sábado, 29 de marzo de 2014

Economía - Comprendiendo la deflación

Algunos Apuntes

Ustedes me perdonarán, pero el trabajo obliga y las dos últimas semanas he estado en Alemania tirando de lo que las estadísticas llaman las "Exportaciones Netas". Así pues, en la proxima revisión del crecimiento para nuestro país, cuando se hablen de las mismas, no se olviden de que el que suscribe este blog está poniendo su granito de arena al respecto y que por ello no puedo pasarme por aqui con la asiduidad que me gustaría. Las cosas están mejor allá fuera, hay más ánimo. Y se nos percibe mejor también. Incluso cuando hablo con colegas del sector, solemos coincidir en que se nota una mejoría, al menos en nuestro sector, incluso en el mercado doméstico. Somos afortunados, desde luego, por trabajar en una industria en la que podemos diferenciarnos emocionalmente, y en la que no tenemos nada que envidiar a los demás países en lo que a calidad, innovación y creatividad se refiere. La competencia nos mejora, sin duda, y creo que podemos salir a pecho descubierto por lo bien que hacemos las cosas en España. De vez en cuando conviene decirlo. No hace falta que el anuncio de Campofrío nos lo recuerde cada Navidad. Somos un gran país, pese a nuestra clase política. Poco a poco tengo la esperanza de que esa mejoría que comenzamos a palpar se traduzca en buenas noticias para toda la gente que lo está pasando horrible.

Hecha esta introducción, uno no ha dejado de leer estos días y no puede abstraerse de las amenazas que aún se ciernen sobre nuestra frágil y enclenque recuperación. La última es la deflación, la cual podría meter a Europa en una espiral de nuevo autodestructiva según los peores agoreros. Bajo mi punto de vista, no es para tanto siempre y cuando el BCE y los políticos de turno no se vuelvan locos. Claro, que a la luz de lo visto estos años, tampoco sería raro que lo hicieran. Como es un tema complejo, voy a aportar algunas ideas sencillas para que se pueda seguir la explicación.

¿Qué es la deflación? Se podría definir como una bajada generalizada y prolongada de los precios. Técnicamente, de acuerdo con el FMI, hacen falta dos semestres de cáidas para que un país sufra deflación. Por lo tanto, aunque España lleva unos meses con tasas de inflación muy bajas, incluso algún mes con caídas en el IPC, como el que ha adelantado hace unos días el INE, nuestro país no se encuentra en ese punto. Sin embargo, son varias las voces que alertan que el riesgo existe y que sus efectos podrían ser devastadores para nuestra economía y la de la eurozona.

¿Por qué es mala la deflación? En general la deflación viene a reflejar la debilidad de la demanda, un exceso de oferta, o incluso ambas cosas. Suele darse en períodos recesivos de la actividad, si bien es cierto que hoy en día, en una economía global como la actual, inciden en la misma muchos más factores, como luego explicaré. En general, cuando hay deflación, los consumidores posponen decisiones de compra, por cuánto esperan que los precios sigan bajando. Las empresas, deben bajar sus precios para poder vender, lo que reduce sus márgenes, lo que se acaba traduciendo en bajadas salariales o incremento del desempleo al destruirse puestos de trabajo. 

Cuando una economía está tan apalancada como la española en estos días, la deflación tiene un efecto demoledor. La deuda se incrementa en términos relativos, resultando imposible devolver las deudas en los términos establecidos. Pongo un ejemplo para que se me entienda. Imaginemos que una familia gana 30.000 euros al año y tiene una hipoteca que le supone un desembolso de 12.000 euros también anuales. Imaginemos que los tipos de interés permanencen constantes a lo largo del tiempo. A día de hoy, el pago de la hipoteca le supone a la familia un 40% de su salario. En una economía sana, con una inflación controlada (en torno a un 2%), lo razonable es que dicha familia vea como al cabo de unos 10 años, su salario se incremente en torno a un 20%, lo que significaría que pasaría a ganar 36.000 euros. El pago de su hipoteca, en este caso, le supondría tan sólo un 30% de su retribución, lo que le permite gastar en otras cosas, o incluso terminar de pagar su hipoteca antes. El efecto a la inversa es demoledor. Si el salario se devaluara un 20%, entonces la familia tendría que destinar un 50% de sus ganancias para el pago de misma. Extrapolemos este ejemplo a las empresas actuales y a las cuentas públicas de nuestro país. España, como en alguna vez he tratado de apuntar desde este blog, necesita, al menos en parte, que la inflación haga su trabajo para salir de la crisis.

Tampoco nos viene nada bien que la inflación en Europa siga siendo muy baja. Buena parte de la productividad que ha recuperado España ha sido vía destrucción de empleo y bajadas de salarios. Nos conviene un crecimiento de los salarios inferior a la inflación durante un tiempo (desgraciadamente) para seguir ganando competitividad, pero si la inflación en la zona euro sigue siendo mínima, los salarios no van a poder incrementarse nada a corto plazo, por cuanto perderíamos parte del camino andado. Es lo que tiene, desgraciadamente, no tener una economía basada en el conocimiento: al final tus costes, y sobre todo los de la mano de obra, se convierten en claves para la competitividad.

Pero la actual situación de inflación baja, o incluso tasas internanuales puntuales negativas, no puede entenderse sólo en términos de la debilidad de la demanda, por cuánto ésta ha dado algunos síntomas de recuperación en los últimos trimestres del año pasado y apunta a cierta mejoría en el inicio de este 2014. A nivel macro, parece, como también alguna vez he señalado, que lo peor lo hemos dejado atrás. ¿Qué está pasando entonces?

Por un lado, hay efectos estadísticos. Por ejemplo, el que la Semana Santa caiga un mes más tarde que hace un año explica en parte la variación de nuestro país, por cuanto los precios de los viajes durante la misma, son más caros que un mes antes (los viajes organizados son de lo que más han caído). Por otro, existen productos que por cuestiones relacionadas con el comercio mundial, o por la situación de ciertos mercados, se comportan de manera distinta año a año. Las bebidas no alcohólicas, o los alimentos, por ejemplo, han sido también responsables del dato adelantado del mes de marzo que señalábamos antes. Me queda la duda de saber cuánto está influyendo la retirada de estímulos en EEUU, los cuáles durante estos años se han traducido un alza de los precios del petróleo y las materias primas por encima de lo que la situación económica mundial sugería.

Explico esta última idea. Tradicionalmente, el crecimiento económico mundial y el consumo energético han ido de la mano. Por cada 1% que subía el primero, el sgundo lo hacía un 0,85%. Dicha relación cambió con la irrupción de los BRIC, espcialmente China. Aún así, con la economía en caída libre en los países de la OCDE, hemos experimentado incrementos notables del precio del crudo a nivel mundial. Las medidas expansivas de EEUU para reactivar su economía (imprimir más dólares, para que nos entendamos), no han generado la inflación prevista en dicho país, pero sí parece (y al menos son muchos los expertos que así lo señalan), que han "exportado" la inflación al resto del mundo. El proceso, como apunta el profesor Rallo, ha sido el siguiente: "al bajar los tipos de interés y monetizar casi todo aquello que fuera monetizable, Bernanke no sólo ha permitido financiar el déficit de los EEUU, sino que además ha permitido, por un lado, que la economía de Estados Unidos no se reconvirtiera en la dirección de ahorrar o producir más materias primas y, por otro, que China y el resto de países que le venden mercancías hayan seguido desarrollándose a costa del endeudamiento de los estadounidenses". El hecho de que el dólar se utilice en el 75% de las transacciones a nivel mundial hace que todo ese nuevo dinero de Bernanke "imprimió"  llegara a una gran cantidad de países extranjeros, lo cual se traduce ern alza de las materias primas, tales como el petróleo, el oro, la plata, el cobre o el maíz. 

Ocurre que la administración Obama ha comenzado a retirar estímulos y no sé hasta qué punto algo de dicha medida ya se pueda estar reflejando en algunos precios. Y ocurre también que EEUU ha dejado de ser energéticamente dependiente gracias al "fracking", lo que ha quitado presión a los costes energéticos. Todo ello podría tener incidencia en la bajada de la inflación en Europa. Es muy pronto para saberlo, pero ahí dejo el apunte.

¿Qué puede hacer el BCE para salir de esta situación? Sin llegar a los niveles de EEUU, creo que ha llegado a la hora de que tome unas medidas monetarias un poco más agresivas que faciliten un crecimiento nominal del PIB (crecimiento real + inflación) constante y una tasa de inflación un poco por encima del 2% a nivel de la eurozona, al menos hasta que el desempleo caiga algo y la propia actividad económica se reactive. Con esta medida, probablemente la devaluación interna de nuestro país sería más llevadera y el proceso de desapalancamiento sería más sencillo por el ejemplo expuesto antes. Coincido en este aspecto con el Catedrático de la Universidad de Valencia Javier Andrés en el artículo que publicó la semana pasada en El País.

Ha llegado la hora de que Alemania deje atrás su ancestral miedo a la inflación, al menos durante un tiempo. No creo que Europa, y ni siquiera España, tenga un riesgo real de deflación, pero lo que es seguro es que no hay riesgo alguno de inflación y, en cualquier caso, un alza de precios cercana a cero como la actual dificultará (un poco más) el camino de la recuperación a toda la UE. Nos quedamos a la espera de lo que anuncie Draghi, por lo tanto. Lo bueno es que esta vez  la solución sí la tiene Europa en su mano.