viernes, 8 de junio de 2012

Economía - ¿Nos van a Rescatar?

Crónica de un Despropósito

Bueno, pues ya no es un tema tabú el posible rescate de España. Desgraciadamente la espada de Damocles parece estar lista para caer sobre nosotros, si bien es cierto que aún no queda claro si rodará la cabeza de nuestros banqueros o será la del país en su conjunto. Es mucha la gente que estos días me pregunta al respecto pidiéndome que les aclare cómo hemos llegado hasta este punto. A ver si consigo explicarlo de una manera lo suficientemente sencilla para que todo el mundo me entienda.

Tal vez sea preciso comenzar explicando una verdad económica. El ahorro siempre es igual a la inversión. Es decir, imaginemos que España fuera un país sin intercambios comerciales ni financieros con países del resto del mundo. En ese caso, el dinero que todos los españoles tuviéramos ahorrado en el banco, sería el que nuestros bancos podrían prestar a las familias y a las empresas para que acometieran sus inversiones. En un sistema cerrado,si nuestros bancos quebrasen, con un banco central que tuviera el control sobre su propia moneda, la solución sería relativamente sencilla.

Pero en un mundo globalizado con una economía internacionalizada, las cosas se complican. Los ahorros de todos los ciudadanos del mundo, es el dinero que todos los bancos del mundo pueden prestar. Y en los mercados, incluidos los financieros, existe una máxima: el dinero se mueve hacia aquellos lugares en los que hay expectativas de obtener mayores rentabilidades. En el inicio de la década pasada (2000, 2001 y 2002), nuestra economía era de las pocas sanas en medio de la burbuja puntocom. Aquello coincidió con una carestía de viviendas y un incremento demográfico sin precedentes en la histora moderna como consecuencia de los movimientos migratorios que se produjeron por aquel entonces. Con poca oferta y mucha demanda, los precios de las viviendas se dispararon pese a que todo el mundo se puso a construir para satisfacer el déficit inmobiliario existente en nuestro país.

Nuestros bancos, para financiar esta fiesta que comenzaba a fraguarse, fueron importadores de ahorro. España era un país aparentemente sano, poco endeudado y con un sector, el de la construcción, que estaba dejando importantes beneficios. Como los precios no dejaban de subir, comenzaron a intervenir los especuladores y se montó la burbuja que todos conocemos. Dicha burbuja propició que nuestro país creciera por encima de la media de la UE de la OCDE. El "milagro español", se decía más allá de nuestras fronteras. Incluso nos llegaron a considerar los "alemanes" del sur de Europa. ¡Qué lejos quedan aquellos días!

Ante estas buenas perspectivas, el chorro del crédito que venía de fuera, lejos de parar, fue en aumento. Ya no sólo había una burbuja inmobiliaria, también nuestras empresas de todos los sectores sobreendeudaron por encima de lo razonable.Así pues, el esquema era el siguiente: familias y empresas endeudadas "hasta las trancas" con la banca española, la cual debía muchísimo dinero a la banca extranjera.

Mientras la burbuja mantenía con pulso a nuestra economía, nuestros bancos cumplían con los de fuera. Sin embargo, la caída de Lehman Brothers provocó una crisis financiera que pronto se trasladó a la economía real. Nuestros bancos no participaron de la "fiesta subprime", es cierto, pero sí que es verdad que las entidades crediticias se financian vía "revolving" en el mercado interbancario. Esto quiere decir, simplificando mucho, que los bancos y cajas pagan sus deudas mientras suscriben otras nuevas, como hacen los estados. En el momento que el mercado interbancario se secó como consecuencia de la citada caída de Lehman Brothers y nuestras entidades financieras no pudieron refinanciarse, como las del resto del mundo comenzaron a tener problemas de liquidez y solvencia. A partir de aquí, vienen las diferencias.

Mientras en todo el mundo quebraron decenas de entidades, en España no. Nuestro sector financiero era "el más fuerte del mundo", según José Luis Rodriguez Zapatero. El BCE, la FED y los gobiernos de todas partes del planeta, comenzaron a inyectar dinero a espuertas a los bancos (y lo han seguido haciendo), pero mientras fuera se limpiaban balances, aquí se pegaban patadas hacia delante. Nuestros bancos permutaron deudas por solares, edificios en construcción y viviendas, asignándoles a éstos el valor de aquellas. De esta forma los bancos seguían dando beneficios, pero unos beneficios ficticios y cada vez más alejados de su realidad, porque, en el fondo, muchos de los activos inmobilarios adquiridos eran invendibles, o lo que es lo mismo, valían 0 Euros. En paralelo, los bancos y cajas comenzaron a salir a la carrera de las empresas favoreciendo que la crisis financiera pasara a ser una crisis económica de primer orden. 

Porque una de las lecciones que deja la crisis es que una economía basada en la productividad, es como un coche diesel, que con poco combustible ya anda. No pega grandes acelerones, pero avanza firme a largo plazo. Por el contrario, una economía basada en la capacidad de endeudamiento, es como un coche deportivo. Necesita mucha gasolina (crédito) para funcionar.

Tras 4 años de patadas hacia delante, nuestra banca afronta un momento crítico. En primer lugar, porque el sector inmobiliario, lejos de recuperarse, sigue en plan zombi, lo que se traduce en que nuestros bancos no van a poder transformar en liquidez toda la morralla de suelos y viviendas que se adjudicaron en su día. En segundo lugar, porque como consecuencia de la nefasta gestión de la crisis, el paro está por las nubes. Con las familias tan endeudadas, la banca se va a seguir "comiendo" viviendas o, en su defecto, teniendo que negociar quitas o aplazamientos de hipotecas, lo que le va a suponer mayor presión a corto plazo. En tercer lugar, porque la crisis también afecta ya de lleno a las empresas del resto de sectores, las cuales comienzan a estar al límite, lo que también pone en duda que sean capaces de devolver los préstamos que en su día le fueron concedidos. Por último, y como consecuencia de lo anterior, porque va a tener serios apuros a medio plazo para cumplir con sus acreedores internacionales. De momento, los 256.000 millones de euros suscritos por nuestras entidades del BCE, les van a dar algo de tranquilidad a corto plazo. Ya no caben más patadas hacia delante.  Pero la cosa es aún más complicada.

Para tratar de reactivar la economía, nuestro país realizó un esfuerzo fiscal sin precedentes en el año 2009.  A su vez, ha inyectado a nuestro sistema financiero, entre dinero directo y avales, casi 150.000 millones de euros entre los años 2008 y 2010. Faltan por sumar las cantidades de 2011 y 2012. Entre estos gastos y la caída drástica de ingresos tributarios, nuestras cuentas públicas han alcanzado un déficit público insoportable. Para financiar dicho déficit, nos hemos tenido que endeudar, pero aunque nuestra deuda pública no es tan importante como la de otros países en relación con el PIB, todas las circunstancias descritas, unidas a la sensación de descontrol de nuestras autonomías, han elevado nuestra prima de riesgo hasta niveles insostenibles. O lo que es lo mismo, no podemos endeudarnos más.

Ahora no hay lugar dónde esconderse. Nuestros bancos necesitan recapitalizarse urgentemente porque muchos están quebrados, y los que no lo están, están muy tocados. Hasta la fecha, era el propio gobierno el que asumía esta labor de recapitalización, pero ya no hay dinero para hacerlo y, como se ha explicado, tampoco se puede acudir a los mercados para financiar estos rescates. Hay quien habla de 40.000 millones, hay quien habla de 100.000. Perdonadme lo que voy a decir, pero unas decenas de miles de millones de Euros arriba o abajo no cambia lo que decía al inicio de este párrafo. No hay dinero para salvar a nuestras entidades financieras. Y lo que es peor, no se las puede dejar caer, porque arrastraría a buena parte de la banca mundial (como consecuencia de sus impagos a ésta) y porque arrastraría a todo nuestro país (como consecuencia de los avales), lo que probablemente supondría el fin del Euro, la ruina de las familias y de muchas empresas.

Si habéis llegado a estas líneas y estáis tan cabreados como yo, os dejo otro dato para que todavía os reboteis un poco más. El rescate de nuestras entidades financieras es, en comparación con otros países y en relación a nuestro PIB, relativamente barato. En 2008 se hubiera podido hacer con la "gorra", pero 4 años después, 4 años en los que hemos hecho todo o casi todo mal en materia económica, ya no tenemos otra que pedir ayuda. Las reordenaciones bancarias han fracasado, lo de Bankia ha sido un escándalo y lo que esté por venir, parece que también.

El cómo se instrumente esta ayuda va a marcar nuestro devenir a corto y medio plazo. ¿Por qué se quiere evitar un rescate de España como país (tesis defendida tanto por nuestro gobierno como por casi todos los de la UE salvo Alemania)? Intuyo que por una cuestión fundamental: ni Irlanda, ni Portugal, ni Grecia, han podido volver a acceder a los mercados de deuda soberana tras draconianos planes de rescate y ajuste.  El rescate estigmatiza y no habría dinero para cubrir nuestras necesidades de financiación en el futuro. Existe, como siempre, una cuestión moral también. Hasta el 2008 todos podemos asumir nuestra parte de culpa en este jaleo. Familias y empresas también, que bajo las lícitas ansias de vivir mejor, sobrepasamos ciertos límites que marca la ortodoxia financiera. Pero del 2008 en adelante, la gente debe saber que estamos dónde estamos gracias a nuestros políticos y banqueros.

Los primeros "dimitieron" de toda labor de supervisión respecto a lo que hacían los segundos. Además han gastado lo que no tenían. En cuanto a los segundos, no sólo han seguido cobrando sus bonus, mega salarios y demás, sino que de forma sistemática han falseado cuentas durante todo este tiempo. Por si esto fuera poco, han generado un matrimonio de conveniencia patético. Las familias, por su parte, comenzaron su proceso de desapalancamiento en 2007, las empresas  en 2009. Las subidas de impuestos han afectado fundamentalmente a ambas, las cuales son las que hasta la fecha más han sufrido la actual coyuntura. Un rescate sería un golpe mortal al estado de bienestar y a nuestra economía durante al menos una década. Y los que lo sufrirían serían los de siempre. Gestos como el de Esperanza Aguirre ayer, llegan tarde.

Un poco por todo ello, nuestro gobierno anda a la desesperada tratando de encontrar un mecanismo que rescate a nuestros bancos sin que se fiscalicen nuestras cuentas públicas. Parece que, por una vez, podríamos salirnos con la nuestra. La solución sería dura, por cuanto ceder el control de tu sistema financiero no es moco de pavo, pero seguiríamos manteniendo cierta capacidad de decisión. Sería tal vez una intervención tácita, pero no del calado de lo acontecido en Grecia, Portugal e Irlanda.

Así pues, lo nunca visto, lo que nunca pensamos que iba a llegar, está a punto de ocurrirnos. Nuestra banca necesita un rescate y no podemos hacer frente al mismo. Son ya muchos años haciendo las cosas mal y, desgraciadamente, estas cosas se pagan. Sólo espero que la factura no la vuelvan a asumir los de siempre. Al menos exclusivamente.

2 comentarios:

José Martín-Cobos dijo...

¿eso significa que vamos a peder la soberanía de nuestro sistema financiero?, ¿serán ahora controlados por bancos suizos y demás entidades?, es muy triste ver esto mucho, yo me marcho de España estoy a la espera de un curro en Francia,tengo curro(uno de los pocos) pero si me sale esta oportunidad la voy a cojer de seguro.

Pero te seguiré leyendo Fernando.

Fernando dijo...

José,como siempre, millones de gracias por pasarte y pedirte disculpas por tardar en responder. Ando con mucho trabajo.

Creo que hoy Merkel ha respondido a tu pregunta. El precio que vamos a pagar es la cesión de nuestro sistema financiero. Efectivamente, es un momento muy triste y un auténtico desastre.

Te deseo todo lo mejor en tu periplo francés. Espero que te sigas dejando caer por aquí como dices y que podamos seguir compartiendo ideas. Lo importante, en cualquier caso, es no bajar los brazos. A veces toca pelear a la contra, pero como dice Quique González, cantante que me encanta, "no paren el combate todavía y cuenten hasta diez". Saldremos de esta.

Un abrazo y suerte