jueves, 4 de diciembre de 2014

Economía - ¿Un nuevo Plan Marshall para Europa?

Algunos Apuntes




Hace unos días Jean Claude Juncker presentaba su propuesta para reactivar la famélica economía de la eurozona. Pretende movilizar, ni más ni menos, que 300.000 millones de euros para desarrollar un potente programa de inversiones con el que aspira a crear 1 millón de puestos de trabajo durante los próximos tres años. Está por ver el impacto que realmente dicho plan pudiera tener en la economía real, pero lo que se busca con el mismo es invertir en sectores clave como el transporte, la energía, la economía digital y las PYMES, viendo a éstos como potenciales generadores de empleo.


El principal motivo del llamado plan Juncker radica en que para los jerifaltes de la UE, una de las causas del deterioro económico actual tiene su origen en la caída de las inversiones. De acuerdo con ellos y con las cifras macro, éstas habrían descendido un 20% desde los niveles del año 2007, lo que en la práctica significa o supone, unos 500.000 millones de euros anuales. Es cierto, no obstante, que estas cifras están un poco infladas, ya que el sector inmobiliario se contabiliza dentro del apartado de "inversiones" a nivel macroeconómicos y tanto en España como Irlanda, había una burbuja de órdago a la grande. Con esos 300.000 millones, la UE paliaría el actual déficit que tiene en dicha área.


Como desde un tiempo venimos hablando, si la economía europea fuera un laboratorio, un plan de expansión del gasto púbico tendría todo el sentido para reactivar la economía, pero lo cierto es que, con un déficit como el actual, tiene difícil cabida. Sobre todo porque habría de hacerse con una subida insoportable de impuestos  o con más recortes en derechos sociales. Como Juncker es uno de los adalides de la consolidación fiscal, el luxemburgués propone que la mayor parte de los fondos para financiar el plan provenga del sector privado. Concretamente, los estados pondrían unos 20.000 millones de euros, y se espera que el resto venga de inversores y empresas.


Según la Unión Europea, con toda la liquidez insuflada a nivel mundial, hay dinero suficiente en el mercado para financiar este plan, y la manera de instrumentarlo, o de atraer a estos inversores, sería vía garantías, absorciones de pérdidas, emisiones de bonos, préstamos subordinadas o incluso la toma de participaciones accionariales en ciertos proyectos. Para que todo el mundo me siga, todo consiste en minimizar el riesgo. ¿Conseguirá Juncker atraer tal inversión privada?


Pues según los principales analistas, es complicado. La ratio se antoja alta, sobre todo si tenemos en cuenta los planes de estímulo que se han dado previos a la actual política de austeridad y su impacto real. La clave para que los incrementos de gasto público funcionen estriban en los llamados "efectos multiplicadores", lo que traducido, para que todo el mundo me entienda, consiste en que el dinero que mete en circulación el estado, logre generar un movimiento de aquel aún mayor dentro del sistema económico. Durante esta crisis, todos estos esfuerzos han sido baldíos, por cuanto los efectos multiplicadores han sido menores de lo esperado. Y peor aún, se minusvaloró el efecto contractivo de las políticas de restricción presupuestaria. En lo que respecta a lo primero, la causa del fracaso de las políticas expansivas se deben, fundamentalmente, a que no se le ha metido mano a los verdaderos problemas que tenía y tiene la economía europea como desde El Disparadero hemos tratado de apuntar. ¿Puede funcionar en este caso? Personalmente soy escéptico. Cuando uno se rompe los ligamentos de la rodilla, ir al fisio le puede aliviar, pero sin pasar por quirófano no hay cura posible. En cualquier caso, vamos por partes. 


Hay una verdad económica que siempre se cumple. Los mercados siempre se mueven hacia dónde hay más rentabilidad. Y ello, de nuevo simplificando, quiere decir que los inversores ponen su dinero allí dónde pueden ganar más, o donde a igualdad de rédito, soportan menos riesgo. Es por ello por lo que una de las claves del plan de Juncker es, precisamente, aminorar el riesgo. Sin embargo, eso no quiere decir que el dinero se ponga dónde más se necesite, lo que pervierte los mercados y les suele llevar, a menudo, a equilibrios ineficientes, y lo que es peor, inestables.


Es cierto que hay algo irrefutable y es que Europa necesita un plan de inversiones en condiciones. España, campeona del mundo de aeropuertos vacíos y líneas de AVE deficitarias, no es el mejor ejemplo, pero basta con darse una vuelta por Alemania para ver cómo las telecomunicaciones no son como en España (tengo 4G en Aranda y no en Hamburgo, por ejemplo), o cómo su red ferroviaria necesita de una buena actualización. Sin embargo, si estas inversiones no van de la mano de reformas en los mercados, el impacto será limitado. De poco vale una mejora de las telecomunicaciones si la comercialización de las mismas sigue siendo un oligopolio de cuatro amigos. Como tampoco podrá Europa sacar todo el rédito a estas inversiones si no apuesta decididamente por una economía del conocimiento. O sin un mercado laboral mucho más dinámico. Europa tiene un problema con su modelo energético, pero de poco valdrán las inversiones si no van acompañadas, de nuevo, de mejoras en el mercado e incluso de un gran pacto a largo plazo sobre el modelo por el que se quiera apostar. España tiene un potencial brutal para las renovables, pero nos empeñamos en hacerlas inviables. Renegamos de la nuclear, pero se la compramos a Francia. No queremos indagar si hay petróleo en Canarias pero no nos importa pagar brutalidades a los países productores. Y como nosotros, hay más países en el seno de la UE.



Pero en cualquier caso, el dinero es el que es y todo lo que se detraiga para este tipo de iniciativas, supondrá menos dinero para familias y aquellas PYMES que no encajen en el esquema que Juncker propone. Cualquier decisión económica tiene un coste de oportunidad, que es aquello que se deja de hacer al optar por una alternativa. O dicho en plata, un precio que pagar. Sería necesario, para el éxito del plan, que Draghi pasara a la acción y comprara deuda soberana, por cuanto liberaría fondos del sector privado y no privaría al tejido empresarial al actual de más crédito y liquidez. La cuestión en cualquier caso es que Europa sigue en el limbo y que aún no sabe si su problema radica en una falta de demanda o en un exceso de capacidad para competir en la actual economía global. Si es lo primero, estos planes pueden tener cierto sentido, pero si es lo segundo, estamos abocados a una nueva ronda de ajustes, cierres de empresas, crecimiento a corto plazo del paro y un auge de la emigración, lo cual sin duda repercutirá en el estado de bienestar. Un problema de exceso de capacidad sólo se puede paliar liquidando compañías, rebajando salarios para hacerlas competitivas o apostando por el valor añadido. Lo primero trae pobreza, lo segundo una rebaja de la calidad de vida y lo tercero requiere de un tiempo que no sé si Europa tiene.



Así pues, tengo la sensación de que en la UE, seis años más tarde, nuestros políticos están más perdidos que nunca. Hemos pasado de la expansión desenfrenada del gasto publico a la austeridad más absoluta. Y ahora, varios millones de parados después, se pretende buscar una vía cuando menos original. Una política expansiva, pero con planes de ajuste en varias de las principales economías europeas (Francia, Italia y España). Rezo por el éxito de Juncker, pero no lo veo claro.


Sigo echando un falta por el camino un mayor apoyo a las empresas que siguen peleando. Sólo ellas pueden crear empleo y convendría, además de resolver ciertos males vía este tipo de planes, apoyarlas para que puedan sobrevivir. Las compañías Europeas, y sobre todo las españolas que seis años después siguen luchando, tienen un problema de sobre apalancamiento, pero la mayoría de ellas tienen resultados operativos y EBITDA´s positivos. Es decir, necesitan tiempo. A ellas y a los emprendedores son a los que realmente se debería ayudar desde Bruselas. Porque a fin de cuentas, países como España necesitan más 50.000 empresarios que puedan crear 100 empleos cada uno, que 5 millones de puestos de trabajo. Y mientras eso no se entienda, definitivamente será difícil que Europa salga de ésta. Por mucho que Juncker se empeñe.