sábado, 27 de agosto de 2011

Empresas - Steve Jobs y la Economía del Conocimiento

Algunas Ideas

Paradojas de la vida. Afirman Kjell Nördstrom y Jona Ridderstrale en su libro "Funky Business Forever", que en la época del capitalismo más radical de la historia, el manifiesto comunista está también más vigente que nunca. La teoría marxista defendía que los trabajadores debían poseer los medios de producción clave y hoy en día es así. En una empresa moderna, el 70 - 80% del trabajo de los empleados depende de su intelecto. En el siglo XXI, el principal medio de producción capaz de marcar la diferencia entre diferentes compañías y que a su vez no es replicable es el cerebro humano.

Recapitulemos un poco y vayámonos a los años posteriores a la revolución industrial. Por aquel entonces los elementos claves a la hora de crear una empresa eran materias primas, mano de obra y capital. En los inicios de la industria automovilística, por ejemplo, se le daba preponderancia al chasis y al motor frente a otros reclamos. Hoy en día, en la era del conocimiento, en la era de las largas cadenas de producción, todas las compañías son capaces de fabricar vehículos fiables, potentes, con bajos consumos y menores emisiones. Sin embargo, el éxito de un coche hace tiempo que no radica en las tareas mecánicas y repetitivas de las líneas de montaje, sino en aquellos elementos intangibles que le hacen diferente, singular. Cuenta la leyenda que Henry Ford, inventor de las cadenas de producción, en los primeros años de la revolución automovilística, se preguntaba "¿por qué cuando quiero  un par de manos tengo que quedarme con todo el ser humano?". La pregunta hoy en día, como de nuevo apuntan Nördstrom y Ridderstrale sería, "¿Y quién necesita manos?".

Sí, el capital, las materias primas y la mano de obra ya no son relevantes de cara al éxito empresarial en un mundo globalizado, con una competencia más dura que nunca y con los consumidores mejor informados de la historia. Por el contrario, el talento y la capacidad intelectual, propiedad exclusiva del trabajador del siglo XXI, pasan a ser los activos más valiosos.

Valga esta introducción para entender lo que ha pasado esta semana tras anunciar Steve Jobs su renuncia a su puesto como Consejero Delegado de Apple. Visiblemente deteriorado, como muestran unas imágenes que han salido en la prensa norteamericana estos días, el genio nacido en San Francisco hace ya 56 años, parece haber perdido definitivamente su batalla contra un duro cáncer de pancreas que le lleva atenazando desde hace varios años. Tras comunicar su dimisión, pese a las recomendaciones de las compañías de inversión de mantener las títulos, pese a que su sustituto, Tim Cook, parece una persona más que solvente y pese a que tan sólo una semana antes se había convertido en la empresa norteamericana de mayor valor bursátil, superando incluso a la petrolera Exxon Mobil, las acciones de Apple se desplomaban un 7%. Y eso no es nada comparado con el drama vivido en las redes sociales, dónde multitud de admiradores del gigante norteamericano mostraban su preocupación ante el devenir de la compañía.

Apple es el mejor ejemplo de la era en la que nos encontramos. Allá por el año 2009, cuando el mundo se despeñaba por la peor recesión en 80 años, la compañía de la manzana anunciaba unos beneficios descomunales y unas ventas record. El éxito de Jobs y de Apple radica en una manera completamente diferente de entender los negocios. No se preguntan "¿qué puedo vender?", sino "¿qué es lo que no nos gusta de nuestro día a dia? ¿Por qué? ¿Qué podemos hacer para mejorarlo?". El i-Phone, por ejemplo, surgió porque a Jobs le desesperaba su teléfono móvil, el software le parecía un desastre y el hardware otro tanto. Otras circunstancias análogas le llevaron a desarrollar el MAC y el i-Pod.

En el fondo, si lo pensamos, teléfonos móviles, ordenadores o reproductores MP3 o MP4 hay muchos. Si analizamos unos y otros, probablemente no hallemos grandes diferencias desde un punto de vista meramente técnico. El éxito de Apple radica en vender experiencias por encima de productos, de hacer sentir al cliente que realmente se ha llevado a casa algo "sexy", diferente, "cool". El cliente de Apple es fan de la compañía, y lo es, fundamentalmente por los intangibles. Y detrás de ellos la gente percibe que está un genio llamado Steve Jobs. En la economía del conocimiento las personas con talento tienen mucho más peso que una marca, o dicho de otra forma, ellos personalizan la marca.

Veamos más casos. ¿Qué hubiera sido de Facebook sin Mark Zuckerberg? ¿Y de Microsoft sin Bill Gates? ¿Y de Google sin Larry Page? Lo común a todas estas empresas es que no tienen fábricas, sino incubadoras de ideas. Sus empleados no llevan monos de trabajo, sino que van en vaqueros, sus herramientas de trabajo son un portátil y un teléfono móvil y han sustituido a los Henry Ford,  Louis Chevrolet o Walter Percy Chrysler en las reuniones que los presidentes de los EEUU han solido mantener durante décadas con los principales empresarios del país. 

La economía del conocimiento y Steve Jobs nos dejan varias lecciones y una moraleja. Jobs fue adoptado de pequeño, no llegó a terminar ninguna carrera y malvivió durante un tiempo tratando de sacar adelante sus proyectos, llegando incluso a vender una vieja motocicleta que tenía para financiar el desarrollo del primer PC. La primera lección, ampliamente debatida también en El Disparadero, es que en nuestros tiempos cuenta más el conocimiento tácito (el que no se enseña, el que surge de la experiencia, la intuición y el trabajo en equipo) que el explícito (la formación académica). El último aporta valor añadido, claro está, pero el primero es el diferencial. La segunda lección es que, con determinación y talento se puede alcanzar cualquier meta, pero que el talento por sí sólo no basta. La tercera lección es que, efectivamente, el manifiesto marxista sigue vigente: el trabajador es dueño de los medios de producción más importante de nuestros días: el conocimiento.

Termino con la moraleja de esta historia. En un momento en el que la economía está estancada, en la que el paro bate records a ambos lados del Atlántico, en el que la financiación está cerrada para todo el mundo, ha llegado la hora de emprender aprovechando la tercera de las lecciones expuestas en el párrafo anterior. Dice mi abuelo a sus 87 años, empresario de éxito durante toda su vida, que lo fácil es montar un negocio con el viento a favor, que lo que realmente tiene mérito es emprender sin dinero, cuando hay que buscar soluciones imaginativas y lo único que se tiene es una buena idea. Dado que nuestros políticos no nos van a solucionar los problemas, conviene ir pensando en ello.

4 comentarios:

Fernando López Fernández dijo...

Hola Fernando:

Como siempre, brillante análisis de la situación. Estoy de acuerdo con las afirmaciones de los autores de Funky Business. El pirncipal medio de produccción es el cerebro que, cuando se trasforma en talento, hace que las cosas avancen, cambien o se muevan. SE dice muchas veces que en las empresas no hay nadie imprescindible, pero de vez en cuando observamos que no es del todo cierto como ocurre en el caso de Steve Jobs que su ausencia puede provocar (aunque sea temporalmente) un descenso en la cotización. Hay empresas en las que el alma de las mismas son algunas personas por encima de la marca. Cuando desaparecen de las mismas, la marca se resiente.

Por último, tu abuelo tiene toda la razón del mundo. Con el viento a favor todos somos buenos, en la adversidad solo unos cuantos.

Un fuere abrazo

Katy dijo...

Lo mejor de todo, la conclusión. La palabras sabias de tu abuelo abren vías a la imaginación. Siempre los negocios de éxito han empezado así. Nada de caminos trillados, lo malo es que no nos lo creemos.
Un abrazo

Fernando dijo...

Muchas gracias por pasarte y por tus palabras, Fernando. La verdad es que yo creo que nadie es imprescindible en esta vida, pero también que no hay dos personas iguales. Apple podrá seguir sin Steve Jobs, pero será algo distinto, diferente. El que siga siendo una empresa de tanto éxito es una incógnita. A veces un paso atrás de un primer espada permite crecer a los de su alrededor.

Mi abuelo sabe latín el hombre. Me siguen sorprendiendo muchas de sus reflexiones en los momentos actuales. Y eso que está de retirada!

Un abrazo!

PD: No me he olvidado de quedar, pero es que esta semana se me ha complicado. Hablamos. Abrazos

Fernando dijo...

¡Hola Katy! ¿Qué tal esas vacaciones? Millones de gracias por pasarte, como siempre. Mi abuelo ha sido y es genio y figura. Lástima no haber hablado más con él de estos temas cuando tenía más vigor y estaba más en forma!

Un abrazo