jueves, 10 de marzo de 2011

Economía y Sostenibilidad - Límites de Velocidad, Petróleo y Energía

Algunas Reflexiones

Tras varias semanas de intensa polémica, el lunes entró en vigor la última medida de nuestro gobierno para contener, incluso reducir, nuestra factura energética. Desde hace unos días, en nuestras autovías y autopistas no se puede circular a más de 110 kilómetros / hora. Lo cierto es que en este tiempo me he venido a Aranda umn par de veces desde Madrid y bueno, tengo que reconocer que en esta ocasión parte de razón tiene todo el mundo. Mi coche ha bajado su consumo de los 5,8 litros por cada 100 kilómetros a los 5,1 en el trayecto de ida (lo que da un poco de razón a Rubalcaba), ha bajado de 5,4 a 5,1 a la vuelta (lo que le da parte de razón a José Blanco y a los expertos que afirmaban que la reducción no es lineal y depende del vehículo y el trayecto), así  como a Fernando Alonso, porque no sé si sería por cansancio acumulado o porque a esa velocidad uno pierde algo de concentración, pero sueño me ha entrado tanto a la ida como a la vuelta.

Bromas aparte, la medida es controvertida y tiene tintes de improvisación. Se puede observar desde diferentes puntos de vista. Por ejemplo, mi propia evidencia empírica pone de manifiesto que, como diferentes expertos han apuntado en múltiples medios (y me váis a perdonar que no ponga el link, pero lo escuché en un interesante debate en la radio el otro día), la bajada de velocidad no implica un menor consumo per se. Dependiendo del motor y de su par, pudiera ocurrir que el consumo incluso aumentara en determinados casos. El que Rubalcaba hable de un ahorro entre el 11 y el 15%, mientras que Blanco lo cifre entre un 5 y un 12% demuestra que muchos números no se han hecho, o al menos no con todo el rigor que una medida de tal calado merece.

Por otro lado, creo que tampoco nadie ha reparado en los costes empresariales consecuencia de esta medida. Los transportistas tardarán más en su reparto, los comerciales podrán atender a menos clientes y así un largo etcétera que redundará en nuestra maltrecha competitividad. Para que no me tachéis de oportunista, de antemano reconozco no haber hecho números al respecto, pero que el tiempo es un bien económico de primera magnitud  es algo incuestionable. Tanto como que el debate energético es algo muy serio que no se resuelve exclusivamente con bombillas de bajo consumo y bajando el límite de velocidad.

Seré justo. El Gobierno ha ido más allá de los 110 kms / hora. Tiene intención de eliminar coches oficiales, potenciar el transporte público (aunque no ha dicho cómo)  e impulsar un plan renove de neumáticos que, por lo que se ha publicado en prensa, parece ser que tardará todavía algo en poder llevarse a cabo. Sea como fuere, insisto en que ésto se queda muy corto. El mundo en general afronta un cambio de paradigma energético como consecuencia de diferentes fenómenos. Por un lado, por la subida al tren del desarrollo de los dos países más poblados del planeta (India y China), lo que unido a la inestabilidad política de los países productores de crudo (recordemos que éste es, con un 40%, la fuente de energía de mayor peso en nuestro mix) nos condena a un escenario de petróleo con precios caros. Por otro, por el impacto de nuestro actual modelo sobre el medio ambiente en virtud del uso indiscriminado de combustibles fósiles, cuyo impacto sobre la economía actual fue bien detallado por Nicholas Stern en el año 2006 en su informe para el Gobierno de Tony Blair. España en particular, además de afrontar de forma proporcional todo lo anterior, tiene el handicap de su dependencia energética, en torno al 84%, lo que le sitúa muy por encima del resto de países de la Unión Europea (UE). Es decir, que aunque las medidas de nuestro ejecutivo puedan tener su validez dentro de una estrategia bien definida, a falta de ésta, aquellas son un mero parche.

Nuestros políticos tienen que perder el miedo a abrir un debate serio multistakeholder respecto a la cuestión energética, en el que participen expertos y no voces interesadas, porque todas las fuentes tienen sus ventajas e inconvenientes. Se trata de hablar sin tapujos, de decir las cosas como son y desterrar falsos mitos, para que, una vez con todas las cartas sobre la mesa, tengamos una hoja de ruta por la que discurrir durante los próximos 15 ó 20 años.
Si la apuesta es la nuclear, que aparte de sus virtudes, que las tiene como ahora muchos "gurús" nos recuerdan semana sí, semana también, nos cuenten también sus riesgos y sus paradojas, como que el uranio es tan escaso o más que el petróleo, que su enriquecimiento puede tener implicaciones militares de mucha gravedad o que las centrales, tardan en construirse muchos años, casi tantos como los que se estima que se tardan en rentabilizarse desde su apertura (15 - 20 años), por lo que por el camino habrá que buscar otras alternativas.

Si la apuesta son las renovables, que nos hablen de costes de oportunidad por encima de costes de producción de la energía, porque todos los que ahora reniegan de la misma aduciendo lo cara que resulta ésta, obvian el concepto de la curva de experiencia (para lo que recomiendo la lectura de cualquier artículo del Boston Consulting Group). Que nos expliquen por qué Merkel, por ejemplo, tiene instalados más de 18.000 MW de energía solar y España menos de 4.000 MW pese a tener más horas de sol, o por qué, pese a ser una energía aparrentemente "cara", Alemania ha crecido un 3,6% durante el 2010. Incluso por qué allí hay una estabilidad regulatoria y aquí se ha cambiado hasta cuatro veces de normativa en cuatro años (lo que desincentiva, claramente, la inversión), o por qué los teutones ven en la fotovoltaica una energía de futuro fiable mientras que nosotros la vemos como cara y molesta.

Probablemente encontraremos la virtud en el medio. Es decir, nuestro mix energético requerirá de combustibles fósiles, energía nuclear y renovables. Aunque la tendencia natural sea apostar por estas últimas, no se puede caer en la ingenuidad de que a corto plazo podrán ser nuestras únicas fuentes. Ello nos devuelve al inicio del post. ¿Se puede reducir el consumo de petróleo y, por lo tanto, nuestra dependencia exterior? La respuesta es afirmativa y es por ello por lo que se deben fomentar medidas de ahorro energético. En ese escenario, claro que pudieran tener cabida las medidas aportadas por nuestro gobierno, pero éstas no deberían pasar de ser la "guinda del pastel". Implantar, como se ha hecho con el agua, una tarifa por tramos que incentive el ahorro y penalice el derroche, sería un primer paso importante. 

Haber aprovechado en su día el "Plan E" para rehabilitar edificios y hacerlos ecoeficientes, limitar el acceso al centro de las ciudades como se hace en otros países (recordemos que el Metro de Madrid es de los mejores del mundo), fomentar el "carsharing" y promover que el transporte público llegue a los 19.000 polígonos industriales en los que todavía no está disponible dicha alternativa, deberían ser medidas prioritarias para fomentar el ahorro de manera firme y activa. No menos interesante es la otra medida que se apunta en el informe de la Fundación Conama "Cambio Global en España 2020/50": construir los nuevos edificios de forma que sean autosuficientes desde un punto de vista energético, para lo cual se deben construir con orientaciones determinadas, con envolventes térmicas, iluminación de bajo consumo, instalaciones de energías renovables para calentar el agua, etc., de tal forma que el edificio sea capaz de producir la energía que consume, sino algo más que pudiera vertirse a la red eléctrica.

Propuestas hay muchas, no sé si todas viables, pero desde luego la mayoría más contundentes que las propuestas por nuestro ejecutivo. Energía y desarrollo van de la mano. El debate es serio, mucho más lo que las medidas planteadas al menos aparentan.


9 comentarios:

Felix dijo...

Hola Ferra:
Sólo un par de puntualizaciones con tu permiso:
1-"potenciar el transporte público (aunque no ha dicho cómo)": Bajando un 5% la tarifa de tren.
2-A China e India..yo quizá añadiría Brasil como grandes "nuevos" demandantes de energía.

Estoy muy de acuerdo contigo en que a España le hace falta un plan energético. Lamentablemente no sólo energético sino también educativo o laboral, por ejemplo. En éste, nuestro querido país, hace tiempo que necesitamos urgentemente políticas claras que nos saquen de la continua improvisación en la que vivimos.
Todo lo que se avanza en derechos sociales,no se hace en el desarrollo de políticas que permitan una estructura económica mucho más sostenible.
En fin que no me enrollo más. Felicidades por hacer que tu artículos sean críticos sin ser partidistas.
Un fuerte abrazo.

Fernando dijo...

Hola Félix:

¡Bienvenido a "El Disparadero"! Muchas gracias por tu comentario y por tus palabras. Aunque creo que el hombre es una animal político, lo cierto es que trato de ser objetivo. Otra cosa es que haya veces que no lo consiga.

Por partes, que apuntas cosas con mucha miga:

Respecto al transporte público: Sí, es cierto que se va a bajar un 5% ek precio del tren, pero no está claro que dicha medida se pueda aplicar en cercanías, que son las rutas con mayor número de usuarios, ya que esta cuestión está transferida a las comunidades. De acuerdo con el matiz, pero realmente me parece muy poco. Sigo esperando que la alta velocidad llegue al transporte de mercancías, por ejemplo, y se retiren camiones de las carreteras (sector que, por otra parte, está sobredimensionado).

En cuanto a Brasil: Su impacto es indudable, pero el país sudamericano viene desarrollando desde hace casi 30 años un biocombustible a partir de etanol obtenido de la caña de azúcar. En el año 2008, casi un 25% de los vehículos de Brasil utilizaban este combustible (el cual, por cierto, es de los pocos biocombustibles rentables económica, energética y medioambientalmente). En cualquier caso, Brasil es de las nuevas potencias que están cambiando el mapa.

Totalmente de acuerdo contigo en lo que a los pactos de estado se refiere. El problema es que el político mira a cuatro años vista y, desgraciadamente, su estrechez de miras la pagamos todos.

Un fuerte abrazo

nanius dijo...

Hola, Fernando. Buena entrada, desde luego, echo de menos una referencia a la bici para el transporte por ciudad... y estoy de acuerdo en lo esencial, y me subo a las críticas por esta medida paternalista, costosa y de muy corto alcance. Creo que con la inflación al 3,6% en febrero el gobierno se ha acojonado para hacer lo que hay que hacer: una subida del impuesto especial. Me explico:

En los últimos días, un alud de artículos nos ha recordado los desoladores registros del consumo energético en España: la dependencia energética externa, del 77% en 2010, es la misma que hace tres décadas, y según Eurostat, apenas bajará al 74% en 2030; y aunque las importaciones se han diversificado geográficamente en los últimos años, el suministro de gas de Argelia sigue estando en el 32% y el petróleo de Libia ha crecido 4 puntos porcentuales desde 1997, hasta el 13%. Esta diversificación es importante desde el punto de vista de la seguridad del suministro, pero no tiene que ver con la magnitud de la factura energética, que dada nuestra gran dependencia energética depende significativamente de los precios.

Por el lado de los precios, la mayor contribución del componente energético sobre la inflación se debe, fundamentalmente, a dos factores. En primer lugar, la mayor dependencia energética de nuestra economía, como se destacaba previamente. Y en segundo lugar, el menor peso relativo de la tributación específica (impuestos especiales) frente a los tipos ad valorem (IVA), que genera una mayor volatilidad de los precios minoristas ante cambios en el valor del precio del crudo. Además, el conjunto de los impuestos sobre hidrocarburos suponen la mitad del precio final, toda vez el promedio europeo se aproxima a los dos tercios. En este contexto, el encarecimiento del Brent (10 euros en lo que va de año), acarrea 6.000 millones adicionales de déficit exterior, según el Gobierno. La reducción de la velocidad a 110 km/h sólo prevé ahorrar 1.450 millones. ¿Y el resto?

nanius dijo...

El Gobierno debería homologarse fiscalmente con la UE y subir los impuestos especiales, que dependen de la cantidad y no del precio. El problema reside en intentar cumplir dos objetivos contrapuestos: por un lado conseguir que, cuando cambie el precio del petróleo, el de la gasolina fluctúe menos para no afectar demasiado la inflación a corto plazo, pero por otro lado, que el alza del Brent induzca a un menor consumo de carburantes, lo cual requiere grandes incrementos de precios. El nuevo límite de velocidad viene a actuar sobre la cantidad consumida sin elevar aún más la inflación a corto plazo, pero el problema es que el ahorro que consigue es muy pequeño como para compensar la mayor factura energética. Además, el efecto fiscal de esta medida es dudoso: el menor consumo disminuye la recaudación, algo que el IVA podría no equilibrar totalmente por el efecto precio.

En el contexto actual, mayores impuestos especiales elevarían la inflación a corto plazo, sí, pero contribuirían a amortiguar el crecimiento de los precios ante nuevas alzas del Brent, incentivarían de verdad el ahorro energético y apuntalarían la consolidación fiscal. Esta medida debería introducirse sin perjuicio de reformas que profundicen en un mayor autoabastecimiento y ahorro energéticos. Es cierto que si se prolonga la situación actual, el IPC mostrará peores registros durante el año, pero debe aprovecharse el menor ritmo de expansión de la inflación previsto a partir de marzo, que finalizará el año en el 1,9%, según FUNCAS. Es hora de afrontar de cara nuestro desequilibrio exterior, de la mano del desapalancamiento público y privado.

Un abrazo

Fernando dijo...

Hola Nanius:

Millones de gracias por pasarte y enhorabuena por el comentario. He aprendido mucho con el mismo y me has aportado mucha luz respecto al por qué los vaivenes del precio de la gasolina al consumidor, los cuales no siempre son sencillos de interpretar.

Lo de la subidad de los impuestos especiales es algo que muchos economistas apoyan. Desde luego, cualquier medida que incentive el ahorro me parece muy positiva y en tanto en cuanto instauramos una cultura del mismo, medidas como la que nos explicas podrían ser de mucha utilidad.

Respecto a la bici, desde luego yo siempre he sido un gran defensor de la misma. Es cierto que España no es Holanda y que Madrid no es Amsterdam (hablo de orografía), pero poner las cosas fáciles a los ciclistas quitará coches de las ciudades. Pienso que es otra de las cosas que pudo haber sido y no fue en el plan E.

Un fuerte abrazo

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

No tengo muy claro si la medida es buena o mala y cual debería ser el modelo energético a desarrollas, pero lo que si tengo claro es que en nuestro caso, el ahorro se hace indispensable por nuestra dependencia exterior. Quizás como dice Nanius haya que subir impuestos especiales, pero generalmente (el político) suele mirar a corto para sufrir menos desgaste. Y eso creo no es bueno.

Magníficos tus comentaristas de hoy y el post, como siempre para darle una buena pensada.
Un abrazo

Pablo dijo...

¡Buen análisis!

Es indudable que España ha hecho poco para evitar la dependencia enegética desde que las crisis de los años '70 nos "avisaran" de nuestra gran dependencia exterior.

Sólo la apuesta por las renovables (que aunque hoy por hoy sean caras, quizás no sea tan mala, ya que como comentas, Alemania está apostando por ellas, y EE.UU también tiene previsiones de ello).


Como se apunta también, es una cuestión suficientemente importante y de suficiente calado económico y temporal, que requeriría un pacto de Estado para implementar dicha política a años (o más bien décadas) vista, fuera de intereses electoralistas puntuales.

Un abrazo
Pablo Rodríguez

Fernando dijo...

¡Hola Fernando!

Como siempre millones de gracias por pasarte. El comentario de Nanius, efectivamente, ha sido brillante.

Apuntas una idea muy necesaria: hay que impregnar la cultura del ahorro en todas las esferas de la sociedad. Parte del problemón económico que tenemos viene de ahí, del derroche y el exceso.

Un fuerte abrazo

Fernando dijo...

¡Hola Pablo!

Millones de gracias por pasarte y por el comentario. Muy de acuerdo contigo: se necesita un gran pacto de estado y para ello hacen falta políticos con voluntad política y amplitud de miras más allá de una legislatura.

En cuanto a las renovables, sin números en la mano, me atrevo a decir que es muy posible que hoy en día sean caras, pero también los coches eran inaccesibles a la mayoría de la sociedad hace unos años. Creo que hay que apostar por ellas pensando en dos dimensiones: el presente y el futuro. Muy probablemente seremos capaces de generar energía muy barata en unas décadas, o al menos menos cara que el petróleo y con menos riesgos que la nuclear.

Un fuerte abrazo