domingo, 28 de noviembre de 2010

Banda Sonora - One (U2)

De cuando nos cambió la voz

Me pasa de vez en cuando pero reconozco no poder evitarlo. Me gusta recordar viejos tiempos, echarme unas risas viendo fotos antiguas y pensar con cariño en dónde estarán aquellas personas que fueron importantes en mi vida y de las que hace tiempo ya no sé nada. Decía Enrique Urquijo en su última canción, "Hoy la vi", que la nostalgia y la tristeza suelen coincidir, y creo que tiene razón. No es que uno piense que cualquier tiempo pasado fue mejor, porque optimista por naturaleza como soy (o tal vez pesimista mal informado, como dirían Tip y Coll) tiendo a pensar lo contrario, que lo mejor siempre está por llegar. Ocurre sin embargo, que en su dia se me quedó grabado a fuego el Carpe Diem de Horacio, por lo que tiendo a sacarle todo el jugo a cada momento de mi existencia, quedándose tatuados en mi todos los buenos momentos compartidos. Tiene su parte buena, porque pocas veces me aburro y me considero una persona feliz que sólo puede dar gracias por todo lo vivido, pero su contrapunto es no poder evitar ponerse algo "bizcochón" cuando uno piensa en todo aquello que no volverá.

Corría el año 1.991 cuando mis padres decidieron que a mis 13 años ya estaba mayorcito para irme a aprender inglés a Irlanda. Hasta entonces había sido carne de inolvidables campamentos de verano con los Marianistas en su residencia de Buendía, muy cerquita del pantano del mismo nombre. Recuerdo aún cómo me subí a aquel avión destino Dublín sin conocer a nadie y con un nudo en la garganta. Rumbo a lo desconocido y con más miedo que vergüenza, aterricé en el otrora llamado "Tigre Celta".

Vivía con una familia, los Daly, y de lunes a viernes tenía clase de inglés en el Saint Laurence College, dónde compartía pupitres con otros muchos españoles que como yo pasaban unas semanas por aquellos lares. Aquellos primeros días fueron duros, porque aunque me considero extrovertido, lo cierto es que era de los más pequeños del curso y no me resultó sencillo encontrar acomodo  más allá de mi familia de acogida. Afortunadamente el fútbol abre muchas puertas. Se organizaba un campeonato en el propio Saint Laurence  y allí que me apunté. Mis compañeros de aquel equipo, fueron mis primeros amigos españoles en Irlanda.

Terminó aquel verano de 1.991 y me volví para Madrid con una sensación extraña. Lo pasé de cine,  me hice muy amigo de aquellos con los que compartia vestuario, pero me quedé con la sensación de que tal vez no volvería a verles. No existían redes sociales ni internet por aquel entonces, tan solo papel y boli, y la verdad es que aquel invierno no me esforcé mucho en escribir. Para sorpresa mía, no sólo volvieron en 1.992 la gran mayoría, sino que muchos trajeron más amigos, sobre todo Nacho Casado, de Valencia, logrando juntar entre todos una pandilla inolvidable. No sólo pasamos aquel verano juntos, sino que repetimos en 1.993 y 1.994, cada vez siendo más numerosos, cada vez compartiendo más cosas, cada vez siendo más amigos.

Aquellos inviernos esperaba ansioso a que llegara mi padre de trabajar y subiera el correo. Todas las semanas tenía cartas, las cuales todavía guardo como oro en paño. Tal escandalosa era la correspondencia, que mis progenitores amenazaban con ponerme un buzón para mi solo. Solíamos ir a las Fallas y hacíamos por vernos en verano tras nuestro periplo irlandés, ya que todos solíamos veranear en el Levante español. Fueron unos años maravillosos, llenos de anécdotas y buenos momentos, pero sobre todo, ahora que recuerdo todo aquello desde la distancia, de mucho crecimiento. Nunca se me olvidará que el Sr. Daly, el día que me llevó a coger el autobús que nos llevaba al aeropuerto mi última noche de mi estancia durante el verano de 1.994, me dijo emocionado y medio quebrándosele la voz "llegaste siendo un niño hace tres años y hoy te vuelves hecho un  hombre".

Porque durante aquellos veranos nos cambió la voz. Nos hicimos mayores sin darnos cuenta.Aquellos sacos de hormonas que éramos (como le gusta decir a mi buen amigo Raúl Calavia) nos fuimos transformando y pegamos un estirón físico y humano que nos cambió para siempre. En ese momento tan crítico que siempre es la adolescencia tuve unos compañeros de viaje estupendos que me han marcado para bien para toda la vida.

Desgraciadamente el tiempo pasa inexorablemente y aquella amistad que creíamos inquebrantable fue quedando a un lado atosigada también por la distancia. Aunque me juré mil veces que nunca dejaría que aquellos vínculos se rompieran, lo cierto es que a día de hoy mantengo el contacto sólo con algunos de aquella maravillosa pandilla. A otros les pude "reencontrar" a través de "Facebook" pero sigue habiendo de quiénes no sé nada de nada. Observo con alegría a través de la red que aparentemente a todos les va muy bien, que los hay ya con niños y todo, y que la gran mayoría ha estudiado aquello con lo que soñaba cuando nos conocimos. Es rara la semana que no me acuerde de ellos, que no piense en aquellas vivencias que compartimos y que no me pregunte si tal vez pude hacer algo más por mantener aquella amistad que tan importante fue para mi. Imagino que la vida es así y que estas cosas pasan, que vivimos en una época en la que las cosas pasan a toda pastilla y que bastante tenemos con mantenernos cercanos a quiénes nos rodean. Pobre consuelo para alguien que le gusta recordar y que cree que, efectivamente, la nostalgia y la tristeza tienden a coincidir.

En aquellos años, el grupo Irlandés por excelencia, U2, sacó su magnífico "Achtung Baby". Yo no puedo evitar emocionarme y pensar en José Carlos, Quique, Nacho Casado, Nacho Codoñer, Marta, Carlos, Ana, Eugenia, Manolo, Ana María, Dani, Antonio, Pepe, Gloria, Sara, Yara, Begoña ,Vicente y Ricki, en recordar todas y cada una de nuestras historias de por aquel entonces, cada vez que escucho "One". Por todos ellos, y por los que me haya podido dejar en el tintero ,va este post. Por los buenos viejos tiempos y por los mejores que están por llegar os dejo el vídeo de la canción. ¡Qué la disfrutéis!

sábado, 20 de noviembre de 2010

Economía - Sobre un lío morrocotudo

Economía, Política y Gobiernos Desorientados

Hace unos días El Disparadero cumplió dos años y no pude evitar curiosear aquellos primeros posts en los que ya trataba de esta crisis económica tan dura en la que seguimos metidos. Aunque ya se intuía que iba a ser gorda, creo que casi ninguno imaginábamos que fuera a tener tantos capítulos. No lo digo tanto por la duración de éstos, sino por la disparidad de los mismos. Lo que comenzó como una crisis financiera, no tardó en comenzar a convivir (y retroalimentarse) con una crisis económica de primer orden. Así que aquí seguimos dos años después, sin saber qué hacer ni cómo salir, porque hace mucho que yo no recuerdo un mes tranquilo, ya sea a nivel micro o macro. Tal vez lo más descorazonador y lo que genera más desconfianza es la apariencia de que quienes están tomando las decisiones a nivel mundial, están tan perdidos como el ciudadano de a pie que sufre las consecuencias de esta recesión. Tal vez habría que remontarse a los años previos a la II Guerra Mundial (guerra fría al margen) para hallar posturas tan encontradas en cuanto a soluciones económicas se refiere.

Estos días he estado hablando con amigos, familiares y colegas de profesión respecto a los últimos coletazos de este lío que tenemos montado a nivel global. Ahora peligran Irlanda y Portugal, vivimos una guerra de divisas y mientras en la UE se ha puesto el empeño en la vuelta a la ortodoxia presupuestaria en las arcas públicas, los EEUU le han dado a la "maquinita de hacer dinero" para inyectar 600.000 millones de $ a la maltrecha economía norteamericana. Las preguntas que más escucho, en síntesis, son las mismas que viene haciéndose el ser humano desde hace millones de años, sólo que aplicado a la actual coyuntura: ¿Quiénes somos? ¿De donde venimos? ¿A dónde vamos?

La semana pasada tuve la suerte de coincidir con Pilar Gómez Acebo en la jornada que la Consultora Empieza organizó en Melilla y de la que ya os di cuenta en un post. En su maravillosa ponencia hablaba de que todas las crisis económicas compartían en su origen cuatro características: Avaricia, codicia, falta de confianza y cortoplacismo . Podemos decir, por lo tanto, que en la propia naturaleza humana subyacen los condicionantes para generar un crack en toda regla. Es importante tenerlo en cuenta, porque luego el vehículo en el que se representan (véase hipotecas subprime, estafas piramidales, etc.), es accesorio. Los antecedentes de nuestra crisis vienen marcados por una juerga de deuda sin parangón en empresas y familias, amparada por un sistema financiero altamente irresponsable, con especial hincapié en los EEUU, que trató de rizar el rizo con productos altamente especulativos e increíblemente tóxicos.

Tras la caída de Lehman Brothers, y perdonad que vaya a simplificar mucho la historia, los gobiernos de todo el mundo trabajaron de forma coordinada para evitar la quiebra de los principales bancos de todos los países de la OCDE, así como iniciaron una expansión sin precentes del gasto público para tratar de reanimar la economía. Se evitó en primera instancia lo peor, pero la reanimación económica fue solo un espejismo (aunque alguno creyó ver brotes verdes). Para sufragar los déficit incurridos en las arcas públicas, los gobiernos comenzaron una emisión también sin precedentes de deuda pública. 
Los bancos, los cuales habían sido rescatados con un dinero a un tipo de interés irrisorio, en lugar de prestar el mismo a empresas y familias, suscribieron la citada deuda pública ante la escasa confianza que el sector privado genera en estos tiempos que corren.

Tras estos primeros pasos coordinados de los principales líderes mundiales, nos encontramos ahora con que la economía apenas se ha reactivado y que no queda margen para más acciones de política fiscal (esto es, aumento del gasto público). Algunos países, expuestos al mercado, o han quebrado (caso de Grecia), o están cerca (Irlanda, Portugal) ante la duda más o menos razonable de su capacidad para hacer frente a los pagos de su deuda pública. España no debería caer, pero dadas las circunstancias y lo vivido estos dos años, no es conveniente poner la mano en el fuego por nadie

Toca, por lo tanto, reducir el déficit público para mejorar las cuentas públicas, pero sobre todo para mejorar las expectativas de los inversores (aspecto que está por ver que se logre). Es por ello por lo que se han retirado muchos de los estímulos que en su día los gobiernos introdujeron. Las distintas velocidades, fundamentalmente dentro de la UE, están generando un malestar social no menos interesante. Probablemente a Alemania estaba ya en situación de disminuir el gasto público, como también es posible que, desde un análisis estrictamente macroeconómico centrado en el crecimiento del PIB y la generación de empleo a corto plazo, tal vez fuera demasiado pronto para España, Irlanda, Portugal e incluso Italia. Bajo una perspectiva más amplia, el tsunami y el efecto contagio que supondría la caída de estos países, hacen aconsejable el cierre del grifo. Porque la caída de los citados países de la UE probablemente arrastraría a buena parte de la banca mundial a la quiebra, lo que nos devolvería al año 2008 pero en peores condiciones.

¿Por qué EEUU está optando por otra medida completamente diferente? El gigante norteamericano no está optando tanto por una política fiscal expansiva como por una política monetaria expansiva. Es decir, por meter más dinero en circulación. El argumento que la FED esgrime, al menos de forma oficial, y de nuevo simplificando, es que al existir más dinero, el precio del mismo baja (es decir, el tipo de interés) y que ello debería animar la inversión. La realidad es que los tipos de interés ya están muy bajos en los EEUU y que tan sólo la expectativa de un incremento significativo de la inflación a corto plazo, aspecto poco probable, podría animar a la gente a mover sus dólares. El objetivo oficioso, negado por las autoridades norteamericanas,  es devaluar su moneda para mejorar sus exportaciones a corto plazo. ¿Por qué hace eso EEUU? Fundamentalmente para contrarrestar la política monetaria China, la cual está desvirtuando el comercio mundial al no permitir que su moneda se revalorice todo lo que debiera. Actualmente los EEUU están viviendo un momento muy convulso con tasas de paro desconocidas y un crecimiento irrisorio. La mejora de sus exportaciones netas podría mejorar su crecimiento y reducir su paro, pero a cambio de hacer más pobres todos los estadounidenses. El peligro es que ahora, en medio de esta guerra de divisas, nos enfrasquemos en un afán proteccionista.

¿Por qué no hace lo mismo Europa? Lo que pasa por la cabeza de los directivos del Banco Central Europeo es la siguiente ecuación (de nuevo de forma simplificada): ya metimos más dinero en circulación para salvar bancos y éstos lo que hicieron fue comprar deuda pública, no fomentar la inversión en el sector privado. Dada la actual coyuntura, es muy probable que lo único que estas entidades hagan sea comprar más deuda pública, la cual se va a seguir emitiendo pese a las restricciones presupuestarias de las arcas públicas, con lo que potencialmente aumentamos el riesgo de un nuevo rescate en tanto en cuanto las dudas sobre la solvencia de determinados países no se despejen.

¿Por qué no mejora la situación en España? La actual situación que estamos viviendo es lo más parecido a un círculo vicioso. Como no hay confianza, ni se consume ni se dan créditos. Como no se consume y tampoco se dan créditos, ni se invierte ni se crea empleo. Como no se invierte, ni se consume, ni baja el paro, la desconfianza sigue creciendo. Las idas y venidas de nuestro gobierno y el desconcierto ante las actuaciones del resto del mundo no mejoran las expectativas.  En el fondo todo esto ocurre por lo que me comentaba mi gran amigo Quique Ibáñez hace unos meses:  ni se han desapalancado aún familias y empresas, ni se han desapalancado las administraciones, ni los bancos han permitido que se limpie, al menos hasta la fecha, el mercado inmbiliario. Las políticas que el gobierno ha tratado de implementar para tal fin no han tenido apenas resultados hasta la fecha.

¿Hay alguien que sepa realmente lo que se tiene que hacer? Esta pregunta es buena y me la hacía hace unos días otro buen amigo. Hoy en día tenemos macroeconomistas fantásticos que saben latín sobre crecimiento, paro, inflación, políticas fiscales y monetarias. Se han estudiado las crisis pasadas de memoria y saben lo que funcionó y lo que no en épocas pasadas. El problema es que en la economía pasa como en la medicina, que no hay enfermedades, sino enfermos. Esta es la primera gran crisis de la economía globalizada, con una moneda única en buena parte de Europa y con la información mundializada, lo que incide en la psicología y comportamiento de inversores, reguladores, consumidores y empresarios. La situación es compleja como tal vez nunca lo ha sido.

La recuperación, en cualquier caso, llegará. La buena noticia es que todas las crisis terminan, que tienen un inicio y un final, y que incluso cuando la actual recesión concluya, habrá quien haga examen de conciencia y aprenda la lección. La mala noticia es que dentro de unos años, esperemos que muchos, de nuevo la avariacia, la codicia, la falta de confianza y el cortoplacismo volverán a aparecer. Por eso no puede desligarse la economía del ser humano. Por eso estamos ante un lío, en este caso morrocotudo.

martes, 16 de noviembre de 2010

Música - Once Años sin Enrique Urquijo

Recordando a un Músico Auténtico

Mañana se cumplirán 11 años desde la desaparición de Enrique Urquijo, y como no sé si tendré tiempo de conectarme y escribir, no quería dejar de rendir el tributo que cada año le hacemos desde El Disparadero. Me llama la atención la cálida acogida que tienen estos post que cuelgo sobre el que fuera líder de Los Secretos. Imagino que es porque en un mundo en el que todo se banaliza, en el que casi todo es de usar y tirar, Enrique Urquijo representa a la facción más auténtica de nuestra música moderna, un retorno a la música de Autor compuesta con mayúsculas. 

Tachado de triste, incluso "baboso" por algunos pseudo culturetas de "la movida", Enrique Urquijo compuso y cantó con el corazón en la mano, sin tener en cuenta listas de ventas, discográficas o clubes de fans. Sus canciones son atemporales precisamente por eso, porque hablan del amor y el desamor, de la ilusión y el miedo, de la alegría y el dolor, en definitiva, de todo lo inherente a la condición humana. Es difícil no encontrar una canción de Los Secretos o de Los Problemas con la que en algún momento de nuestras vidas uno no se haya sentido identificado, porque como decía José María Granados en el libro de Miguel Ángel Bargueño "Adios Tristeza", "lo arrebatador de Los Sectetos es que, aunque la letra fuera muy sencilla, tú sabes que era una vivencia suya. [...] sus letras [...] de tan sencillas que son, son muy reales". 

En memoria del gran Enrique Urquijo, de todas las personas auténticas que nos han dejado, os dejo estas dos canciones. La primera incluida en su "Grandes Éxitos Volumen I", titulada "Sólo ha sido un sueño" la cual es de mis favoritas de siempre. La segunda es "Ahora que estoy peor", reinterpretada allá por el año 1996 en la fantástica caja negra titulada "La historia de Los Secretos". ¡Qué las disfrutéis!


 



viernes, 12 de noviembre de 2010

Empresas - La RSC como herramienta de gestión

Ideas y Reflexiones

Esta mañana he llegado desde Melilla, donde la Consultora Empieza organizó ayer una jornada de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), a la que me invitaron a participar para que explicara de primera mano experiencias vitales y empresariales al respecto. Fue un día entrañable por muchos aspectos. Por la ilusión, cercanía y esfuerzo de las organizadoras, por el nivelazo del resto de ponentes, por el buen rollo que se creó entre todos nosotros y por la inmejorable acogida por parte de los melillenses. Nos juntamos al final casi 80 personas, muchas de ellas estudiantes (¡olé!), acompañados por empresarios y representantes institucionales. Lo bueno (y bonito) de estas cosas es que te invitan a hablar y te acabas llevando un montón de apuntes con ideas sobre las que trabajar. Así que en ese sentido, fue un día inmejorable. Como casi siempre que participo en foros de este tipo, os dejo en forma de post los puntos fundamentales de mi exposición.

Existen múltiples definiciones acerca de lo que es RSC. Las hay de todos los colores, la mayoría muy buenas y muy completas, pero a efectos prácticos a mi me resulta más fácil  comenzar explicando lo que no es RSC. No es filantropía ni ecologismo, tampoco marketing con causa, aunque las tres pueden tener cabida en la misma. No implica que una empresa sea perfecta, porque éstas están formadas por personas y las personas nos equivocamos. No se trata de obviar el objetivo fundamental de la rentabilidad económica, porque si una compañía no da beneficios no se puede seguir hablando de la empresa. No es RSC ninguna iniciativa que cuando vienen mal dadas desaparece de los balances, porque la sostenibilidad debe ser un requisito clave para hablar de la responsabilidad social de las empresas. Entonces, ¿qué es la RSC?

Amartya Sen, premio Nóbel de Economía en el año 1998, siempre ha defendido la necesidad de apostar por una economía ligada al desarrollo humano. Si tomamos en consideración el axioma neoclásico, aquel que postula que la maximización del beneficio implica una mejora de las sociedades en las que se desenvuelven las empresas, deberíamos pararnos a reflexionar lo que ha pasado en el intervalo 1993 - 2008. Durante los 15 años previos a esta crisis, hemos asistido impasibles a beneficios record, bonus astronómicos de los directivos de las principales multinacinales, crecimientos bursátiles sin parangón y todo ello en el entorno de una economía globalizada, más internacionalizada que nunca. La pregunta es obvia. ¿Ha mejorado nuestro mundo durante este periplo?

El informe de la ONU para la FAO del año 2009 hablaba de que hoy en día 1.000 millones de personas pasan hambre en el mundo, lo que supone el peor dato desde 1970. Si cogemos el informe de Desarrollo Humano del año 2005, veremos que hay 460 millones de personas que han empeorado su nivel de vida desde el año 1.990, 2.500 millones de personas siguen viviendo con menos de dos euros al dia y 115 millones de niños siguen sin poder asistir a la escuela. Las 500 personas más ricas del mundo acumulan más ingresos que los 416 millones de personas más pobres.

Ante estos datos, cabe plantearse si tiene sentido seguir hablando de la maximización del beneficio como único objetivo empresarial, si nuestro actual sistema es sostenible desde el punto de vista humano.  Creo que ha llegado la hora de cambiar el chip, de hablar de creación de valor para nuestros grupos de interés, de forma sostenible y a largo plazo. Por supuesto para nuestros accionistas, porque de nuevo insisto, si no somos rentables el resto de objetivos sobran, pero poniendo en el centro de la gestión al resto de stakeholders.

En este entorno globalizado la empresa no puede obviar que es constructora de sociedad. En primer lugar porque es ciudadana corporativa, sujeto de derechos y obligaciones, siendo el cumplimiento de la ley un mínimo inexcusable. Pero cumplir la ley no basta en una economía globalizada en la que el derecho internacional todavía pinta poco y los derechos humanos más elementales no siempre están garantizados. La empresa debe luchar por la legitimidad, entendiendo por ésta el conjunto de normas, constumbres, valores, moral, que hacen aceptable para una colectividad el día a día de una organización. Ninguna compañía puede sobrevivir viviendo de espaldas a la sociedad en la que se desenvuelve.

En segundo lugar, la empresa tiene que entender que es un vehículo inmejorable para la integración y la convivencia de personas que cada vez son más heterogéneas por los movimientos migratorios y la creciente deslocalización de plantas productivas. La no discriminación no sólo es de puertas para dentro, sino que también es un mensaje a la sociedad. Los empresarios y directivos, además, debemos aprender a gestionar el valor añadido de la mujer en su incorporación a la vida laboral. Las carreras profesionales se han de adaptar a las circunstancias vitales de hombres y mujeres y no al contrario, comprender que la maternidad y la paternidad es un paso maravilloso que completa a las personas que deciden darlo, una opción de vida que hay que compaginar con el desarrollo profesional. Se hace imprescindible, además, una conciliación efectiva de la vida laboral y familiar. El 33% de fracaso escolar en España es un problema social hoy en día, pero un problema económico latente de primer orden para dentro de unos años.

Vivimos en un mundo en cambio, el cual es complejo como nunca lo ha sido. Existen una serie de tendencias, algunas contradictorias, que nos deberían hacer pensar al respecto. Hoy en día nuestro planeta es global, tanto a nivel cultural como económico. El increible auge de los movimientos migratorios explica esta realidad. Nuestas sociedades han cambiado, son más diversas y heterogéneas, y ello tiene implicaciones para las compañías. Tanto por el público al que se dirige como por los recursos humanos que toma del sistema en el que se desenvuelve. Gestionar la diversidad será un factor de éxito clave en la empresa del mañana.

El auge de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) está cambiando el orden económico mundial. No es que de la noche a la mañana vayan a desaparecer los principales actores económicos del siglo XX, pero lo cierto es que las reglas del juego ya están cambiando y que para las compañías se abren una serie de oportunidades y riesgos, fundamentalmente morales, que las empresas deben gestionar para poder competir en esta nueva aldea global.

Vivimos en una era "low cost" gracias a la revolución de las telecomunicaciones, la economía de redes y la globalización. ¿Quién nos iba a decir hace unos años que iban a existir Dacia, Tata, Pepecar o Ryanair? Los riesgos de poner todo el hincapié en el precio son también importantes, porque la presión se traslada a toda la cadena de valor. Además, asistimos con curiosidad a una era de cambios en la psicología del consumidor. Cuando nuestras madres compraban leche, por ejemplo, claro que tenían en cuenta las ofertas, pero al final se decidían por aquellas marcas que más confianza les generaban. En las compras de baja implicación predominaban los componentes emocionales, al igual que en las de impulso. Por el contrario, cuando nuestros padres se compraban un coche, un piso o cualquier otra cosa que requiriera un gran esfuerzo, se pasaban horas y horas analizando, sumando con la calculadora, racionalizando la decisión. Claro que existía un componente emocional en la decisión, pero éste era menor. Hoy las cosas han cambiado, hasta el punto de que hemos racionalizado las compras de baja implicación (las marcas blancas en España casi suman el 40% de las compras en súper e hipermercados), ahorrándonos unos céntimos en la compra, ya no sólo de la leche, también de los detergentes, galletas o pan integral y siendo mucho más emocionales, por el contrario, en las compras de productos de alta implicación.

La economía de redes ha cambiado también la forma de competir. Como explicaban Achrol y Kotler, antiguamente Ford tenía hasta granjas con ovejas para obtener la lana necesaria para la fabricación de asientos en sus vehículos. En este escenario en el que nos centrarnos en lo que sabemos hacer y externalizamos lo que completa nuestra actividad, las relaciones con los proveedores cambian. Pasamos de relaciones de confrontación a relaciones de cooperación, lo que implica gestionar más relaciones que nunca, porque la rentabilidad económica, social y medioambiental de mi producto, ya no depende sólo de mi.
El "nicho" de inversores socialmente responsables es cada vez más grande. Pero por encima de los criterios éticos y morales de cada uno, lo cierto es que aquellos fondos vinculados al Dow Jones Sustainability Index, FTSEE4Good o similar están mostrando menores volatilidades y mejores resultados a largo plazo que los vinculados a índices más tradicionales. En un entorno financiero tan vulnerable como el actual, ¿qué empresa querría renunciar a estas posibilidades de inversión adicionales que ofrecen los mercados?

Las organizaciones tradicionalmente estables están cambiando también. No sólo nos acercamos a un mundo de "singles", como bien apunta Kjell Nördstrom (el 64% de los hogares en Estocolmo son de esta guisa, por ejemplo, como el 48% de de Londres, el 58% de Amsterdam o el 44% de Nueva York), sino que la tendencia generalizada es a vivir en ciudades. Crucemos estos datos con otro no menos llamativo: La tasa de natalidad más alta de la UE es la de Suecia. Está cambiando, por lo tanto, el concepto de familia. Y si ésta cambia, cambiarán los valores y nuestra forma de vivir. No juzgo si para bien o para mal, eso que lo haga cada uno, pero que sepamos que no tendrá nada que ver con lo visto hasta ahora. 

Otra idea de Nördstrom: estamos a punto de vivir el tsunami de las mujeres. El 66% de los universitarios de la UE son mujeres. Casi el 60% de la OCDE también. Las personas formadas el día de mañana serán fundamentalmente mujeres y ello implicará también que entendamos la gestión de las personas de manera diferente. La retención del talento será más clave aún y para ello entrarán en juego otros factores más allá de los retributivos.

La democratización de la información gracias a las redes sociales, los blogs e internet es una fuente de oportunidades enorme, pero también expone a las empresas y las hace más vulnerables que nunca en la historia. Además, las expectativas de las nuevas generaciones, sus patrones de conducta, incluso sus valores, serán mucho más universales, porque "beben" de internet, la cual es global y diversa. En nuestra época, al menos en mi caso, nos "nutríamos" de TVE-1 y TVE-2.

Como consecuencia de todo lo expuesto, se está produciendo un cambio brutal en los mercados, en los entornos competitivos y en las sociedades en las que las compañías se desenvuelven. Necesitamos de nuevas formas de gestión y de nuevos estilos de liderazgo que permitan a las empresas dar respuestas más ágiles a todos estos cambios, pero sobre todo comprender que ya no tiene cabida una gestión centrada única y exclusivamente en el accionista. En primer lugar porque el objetivo de la rentabilidad depende de muchos agentes que interactúan con la empresa, pero sobre todo, porque el concepto de legitimidad es más global, diverso y heterogéneo que nunca. 

La RSC comienza por entender que una compañía debe abrirse a sus grupos de interés y emprender una actitud de diálogo con ellos. Sigue con la necesidad de valorar la urgencia, legitimidad y poder de éstos y de sus objetivos en sus relaciones con la empresa, analizar y priorizar los mismos, porque los recursos de toda organización son limitados, comprender que los stakeholders dependen de cada industria y empresa, que su importancia varía a lo largo del tiempo, que éstos son heterogéneos, multidimensionales y tienen intereses contrapuestos. En definitiva, la RSC implica ser consciente de que el éxito de una empresa consiste en hacer un poquito más estables el conjunto de equilibrios que nuestro mundo actual, nuestra economía global, hoy en día nos propone. Sólo así no le daremos la espalda a la sociedad en la que nos desenvolvemos.

Así pues, cuando me preguntan sobre mi visión sobre la RSC, a mi me gusta decir que es un nuevo paradigma empresarial, una herramienta de gestión, la cual debe servir al primero de todos los objetivos de una compañía, la rentabilidad, pero considerando que ésta no puede conseguirse de forma sostenible sin incluir en la gestión criterios sociales, medio ambientales, éticos y morales en todas las áreas y actividades de una compañía, en defintiva, sin dotar de alma y valores a la empresa. Es entonces cuando descubrimos que el mercado no es ni malo ni avaricioso, lo somos las personas. Y es entonces cuando sí,  tal vez de forma inequívoca, el beneficio se pueda traducir en una mejora de las sociedades.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Economía y Sociedad - El CIS, la Crisis y las Elecciónes del 2012

Ideas y Reflexiones

Ayer por la noche estuve cenando con mis amigos de toda la vida Javi, Fer y Pacha. Estuvimos hablando de lo divino y de lo humano. De nuestras parejas, de nuestras últimas novedades laborales y de cómo iban las cosas. A los postres, no sé muy bien por qué, salió a colación la última encuesta del CIS, esa que dice que el PP aventaja en 7,9 puntos en intención de voto al PSOE. En la tertulia había quien decía que a la hora de la verdad volvería a ganar Zapatero, así como quien pensaba que ganarían los de la calle Génova independientemente de la valoración de Rajoy. Como trasfondo de futuros acontecimientos la actual crisis seguía presente. ¿Podía haber hecho algo más nuestro gobierno? ¿Lo hubiera hecho mejor la oposición? ¿Tenía que haber dimitido Zapatero cuando anunció con aquella cara mustia los recortes sociales que derivaron en la huelga del pasado mes de septiembre? No pretendo hacer un post político ni tampoco en entrar en grandes verdades económicas. Simplemente me gustaría dejar unas cuantas pinceladas para la reflexión.

Durante el siglo XX hubo dos grandes corrientes macro económicas: El "Keynesianismo", que dicho de forma muy liviana apostaba por la mayor intervención del estado en la economía, haciendo especial hincapié cuando las cosas venían mal dadas, y el "Neoliberalismo" encabezado por Friedman, el cual abogaba por un mercado libre y sin regulación. Keynes y Friedman ganaron el premio Nobel y, preferencias individuales al margen, han pasado a la historia como dos de las mentres más brillantes de nuestra historia económica. Lo paradójico de esta crisis es que todos los dirigentes mundiales han pasado de un extremo a otro en apenas tres años. Es decir, comenzaron tratando de atajar la crisis interviniendo en la economía con un incremento del gasto público sin precedentes. Poco después comenzaron una política de austeridad presupuestaria en la que se han tocado cuestiones tabú dentro de nuestro estado del bienestar (véase las pensiones). Por último, esta última semana, mientras la UE seguía abogando por las restricciones del gasto público, Obama lanzaba un nuevo plan de estímulo a través de la FED de casi 600.000 millones de $. Primera idea: nuestro dirigentes aún no tienen evidencias claras de cómo salir de esta situación.

Keynes, en su día, apuntaba tres ideas fundamentales que bajo mi punto de vista son claves para entender nuestras economías de hoy en día: 1) las crisis forman parte del funcionamiento habitual de los mercados; 2) las economías azotadas por una crisis no pueden resolver por sí mismas la situación; 3) nuestras comunidades no és dispuestas a tolerar la búsqueda de la eficiencia a cualquier coste. El problema estriba en que esta crisis también ha puesto de manifiesto que los gobiernos están a merced de los mercados. Es decir, y con ello apunto la Segunda idea, los estados pueden incidir en la economía como un agente más, pero no pueden revertir tendencias. Tres ejemplos muy claros: el plan E (estimuló levemente la economía durante el tercer trimestre del 2009, luego volvimos a las tinieblas), el plan renove (incrementó las ventas de automóviles durante algún tiempo, en octubre hemos vuelto a la cruda realidad) y la crisis de la deuda pública.

La pregunta que surge al párrafo anterior es obvia. ¿Pueden hacer algo los gobiernos entonces? ¿Da igual quién dirija un país? Esta crisis nos ha demostrado que en Europa hay dos velocidades. Hay economías como la francesa o la alemana que, consideraciones al margen, han pasado por una crisis coyuntural. Es decir, tienen mercados laborales flexibles, que crean empleo a la misma velocidad que lo destruyen, tienen economías productivas y orientadas a la exportación. España, por el contrario, tiene un mercado laboral rígido, una balanza de exportaciones netas poco boyante en líneas generales, una baja productividad y una dependencia del capital humano poco formado exagerada. El problema, obviamente, no ha sido de Zapatero, si no que se viene arrastrando desde hace décadas. Lo que sí que ha sido responsabilidad suya es haber perdido seis años y medio, muchos de ellos a las maduras, que nos hubieran preparado para las duras. La crisis nos hubiera afectado por igual, pero, probablemente, podríamos estar atisbando los primeros rayos de luz.
El problema estriba en que el coste político de estas medidas es importante y supone un gran desgaste. No se trata de abaratar despidos, como ingenuamente nos están haciendo creer, sino de modificar aspectos históricos de nuestro país, como el sistema de negociación colectiva, por ejemplo. El problema es que aunque ahora el gobierno hiciera todo bien, las medidas que precisamos son de tal calado que los réditos no llegarían para las elecciones generales del 2012. Es decir, probablemente no se tomarán. Tercera idea: los tiempos de la política no son los de la economía. Y Cuarta y última idea: la historia le ha brindado a Zapatero la oportunidad de haber sido el mejor presidente del gobierno de la historia de España y, bajo mi punto de vista, nuestro gobierno no ha estado a la altura.

Así pues lo que pase en el año 2012 se verá. Yo sí que creo que habrá cambio de gobierno, aunque ya se sabe que en política puede pasar de todo. Cuando me preguntan a veces sobre mi impresión de cuándo saldremos de la crisis o sobre la conveniencia de un cambio de gobierno o no, siempre pienso lo mismo. Los cambios siempre traen nuevas expectativas e ilusiones, las cuales no le vendrían mal a nuestra economía, pero el cambio de tendencia se  producirá independientemente del inquilino de la Moncloa, como pasó con la crisis del 93. Quedará por saber si el futuro ganador será capaz de afrontar los princpales retos de nuestra economía, aquellos con los que ni Suárez, ni González, ni Aznar, ni Zapatero se han atrevido.

martes, 2 de noviembre de 2010

Sociedad - Facebook, la Red Social

Ideas y Reflexiones

Este puente he estado en el cine viendo "La Red Social", película que cuenta los orígenes de Facebook y que está basada en un capítulo de un libro de Ben Mezrich llamado "Multimillonarios por Accidente", en el cual se explica como un brillante pero poco sociable Mark Zuckerberg revoluciona la esfera de las redes sociales creando Facebook en el año 2004. Personalmente me encantó el film, pero es cierto que no faltan críticos que indican que la cinta no cuenta toda la verdad. La película narra los primeros pasos de la plataforma por excelencia, los vaivenes de la misma y los conflictos legales que del crecimiento de Facebook se derivaron. La polémica está servida, en parte por lo que el propio Ben Mezrich ha explicado en más de una ocasión, que Zuckerberg rehusó a participar en el libro contando su versión, pero fundamentalmente porque éste aparenta ser un tipo raro, un genio, con su propia leyenda negra que le acompaña.

El caso de Facebook siempre me ha llamado la atención. Ha revolucionado para siempre nuestra sociedad y nuestra manera de hacer negocios. Con casi 500 millones de usuarios (corporativos y físicos), lo que empezó siendo una red social para alumnos de Harvard, se ha convertido en un fenómeno sin precedentes. Así pues, animado por regustillo agradable que me ha dejado la película, he recopilado algún "business case" que estudié en la propia Universidad de Harvard durante mi estancia veraniega, así como las notas que tomé en una conferencia del profesor Dutta (INSEAD) en Berlín el pasado mes de Junio, para presentaros un batiburrillo de ideas propias y ajenas al respecto.

Existen estadísticas, al menos a ellas se refirió el profesor Dutta del INSEAD, que indican que hay más gente con acceso a un teléfono móvil que al servicio. Cada vez es más fácil obtener tecnología. Hace unos años los niños tenían acceso, a lo sumo, a la televisón.. Ahora a internet y a las redes sociales. La consecuencia es brutal, porque cambian por completo las expectativas y patrones de una generación a otra. El mundo que viene es global, más abierto, más participativo, transparente, en tiempo real y, fundamentalmente, menos jerárquico. Esto supone un cambio de valores monumental que va a tener un impacto sin parangón en todas las organizaciones de nuestra sociedad pero fundamentalmente en las empresas.

La ausencia de jerarquías, o la relativización de las mismas supone una amenaza, pero también una gran oportunidad. En el primer caso, porque la manera de dirigir las empresas tendrá que adaptarse a los nuevos tiempos. El liderazgo cambiará y pienso que se sustentará en la capacidad de los dirigentes de predicar con el ejemplo y no de boquilla. La autoridad se ganará, no se impondra. Por otro, porque las relaciones con accionistas, clientes, proveedores, grupos de interés, en definitiva, serán bidireccionales y en ellas cualquiera podrá tomar la iniciativa. La reputación estará expuesta permanentemente, porque la información, como ya hemos expuesto en alguna ocasión, estará democratizada. Los cambios no son ni buenos ni malos de por sí, pero exigirán flexibilidad para adaptarse. La oportunidad comienza por el mero hecho de que la innovación será más accesible como conscuencia de la interacción que las redes sociales propicia para las compañías.

Pero no sólo eso, el mundo 2.0 es ya una fuente de conocimiento de por sí. Como dice Kjell Nordström, nuestra generación es más inteligente que la anterior, pero en términos relativos más estúpida, porque la tecnología ha permitido que se genere más conocimiento que nunca, inabarcable para nuestra mente. La tendencia seguirá.

Ya se está hablando de ello, pero pasaremos de un CRM (Customer Relationship Management) a un SRM (Stakeholder Relationship Management).Gracias a Facebook Connection, el "pasaporte" de internet ya se ha inventado. Basta con añadir a nuestras websites corporativas la aplicación Facebook para que cuando un usuario se "conecte" a la misma a través de dicha red social dispongamos de acceso a toda su información ubicada en su perfil. De nuevo esto supone una gran oportunidad, pero también una gran amenaza. Por un lado las empresas podrán segmentar mejor, así como adaptar propuestas de valor y mensajes, pero el riesgo moral de usar mal esa información, de que determinados datos lleguen a personas sin escrúpulos, es también mayor que nunca.

"Networks as covers". Así titula Mikolaj Jan Piskorski, investigador de la Harvard Business School uno de sus últimos trabajos. En estos casos los usuarios se comportan de manera diferente a la real. Las redes sociales les dan la posibilidad de aparentar ser de una forma cuando en realidad se es de otra completamente diferente. La distorsión para las empresas es también considerable.

El cambio de valores al que antes hacíamos alusión tal vez esté siendo fuente de confusión en nuestra sociedad actual, la cual vive en una crisis sin precedentes, al menos desde la Segunda Guerra Mundial. Relacionado con el párrafo anterior, las redes sociales permiten dar rienda suelta a los "alter ego" de los usuarios de las mismas. Tal vez vivimos un momento en el que falten referentes, líderes con los que identificarse. ¿Tendrá que ver el aumento espectacular de las distintas plataformas con ello? En la misma medida, no es menos cierto que Facebook compromete menos que una relación directa y personal. ¿Nos hemos vuelto menos comprometidos?

Así pues vienen tiempos de cambio. La transición de empresas fuertemente jerarquizadas y departamentales a otras en estructuras de redes llevadas al extremo no será sencilla. Incultar la cultura de esfuerzo y la disciplina con unas reglas del juego nuevas y desconocidos para buena parte de los ejecutivos actuales supondrá otro gran reto. Hoy tan sólo 9 empresas de las 35 del Ibex participan en Facebook, por ejemplo, y muchas de las compañías que allí están ni aportan valor ni se aprovechan de las ventajas de estar allí. Como decía, Facebook ha cambiado para siempre nuestras vidas. Con el tiempo nos daremos cuenta de que hemos sido testigos de uno de los grandes acontecimientos de nuestra historia contemporánea. El reto que se nos plantea es mayúsculo y por ello apasionante.