lunes, 28 de junio de 2010

Empresas - Cuestión de Expectativas (y de Diferenciación)

Sobre las Líneas Aéreas
Bueno, pues ya estoy de vuelta tras estar en Berlín. Tengo pendiente escribir algún post al respecto de lo que allí escuché, pero pasado mañana salgo para Harvard y este fin de semana, además, Maru ha salido para Chile donde estará 6 meses trabajando para la agencia EFE. Muchas emociones, vaya. Así que hoy quiero hacer un post "emocional", en el que os voy a relatar algunas de mis últimas experiencias con las líneas aéreas. Sin ir más lejos, mi propio viaje a Berlín de la semana pasada.
Porque ni más ni menos, sufrí un retraso de tres horas a la ida y de otras dos a la vuelta. ¿La compañía? Iberia. No es que quiera poner a caer de un burro a la compañía española, quiero que quede claro, pero sí que me deja perplejo lo mal que se le trata al cliente (y cada vez peor) cuando se trata de subirse a un avión. Con independendencia de la aerolínea. No hablo del trato del personal de vuelo o de tierra, pero sí de la tomadura de pelo que suponen los cumplimientos de los horarios, las esperas y la propia comodidad del trayecto. Ya no sólo es que sea poco frecuente que el avión de uno salga puntual (en el último año, de 8 aviones que he cogido, tan sólo uno ha cumplido su horario), es que uno cabe mal, o directamente no cabe, entre fila y fila. Y si hablamos de comer, ya no es que a uno no le den la clásica bandejita, es que si quiere hacerlo tiene la peor relación calidad precio del mundo.
Las aerolíneas trasladan al consumidor sus problemas operativos (cambios de tripulación, por ejemplo) y apenas hay explicaciones verosímiles (cuando las hay) cada vez que el avión se demora. Así pues, tan solo la imperiosa necesidad de volar para llegar a destinos lejanos, lo mucho que me gusta viajar, me anima a seguir haciéndolo. Si puedo elegir el tren de alta velocidad, desde luego que no hay color. Así que lo reconozco, soy un cliente insatisfecho. Sobre todo con las compañías de toda la vida, las cuales tratan objetivamente peor a sus viajeros que hace unos años.
En el fondo es una cuestión de expectativas. El concepto de satisfacción es un contraste entre expectativas previas y el resultado final de un producto o servicio. En la formación de expectativas, son muchos los aspectos que entran en juego. Las experiencias previas, la imagen de marca, el boca a boca, incluso las acciones publicitarias que las empresas llevan a cabo. Todo ello nos predispone a la hora de adquirir un producto o servicio. Y en el fondo, cuando yo pienso en Iberia, British Airways, Air France o KLM, espero un servicio de calidad porque tengo la imagen de una gran empresa. Por el contrario, si pienso en EasyJet, Ryan Air, Vueling y compañía, tan sólo espero que me lleven sano y salvo a mi destino.
Y es que el mundo ha cambiado. Como dicen Ridderstrale y Nördstrom vivimos en una era Low Cost. La aparición de este tipo de compañías, ha pillado en fuera de juego a las aerolíneas clásicas. Es imposible que las empresas de toda la vida citadas anteriormente, sean las más baratas. Aunque sólo sea porque tienen una estructura empresarial que no se lo permita por muy eficientes que puedan llegar a ser. Ante esa posibilidad, Iberia y compañía tenían dos opciones: una, entrar en una competencia autodestructiva basada en ahorros de costes y precios bajos; dos, optar por diferenciarse aportando mayor valor añadido al servicio. Aunque los manuales aconsejarían lo segundo, la realidad es que se han decantado por lo primero. Doctores tiene la Iglesia, como se suele decir, y si es así, seguro que es el fruto de una concienzuda investigación de mercados, no de una decisión tomada a la ligera. Porque si hay algo que también sabemos, es que la presión del consumidor sobre los precios es mayor que nunca. Así como que las barreras de entrada a nuevos competidores son altas y que las relaciones empresa - cliente nunca están al mismo nivel.
Aún así, yo soy de esas personas a las que no le importaría pagar más por tener 10 centímetros más de espacio en mi asiento, una mayor seguridad de que se van a cumplir los horarios, que no me trasladasen problemas que son de la compañía y que, sobre todo, me compensasen de verdad cada vez que sufriera un retraso. Pero ese es otro error frecuente de todas las empresas. A menudo piensan que todos los clientes son como los suyos y ello les priva de poder atacar otros segmentos que podrían mejorar su cuenta de resultados y fidelizar a unos clientes que en la actualidad ponen todo el énfasis en el precio. Cuestión ésta, por cierto, imitable y nada diferencial.
Así pues, como os comento, pasado mañana salgo para Boston. Más me vale que esta vez no me fallen Alitalia a la ida y Delta Airlines a la vuelta, porque tengo una escala en ambos trayectos. Prometo que si hay ocurre algo significativo os lo haré saber, incluso si me sorprenden para bien, lo cual no es descartable, porque debido a mis últimas experiencias, mis expectativas son más bajas que nunca. Tanto como el precio de un "Low Cost". Que descanséis

lunes, 21 de junio de 2010

Vivencias - Desde Berlín

Reflexiones antes de irme a la cama
Bueno, pues como dice el título del Post, hoy escribo desde Berlín, donde la multinacional SAS organiza un evento al que he sido invitado. Desde mañana y hasta el miércoles tendré el privilegio de escuchar y preguntar en persona a varios primeros espadas del management y la economía mundial. Entre ellos Joseph Quinlan, del Bank of America, Phillipe Wallez, General Manager de Marketing en ING Bélgica, Madeleine Albraight, que fuera número 2 del gobierno de Bill Clinton, Andrew Rashbash, CEO de The Economist o pensadores de la altura de Tom Davenport y Thornton May. Vamos, que voy a disfrutar como un enano y que seguro que me van a aportar argumentos para seguir escribiendo y, fundamentalmente, para seguir creciendo profesional y humanamente.
Pero todo ello será a partir de mañana. Hoy no me quería acostar sin contaros algunas ideas que me han venido a la mente en esta maravillosa ciudad que es Berlín. Tuve la suerte de conocerla hace unos años, allá por el 2005, y ya me impresionó. No sólo por su belleza y su ambiente (bohemio, tolerante y cosmopolita), sino porque creo que su historia, al menos la de los últimos 200 años, es una síntesis inmejorable de la historia contemporánea occidental. Y si no, os invito a que lo penséis: auge de los nacionalismos con la creación de un nuevo estado. Actor principal de la primera guerra mundial. Exponente donde los haya del apogeo de los extremismos irracionales (fascismo en este caso). De nuevo actor principal de la mayor guerra de la historia. Testigo del telón de acero y su caída. Símbolo de una nueva Europa, solidaria, unida, pacífica, abierta y multicultural. Berlín es un buen motivo para creer en este proyecto común que significa la UE. Y todo ello me ha venido a la mente por los ataques, fundamentalmente oportunistas, que estos días está sufriendo el proyecto de moneda común que es el Euro.
Porque el Euro ha sido la guinda de un pastel que ha servido para que la vieja Europa olvidara sus rencillas, aquellas que hace 70 años nos enfrentaban en un campo de batalla, para dar paso a un espacio común de convivencia entre los países miembros de la unión. Desde hace años existe una libre circulación de trabajadores y personas, se han eliminado aranceles y se ha hecho un esfuerzo sin precedentes por fomentar la ayuda de los países más ricos a las economías periféricas menos pudientes (véase España, Portugal y Grecia principalmente). Ahora que esta crisis ha puesto de manifiesto muchas o casi todas las debilidades que tenía y tiene el proyecto de moneda común, yo quiero romper una lanza por el Euro.
Doy por bueno el argumento de que no tiene sentido que exista una política monetaria común y una política fiscal de su padre y de su madre. Admito también que las diferencias entre algunas economías es enorme, a la vez que me permito recordar que no lo son en mayor medida que las que existen entre determinados estados de los EEUU. ¿Qué le falta al Euro entonces, además de lo apuntado? Pues pienso que aprender precisamente del gigante Americano. EEUU es, por encima de todo y parafraseando a Kjell Nördstrom, una idea. Si falta trabajo en Florida, la gente no tiene problema en irse a Atlanta. No hace falta haber nacido allí para ser norteamericano, pero sobre todo, la gente y los salarios son mucho más flexibles al fluctuar las personas en función de la demanda de trabajo por parte de las empresas. Todo el que quiera trabajar tiene cabida allí, independientemente de dónde haya nacido. No hay recelos para emigrar y tampoco existen prejuicios para el buen trabajador que emigra. En Europa, por el contrario, todavía somos reticentes a salir de nuestra patria. Pesa el idioma, claro está, y pesan los prejuicios culturales. Por esta falta de movilidad en un escenario económico común existen, en parte, economías con paro casi cero y otras como España, por encima del 20%.
Pero en el fondo, lo que nos falta es tiempo. La UE ha sido algo muy reciente y el camino, como quien dice, lo acabamos de empezar a andar. Como decía hace algunos párrafos, no hace tanto que Europa se desangraba en la guerra de las guerras y apenas han pasado 20 años desde la caida del telón de acero. Hoy aquí en Berlín me siento más orgulloso que nunca de ser europeo, de nuestros valores comunes con los matices que en cada país puedan existir, de nuestra cultura y de nuestra forma de ser. Lo que hemos recorrido en 70 años es asombroso y no sería justo tirar la toalla ante la primera dificultad. Además, ¿quién dijo que sería sencillo? Desde Berlín, la increíble ciudad que ha visto cómo se cumplía todo aquello que parecía imposible, tanto por lo bueno como por lo malo, me despido por esta noche. Soñaré con nuestra Europa, un proyecto apasionante y complejo, pero que nos ha hecho mejores y que, por encima de todo, merece la pena. Al menos a mi me lo parece. Que descanséis.

sábado, 19 de junio de 2010

Cultura y Deportes - Sobre Saramago y Gasol

Breves Reflexiones

Ayer viernes 18 de Junio de 2010, dos noticias nos sobresaltaron a todos. Por un lado, la muerte de José Saramago, premio Nobel de lilteratura en 1998 y una de las conciencias de nuestra generación. Por otro, la brillante victoria de Pau Gasol en la NBA, consiguiendo así su segundo anillo. Tristeza y alegría, emoción en ambos casos, se unieron ayer para recordarnos las lecciones que estos dos grandes de la literatura y el baloncesto respectivamente nos han dejado.

José Saramago nació en Azinhaga, Portugal, en 1922. Hijo de campesinos pobres y sin apenas medios, logró rebelarse contra un futuro que le presagiaba seguir el camino profesional de sus progenitores. Logrando que un amigo le prestase algo de dinero, pudo comprarse sus primeros libros, los cuales devoró y le animaron a ser escritor. Publico su primera novela en 1947. Se iba a titular "La viuda", pero su editor le convenció para cambiar su nombre por otro supuestamente más comercial: "Tierra de Pecado". Tras algunos libros de poemas y varias novelas, entre ellas la polémica "El evangelio según Jesucristo", le llegó el Nobel a la edad de 76 años.

Pero por encima de sus logros literarios, para mi la figura de Saramago alcanza toda su dimensión por su pensamiento y, fundamentalmente, por ser un referente moral. Su crítica a la sociedad actual, incluyendo a los actuales sistemas democráticos y los largos tentáculos que las multnacionales tienden sobre ella, sus críticas tanto a la derecha como a la izquierda (siendo él un comunista convencido) y sus profundas reflexiones sobre la vida, la muerte y el ser humano, catapultan al escritor portugués afincado en Lanzarote como uno de los grandes pensadores de finales del siglo XX y principios del XXI. En una época en la que, como bien apuntaba Fernando López Fernández en su blog, faltan referentes, Saramago ha sido uno de ellos. Y lo ha sido por su coherencia, por su moral y sus valores pero también por su capacidad de lucha para llegar a ser aquello con lo que siempre soñó.

Polémico en ocasiones, Saramago se sintió siempre libre para expresarse según consideraba. Ello le hizo ganarse muchas críticas. Pero para mi es otro motivo más para admirarle. Porque aún pudiendo no estar de acuerdo, sus opiniones, siembre bien argumentadas y defendidas, eran un ejemplo de cómo el debate, la crítica y el conflicto sirven para crecer. Algo de Saramago no les vendría mal a nuestros parlamentarios.

Pau Gasol, por su parte, estaba llamado a ser un jugador ACB sin más. Era suplente en aquella selección campeona del mundo junior de 1999 en la que destacaban fundamentalmente dos hombres: Raúl López y Juan Carlos Navarro. Cuando dio el salto al primer equipo de Barça, le bastó apenas una temporada para destrozar a todos sus rivales y demostrar que Europa se le habia quedado pequeña. Cuando dio el salto a la NBA, lo hizo para jugar en los Grizzlies, donde pronto se convirtió en la estrella del equipo.

Tras varias temporadas memorables en lo individual pero pobres en lo colectivo, Gasol parecía condenado a pasar a la historia como un grandísimo jugador, All Star incluso, de una franquicia menor y cuyos principales títulos vendrían de la mano de la selección española. Hasta que llegó el mes de diciembre del año 2007 y fue traspasado a los Lakers. Allí coincidió con Kobe Bryant, talento puro bajo sospecha por su malísima relación con Shaquille O´Neal, la cual lastró al equipo de Los Ángeles durante algunas temporadas. Cuando el de Sant Boi aterrizó en los Lakers, éstos eran un equipo sin rumbo. Su llegada cambió el chip del mismo, hasta tal punto que se plantaron en la final de la NBA del año 2008. En aquella ocasión los Celtics ganaron con solvencia y cierta parte de la prensa se cebó con Gasol, al que tildaron como "Gasoft" por su supuesta blandura a la hora de defender.

Lejos de venirse abajo, Pau apretó los dientes y logró ganar su primer anillo en el año 2009 batiendo a los Orlando Magic en la final. Pero no era suficiente. Gasol necesitaba sacarse la espina del año 2008. Ayer, durante muchos minutos, los Lakers estuvieron KO y parecía que la victoria se iba a volver a escapar. En un gran úlitmo cuarto, los angelinos se llevaron el partido y el título. Aunque Kobe fuera elegido el MVP, Gasol ha sido el que mejores números ha presentado en todos los Play Off. Ayer, ni más ni menos, anotó 19 puntos y capturó 18 rebotes. Cuando se le preguntó si no hubiera merecido él el MVP en lugar de Kobe Bryant, hizo gala de nuevo de su humildad y volvió a hablar de EQUIPO, clave en cualquier deporte. Incluso en los individuales. Gasol, al igual que Nadal, es otro ejemplo de persona que ha sabido levantarse y luchar por llegar hasta dónde nadie en nuestro país había llegado nunca, y como el balear, es otro referente moral por su capacidad de sacrificio, lucha, entrega y respeto al adversario.

Saramago y Gasol, Gasol y Saramago. Ayer fue un día de emociones contradictorias, pleno de emociones y lecciones para todos. En una ocasión le leí al escritor portugués decir que las derrotas tenían una parte positiva: que nunca son definitivas. Quien sabe si aquellas palabras no sirvieron de acicate ayer a Gasol.

domingo, 13 de junio de 2010

Empresa y Sociedad - Sobre el cambio necesario

Algunas Reflexiones

Llevo unas últimas semanas bastante intensas a nivel laboral, dónde he podido volver a pulsar de primera mano cómo se encuentran nuestras entidades financieras. Después de mis desencuentros con ellas el año pasado (véase el marketing bancario es mentira I y II) y aún reconociendo que hoy todavía mantengo determinados litigios con alguna, lo cierto es que tengo que reconocer que mis reuniones con los banqueros son un buen termómetro para ver cómo evoluciona realmente nuestra economía. Si hace unos meses uno notaba un cambio y podía percibir como muy poco a poco los directores de oficina volvían a salir a buscar clientes, hoy, por el contrario, percibo que el miedo vuelve a estar detrás de la mayoría de las decisiones de nuestro sector financiero.

Porque parece claro que la crisis de deuda pública ha sido un palo muy duro, no ya sólo para determinados estados, sino para la propia banca Europea. La difícil situación por la que atraviesa España está haciendo, además, que nuestro sistema financiero se encuentre en solfa y que vea cómo vuelve a tener tantas dificultades o más que en el 2008 para obtener financiación en el mercado interbancario. Es decir, que estamos tan mal como en el 2008. Incluso peor, porque durante estos dos últimos años, el Banco Central Europeo ha estado inyectando liquidez a las diferentes entidades financieras de la UE para que el crédito fluyera hacia empresas y familias, con la circunstancia de que este dinero dónde ha ido a parar realmente es a la mayoría de emisiones de deuda pública de los estados miembro de la unión. Dos años después, las empresas siguen sin poder financiarse y los bancos, lejos de recuperarse, están peor.

Siendo todo esto cierto, hace una semana salían publicados unos datos en prensa que a mi me resultaron muy llamativos. La deuda española, entre entidades financieras, hogares, administraciones públicas y empresas no financieras suma ya el 400% del PIB de nuestro país. Si desglosamos por partes, la deuda de las instituciones financieras supone el 107% del PIB, la de los hogares otro 89% del PIB, la de empresas no financieras un ¡143%! y la de las administraciones públicas un no menos despreciable 51%. Tal situación no es asumible para ninguna economía y toca hacer autocrítica, porque sin ir más lejos, en el año 2000, estas mismas instituciones sumaban tan sólo un 150%. Analizando la evolución 2000 - 2009, las causantes del desbarajuste actual son, fundamentalmente, empresas no financieras y entidades financieras. Si las primeras apenas sumaban un 60% en el año 2000, las segundas no llegaban al 10%.

Ha llegado el momento, por lo tanto, de pensar cuánto de crecimiento real ha habido en nuestra economía en estos últimos años y cuánto ha sido única y exclusivamente fruto de la juerga crediticia. Este sistema no es sostenible y sólo así se explica la sangría del desempleo, los peores augurios de recuperación para nuestra economía y la falta de confianza de los mercados internacionales. Ha llegado el momento de sincerarnos y de pensar cuánto de la actual situación de muchas empresas es fruto de la falta de liquidez en los mercados y cuánto fruto de una mala gestión.

Porque esa es la crisis de la empresa española. Existen compañías endeudadas hasta las cejas que empleaban el dinero nuevo, no ya para financiar su actividad, sino para tapar agujeros. Han sido, en muchos casos y con perdón por la expresión, una especie de "yonkis" cuya droga era el dinero nuevo que cada año las entidades financieras iban inyectándoles bajo supuestas nuevas inversiones. En cuanto esa liquidez ha dejado de fluir, muchas compañías no han sabido reaccionar porque siguen aprendiendo a vivir este nuevo escenario en el que hay que ser mucho más fino y riguroso a la hora de hacer las cuentas. Porque esa es otra. En muchos casos se han hecho al revés.

¿Alguien se acuerda el número desorbitado de unidades de Porsche Cayenne que circulaban por nuestras carreteras antes del año 2007? ¿Alguien ha reparado en el nivel de vida que a costa de las empresas muchos ejecutivos llevaban (vuelos en business, comilonas semanales en restaurantes caros, etc.)? ¿Alguno se acuerda de cómo casi por aplaudir te regalaban una tarjeta de crédito sin apenas estudiar tu capacidad de pago? Pienso que en nuestras empresas, financieras y no financieras, hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Pero no es momento tampoco de atacar sin piedad exclusivamente a nuestras compañías porque la familia española tampoco se queda atrás. La morosidad de éstas denotan también unas ansias de llevar un nivel de vida no acorde a las posibilidades reales de éstas. Empezando por la vivienda, siguiendo por los coches y terminando por el nivel de consumo.

Así pues el camino hacia la recuperación será duro, pero sobre todo necesitará de un cambio cultural enorme por parte de todos los españoles. A los bancos hay que exigirles que cumplan con lo pactado, que sean rigurosos y exigentes, pero también responsables y consecuentes, porque han participado activamente en la construcción de este berenjenal. Pero por encima de todo, lo que más tenemos que tener en cuenta, es que no habrá crecimiento económico sin una purga en empresas y familias. Esto ha sido un empacho y ahora toca dieta blanda, lo cual no se lleva nada bien cuando uno se ha acostumbrado al chuletón. Creo que cuando el otro día David Cameron argumentaba que los británicos habían vivido por encima de sus posibilidades y tardarían décadas en poder volver a llevar ese mismo tren, lejos de ser alarmista señalaba la cruda realidad.

Aunque dicen que quien no se consuela es porque no quiere, me apunto una reflexión que me hizo el otro día un amigo. "Es mejor que el ajuste sea así, aunque sea más duro, que con medidas tipo devaluación de la moneda. Eso haría más pobres a todos los españoles, aunque ellos no se dieran cuenta. Aunque fuera más llevadero en el corto plazo, sería peor de cara al futuro". Que así sea.

PD: Si alguno se ha quedado un poco "plof", que piense que hoy falta un día menos para comenzar la recuperación. Como os decía, el que no se consuela es porque no quiere.





lunes, 7 de junio de 2010

Deportes - Sobre Rafa Nadal

Elogio a un Número 1

No quería que se me escapara este domingo sin dedicar unas líneas a Rafa Nadal, brillante ganador por quinta vez de Roland Garros y de nuevo número 1 del tenis mundial. Lo cierto es que lo del manacorí es algo increíble. En toda la temporada de tierra de este año, no sólo ha ganado todos los partidos, sino que tan sólo ha cedido dos sets entre todos los torneos disputados. Probablemente nos daremos cuenta de la magnitud del fantástico jugador balear cuando se retire y pasen unos años. Impresiona saber que con tan sólo 24 años ya ha ganado tantos títulos de Grand Slam como John Mc Enroe, Stefan Edberg o Boris Becker a lo largo de toda su carrera. Y sobre todo, que haya sido capaz de hacerlo en un período en el que ha convivido con el que para muchos es el mejor jugador de todos los tiempos: Roger Federer.

Así que imagino que mañana volveremos a ver portadas de periódicos inundadas con fotos de Nadal y expresivos titulares que encumbrarán de nuevo a nuestro deportista más internacional, con permiso de Pau Gasol. Imagino que pocos se acordarán de los momentos de duda, de aquellos debates y ríos de tinta vertidos por parte de críticos y ex tenistas (entre ellos Agassi) en los que se cuestionaba la posibilidad de volver a ver a nuestro Rafa en el número 1 del tenis mundial.

Porque hace poco más de un año Nadal caía eliminado sorprendentemente en los octavos de final de Roland Garros ante Robin Soderling y comenzaba un calvario en los que los problemas personales (la separación de sus padres) y los problemas físicos se retroalimentaron para dejar KO al manacorí durante un período de más de cuatro meses. Durante los mismos, Rafa tuvo que renunciar a Wimblendon, lo que le hizo perder el nº1 del mundo en favor de Roger Federer. Cuando regresó a las canchas lo hizo tan combativo como siempre pero sin la confianza de antaño. Hizo unas semifinales del US Open pero Del Potro no le dio ninguna posibilidad. Jugó el torneo de maestros y se despidió sin ser capaz de hacer un sólo set ni a Djokovic, ni a Davidenko, ni a Soderling. Para más INRI, comenzó el Open de Australia y en cuartos de final tuvo que retirarse ante Murray por una nueva lesión en la rodilla.

Tal vez por ello este año le vimos en Montecarlo jugando a un nivel estratosférico, pero sobre todo jugando con rabia, o mejor dicho, con alma. Con más alma que nunca. Destrozó a todos sus rivales incluyendo a un fantástico Verdasco, el cual se había deshecho de Djokovic de manera solvente en semifinales. En Roma no jugó a tan alto nivel, pero fue capaz de rehacerse cuando Gulbis, haciendo gala de un saque demoledor, le puso en apuros. Después llegó Madrid, donde se tomó cumplida revancha de lo acontecido en la edición anterior, ganando en la final a Roger Federer con cierta comodidad, al menos en cuanto a sensaciones se refiere. Y llegó Roland Garros.

En la capital francesa Nadal tardó en destapar el tarro de las esencias. Se le notaba ansioso por volver a ganar un Grand Slam, por demostrar a todos aquellos que le habían denostado que no sólo estaba recuperado, sino que había vuelto siendo mejor jugador. Hoy, en la final, ha sacado su mejor versión para pasar por encima de un Robin Soderling que había hecho un tenis increible durante todo el torneo. Al final, cuando el sueco lanzaba esa última bola del torneo a la red, Rafa Nadal se vino abajo y se puso a llorar.

Esas lágrimas que han conmocionado a toda España son las lágrimas de alguien que lo ha pasado realmente mal, de alguien que ha bajado a los infiernos y que ha sido capaz de volver pero sin olvidar. La lección que nos ha vuelto dejar Rafa es aquella que nos recuerda que lo importante no es caer, sino ser capaz de levantarse. Nadal ha vuelto, y lo ha hecho siendo más fuerte que nunca, porque los palos en esta vida sirven para crecer y el balear lo ha aprendido de sobra.

Sin querer hacer sangre de todos aquellos que le dieron por terminado, sí que me gustaría recalcar que su argumento siempre era el mismo: "su juego es demasiado físico. Así no puede durar mucho". No sabemos hasta cuando tendremos a Nadal en plenitud de facultades, pero lo que es cierto es que todos los críticos y "expertos" obviaron lo más importante, lo que realmente hace diferente a Rafa: Nadal tiene un gran físico, pero fundamentalmente es número 1 por lo bien amueblada que tiene su cabeza, lo cual le permite afrontar momentos delicados con una templanza y clarividencia muy superior a la de todos sus adversarios. Sólo con físico no se gana de forma reiterada a un gran Roger Federer. Sólo con físico no se salvan 8 bolas de break como hoy en una final de Grand Slam. Sólo con físico, por ejemplo, no se saca un partido adelante como el de Nico Almagro hace unos días. Pero sobre todo, no basta el físico para levantarse y volver a ser el mejor.

Así pues termino el domingo con una sonrisa en la cara y feliz, muy feliz por una nueva victoria de Nadal. Su tesón, esfuerzo y capacidad de sacrificio siempre me han servido de estímulo y ejemplo. Hoy que Rafa ha vuelto al número uno del tenis mundial, todavía le admiro un poco más. No sólo por el hecho de serlo, sino por el camino tan duro que ha tenido que volver a recorrer. ¡Enhorabuena!

miércoles, 2 de junio de 2010

Economía - Zapatero, la deuda pública y los especuladores

Algunas ideas

Tras un parón propiciado por un exceso de trabajo, problemas técnicos y la boda de mi hermano, el cual se casó en la bodega, vuelvo hoy a la carga a la luz de una serie de lecturas y reflexiones que se han vertido estos días a raíz de la famosa "crisis de deuda pública" que se nos ha venido encima durante estas últimas semanas. Porque el hecho cierto es que me han llamado la atención algunos argumentos de diferentes diputados del PSOE esgrimiendo que, en el fondo, toda la tormenta desatada sobre nuestra deuda en los mercados bursátiles tras crack griego, era más fruto de movimientos especulativos que un reflejo de la realidad. ¿Es eso posible? ¿Hemos sido víctimas de ataques de unos desaprensivos, que perfectamente podrían ser tildados de terroristas financieros? ¿O por el contrario estos comentarios son de nuevo una cortina de humo que quiere tapar los errores de nuestro gobierno? Lo cierto es que la respuesta no es sencilla, así que voy a tratar de exponer algunos datos objetivos para que cada uno saque sus conclusiones al respecto y tengamos un buen debate.

En primer lugar, creo que es oportuno partir de dos premisas. La primera es que el funcionamiento de los mercados se basa, fundamentalmente, en la confianza, la cual se sustenta en la información disponible y las percepciones. La segunda es que, efectivamente, de un tiempo a esta parte los estados están, a menudo, a merced de los mercados, situación que nunca antes se había dado en la historia. Por lo tanto, es cierto que una desinformación o que unos agentes con muy mala leche con un único afán especulativo, pueden generar unos movimientos en cadena que pueden tumbar a cualquiera, como también lo es, como se suele decir, que cuando el río suena es porque agua lleva.

Empezando por la segunda premisa, es necesario que viajemos en el tiempo hasta el mes de julio de 1944, cuando en la localidad norteamericana de Bretton Woods los delegados de 44 países quisieron establecer un sistema monetario y financiero que favoreciese los intercambios comerciales internacionales, poniendo orden para ello en los sistemas cambiaros de la época. De allí salieron dos instituciones clave en la historia económica moderna: el FMI y el llamado en su momento Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento, posteriormente Banco mundial. El sistema monetario que surgió a partir de aquella cumbre se basó en el patrón dólar - oro. Durante aquella época de la posguerra mundial, EEUU logró tener un saldo de exportaciones netas muy positivo como consecuencia de todos los productos y bienes de equipo que exportó a Europa para su reconstrucción.

Ocurrió, y me váis a permitir que no entre en tecnicismos demasiado complejos, que el patrón dólar - oro terminó siendo un corsé para la política monetaria estadounidense. En 1971 la balanza comercial de los EEUU se volvió deficitaria por primera vez desde el siglo XIX. Sus reservas de oro tan sólo podían cubrir una sexta parte de sus pasivos en dólares frente a otros países. Por ello, el presidente Nixon decidió, de forma unilateral, desvincular el dólar del patrón oro. Ello, implicó, para que todos nos entendamos, la desmaterialización del dinero por primera vez en la historia. Es decir, que éste, como bien define María Novo en su libro "El Desarrollo Sostenible", pasó a ser un simple papel sin más respaldo que el que reconozca el Estado que lo emite. EEUU siguió emitiendo papel moneda con cada vez menos oro que lo respaldase, mientras que inicia a la par, bajo la tutela de Milton Friedman, un proceso desregularizador de la economía que desvincula a los poderes económicos del poder político.

Durante las décadas siguientes, y al amparo de la revolución de las tecnologías de la información, el dinero siguió desmaterializándose al calor de las tarjetas de crédito y los ordenadores. A su vez, los procesos liberalizadores de la economía alcanzaron cotas históricas. Todo ello permitió la circulación de capitales por todo el mundo a velocidades sin precedentes. La consecuencia de lo expuesto fue que asistimos a un nuevo fenómeno en el cual se pasó de una economía real a una economía básicamente financiera en la cual los estados quedaron, como se ha expuesto, a merced de los mercados, ya que según algunas fuentes, el capital industrial tan sólo supone en la actualidad el 8% del capital acumulado mundial mientras que el financiero suma ya el 92% restante.

Retomando ahora la primera premisa de la que hemos partido y asumiendo que especuladores en la economía los va a haber siempre, cabe preguntarse cómo supuestamente han podido colarse en esta fiesta de la deuda pública europea. Durante los años 90 surgió el ya triste y famoso derivado financiero llamado Credit Default Swaps (CDS), los cuales son, fundamentalmente, un seguro, un mecanismo según el cual se puede transferir el riesgo de impago de un crédito de una empresa a otra mediante el pago de una prima. La principal diferencia entre un CDS y un seguro convencional estriba en que en este último la legislación exige que hayaun bien asegurable. Con un CDS, en cambio, un inversor puede contratar protección frente al impago de una emisión de bonos que no tiene en su cartera de valores. Otra diferencia se fundamenta en que las compañías de seguros deben hacer acopio de reservas en sus balances para hacer frente a posibles siniestros en el hipotético caso de que se produzcan,mientras que en el negocio de los CDS está obligación no existe (recomiendo la lectura al respecto de Juan Ignacio Crespo en El País Negocios hace un par de semanas).

Puede ocurrir por lo tanto, como le pasó a AIG, que cuando se produzca un impago de una emisión de bonos, por ejemplo, la aseguradora carezca de fondos para hacer frente al siniestro. Incluso puede pasar que exista un número de CDS que superen el valor de la deuda en circulación, ya que éstos se pueden emitir de forma ilimitada. Por lo tanto, y como brillantemente apunta Juan Ignacio Crespo, la única ligazón entre CDS y la economía real es la probabilidad de que algo falle y una empresa o estado no puedan hacer frente a sus deudas.

Son varios los economistas que atribuyen a los CDS ciertas dotes de señal de alarma. Existen indicadores bursátiles basados en los mismos que se han comportado con de una forma u otra anticipando futuras turbulencias o bonanzas económicas. Así por ejemplo, se sabe en en el año 2007 estos índices anticiparon peligros futuros para la economía mundial mucho antes que las bolsas. Entre ellos el iTraxx Crosover a 5 años, por ejemplo, duplicó en pocos días su percepción del riesgo de crédito y se adelantó unas semanas a los posteriores hundimientos bursátiles.

Lo interesante de este caso es analizar qué ha pasado con los CDS vinculados a la deuda soberana de los países. En el caso de Grecia actuó también como un importante indicador adelantado, tanto para lo bueno como para lo malo. En el caso de España, los índices están mandando señales negativas desde el mes de agosto, cuatro meses antes del inicio de la actual crisis de deuda.

Lo que muchos miembros del actual equipo de gobierno piensan, entre ellos el propio presidente José Luis Rodríguez Zapatero, es que los CDS, más que ser un elemento de previsión, han sido objeto de movimientos destinados a alterar su precio para que de esa manera se crease una tendencia parcialmente artificial que, bien no se hubiera producido, bien no hubiera sido de tanta intensidad, encaminada a favorecer los intereses de unos pocos. En el fondo es la fábula del huevo y la gallina.

La historia, como siempre, nos ha dejado lecciones impagables al respecto y una de las más recientes nos la dio la crisis del petróleo, apenas un par de meses antes de la caída de Lehman Brothers. El 11 de Julio del 2008 el barril de Texas se cotizaba a razón de 147,27$. Como en la actualidad, los principales líderes políticos achacaron aquella subida a la especulación a la que el oro negro había sido sometido en el mercado de futuros, el cual permite acordar la compraventa de una cantidad concreta de un valor (activo subyacente), en una fecha futura predeterminada (fecha de liquidación), a un precio convenido de antemano (precio de futuro). Los mercados de futuros también se han revelado históricamente como buenos indicadores adelantados de la previsible escasez de un bien. En el mercado de futuros existen dos tipos de agentes: los comerciales y los especuladores. Un informe de la "Commodity Future Trading Commision" encargado para analizar si las alzas del precio del crudo se debían realmente a una "panda de desalmados" o a meros movimientos del mercado, concluyó que existía una correlación clara entre las alzas del petróleo y las tensiones entre oferta y demanda, así como también se observaba que eran los especuladores los que seguían a los movimientos del mercado y no a la inversa.

La conclusión que yo saco, por lo tanto, es que estamos mal por deméritos propios, que con más de un 20% de paro, sin una política monetaria a la que agarrarnos y con un importante déficit público, los mercados nos penalizan por hacerlo objetivamente peor que otros países y que, probablemente, los movimientos de los CDS tan sólo avisaron de una realidad que en ningún momento se ha parecido a la que nos quería pintar nuestro gobierno cuando, paradójicamente, por aquellas fechas en las que los mercados de CDS daban las primeras alarmas, seguía defendiendo aquello de los brotes verdes.

Cuando comenzó la crisis, en más de un post argumenté que los estados habían fallado estrepitosamente en su labor de supervisión. Tal vez lo que esta crisis de deuda nos ha mostrado es que éstos llevan haciéndolo, no desde hace una década como ingenuamente habíamos pensado, sino desde hace más de 30 años. Tal vez ello nos llevaría de nuevo a aquel interesante debate sobre la conveniencia o no de las innovaciones financieras, el crecimiento económico y la dificultad de legislar a la misma velocidad que avanza el mundo. Pero ese ya es otro tema.

Lo que le queda a nuestro gobierno, por lo tanto, es asumir que por encima de enrevesadas teorías conspirativas, existen motivos para que nos vean mal, o al menos para que los mercados no confíen del todo en nosotros. El resto son sólo los amigos que se apuntan al bombardeo. Al menos así me lo parece.