reinventarnos una y todas las veces que hagan falta. Como me gusta decir, las personas no fracasan, sino que bajan los brazos, dejan de luchar. La derrota, que es inherente a la vida, asumida con actitud y espíritu de lucha, termina siendo necesaria dentro del proceso de aprendizaje de cada persona. Incluso ciertos palos que uno recibe en los partidos que se pierden, a menudo dolorosìsimos, pueden ser un acicate para un cambio a mejor. Un manguerazo de agua fría, lo llamo, que de vez en cuando no viene mal, porque en el fondo, en esta vida, casi todo en esta vida es cuestión de actitud.
 
Que duda cabe que las personas somos contradictorias y ahora que tal vez estoy en profundo examen de conciencia, siento que en los últimos años he estado bastante despistado. Mientras me afanaba en buscar más que nunca la tipicidad de los vinos, la pureza en la expresión del varietal en sus distintas versiones dentro de cada botella, la autenticidad en definitiva, poniendo en valor aquello que supone  la esencia de la uva y del terruño, confieso que me he distraido un poco por el camino de mi vida. Como decía el otro día, me siento en plena regresión hacia lo auténtico. Lo vivido este verano ha sido uno de esos manguerazos de realidad a los que antes hacía alusión y que te brindan una nueva oportunidad de cambio. Arranca la vendimia en unas semanas y comienza mi particular "curso". Creo que esta vez lo voy a bordar. Something good coming, que diría Tom Petty. Vamos a por ello.

¡Va por ti, socio!


1 comentario:

Sara Marti Lara dijo...

Buenas tardes Fernando;
Enhorabuena en primer lugar por tus reflexiones que siempre me atrapan por su contenido tan sincero y me enamoran el alma, es así como lo siento , escribes muy bien , de verdad.

Decirte que sin ser una experta en el tema vinícola del cual solo se lo que en nuestro momento escolar nos enseñaron 😊,, me has puesto al día totalmente y además de una manera preciosa y muy entendible , gracias por ello 😉. Tanto es así que ya me estoy pensando en hacer una Visita a la Bodega cuando pueda y así comprobar in sito la belleza de todo aquel entorno,, al final son esas pequeñas cosas las que no hacen ser felices !!!
Tu actitud , autenticidad y tu espíritu de lucha son el camino perfecto para esa regresión !!!
A por ello nuevamente 🌞😉.
Un beso enorme .