viernes, 19 de julio de 2013

RSC - RSC y los Colectivos en Riesgo de Exclusión

Algunas Ideas
 
Ayer tuve la suerte y el honor de ser invitado por la Universidad Complutense, la Universidad de Castilla la Mancha y la cátedra del Banco Santander de RSE a participar como ponente en una mesa redonda sobre Acción Social y Voluntariado Corporativo en uno de los Cursos de Verano de la UCM, la cual se centraba específicamente en los colectivos en riesgo de exclusión social. Como siempre que me invitan a este tipo de cursos, os dejo algunos de los puntos que expuse.
 
Los que seguís con asiduidad este blog sabéis que hay dos ideas que defiendo a capa y espada. La primera es que la economía debe estar ligada al desarrollo humano. Como apuntó Amartya Sen en su visita a Madrid en el año 2008, cuando esto no sucede, la economía no es sostenible y es razonable pensarlo. Cuando crece la desigualdad, cuando el crecimiento no mejora las vidas de las personas, las sociedades se levantan. Ha sido así durante toda la vida y así sigue siendo.
 
El axioma neoclásico defiende que cuando las empresas maximizan su beneficio, toda la sociedad se beneficia de ello, ya que al final se alcanza un equilibrio competitivo que mejora el bienestar de todas las personas que forman parte de la misma. Stiglitz ya demostró, y por eso ganó el premio Nobel, que cuando los mercados son imperfectos, como ocurre casi siempre (por asimetrías en la información, porque las reglas del juego no estén bien marcadas, o por simples comportamientos oportunistas), a menudo se alcanza un óptimo que no es Pareto eficiente. O lo que es lo mismo, que hay agentes que ´no sólo no mejoran su situación de partida sino que incluso la empeoran.
 
En el fondo no hace falta irse a ejemplos tan teóricos. Basta con observar lo que ha pasado en las últimas décadas. En el período 1990 - 2007, en una economía global, con mayor libertad de acción que nunca, las empresas han alcanzado beneficios record dejando al margen el lapso de la crisis puntocom de principio de siglo. Sin embargo, en dicho período, 460 millones de personas han empeorado su nivel de vida respecto a 1990. El informe de la FAO del año 2012, reveló que 840 millones de personas siguen pasando hambre y el acceso a la educación, sigue siendo para los más privilegiados. Lo curioso es que durante la actual coyuntura, no hace falta irse a situaciones tan lejanas. Pensemos en lo que está pasando en la OCDE. El coeficiente de Gini es un indicador que permite medir la igualdad en una sociedad. Oscila entre 0 y 1. Cuanto más cercano a 0, mayor es la igualdad. Y cuanto más se acerca a uno, mayores son los desequilibrios. En los países nórdicos, paradigma de la igualdad, dicho indicador es 0,3. EEUU antes del inicio de esta crisis, estaba en 0,4. Hoy se encuentra en 0,47, muy cerquita de países como Turquía o Irán. Y eso que EEUU ha destruido menos riqueza que la UE. Pero pensemos también en lo que está pasando en España, en   quiénes están sufriendo en mayor medida la actual crisis. En un entorno así, el objetivo de la empresa debe ser crear valor. En primer lugar para sus accionistas, pero también para sus grupos de interés, ya que el progreso social beneficia a todos.
 
En línea con el párrafo anterior, la segunda idea que siempre defiendo es la de la empresa como constructora de sociedad. El primer objetivo de una compañía es la rentabilidad económica, porque sin ella, ésta no tiene futuro. Pero la rentabilidad económica debe ir en paralelo a la rentabilidad social. En ese aspecto es importante señalar que la empresa es ciudadana corporativa y que como tal tiene derechos y obligaciones civiles, pero también que hoy en día tan importante es la legitimidad como la legalidad. Hoy en día es legal contratar a niños en algunos países en vías de desarrollo, pero no es legítimo, al menos a la vista de la cultura y los valores de las sociedades occidentales. El progreso no sólo debe ser económico, también ha de serlo moral.
 
Pero es que además la empresa puede y debe ser transmisora de valores, elemento integrador y vertebrador. Las condiciones laborales, el pago de un salario, no sólo son un dinero que se envía a fin de mes sino que en el fondo es un mensaje brutal sobre lo que se valora y lo que no. Si se discrimina, por ejemplo, en función del sexo, la edad o el credo de los trabajadores, lo que se proyecta a la sociedad es algo indeseable, a la par que se expone a mucha gente a quedarse excluida. Pero no sólo eso. Hoy la empresa puede jugar también un papel relevante en lo que a la educación se refiere. Europa no puede permitirse una tasa de natalidad como la actual, ni España un 30% de fracaso escolar. Diseñar carreras profesionales vinculadas a la circunstancias vitales de las personas (y no a la inversa), o fomentar una verdadera política de conciliación, está al alcance de todas las compañías y crea sociedad.
 
Como también he comentado en otros posts, vincular la economía al desarrollo humano y crear sociedad en los entornos actuales, es más complejo que nunca.. Pensemos en nuestras ciudades: son heterogéneas, globales. Poco o nada que ver con las ciudades de los años 80. Las desigualdades globales han fomentado movimientos migratorios que han cambiado para siempre la configuración de nuestros barrios. Esta globalización cultural y económica ha venido acompañada de la revolución tecnológica, la cual ha democratizado la información, pero también ha difuminado las fronteras y ha hecho que ahora tengamos expectativas globales. La gente y los niños antes veían la televisión y ésta era española, pública o privada. Ahora se navega por internet. Ello ha hecho que la gente tenga más información que nunca y puede elegir más que nunca.
 
En paralelo, ante esta coyuntura, nos encontramos con que los problemas son globales y los gobiernos que tratan de resolverlos son locales. Se ven incapaces de fijar las reglas del juego, entre otras cosas porque el derecho internacional todavía está en pañales, si se me permite la expresión. Pero además, al desregular los mercados, la gente actúa con mayor libertad que nunca. Y la libertad es magnífica, pero si ésta no viene acompañada de responsabilidad, los mercados colapsan. Sigo pensando que los mercados son y que estos funcionan mejor o peor en función de los comportamientos de las personas.
 
Las consecuencias de todo lo expuesto son una sociedad con una creciente desigualdad, tanto a nivel local como global, más individualista que nunca, la cual afronta una destrucción asimétrica de la riqueza (los recortes no hacen sino incidir en ello). El resultado al cocktail es que cada vez hay mayores colectivos con riesgo de exclusión. Algunos de ellos impensables hace unos años: pensemos en los jóvenes sin trabajo o en los incluso en las personas mayores de 50 años que han perdido su empleo. Como explicaba Fátima Baeza, de Grupo 5, la exclusión del mercado laboral es también un riesgo de exclusión social.
 
Creo honestamente que la RSC es una herramienta de gestión y que como tal tiene que ayudar a mejorar la rentabilidad económica de la compañía, pero también para alinear ésta con la rentabilidad social. La RSC debe servir para atraer y retener talento pero también para crear riqueza y sociedad.
 
No quisiera terminar sin hacer dos apuntes. Uno referente a una de los preguntas de los asistentes: todas las empresas tenemos vergüenzas que tapar, porque las compañías perfectas no existen. Yo he llegado a la RSC por convicciones morales, pero las hay también quiénes llegan por convicciones instrumentales. Reflexionando sobre lo que me preguntó, me dejé en el tintero una idea que creo que es importante. Las empresas avanzarán a la par que lo hace la sociedad. Con nuestras compras y decisiones de consumo o inversión, ejercemos también democracia. Las empresas no son perfectas, como tampoco lo es la sociedad. Nos guste o no, la crisis es de valores, y debemos avanzar de la mano.
 
Por último, me preguntó otro asistente en privado a la salida por el tema de la voluntariedad de la RSC: en el fondo mi respuesta es parecida a la del párrafo anterior. Los gobiernos regulan siempre tarde, cuando un problema en estado latente pasa a estar institucionalizado. Dependiendo de cuando reaccionen las empresas, éstas pueden obtener ventajas competitivas. "First mover advantage", que dicen los ingleses.
 
Termino con una última reflexión:  Ninguna compañía puede sobrevivir viviendo de espaldas a la sociedad a la que pertenece. 

2 comentarios:

ANA DIAZ PORRERO dijo...

Hola Fernando, soy Ana María Díaz y asistí al curso. Creo que has hecho una post muy bueno poniendo de manifiesto todo lo que se trató en esos dos días.
El tema de la RSC es algo voluntario pero existe muy poca voluntariedad hoy en día y es una pena.
¿Como podemos convencer a los ciudadanos, a los directivos y accionistas de las grandes empresas y a las pymes de la importancia de incluir estos temas en sus filosofías de vida y misiones de las empresas?
Muchos se ríen y es una pena que no se den cuenta de que debemos evolucionar todos de la mano.
De momento, empresas como Prado Rey, Grupo5, Grupo Sifu, Hoteles NH, Santander y muchas mas (aunque no las suficientes) están haciendo cosas muy buenas dignas de que lo sepa toda la sociedad y eventos como este, deben repetirse muy a menudo en todas las provincias para empezar a tratar este tema con la seriedad que se merece.

Como mencionó el ilustre Federico Mayor Zaragoza en el cierre de este curso, una frase que le marcó desde que la leyó y que invita a la reflexión: "Les desprecio, porque pudiendo tanto se han atrevido a tan poco"

Saludos, y nos leemos

Fernando dijo...

¡Hola Ana! ¡Bienvenida a El Disparadero! ¡Y millones de gracias por tu comentario y tus palabras!

Tema interesante el de la voluntariedad. Yo creo que la ciudadanía tiene una forma magnífica de ejercer la democracia diariamente en función de sus decisiones de compra o inversión. Al final, las empresas avanzarán a mayor velocidad si la sociedad les exige un comportamiento más ético, más responsable. Pensemos que a la RSC se puede llegar por convicciones morales o por convicciones instrumentales, incluso por ambas. Para aquellos dirigentes un poco miopes, sería bueno que la sociedad les abriera los ojos.

Dos cosas más: una, no podemos exigirles a las empresas un comportamiento ético si la sociedad no lo es. En el fondo las empresas no dejan de ser un reflejo de la sociedad. Dos, no existe la compañía perfecta.

Un abrazo