martes, 16 de julio de 2013

Economía y Política - Los Papeles de Bárcenas, el Papelón de Rajoy y un Sistema Corrupto

Algunas Ideas

Aunque deteste  cómo está montada la política actual, tengo que reconocer que siempre me ha parecido que Aristóteles tenía razón cuando decía que el hombre era un animal político. En el fondo todos tenemos nuestros particulares remedios contra el paro, la crisis o cualquier tema de actualidad que se tercie en el parlamento. Y es por ello por lo que creo que estamos todos alucinados con lo que está saliendo en la prensa. Es tal el descrédito de nuestra clase política, que goza de tanta credibilidad (y a las encuestas me remito) una persona que tiene 200 millones de euros en paraísos fiscales que nuestro presidente del gobierno. Es realmente duro, pero no digo que no se lo merezca. Ni él, ni una buena parte de los cargos electos que actualmente nos representan. Todos los partidos que ostentan alguna alcaldía, presidencia de una comunidad autónoma o participan de alguna manera en alguno de los distintos organismos de gobierno que están previstos en nuestro ordenamiento jurídico, tiene algún escándalo que tapar. Y lo peor es que a la hora de la verdad, todos se terminan arropando de alguna forma e incluso atacan con el triste "y tú más", como si de un concurso de "a ver quién orina más lejos se tratara".

Sin embargo, creo que con todo el asunto de los pagos en "b" estamos perdiendo la perspectiva. Claro que creo que Rajoy debería dimitir si se confirman los mismos, pero personalmente eso me parece lo que me parecían los famosos trajes de Camps: la guinda del pastel. Porque lo que realmente existe de trasfondo es un problema mucho mayor de financiación ilegal de un partido. En este caso el PP, pero cabe recordar que en su día también el PSOE tuvo el escándalo de Filesa y desde entonces nadie ha movido un dedo para modificar algo que parece de cajón. Y si miramos hacia Cataluña, lo de las famosas comisiones tampoco parecen dejar en buen lugar a CIU. Sin embargo, en todo este tiempo, no se ha hecho nada para paliar una de las mayores cajas negras de nuestro sistema político. Esencialmente porque favorece a los que mandan, pero también, y conviene no olvidarlo, a los amigos de los que mandan.

Porque ese es el gran drama que vive nuestro país. En una economía de mercado le corresponde al estado fijar las reglas del juego. Si los que tienen que legislar lo hacen bien, entonces los mercados mejoran su funcionamiento, el reparto de rentas es más equitativo y la sociedad avanza. Si por el contrario, los que mandan se dedican a explotar las asimetrías de los mercados en favor de aquellos que mediante donativos anónimos, sobres en "b", etc., les permiten seguir en el cargo, ocurren cosas como las vividas en España en los últimos años. 

Nuestra burbuja inmobiliaria, esa que aún seguimos padeciendo, nunca hubiera sido posible sin la connivencia de una clase política corrupta, que enchufaba en los consejos de las cajas de ahorro a políticos y sindicalistas de todos los partidos e ideologías, los mismos que favorecían recalificaciones, modificaban planes urbanos y leyes de costas, así como permitía a la banca campar a sus anchas en tanto en cuanto al Banco de España se le obligaba a mirar para otro lado. En paralelo, muchos de los "donantes anónimos" de nuestros partidos, se enriquecían logrando contratos astronómicos. Sí, nuestra clase política ha participado activamente en la generación de la misma, como también lo ha hecho en la creación de la burbuja de las renovables, por ejemplo, o en otras muchas que se podrían traer a colación.

Pero hay otras maneras de distorsionar el mercado. Algunas de guante blanco. Zapatero nos mostró las más sibilinas, como por ejemplo permitiendo que el tipo impositivo medio de las empresas del IBEX fuera llamativamente inferior al del resto de empresas de este país, o queriendo sacar del atolladero a toda costa a Alfredo Sáez en el momento que el Banco Santander refinanciaba la deuda millonaria del PSOE con dicha entidad. Desde luego el asunto de las condonaciones no es algo nuevo en nuestra democracia, como reflejaba hace unos días El Confidencial. En el fondo nuestros políticos han querido ser el ajo en todas las salsas, y es por ello por lo que no me resisto a copiar un párrafo de César Molinas en su brillante artículo "Una teoría de la clase política española" publicado en El País el pasado mes de septiembre, el cual creo explica perfectamente lo que quiero decir: "la clase política española se ha dedicado a colonizar ámbitos que no son propios de la política como, por ejemplo y sin ánimo de ser exhaustivo, el Tribunal Constitucional, el Consejo General del Poder Judicial, el Banco de España, la CNMV, los reguladores sectoriales de energía y telecomunicaciones, la Comisión de la Competencia… El sistema democrático y el Estado de derecho necesitan que estos organismos, que son los encargados de aplicar la Ley, sean independientes. La politización a la que han sido sometidos ha terminado con su independencia, provocando una profunda deslegitimación de estas instituciones y un severo deterioro de nuestro sistema político." Y no sólo eso, sino que les ha permitido marcar unas reglas del juego, como explicaba al principio, muy favorables a unos pocos.

Ha llegado el momento de decir basta. La salida de Rajoy no es suficiente para paliar el descrédito de nuestra clase política. Necesitamos una nueva ley de partidos que permita "desnudar" las cuentas de cada uno de ellos para que no quede la más mínima duda de su transparencia y respeto a las reglas del juego, pero también un sistema diferente de elección de nuestros líderes, de tal manera que lleguen los mejores, los más preparados y los más honestos, con mayor vocación de servicio y no aquellos cuyo principal mérito sea la fidelidad a unas siglas. El mero hecho de que a día de hoy goce de tanta credibilidad un presunto delincuente que todo un presidente del gobierno, ya es motivo suficiente para que vaya. Y con él, la inmensa mayoría de los que le acompañan en el parlamento. 

No me resisto a terminar sin incluir este otro párrafo de César Molinas: "La clase política española no sólo se ha constituido en un grupo de interés particular (...) sino que ha dado un paso más, consolidándose como una élite extractiva, en el sentido que dan a este término Acemoglu y Robinson en su reciente y ya célebre libro Por qué fracasan las naciones. Una élite extractiva se caracteriza por:

  • Tener un sistema de captura de rentas que permite, sin crear riqueza nueva, detraer rentas de la mayoría de la población en beneficio propio".
  • Tener el poder suficiente para impedir un sistema institucional inclusivo, es decir, un sistema que distribuya el poder político y económico de manera amplia, que respete el Estado de derecho y las reglas del mercado libre. Dicho de otro modo, tener el poder suficiente para condicionar el funcionamiento de una sociedad abierta -en el sentido de Popper- u optimista -en el sentido de Deutsch".
  • Abominar la 'destrucción creativa', que caracteriza al capitalismo más dinámico. En palabras de Schumpeter "la destrucción creativa es la revolución incesante de la estructura económica desde dentro, continuamente destruyendo lo antiguo y creando lo nuevo".  Este proceso de destrucción creativa es el rasgo esencial del capitalismo.”Una élite extractiva abomina, además, cualquier proceso innovador lo suficientemente amplio como para acabar creando nuevos núcleos de poder económico, social o político".
¿A alguien más le suena?



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