jueves, 19 de agosto de 2010

Economía y Sociedad - Sobre las Subidas en los Precios de los Alimentos

Mercado, Especulación, Clentamiento Global, Cambios Sociales y Políticas Económicas

Imagino que seréis muchos los que como yo, miráis estupefactos hacia Moscú desde hace unas semanas. Según se precipitan los acontecimientos, a cada noticia sorprendente le sigue otra que la supera. Recapitulemos. Primero fue la ola de calor y las temperaturas record que allí se alcanzaron, sin precedentes desde que se registran las mismas. Después llegaron las olas de incendios que han sumido a la capital rusa en una especie de neblina que ha hecho irrespirable el ambiente. Por último, la decisión del Kremlim, como consecuencia de todo lo anterior, de prohibir las exportaciones de trigo hasta el 31 de diciembre ante el riesgo de desabastecimiento de la población. Parece ser que Ucrania y Kazajistan podrían anunciar en breve una medida similar porque las nuevas cosechas vienen también muy pobres debido al calor extremo que ha asolado el este de Europa este verano. Para entender la magnitud de la medida, basta con decir que Rusia es en la actualidad el 4º productor mundial de trigo (por detrás de la UE, China y la India), Ucrania es el 9º y Kazajistan está también en el top 20.

Como no podía ser de otra forma, nuestros bolsillos comienzan a sufrir las consecuencias. El trigo ha subido en los últimos días un 44% su precio. Y los mercados de futuros, lejos de aplacar los ánimos, nos auguran un septiembre caliente. No sólo de pan vive el hombre, como bien apunta el Evangelio, pero el resto de alimentos tampoco están mucho más baratos. En lo que va de verano las naranjas han subido un 25%, el cacao un 18%, el café arábigo un 25% y el maíz un nada despreciable 20%. Parece que se está generando un caldo de cultivo nada positivo que recuerda, en cierto modo, a la crisis alimenticia del año 2007, que llevó a la muerte por inanición de cientos de miles de personas y desató olas de violencia, más propias de otras épocas, en El Cairo y Ciudad de México. ¿Qué está pasando? ¿Qué hay detrás de todas estas subidas? ¿Es el mercado? ¿Son los especuladores? ¿Tiene algo que ver el calentamiento del planeta o por el contrario influyen más las políticas económicas de los diferentes países y los imparables cambios sociales que acompañan cada década? Pues me temo que hay de todo un poco, como en botica.

Hace cosa de un año, Jim Rogers, cofundador junto a George Soros del fondo de inversión Quantum, y economista de prestigio en el sector Commodities, apuntaba "el que quiera hacerse rico tendrá que abandonar los mercados financieros y hacerse granjero". Rogers vaticinaba que nuestra sociedad se encaminaba hacia una época de precios desorbitados en la alimentación como consecuencia del auge de la demanda y la caída paulatina de la oferta. Concretamente hablaba a 20 - 30 años vista. Dice mi abuelo, que de esto sabe un rato, que en el fondo, el agricultor es alguien que deja su dinero a la intemperie y que está expuesto a todo tipo de accidentes climatológicos. Es decir, que las escaseces en las cosechas no vienen de ahora. Hambrunas las ha habido siempre a lo largo de la historia de la humanidad. Pero por encima de acontecimientos puntuales, a menudo regulares y con una carencia casi matemática, la tendencia general es para preocuparse. Reconociendo que 30 años supone un muy largo plazo en economía y que por el camino pueden pasar muchas cosas, lo cierto es que son múltiples las fuerzas que tiran en la dirección apuntada por el socio de Soros. Mientras la oferta cae paulatinamente, la demanda de algunos productos tiene comportamientos "maltusianos".

Comenzamos por el lado de la oferta. La tierra vive en la actualidad un proceso de cambio. Podremos discutir el porcentaje de culpabilidad del hombre, pero la realidad es que nuestro planeta se calienta. La tierra es el mejor ejemplo de un equilibrio inestable. Cualquier variación en cualquier variable de las que definen nuestro planeta, conllevará el que se alcance otro equilibrio completamente diferente. Lo estamos viviendo. Lo que ha pasado en Rusia, Ucrania y Kazajistán es un buen ejemplo. Las inundaciones de la India, Pakistán y China (las cuales se han llevado buena parte de la cosecha de maíz, lo que explica en parte el aumento del precio de éste) también. El calentmiento global parece ser la causa de que los arrozales de Australia, por ejemplo, hayan perdido un 30% de su producción en los últimos años. Se estima que, debido a las sequías más frecuentes que se prevee afecten a China, India, EEUU y Latino América, por esta misma causa estas zonas del mundo podrían perder casi otro 30% de sus cosechas en las próximas décadas.

Hasta los años 60, se lograba satisfacer la creciente demanda alimenticia aumentando a la par el número de granjas y tierras cultivables. Durante dicha década, el auge de los fertilizantes, la mejora de los sistemas de riego así como de las semillas, permitieron a los agricultores mejorar rendimientos de forma espectacular hasta mediados de los 80. El problema es que desde los años 90 vivimos un proceso de retroceso medio anual de las cosechas a nivel mundial de un 1,1%. Las causas son varias. Por un lado, el abuso de fertilizantes y sobre explotación de determinadas tierras, las cuales han quedado seriamente dañadas para la agricultura. Otra, la disminución de las tierras cultivables a nivel mundial. De 0,42 Has. de cultivo por persona que había en el mundo en 1960, hemos pasado a las 0,23 Has. actuales. Aumentarlas no será fácil, salvo que nos carguemos el Amazonas.

La Política Agraria Común (PAC) y las subvenciónes de los EEUU a sus agricultores, han complicado muchísimo también la situación. De un tiempo a esta parte, los países de la OCDE "juegan" a la economía global haciendo trampas. Durante años, a través de sus políticas, han hecho artificialmente eficientes de cientos de miles de explotaciones agrícolas de sus regiones vía ayudas del estado. El efecto ha sido demoledor. Un reportaje brillante de la revista TIME tras las revueltas por la crisis alimenticia del año 2007, hablaba como consecuencia de estas políticas eran muchos los granjeros asiáticos que habían iniciado un éxodo rural, (fundamentalmente en la India y en Tailandia) dejando miles de hectáreas abandonadas a su suerte. Aquello llevó consigo la prohibición de exportar arroz en países como la propiaIndia, sumiendo en una hambruna también sin precedentes (aún mayor de la habitual) a buena parte de la población africana, principales beneficiarios de los excedentes asiáticos.

Ahora que la PAC parece que termina, los países del sur de Europa, encabezados por Sarkozy, están pidiendo a Bruselas que recapacite, de marcha atrás y siga con las subvenciones. La realidad, y aquí hablo en primera persona con conocimiento de causa, es que son pocas las explotaciones agrícolas preparadas para sobrevivir a una era "post-PAC". Al menos en nuestro país. Ya se está viendo que es imposible competir con las fresas que vienen de Marruecos, por ejemplo, o con el trigo de Ucrania (siempre que no haya bloqueos, claro). De momento Bruselas no da su brazo a torcer, pero la realidad es que en Francia se está asistiendo a un claro abandono de las explotaciones agrícolas tradicionales y en España el camino será similar. La cuestión no es solamente económica. Europa no tiene fuentes de energía. Quedarse también sin una industria agroalimentaria le haría políticamente mucho más vulnerable.

Para que nos hagamos una ídea, en las últimas cuatro décadas nuestros vecinos galos han visto cómo los precios obtenidos por sus cosechas han caído un 60%, con una especial aceleración de la caída en los últimos tiempos. Y ello pese a haberse subido al carro de la modernidad. El resultado es que un 26,4% de las granjeros franceses son "oficialmente pobres" estadísticas en mano, las mismas que nos dicen que en dicho país tan sólo hay un 14% de la población que ostenta dicho rango. El progresivo abandono del campo parece, por lo tanto, imparable en Europa, salvo en aquellos sectores que cuentan con una industria agroalimentaria potente y diferencial.

Si hablamos desde el lado de la demanda, la cosa sigue interesante. Comencemos por cuestiones demográficas. La población mundial está aumentando, de acuerdo con Mark Mc Loran de "Agro Terra", a un ritmo de 70 - 80 millones de personas al año. Se espera que para el 2012 seamos ya 7.000 millones de habitantes en este planeta y para el 2024, 8.000 millones. Es cierto que el ratio de fertilidad a nivel mundial ha pasado de 4,5 hijos por mujer en 1970, a 2,6 en el año 2007 y que actualmente se aproxima vertiginosamente a 2,1, pero frente a eso, no se puede negar que en líneas generales la esperanza de vida es mayor en casi todo el planeta. Todo ello nos debe hacer pensar que la presión derivada de las tensiones demográficas, lejos de disminuir, seguirá aumentando.

Seguimos con los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China). De un tiempo a esta parte, los habitantes de estos países han comenzado un imparable proceso de occidentalización y ello se ha traducido en un cambio de los hábito alimenticios. Quieren beber leche, comer carne y desayunar cereales. El auge de la demanda de alimentos ha sido brutal y la tendencia no parece que vaya a suavizarse. Existen estudios, por ejemplo, que señalan que la India de aquí a 20 años será el país con la mayor clase media del mundo. China, de acuerdo con algunas estadísticas tiene ya 40 millones de ricos. Para los que vendemos vino, Brasil es ya un mercado estratégico, mucho más desarrollado que los anteriores y con un crecimiento parece que imparable.

Este auge de la demanda de alimentos, tiene un efecto dominó difícilmente controlable. Si aumenta la demanda de carne o la demanda de leche, no sólo aumentan los precios de ambas, sino que también lo hacen los cereales, porque aumentan las necesidades de pienso para alimentar el ganado y mejorar su rendimientos. Siendo esto cierto la realidad es que en Europa las explotaciones lecheras están arruinadas, sobre todo las nuestras, porque sigue habiendo en la actualidad un exceso de oferta y unas políticas macro económicas llevadas a cabo por distintos países que vician el mercado. Aún así, a muy corto plazo me atrevo a decir que la leche va a comenzar una espiral de subidas. Para que entendamos la dimensión de esta circunstancia, expongo un dato para que cada cual saque sus conclusiones. En China, en un período de 25 años, se ha pasado de consumir 19,95 kgs de carne por persona al año a casi 50. Para producir medio kilo de carne se necesitan 4,5 kgs de trigo y maíz.

En los países desarrollados, vivimos una situación paradójica. El auge de las marcas blancas ha puesto de manifiesto la creciente presión que el consumidor ejerce sobre los precios. Ésta se traslada a la cadena de valor y ello está axisiando a múltiples agricultores de la OCDE. En lugar de apostar por la calidad, por lo original y por lo diferencial, entran en el juego de los canales de distribución modernos, los cuales sólo buscan precio. Si éste no lo pueden encontrar en un país, lo buscan en otro. Así funciona la economía global.

Por último se encuentran los biocombustibles. Ahora dejados de lado, ya que el petróleo, aunque caro (ronda los 80$ el barril), no ha llegado a los niveles del 2008. Cuando la economía vuelva a tirar con fuerza, el precio del petróleo volverá a subir y el interés por los biocombustibles regresará. Salvo los de biomasa de nueva generación (elaborados con deshechos vegetales) y los de caña de azúcar, el resto no solucionan la papeleta medio ambiental y añaden más tensiones a los mercados. Para que tengamos otro ejemplo gráfico, según la revista Time, la inversión en Biocombustibles pasó de 5.000 millones de $ en 1995 a 38.000 millones en el año 2005. Según un estudio de la propia revista, el cereal necesario para llenar una sola vez el depósito de un SUV con Etanol , serviría para alimentar a una persona durante un año.

¿Y qué papel juegan los especuladores? La pregunta es buena y la respuesta no es siempre sencilla. La mayoría de los productos agrícolas cotizan en mercados de futuros. Originariamente, éstos se crearon como mecanismo de estabilización de precios en el sector primario. Recordemos que en el mercado de futuros yo, persona A, compro la opción de ejercer un derecho de compra sobre un bien X, en el futuro, en un momento dado del tiempo. Su finalidad, por lo tanto, era preveer los precios en función de cómo vinieran las cosechas. En la actualidad, son muchas las personas que especulan en estos mercados. El mejor ejemplo es el de "Armajaro", un hedge-fund, que se ha hecho con el 7% del mercado mundial del cacao.

Las evidencias, sin embargo, nos suelen demostrar que los que participan en los mercados de futuros son "los amigos que se apuntan a la fiesta", una vez que ésta ya se ha iniciado. Es decir, agudizan tendencias, pero no las crean. "Armajaro" se ha hecho con tal cantidad de cacao en el mercado de futuros por las malas previsiones de cosecha en Costa de Marfil, lo cual ha disparado los precios. Lo mismo pasa con el café y las informaciones que indican que el ratio "stock-to-use" de la variedad arábiga, está a punto de agotarse.

Como veréis el puzle es complicado y no es fácil entender este berenjenal de fuerzas. Aún así, creo que este ejemplo aclarará conceptos. El maíz ha subido de precio un 20% este año. Detrás de dicha subida se encuentra casi todo lo expuesto. Por un lado se encuentran las inundaciones de China, las cuales han arruinado buena parte de las cosechas. Por otro lado, el auge de la demanda del gigante asiático. No podemos dejar de obviar que las subvenciones de los EEUU, hacen que el maíz norteamericano sea un 50% más barato que el chino. Metemos todo en la coctelera y obtenemos China importa maíz norteamericano por primera vez desde 1996 y que, ni más ni menos, durante el primer semestre, se había hecho con 250.000 toneladas. Suficiente para reventar el mercado.

Dice Goldman Sachs que estos precios no pueden mantenerse mucho tiempo, que las previsiones de las cosechas 2010 - 2011 a nivel mundial no son malas y que la normalidad debería volver a los mercados. Al menos de momento, porque yo me tomaría muy en serio las palabras de Jim Rogers, que en el fondo son las de George Soros. Aunque nunca haya sido santo de mi devoción, si alguien entiende del funcionamiento de los mercados es precisamente él.

2 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Fantástico artículo Fernando. Yo no sé muy bien que pasará, pero me temo que lo que apuntas puede pasar. Siempre me he preguntado por qué Europa, por ejemplo, ha ido reduciendo su producción y no ha protegido su mercado. Tambien porque se está produciendo una sobre explotación de la soja que acaba con otros cultivos tradicionales o por qué se están arrasando tierras para los pastos cuando se sabe que eso puede afectar bastante a cambio climatico. No sé, muchas incognitas quizás debido a mi ignorancia en el asunto, pero en el fondo intuyo que se nos está yendo de las manos.
Un abrazo y enhorabuena

Fernando dijo...

Hola Fernando: Como siempre millones de gracias por pasarte y pedirte disculpas por la tardanza en responder.

Brillante reflexión. Los alimentos son un sector estratégico que va más allá del razonamiento económico y me temo que en Europa se están empezando a dar cuenta ahora. Ahora bien, la incongruencia de jugar al mercado para lo que nos interesa y para lo que no, subvencionamos, no deja de ser interesante.

Detrás de lo de la soja están los biocombustibles, pero ¿sabes una cosa? Energética, alimenticia (como bien apuntas) y climatológicamente la soja como biocombustible es una catástrofe. A ver si encuentro el artículo del TIME y te lo paso.

Un fuerte abrazo