sábado, 27 de agosto de 2011

Empresas - Steve Jobs y la Economía del Conocimiento

Algunas Ideas

Paradojas de la vida. Afirman Kjell Nördstrom y Jona Ridderstrale en su libro "Funky Business Forever", que en la época del capitalismo más radical de la historia, el manifiesto comunista está también más vigente que nunca. La teoría marxista defendía que los trabajadores debían poseer los medios de producción clave y hoy en día es así. En una empresa moderna, el 70 - 80% del trabajo de los empleados depende de su intelecto. En el siglo XXI, el principal medio de producción capaz de marcar la diferencia entre diferentes compañías y que a su vez no es replicable es el cerebro humano.

Recapitulemos un poco y vayámonos a los años posteriores a la revolución industrial. Por aquel entonces los elementos claves a la hora de crear una empresa eran materias primas, mano de obra y capital. En los inicios de la industria automovilística, por ejemplo, se le daba preponderancia al chasis y al motor frente a otros reclamos. Hoy en día, en la era del conocimiento, en la era de las largas cadenas de producción, todas las compañías son capaces de fabricar vehículos fiables, potentes, con bajos consumos y menores emisiones. Sin embargo, el éxito de un coche hace tiempo que no radica en las tareas mecánicas y repetitivas de las líneas de montaje, sino en aquellos elementos intangibles que le hacen diferente, singular. Cuenta la leyenda que Henry Ford, inventor de las cadenas de producción, en los primeros años de la revolución automovilística, se preguntaba "¿por qué cuando quiero  un par de manos tengo que quedarme con todo el ser humano?". La pregunta hoy en día, como de nuevo apuntan Nördstrom y Ridderstrale sería, "¿Y quién necesita manos?".

Sí, el capital, las materias primas y la mano de obra ya no son relevantes de cara al éxito empresarial en un mundo globalizado, con una competencia más dura que nunca y con los consumidores mejor informados de la historia. Por el contrario, el talento y la capacidad intelectual, propiedad exclusiva del trabajador del siglo XXI, pasan a ser los activos más valiosos.

Valga esta introducción para entender lo que ha pasado esta semana tras anunciar Steve Jobs su renuncia a su puesto como Consejero Delegado de Apple. Visiblemente deteriorado, como muestran unas imágenes que han salido en la prensa norteamericana estos días, el genio nacido en San Francisco hace ya 56 años, parece haber perdido definitivamente su batalla contra un duro cáncer de pancreas que le lleva atenazando desde hace varios años. Tras comunicar su dimisión, pese a las recomendaciones de las compañías de inversión de mantener las títulos, pese a que su sustituto, Tim Cook, parece una persona más que solvente y pese a que tan sólo una semana antes se había convertido en la empresa norteamericana de mayor valor bursátil, superando incluso a la petrolera Exxon Mobil, las acciones de Apple se desplomaban un 7%. Y eso no es nada comparado con el drama vivido en las redes sociales, dónde multitud de admiradores del gigante norteamericano mostraban su preocupación ante el devenir de la compañía.

Apple es el mejor ejemplo de la era en la que nos encontramos. Allá por el año 2009, cuando el mundo se despeñaba por la peor recesión en 80 años, la compañía de la manzana anunciaba unos beneficios descomunales y unas ventas record. El éxito de Jobs y de Apple radica en una manera completamente diferente de entender los negocios. No se preguntan "¿qué puedo vender?", sino "¿qué es lo que no nos gusta de nuestro día a dia? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para mejorarlo?". El i-Phone, por ejemplo, surgió porque a Jobs le desesperaba su teléfono móvil, el software le parecía un desastre y el hardware otro tanto. Otras circunstancias análogas le llevaron a desarrollar el MAC y el i-Pod.

En el fondo, si lo pensamos, teléfonos móviles, ordenadores o reproductores MP3 o MP4 hay muchos. Si analizamos unos y otros, probablemente no hallemos grandes diferencias desde un punto de vista meramente técnico. El éxito de Apple radica en vender experiencias por encima de productos, de hacer sentir al cliente que realmente se ha llevado a casa algo "sexy", diferente, "cool". El cliente de Apple es fan de la compañía, y lo es, fundamentalmente por los intangibles. Y detrás de ellos la gente percibe que está un genio llamado Steve Jobs. En la economía del conocimiento las personas con talento tienen mucho más peso que una marca, o dicho de otra forma, ellos personalizan la marca.

Veamos más casos. ¿Qué hubiera sido de Facebook sin Mark Zuckerberg? ¿Y de Microsoft sin Bill Gates? ¿Y de Google sin Larry Page? Lo común a todas estas empresas es que no tienen fábricas, sino incubadoras de ideas. Sus empleados no llevan monos de trabajo, sino que van en vaqueros, sus herramientas de trabajo son un portátil y un teléfono móvil y han sustituido a los Henry Ford,  Louis Chevrolet o Walter Percy Chrysler en las reuniones que los presidentes de los EEUU han solido mantener durante décadas con los principales empresarios del país. 

La economía del conocimiento y Steve Jobs nos dejan varias lecciones y una moraleja. Jobs fue adoptado de pequeño, no llegó a terminar ninguna carrera y malvivió durante un tiempo tratando de sacar adelante sus proyectos, llegando incluso a vender una vieja motocicleta que tenía para financiar el desarrollo del primer PC. La primera lección, ampliamente debatida también en El Disparadero, es que en nuestros tiempos cuenta más el conocimiento tácito (el que no se enseña, el que surge de la experiencia, la intuición y el trabajo en equipo) que el explícito (la formación académica). El último aporta valor añadido, claro está, pero el primero es el diferencial. La segunda lección es que, con determinación y talento se puede alcanzar cualquier meta, pero que el talento por sí sólo no basta. La tercera lección es que, efectivamente, el manifiesto marxista sigue vigente: el trabajador es dueño de los medios de producción más importante de nuestros días: el conocimiento.

Termino con la moraleja de esta historia. En un momento en el que la economía está estancada, en la que el paro bate records a ambos lados del Atlántico, en el que la financiación está cerrada para todo el mundo, ha llegado la hora de emprender aprovechando la tercera de las lecciones expuestas en el párrafo anterior. Dice mi abuelo a sus 87 años, empresario de éxito durante toda su vida, que lo fácil es montar un negocio con el viento a favor, que lo que realmente tiene mérito es emprender sin dinero, cuando hay que buscar soluciones imaginativas y lo único que se tiene es una buena idea. Dado que nuestros políticos no nos van a solucionar los problemas, conviene ir pensando en ello.

viernes, 19 de agosto de 2011

Economía y Sociedad - La Cuestión Moral

Algunas Ideas

Esta tarde las principales noticias de ediciones digitales de los principales periódicos han alterado lo que llevaba pinta de ser una plácida tarde de vuelta al tajo. De buenas a primeras, las bolsas de todo el mundo se hundían. El IBEX 35, el cual ha llegado a perder hasta un 6%, ha cerrado con un -4,7%. El FTSE 100 Británico se dejaba un 4,49% y el Dow Jones, que no sé si a esta hora habrá finalizado su sesión, se estaba dejando un 3,68%. Liderando las pérdidas estaban los bancos. En el caso español, Santander se dejaba algo más de un 4%, al igual que el Popular. BBVA perdía casi un 6%, como Bankinter. Tan sólo Sabadell (-1,15%) y Caixabank (-2,30%), salvaban ligeramente una jornada negra.

Que esté tranquilo el personal porque este post no va sobre bolsa. Uno debe reconocer sus limitaciones y cualquier conjetura que pueda hacer tendrá poca o ninguna base científica, así que les cedo el testigo a aquellos que pasáis por aquí y os movéis con soltura en la materia. Sin embargo, sí que quiero reseñar una de las causas que explican lo acontecido. El que en el seno de la UE se haya vuelto a abrir el debate sobre la llamada "Tasa Tobin" tras la reunión de Merkel y Sarkozy del pasado lunes, ha supuesto un auténtico terremoto en los mercados, los cuales se han cebado con la banca de todo el mundo. La otra causa son las malas perspectivas de la economía mundial.

Volviendo al tema de la tasa, y para que todo el mundo me siga, James Tobin, premio Nobel de Economía en 1981, propuso en 1972 la creación de un tributo que gravase determinadas transacciones financieras. Concretamente se refería a aquellas en las que había un cambio de divisas en las mismas. La cuestión es compleja, pero digamos a modo de resumen y de nuevo de forma muy sencilla, que los movimientos de capitales jugando con diferentes monedas tienen sus complicaciones y riesgos y que esta crisis se ha visto agravada en parte por ellos. Para el que quiera profundizar en la materia, le recomiendo la lectura del libro de Paul Krugman "El Retorno de la Economía de la Depresión y la Crisis Actual". Según un informe de Naciones Unidas de hace unos años, los gobiernos actuales de todo el planeta podrían recaudar cerca de 720.000 millones de dólares cada año con esta tasa si su cuantía se fijase en torno al 0,1%. Sólo la UE podría obtener 50.000 millones al año. Esta tasa se pensó, fundamentalmente, para mejorar la distribución de la riqueza en todo el planeta, pero también es cierto que hay quién cree que podría ser un mecanismo estabilizador de la economía, ya que sus defensores argumentan que podría frenar la especulación y moderar el riesgo de los mercados. Huelga decir, además, como le vendría ese dinero a las maltrechas arcas de los países de la UE

Vaya por delante, que la "Tasa Tobin" ha tenido siempre sus detractores, pero a éstos se les han sumado hoy casi todo el sector financiero europeo, como no podía ser de otra forma. Hoy el diario Expansión titulaba una noticia con el siguiente reclamo: "La Tasa Tobin enfurece al sector financiero". En el mismo, determinados miembros de la banca comunitaria cargaban contra la propuesta, ya que a los ojos de Simon Lewis, Consejero Delegado de la Asociación de Mercados Europeos, el sistema financiero "no podía ser contemplado como una fuente adicional de tributos adicionales". Y es ahí donde arranca el titular de este post.

No quiero entrar en guerras de cifras, ni si quiera sé si la "Tasa Tobin" realmente podría mejorar las cosas, pero lo último es que nuestro sector financiero europeo se ponga de víctima. Así que nuestros bancos no pueden ser contemplados como fuente de ingresos tributarios adicionales, pero todos los ciudadanos a los que nos han subido el IVA, incrementado la presión fiscal y que, además, vemos reducido nuestro estado de bienestar por unos gobiernos que se han endeudado hasta las cejas para salvar a muchos banqueros, sí. Con perdón, es el colmo.

Porque para mi estamos ante una cuestión moral. Recapitulemos por un momento. Hagamos una breve reflexión sobre lo que han sido los últimos tres años. Cuando cayó Lehman Brothers, cuando todo nuestro sistema financiero parecía quebrarse, todos los gobiernos del mundo se afanaron en explicarnos que dedicando cantidades ingentes para salvar al mismo, se estaba evitando lo peor y que se estaban poniendo las bases para salir de un lío morrocotudo con cierta rapidez. "Hemos aprendido la lección del crack del 29", postulaban importantes economistas.

Además de los rescates correspondientes, nuestros organismos responsables de la política monetaria (véase la Reserva Federal en EEUU y el BCE en Europa), prestaron dinero a tipos irrisorios a la banca para fomentar el flujo del crédito a familias y empresas. Ese dinero jamás llegó a su fin, porque las entidades financieras prefirieron hincharse a comprar deuda pública de medio mundo por ser, aparentemente, valores refugio. Hoy en día, ha quedado demostrado que no. No han terminado de provisionar las viviendas que se han "comido" y, probablemente, deberían empezar a provisionar cierta deuda de determinados países cuyo precio es 10 veces menor que su valor nominal. Sí, la banca mundial está muy mal, tan mal o peor incluso que las cuentas públicas de los países de la OCDE (salvando Alemania y alguna otra excepción), y sí, necesitamos de un sistema financiero sano, pero visto lo visto, siendo conscientes de dónde estamos y dónde estábamos hace tres años, cabe preguntarse si todo esto ha valido la pena, si no hubiera sido mejor purgar la enfermedad en aquel fatídico otoño de 2008, haber hecho borrón y cuenta nueva, haberlo pasado muy mal y estar ahora en la senda de una auténtica recuperación.

Porque la realidad es que, tres años después, el paro sigue por las nubes en España y EEUU, el crédito sigue sin fluir, el estado de bienestar europeo está en entredicho y todos vivimos un poco peor. Todos salvo aquellos que siguen cobrando sus bonus astronómicos o se han ido con indeminzaciones escandalosas. Tal vez el sistema financiero no esté para ser fuente de ingresos tributarios adicionales, pero si realmente piensan que las familias y empresas estamos para seguir pagando la fiesta, creo que denotan lo que siempre me ha parecido, que viven en otro mundo.

La "Tasa Tobin" no tendrá sentido si sólo la aplica Europa y como ya he dicho, ni si quiera sé si es parte de la solución, pero de fondo hay una cuestión moral y es la sensación de que los bancos nunca caen, que juegan con una red de fondo tejida por todos los ciudadanos que pagamos nuestros impuestos y mecida cariñosamente por nuestros gobiernos. Nunca sabremos lo que hubiera pasado sin rescates bancarios, ni si quiera tendremos claro si realmente evitamos realmente un mal mayor hasta dentro de muchos años, cuando esta crisis se pueda estudiar sin sesgos, pero si a cada uno nos hubieran preguntado en su día si estábamos dispuestos a asumir el coste de aquellos, muchos no lo hubiéramos tenido claro. Sí, lo sé, a posteriori es fácil hablar, incluso oportunista, pero  visto lo visto, a mi la duda me reconcome.

lunes, 15 de agosto de 2011

Empresas - RSC en Tiempos Revueltos

Algunas Ideas

Los que seguís El Disparadero desde el principio, sabéis que uno de los motivos por el que se inauguró este blog fue la creación de un espacio de debate y reflexión para humanizar la economía y la empresa. Aquí pretendía dar rienda suelta a algunas ideas "en bruto" que luego pudiera desarrollar en mi trabajo de investigación. En parte he de decir que lo he conseguido, que muchas de las cosas que aquí se han debatido han servido de soporte para plantear hipótesis, darle vueltas de tuerca a determinadas proposiciones y buscar diferentes prismas desde donde hallar nuevas maneras de encarar mi investigación.

Pero en parte también, El Disparadero ha terminado siendo una especie de "cajón - desastre" dónde han tenido cabida otros intereses, así como una crisis económica que a mi sigue dejando perplejo cada día que pasa. Entiendo que tenía que ser así. La economía es la ciencia más social de nuestros días, porque todo lo que acontece afecta al ser humano, a su desarrollo y a su bienestar. Es inevitable, cuando uno es curioso y quiere humanizar la economía, no poder evitar leer, estudiar, entender y trabajar nuevas ideas que tienen que ver con tu investigación de forma indirecta en el mejor de los casos.

Precisamente una de las personas que se ha pasado por aquí desde el principio, me recordaba recientemente que tengo un poco olvidado todo lo de la sostenibilidad y la RSC, así cómo me preguntaba si finalmente la llamada Responsabilidad Social Corporativa estaba condenada a desaparecer de los balances a tenor de los tiempos difíciles que todavía nos quedan por vivir en las empresas. Mi respuesta fue clara: todo lo contrario. La RSC ha dejado de ser un "nice to have" para convertirse en un "must have" y en los próximos años vamos a ver cómo las compañías van a seguir avanzando en esa dirección.

Hasta la fecha, en las épocas de vacas gordas, siempre que se hablaba de RSC, rápidamente se hacía alusión a ecologismo barato, filantropía corporativa, marketing con causa o similar. Realmente esto no es RSC, sino acciones de Relaciones Públicas, cuya única finalidad era mejorar la percepción de la empresa dentro de la sociedad. Y lo es por una mera cuestión de concepto. RSC es diálogo, interacción, transparencia, mientras que iniciativas como las indicadas suponían un discurso, a menudo avasallador, de la compañía que las llevaban a cabo. No importaba si a los públicos objetivos les gustaba o no la música. Eran lentejas, café para todos.El resultado de todo ello era, en muchos casos, un juego de doble moral que traía consigo a menudo un efecto boomerang.

Me atrevo a decir que acciones de este tipo tienen los días contados. Para empezar porque el camino por andar será muy parecido al de los clientes en su relación con la empresa durante el siglo XX. Al inicio del mismo, lo importante era la producción. Apenas había competencia, y el que era capaz de fabricar algo lo vendía. Con el tiempo, según avanzaba el siglo y fue aumentando la competencia, el cliente fue teniendo voz y voto a la hora de elegir hasta convertirse en el rey. Hoy, en la era de la información, es el dictador. El cliente manda, porque tiene más que nunca en la historia dónde elegir.

El problema para las empresas es que el modelo del consumidor se está extrapolando al resto de stakeholders. Vamos hacia un modelo de multidimensionalidad de los grupos de interés que, junto con la revolución de las tecnologías de la información, va a dinamitar la gestión de los entornos por parte de las empresas. Yo, Fernando, soy directivo de una compañía, pero también soy consumidor, incluso proveedor de algunas compañías, apoyo a determinadas ONG, gestiono un blog y tengo mi cuenta en Facebook y Twitter. Es posible que el día de mañana sea padre de familia y, desde luego, interactúo con mis amigos, pero también con gente que me sigue desde el otro lado del Atlántico a tenor de lo que me dice el contador de Blogger. Soy ciudadano de un mundo globalizado. Las consecuencias son brutales. Tengo más que nunca dónde elegir y, lo mejor de todo, tengo con quién intercambiar experiencias a nivel mundial. Las empresas ya no tienen dónde esconderse y deben comportarse como ciudadanos corporativos, fundamentalmente porque un nuevo concepto de ciudadanía se está imponiendo a marchas forzadas. Lo que está pasando en buena parte del mundo (revoluciones de países Árabes, movimiento 15 - M, o las revueltas de Chile), son un buen ejemplo.

La RSC desde un punto filosófico supone la forma en la que las compañías afrontan los retos que las sociedades en las que conviven les plantean. Desde un punto de vista más técnico, es una herramienta que permite gestionar las relaciones con los diferentes grupos de interés que interactúan con la empresa. Se trata de entender que el éxito organizacional no puede lograrse sin una visión inclusiva de todos los stakeholders que forman parte de una compañía y su actividad, ya sean internos o externos.

La RSC parte de dos premisas: una, diálogo; dos, transparencia. El diálogo supone la antítesis de lo expuesto anteriormente al hablar de filantropía, ecologismo y similar. El punto de partida consiste en averiguar qué me demanda la ciudadanía, mis diferentes grupos de interés, para, a partir de ahí, y buscando un equilibrio, desarrollar una propuesta de valor. A las sociedades de hoy en día no es que ya no les valga el café para todos, es que lo quieren "con causa". En cuanto a la transparencia, genera confianza, requisito clave para el éxito empresarial en los tiempos que corren. Decía Robert Phillips, Consejero Delegado de Edelman hace unas semanas en una visita a Madrid, que la persuasión está siendo sustituida por la transparencia empresarial, y yo no puedo estar más de acuerdo. Entre otras cosas porque la gente cada vez visita más webs corporativas en busca de información, convirtiéndose las mismas en una fuente de información primaria, al igual que las plataformas corporativas en las redes sociales.

La revolución digital ha supuesto un cambio radical en la manera de entender los negocios. Por un lado, porque la información se ha democratizado, cuestión ampliamente debatida en El Disparadero y que ha permitido a muchísimas personas de todo el mundo acceder de forma libre y abierta a contenidos que hace unas décadas, jamás hubiera soñado. La sociedad, por lo tanto, está mejor informada que nunca. Pero no sólo eso, los estudios demuestran que la llamada "generación del milenio", formada por los nacidos de 1980 en adelante, son muchísimo más activos que las generaciones anteriores. Quieren interactuar, hablar de tú a tú con las compañías. Y como decía de nuevo Robert Phillips, "si no están de acuerdo con algo, van a decírtelo. Si no les gusta la conducta de una empresa, van a ir a la web y van a decirlo en un blog, así como van a twittearlo". Los stakeholders esperan unas marcas y empresas mucho más abiertas, mucho más participativas y ello nos lleva de nuevo a otro punto ya señalado en otras ocasiones: del café para todos se ha pasado al café a la carta y con causa.

La rentabilidad empresarial sigue siendo el primer aspecto clave a la hora de hablar de RSC, porque sin la misma, no hay empresa. A veces nos hemos olvidado de que la RSC debe ser sostenible con todo lo que ello implica. A partir de ahí, se trata de hacer las cosas bien para ganarnos la legitimidad social de la compañía. Ello conlleva comportarnos de acuerdo a unas normas no escritas dentro de una colectividad, según las cuales, nuestras actitudes y acciones pueden ser consideradas como deseables o no. Sin legitimidad, no hay posibilidad de éxito empresarial en los tiempos que corren. Será una quimera obtener financiación, será muy difícil vender y será muy complicado atraer talento.

Así pues, la RSC ha venido para quedarse. Ninguna empresa puede sobrevivir viviendo de espaldas a la sociedad a la que se desenvuelve y mucho menos en los tiempos que corren. El que el cambio sea a mayor velocidad dependerá de las propias sociedades y de lo que exijamos a las compañías, pero la revolución es imparable. Queda mucho por andar, desde luego, pero algo se está moviendo en la ciudadanía del siglo XXI y eso es fantástico.



viernes, 12 de agosto de 2011

Banda Sonora - Amigos de Guardia

Disparos, Golpes y otros Trances

Hay momentos en los que la vida tira a dar con muy mala uva. Un día estás en la cresta de ola, te crees que lo tienes todo controlado, y de la noche a la mañana, sin saber muy bien por qué, te encuentras que tienes que recomponerte, empezar de nuevo y tirar para adelante cuando aún estás asimilando lo que te ha ocurrido. Porque hay veces en la vida en la que te sientes como un boxeador acorralado en la esquina de un ring que no para de recibir golpes.

Sí, lo sé, no deberíamos quejarnos. Objetivamente estamos mejor que el 80% de la humanidad. Tenemos qué comer y qué vestir, hemos tenido acceso a una educación de calidad y vivimos en la parte del mundo más próspera. Pero en la intimidad, cuando nos despojamos de lo material, todos somos personas con nuestros miedos y penas. Cuando te tocan el corazón, cuando alguien parte para no volver, cuando los pilares de tu vida se mueven, el dolor es universal. Es entonces cuando llegan los días en los que uno quisiera desaparacer, meterse en la cama con su pena y no dar señales de vida por un tiempo.

Afortunadamente siempre hay amigos y familiares de guardia que están ahí sin importar la hora, el día o el lugar. Acuden sin que les llames, están para lo bueno y para lo malo sin pedir nada a cambio, tiran de ti cuando a ti te cuesta avanzar y siempre tienen un abrazo que ofrecerte cuando vienen mal dadas. Amigos para reir y compartir las tormentas, que saben escuchar cuando no tienes nada más que decir. Así lo dice la canción que comparto esta tarde. Ellos saben quiénes son. Por todos ellos y para todos ellos, con toda la gratitud del mundo, os dejo este vídeo.

sábado, 6 de agosto de 2011

Economía y Sociedad - ¿Era nuestro estado de bienestar una mentira?

Reflexiones e Ideas

Vale, lo reconozco. Apenas unas semanas después, tengo que admitir que tal vez aquel post sobre "Cuándo saldrá España de la crisis" pecó de optimista. Y eso que lo redacté no hace tanto, pero es que la actual coyuntura tiene estas cosas. No sólo es que todo acontezca a una velocidad de vértigo, es que cada semana ocurre algo que sobrepasa lo imaginado. A saber: hemos visto caer a Lehman Brothers, a General Motors y a Chrysler, luego vino la quiebra de decenas de bancos en Europa, los rescates de Grecia, Irlanda y Portugal, casi asistimos al default de EEUU, país que vio reducir ayer su calificación crediticia (hecho sin precedentes en 70 años y que hace que la semana que viene prometa) y vivimos desde hace ya casi 15 días con el corazón en un puño a la espera de lo que pase con nuestra prima de riesgo. Yo sigo creyendo que España no caerá, que no hará falta un rescate, pero la cantidad de recursos que habrá que dedicar al pago de los intereses de la deuda pública emitida, nos condena a unos años de penuria y estrecheces.

Hace unas semanas comentaba, y me reafirmo, que parte de lo que está pasando es consecuencia de especuladores sin escrúpulos que campan a sus anchas por los mercados apostando contra determinados países. Aún así, subrayo también lo que dije entonces: los especuladores son los amigos que se apuntan a la fiesta, no los que la organizan. Y como bien apuntaba Nanius, nuestro guateque ha sido de los que hacen historia. Tenemos problemas y muy gordos, es cierto, y es ahí dónde radica el origen de todos nuestros males. Ahora bien, ¿conocemos realmente la magnitud de los mismos?

España ha tenido durante los años previos a la crisis tres problemas fundamentales: Uno, un déficit por cuenta corriente elevado (lo que quiere decir, explicado para todos los públicos y de forma sencilla, que gastábamos más de lo que ingresábamos en las transacciones internacionales. Suele ser un síntoma claro de falta de competitividad de una economía, circunstancia notoria que creo, describe a la perfección uno de nuestros males); dos, exceso de deuda. Tanto de las administraciones (sobre todo comunidades autónomas y ayuntamientos), como de los agentes privados (familias, empresas e instituciones financieras. Dicho endeudamiento, además, era con entidades financieras extranjeras, ya que como se ha expuesto en este foro, el parón de la economía mundial por la crisis puntocom, derivó los ahorros de buena parte del mundo a una de las pocas economías desarrolladas que, aparentemente, crecía de forma continua y consistente: la española; tres, crecimiento económico y del empleo fuertemente correlacionado con el aumento de endeudamiento. Como exponía ayer Antonio Torrero Mañas, Catedrático Emérito de Estructura Económica de la Universidad de Alcalá en la Tercera de ABC, el endeudamiento tiene dos características: es euforizante y tiene un límite. Mientras la deuda asciende, transmite impulsos positivos a la economía. A medida que la deuda crece en comparación con alguna magnitud relevante (renta disponible de las familias o resultados de las empresas), crece el riesgo de que el deudor no pueda cumplir con sus compromisos.

Cuando cayó Lehman Brothers se produjo un colapso en el sistema financiero internacional, lo que hizo que se cerrara el grifo en el mercado interbancario (esto es, donde los bancos acuden a buscar financiación), lo que estranguló a muchas entidades financieras. Las españolas, subsistieron gracias a sus reservas anticíciclicas, pero como las de todos los países, reaccionaron cerrando el grifo a empresas y particulares, así como tratando de salir a la carrera de ambos agentes. Todo ello hizo que la crisis financiera tornase en una crisis económica de primera magnitud.

Los Gobiernos, por su parte, se vieron obligados a endeudarse para, por un lado y como se ha expuesto, salvar a muchos bancos, los cuales estaban cerca del colapso, así como, por otro, tratar de reactivar  una economía que no dejaba de destruir empleo ni parecía ser capaz de arrancar por sí sola, incrementando el gasto público. Ahora, casi tres años después, la doctrina macroeconómica hace especial hincapié en todo lo contrario, es decir, en reducir el déficit de las administraciones, ya que, los mercados llevan un tiempo poniendo en duda la capacidad de los gobiernos de volver a una ortodoxia fiscal. 

Todo ello pese que, en España, por ejemplo, se hayan privatizado empresas públicas (AENA, Loterías del Estado), bajado el salario de los funcionarios, subido el IVA y aumentado la edad de jubilación. Cierto es que quedan cosas por hacer (reforma de las pensiones y del mercado laboral, techo de gasto de las autonomías, etc.), pero los datos demuestran que el déficit va disminuyendo. Sin embargo, todo parece en balde. Seguimos sin meter en cintura a los mercados, lo que implica pagar elevadísimas primas de riesgo para que nuestro gobierno pueda seguir con su actividad habitual. ¿Cuál es la realidad de nuestro país? ¿Sabemos la magnitud de nuestros problemas? España, desgraciadamente, se ha metido en un callejón de difícil salida. A ver si soy capaz de explicarlo sin demasiados tecnicismos para que todo el mundo lo entienda.

Comenzaré por el principio. Las magnitudes económicas que definen el crecimiento de un país son, el gasto público, el consumo privado, la inversión en capital y el saldo de las exportaciones netas. Comenzando por el primero, y a la luz de lo expuesto en todo lo escrito en este post, parece claro que no se puede contar con un aumento del mismo para reactivar la economía. Seguirá habiendo, lógicamente, un gasto mínimo, pero la necesidad de reducir el déficit, junto con la dificultad de recaudar más por la actual coyuntura (vía tributos), más el exceso de intereses que habrá que pagar por el imparable ascenso de la prima de riesgo, hacen prever que esta magnitud no sólo tendrá dificultades para mantenerse estable, sino que es probable que disminuya. 

Sigamos por el consumo privado. Las familias se encuentran muy endeudadas como consecuencia de la burbuja inmobiliaria y la barra libre de crédito. Sumémosle un desempleo que sobrepasa el 20% de la población activa. No podemos esperar una mejora del consumo a corto plazo, por ejemplo, pese a que éste dependa en mucha medida de la confianza del consumidor. En cuanto a la inversión en capital (entre la que se incluía la fiesta inmobiliaria), tampoco podemos esperar que "tire" de la economía mientras el "stock" de viviendas no sea absorbido. La falta de financiación por parte de los bancos tampoco favorece el asunto y el grifo, desgraciadamente, va a seguir cerrado un tiempo. 

Nos quedan las exportaciones netas, las cuales, efectivamente, pueden ser una salida, pero que tienen dos condicionantes: uno, como se ha expuesto, no somos competitivos y, desgraciadamente, no podemos devaluar nuestra moneda para serlo como antiguamente, por lo que no todos los sectores están preparados para salir fuera; dos, de los sectores que potencialmente pueden salir a pecho descubierto (porque por calidad / precio no tienen nada que envidiar a otras potencias), no todas las compañías que forman parte del mismo tienen experiencia exportadora, lo cual, sin duda, hará que los resultados se obtengan a largo plazo, ni masa crítica para salir. En resumen, que lo vamos a tener difícil para crecer en los próximos años, más allá de un mero efecto estadístico. Y ya se sabe, en nuestro país, un crecimiento por debajo del 2% no genera empleo.

Vamos con las administraciones públicas. Durante los años previos a la crisis, los del boom inmobiliario, nuestro gobierno central, así como sobre todo las comunidades autónomas y los ayuntamientos, se embarcaron en unos procesos de inversión en infraestructuras de nula rentabilidad (o a muy largo plazo en el mejor de los casos), cuya problemática no se centra sólo en el pago de las mismas, sino en lo costoso que resulta su mantenimiento. Estamos hablando de trenes de alta velocidad con 9 pasajeros diarios, hospitales con las más altas tecnologías en zonas con baja densidad de población, de universidades en ciudades que jamás uno se hubiera imaginado o de polideportivos de lujo en poblaciones minúsculas. Como me decía mi buen amigo y familiar Fernando Díaz hace unos días en una conversación interesantísima, todo el mundo tiene derecho a tener la mejor educación, el mejor sistema sanitario y las mejores instalaciones cerca de sus casas, pero es que, a lo mejor, nuestro país no da para tanto. Como probablemente tampoco de para mantener nuestro sistema de pensiones con una población tan envejecida. Desgraciadamente, esa es la verdadera cuestión.  Y no es ideológica, sino puramente económica.

Retomemos el artículo de Torrero Mañas: ha habido una correlación muy marcada entre nuestro crecimiento y nuestro endeudamiento, no  habiendo más posibilidades de endeudarse. Sumémosle lo expuesto hace unas líneas: lo tenemos muy difícil para crecer a corto plazo. Sin crecimiento, nuestras administraciones no serán capaces de recaudar el dinero suficiente para mantener nuestro nivel de infraestructuras ni nuestro estado de bienestar, al menos con los esquemas actuales. ¿Qué más medidas se pueden tomar? ¿Cuánto margen hay? Se puede volver a subir el IVA, pero ello lastrará más el consumo. Se pueden subir tarifas en transportes públicos, pero son "peanuts", como dice Nanius a menudo. Sin medidas drásticas, hay poco que hacer y eso es lo que castigan los mercados en estos momentos, el que no haya nadie capaz de hacerlo.

Como me decía otro buen amigo mío, tal vez haya llegado la hora de "meterle mano" al estado de las autonomías. Tal vez sea la última bala antes de tener que hacer otros recortes mucho más dolorosos en educación, sanidad y pensiones. Por eso estoy expectante por saber qué pasa por la cabeza de Rajoy cuando dice que tomarán las medidas que tengan que tomar y que no serán muy dolorosas si finalmente ganan las elecciones.

Así pues, España se encuentra ante una situación dificilísima, como apuntaba Torrero Mañas ayer en ABC. El Catedrático de la Universidad de Alcalá de Henares daba su propia receta para evitarlo: 1) Que el PSOE designe un nuevo presidente capaz de tomar decisiones de calado de aquí a las elecciones. 2) Que los dos partidos hagan saber la realidad  de la situación a los ciudadanos y acuerden un plan a seguir. 3) Que el plan apoye a la empresa privada para que ésta pueda incrementar su productividad y reducir de esta forma el déficit exterior, así como suponga una reforma laboral en profundidad y una reducción del gasto público. Todo ello dotando de mayor transparencia a las cuentas de las administraciones y obligando a ayuntamientos y comunidades autónomas a subordinarse al plan de ajuste nacional. En definitiva, mucho esfuerzo y bajada en nuestro nivel de vida, lo que nos lleva a la pregunta inicial ¿Era realmente nuestro estado de bienestar una mentira?